Cómo perseguir la verdad (27) Parte 3

Sean cuales sean vuestros problemas que Yo ponga al descubierto y sea cual sea el método o el tono de voz que use cuando deje en evidencia estos problemas, lo hago basándome en el principio y con la motivación de ayudaros y apoyaros para que os embarquéis en la senda de salvación. No tengo ninguna malevolencia; todo es por buena voluntad. Incluso si las palabras que uso a veces cuando dejo en evidencia la esencia del problema en cierto individuo o en cierta clase de persona no son muy refinadas, Mi propósito no es atacar ni reprimir a nadie, sino diseccionar la esencia del problema, de modo que las personas puedan tener discernimiento y desechar sus actitudes corruptas. Dentro de esto, no hay intrigas, no hay intención de atacarte ni de reprimirte, así como ninguna intención de sacar tus trapos sucios o avergonzarte. Aunque, cuando comparto algunos problemas, califique el comportamiento o el carácter y la esencia de cierta clase de persona, esa calificación se ajusta por completo a los hechos objetivos. Por ejemplo, si eres arrogante y sentencioso, siempre actúas de manera dictatorial, has hecho cosas que causan trastornos y perturbaciones y te digo: “Si continúas haciendo esto y te niegas a arrepentirte en ningún caso, entonces esta es tu esencia; la actitud de Dios hacia ti es darte de lado o desdeñarte”, ¿te están atacando estas palabras? No. Aunque estas cosas se dicen en cierto contexto y se plantean de esta manera, la provisión y la ayuda que te doy y Mis expectativas hacia ti no cambian; se te sigue dando una oportunidad para arrepentirte. Si sientes remordimientos, das un giro y cambias, la casa de Dios seguirá ascendiéndote a cualquiera que sea el deber para el que seas apto; nunca me voy a interponer en eso. Todo el mundo comete algunos errores cuando empieza a creer en Dios y no entiende la verdad, pero hay quienes son capaces de arrepentirse y han hecho algunas cosas buenas y algunas buenas obras. Supongamos que los hermanos y hermanas los recomiendan, dicen: “Esta persona se ha arrepentido de veras y es diferente a como solía ser. Antes era arrogante y disoluta, carecía de semejanza humana; hizo algunas cosas malvadas, de modo que trastornó y perturbó el trabajo de la iglesia y causó pérdidas en las ofrendas de Dios, así que la iglesia la echó. Pero después de que la echaran, sintió mucho remordimiento y ahora se ha arrepentido. Incluso tomó la iniciativa de compensar las pérdidas, pidió a la iglesia que volviera a aceptarla, prometió que nunca volvería a hacer maldad y está dispuesta a ser la última en la iglesia y a someterse a cualquier cosa que la casa de Dios le pida hacer”. Si aquellos que están relativamente cerca de ella quieren recomendarla después de obtener un entendimiento meticuloso sobre ella, Yo digo que, si de verdad se ha arrepentido y ahora se la necesita en la obra de la casa de Dios, se la puede volver a usar; Yo no voy a interponerme. Aunque unos pocos individuos hayan hecho cosas que no fueron muy amigables conmigo personalmente, si cumplen las condiciones para un ascenso, de igual modo no voy a interponerme; les daré una oportunidad. Por tanto, ya sea en los sermones o en la vida real y sea cual sea el entorno o el contexto, te trataré con ecuanimidad y rectitud. En contextos donde lo permita el entorno, os ayudaré por buena voluntad o preguntaré cómo vais en vuestro deber. Si se trata de un entorno laboral especial, también me esforzaré al máximo para ayudaros y apoyaros, proveeros orientación, guía o ayuda en algún trabajo profesional. Lo que hago algunas veces es comparar notas e intercambiar ideas con vosotros. Aunque a veces diga: “El trabajo que has hecho no es aceptable”, solo estoy diciendo la verdad y siendo directo. No estoy diciendo tales cosas para reprimiros, sino para intercambiar ideas o comparar notas con vosotros. Me esfuerzo al máximo para daros oportunidades de hablar y aplicaros, de modo que vuestro calibre, talentos, el conocimiento que habéis aprendido, el sentido común que tenéis o la experiencia que habéis acumulado se puedan utilizar al máximo. Si los resultados no son buenos, solo digo: “El trabajo que has hecho no es muy bueno. Reflexiona y busca más y a ver si puedes hacerlo mejor”. Siempre os doy el máximo apoyo, provisión y ayuda, de tal modo que cuando os comunicáis e interactuáis conmigo, podáis beneficiaros, ya sea en la vida o en el transcurso de hacer vuestro deber. Este es Mi principio en la obra y es el mismo en Mi vida diaria. A veces, cuando interactúo y me comunico con las personas, hablamos inevitablemente sobre algunos asuntos triviales en la vida diaria, los cuales implican cosas externas como necesidades básicas, estar sano, atención médica y demás, así como algunas de ellas mencionan ciertos puntos de vista, dichos o frases de sentido común relativos a asuntos triviales en la vida. En lo que respecta a todos los aspectos del sentido común, expreso meramente Mis puntos de vista personales. Si piensas que lo que digo es correcto, puedes aceptarlo; si piensas que lo que digo es incorrecto, no usaré Mi identidad y estatus para reprimirte, diciéndote: “Todo lo que digo es correcto. Da igual el tono que use o que te guste o no lo que digo, ¿acaso podría hacerte daño o perjudicarte? ¡Debes aceptarlo!”. No voy a hacer esto; dejaré que las cosas tomen su curso natural. Por ejemplo, pones demasiada sal al cocinar y Yo te digo que comer demasiada sal es malo para la salud. Algunas personas no aceptan esto; sienten que, si le ponen menos sal, la comida estará sosa y le faltará sabor. Insisten en comer según sus propios gustos. Yo digo que eres libre de hacerlo y no voy a interferir. Aunque el dicho “comer demasiada sal es malo para la salud” no alcanza el nivel de la verdad, es sentido común en la vida. En cuanto a este cuerpo físico que Dios creó para las personas, necesita una cantidad fija de sal cada día; sobrepasar esta cantidad dañará el cuerpo y traerá consecuencias. Con cualquier tipo de ingrediente, existe un estándar respecto a la cantidad que el cuerpo humano requiere y, si se excede este estándar, dará lugar a problemas físicos. También hay personas que siempre sienten que les faltan nutrientes, así que siempre consumen comidas sustanciosas. Al final, su excesiva toma de nutrientes conduce a problemas de salud y tienen que hacer ajustes. La cantidad de nutrientes que necesita este cuerpo físico creado por Dios guarda relación con las proporciones de cereal, verduras, fruta y carne que Dios creó para la especie humana. Si comes conforme a estas proporciones, puedes mantener una salud básica; si ignoras estas proporciones y comes de manera imprudente e indiscriminada de acuerdo con tus preferencias, desarrollarás problemas de salud. Yo te digo estos hechos, pero tú no los aceptas. Piensas: “Dar sermones y compartir la verdad es Tu fuerte, pero no entiendes estos asuntos de la vida cotidiana. No tengo que escucharte, porque esto no atañe a la verdad”. Yo digo que puedes elegir no aceptarlo y puedes vivir de acuerdo con tus propias preferencias, pero debes saber que, si no puedes aceptar Mis palabras, tarde o temprano desarrollarás problemas de salud. Pagarás el precio de tu elección. Estoy expresando meramente Mis puntos de vista; no usaré Mi estatus para reprimirte. Por otra parte, si no aceptas Mis puntos de vista, no voy a forzarte ni voy a decirte que eres demasiado necio y obstinado por no aceptar cosas positivas. De hecho, en realidad eres así, pero Yo nunca lo digo. No montaré un gran alboroto respecto a algo menor en la vida diaria ni te sermonearé ni te daré lecciones después. Yo no haría eso, porque esa no es Mi responsabilidad. Tampoco quiero hacer eso. Ya he cumplido con Mi responsabilidad al compartir y dar sermones; esto entra en el ámbito de Mi ministerio. En cuanto a lo que comes a diario, ocúpate tú de eso. En lo que respecta a lo que creó Dios para la especie humana y en qué cantidades y qué comidas y especialidades se producen en cada estación, es asunto tuyo cómo uses todas estas cosas; puedes distribuírtelas por tu cuenta. Si la conciencia y razón de tu humanidad son normales y sanas, las usarás y te las distribuirás con moderación. Si tu razón no es sana, las usarás o las distribuirás de una manera que sea excesiva y solo tú cargarás con las consecuencias que esto acabe por traer a tu cuerpo físico, sean cuales sean. Por tanto, soy muy racional en lo que respecta a esta cuestión; solo te digo Mis puntos de vista y no voy a forzarte a aceptarlos. A veces, cuando veo que tenéis algunos hábitos de vida malos, tampoco os haré cambiarlos; solo os haré un sencillo recordatorio. Si no lo aceptáis ni cambiáis, no diré más. Los hábitos de vida son en realidad muy fáciles de corregir. Los hábitos de vida que son equivocados o indeseables deberían corregirse; esta es una actitud de aceptar las cosas positivas. Tener la actitud y la voluntad de aceptar las cosas positivas es parte de la racionalidad básica que debería estar presente dentro de la humanidad normal. Algunas personas dejan que las cosas positivas les entren por un oído y les salgan por el otro. No se las toman en serio e incluso insisten en sus maneras incorrectas de practicar y en sus formas incorrectas de hacer las cosas. Hay quienes incluso dicen: “He vivido así durante muchos años y no ha habido ninguna consecuencia”. Este es un problema de carácter. ¿Qué clase de carácter es? Es tozudez e intransigencia y no aceptar los puntos de vista correctos o las cosas positivas. Te lo estoy diciendo, esto es indicativo de un carácter corrupto y debes cambiarlo y desecharlo. Tus maneras incorrectas de practicar y esa actitud intransigente tuya deben dar un giro; solo entonces puedes experimentar un verdadero cambio.

Hay algunas personas a las que les gusta atacar a los demás; esto no es bueno. Si os veo hacer algo mal, expresaré con racionalidad Mis puntos de vista y os lo recordaré por buena voluntad. Esta es Mi manera de hacer las cosas. Además, si ciertos problemas requieren que se dejen en evidencia vuestras actitudes corruptas, entonces lo haré sin ninguna ceremonia; esto es ser responsable ante las personas. Cuando dejo en evidencia los problemas de las personas, pongo al descubierto la esencia y la verdadera naturaleza de los problemas; no aplico preceptos ni magnifico las cosas. Lo hago porque entra en el ámbito de Mi obra, dejo en evidencia lo que corresponde y no digo una palabra menos de la que corresponde. Por tanto, tengo principios al hacer las cosas. Por un lado, en la vida cotidiana, trato estos asuntos según el principio de racionalidad, con lo cual te hago saber cuáles son Mis puntos de vista. Si prestas atención, te lo tomas a pecho y tienes la racionalidad de la humanidad normal, aceptarás o abordarás correctamente estos pensamientos y puntos de vista, sin que haga falta que Yo predique un sermón al respecto. Por otro lado, en la obra, no evitaré vuestros problemas ni voy a contenerme de hablar por miedo a avergonzaros. Dejaré vuestros problemas y vuestras actitudes corruptas en evidencia, de modo que podáis llegar a conocer los problemas a este respecto y desechar vuestras actitudes corruptas. Mi objetivo es permitir que os embarquéis en una senda que sea correcta. Ya sea que tengáis un problema en la vida o en el trabajo, si atañe a las actitudes corruptas o a la verdad, no voy a evitar el problema; hablaré con vosotros sobre él claramente. Al margen de cómo comparta o trate un problema, tengo Mis métodos y principios. Cuando es el momento de cumplir con Mi responsabilidad, me encargo personalmente de hacerlo. No me da miedo avergonzaros; dejaré en evidencia vuestros problemas y actitudes corruptas, de modo que podáis llegar a conocerlos. Esta es Mi responsabilidad. Si vuestros problemas no guardan relación con las actitudes corruptas ni con los principios-verdad, tenéis la libertad y el derecho de hacer elecciones y practicar como deseéis; Yo no voy a interferir. Por consiguiente, tanto si dejo en evidencia vuestros problemas como si no, eso no implica atacaros, constreñiros ni oprimiros. En la vida diaria, en cuanto a las cuestiones que no implican principios, como las necesidades básicas, os doy amplia libertad para elegir por vosotros mismos. Sin embargo, si atañe a un asunto de principios, es decir, si implica actitudes corruptas o vuestra actitud hacia hacer el trabajo, realizar vuestro deber, Dios o la verdad, entonces debería compartir sobre ello. Fíjate, al margen de cómo haga algo, lo pienso bien, ¿no es cierto? Tengo principios. En cuanto a algo que no implique la verdad, vuestra actitud hacia Dios o la verdad o vuestra actitud hacia el trabajo de la iglesia y hacer vuestro deber, Yo no interfiero; me ocupo de Mis propios asuntos. En especial, en lo que respecta a los asuntos de elección y preferencia personales, nunca interfiero. Por ejemplo, a algunas hermanas les gusta llevar el pelo largo, hacerse trenzas o llevar moños, mientras que a algunos hermanos les gusta llevar el pelo corto o afeitarse la cabeza; tenéis libertad para hacerlo y Yo nunca interfiero. Algunos hermanos y hermanas son quisquillosos para comer y les gusta particularmente cierta clase de comida o tienen cierto hábito en su estilo de vida que no es bueno; Yo nunca interfiero con esas cosas. Si este mal hábito en su estilo de vida afecta a su salud, a su desempeño del deber o al trabajo de la iglesia, debo recordárselo y ayudarlos o hacer que los hermanos y hermanas los ayuden. Sin embargo, algunas personas no aceptan que los hermanos y hermanas las ayuden, incluso dicen que se sienten constreñidas y presionadas; al final, dejan la iglesia en silencio sin decírselo a nadie y todos los hermanos y hermanas se sienten desanimados. Yo digo: “Está mal que te sientas desanimado. No interferimos en la libertad de las personas. Si quieren marcharse, que así sea; es elección suya. Yo no me siento desanimado en absoluto”. ¿Por qué no me siento desanimado? Porque siento que ayudarlas es Mi obligación, algo que debería hacer en Mi humanidad. La ayuda que les proveo no es ningún tipo de favor ni caridad; es solo que, al enterarme de su situación, estoy obligado a encomendaros que las ayudéis. Están haciendo su deber a tiempo completo en la iglesia. Si el mal hábito en su estilo de vida afecta a su salud y desarrolla problemas médicos, ¿no deberían los hermanos y hermanas ayudarlas por amor? Esto es la moral social básica para los seres humanos. Pero, si no aceptan esta clase de ayuda y sienten rechazo o presión en su corazón, no vamos a forzarlas y no vamos a interferir en su libertad. Entonces, ¿por qué hay quienes se sienten desanimados cuando estas personas dejan la iglesia? Te sientes desanimado porque te parece que cumplir con tu responsabilidad y obligación con ellas es una especie de favor que les haces. Ellas no lo apreciaron, no aceptaron este favor y no hicieron lo que tú deseabas, con lo cual hirieron tus sentimientos y tu orgullo. Como suele decirse, menospreciaron tu buena voluntad, así que te sientes desanimado. Yo no me siento desanimado en absoluto. La manera en la que Yo entiendo esto es diferente a la vuestra. Yo digo que debo extraer una lección de este asunto y no volver a hacer una necedad semejante en el futuro. Todo el mundo tiene sus propias aspiraciones. No puedes someter a las personas a tu control y seguir esperando que estén contentas y te alaben, ¿no crees? Eso sería absolutamente ridículo. Debes darles libertad y dejarlas elegir libremente. Si sienten que lo que dices es correcto, pueden elegir aceptarlo y practicar de acuerdo con estas palabras; si sienten que lo que dices es incorrecto, también pueden elegir no aceptarlo. Tienen derecho a elegir. No deberías forzarlas a aceptar tu buena voluntad. Que la acepten o no es una cuestión de actitud; tienen libertad para hacerlo. Como mucho, puedes compartir los problemas que tienen las personas como ellas y puedes compartir las lecciones que has extraído de esta clase de personas y la esencia de los problemas que has visto en ellas, lo cual te ayuda a aprender a discernir a las personas, a contemplarlas y a cómo tratar a las que son así conforme a los principios de las palabras de Dios y a dejar de hacer cosas necias. ¿Dónde os equivocáis entonces? Ayudéis a quien ayudéis, actuáis llevados por los sentimientos e incluso pensáis: “Mira cuánto amor tengo y qué amoroso soy”. Esto no es actuar de acuerdo con los principios, sino tratar a la gente según vuestra propia voluntad y preferencias; esto es hacer las cosas llevados por los sentimientos. Sin importar a quién le hable o con quién lidie Yo, hablo y actúo según los principios; los sentimientos no entran en esto. Al hablar y actuar, actúo totalmente por conciencia y buena voluntad y este es el enfoque que debería adoptar con todo el mundo. En particular, con los hermanos y hermanas que están haciendo su deber con normalidad, así es precisamente como debería actuar. Es Mi obligación y responsabilidad. Mientras cumpla con esta responsabilidad, con eso es suficiente. Pueden elegir aceptarlo o pueden elegir rehusarlo; Yo no fuerzo a nadie. Si lo aceptan, estoy feliz; si no, no me pongo triste. Lo único que estaba haciendo eran algunas cosas que debería hacer de acuerdo con los principios; estaba meramente cumpliendo con Mi responsabilidad. ¿Lo entendéis? (Sí).

Sea cual sea el entorno, puedo tratar a toda clase de personas y toda clase de cosas de acuerdo con los principios cuando interactúo con la gente. Aunque aporto algo de ayuda en la vida a las personas o digo algunas cosas que las edifican, esto también es parte de hacer cosas de acuerdo con los principios; no es actuar por sentimientos. En cuanto a compartir la verdad, por ejemplo al dejar en evidencia la esencia-naturaleza de las personas, sus actitudes corruptas, sus diversas revelaciones de corrupción y sus estados corruptos en los asuntos específicos, además de la esencia de diversos problemas, Yo también actúo de acuerdo con los principios; no actúo movido por los sentimientos ni con voluntad humana. Cuando las personas hacen cosas, siempre actúan según con quién estén lidiando y según su propio estado de ánimo y preferencias. Muestran algo de favor a aquellos que les agradan y con los que se llevan bien y les dan algunos beneficios a esas personas, al tiempo que atacan y excluyen a aquellos que no les gustan y con los que no se llevan bien; no pueden tratar a las personas con ecuanimidad. O bien actúan en función de los sentimientos o bien cometen acciones malvadas; en resumen, no hacen las cosas conforme a los principios. Cuando me relaciono con los hermanos y hermanas de la iglesia, sean quienes sean, puedo tratarlos conforme a los principios. Del mismo modo, al interactuar y relacionarme con no creyentes, también tengo principios y límites. Aunque digan algunas palabras provocadoras o descorteses, ordinarias o irrespetuosas, Yo no les voy a responder con la misma moneda. Si debo relacionarme con ellos para hacer cosas, me relacionaré con ellos; si no necesito hacer cosas, optaré por evitarlos y rechazarlos. Si una persona tiene una calidad humana deficiente y siempre quiere aprovecharse de los demás y exigir beneficios y, aunque la ayude, sigue sin poder tratar este tema correctamente y sin cambiar —lo que quiere decir que su humanidad es mala—, me limito a mantenerme alejado de ella. En resumen, tanto si me relaciono con los hermanos y hermanas como con no creyentes, puedo actuar conforme a los principios; como mínimo, me relaciono con las personas según los límites de la conciencia y la razón de la humanidad. ¿Podéis lograr esto vosotros? (No). Sin importar con quién se relacionen los seres humanos corruptos, siempre salvaguardan sus propios intereses o tratan a la gente según los sentimientos y las preferencias, sin principios. Si es un hermano o una hermana con quien sienten que se llevan bien y tienen una buena relación, entonces pueden ayudarlo, mostrarle amor, darle cosas y mantener un contacto cercano. Sin embargo, si esta persona hace algo que hiere sus sentimientos, dicen: “No volveré a verla jamás y no volveré a relacionarme con ella nunca más. ¡De verdad me arrepiento! Antes fui muy bueno con ella y la ayudé mucho, pero aun así me trata de este modo. ¡Es una desagradecida, una miserable ingrata!”. No pueden actuar conforme a los principios para tratar a las personas con imparcialidad. Cuando son buenos con alguien, lo hacen por sentimientos y, si son malos con alguien, se debe a su preferencia personal; todo lo que hacen es simplemente para satisfacer sus sentimientos. Por tanto, si ayudan a alguien y lo benefician, pero esa persona no solo es una desagradecida, sino que además hiere sus sentimientos, se sentirán muy tristes y dolidos; se quejarán, pues sienten que sus esfuerzos han sido en balde. No estarán dispuestos a aceptarlo y nunca más volverán a hacer esto. Decidme, si Yo me encontrara con este tipo de situación, ¿cómo la abordaría? En primer lugar, no puedes valorar este asunto desde la perspectiva de que las personas se hagan favores mutuamente; no puedes juzgar este tipo de situación basándote en los sentimientos. Debes discernir a las personas que son así basándote en las palabras de Dios y en los principios-verdad; debes discernir su humanidad y la senda que recorren, así como su actitud hacia Dios, hacia la verdad y hacia su deber, en lugar de discernirlas y considerarlas basándote en los sentimientos. Considerar de esta manera a alguien es mucho más acertado. No se trata de evaluar a una persona o un asunto en función de los sentimientos o de tus ganancias y pérdidas personales, sino de evaluarlos basándote en las palabras de Dios y los principios-verdad. Contemplar a una persona o un asunto de este modo es acertado y concuerda con los principios. Cuando contemples a las personas y las cosas de esta manera, no te sentirás triste ni dolido porque alguien a quien ayudaste en su momento sea un desagradecido, ni sentirás una profunda gratitud hacia alguien porque en su día te hizo un favor; en cambio, serás capaz de tratarlo correctamente conforme a los principios. Hay un dicho común: “La amabilidad de una gota de agua debe ser recompensada con un manantial”. La gente corriente sigue viviendo dentro de la lógica de tales pensamientos y puntos de vista de la cultura tradicional. No contemplan las cosas ni a las personas según las palabras de Dios o la verdad, ni tratan a las personas conforme a los principios. Creen que, en lo que respecta a cómo tratas a las personas, además de no engañarlas, hacerles daño, golpearlas, insultarlas o hacerles cosas malas, también debes ser bueno con ellas. En particular, si alguien te ha hecho un favor, debes devolverle el doble; de lo contrario, eres un desagradecido. ¿Acaso tratar a las personas de esta manera se considera ser bueno con ellas? (No). Entonces, ¿qué es en realidad ser bueno con la gente? No es amar a alguien, preocuparse por él y cuidarlo por sentimientos humanos, sino hacer las cosas basándose en los principios conforme a las palabras de Dios. La mayoría de las personas no es capaz de lograr hacer las cosas según los principios; la gente solo hace las cosas basándose en los sentimientos, no en los principios. Hacer las cosas según los sentimientos y hacer las cosas según los principios son cosas sumamente diferentes; son dos sendas distintas. Hacer las cosas basándose en los sentimientos está adulterado por la voluntad humana: cuando ayudas a alguien, es para satisfacer las necesidades de tus sentimientos personales; eso no es gestionar los asuntos con imparcialidad. Si esta persona siente una profunda gratitud hacia ti, seguirás siendo bueno con ella; si no te lo agradece y lastima tu corazón y tus sentimientos, ya no la ayudarás más. ¿Acaso no estás actuando entonces sin principios? (Sí). Esto es actuar sin principios. Así pues, ¿qué es hacer las cosas de acuerdo con los principios? Es cumplir con tu responsabilidad como persona, ayudar a los demás según sea necesario y dejar que lo entiendan como ellos quieran. Si están dispuestos a aceptar tu ayuda, magnífico; si no están dispuestos a aceptarla, no debes decir que no están bendecidos ni debes sentirte molesto, triste o decepcionado, sino que debes seguir tratándolos correctamente. Esto es hacer las cosas conforme a los principios. Tras la enseñanza sobre este contenido, ¿entendéis este principio de “no atacar a los demás”? (Sí).