Cómo perseguir la verdad (26) Parte 2
En la reunión anterior, hablamos de otro tema sobre el hecho de desprenderse de las nociones y figuraciones acerca del Dios encarnado: no poner al Dios encarnado y a la humanidad corrupta al mismo nivel, ¿verdad? (Sí). Sobre este tema, enumeré algunas manifestaciones específicas del Dios encarnado en relación a cómo se comporta y actúa desde la perspectiva de Su humanidad, así como algunas manifestaciones de Su esencia-carácter: no engañar, no contender, no batallar, no urdir intrigas, no atacar a otros, no tomar represalias, no seducir, etc. De estas, en la ocasión anterior hablamos un poco sobre no engañar, no contender y no batallar. ¿Sobre qué manifestación deberíamos hablar esta vez? (No urdir intrigas). No urdir intrigas, al igual que no engañar, no contender y no batallar, es también un principio según el cual el Dios encarnado, esta persona corriente, se comporta y actúa. Por supuesto, este principio también está relacionado con Su esencia-humanidad y Su carácter. No urdir intrigas es también una manifestación específica de la esencia-carácter del Dios encarnado, esta persona corriente, o un aspecto de Su conducta propia. ¿Es fácil de entender la expresión “no urdir intrigas”? ¿La entendéis todos? (Sí). El entendimiento más básico de no urdir intrigas es no tramar y no recurrir a tácticas ni a ardides astutos. Es decir, cuando tengo contacto y me relaciono con vosotros, ya sea en el trabajo o en la vida diaria, soy siempre honesto y auténtico. No recurro a tácticas, no me involucro en ardides astutos ni tramo. En lugar de eso, hablo con sinceridad, digo lo que tengo en Mi corazón y os cuento las cosas tal como son. No urdo intrigas contra vosotros ni os engaño. No usaré palabras floridas para ganarme vuestra confianza y luego hacer que estéis dispuestos a entregaros, sufrir y pagar un precio. ¿Me habéis visto hacer tales cosas? (No). Cuando os pregunto, sin duda diréis que no, pero ¿podéis dar un ejemplo para ilustrar esto? Si cada uno de vosotros puede dar un ejemplo, entonces este hecho quedará irrefutablemente probado y de verdad tendréis algún entendimiento de este punto: no urdir intrigas. Por ejemplo, alguien dice que en el mundo aprendió algunas habilidades y entiende cierta profesión. Da la casualidad de que la casa de Dios tiene un trabajo o una tarea que guarda relación con esa profesión que aprendió. Hablo con esa persona y le digo: “Entiendes un poco de esta profesión y da la casualidad de que la casa de Dios tiene trabajo en este ámbito. ¿Puedes, basándote en tu conocimiento profesional y de acuerdo con las reglas o principios de vuestro sector, hacer bien este trabajo? Si estás dispuesto, entonces este trabajo es tuyo”. ¿Hay en esto alguna palabra que sugiera intriga o explotación? ¿Hay alguna palabra que oculte una trama? (No). ¿Estáis seguros de que no? (Sí). Puesto que te has recomendado a ti mismo y presentado como alguien que entiende esta profesión, y Yo me he enterado de tu situación, te he asignado este trabajo. Si estás dispuesto a hacerlo y dices: “Acepto esto de parte de Dios; asumo este trabajo, este deber”, es decir, te ofreces voluntario para hacerlo, entonces deberías hacerlo bien. Si no estás dispuesto, puedes decirme a la cara que no quieres hacer este deber. ¿Acaso Yo te forzaría? (No). De acuerdo con Mis principios para tratar a las personas, no te forzaría. De ningún modo forzaré a un caballo a beber si no quiere, ni te obligaré a hacer las cosas según Mi voluntad personal. No te haré hacer cosas si no quieres hacerlas, ni actuaré como si, por tener esta identidad, Mis palabras debieran tener peso o ser como las de un emperador en su condición definitiva e inalterable. Trato a las personas con tolerancia; te doy la libertad de elegir por ti mismo. Siempre dispongo el trabajo basándome en las necesidades del trabajo de la casa de Dios. Si hay personas con experiencia en el área o expertas en el campo que estén dispuestas a hacer el trabajo y puedan hacerlo mejor, eso es ciertamente genial. Si nadie lo entiende, entonces, con las capacidades que tenemos, hacemos todo lo que podemos y hasta donde podemos. Ese es Mi principio. Si se te asigna cierto trabajo, pero dices: “No quiero hacerlo. No me gusta que la gente me explote ni que la casa de Dios me dirija; yo tomo mis propias decisiones”, entonces, de acuerdo, la casa de Dios no te usará. Hacer el deber de uno es algo que se hace de buen grado y voluntariamente. La iglesia solo puede disponer trabajo para la gente cuando esta está dispuesta a hacer su deber después de creer en Dios. Si no estás dispuesto a hacer tu deber, la casa de Dios no te obligará, y menos aún usaré Yo Mi identidad o estatus para obligarte a hacer el trabajo de la iglesia. El pueblo escogido de Dios hace su deber y su trabajo enteramente por medio del entendimiento de la verdad. Cuando la gente no entiende la verdad, la casa de Dios no la obligará ni le exigirá que haga su deber, y menos aún haré Yo que la gente actúe enteramente de acuerdo con Mi voluntad. Por tanto, si quiero que hagas algo, lo diré directamente. De ningún modo recurriré a tácticas, lanzaré indirectas ni usaré un lenguaje velado para que averigües el significado de Mis palabras. No haré eso. Si tienes la estatura y el sentido de la carga para hacer algún trabajo para la casa de Dios, te preguntaré directamente: “¿Estás dispuesto a asumir este trabajo?”. O diré aún más directamente: “Simplemente, asume este trabajo”. Hablo sin rodeos, todo en un lenguaje llano. Mientras seas humano, puedes entenderlo. No necesitas desperdiciar neuronas reflexionando y tratando de captar lo que Mis palabras significan en realidad o por qué las he dicho. No haré que te devanes los sesos para captar el significado de Mis palabras; te lo diré directamente. Sea cual sea el significado literal de Mis palabras, eso es lo que significan. Además, ¿por qué te pido que hagas este trabajo? Porque eres una persona que hace su deber en la casa de Dios y estás dispuesto a hacerlo en ella. Entonces, tienes la obligación de asumir cualquier trabajo en la casa de Dios que requiera que pongas de tu parte. Cualquier trabajo o tarea que te encomiende, te lo encomiendo enteramente porque te considero un creyente en Dios. Deberías aceptarlos como tu responsabilidad, obligación y deber; hacerlo es lo correcto. Todo ello, ya sea mediante la encomienda de un trabajo o la asignación de tareas, es para que cumplas el deber de un ser creado, y también para que busques la verdad y la obtengas al hacer tu deber. Aquí no hay ninguna relación transaccional, ni te estoy engatusando ni engañando. Todas estas palabras pronunciadas y tareas asignadas son positivas y transparentes; no hay secretos. No hay relaciones basadas en dinero, cosas materiales o intereses involucrados, ni tampoco una relación de explotación o de ser explotado. De ningún modo se trata de usar tus puntos fuertes, habilidades o conocimiento profesional para que la casa de Dios se beneficie de ello; la casa de Dios no hará eso en absoluto. Hacer el deber de uno surge enteramente de la buena disposición y la voluntariedad; la casa de Dios nunca obliga a nadie. Aceptar este deber es lo que tú, como ser creado, deberías hacer. Hacer este deber es también la senda para que experimentes la obra de Dios y alcances la salvación. Si mediante hacer tu deber, aprendes a someterte a Dios y obtienes la verdad, entonces habrás recibido la aceptación, el recuerdo y el reconocimiento de Dios. Esta es la cosecha que deberías recoger por lo que has entregado. Por tanto, deberías aceptar este trabajo como tu deber, sin recelos ni sospechas. Cualquier cosa que quiera que hagas, te la diré con sinceridad. Me gusta hablar llanamente. No necesito engatusarte como a un niño de tres años, andándome con rodeos, hablando en círculos y diciéndote cosas bonitas. No haré eso. Si sabes cantar o bailar y posees estas condiciones innatas, entonces, cuando se disponga que hagas este deber, deberías aceptarlo. Si dices: “Basándome en mis condiciones innatas, no estoy del todo cualificado para este deber. ¿Está bien si no lo hago?”. Está bien. Es tu libertad; no te obligaré.
Sea lo que sea lo que Yo diga u os pida hacer, no hay intrigas de por medio. Cuando hablo con líderes y obreros, les pregunto: “¿Cómo ha ido la vida de iglesia últimamente? Los recién llegados han empezado a vivir la vida de iglesia. ¿Qué problemas tienen todavía? ¿Se han resuelto? ¿Qué piensan después de ver las películas o los testimonios vivenciales de la casa de Dios?”. Algunos líderes y obreros no pueden responder. Reflexionan en su corazón: “¿Estás intentando engañarme para que revele mi verdadera situación? ¿Estás comprobando si he hecho algún trabajo real? ¡Debo responder con cautela y no ser descuidado! Puedo hablar del trabajo que se ha hecho bien, pero si algún trabajo no se ha hecho o se ha hecho de manera incorrecta, no debo mencionarlo en absoluto. ¡En cuanto lo mencione, quedará en evidencia el problema!”. Por eso, cuando informan sobre su trabajo, siempre son reacios a decir una palabra de más y tienen mucho miedo de dejar en evidencia los problemas. Esas personas tienen una mente complicada. Cuando les pregunto algo, en realidad tienen las palabras en la punta de la lengua, pero no las dicen directamente. Tienen que reflexionar y procesarlo en su mente: “¿Por qué preguntas esto? ¿Cómo puedo responder apropiadamente para que, por un lado, no conozcas la situación real y, por otro, quedes satisfecho?”. De hecho, ni una sola palabra de las que digo pasa por un filtro mental. ¿Cuál es Mi estado cuando hago preguntas? Cuando veo a alguien y sé de qué trabajo es responsable, pienso inmediatamente en qué tareas concretas puede hacer, qué problemas es propenso a encontrar en su trabajo y qué dificultades podría afrontar. Pensando en esto, le pregunto directamente: “¿Cómo ha ido la vida de iglesia últimamente en las iglesias de las que eres responsable? ¿Son adecuados todos los líderes y diáconos de la iglesia? ¿Saben los hermanos y hermanas cómo comer y beber las palabras de Dios? ¿Practica la mayoría de ellos la devoción espiritual? ¿Aprenden himnos y danzas en su tiempo libre? ¿Cómo progresa el trabajo evangélico?”. Cada pregunta que hago es directa y sin rodeos, sin someter a examen a nadie ni tener motivos ocultos. Solo estoy considerando el trabajo y la entrada en la vida de las personas. Respondas como respondas, no te verás sometido a examen ni aprovecharé nada de lo que me digas para usarlo en tu contra; no existe el problema de que te delates o de que se aproveche algo de lo que digas para usarlo en tu contra. Simplemente, estoy tratando de informarme sobre el trabajo, no estoy indagando deliberadamente sobre la situación de nadie ni tengo en el punto de mira a nadie para ocuparme de él o destituirlo. La iglesia no se involucra en luchas de clases ni en disputas entre facciones; hace trabajo real. A veces, cuando veo a hermanos y hermanas o a líderes y obreros, solo quiero charlar de manera informal, decir algunas palabras sinceras y hablar de cosas cotidianas. A veces también pregunto qué problemas existen todavía en el trabajo de la iglesia. Todo lo que digo es lenguaje cotidiano, son palabras sinceras. Por ejemplo, os pregunto: “¿Cómo ha ido la vida de iglesia últimamente? ¿Pueden los hermanos y hermanas beneficiarse de cada reunión? ¿Puede el hecho de vivir la vida de iglesia ayudar a resolver problemas reales?”. Algunas personas responden: “La vida de iglesia no ha ido bien últimamente. Aunque nos reunimos, no hay grandes ganancias y no se pueden resolver los problemas fundamentales”. Entonces pregunto: “¿Dónde radica el problema?”. La mayoría de la gente no sabe responder. Decidme, ¿hay alguna trampa en Mi pregunta? ¿Hay alguna trama detrás? En absoluto. Solo pregunto para informarme sobre el trabajo y captar la situación, a fin de poder compartir la verdad con vosotros y resolver problemas. Respondáis como respondáis, no os veréis sometidos a examen. Algunas personas relativamente simples pueden hablar con sinceridad. Dicen: “Los hermanos y hermanas acaban de aceptar la obra de Dios y todavía no tienen mucha experiencia. No tienen nada que decir durante las reuniones. Si leen demasiadas palabras de Dios, no pueden comprenderlas, y además les entra sueño y no pueden asimilarlas. No sabemos cómo resolver esto”. Yo digo: “Esto es fácil de resolver. Todos pueden cantar primero un himno, luego bailar un poco y después leer algunas palabras de Dios. Los que tengan entendimiento pueden hablar de su entendimiento, y los que tengan experiencia pueden hablar de su experiencia. Los que no tengan entendimiento ni experiencia también pueden plantear sus dificultades reales y dejar que los hermanos y hermanas con experiencia los ayuden a resolverlas. ¿No serán así fructíferas las reuniones? Los de pequeña estatura también pueden ser edificados”. ¿Ves? ¿Acaso no resuelve eso el problema? Cuando charlo con la gente, a veces hago algunas preguntas, ciertas personas con una mente complicada reflexionan: “Tu pregunta es bastante directa. No sé qué quieres decir con ella. ¡Debo tener cuidado con mi respuesta!”. Yo digo que te equivocas. No importa con quién charle o qué preguntas haga, el objetivo final es siempre descubrir y resolver problemas, asistirte y guiarte, y ayudarte a resolver problemas. Primero, no es para dejarte en evidencia y hacerte quedar como un necio. Segundo, no es para verificar si dices la verdad o si eres una persona ingenua. Tercero, no es para engañarte a fin de que reveles tu verdadera situación. Cuarto, menos aún es para verificar si eres competente para el trabajo o si puedes hacer trabajo real. De hecho, no importa cómo charle contigo, todo es para ayudarte y guiarte a cumplir tu deber, hacer bien el trabajo y resolver problemas. Algunas personas piensan demasiado en Mis simples preguntas, con mucho miedo de que haya algún significado oculto. Algunos incluso sospechan que estoy urdiendo intrigas contra ellos. Claramente quiero ayudarte a resolver problemas, pero tú piensas erróneamente que estoy urdiendo intrigas contra ti. ¿No es esto agraviarme? (Sí). Entonces, ¿cuál es el problema aquí? ¡El corazón humano es falso! Aunque la gente pueda decir en voz alta: “Tú eres Dios, debo decirte la verdad y ser franco contigo. ¡Te sigo, creo en Ti!”, en el fondo no piensan así. Por muy corrientes y simples que sean Mis preguntas, la gente a menudo las interpreta de una manera demasiado susceptible. A través de sus conjeturas y luego de su escrutinio, les dan muchas vueltas y parece que encuentran la respuesta final, pero en realidad, está muy lejos de la intención original de Mis palabras. Es claramente una pregunta muy simple, pero ellos le dan demasiadas vueltas. ¿No son esas personas demasiado susceptibles? No importa lo que pregunte, el corazón se les agita después de oírlo: “¿Por qué preguntas eso? ¿Cómo puedo responder de una manera que te satisfaga y no revele ningún defecto? ¿Qué debo decir primero y qué después?”. En tres o cinco segundos, les salen las palabras, sin demora alguna. Su mente es más rápida que una computadora. ¿Por qué es tan rápida? De hecho, este proceso ya es un hábito para ellas; es su truco y estilo habituales al tratar con la gente y manejar los asuntos. Urden intrigas contra todo el mundo. Por eso, por muy simples que sean Mis preguntas, ellas les dan demasiadas vueltas, creyendo que tengo algún motivo u objetivo. Reflexionan en su corazón: “Si respondo con sinceridad, ¿no dejaré en evidencia mi verdadera situación? Eso equivale a venderme. No puedo dejar que conozcas mi verdadera situación. Entonces, ¿cómo debo responder apropiadamente? ¿Cómo puedo hacer que estés contento y satisfecho, que tengas una buena impresión de mí y que sigas usándome?”. ¡Mira qué falsas son estas personas! Su mente es demasiado complicada. No importa cómo les hable, dudarán y escrutarán. ¿Pueden tales personas practicar la verdad? ¿Pueden ser aptas para que Dios las use? En absoluto. Esto se debe a que la mente de tales personas es demasiado compleja y nada simple; cualquiera que esté en contacto con ellas durante mucho tiempo puede verlo. La gente es particularmente buena urdiendo intrigas, pero ¿he urdido Yo alguna vez intrigas contra vosotros cuando hablo y me comunico con vosotros? (No). Ya sea que esté tratando de informarme sobre tu estado personal o sobre la situación de tu trabajo, siempre es para ayudarte, para resolver problemas en el trabajo. Incluso si cometes errores y te sobreviene la poda o la destitución, no urdiré intrigas contra ti ni te atormentaré. Una vez que el problema se resuelva, todo habrá acabado. La casa de Dios no urdirá intrigas contra ti ni te atormentará, y menos aún me aferraré Yo a tus faltas para usarlas en tu contra y me negaré a soltarlas, o pensaré en formas de desacreditarte y hacer que todos te aíslen y te rechacen, para hacerte sentir sin esperanza y que renuncies por tu cuenta. No haré eso en absoluto. Si no eres adecuado para ser un líder u obrero, como mucho diré: “Tu calibre es demasiado escaso y careces de entendimiento espiritual. No eres adecuado para ser un líder u obrero. Incluso si fueras elegido como líder u obrero, no podrías hacer trabajo real”. La casa de Dios no te atormentará ni urdirá intrigas contra ti en absoluto por esto.
Existen principios sobre a qué tipo de personas asciende y utiliza la casa de Dios y a cuáles no, y sobre a quiénes cultiva y a quiénes no; todo se basa en las necesidades del trabajo de la casa de Dios. No importa a qué personas se ascienda y utilice, el objetivo es cultivarlas para que puedan hacer bien su deber y sepan cómo experimentar la obra de Dios, así como para que sean capaces de asumir el trabajo y actuar conforme a los principios-verdad. No importa qué problema se esté resolviendo, el objetivo es permitirles entender más de la verdad y aprender a extraer lecciones y obtener discernimiento de las diversas personas, acontecimientos y cosas con los que se encuentren. De esta manera, les es más fácil entrar en la realidad-verdad en todos los aspectos. No se trata de aprovecharse de ti para que rindas servicio, y mucho menos de hacerlo para cubrir un puesto vacante porque no pueda encontrarse a nadie adecuado, solo para echarte cuando aparezca alguien que sí lo sea. No es así. De hecho, se trata de darte la oportunidad de formarte. Si persigues la verdad, te mantendrás firme; si no la persigues, seguirás sin poder mantenerte firme. No es en absoluto que, porque a la casa de Dios le resultes desagradable, vaya a buscar un asidero contra ti y una oportunidad para descartarte. Cuando la casa de Dios dice que te cultivará y te ascenderá, es que te cultivará de verdad. Lo que importa es cómo te esfuerces por la verdad. Si no aceptas la verdad en lo más mínimo, entonces la casa de Dios renunciará a ti y ya no te cultivará. Algunas personas, tras un período de cultivo, son destituidas porque su calibre es escaso y no pueden hacer un trabajo real. Algunas, durante su período de cultivo, no aceptan la verdad en lo más mínimo, actúan a su antojo y trastornan y perturban el trabajo de la casa de Dios, y son destituidas. Otras no persiguen la verdad en absoluto, recorren la senda de los anticristos, siempre trabajan por la fama, el provecho y el estatus, y son destituidas y descartadas. Todas estas situaciones se gestionan de acuerdo con los principios de la casa de Dios para utilizar a las personas. La casa de Dios seguirá cultivando a aquellos que pueden aceptar la verdad y esforzarse por ella, incluso si cometen transgresiones al equivocarse en algo. Si no se trata de alguien que pueda aceptar la verdad y no la acepta cuando le sobreviene la poda, entonces se le debe destituir y descartar directamente. Algunos dicen: “¿No es esto como exprimir a alguien hasta dejarlo seco y luego desecharlo? ¿No es esto aprovecharse de la gente?”. Decidme, ¿alguna vez la casa de Dios ha destituido, descartado o dejado de cultivar a alguien porque a esa persona ya no le quedaba valor del que aprovecharse? ¿Ha ocurrido algo así? (No). Entonces, ¿en qué circunstancias la casa de Dios destituye o descarta a las personas? (La casa de Dios solo destituye o descarta a alguien cuando esa persona no puede asumir el trabajo o cuando causa trastornos y perturbaciones y comete maldad). A nadie se le destituye sin una razón. Algunos tienen un calibre escaso y no pueden hacer un trabajo concreto. Algunos poseen cierto calibre, pero no hacen un trabajo concreto ni salvaguardan los intereses de la casa de Dios; no hacen el trabajo que son capaces de hacer, no están dispuestos a preocuparse por el trabajo de la iglesia ni a cansarse haciéndolo, como tampoco a sufrir, pagar un precio y ofender a la gente. Tales personas no pueden hacer un trabajo real, por lo que deben ser descartadas; ya no es apropiado que ocupen ese puesto. No solo obstaculizan el trabajo de la iglesia, sino que también afectan a la entrada en la vida del pueblo escogido de Dios. En tal situación, deben tener autoconciencia y dimitir rápidamente, para dejar que aquellos que pueden hacer un trabajo real asuman esta labor. Algunos no hacen un trabajo real, pero disfrutan de los beneficios del estatus e incluso causan perturbaciones y trastornos. Siempre les preocupa que lo Alto descubra sus problemas y los destituya, así que, cuando llega el momento de informar sobre su trabajo, fingen plantear algunas preguntas para buscar la verdad y se muestran especialmente proactivos, con la intención de dar una buena impresión a lo Alto y demostrar que son personas que buscan la verdad y pueden hacer un trabajo real. Lo Alto asciende y utiliza a las personas no en función de si saben hablar bien, si son expertas en plantear preguntas o si son de mente ágil, sino que las selecciona y cultiva en función de si aman y persiguen la verdad y si pueden hacer su deber devotamente. También hay algunos que no solo no hacen un trabajo concreto ni salvaguardan los intereses de la casa de Dios, sino que además causan trastornos y perturbaciones y traicionan los intereses de la casa de Dios. Los arreglos del trabajo de la casa de Dios estipulan claramente lo que no está permitido hacer y lo que se debe hacer, pero ellos no implementan ni un solo punto e incluso cometen fechorías de manera imprudente. Ha habido muchas personas así y todas han sido destituidas. Sea cual sea la situación, cuando la casa de Dios asciende a estas personas, siempre lo hace para cultivarlas y guiarlas a la realidad-verdad, con la esperanza de que puedan hacer bien el trabajo de la iglesia y cumplir con los deberes que les corresponden. Aun cuando no sepas cómo hacer algún trabajo por ser necio y carecer de perspectiva o porque tu calibre es escaso, mientras te esfuerces por los principios-verdad, tengas ese sentido de la responsabilidad, estés dispuesto a hacer bien ese trabajo y puedas salvaguardar el trabajo de la iglesia, la casa de Dios te seguirá cultivando aunque hayas hecho algunas tonterías en el pasado. Algunos, a pesar de tener un calibre algo escaso, pueden hacer algún trabajo sencillo. Aunque su charla sobre la verdad para resolver problemas no pueda dar buenos resultados, pueden salvaguardar el trabajo de la iglesia. Sea cual sea el aspecto de la verdad que se comparta en cada reunión, son capaces de aceptarlo y de ser obedientes y sumisos. Si algún trabajo no se hace bien, pueden extraer lecciones de ello. Aunque su calibre es algo escaso, su corazón puede esforzarse por la verdad. Después de trabajar durante un tiempo, progresan y sus resultados son cada vez mejores. A Mis ojos, tales personas tienen esperanza de obtener la salvación. La mayoría de la gente cree que los que poseen buen calibre tienen probabilidades de obtener la salvación. A Mi juicio, no es necesariamente así. La clave es que las personas tienen que perseguir la verdad para poder obtener la obra del Espíritu Santo, despojarse de su carácter corrupto y obtener la salvación. Algunos tienen un calibre promedio y los resultados de su deber también son promedio, pero tras años de riego y provisión por parte de la casa de Dios, empiezan a poner su corazón en la verdad y, de hecho, llegan a entender algunas verdades. También obtienen algunas experiencias prácticas, pueden desentrañar ciertas cosas y resolver algunos problemas, con lo que progresan cada vez más en el trabajo de la iglesia. Esto es bastante bueno; merece la pena cultivar a tales personas. Aunque puede que no seas del todo competente para este trabajo, como mínimo lo Alto tiene cierta afirmación hacia ti cuando realizas este trabajo. Decidme, ¿disponer que la gente realice un deber es aprovecharse de ella? (No). No importa cuánto trabajo seas capaz de hacer o cómo sea tu calibre, ascenderte y utilizarte no es aprovecharse de ti. Más bien, la intención es usar esta oportunidad para permitirte formarte en la realización del trabajo y para perfeccionarte por medio de tu búsqueda de la verdad y a través del trabajo duro y la asunción de cargas pesadas. Por un lado, esto te perfecciona personalmente; por otro, también cumple con la obra de la casa de Dios. Has preparado buenas obras y, a la vez, has obtenido ganancias en tu entrada personal en la vida. ¡Qué bueno es eso! Son dos buenos resultados en una sola acción. Algunos de aquellos a los que se reveló y descartó dijeron una vez: “¿Pretendéis aprovecharos de mí para que rinda servicio para la casa de Dios? ¡Ni hablar! ¡No soy tan tonto!”. Son capaces incluso de pronunciar tales palabras. ¿Creen de veras en Dios? ¿Entienden la verdad tales personas? ¿Cómo va a equivaler disponer que la gente haga algún deber a aprovecharse de ella? Si de veras eres alguien que entiende la verdad, deberías entender las intenciones del Creador y cumplir con el deber de un ser creado. Esto es cumplir con la propia responsabilidad y obligación como ser humano. Si ni siquiera tienes esta mínima conciencia y razón, ¿eres digno de ser llamado un ser creado? Si de veras tienes conciencia y razón, deberías tratar tu deber correctamente. Si posees el calibre para ello, deberías esforzarte por la verdad. Si estás dispuesto a poner proactivamente de tu parte, la casa de Dios dispondrá que hagas cierto trabajo, que asumas una carga. Esto no es urdir intrigas contra ti ni aprovecharse de ti, sino ascenderte, cultivarte, permitir que te formes y guiarte a la realidad-verdad. Es así de simple. Algunos dicen: “Ya soy viejo, mi motivación es insuficiente y mis fuerzas físicas flaquean. No quiero seguir asumiendo esta carga. ¿Puedo dimitir?”. Yo digo que está bien, pero antes de dimitir, debes pensarlo detenidamente. Si tu decisión no se debe realmente a razones físicas, sino a que tus pensamientos personales han cambiado, te lo has pensado mejor, temes sufrir, cansarte, subir más alto para luego caer con más fuerza, y siempre tienes el pensamiento y el punto de vista de que la cima es un lugar solitario, entonces debes ser cauto. No rechaces esta comisión, este deber especial; debes considerarlo detenidamente. Tales oportunidades son pocas y poco frecuentes; son raras, ¿verdad? Quizá insistas, diciendo: “No hace falta que me convenzas. Lo he pensado durante mucho tiempo y ya he tomado una decisión. No puedes convencerme; simplemente, ya no quiero soportar este cansancio. Todos los demás están cómodos, ¿por qué debería ser yo el único que está tan cansado? ¿Estoy destinado a sufrir? ¡No estoy dispuesto a soportar tal adversidad! ¡No estoy dispuesto a resignarme al porvenir! ¡La iglesia no debería urdir intrigas contra mí; no soy su esclavo ni me he vendido a ella!”. No deberías seguir pronunciando estas palabras desagradables; decir más te llevará a cometer demasiados pecados, y tienes que responsabilizarte de las palabras que has dicho y de las decisiones que has tomado. En primer lugar, crees en Dios para obtener bendiciones; no te has vendido a la casa de Dios. En segundo lugar, si quisieras venderte a la casa de Dios, esta todavía tendría que considerar detenidamente si tienes ese valor, si sería útil comprarte. Así que, si piensas que la casa de Dios está urdiendo intrigas contra ti y que quiere aprovecharse de ti para que rindas servicio, piensas erróneamente, porque los estándares por los que la casa de Dios examina a las personas son si estas creen sinceramente en Dios, si aman la verdad y si pueden obedecer las palabras de Dios y someterse a Él. La casa de Dios selecciona y cultiva a las personas basándose en estos estándares. Si piensas tan mal de la casa de Dios, entonces no tienes conciencia ni razón y no vales absolutamente nada. La casa de Dios no solo no te utilizará para que hagas tu deber, sino que además tendrá que descartarte rápidamente, a ti, un incrédulo. Si no eres un creyente sincero en Dios, deberías abandonar sin demora la casa de Dios; no vayas saliendo del paso por ella. No perteneces a la casa de Dios; la casa de Dios no necesita a gente así. Vete rápido.