Cómo perseguir la verdad (27) Parte 2

La vez anterior, compartimos el tema de que Dios encarnado “no urde intrigas”, dentro de la temática de “no equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta”. Hoy vamos a compartir el tema de “no atacar a los demás”. No atacar a los demás es parte de la esencia y el vivir que posee la humanidad normal de Dios encarnado y es uno de los principios que sigue la conciencia y razón de la humanidad normal al tratar a las personas. Es decir, Dios encarnado puede, como mínimo, tener una relación pacífica contigo. Da igual qué tipo de persona seas, ya seas alguien con mejor o peor calibre o alguien con mejor o peor humanidad, el Dios encarnado puede tratarte correctamente y tener una relación amigable contigo. Si descubro que tienes algún defecto o fallo, o incluso que tienes alguna esencia mala dentro de tu humanidad, o que has cometido alguna acción malvada, compartiré contigo con franqueza si se da la oportunidad o si las condiciones lo permiten. Si puedes aceptarlo, dejaré en evidencia tus problemas con franqueza y te señalaré la senda para resolverlos. Pero si no puedes aceptarlo, en el momento apropiado podría hacer uso de un problema de la vida real que haya descubierto para recordártelo, dejarte en evidencia y alertarte, para hacerte saber cuál es tu problema; ya se trate de un problema con tu humanidad, tu calibre o un carácter corrupto tuyo. Según el problema que tengas, te lo recordaré y te amonestaré, con lo que te permitiré conocer tus carencias o dónde radica tu problema y entonces te diré cuál es la esencia de esta clase de problema y cuál es la actitud de Dios hacia las personas que lo tienen. Si estás dispuesto a aceptarlo y eres capaz de rebelarte contra la carne y practicar la verdad, te diré la senda de práctica y cómo tratar y resolver esta clase de problema. No voy a utilizar tus problemas y defectos en tu contra ni como puntos débiles que explotar para, de vez en cuando, burlarme de ti, ridiculizarte o hacer comentarios sarcásticos al respecto. No haré eso; te trataré a ti y los problemas existentes en ti de forma recta y objetiva. Si te hago algunos recordatorios, pero no eres consciente y no sientes que lo que he dicho tenga nada que ver contigo, o si te digo que la naturaleza de tu problema es grave pero no lo aceptas, sino que lo rechazas, te resistes e incluso se te ocurren excusas para discutir y justificarte, entonces evaluaré las cosas conforme a la situación. Si el trabajo que haces es muy importante y tu problema ha afectado a la obra de la iglesia, entonces consideraré si eres apto para este deber o no. Pero si eres solo un creyente corriente y el deber que haces y tus manifestaciones no tienen mucho impacto en la obra de la iglesia o en el pueblo escogido de Dios y es solo tu problema personal, entonces te haré recordatorios y te ayudaré por buena voluntad. Si no te lo tomas en serio, no te guardaré ningún rencor y, por supuesto, no intentaré por todos los medios forzarte a aceptarlo. Trataré este asunto de forma muy racional y seguiré ofreciéndote recordatorios y ayuda por buena voluntad. Si puedo ver que la esencia de tu problema te acarreará consecuencias negativas a ti o a otros, impulsado por Mi conciencia, te ofreceré recordatorios y ayuda por buena voluntad, en lugar de limitarme a ver cómo haces el ridículo. Tampoco te calificaré a la ligera diciendo: “Eres un caso perdido, Dios te detesta y eres de los que perecerán”, ni mucho menos abriré la boca sin más para maldecirte diciendo: “Tú, diablo, descendiente de Satanás, tú que te resistes a Dios”. De ninguna manera haré esto. Como Mi identidad es especial, a menudo me freno con mucha racionalidad: Mi manera de tratar a alguien y de hablarle debe depender de quién sea; este es un aspecto. Además, no he de calificar a nadie a la ligera. Por otra parte, a través de Mi tono de voz, la elección de las palabras o cómo las formulo, debo hacer que la otra persona sienta que lo que digo y lo que hago es por buena voluntad y no hay en ello malevolencia. En cuanto a cuál es Mi motivación, intento ayudarte con sinceridad; no quiero verte dar rodeos ni flaquear, vacilar y luego perder el rumbo o desviarte cuando te enfrentas a las cosas. Al contrario, espero que después de haber compartido contigo y haberte ayudado puedas considerarte a ti mismo correctamente, evites caer en la negatividad, tengas una comprensión certera de tus actitudes corruptas y de los problemas que tienes, te trates a ti mismo de forma correcta y luego busques una senda de práctica a partir de las palabras de Dios y resuelvas poco a poco tus actitudes corruptas y tus problemas conforme a ellas, al tiempo que te llevas bien con los demás y los ayudas. Es decir, me esfuerzo por procurar que lo que digo y hago al relacionarme con las personas les permita comprender las intenciones de Dios, conocer qué principios requiere Dios de las personas, cuáles son las actitudes y puntos de vista de Dios hacia los diversos problemas que tienen, cómo deben abordar las personas estos problemas para cumplir los requisitos de Dios y satisfacerlo, además de cómo deben buscar la verdad para resolver sus problemas. Mi objetivo es ayudar a la gente a tratar estos problemas y resolverlos correctamente al lidiar con toda clase de personas, acontecimientos y cosas, así como cuando se revelan sus actitudes corruptas, dando como resultado definitivo que se sometan a la verdad y a Dios. Por supuesto, a tenor de la variedad de personas con las que he estado en contacto durante estos años de obrar y hablar, he llegado a reconocer un hecho: por muy calmadamente que hable y converse con la gente, por mucha buena voluntad que tenga o sin importar la mentalidad que tenga al querer ayudar a alguien, muy pocas personas pueden percibir o entender lo que digo y el motivo por el que lo digo para luego, mediante las palabras que he pronunciado y el contenido que he compartido con ellas, progresar u obtener una ayuda real y práctica en su vida real. Sin embargo, Mis principios para relacionarme con las personas no cambian, con independencia de cuánto acaben por cosechar y ganar al comunicarse e interactuar conmigo. Hay quien dice: “Entonces, ¿por qué no cambias de método?”. Decidme vosotros, ¿por qué no cambio de método? ¿Debería cambiarlo? Al hablar con las personas, ¿debería hacerlo desde una posición elevada, como si le estuviera proclamando los Diez Mandamientos a Moisés? ¿Acaso Mi voz debería ser como un trueno en el cielo o debería adoptar cierto tono para que las personas teman, recuerden fácilmente lo que digo, estén dispuestas a practicar y sean capaces de someterse? O si al comunicarme con las personas siempre les hablo en un tono que las maldice y las califica, ¿aprenderán la lección entonces? ¿Serán capaces de aceptarlo? (No). ¿Sabéis por qué no? En aquel entonces, cuando Jehová promulgó los Diez Mandamientos a través de Moisés, los israelitas oyeron el sonido del trueno en el cielo y vieron los relámpagos; ¿esto impidió que se rebelaran contra Jehová y lo juzgaran? Sea cual sea el método que utilices para hablar, el contenido de tus palabras o tu motivación al hablar, en lo que respecta al destinatario, si tiene la disposición y la necesidad subjetivas de aceptar la verdad y amar las cosas positivas —si tiene esta necesidad en su corazón—, entonces, sin importar el método que utilices para hablar, será capaz de aceptarlo y lo recordará con facilidad. Sin embargo, si no tiene esta necesidad en su corazón, aunque sepa qué son las cosas positivas y las cosas negativas, seguirá sin aceptar nada de lo que digas ni lo interiorizará, por muy correcto que sea o por muy sólidos que sean su origen y su motivación. Por consiguiente, desde Mi perspectiva, Mi principio para hacer estas cosas es compartir con normalidad con cualquiera. En cuanto a lo que uno puede ganar y obtener de Mí y a si es capaz de obtener la verdad, la clave radica en si ama la verdad y también en si tiene las necesidades de la humanidad normal. Si ama de forma innata las cosas positivas, cuando me relacione y converse de esta manera con él con normalidad, podrá reflexionar sobre lo que he dicho, sobre cuáles son los principios detrás de estas palabras y sobre qué le ordené hacer; después reflexionará sobre estas cosas, las tendrá presentes y luego practicará conforme a estas palabras. Si esta persona no tiene necesidad de cosas positivas en su humanidad, sin importar lo que Yo diga, será inútil. Aunque la pode, la discipline o incluso la escarmiente, no servirá de nada. Tras ser escarmentada, puede que por fuera se porte bien y sea obediente, pero como no tiene necesidad de cosas positivas en su corazón, una vez que todo haya seguido su curso, volverá rápidamente a ser como era antes, sin rastro alguno de palabras positivas, cosas positivas ni principios-verdad en su corazón. Así pues, en cuanto a las personas así, por mucho que digas, no puedes cambiarlas para que desarrollen las necesidades de la humanidad normal. Este es un aspecto. Asimismo, no atacar a los demás es básicamente uno de Mis principios al trataros. Seas la clase de persona que seas, persigas o no la verdad, aunque ponga al descubierto un determinado problema que tengas, lo hago meramente para diseccionar la esencia de este problema, con la intención de que puedas comprenderlo y conocerlo a fondo, progresar en el transcurso de hacer tu deber en el futuro, dejar de cometer los mismos errores y de perturbar o perjudicar la obra de la iglesia; es para ayudarte, no para crearte problemas ni para buscar algo que usar en tu contra. Por tanto, aunque saque a relucir cosas que ocurrieron en el pasado, no es para apagar tu entusiasmo ni para hacerte daño, sino para permitirte conocer la esencia de tus problemas, lograr un entendimiento profundo de cierto aspecto de la verdad, tener un conocimiento de ti mismo, saber cómo actuar de acuerdo con las intenciones de Dios y, al final, practicar con precisión conforme a los principios de las palabras de Dios. ¿Comprendéis de alguna manera el hecho de que el Dios encarnado nunca ataque a los demás? (Lo comprendemos en cierta medida).

Aparte de no atacar a los demás, el Dios encarnado también alienta a la gente de vez en cuando. Algunas personas tienen una estatura inmadura y son frágiles; no son muy fuertes en lo que respecta a su humanidad, les falta perseverancia al hacer las cosas o a menudo están limitadas por toda clase de cosas, no saben cómo buscar la verdad ni son capaces de hacer su deber con normalidad. En tales circunstancias, les daré algo de ánimo para permitirles ver la senda que tienen por delante, a fin de que ya no se hallen atrapadas en un asunto ni limitadas por este. Cuando oigas estas palabras de ánimo, tal vez sientas que aquello de lo que hablo está fuera de tu alcance, pero Mi objetivo es ayudarte a desprenderte de la carga de tus pensamientos y nociones, a dejar de estar limitado por esas cosas y dejarlas atrás, para luego dedicar todas tus fuerzas a tu deber a fin de satisfacer las intenciones de Dios. Hay quienes han recorrido antes las sendas del fracaso o han hecho cosas que vulneran los principios de la casa de Dios o han mostrado algunos evidentes comportamientos rebeldes, y algunas personas incluso han provocado trastornos y perturbaciones con sus acciones, con lo que han causado ciertas pérdidas a la obra de la iglesia. Si en Mi enseñanza menciono ocasionalmente estas cosas, Mi propósito no es mermar tu entusiasmo ni te guardo rencor; más bien, Mi propósito es utilizar tu caso como ejemplo para recordarles a los demás que no cometan los mismos errores. Mi propósito es compartir con claridad un aspecto de la verdad, permitir que más gente extraiga lecciones de esto y que más gente vea con esto que la senda que recorriste es errónea y en qué sentido lo es, y advertirles luego a más personas que no recorran la misma senda, así como recordarles a qué principios deben ceñirse al hacer las cosas. En especial, al compartir sobre las diversas actitudes corruptas de las personas y ponerlas al descubierto, los ejemplos que doy o un estado específico sobre el que comparto podrían involucrar a muchas personas, o bien a algunas personas y cosas concretas. El propósito de compartir sobre estas cosas no es buscar una oportunidad para dejaros al descubierto y avergonzaros; en cuanto a los hechos que menciono o los estados que dejo en evidencia, estos solo guardan relación con el tema y el aspecto de la verdad sobre los que estamos compartiendo. Puede ser que no te conozca en persona ni sepa que te ha ocurrido algo así, pero resulta que el ejemplo que di o el estado que dejé al descubierto se ha dado en tu caso y te identificas con él. Cuando algunas personas se identifican con tales cosas, piensan: “¿Es que alguien me ha delatado? ¿Cómo sabes que me ocurrió esto, que tuve este problema y me encontraba en este estado?”. Digo que en realidad desconozco que a una persona determinada le haya ocurrido una cosa así ni que se encontrara en tal estado, pero las verdades sobre las que comparto implican este estado, este tipo de problema o este tipo específico de ejemplo; o bien los problemas que dejo al descubierto incluyen estos elementos. Como este tipo de estado y este tipo específico de ejemplo son representativos y pueden permitir a la gente conocer lo suficiente a ciertas clases de personas, acontecimientos y cosas, así como conocer la esencia de cierto tipo de persona, no puedo evitar citar algunos incidentes concretos ocurridos en la iglesia o hablar de ciertos estados específicos cuando estoy poniendo ejemplos. Por tanto, es inevitable que se vean implicadas algunas personas, acontecimientos y cosas. Sin embargo, no tengo la menor intención de atacar a personas concretas; Mi propósito es únicamente el de recordar y exhortar a las personas, para permitir que la mayoría del pueblo escogido de Dios se beneficie. Los ejemplos que pongo al predicar sermones y compartir no van dirigidos en absoluto a ninguna persona en particular; son simplemente para compartir la verdad y poner al descubierto la esencia de un determinado problema, de modo que podáis tener más clara la esencia de este y comprenderla mejor. Al entender la esencia del problema, ya sea que reconozcas tener este problema o que desentrañes a las personas, los acontecimientos y las cosas involucrados, puedes llegar a practicar conforme a los correspondientes principios-verdad, utilizarlos para resolver los problemas en tu interior y lograr la entrada en la realidad-verdad. Sea cual sea la clase de problema que comparta, tanto si es un problema que existe en ti como uno que existe en otros, solo lo hago para compartir la verdad y para ayudaros a comprender mejor la esencia y la realidad de cierto tipo de problema; no va dirigido a ningún individuo concreto ni a ninguna clase específica de persona. Por supuesto, también puede ser que el arquetipo del ejemplo que doy al hablar sobre un problema sea algo que te sucedió a ti y que me serví de esta cuestión para poner un ejemplo. Pero al poner este ejemplo, no estoy dejando en evidencia un problema que sea solo tuyo; más bien, tu problema es representativo de los problemas presentes en todos, en toda la especie humana. Por supuesto, el propósito de dejar en evidencia el problema es solo el de resolverlo, no el de atacarte. Así pues, cuando te encuentres con este tipo de situación, debes tratarla de forma correcta; este es Mi trabajo. Por un lado, Mi trabajo es proporcionaros todas las verdades, todos los aspectos de la verdad; por otro, es dejar en evidencia los problemas en vuestro interior, los diversos estados de la especie humana corrupta y todas las actitudes corruptas en su interior, así como los problemas que involucran actitudes corruptas. Este es Mi trabajo. Ya que Mi trabajo, además de proveer la verdad, también incluye poner al descubierto la realidad de la corrupción de la especie humana corrupta, Mis motivos son buenos en lo que respecta a esta tarea. Quiero ayudaros y apoyaros, advertiros y proveer para vosotros, de modo que podáis ver con claridad la esencia del problema y seáis capaces de rebelaros contra vuestras actitudes corruptas, para que ya no viváis dentro de ellas, sino que seáis capaces de cambiar de rumbo, desprenderos del mal que hay en vuestras manos, arrepentiros ante Dios y practicar con arreglo a los principios requeridos por Dios, logrando la sumisión a la verdad y la sumisión a Dios.