Cómo perseguir la verdad (26) Parte 5
Cuando converso con la gente en el marco de la humanidad normal, a menudo surge el problema de que la conversación no fluye con naturalidad. ¿Qué quiero decir con que no fluye con naturalidad? A veces, cuando me relaciono y charlo con alguien de una manera perfectamente normal, esa persona complica demasiado las cosas o le da demasiadas vueltas al tema, y la conversación no puede continuar, sin más. Si no puede continuar, ¿qué hago? Simplemente dejo de relacionarme con esa persona; busco a alguien que sepa relacionarse con los demás, que sepa comunicarse y charlar, que tenga el pensamiento de la humanidad normal, y entonces charlo y me relaciono con esa persona en lugar de con la otra. En Mi contacto con vosotros, la situación más común que veo es que la gente siente: “Tu identidad y estatus tienen una influencia demasiado grande cuando hablas y te comunicas con la gente. Eres el Dios encarnado y nosotros somos seres creados. Si decimos algo equivocado, es probable que nos pongamos en pie de igualdad y ofendamos el carácter de Dios. Además, como Dios encarnado, Tu obra es salvar a la humanidad y Tú representas a Dios mismo, así que Tu responsabilidad o la obra que emprendes solo puede ser la de expresar la verdad para resolver el problema de la salvación de la humanidad corrupta. Solo deberías hablar de la obra o de temas que provengan de la divinidad. No puedes hablar de la vida humana normal —asuntos relacionados con la comida, la ropa, el alojamiento y el transporte— ni de cómo es tal o cual persona. Si hablas de cómo es, la estás juzgando o tienes motivos ocultos”. Como la gente tiene estas nociones, clasifican al Dios encarnado como un ser no humano. Así que, cuando me relaciono con personas que carecen de un pensamiento y una humanidad normales y hablo un poco de asuntos cotidianos o de las necesidades diarias, algunos levantan una barrera mental y piensan: “¿Qué sentido tiene hablar de esto? ¡No es espiritual! Además, ¿tienes motivos ocultos para sacar este tema?”. Si hablo de la situación de un individuo, algunos se preguntan: “¿Es esto juzgar o urdir intrigas contra la gente a sus espaldas? ¿Tienes algo reservado para él? ¿Vas a ascenderlo o a descartarlo? ¿Vas a seguir usándolo o a destituirlo?”. Si hablo de los problemas de alguien, algunos piensan: “¿Te desagrada esa persona o sientes repulsión por ella? ¿Hizo algo para herirte? ¿Dijo o hizo algo para ofenderte?”. Especialmente al tratar temas delicados relacionados con líderes y obreros, algunos tienen aún más miedo de participar y dicen: “Tú hablas de esto por el trabajo, pero nosotros no lo discutiremos contigo. Son temas delicados. En cuanto digamos algo impreciso, nos dejarás en evidencia y nos podarás, verás la revelación de nuestra corrupción y te quedarás con una mala impresión de nosotros, lo cual sería inapropiado”. También hay veces que saco ciertos temas, como cuando pregunto: “¿Quién de vuestra familia cree en Dios?”. Este tema es delicado en la China continental. Sin embargo, en el continente no se considera delicado preguntárselo a ciertas personas con las que has tratado durante un tiempo relativamente largo y a las que conoces bastante bien; en el extranjero, menos aún. Pero si pregunto esto, algunas personas ni siquiera se atreven a responder. Reflexionan: “Al preguntar quién de mi familia cree, ¿estás tratando de indagar en mi pasado?”. Si pregunto: “¿Cuántas personas hay en vuestra iglesia local? ¿Quién es el líder de la iglesia?”, piensan: “Oh, no, ¿estás tratando de averiguar cosas de la iglesia? No puedo hablar de esto contigo. Si digo algo y el líder de la iglesia se entera, habrá problemas”. ¿Ves? Están a la defensiva incluso cuando hablan de asuntos de la iglesia y tienen miedo a decir lo que sea. Mucha gente no se atreve a hablar de temas relacionados con los líderes y la obra de la iglesia ni a expresar lo que piensa con libertad. Una de las razones principales es por miedo a dejar en evidencia la situación de la iglesia y a ofender a los líderes y obreros y, al mismo tiempo, por temor a revelar sin querer sus propios pensamientos y puntos de vista y a que los poden o desenmascaren. Esto es algo que no quieren que ocurra. Por eso, cuando me relaciono con muchas personas, ni siquiera la comunicación normal puede fluir con naturalidad. Cuando me relaciono y trato asuntos con no creyentes cuyas mentes y trasfondos son complicados, una vez que he terminado de tratar los asuntos, me marcho rápidamente; no puedo establecer relaciones profundas ni acercarme demasiado. Pero cuando me relaciono con los hermanos y hermanas, descubro que la mayoría de la gente también es así: no puedo acercarme demasiado ni entablar relaciones profundas. No es que Yo me considere superior y no esté dispuesto a relacionarme con la mayoría de la gente; más bien, cuando trato de acercarme a ellos o de tener contacto con ellos, inconscientemente se apartan o me evitan. ¿Por qué me evitas? Si dices algo incorrecto, no te condenaré ni le daré demasiada importancia. Si eres un líder u obrero, podemos compartir la verdad y charlar sobre cualquier aspecto que no entiendas. Si eres un hermano o hermana corriente y realmente dices algo incorrecto o tienes algunos pensamientos y puntos de vista erróneos, dependerá de si estoy dispuesto a hablar contigo sobre ello. Si veo que tu calibre es escaso, que careces de capacidad de comprensión y que no puedes desentrañar nada, entonces no quiero charlar contigo, e incluso si lo hiciéramos, no daría ningún resultado. Sin embargo, si tu calibre es bueno, tienes capacidad de comprensión y puedes desentrañar algunas cosas, en ese caso, charlar contigo puede dar resultados y no será una pérdida de saliva. No importa con quién charle informalmente o qué problemas descubra; en Mi corazón, primero, no condenaré a tal persona; segundo, no la maldeciré; y tercero, no determinaré su desenlace. Actuar de esa manera no tendría ninguna base, y Yo no hago tonterías. En términos de humanidad normal, a veces, cuando me encuentro con un conocido, solo quiero hablar un poco y charlar. Si estás dispuesto, hablaré contigo. Si no, no te forzaré. Algunas personas tienen miedo de charlar conmigo. Diga lo que diga, se muestran a la defensiva conmigo y no expresan sus puntos de vista, por temor a decir algo equivocado y darme alguna cosa que usar en su contra. Si veo que no estás dispuesto a decir lo que tienes en el corazón, me detendré en el momento oportuno. Si permanentemente te muestras a la defensiva conmigo, siempre con miedo de que Yo esté urdiendo intrigas contra ti, entonces no me sentiré inclinado a hablar contigo. Decidme, ¿es normal esta racionalidad Mía? (Sí). Cuando hablo y me comunico con alguien, siempre hay algún tipo de contexto. Por ejemplo, si eres responsable de la cría de animales en una granja, hablaremos sobre la cría de animales. Si eres líder de iglesia, hablaremos de asuntos de la iglesia, de cuestiones relacionadas con los hermanos y hermanas, de cómo son sus estados actuales o de cómo es la vida de iglesia. Si eres predicador del evangelio, entonces hablaremos del trabajo evangélico. Esto es relacionarse con la gente dentro del ámbito de la humanidad normal, y esto también es parte de Mi obra. Algunos temas no tienen que ver con el trabajo de la iglesia, pero siguen siendo los asuntos generales de la casa de Dios. Es normal charlar sobre estas cosas cuando nos encontramos. Estás gestionando asuntos y haciendo tu deber en la casa de Dios, así que, cuando nos encontremos, debería saludarte, charlar contigo y ver si tienes alguna dificultad. A veces, durante charlas informales, pregunto cosas como: “Estas dos últimas noches la temperatura ha bajado. ¿Ha hecho frío en vuestra casa?”. Algunos no quieren oír hablar de esto y piensan: “Somos adultos, ¿acaso necesitamos que te preocupes por nosotros?”. Las buenas intenciones no se valoran, ¿verdad? Otras veces, cuando voy a la cocina, pregunto: “¿Cómo están las verduras de este año? ¿Hay suficientes para comer? ¿Qué verduras o alimentos os gustan?”. Estas son cosas muy normales, ¿no es así? (Sí). Pero el corazón de la gente es demasiado complicado y, en algunos casos, la conversación no fluye con naturalidad ni siquiera cuando me relaciono y comunico con ellos de manera normal. ¿Por qué? Esto sucede porque la gente siempre tiene miedo de dejar en evidencia sus problemas y su verdadera situación. ¿Y de qué tienen miedo otros? Temen: “Si revelo mi verdadera situación, me desenmascararás en Tus sermones pronunciados en las reuniones, usándome como blanco”. ¿Por qué no puedes ser un blanco? Cuando comparto la verdad sobre tus problemas, eso los resuelve. ¿Acaso eso no es una ganancia adicional para ti? ¿No es esa tu suerte? Es algo bueno. Demuestra que te tomo en serio y que te tengo cierta consideración. ¿No es así? Si no te prestara atención y no estuvieras en Mi corazón, y si descubriera algún problema en ti, pero no le hiciera caso y no te proporcionara guía ni enseñanza alguna, ¿podrías entender la verdad y resolver tus problemas? ¿Estarías contento con eso? Si te sintieras satisfecho con eso y pensaras: “Ninguno de los problemas que Dios deja en evidencia tiene que ver conmigo, así que eso demuestra que no tengo problemas”; si experimentas la obra de Dios de esta manera, no serías alguien que persigue la verdad. Algunas personas, tras años de fe, nunca han experimentado la poda en absoluto, nunca han servido de contraste ni una sola vez y, sin embargo, se sienten orgullosas y afortunadas, piensan que son muy buenas, que no tienen problemas y que sin duda se salvarán. ¿No es esto muy problemático? Una persona así de ningún modo puede alcanzar la salvación.
Las personas con el pensamiento de la humanidad normal, al comunicarse y relacionarse con los demás en el marco de esta, seguirán el sentido de la conciencia y la razón de la humanidad normal. Con este sentido, tienen un estándar mínimo y principios en su trato con los demás. Cuando hablas y te relacionas con personas en el marco del pensamiento de la humanidad normal, por un lado, la gente puede percibir que tienes conocimiento de la conciencia de la humanidad. Por otro lado, actúas con sentido del decoro para no resultar desagradable a los demás. Y otro punto importante es que, cuando te comunicas e interactúas con otras personas, estas se beneficiarán de las palabras que comunicas y obtendrán algunas cosas que la humanidad necesita. A esto lo llamamos relacionarse y comunicarse con la gente. ¿Qué significa comunicarse? En lenguaje llano, es tener una charla informal. La mayoría de la gente no sabe tener una charla informal; en cuanto hablan, son propensos a las discusiones y a las peleas verbales, o se exhiben y sermonean a los demás para que los obedezcan. Aquellos con un poco de elocuencia quieren predicar al resto y actuar como sus maestros en cuanto abren la boca. Todas estas manifestaciones son revelaciones de un carácter corrupto. Las personas con un carácter corrupto no pueden tener charlas informales con los demás con normalidad. Aunque hablen con normalidad durante un rato, es algo que no puede durar. En algún momento, empezarán a discutir, se les pondrá la cara roja y se enfrascarán por completo en ello. Esto no es una charla informal normal. Una charla informal normal no es en absoluto un debate sobre lo correcto y lo incorrecto, ni una riña o disputa, y mucho menos un juicio o una condena a las personas. Definamos lo que es una charla informal. Es el intercambio y la puesta en común de información; a esto lo llamamos una charla informal. ¿Es correcta esta definición? (Sí). ¿En qué sentido es correcta? El intercambio y la puesta en común de información se construyen sobre la base de la conciencia y la racionalidad de la humanidad normal. Fíjate, ¿cómo charlan y se comunican las personas con conciencia y razón? No discuten y son capaces de respetarse mutuamente, con lo que benefician a la otra persona. Tras oír lo que la otra ha compartido, obtienen información nueva. Entonces, a su vez, le cuentan a la otra persona alguna información que ellas saben, para que también se beneficie y que, dentro del marco de su humanidad, adquiera experiencia, percepción y conocimiento. ¿Acaso el hecho de compartir con el otro la información que uno sabe, basándose en los principios de respetar a ese individuo y de relacionarse armoniosamente y en un plano de igualdad, y luego recibir la información que esa persona comparte con uno no implica una ayuda mutua? Esto se construye sobre la base de la igualdad, la ayuda mutua, la armonía y la equidad. Esto es lo que significa la comunicación y la charla informal. Decidme, ¿es correcta Mi definición? (Sí). Practicar la charla y la comunicación basándose en este principio es lo correcto. Si la comunicación y las charlas están llenas de intrigas, discusiones, luchas, complots, trucos, trampas y exámenes, y si lo único que se revela es un carácter corrupto, si todo es represión mutua y cada persona se exhibe, compite con las demás y rivaliza por ver quién habla de forma más elevada o dice más, entonces no se trata de una comunicación normal. No es una comunicación dentro del ámbito de la conciencia y la racionalidad de la humanidad normal. Esta comunicación no es un intercambio ni una puesta en común de información, sino más bien una lucha abierta y encubierta y una pelea verbal. ¿No es así? (Sí).
Para lograr una comunicación con los demás sin intrigas, debes aprender a comunicarte dentro del ámbito de la conciencia y la racionalidad de la humanidad normal. El propósito de la comunicación es ayudar a los demás y también recibir ayuda y beneficios de ellos. En eso consiste la comunicación normal y de esa manera puedes lograr una comunicación sin intrigas. Fíjate en la forma en que se comunican y charlan los no creyentes; ¿pueden lograr el efecto de la comunicación normal? (No). Cuando las personas corruptas se comunican y charlan, ¿son normales el contenido, los motivos y el tono de su comunicación? (No). Su comunicación es simplemente como una pelea de gallos o de perros. ¿Puede su comunicación desarrollarse con fluidez? (No). Ni siquiera son capaces de evitar urdir intrigas contra los demás o discutir con ellos. Para que la comunicación fluya sin problemas, se requiere un corazón de amor, el deseo de ayudarse mutuamente y la voluntad de aprender de las fortalezas de los demás para compensar las debilidades propias. Cuando me comunico y charlo con vosotros, no basta con que Yo sea el único que no urde intrigas; vosotros también tenéis que practicar de acuerdo con este principio, sin urdir intrigas ni sospechar. Si Yo no urdo intrigas, pero vosotros estáis constantemente urdiéndolas, y no solo es que las urdáis, sino que además sospecháis que Yo lo hago, entonces nuestra comunicación no puede fluir sin problemas, como tampoco podemos lograr una interacción verdadera y beneficiosa ni relacionarnos armoniosamente. Algunas personas, cuando me ven venir, buscan rápidamente un lugar donde esconderse. Si de verdad no pueden evitarme, me saludan a regañadientes, pero en el fondo no quieren encontrarse conmigo y piensan: “Qué fastidio. Ya estás aquí otra vez para enterarte de nuestra situación real. Después de hacerlo, volverás a compartir principios-verdad y nos avergonzarás. ¿Qué vamos a hacer?”. Si no estás dispuesto a encontrarte o relacionarte conmigo, te sientes agotado por dentro cuando interactúas conmigo y siempre sientes que estoy tratando de urdir intrigas contra ti, puedes evitarme cuando veas que me acerco. Si sientes que, cuando te relacionas conmigo, no urdo intrigas y lo que te aporto es tranquilidad, alegría, libertad y relajación, entonces encontrémonos, charlemos y pongámonos al día sobre cómo han ido las cosas últimamente. Si me preguntas: “¿Cómo te ha ido últimamente?”, te responderé con honestidad. Si te pregunto: “¿Cómo te han ido las cosas últimamente? ¿Has hecho algún progreso en la vida? ¿Has obtenido alguna ganancia al hacer tu deber?”, y también puedes responder con honestidad, eso está muy bien. Cada encuentro puede transcurrir en una atmósfera agradable. Si no está bien que la gente se esconda siempre de Mí cuando me ve, ¿está bien recurrir siempre a la adulación falsa para ganarse Mi favor intencionadamente? (No). ¿Por qué no está bien? (El afán por ganarse el favor equivale a falsedad y engaño. Es mejor que hablemos con más autenticidad y solo tenemos que tratar a Dios con una mentalidad normal. Por un lado, debemos ser sinceros con Él. Por otro, no debemos ganarnos Su favor, intentar congraciarnos deliberadamente con Dios ni tratar de quedar bien con Él a propósito). Conmigo, solo hay un requisito: cuando te vea, no te escondas de Mí, y cuando no te esté buscando, no me molestes. Haz lo que debas hacer y que todo sea normal. Yo no afectaré a la realización de vuestro deber y vosotros no debéis afectarme a Mí. Tanto esconderse de Mí como molestarme no son principios que la gente deba seguir al estar en contacto y relacionarse conmigo. Entonces, ¿cuál es el principio? Es comunicarse dentro del ámbito de la conciencia y la razón de la humanidad normal y ser capaz de hablar con franqueza y con la pura verdad; debes responder con sinceridad a cualquier cosa que Yo pregunte. ¿Por qué la gente no es capaz de hablar con la pura verdad? Por ejemplo, supongamos que te pregunto: “¿A cuántas personas ganaste al predicar el evangelio este mes?”, y no quieres responder. Si veo que te sientes incómodo, no insistiré más. No quiero poner a la gente en una situación difícil y nunca obligo a nadie a hablar. Algunas personas, sin importar lo que otros les pregunten, siempre reflexionan: “¿Qué quieren decir con esta pregunta?”. No quieren responder directamente, tienen mucho miedo de responder de manera incorrecta y causarse problemas. Si siempre estás especulando y urdiendo intrigas así, no podremos comunicarnos. No necesitas escrutar siempre el significado de Mis preguntas ni debes urdir intrigas contra Mí. Si puedes ser sencillo y abrirte para hablar de lo que hay en tu corazón, podremos comunicarnos mutuamente. ¿Es esto fácil o no? (Lo es). Es fácil decirlo, pero puede que sea un poco difícil hacerlo realmente. No es tan fácil como parece. Por ejemplo, podría ser que una vez te hiciera una pregunta y en ese momento no dijeras la verdad, que mintieras. Ese contacto y esa comunicación fracasaron. Tras dicho fracaso, ¿qué debes hacer? Esfuérzate por ser lo suficientemente valiente como para admitirlo la próxima vez que nos encontremos: “Mentí la última vez. De ahora en adelante, hablaré con la pura verdad”. Entonces te animaré, te aplaudiré y te daré Mi visto bueno: has logrado practicar la verdad y ser una persona honesta. ¿No es genial? (Sí).
En cuanto a la charla sobre el tema de no urdir intrigas, no importa cuántos ejemplos se den, lo que se os está diciendo es un único principio. ¿Sabéis cuál es? (No uses la perspectiva de la humanidad corrupta para medir a Dios o sospechar de Él). Correcto. No trates a Dios con la perspectiva de la humanidad corrupta. Entonces, ¿qué principio se debe seguir? (Trata a Dios como a Dios). ¿No está bien tratarlo como a un ser humano? ¿No está bien tratarlo como a una persona normal y corriente? Independientemente de si lo tratas como a Dios o como a un ser humano, el principio más importante en el trato entre personas es ser sinceros los unos con los otros. Cuando hablo y lidio contigo con los asuntos, no urdo intrigas contra ti y tú también deberías ser sincero conmigo. Entonces, si alguien urde intrigas contra ti, ¿deberías tú también urdir intrigas contra él? (No). Si alguien urde intrigas contra ti, también debes tratarlo de acuerdo con los principios. Esa es la manera correcta. No se trata solo de que, como Yo no urdo intrigas contra ti, tú seas sincero conmigo, sin urdir intrigas ni sospechar, sino de que, aunque otros urdan intrigas contra ti, tú puedas actuar y manejar los asuntos de acuerdo con los principios-verdad. Esto es atenerse a los principios. Algunas personas dicen: “Urdieron intrigas contra mí. ¿Cómo no voy a tomar represalias? Si no les doy su merecido y simplemente dejo que me intimiden así, ¿no saldré perdiendo? ¿Acaso soy tan fácil de avasallar?”. Decidme, ¿tiene sentido su razonamiento? Ojo por ojo, diente por diente; este dicho tiene sentido entre la gente del mundo. Pero si se mide por la verdad, esta afirmación es errónea. Que urdan intrigas contra ti es una acción malvada. Si, a su vez, tú tomas represalias usando el mismo método para urdir intrigas contra ellos, a los ojos de Dios, la esencia es la misma; ambas son acciones malvadas. Dios no dirá que, porque urdieron intrigas contra ti, tu contraataque está completamente justificado, es conforme a los principios y no constituye una acción malvada. Dios no se fija en por qué urdiste intrigas contra ellos, sino en si tu acto en sí es una intriga y constituye una acción malvada y en si tratas este asunto midiéndolo según la verdad o según los puntos de vista morales humanos. Si el asunto se midiera según los puntos de vista morales humanos, entonces el principio de “ojo por ojo, diente por diente” se consideraría apropiado. Ellos urdieron intrigas contra ti primero, por lo que es razonable que tomes represalias y urdas intrigas contra ellos usando los mismos medios, y ellos deberían aceptar tales consecuencias. Si el asunto se mide desde una perspectiva humana, usando los puntos de vista morales humanos, no está mal. Y si se mide por la ley, quizás no sea ilegal. Pero a los ojos de Dios, esto contraviene la verdad. Cualquier cosa que contravenga la verdad es una acción malvada y está condenada a los ojos de Dios. Aunque tu contraataque sea legítimo, Dios no se abstendrá de condenarte solo porque tus represalias sean razonables y estén moralmente justificadas. Dios se fijará en cómo los tratas después de que urdan intrigas contra ti. Si los tratas igual que ellos a ti, Dios te condenará. Pero si los tratas de acuerdo con los principios-verdad y de manera justa y recta como Dios te enseñó, entonces, aunque moralmente la gente pueda tener nociones y condenarte y legalmente puedas ser declarado culpable, a los ojos de Dios, Él dice que en este asunto actuaste de acuerdo con los principios y que no es una acción malvada; Él no te condenará. Si puedes tratar a la gente de acuerdo con los principios-verdad, eso es practicar la verdad. No debes tratar a Cristo de acuerdo con tus nociones y figuraciones o basándote en tus actitudes corruptas ni usar tramas y trucos contra Él. Lo mismo debería suceder en tu trato con la gente. Si puedes tratar correctamente a Cristo, esta persona corriente, entonces de la misma manera también puedes tratar correctamente a los demás. No importa quién sea una persona, debes adoptar la actitud correcta en la forma en que la tratas. De esta manera, tus principios y métodos para tratar a la gente serán correctos. Si cometes un error en tu actitud hacia la gente o en tus pensamientos y puntos de vista sobre cómo tratarla, reflexionarás rápidamente sobre ti mismo de acuerdo con las palabras de Dios y corregirás tus pensamientos y puntos de vista, al tiempo que regularás constantemente tu comportamiento. Y poco a poco tus pensamientos y puntos de vista sobre cómo tratar a la gente y tus principios para comportarte y actuar se conformarán cada vez más a la verdad. Cuando los principios-verdad se conviertan en tu vida, se habrá desechado y transformado tu carácter corrupto y serás capaz de tratar a la gente de manera justa y recta, así como conforme a las intenciones de Dios. Si no urden intrigas contra ti, piensas que es correcto que no urdas intrigas contra ellos. Pero si lo hacen y puedes abstenerte de hacerles lo mismo a ellos y, en lugar de eso, buscar la verdad y tratarlos de acuerdo con los principios-verdad, ¿no será un progreso? ¿No será una transformación? (Sí). Si urden intrigas contra ti y tú también urdes intrigas contra ellos, ¿no estarás recorriendo la misma senda que el que urde intrigas contra ti? En ese caso, ¿cuál es la diferencia entre tú y la gente del mundo? No ha habido cambios en tus puntos de vista sobre las personas y las cosas o los puntos de vista detrás de cómo te comportas y actúas. Estos no se basan en las palabras de Dios ni en los principios-verdad, sino en los principios de la gente del mundo: si alguien urde intrigas contra ti, tú urdes intrigas contra él; ojo por ojo, diente por diente. No eres diferente de la gente del mundo, de los no creyentes. Si, independientemente de que alguien urda intrigas contra ti o no, tú nunca urdes intrigas contra él, sino que lo tratas de acuerdo con las palabras de Dios y conforme a los principios-verdad, entonces esta postura y perspectiva son correctas; esto es practicar la verdad. En la Era de la Gracia, ¿qué les dijo el Señor Jesús a las personas? Si alguien te golpea en la mejilla derecha, ¿qué debes hacer? (El Señor Jesús dijo: “A cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” [Mateo 5:39]). Algunas personas dicen: “¡Si me pegan, les devolveré el golpe! Si me pegan en la mejilla izquierda, les pegaré en la mejilla izquierda. Si me pegan en la mejilla derecha, les pegaré en la mejilla derecha. Eso no está condenado ni moral ni legalmente”. Dios dice: “Te equivocas. Si te pegan en la mejilla izquierda, ponles también la mejilla derecha. No devuelvas el golpe”. ¿Eres capaz de hacer eso? Independientemente de si el requerimiento de Dios es aceptable a ojos humanos —quizás para algunas personas esto sea una necedad, una práctica tonta—, este es el requerimiento de Dios para ti. ¿Puedes hacerlo? Dices: “No puedo. Si me pegan en la mejilla izquierda, debo devolverles el golpe; de lo contrario, mi orgullo y dignidad desaparecerán y habré echado completamente por tierra mi imagen”. No importa si esta afirmación tuya se sostiene entre la humanidad corrupta; si a los ojos de Dios tu afirmación, tu punto de vista y tu comportamiento son erróneos, entonces tu comportamiento está condenado a Sus ojos. ¿Y por qué está condenado? Porque no escuchaste las palabras de Dios, no seguiste Su camino. Dios te dijo que, si alguien te golpea en la mejilla izquierda, le vuelvas también la derecha. ¿Lo hiciste? Dios simplemente te pregunta: ¿Escuchaste las palabras de Dios? ¿Practicaste de acuerdo con las instrucciones que Él te dio? Si no practicaste así, entonces no seguiste el camino de Dios y eres una persona que se rebela contra Él; no eres una persona que practica la verdad ni alguien que ve las cosas y se comporta de acuerdo con las palabras de Dios. En ese caso, no eres del agrado de Dios, no eres una persona a la que Él acepta y, a Sus ojos, esa bofetada que devolviste es una acción malvada. Quizás siempre pienses que está completamente justificado, que es un medio necesario para proteger tu dignidad y tus derechos. Sin embargo, a los ojos de Dios, esa bofetada significa que no has seguido el camino de Dios ni quieres hacerlo, que no escuchas Sus palabras y que, a tus ojos, Sus palabras son solo doctrina, palabras vacías. Solo predicas las palabras de Dios, pero nunca las practicas. Dios te calificará como una persona que no sigue Su camino. Entonces, ¿puedes aun así obtener la aceptación de Dios? Si no sigues el camino de Dios, Sus palabras nunca podrán convertirse en tu vida. Por mucho que argumentes tu propio razonamiento con Dios, Él no te escuchará. No dirá: “Alguien te pegó en la mejilla izquierda sin motivo y eres bastante digno de lástima. Para proteger tu dignidad, puedes devolver el golpe. Después de devolverlo, puedes orar y confesar tu pecado, y Dios te perdonará y no te condenará”. Dios no dijo eso. Él dijo que, si alguien te golpea en la mejilla izquierda, le vuelvas también la derecha. Si puedes hacer eso, eres una persona que sigue el camino de Dios. Si no puedes, a los ojos de Dios, eres una persona que se rebela contra Él, una persona que no practica Sus palabras ni sigue Su camino, una persona malvada. ¿Cuál es la actitud de Dios hacia las personas malvadas? Dios dice: “¡Apartaos de Mí! No os conozco”. Dios no quiere a tales personas. ¿Entendido? (Entendido). Sucede lo mismo con el tema de urdir intrigas. Dices: “Urdieron intrigas contra mí, así que, ¿qué hay de malo en que yo urda intrigas contra ellos?”. Que urdas intrigas contra la gente está simplemente mal. ¿En qué sentido está mal? Está mal porque urdir intrigas es en sí una acción malvada, no una buena. Por lo tanto, cuando ellos urden intrigas contra la gente, Dios los condena. Si tú haces lo mismo, Dios te condenará de la misma manera. Debes actuar de una manera libre de intrigas, de una forma que Dios acepte. Tu deber es practicar de acuerdo con la senda y los principios de práctica que Dios te ha transmitido, no argumentar tu propio razonamiento ni proteger tu dignidad o imagen personal. Tu imagen, estatus y dignidad personales no son importantes. ¿Qué es importante? Lo importante es si las palabras de Dios se han puesto en práctica en ti, si Sus palabras se han convertido en tu vida, si las has vivido y si se han cumplido en ti. ¿Entendido? (Entendido). Algunas personas dicen: “Me insultaron, así que les devolveré el insulto”. ¿Es correcto decir esto? (No). Otros dicen: “Siempre son mezquinos conmigo, ¿por qué no puedo ser yo mezquino con ellos? Si no lo soy, ¿no pareceré tonto?”. ¿Es importante cómo te vean los demás? (No). La gente siempre se preocupa por su imagen, siempre teme que los demás los vean como tontos y estúpidos. En realidad, cómo te vean los demás no importa. ¿Qué importa? Cuando te ven como tonto, como estúpido, cuando se burlan de ti, ¿cómo reaccionas? ¿Reaccionas con impetuosidad, con métodos y medios humanos, o de acuerdo con los principios que Dios te ha transmitido? ¿Has practicado conforme a las palabras de Dios? ¿Te has mantenido firme en tu deber? Solo porque se ríen de ti y te llaman tonto, tienes una rabieta y abandonas tu trabajo: “¡Me veis como un tonto, así que ya no lo haré más!”. No estás haciendo tu deber para ellos. Si lo abandonaras, ¿qué diría Dios? “Porque alguien te llamó tonto, abandonaste el deber que te encomendé. ¡No tienes lealtad!”. Dios lo verá de esta manera. Si realmente llevas a Dios en tu corazón, si realmente tienes lealtad hacia Él, entonces, si alguien se ríe de ti y te llama tonto, primero deberías reflexionar: “Dices que soy tonto, dices que soy estúpido y te ríes de mí a mis espaldas. No discutiré contigo ni te lo echaré en cara. Soy necio y mi calibre es escaso, pero Dios me ha exaltado y no me desdeña. Este deber no me lo diste tú, me lo dio Dios: es la comisión que Dios me ha encargado. No importa si me tienes en alta estima o no. No estoy haciendo mi deber para que tú lo veas. Hacer mi deber es mi vocación. Debo hacerlo bien y ser leal a Dios. Debo apreciar este deber y estar a la altura de la exaltación y la confianza que Dios ha depositado en mí. Debo ser devoto a mi deber. No puedo abandonar mi deber y defraudar a Dios porque me llamaste tonto. Eso me haría verdaderamente tonto”. ¿No es pensar de esta manera conforme a los principios? ¿No es esto dejar de lado la impetuosidad? Esto es no reaccionar con impetuosidad. Cuando podáis actuar de esta manera, habréis cambiado de verdad y tendréis estatura. No te limitarán las personas, los acontecimientos ni las cosas. Sin importar las circunstancias, tendrás bien presentes en tu mente las palabras de Dios y los principios-verdad y no tratarás ningún asunto con impetuosidad ni según tus emociones, estados de ánimo, preferencias, deseos o ambiciones personales. Las palabras de Dios serán lo más alto y grande en tu corazón, y cuando suceda algo, primero buscarás en las palabras de Dios: “Las palabras de Dios dicen esto, así que me aferraré a ellas. No importa si los demás me ven como un tonto. Lo que importa es cómo me ve Dios. Aunque soy necio y mi calibre es escaso, Dios me ha encomendado un deber que hacer. ¡Qué gran exaltación de Dios he disfrutado! ¡Esto es una bendición!”. Si puedes tratar las cosas con las que te encuentres de acuerdo con las palabras de Dios, sabrás cómo practicar de acuerdo con los principios-verdad.