Cómo perseguir la verdad (26) Parte 4
A veces, cuando entro en contacto con la gente, les pregunto cuántos años llevan creyendo en Dios. Alguien dice que solo lleva tres años y se siente avergonzado. En su corazón, piensa que lleva poco tiempo creyendo en Dios y que su estatura es pequeña, así que, cuando se compara con los que llevan diez, veinte o treinta años, siempre se siente inferior, un escalón por debajo de ellos. Medita: “¿Preguntas esto para recordarme que llevo poco tiempo creyendo en Dios, que mi estatura es pequeña y que la casa de Dios hizo una excepción al ascenderme, y para hacerme sentir profundamente agradecido a esta?”. ¿Por qué una pregunta así hace que se sienta tan incómodo? Porque complica demasiado Mi pregunta, pensando que hay un complot en Mis palabras y que estoy tratando de urdir intrigas contra él. Interpreta varias capas de significado en una pregunta tan simple. Después de decir que lleva tres años creyendo, siente que está en un aprieto. ¿Acaso no está insatisfecho en su corazón con Mi pregunta? En realidad, hago esta pregunta sin ninguna intención particular, y no esperaría que te pusiera en un aprieto. Entonces, ¿por qué te sientes como si estuvieras en un aprieto? Porque tu mente es demasiado complicada. ¿Hay algo de malo en Mi pregunta? (No). Solo la hago de manera informal. Si te preguntara cuántas parejas sentimentales has tenido, eso podría ser inapropiado, ya que sería husmear en tus asuntos privados. Pero lo que pregunto es algo relacionado con tu fe en Dios; te pregunto cuántos años llevas creyendo en Él. ¿No es eso apropiado? (Sí). Entonces, ¿por qué no te atreves a responder? Esto realmente no es Mi problema; es el tuyo. Tu mente es demasiado complicada. ¿Cuál es el problema de esa mente complicada tuya? ¿No es que tu carácter es perverso y falso? (Sí). ¿Por qué te pregunto cuántos años llevas creyendo en Dios? Lo pregunto para averiguar cuál es tu estatura, qué verdades entiendes, si has establecido una base, qué dificultades tienes, si puedes realizar un deber y si has experimentado alguna prueba. En función de estas cosas, determino sobre qué hablar contigo, qué indicaciones darte, y eso es todo. Malinterpretas un pensamiento Mío tan simple como si Yo tuviera segundas intenciones, lo que te hace sentir aversión hacia Mí. Dime, ¿no es esto tan solo crearme problemas a cambio de Mis buenas intenciones? (Sí). Cuando te pregunto cuántos años llevas creyendo en Dios, ¿hay alguna parte de Mí que busque menospreciarte? (No). ¿Hay alguna malicia? ¿Hay alguna intención de hacerte sentir incómodo y quedar mal? (No). Ya lleves creyendo en Dios unos meses o uno o dos años, Mi intención es solo ayudarte. Al ver que eres bastante serio en tu búsqueda, bastante entusiasta, al ver que sufres tanto, pagas un precio tan alto y renuncias a tanto, quiero charlar contigo para que puedas obtener algo que normalmente no obtendrías. La pregunta de cuántos años llevas creyendo surge, por un lado, de la preocupación por ti y, por otro, del aprecio que te tengo. ¿Hay alguna malicia en esto? (No). Es una pregunta tan apropiada y, sin embargo, ¿cómo la ha tergiversado esa persona? “Quieres que todo el mundo sepa que no llevo mucho tiempo creyendo en Dios, que mi estatura es pequeña y no entiendo ninguna verdad, que soy peor que los demás, que soy inferior, y quieres avergonzarme”. Si piensas de esa manera, ¿podemos seguir interactuando? (No). Por lo tanto, para que logremos la interacción y vivamos en armonía, lo primero es que confiéis en Mí y no dudéis ni especuléis sobre Mí. Si no hay interacción entre nosotros, ¿dónde radica el problema? Radica en las personas; es decir, la gente tiene toda clase de dificultades. ¿Y de dónde surgen estas diversas dificultades? Surgen de los diversos pensamientos y puntos de vista erróneos de las personas. Entonces, ¿qué pensamientos y puntos de vista erróneos tiene el individuo que acabo de mencionar? Piensa que llevar tres años creyendo en Dios lo convierte en un nuevo creyente dentro de la iglesia, que llevar poco tiempo creyendo es algo vergonzoso y que lo hace inferior y que entiende demasiado poco de la verdad y todavía no puede compartir testimonios vivenciales. Por lo tanto, se ve a sí mismo como un “ciudadano de segunda clase”, menospreciado por los demás, y le resulta embarazoso y humillante hablar de ello. Por otro lado, otros llevan creyendo en Dios diez o veinte años, mientras que esta persona solo lleva tres, por lo que le preocupa que los demás le digan: “¿Qué estuviste haciendo todos esos años? ¿Por qué no lo aceptaste antes? ¿Tienes algún pasado vergonzoso?”. A los ojos de la gente del mundo, se da gran importancia a las cualificaciones, la experiencia y los antecedentes, y los usan para clasificar a las personas en diferentes rangos. Entonces, ¿cuál es el punto de vista de este individuo? También da gran importancia a los antecedentes y la experiencia de la gente, por lo que en su corazón hay diferentes rangos dependiendo de si uno lleva creyendo en Dios tres, cinco, diez, veinte o treinta años. Esta clasificación le hace sentir que sus tres años de fe son en cierto modo algo deshonroso en la iglesia, como ser un “ciudadano de segunda clase”. Para esta persona, esto es una marca de vergüenza, una humillación. Considera muy importante el número de años que uno lleva creyendo en Dios, y da la casualidad de que ella solo lleva tres. Si se añadiera un cero después del tres, para convertirlo en treinta años de fe, entonces sentiría que eso es glorioso. Diría: “Yo fui uno de los primeros en aceptar la obra de Dios. Seguí a Dios cuando Él apenas comenzaba a aparecer y a obrar. ¡Todos estos años he estado predicando el evangelio y dando testimonio de Dios por todas partes, luchando junto a Él para construir Su reino! Soy un veterano en la casa de Dios, ¡una figura fundadora!”. Sentiría que eso es particularmente glorioso. Algunas personas que acaban de aceptar la obra de Dios ven que Él ha expresado muchas verdades y que hay numerosos testimonios vivenciales en la casa de Dios, y sienten que empezaron a creer en Él demasiado tarde. Si dicen que llevan creyendo entre uno y tres años, les resulta difícil hablar, y meditan en su corazón: “¿Por qué no creí todos esos años? Dios expresó tantas verdades, ¿por qué no investigué? ¿Quién me impidió creer en Dios? ¿Quién me causó un sufrimiento tan amargo? Son esos pastores religiosos; en verdad, esas personas son diablos y satanases que devoran las almas de la gente. ¡Si no puedo entrar en el reino de los cielos, tendré que ajustar cuentas con ellos!”. Luego vuelven a pensar: “Uf, se trata solo de mi amargo porvenir; no tengo esa bendición”. Pero entonces piensan: “No, eso no está bien. Dios es todopoderoso; ¿por qué no me trajo antes a mí, esta ovejita perdida, de vuelta a Su casa?”. Y así le echan la culpa a Dios. En realidad, no importa lo que piensen; en primer lugar, su punto de vista sobre creer durante tres años frente a hacerlo durante treinta es incorrecto. Usan el número de años de fe para clasificar a las personas, creyendo que un corto período de fe convierte a uno en inferior. Como han desarrollado este punto de vista, cuando les pregunto cuántos años llevan creyendo, les da vergüenza hablar. Decir “tres años” las hace sentir muy incómodas, muy avergonzadas, muy abochornadas, como si su valía y su rango quedaran expuestos al instante. Consideran esto muy importante; es este punto de vista lo que influye en su actitud hacia Mi pregunta. ¿No es así? (Sí). Si su punto de vista fuera: “Es un hecho que llevo tres años creyendo en Dios y, con solo tres años de fe, mi estatura es ciertamente pequeña. En lo que respecta a muchas verdades, ni siquiera puedo explicar las doctrinas con claridad. Como Dios me pregunta cuántos años llevo creyendo, simplemente diré la verdad. No hay nada de qué avergonzarse. Ante Dios, todo es transparente, todo está al descubierto. Responderé a lo que Él pregunte”. Si pensaran de esta manera, sería sencillo. No implicaría ninguna identidad, estatus, valía ni rango. No se verían restringidas, influenciadas, controladas ni manipuladas por ningún pensamiento o punto de vista erróneo y, al final, podrían decir con facilidad y honestidad: “Llevo tres años creyendo en Dios”. Entonces Yo continuaría preguntando: “Llevas tres años creyendo en Dios; ¿tienes claras las verdades relativas a las visiones?”. Si se tratara de una persona con una mente complicada, pensaría: “Si digo que no las tengo claras, ¿no querría decir eso que no he estado ocupándome del trabajo que me corresponde en mi fe? El hecho de que lleve creyendo tres años y siga sin tener claras las verdades relativas a las visiones, ¿no significa que no he estado comiendo y bebiendo diligentemente las palabras de Dios? Pero si digo que las tengo claras, entonces Dios no hablará sobre este tema y perderé esta oportunidad. Si digo que no las tengo claras, ¿podría Él compartir un poco más conmigo, añadir un poco más? Si digo que las tengo claras, no añadirá nada más para mí, pero ¿quizá me tendrá en alta estima?”. Como ves, está pensando de manera retorcida de nuevo, ¿no es así? ¿No es la mente de tal persona demasiado complicada? (Sí). Esas personas son ciertamente problemáticas. No importa con quién hablen, siempre están calculando cómo responder sin dañar su imagen ni sufrir ningún perjuicio para sus intereses. Además, siempre están observando las actitudes de los demás hacia ellas, calculando en todo momento cómo hacer que los demás las tengan en alta estima y cómo elevar su propio estatus. Siempre están calculando estas cosas, por lo que no les es fácil abrirse en la enseñanza y decir lo que tienen en el corazón. Cuando les pregunto: “En tu fe en Dios, ¿tienes claras las verdades relativas a las visiones?”, ¿hay una segunda capa de significado en esta pregunta? (No). ¿Por qué hago esta pregunta directamente? Por lo general, aquellos que llevan creyendo entre uno y tres años todavía necesitan enseñanza sobre las verdades relativas a las visiones; esto es algo habitual. Si tienen claras las verdades relativas a las visiones, entonces no hay necesidad de hablar sobre ellas y podemos compartir otros temas. Si dicen: “Todavía no tengo muy claras las verdades relativas a las visiones, especialmente la verdad sobre la obra de juicio de Dios para salvar al hombre, que es demasiado profunda y todavía no la entiendo. ¿Podrías hablar sobre ello?”, entonces habremos encontrado un tema en común y Yo hablaré sobre ello. Si todos lo oyen de nuevo, ganarán un poco más, ¿verdad? (Sí). Algunas personas no entienden y, sin embargo, fingen que sí. ¿Para qué finges? Sigues fingiendo, lo que sugiere que lo entiendes todo y que, si dijera más, sería superfluo. En ese caso, no diré nada y no ganarás nada. Por lo tanto, no importa cuál sea la situación, si puedes hablar con sinceridad, sin recelo y sin sobreinterpretar Mis palabras, nuestras conversaciones y nuestra comunicación pueden alcanzar el nivel de una interacción animada. Podemos comunicarnos, relacionarnos e interactuar en el marco de la humanidad normal, tratando temas que a todos nos encantan. ¿No es eso bueno? (Sí). De esta manera, vosotros obtendréis ganancias. Algunas personas son muy calculadoras. Cuando les pregunto si tienen claras las verdades relativas a las visiones, meditan en su corazón: “¿Qué quieres decir con esta pregunta? ¿Intentas ver si tengo certeza sobre el camino verdadero, si he establecido una base, averiguar cómo es mi calibre y someterlo a examen? Entonces debo decir que las tengo claras”. Así que dicen: “Estos tres años he estado comiendo y bebiendo constantemente las palabras de Dios, he visto muchas películas de la casa de Dios, a menudo escucho sermones y enseñanzas y con frecuencia comparto mi propio entendimiento vivencial en las reuniones. Tengo claras todas estas verdades relativas a las visiones”. ¿Cuál es su propósito al decir esto? Quieren darme una buena impresión y hacer que piense que su calibre es muy bueno y que los tenga en alta estima. ¿Crees que los tendría en alta estima solo porque digan estas pocas palabras? (No). ¿Tendría Yo en alta estima a alguien tan fácilmente? En absoluto; juzgaron mal este asunto. Si dices que tienes claras todas las verdades relativas a las visiones, entonces déjame examinarte. Te someteré a examen acerca de las verdades relativas a las visiones sobre las que lees a menudo. ¿Por qué hace Dios la obra de castigo y juicio? ¿Cuál es el principal efecto que se pretende lograr con el castigo y el juicio? Durante tus tres años de fe, ¿has tenido alguna experiencia de la obra de castigo y juicio? ¿Has experimentado el castigo y el juicio siquiera una sola vez? Al experimentar el castigo y el juicio, ¿captaste los principios-verdad? ¿Sabías cuáles eran las intenciones de Dios? ¿Puedes compartir una experiencia concreta? La mayoría de la gente se limitará a soltar algunas doctrinas y no podrá compartir ningún entendimiento vivencial práctico. La gente carece de demasiadas cosas, así que, cuando charlamos, hay muchos temas que tratar. Pero, independientemente del tipo de tema que se trate, comparte todo lo que sepas. Si no sabes algo, simplemente di que no lo sabes. No pienses de manera distorsionada. A cualquier pregunta que se te plantee, simplemente respóndela. Di lo que pienses en tu corazón en ese momento. Sea cual sea la situación real, simplemente habla de ella con sinceridad. No te andes con rodeos, no la adornes, no digas cosas que creen una falsa impresión solo para quedar mejor y presentarte de otra manera, no mientas ni engañes. Todas estas son cosas que no deberías hacer. Por lo tanto, no importa qué pregunta te haga o sobre qué tipo de tema hable contigo, di todo lo que sepas. Si descubro que no entiendes cierto aspecto de la verdad, que tu entendimiento es doctrinal o que tu comprensión está distorsionada y que tienes pensamientos y puntos de vista erróneos, te corregiré, guiaré y ayudaré sin demora, para que puedas entender ese aspecto de la verdad y tengas una comprensión pura y una senda de práctica correcta. De esta manera, nuestra enseñanza será efectiva. Así pues, el principio de compartir un tema se construye sobre la base de hablar con sinceridad, sobre el fundamento de una enseñanza conjunta y de debates o intercambios sobre la verdad y las cosas positivas, para que la gente pueda tener más claro el tema positivo que se está compartiendo, lo entienda con más precisión y tenga una senda de práctica más clara. No debe construirse sobre la base del recelo, las intrigas y el engaño.
¿Creéis que es bueno hablar sobre temas como la normalidad y la practicidad del Dios encarnado? (Sí). ¿Y en qué sentido es bueno? (Creemos que puede resolver nuestras nociones y figuraciones sobre el Dios encarnado). Hay quien dice: “Nos has puesto al descubierto Tu verdadero ser y ahora sabemos qué clase de persona eres. ¡Eres demasiado ingenuo al hablar con la pura verdad! Tienes estas manifestaciones de ser normal y práctico, pero ¿cómo puedes hablar con la pura verdad? Tienes que hacer que la gente sienta que eres misterioso, insondable, elevado e impenetrable. Aunque no urdas intrigas contra la gente, tienes que decir que puedes hacerlo. Tienes que afirmar que posees el arte de manipular a las personas y de utilizarlas, que conoces las Treinta y seis estratagemas y que eres capaz de aprovecharte de toda clase de personas para que te rindan servicio. Solo si hablas así te idolatrará la gente; no puedes hablar con la pura verdad. Mediante Tu forma de hablar con la pura verdad, ¿cómo es que siento que no eres en absoluto misterioso ni insondable, que no te pareces a Dios? Fíjate en esos grandes personajes del mundo, los que se dedican a los asuntos militares o a la política y los monarcas de épocas pasadas. ¿Cuál de esos grandes personajes, de esas personas excepcionales, habló alguna vez con la pura verdad? ¿Ha dicho jamás alguno de ellos que fuese normal, práctico y corriente, simplemente una persona común? Están desesperados porque la gente piense que son diferentes al resto, que fueron enviados del cielo y que, aunque ahora se hayan convertido en personas corrientes, siguen siendo misteriosos e insondables, y que son impenetrables para la gente normal. ¡Solo así es fácil gobernar a la gente!”. Todos esos monarcas poseían las artes del régimen imperial, y sus ministros y la gente corriente no podían desentrañar qué clase de personas eran. ¿Cómo es ese dicho? “La voluntad del emperador es difícil de comprender y sus órdenes no pueden desobedecerse”. Todos los funcionarios del mundo no creyente tienen esta clase de mentalidad; incluso un jefe de una división secundaria, un responsable de sección o un gerente la tienen. No quieren que la gente desentrañe su verdadera medida, qué defectos tiene su humanidad, qué errores han cometido o qué fallos hay en sus acciones. Una vez que se descubren sus defectos, hacen todo lo posible por disfrazarlos y ocultarlos, y si sus malas acciones quedan al descubierto y salen a la luz, buscan un chivo expiatorio. Su propósito al hacerlo es encubrir la verdad del asunto para que la gente siga admirándolos e idolatrándolos. No importa lo que hagan las personas que son así, lo hacen con premeditación y planificación para lograr sus propios fines, de modo que todos sientan que no son personas corrientes, que pueden controlar la situación, que son quienes mueven los hilos. Nunca permitirían, bajo ningún concepto, que la gente supiera que son personas normales, prácticas y corrientes. En realidad, no son más que humanos corruptos corrientes, con muchos más ardides astutos que una persona promedio, y se les da bien participar en conspiraciones e intrigas. ¿Cómo podrían permitir jamás que la gente supiera lo siniestra y malévola que es su humanidad? ¿No empañaría eso su imagen? Todos los humanos corruptos tienen esta clase de mentalidad y todos son tan hipócritas como los fariseos, con un corazón siniestro y malévolo. Aunque en su corazón reconozcan que Dios puede hacerse carne, ¿cómo van a creer que el Dios encarnado sea una persona corriente y normal? En su fuero interno creen que, si Dios se hiciera carne de verdad, como mínimo la gente debería poder ver en Su carne Su aura divina y diversas señales de la identidad y la esencia de Dios. También creen firmemente: “Al contemplar a todas las personas, el Dios encarnado debe tener la perspectiva y la actitud de mirar por encima del hombro a la multitud abarrotada, pero yo no puedo ver estas cosas en Ti. También dices siempre que te comportas de manera conforme a las reglas y que haces las cosas de acuerdo con la posición que te corresponde. ¿Acaso esto no deja completamente al descubierto que lo que realmente eres es una persona corriente? ¿No quedaría completamente destruida la imagen elevada, misteriosa e insondable del Dios encarnado en el corazón de las personas?”. ¿Creéis que esta destrucción es buena? (Sí. Destruye nuestras nociones y figuraciones). Digo estas palabras precisamente para destruir vuestros sueños y vuestras nociones y figuraciones, para que ya no viváis en un sueño, sino en la realidad. Esto concuerda por completo con los principios-verdad que os exijo que acatéis: que os comportéis de manera conforme a las reglas, que hagáis las cosas de acuerdo con la posición que os corresponde y que seáis personas corrientes que ocupan el lugar de los seres creados, porque Yo mismo actúo de esa manera. Al relacionarme con vosotros y en Mi vida personal, nunca hablo de manera jactanciosa o vacía, ni tampoco presumo ni hago alarde de Mí mismo jamás. Esto es algo que todos podéis ver y sentir. Además, nunca urdo intrigas contra nadie, cuando hago las cosas jamás soy escurridizo ni holgazaneo, y me comporto de manera conforme a las reglas. Este estándar mínimo de conciencia debe respetarse. Hay quienes recurren a ardides cuando hablan y actúan, dicen palabras agradables a los demás y luego intentan por todos los medios que caigan en sus trampas, para que les sirvan y les rindan servicio. Yo no hago tales cosas. Si quiero que alguien me ayude con algo, se lo pido directamente. Algunos dicen: “Tú tienes esta identidad y este estatus, así que, para conseguir que alguien haga algo, ¿no tienes simplemente que pedirlo?”. Aunque simplemente tenga que pedirlo, debo hacerlo de manera conforme a las reglas, no puedo obligar a la gente y mucho menos forzarla a hacer lo que no quiere. Si estás dispuesto, hazlo; si no lo estás, puedes negarte. Sin embargo, si te pido que hagas algo, siempre hablaré con la pura verdad. De ningún modo me iré por las ramas ni me andaré con rodeos para engañarte, ni te atraeré para que muerdas el anzuelo y, luego, hacer que me sirvas y me rindas servicio voluntariamente; y, tras haber urdido intrigas contra ti, conseguir que incluso digas que lo hiciste por voluntad propia y que sientas como si Yo no te debiera nada. De ningún modo haría eso nunca. Ya se trate de lo que la gente llama el arte de utilizar a los demás, las reglas del juego, tácticas para jugar con la gente o estrategias imperiales para manipular a los demás, ninguna de estas prácticas existe en Mí. Yo no juego con la gente; puede que otros lo hagan, pero Yo no lo haré, ni los imitaré ni aprenderé de ellos. Nunca he leído cosas como El arte de la guerra o Las treinta y seis estratagemas, y de ningún modo recurriré a fintas ni llamaré a lo blanco negro cuando hable. Cuando hablo y actúo, uno es uno y dos son dos. La única excepción es cuando, debido a circunstancias especiales, puede que exprese las cosas con sabiduría, pero esto es meramente por consideración a las debilidades y dificultades de las personas y a su pequeña estatura. Es para protegerlas y apreciarlas, y no hay malicia en ello, así que esto tampoco es urdir intrigas. Quizá algunos se sientan muy decepcionados y piensen: “Resulta que Tu corazón y Tu mente no albergan las diversas intrigas de los personajes famosos y las grandes personalidades del mundo. ¡Resulta que eres así de simple!”. ¿No es bueno ser así de simple? No urdir intrigas no significa que no pueda desentrañar a las personas; no significa que no pueda desentrañar la sustancia y la esencia de las cosas; no significa que no sepa cómo ocuparme de toda clase de personas, acontecimientos y cosas. Sin urdir intrigas, todavía puedo aplicar los principios para ocuparme de todo tipo de personas, acontecimientos y cosas de manera apropiada y precisa según el entorno y el trasfondo, para hacer que desempeñen su papel con naturalidad y que vivan en el marco de sus reglas y leyes bajo la soberanía y los arreglos de Dios, en lugar de usar tácticas, recurrir al engaño o jugar con la gente para engañarla. Los principios conforme a los cuales hago las cosas, abordo los diversos problemas y trato a toda clase de personas, acontecimientos y cosas han sido objeto de Mis enseñanzas y sermones a lo largo de los años. Cuando hablo de estas cosas, no estoy proclamando consignas; provienen de Mis pensamientos y de Mi esencia-humanidad, y también aplico Mis pensamientos y puntos de vista para ocuparme de toda clase de personas, acontecimientos y cosas. Así pues, cuando aplico Mis pensamientos y puntos de vista para ocuparme de toda clase de personas, acontecimientos y cosas o me ocupo de ellos según estos principios, ¿diríais que el resultado final es seguir el camino de Dios o rebelarse contra él? (Seguir el camino de Dios). Por tanto, por muy normal, práctico y corriente —nada misterioso— que Yo, el Dios encarnado, pueda parecerle a la gente, eso no afectará en absoluto a vuestra comprensión de la verdad, ni tampoco os llevaré por el mal camino. Al contrario, precisamente porque Yo mismo tengo principios en Mi forma de comportarme y actuar, si podéis perseguir la verdad, podéis comportaros y actuar de manera obediente y conforme a las reglas según los principios de los que hablo y practicáis de acuerdo con la dirección y las metas que señalo, tarde o temprano alcanzaréis la salvación, lograréis la sumisión a Dios y os convertiréis en personas que temen a Dios y evitan el mal. Esto es una certeza. Poder alcanzar la salvación, ¿no es esta la meta que persiguen quienes creen sinceramente en Dios? ¿Qué más buscáis, entonces? En cuanto a si soy misterioso e insondable, elevado o diferente al resto, o si tengo algunas capacidades especiales que no podéis imaginar o no poseéis, eso no es importante. Además, tampoco es importante si pensáis que soy normal y práctico e indigno de vuestra idolatría o admiración. ¿Qué es lo importante? Es que las palabras que Yo, esta persona insignificante, normal y corriente, pronuncio os garantizan que seréis llevados ante Dios y que podréis alcanzar la salvación. Hay otra cosa que es segura: si practicáis y experimentáis de acuerdo con estas palabras que he dicho, está garantizado que un día todos vuestros pensamientos y puntos de vista y vuestro carácter-vida se transformarán y os convertiréis en seres humanos nuevos. Puedes llegar a ser un miembro de la nueva humanidad; de eso puedo estar seguro. ¿Estáis seguros vosotros? (Sí).
¿Tenéis ahora un nuevo entendimiento de las manifestaciones de la normalidad y la practicidad del Dios encarnado? (Sí). Si veis que tanto Mi forma de comportarme y actuar como todos Mis pensamientos y puntos de vista se hallan en el ámbito de la normalidad y la practicidad, y si Mis principios para actuar y Mis pensamientos y puntos de vista pueden influir en vosotros en cualquier momento y los aceptáis de buen grado, entonces diré algo con certeza: puesto que amáis la verdad de esta manera, sois capaces de buscar la verdad a partir de las manifestaciones normales y prácticas del Dios encarnado y podéis aceptar también los principios conforme a los cuales el Dios encarnado se comporta, así como Sus pensamientos y puntos de vista en diversos aspectos, vuestras búsquedas y el rumbo de vuestra conducta propia avanzarán por naturaleza en una dirección positiva. Es decir, a medida que sigáis creyendo, cada vez poseeréis más humanidad normal y viviréis más una semejanza humana, y también os iréis acercando progresivamente a los requisitos de Dios y finalmente alcanzaréis la salvación. El hecho de que logréis tales ganancias está directamente relacionado con el riego y la provisión del Dios encarnado, esta persona normal y corriente. Si podéis aceptar y también amar estas esencias y manifestaciones de la normalidad y la practicidad del Dios encarnado, así como la forma en que Él se comporta y Sus creencias para hacerlo, vuestras manifestaciones y vuestra humanidad serán cada vez mejores. ¿Qué significa que serán cada vez mejores? Decir que irás convirtiéndote gradualmente en una buena persona puede sonar un poco vacío. “Ser cada vez mejores” significa que tu conciencia y tu racionalidad se desarrollarán en una dirección positiva. Sin embargo, si desprecias o sientes repulsión por la normalidad, la practicidad y lo corriente del Dios encarnado, o incluso los discriminas, no los aceptas, te resistes a ellos y te burlas de ellos, entonces te será muy difícil aceptar todas las verdades que Él expresa y te resultará complicado entender el significado práctico y la influencia de la humanidad normal que Él posee. Al contrario, incluso sentirás aversión por todas las verdades expresadas por Dios en Su humanidad normal y las odiarás. De esta manera, te será muy difícil vivir la semejanza de una persona normal y convertirte en alguien que agrade a Dios, porque las cosas que adoras no son positivas, sino negativas. Las celebridades y las estrellas de la sociedad, así como las tendencias sociales, son lo que anhelas y adoras. En ese caso, la senda que recorres es equivocada; y en cuanto al rumbo de tu búsqueda y desarrollo, una cosa es segura: no avanzarás en una dirección positiva, sino en una maligna. Por ejemplo, Yo digo que no urdo intrigas contra la gente, y algunos dicen: “Si no urdes intrigas contra la gente, ¿cómo puedes hacer una obra tan grande? Cuando te relacionas y tratas con la gente, tienes que urdir intrigas. Si no sabes urdirlas, no puedes jugar con la gente y no estarás a la altura del trabajo”. Yo digo que si puedes decir tales cosas, estás acabado. Tus pensamientos y puntos de vista no solo están distorsionados, sino que, es más, son perversos. Es imposible que te embarques en la senda correcta, porque tu humanidad carece de amor por la verdad y por las cosas positivas. Es imposible que te embarques en la senda de la salvación.