Cómo perseguir la verdad (26) Parte 6

Continuemos hablando sobre la cuestión de no urdir intrigas. En la vida diaria, la gente a menudo es objeto de las intrigas de los demás en las diversas cosas que les suceden. Unos compiten contigo por la fama y el provecho, otros debaten contigo acerca de lo correcto y lo incorrecto, algunos incluso discuten contigo sobre una sola palabra, hay quienes te juzgan y te socavan a tus espaldas y otros te ponen la zancadilla y se comportan contigo de manera irrazonable. Al enfrentarte a las intrigas de diversas personas, ¿cómo lidias con ellas? Debes atenerte con firmeza a un principio: “Da igual cómo urdan intrigas los demás contra mí, yo no urdiré intrigas contra ellos; ¡me mantendré alejado de ellos! Debo entender cuáles son las intenciones de Dios y qué lección quiere que aprenda. Debo mantenerme firme en mi posición, practicar las palabras de Dios y aferrarme a mi deber. Actuar de acuerdo con los principios de las palabras de Dios nunca será un error ni supondrá una pérdida. Por muy buena opinión que los demás tengan de mí, eso no es una corona ni una recompensa; ¡es una calamidad!”. Atenerte a tal principio puede guardarte de hacer el mal y de ser condenado por Dios. Si, a lo largo de tu vida, puedes mantenerte firme en la posición de un ser creado, cumplir el deber de un ser creado y llevar a cabo la obra que Dios te ha encomendado con todo tu corazón y mente, y dedicas todos tus pensamientos a hacer tu deber —independientemente de si estás tan absorto en ello que te olvidas de comer y de dormir o te agotas mentalmente—, haces bien la obra que Dios te ha encomendado y logras realizar tu deber de una manera que cumple con el estándar, entonces vivirás una vida de valor. En esta vida, no deberíamos buscar hacer grandes cosas, llevar a cabo ningún proyecto ni realizar ningún milagro. Solo somos personas insignificantes y deberíamos leer más las palabras de Dios, buscar entender la verdad en las cosas que nos acontecen, cumplir con nuestras responsabilidades y hacer bien lo que nos corresponde. Debemos asegurarnos de poder ajustarnos a los principios-verdad en cada asunto, de que el deber que hacemos se conforma a los principios que exigen los arreglos del trabajo, de que, cuando examinemos cuidadosamente la motivación, el propósito y los principios de cada cosa que hacemos, todo ello se ajuste a los requerimientos de las palabras de Dios y pueda soportar el escrutinio y el examen de Dios. Cada día, haces tu deber con normalidad, con paz y alegría, viviendo siempre ante Dios. Cuando tienes algo que decirle a Dios en tu corazón, le oras; cuando no tienes palabras para orar, aun así puedes acercarte a Él en tu corazón, y cuando oras, recibes Su esclarecimiento y guía y Él te conmueve. También puedes ser leal a Dios al hacer tu deber y comportarte de manera sincera y recta. ¡Qué maravilloso es eso! Al tratar a las personas y al relacionarte y comunicarte con ellas, por lo general tienes cada vez menos defectos y transgresiones. Por mucho que los demás urdan intrigas contra ti, no reaccionas con impetuosidad. Cada vez que sientes que no puedes superar tu impetuosidad, oras a Dios; cuando estás débil, también le oras. Cuando el Espíritu Santo te conmueva un poco, obtendrás la fuerza para superar tu impetuosidad y salvarás el obstáculo. Cada vez que te enfrentas a las intrigas, los ataques, las represalias, etc., de la gente es como cruzar un obstáculo, como superar una dificultad. Al final, puedes superar todas estas intrigas, los ataques de la gente, las represalias y las luchas en tu contra, no reaccionando a partir de la impetuosidad ni de las actitudes corruptas, sino siendo capaz de atenerte a los principios. Entonces, eres verdaderamente un vencedor. ¡Qué maravilloso es eso! Sin embargo, supongamos que vives todo el día con impetuosidad y actitudes corruptas. Cuando alguien urde intrigas en tu contra o dice algo desagradable, te lo tomas a pecho, te molesta sobremanera, te agitas, tus ojos arden de ira y montas en cólera. O, después de oír palabras desagradables, te sientes intranquilo en el corazón, te salen llagas en la boca, pierdes las ganas de comer y de beber y no puedes dormir por la noche. Entonces, te distancias de Dios. Vives basándote en la impetuosidad o en las emociones, pasas cada día en la miseria, incapaz de comer y beber las palabras de Dios con normalidad, incapaz de hacer tu deber con normalidad, con el corazón preocupado y envuelto en estos asuntos de lo correcto y lo incorrecto. Una vez que te ves envuelto, te resulta muy difícil liberarte y, a veces, no puedes hacerlo durante varios meses. Si se trata de un asunto importante, como el matrimonio o un pleito, entonces las intrigas son aún más graves y, una vez que te ves envuelto en estas cosas, los meses —o incluso los años— simplemente se escapan, y así malgastas los mejores años de tu vida. Al final, toda tu vida se desperdicia; no habrás hecho bien tu deber ni habrás obtenido la verdad. ¿No significa eso que estás completamente arruinado? Si vives constantemente entre disputas, intrigas, luchas y mezquindades, ¿puedes aun así hacer bien tu deber? No solo no harás bien tu deber, sino que, al urdir intrigas y luchar, también acumularás muchas acciones malvadas. Al vivir entre las intrigas y luchas de las personas, ¿cuántas cosas malas harás? ¿Cuántas palabras presuntuosas, rebeldes, que vulneran la verdad y que se resisten a Dios dirás? Todas ellas se consideran palabras de diablos. Aunque algunas palabras no se digan en voz alta, se procesan en tu mente; odias, insultas y maldices a la gente en tu corazón. Todas estas cosas son tan claras como el día a los ojos de Dios. Él ve cuáles son tus designios, cómo planeas y cómo practicas cuando te acontecen las cosas. Al vivir entre estas intrigas y luchas, nunca reflexionas sobre ti mismo, te arrepientes ni confiesas tus pecados a Dios, como tampoco buscas la verdad en estos asuntos, sino que los “disfrutas” ciegamente. Aunque estás física y mentalmente agotado, nunca reflexionas sobre ti mismo, oras a Dios ni aceptas Su disciplina y guía, como tampoco aceptas Sus palabras en tu corazón ni dejas que Él reine. Nunca te decides a practicar las palabras de Dios. Esto demuestra que no eres una persona que cree sinceramente en Dios y persigue la verdad. Aquellos que creen sinceramente en Dios y persiguen la verdad se centran de corazón en cómo practicar la verdad y vivir una semejanza humana, valorando la aprobación de Dios por encima de todo. Esto les permite evitar las luchas y las intrigas; así, su corazón puede acercarse a Dios a menudo y pueden vivir ante Él. Como resultado, sus deberes dan cada vez mayores frutos y sienten que vivir de esta manera tiene valor y aporta alguna contribución a la especie humana, por lo que sienten verdadera paz y alegría en el corazón. Como pueden cumplir el deber de un ser creado, cada día que viven tiene verdadero valor y significado. Pero si vives entre diversos tipos de luchas e intrigas, entonces acumulas pecados cada día en el que estás vivo. No solo no logras vivir el valor y el significado que un ser humano creado debería tener, sino que también acumulas pecados para tu futuro. En Su corazón, Dios cada vez te desdeña más y se siente más decepcionado contigo. Si Dios ve que Su preocupación y Sus expectativas en relación contigo están a punto de reducirse a la nada, ¿cómo se sentiría con respecto a ti? Si las cosas que haces decepcionan a Dios cada vez más, lo van descorazonando gradualmente, hasta que llega un día en el que de verdad no te vuelves y Dios quiere abandonarte, dime, ¿qué valor y significado tienen tu vida y tu fe en Dios? ¿Qué esperanza queda en tu vida? Solo porque otros urden intrigas en tu contra y te juzgan, para luchar por tu orgullo y para recuperar tu imagen y dignidad, te ves envuelto en conflictos contra la gente y retrasas las responsabilidades que te corresponden. A veces, solo porque alguien dice algo desagradable o te lanza cierta mirada que te ofende, lo que hace que pierdas tu imagen y te hiere la autoestima, llegas a sentir resentimiento en el corazón y te enredas en disputas interminables con él. ¿Y qué sucede al final? Desperdicias todo tu precioso tiempo en estas cosas, con lo que arruinas tu oportunidad de lograr la salvación y no obtienes verdad alguna. Como resultado, Dios te desdeña, ya no te presta atención y estás completamente arruinado. Entonces, ¿qué estoy tratando de deciros al compartir estas cosas? Elegir cómo comportarse, elegir de qué manera hacerlo, es muy importante. Al vivir entre la gente, cada persona a menudo se enfrentará a intrigas, luchas, ganancias y pérdidas en cuanto a intereses personales y a diversas voces de alabanza, crítica, juicio y condena; todo el mundo se enfrentará a estas cosas. Yo también he vivido en este mundo hasta el día de hoy y tampoco vivo en la nada. También me enfrento a estas cosas, pero Mi corazón no urdirá intrigas. Fíjate en Mí, ¿cómo he vivido? Estas cosas no afectan en lo más mínimo a Mi vida ni a Mi obra. Cada día, solo me centro en hacer Mi obra. En Mi vida hasta la fecha, no me ha afectado el entorno externo. Mi identidad y estatus, Mi valor a los ojos de la gente, nada de esto se ha visto afectado. No solo eso, sino que incluso me preocupa que penséis erróneamente que soy muy elevado, muy extraordinario y muy distinto de los demás, así que tengo que dar algunos ejemplos reales de Mi normalidad, Mi practicidad y lo ordinario que hay en Mí de una manera más específica para que no me idolatréis y no tengáis algunas figuraciones y nociones poco realistas sobre Mí. Solo después de haber dado tales ejemplos, algunas personas ven que solo soy una persona ordinaria y normal, y entonces se vuelven indiferentes hacia Mí. No me importan estas cosas. Mientras puedas aceptar estas palabras que digo, es suficiente; no tengo otros requerimientos. Si pasarais todo el día mirándome fijamente, escrutándome, leyendo Mi expresión, me sentiría incómodo. No me gusta que la gente me idolatre ni que me adule, y mucho menos que siempre se apiñe a Mi alrededor. Me gusta la tranquilidad. Como ves, ¿no he vivido bastante bien estos años? Entonces, ¿por qué no intentáis vivir de la misma manera? Prueba a ver si puedes sobrevivir sin competir por la fama y el provecho, sin luchar por el estatus, sin proteger tu propia dignidad, sin contender por ninguna autoridad con palabras. Si actúas, vives, te comportas, haces las cosas y realizas tu deber de acuerdo con las palabras de Dios y Sus requerimientos, mira cómo será tu vida; mira si obtendrás alegría y si tendrás paz en tu corazón. Prueba una forma diferente de vivir, practica de acuerdo con los principios-verdad y ten objetivos claros, y entonces verás un futuro brillante por delante. Si siempre estás pendiente de quién urde intrigas en tu contra, quién afecta a tu estatus, quién tiene mejor reputación que tú, quién habla de ti a tus espaldas, etc., si siempre vives entre estas cosas, entonces no tendrás senda alguna por delante, solo oscuridad. Siempre estarás perdido y pensarás: “¡Mi vida es agotadora, no hay felicidad, no tengo bendiciones!”. No disfrutas de las bendiciones que Dios te da, sino que sigues excavando hacia el infierno. Dime, ¿puedes tener bendiciones? ¿Puedes tener alegría y paz?

¿Qué os parece hablar sobre estos temas? (Bien). ¿En qué sentido está bien? (Sentimos que puede resolver las dificultades que encontramos en la vida real y las actitudes corruptas que revelamos. Dios también nos ha señalado algunas sendas específicas: cómo evitar luchar y urdir intrigas contra los demás y cómo liberarnos de las limitaciones de las personas, los acontecimientos y las cosas y vivir en la luz). ¿Cuál es el propósito principal de compartir estos principios? No es solo ayudarte a escapar de una vida de lucha contra los demás; la clave es permitirte vivir en el marco de la humanidad normal y llevar una vida de humanidad normal. Si actúas de acuerdo con las palabras de Dios, puedes lograr la sumisión a Él, hacer que Sus palabras y la verdad sean tu vida, lograr la salvación y temer a Dios y apartarte del mal. Puedes convertirte en una persona así. ¿Entendido? (Sí). No es solo para escapar de una vida de intrigas y luchas contra los demás; si fuera solo para eso, no obtendrías la verdad. Dime, sin obtener la verdad, ¿cuál es el objetivo de la práctica de una persona? ¿No seguiría siendo en vano? Al vivir en esta sociedad, entre la gente, siempre tendrás tus propios pensamientos y opiniones cuando te sucedan cosas; es imposible no tener pensamientos ni opiniones en absoluto, como si vivieras en la nada. Tal situación no existe. Cuando nadie urde intrigas en tu contra ni lucha contra ti, puedes arreglártelas para no urdir intrigas ni luchar contra los demás. Pero cuando alguien urde intrigas en tu contra o lucha contra ti, ¿qué haces? ¿Acaso simplemente gritar consignas como “No lucharé contra ellos, no urdiré intrigas contra ellos” resuelve el problema? (No). Entonces, ¿cómo debería resolverse el problema? Algunas personas gritan consignas, diciendo: “¿No soy demasiado viejo para seguir urdiendo intrigas? La obra de Dios ha progresado hasta este punto, ¿y yo sigo urdiendo intrigas? ¿De qué sirve urdir intrigas sobre esas cosas?”. ¿Pueden estas palabras resolver el problema? (No). La mayoría de las personas, cuando les suceden cosas, todavía no pueden desprenderse de ellas en su corazón y siguen urdiendo intrigas y luchando contra los demás. Entonces, ¿cómo debería resolverse este problema? Resolviendo los problemas de los pensamientos y opiniones de la gente y sus actitudes corruptas, de acuerdo con las palabras de Dios y los principios-verdad. Después de recibir un pensamiento o punto de vista correcto, tu perspectiva, actitud y postura sobre tales asuntos cambian. Tus sentimientos en relación con tales asuntos serán diferentes; sentirás que luchar contra los demás no tiene sentido: desperdicia tu energía, impide el trabajo, causa malestar interior y no hay alegría ni paz en ello. Entonces, cuando leas la condena de tales asuntos en las palabras de Dios, la opinión que tienes sobre ellos en tu corazón cambiará por completo, tu estado emocional será diferente, tu impulso de luchar contra los demás disminuirá, tu ira se reducirá y tu impetuosidad desaparecerá. El hecho de que otros luchen contra ti, provocándote implacablemente, no te afectará, sentirás que no es para tanto y que no hay necesidad de luchar contra ellos. Incluso los espectadores no podrían soportar mirar y dirían: “Te tratan así, ¿cómo puedes no sentir nada? ¿Eres tonto?”. Tú dices: “Solía tomarme tales asuntos muy en serio; en el pasado habría sentido como si el cielo se estuviera cayendo. Si no les dejaba las cosas claras o si no me daban una explicación, sin duda no lo dejaba pasar fácilmente. Pero ahora es diferente. Ya no urdo intrigas ni lucho contra los demás, no porque sea más viejo, sino porque en las palabras de Dios he desentrañado la esencia corrupta de la especie humana. Su comportamiento constituye las revelaciones y manifestaciones típicas de una persona malvada, un anticristo, un satanás, como se expone en las palabras de Dios. Yo también solía tener estas manifestaciones, pero ahora veo en las palabras de Dios que este tipo de verdadero rostro, esta clase de carácter, es demasiado feo y repugnante; ¡Dios lo detesta! Ahora yo mismo lo detesto y, en mi corazón, no estoy dispuesto a vivir con ese carácter corrupto. Así que, cuando vuelven a luchar contra mí, simplemente me siento hastiado y asqueado de ellos y no tengo interés ni deseo por luchar. En las palabras de Dios, también he encontrado los principios de práctica y sé cómo tratar a tales personas”. ¿Qué dicen las palabras de Dios? Por un lado, las palabras de Dios exponen y califican a tales personas; por otro lado, Dios le dice a la gente que el principio para tratar a los demás es tratarlos justamente. Si son verdaderos hermanos y hermanas y revelan actitudes corruptas, debemos tratarlos con amor, compartiendo la verdad para resolver sus transgresiones y actitudes corruptas, de modo que ya no se resistan a Dios ni transgredan. Quizás sus problemas se resuelvan a través de la ayuda. Si no aceptan ayuda, no pueden aceptar la verdad, pero pueden realizar su deber y no perturban el trabajo de la iglesia, entonces se les debe permitir permanecer en la iglesia haciendo su deber. Si no hacen su deber adecuadamente y, sin embargo, luchan y urden intrigas contra otros, con lo que causan perturbación, deben ser depurados de acuerdo con los decretos administrativos de la casa de Dios y los principios de la casa de Dios para tratar a las personas. ¿No tendríamos entonces el corazón en paz? La casa de Dios tiene principios y sendas para lidiar con las manzanas podridas. Cómo discernir a estas personas y ocuparse de ellas, cómo tratarlas; hay principios y sendas en las palabras de Dios para todo esto. Si la gente practica de acuerdo con las palabras de Dios, la situación se manejará de manera sencilla y alegre, no les parecerá que sea un asunto difícil, su corazón no se perturbará en absoluto y se resolverá de manera muy natural. Si se hubieran encontrado con tales asuntos hace unos años, no habrían podido superarlos, no habrían sabido cómo resolverlos. Pero ahora, con unos pocos años de experiencia de vida, este asunto ya no es una dificultad para ellos; pueden resolverlo. De repente, descubren que su estatura ha aumentado y que realmente han cambiado. ¿Cómo se sienten la mayoría de estas personas entonces? “Antes, siempre pensaba que mi calibre era escaso y a menudo me rebelaba contra Dios y me resistía a Él, como si la salvación no estuviera a mi alcance. Ahora, al manejar este asunto, siento que no tengo dificultades, que puedo resolver problemas y que tengo esperanza”. ¿Qué esperanza? (La esperanza de lograr la salvación). Cuando ves la esperanza de lograr la salvación, ¿ves luz u oscuridad por delante? (Luz). Eso convierte en realidad ese dicho: la luz me hace señas. ¿Verdad? (Sí). Cuando tu estatura pueda alcanzar este nivel, sentirás de verdad que, para practicar la verdad, en realidad no es necesario gritar consignas; es así de sencillo y alegre. Siempre y cuando aceptes las palabras de Dios, aceptes los principios-verdad que provienen de Él, practicar la verdad es así de fácil y tu estatura aumenta sin que te des cuenta. En el momento en que sientas que tu estatura ha aumentado, que has cambiado, que tus años de fe en Dios han dado fruto y no han sido en vano, si alguien pronuncia palabras presuntuosas, diciendo: “¿Qué he ganado yo creyendo en Dios? En los veinte años que llevo creyendo en Dios, lo único que he hecho ha sido sufrir y esforzarme; he renunciado a mucho y me he entregado en gran medida, pero no he disfrutado ni de una sola bendición, ¡solo de un agotamiento sin fin!”, lo despreciarás en tu corazón: “¡Esta persona no tiene conciencia y solo dice palabras endiabladas! A juzgar por lo patético que parece, realmente no ha ganado nada; lo único que sabe hacer es ser irrazonable y poner trabas, ¡y lo único que sabe decir son palabras presuntuosas!”. Este tipo de personas siempre dicen: “¿Qué he ganado yo creyendo en Dios?”. Entonces, ¿qué esperas ganar exactamente creyendo en Dios? ¿Esperas recibir gracia y bendiciones materiales, o esperas obtener la verdad y lograr la salvación? Los creyentes en Dios deben elegir una de estas sendas. Así pues, ¿qué camino vas a recorrer en tu fe en Dios: el de buscar la gracia y las bendiciones o el de perseguir la verdad? Si eres una persona que persigue la verdad, pones en práctica todas las verdades que entiendes y las conviertes en tu realidad, entonces habrás ganado la vida eterna y, tras haber experimentado la obra de Dios en los últimos días, no habrás creído en vano. Si solo te centras en disfrutar de la gracia, pero no ganas la verdad y vida, y te quejas de Dios, diciendo: “¿Qué he ganado yo?”, esto demuestra que no eres una persona que persigue la verdad. No importa de cuánta gracia disfrutes, si no has ganado ni un ápice de verdad, entonces tu fe es demasiado lamentable; demuestra que eres una persona ciega. Ahora, Dios expresa la verdad para proveer de vida a las personas, diciendo palabras nuevas cada día, tantas que la gente puede comerlas, beberlas y disfrutarlas hasta la eternidad. Hay demasiadas verdades que deberían practicarse y en las que se debería entrar; muchas verdades no pueden experimentarse plenamente ni en toda una vida. Aquellos que llevan muchos años creyendo en Dios y persiguen la verdad han ganado tanto y en tal abundancia. Sin embargo, si la gente no persigue la verdad, no la ama ni la practica, siempre sentirá que no ha ganado nada. Quienes disfrutan de la verdad se sienten verdaderamente colmados con estas palabras. Ahora, ya sea en términos de verdad o de bendiciones materiales, lo que Dios otorga a las personas es abundante; se puede decir que la casa de Dios es una tierra que mana leche y miel. Las palabras de Dios que se comen y beben en las reuniones son muy abundantes; testimonios vivenciales, películas, himnos, danzas… todo está ahí, en abundancia. Las cosas materiales —comida, ropa y artículos de uso diario— también son abundantes. Además, el servicio prestado por el gran dragón rojo que Dios ha dispuesto, las actuaciones de los anticristos y los falsos líderes y la exhibición de diversas clases de cosas negativas que tienen lugar ante la gente cada día permiten a las personas aprender lecciones y crecer en discernimiento. Si no puedes extraer una lección completa a la primera, Dios continuará disponiendo entornos, personas, acontecimientos y cosas para ti, y solo los retirará cuando hayas aprendido lo suficiente. Por lo tanto, si puedes aceptar la obra de Dios, si eres una persona que ama la verdad, estás asistiendo a un banquete generoso. Unos pocos años de fe te aportarán un gran progreso y un cambio real. Dios ha pastoreado, regado y guiado personalmente a Su pueblo escogido durante estos años. Todos los que son capaces de aceptar la verdad pueden sentir que han ganado mucho y han experimentado algunos cambios verdaderos. En particular, aquellos que hacen su deber a tiempo completo han cambiado aún más. Puedes sentir que, al seguir a Dios, la senda se vuelve cada vez más brillante, y tienes verdadera fe en lograr la salvación y entrar en el reino de los cielos. Pero si siempre te niegas a aceptar la verdad y no estás dispuesto a practicarla en tu corazón, no podrás sentir que tengas esperanza alguna de salvación. Seguirás preguntando a los que te rodean: “¿Crees que tengo entendimiento espiritual?”. Si alguien dice: “No parece que tengas entendimiento espiritual”, pensarás: “¡Se acabó, no tengo esperanza!”. En realidad, no es que no tengas esperanza; es que no persigues la verdad. Si entiendes la verdad y también puedes practicarla, poco a poco irás adquiriendo entendimiento espiritual. Una vez que tengas entendimiento espiritual, entenderás cada vez más verdades y podrás compartir algunos testimonios vivenciales en relación con cada aspecto. Te sentirás enriquecido y muy realizado por dentro y te parecerá que has ganado mucho al seguir a Dios. ¿Verdad? (Sí). Si una persona no practica la verdad ni la acepta como su vida, en su corazón siempre se sentirá perdida y sin rumbo, sin verdadera fe. Siempre preguntará a los que la rodean si tiene alguna esperanza de lograr la salvación. Algunos también preguntan constantemente a otros si tienen entendimiento espiritual, y consideran el hecho de tenerlo o no como prueba de si existe esperanza para ellos. Dime, ¿son necias tales personas? (Sí). Tengas o no entendimiento espiritual, debes esforzarte por la verdad; y no solo esforzarte por entenderla, sino también por practicarla. Una vez que puedas entender la verdad y practicarla, ¿no habrá esperanza de lograr la salvación? ¿Acaso no es así? (Sí). Deberíais reflexionar sobre esta cuestión.

Hasta aquí nuestra charla de hoy. ¡Adiós!

7 de septiembre de 2024