Cómo perseguir la verdad (26) Parte 3

Ya esté charlando o compartiendo y predicando formalmente, Mi propósito en cada palabra que digo, cada asunto del que hablo y cada aspecto de la verdad que comparto es permitiros conocer vuestros propios estados corruptos, reconocer vuestros defectos, deficiencias, carencias y dificultades y, lo más importante, conocer vuestro propio carácter corrupto y las revelaciones de vuestra corrupción en diversos trasfondos y entornos. Una vez que conozcáis vuestro carácter corrupto, tendréis un entendimiento más profundo de vosotros mismos, conoceréis vuestra propia medida y seréis un poco más razonables. También os compararéis con las palabras de Dios y encontraréis en ellas los principios y sendas de práctica relevantes para resolver vuestras propias dificultades, ya sea resolviendo el carácter corrupto que reveláis en la vida diaria o vuestras deficiencias en humanidad. Poco a poco, os despojaréis de ese carácter corrupto y de los diversos pensamientos y puntos de vista satánicos que Dios detesta y, al aceptar la verdad, lograréis cambios verdaderos en vuestros puntos de vista sobre las cosas y en vuestro carácter-vida. Esta es la única manera que es conforme a las intenciones de Dios. En todas estas palabras que digo, ya sea charlando con vosotros en la vida diaria o compartiendo y predicando formalmente, cada palabra se pronuncia basándose en vuestras situaciones reales. Digo estas palabras porque he visto vuestras necesidades. Aunque puede que los hechos que enumero se hayan sometido a un simple procesamiento, estos ejemplos son casos representativos seleccionados a partir de los hechos de vuestras revelaciones de corrupción y vuestras acciones. Al usar estos hechos y ejemplos, Yo desenmascaro el carácter corrupto y la esencia-naturaleza de la humanidad para que la gente pueda reflexionar sobre sí misma, y esto dará buenos resultados. Por tanto, no importa sobre qué tema hable, en primer lugar, no hay trampas; en segundo lugar, no hay conspiraciones; y en tercer lugar, no hay exámenes. Todo es para permitiros entender mejor las intenciones y los requerimientos de Dios, para que logréis contemplar a las personas y las cosas y comportaros y actuar conforme a los principios-verdad y, en último término, para que acudáis ante Dios y tengáis sumisión y temor hacia Él. Todos estos son hechos. Así que, cuando me comunico o charlo con vosotros sobre algunos asuntos que ocurren en la vida diaria o participo en intercambios y consultas formales relacionados con el trabajo, no importa cuántos años pasen, al echar la vista atrás, ¿ves alguna conspiración o trampa en Mis palabras? (No). ¿Hay alguna intención de aprovecharme de vosotros? ¿Hay alguna intención de extorsionaros? (No). ¿Estáis seguros? (Sí). Por ejemplo, alguien es responsable de la ganadería en una granja. Le pregunto cuántos días tarda una gallina en poner un huevo y él reflexiona: “¿Qué quieres decir al preguntar esto? ¿Estás intentando ver si alimento bien a las gallinas? Entonces, ¿cómo debería responder adecuadamente? Si digo que ponen un huevo al día, en realidad no es factible; eso sería mentir. Si digo que ponen un huevo cada dos o tres días, ¿pensarás que no he alimentado bien a las gallinas y que no les he dado pienso nutritivo? Entonces, ¿cómo debería responder adecuadamente?”. Sigue reflexionando en su corazón y nunca da una respuesta. En realidad, no tengo ninguna otra intención al preguntar esto; solo quiero obtener algo de información sobre cómo se crían las gallinas. Pero, en cuanto pregunto, él le da demasiadas vueltas y sigue intentando adivinar qué quiero decir con Mi pregunta. Decidme, ¿es difícil tratar con gente así? ¿Es siquiera posible comunicarse con normalidad al estar en contacto con tales personas? Se vuelve imposible la comunicación. Tengo una costumbre: siempre me gusta dar una vuelta y ver cómo van las cosas. A veces descubro algunos problemas. Si se trata de una cuestión de limpieza del entorno, entonces hay que limpiar. Si es un tema relacionado con el personal, entonces hay que hacer ajustes. Si se trata de un asunto relativo a las habilidades profesionales, entonces debemos consultar y aprender. Cuando se descubren problemas, estos deben corregirse. Muchos problemas se han descubierto sin querer y resuelto durante las charlas cotidianas; algunos problemas reales se resolvieron fácilmente. Por tanto, no hay necesidad de que la gente esté tan nerviosa al entrar en contacto y relacionarse conmigo. Muchos problemas se descubren a través del contacto con la gente y se resuelven fácilmente. Estar en contacto con las personas y charlar con ellas es muy necesario; no se trata solo de entender la situación y descubrir problemas, sino también de resolverlos al mismo tiempo. ¿No es esto una ganancia? (Sí). Cuando charlo con la gente, algunos hablan con sinceridad, mientras que otros piensan de manera muy complicada y no se atreven a hablar con franqueza, siempre preguntándose si Mis palabras tienen un significado oculto o si estoy intentando urdir intrigas contra alguien. Así que, en cuanto les pregunto algo, se ponen nerviosos y empieza a sudarles la frente. Les digo: “No hace calor, ¿por qué sudas?”. Ellos dicen: “¡Puede que Tú no sientas calor, pero yo sí! Lo que dijiste me asustó tanto que el corazón casi se me sale del pecho. Ahora me sudan las palmas de las manos y las plantas de los pies, el corazón me late con fuerza y no sé qué hacer”. Les digo: “No hace falta que te pongas nervioso. Solo estoy hablando de manera informal, solamente estoy charlando. Si de verdad hay un problema, simplemente lo resolveremos. No pienses que soy tan aterrador, como si descubrir cualquier problema significara que fuera a ejecutar a toda tu familia extensa. Yo no ‘resuelvo’ a las personas; resuelvo los problemas. Resolver los problemas es la clave”. ¿Qué clase de fe deberías tener? Por un lado, Yo actúo sin duda conforme a los principios, con absoluta justicia. No actuaré con emoción, obstinación o arbitrariedad: no te encontraré desagradable para luego buscarte defectos, criticarte por nimiedades o buscar fallos, y después echarte y encontrar a alguien que me agrade para hacer el trabajo. Por otro lado, trato con todo el mundo basándome en la situación y el problema reales; hay principios. A las personas se les permite cometer errores, se les permite ser necias, débiles y negativas. Pero una cosa no está permitida: si eres problemático y trastornas y perturbas intencionadamente el trabajo de la iglesia, deberías reflexionar sobre ti mismo. Si no salvaguardas los intereses de la casa de Dios, si siempre los traicionas, entonces la iglesia no te necesita para que hagas tu deber; la casa de Dios tendrá que encontrar a una persona adecuada para reemplazarte. Esto es actuar conforme a los principios. Cómo resuelvo los problemas, cómo manejo los asuntos, cómo trato a las personas; todo se hace conforme a los principios. No tienes que preocuparte de que vaya a encargarme de ti si descubro algún problema en ti; depende de qué problema sea, y la situación se manejará de acuerdo con la naturaleza del problema. Si la naturaleza de tu problema no es muy grave, si no lo causaste intencionadamente, sino por un descuido momentáneo o por necedad, entonces se resolverá mediante la charla sobre la verdad. Aprende la lección y no vuelvas a cometer el error. A veces el problema se debe a que la gente carece de conocimiento y experiencia y no entiende ciertas habilidades profesionales; en ese caso, aprende rápidamente las habilidades profesionales y no seas perezoso. Pero si es deliberado e intencionado, si no estás dispuesto a realizar este deber e incluso dañas adrede los bienes de la casa de Dios, entonces esto debe manejarse con seriedad. Los que deban ser destituidos, serán destituidos, y los que deban ser expulsados, serán expulsados; no tiene sentido temer que lidien contigo. Si tenéis esta fe, creéis que Dios es justo y que tratará a todas las personas de manera equitativa, entonces, cuando Yo hable y maneje asuntos con vosotros, os sentiréis mucho más tranquilos. Cuando hable contigo o discuta sobre trabajo o asuntos profesionales, deberías relajarte, saber que Dios no urdirá intrigas contra nadie ni tampoco contra ti; puedes estar tranquilo. Si careces incluso de esta fe, si no crees que Dios es bueno y justo, entonces, cuando dices que crees en Dios, que sigues al Dios encarnado, que sigues a Cristo, ¿dónde está tu fe? ¿Cómo puedes llegar a ser sincero con Él? Si a cada paso te guardas de Él, especulas sobre Él, sospechas de Él y lo escrutas, es que no tienes una fe verdadera en Él. Si no tienes una confianza verdadera, una fe verdadera en esta persona, ¿hasta qué punto puedes creer en Mis palabras? ¿Hay alguna declaración que puedas creer de verdad, aceptar de verdad? Casi no hay ninguna, ¿verdad? (Sí).

Una vez, fui a una iglesia a ver cómo estaban las cosas. Al entrar en la estancia, primero saludé a todos. Algunas personas se acercaron, me ofrecieron enseguida una silla para que me sentara y luego dijeron que estaban discutiendo un asunto. Mientras hablaban, de pronto advertí que hacía un momento había cuatro o cinco personas en la estancia, pero ahora solo quedaban dos. Pensé que tal vez habían vuelto a sus habitaciones para peinarse y arreglarse y que saldrían en breve, pero permanecí allí un buen rato y no salieron. Entonces lo comprendí: no era bienvenido; había llegado en un mal momento. Era una visita inesperada. Mi llegada los hizo sentir constreñidos e incómodos. Pensaron: “¿Tendrá algún propósito Tu visita?”. Temían caer en una trampa, ser engañados o que hubiera algún complot, así que se negaron a verme cara a cara y a comunicarse o interactuar conmigo. No es una exageración ni le he añadido florituras. No estoy contando un cuento; esto ocurrió de verdad. Quizá solo cuando abrí la puerta y me fui, respiraron por fin aliviados y dijeron: “¡Por fin se ha ido! ¡Casi me muero del susto!”. Pensé para Mí: “¿Tengo Yo tanto ‘encanto’ como para asustar a la gente hasta tal punto?”. Decidme, cuando la gente exhibe estas manifestaciones, ¿qué problema denota? De verdad que nunca he visto a nadie creer en Dios de esta manera. A esta clase de persona le gusta vivir en rincones oscuros; no le gusta vivir en la luz ni de una manera abierta y transparente. Decidme, cuando estoy en contacto con vosotros, ¿os sentís incómodos y nerviosos, sin ganas de comunicaros conmigo? ¿O estáis dispuestos a tener contacto conmigo, deseando obtener algo de la verdad, y no os importa siquiera que eso os haga sentir un poco nerviosos? ¿Cuál es vuestro estado de ánimo? (Aunque nos sintamos un poco nerviosos, está bien mientras podamos entender la verdad y obtener algún beneficio). La mayoría de la gente, después de estar en contacto y comunicarse conmigo durante dos o tres horas, considera que muchas de las palabras de Mi enseñanza son muy importantes, que son cosas que nunca antes habían oído, por lo que sienten que escuchar esas palabras ese día valió muchísimo la pena y empiezan a estar especialmente dispuestos a escuchar Mi enseñanza. Si de vez en cuando mantengo una charla informal, se sienten un poco decepcionados y solo se quedan satisfechos si pueden obtener algo de Mis palabras. Con esa clase de personas, estoy dispuesto a compartir algunas verdades, incorporando asuntos de la vida real, para que todos puedan beneficiarse. Algunas personas, cuando me ven, siempre temen que les pregunte sobre ciertas situaciones y que no sepan cómo responder y parezcan muy incómodas. La mente de esas personas es demasiado complicada; no son sencillas. Otras están dispuestas a buscar la verdad y comparten abiertamente cualquier dificultad que tengan, sin temor a que se rían de ellas; ese es el enfoque correcto. El principio de nuestra comunicación y diálogo es abrir el corazón y decir cualquier cosa que haya en nuestra mente, hablar con sinceridad. Yo me relaciono e interactúo con vosotros en el marco de la humanidad normal. Debido a Mi identidad y estatus, sé más que vosotros, así que, por supuesto, debo hablar más. Si estáis dispuestos a escuchar, podréis obtener algo; si no estáis dispuestos, no os obligaré. Sobre los temas que discutimos, si tenéis perspectivas, ideas, experiencias, comprensión o conocimiento, también podéis compartirlos. A esto se le llama interacción; esto es la humanidad normal. Si te parece que lo que digo es muy importante, entonces deberías escuchar con atención. Si no puedes asimilar lo que digo, me callaré y te dejaré hablar a ti. Si no tienes nada que decir, te haré preguntas y te guiaré. Por ejemplo, podría preguntar: “¿Cómo ha sido tu vida de iglesia últimamente? ¿Tienes alguna dificultad para hacer tu deber?”. Si tienes dificultades, deberías hablar de ellas con sinceridad y Yo te ayudaré a resolverlas. A esto se le llama interacción, y es algo que debería existir en el marco de la humanidad normal. ¿No es esto algo que a todo el mundo le gusta? (Sí). Si tienes conciencia y razón, tu humanidad será normal, y nuestras conversaciones y charlas podrán construirse sobre una base de sinceridad, confianza y respeto, lo que nos permitirá abrirnos y expresar lo que hay en nuestro corazón. Si no posees conciencia ni razón y no quieres buscar la verdad, entonces solo hay una senda de práctica para ti: a partir de ahora, aprende a no escrutar, a no tratar de leer Mi mente a partir de Mis palabras y expresiones, a no sentirte constreñido y a no decir palabras para someterme a examen. Hay quien podría decir: “No puedo lograr estas cosas”. En ese caso, limítate a mantener la boca cerrada. Si se te dice que guardes silencio, pero piensas que estoy urdiendo intrigas contra ti y constriñéndote, eso también es fácil de solucionar: puedes, simplemente, marcharte. No exijo nada a nadie con quien me encuentre y nunca constriño a las personas. Si alguien siempre busca defectos en Mí y, tanto si le hablo como si no, nunca le parece bien, solo puedo alejarme de esa persona y evitar el contacto con ella. Si algunas personas siempre temen estar en contacto conmigo, pensando constantemente que urdiré intrigas contra ellas, pero aun así quieren tener contacto conmigo para obtener algo de la verdad, Yo digo que con tal mentalidad no puedes obtener la verdad; no eres una persona que ame la verdad. Siempre piensas lo peor de la gente, creyendo que nadie es tan bueno como tú. Diga lo que te diga, en todo momento piensas que debo de estar urdiendo intrigas contra ti. No me crees y no tienes la más mínima confianza en Mí. En ese caso, es imposible que vivamos en armonía; como mínimo, no estamos en sintonía en el plano de la humanidad. No tenemos aficiones ni intereses comunes, ni metas compartidas que perseguir o a las que aspirar. En el plano de la humanidad, la senda que recorres, tu felicidad, ira, tristeza y alegría, y tus gustos e intereses son diferentes de los Míos. Todo lo que a ti te gusta es negativo, mientras que todos los temas de los que Yo quiero hablar están relacionados con cosas positivas. Siempre estás tratando de escrutarme. No importa qué verdad comparta, siempre meditas si hay un complot en ella, si estoy urdiendo intrigas y si podrías sufrir alguna pérdida o engaño. Si siempre estás meditando estas cosas, ¿qué tipo de escena se produciría entonces cuando habláramos y nos relacionáramos el uno con el otro? (De incomodidad). En esa situación, Yo me sentiría incómodo contigo y tú te sentirías incómodo conmigo; ambos nos sentiríamos incómodos. ¿Acaso estar juntos así no sería un tormento mutuo? ¿Habría felicidad en ello? No habría ninguna felicidad. Si te gustara oír lo que digo, si estuvieras dispuesto a escuchar, si los temas de los que hablo fueran aquello a lo que aspiras, lo que atesoras en tu corazón, lo que persigues y pudieran satisfacer las necesidades de tu humanidad, no habría aversión ni resistencia en nuestro corazón aunque nos quedáramos simplemente sentados en silencio. Podríamos interactuar y, al vivir juntos, podríamos alcanzar la armonía. Pero supongamos que te disgusta oír las palabras que digo e incluso sientes aversión y resistencia en tu corazón, a pesar de que todas son muy prácticas y beneficiosas para las personas; que de verdad no puedes asimilar las cosas positivas de las que hablo ni las palabras de la enseñanza sobre la verdad que expreso para resolver problemas, en especial los temas sobre cómo resolver el carácter corrupto, e incluso sientes que te estoy lavando el cerebro, engañándote, tratando de usarte para predicar el evangelio y ganar a más gente para expandir la influencia de la casa de Dios, en ese caso, el que está equivocado eres tú. Siempre piensas de una manera distorsionada, en todo momento quieres tergiversar los hechos, llamar a lo blanco negro e incluso describir las cosas positivas que son conformes a la verdad como cosas negativas y perversas que no se ajustan a las tendencias sociales. Diga lo que diga, no crees que sea la verdad, que sea algo positivo. Entonces no podemos comunicarnos; como no hay un lenguaje común, no podemos vivir en armonía. No podemos comer en la misma mesa; no podemos alcanzar la unidad de corazón y mente. Entonces, ¿qué clase de persona eres? Para ser precisos, no formas parte de la casa de Dios; eres un no creyente. No importa cuán apropiados sean los temas de los que hablo o cuán adecuados sean las sendas y los principios de práctica, siempre les buscas otro sentido. Siempre los contemplas, entiendes e interpretas a través de una lente perversa y desde una postura y un punto de vista perversos; no aceptas las sendas ni los principios de práctica correctos de los que hablo. Por eso, escucharme hablar te resulta incómodo. ¿Por qué te resulta incómodo? Porque esas no son las necesidades de tu humanidad. ¿Qué necesitas tú? Perseguir la libertad, ganar una fortuna, comer, beber y divertirte. Tus lemas de vida son “La vida solo consiste en comer rico y vestirse bien” y “Disfruta mientras puedas”. ¿Qué te gusta? Te gustan las tendencias perversas, la ropa estrafalaria, las celebridades, los personajes famosos y lo extraordinario y grandioso del hombre. Siendo así, no eres un creyente sincero en Dios, no formas parte de la casa de Dios; tu humanidad no tiene necesidad de cosas positivas. Cuando me relaciono contigo, no importa lo que diga, lo que haga o cómo lo haga, para aquellos que no tienen la conciencia, la razón ni las necesidades de la humanidad normal, todo es solo una teoría, un dicho, un método. Algunos incluso piensan: “Cuando hablas, entras en mucho detalle e incluso pones ejemplos. ¿No es esto solo un intento de implantar profundamente Tus pensamientos y puntos de vista en el corazón de las personas? ¿No es solo un intento de hacer que la gente acepte Tus pensamientos y puntos de vista, de lavarles el cerebro y, con el tiempo, adormecerlos con Tus diversos pensamientos y puntos de vista?”. Si de verdad te sientes así, si crees que estas palabras no son la verdad, que no son el camino verdadero que las personas deberían aceptar y practicar ni los principios a los que deberían atenerse, entonces puedes negarte a aceptarlas; esa es tu libertad. También puedes abandonar la iglesia. Tienes derecho a elegir por ti mismo y también a negarte a aceptar la verdad. Pero no tergiverses los hechos ni llames a lo blanco negro. La verdad es verdad en todo momento; no puede dejar de serlo porque unos cuantos diablos y satanases la nieguen y condenen, y mucho menos porque a muchas personas no les guste o no puedan aceptarla. La verdad existe para siempre; es eternamente inmutable. No importa cuántas personas puedan aceptarla, la verdad es siempre la verdad. Mis charlas, comunicaciones e interacciones con vosotros se basan por completo en el fundamento de vuestra confianza en Mí; este es uno de los principios más básicos. Para lograr la confianza, lo más importante es que todos confirméis en vuestro corazón que, en cada palabra que digo, cada pregunta que hago o cada asunto del que hablo, no hay intrigas, complot ni trampa y, desde luego, no os estoy sometiendo a ningún examen. Así que podéis estar tranquilos: cuando me relacione con vosotros, deberíais sentiros completamente libres y relajados. Si sentís que relacionaros conmigo no os libera ni os relaja, que os sentís constreñidos o muy incómodos, o bien que siempre estáis en guardia en vuestro corazón, entonces digo que verdaderamente no es Mi problema, sino el vuestro. ¿En qué aspecto radica vuestro problema? Vosotros mismos deberíais tener claro qué problemas tenéis y qué estáis pensando en vuestro corazón; luego, resolved los problemas concretos de manera concreta. Resolved cualquier problema que podáis descubrir. Si descubrís muchos problemas, anotadlos y luego resolvedlos uno por uno. Si no es posible resolver cada problema de una sola vez, resolvedlos de uno en uno, poco a poco. Cuando ocurran estas cosas, deberías examinar y reflexionar, ver qué estabas pensando realmente en ese momento, sobre qué asuntos piensas de esa manera y qué puntos de vista desarrollas sobre cada cuestión; luego, resuelve los problemas gradualmente. Un día, cuando te desprendas de estos pensamientos y puntos de vista en tu corazón, todos estos problemas se resuelvan y de verdad entiendas la verdad y veas su valor, confiarás en Mí. Creerás que puedo tratar a cualquier persona y cualquier problema de acuerdo con los principios-verdad y que en absoluto urdiré intrigas contra ti. En consecuencia, nuestras interacciones podrán ser relajadas y alegres, podremos vivir en armonía y, de esta armonía nuestra, podrá nacer la felicidad. Tener felicidad, deleite, paz y alegría, ¿no es eso bueno? (Sí).