Cómo perseguir la verdad (27) Parte 4
Uno de los principios de la encarnación de Dios, mientras vive entre las personas e interactúa y se comunica con ellas, es el de no atacarlas. No atacar a los demás implica principios para tratar a las personas y compartir la verdad. Aparte de no atacar a los demás, Dios encarnado tiene otro principio para tratar a las personas, que es el de no vengarse. ¿Cómo contempla la gente el asunto de vengarse? Si a alguien lo acosan o le hacen daño y luego, de manera justificada, contraataca o se defiende, ¿le parece esto aceptable a la gente? (Sí). Sin embargo, en el caso de Dios, ¿es este un principio con el que tratar a las personas? (No). Entre la especie humana, cualquiera puede vengarse y todo el mundo es capaz de hacerlo; todo el mundo tiene el instinto de vengarse, así como la intención y el deseo de vengarse. Si alguien te ha insultado verbalmente o te ha hecho daño, aunque no puedas vengarte ahora mismo, seguirás buscando la oportunidad de hacerlo, para hacerle saber que tienes dignidad, que no eres alguien al que se maneja o con el que se puede jugar, que no eres un necio y que posees la razón de la humanidad normal y puedes percibir cosas y hacer juicios. Entonces, ¿cómo surgen estos pensamientos de vengarte de las personas? ¿Provienen de la conciencia y la razón de la humanidad normal o de la impetuosidad de las actitudes corruptas satánicas? (De la impetuosidad de las actitudes corruptas satánicas). Esto es obvio. Si acosan a alguien, se aprovechan de él o lo engañan, cuando no tenga ningún estatus, no tendrá la oportunidad de vengarse y sus condiciones no lo permitirán, así que enterrará todas estas cosas en su corazón, donde se convierten en una especie de odio. Debido a este odio y dado que ha recibido este tratamiento injusto, puede volverse hostil hacia la sociedad, hacia la especie humana y hacia todo el mundo que contemple como un enemigo. Cuando cualquier persona tiene estatus, cuando las condiciones lo permiten y tiene la oportunidad de hacerlo, es capaz de cometer actos de venganza, con lo que hará que aquellos que una vez le hicieron daño o lo menospreciaron sufran sus represalias y reciban su merecido. Siente que vivir de esta manera es tener agallas y que al fin se ha librado de este rencor. Entre la especie humana, nadie que haga esto recibirá la condena de la sociedad ni de su conciencia. Por tanto, la gente cree que vengarse no es algo inadecuado ni vergonzoso y no lo consideran una cosa positiva ni una cosa negativa. Sin embargo, desde la Era de la Gracia hasta esta etapa de obra, no puedes encontrar ni una sola frase entre todas las palabras que ha dicho Dios que les diga a las personas que se venguen de los demás. Dios nunca le ha dicho a la gente: “Si alguien te hace daño o te ha engañado, debes vengarte, debes devolvérselo, ojo por ojo, diente por diente”. ¿Es vengarse uno de los principios que te ha dicho Dios para tratar a las personas? (No). En la Era de la Gracia, ¿qué dijo Dios respecto a cómo tratar a los demás? Con paciencia, tolerancia y amor. ¿Qué más? (Ama a tus enemigos y si alguien te golpea en la mejilla izquierda, pon la mejilla derecha). ¿Qué más? Perdona a los demás setenta veces siete. El número “setenta veces siete” es solo representativo; en realidad no significa que sea tantas veces. Dios dice esto para que perdones a todos aquellos que te han hecho algo malo, para que los perdones una cantidad infinita de veces; este es un principio. Paciencia, tolerancia, deferencia, amar a tus enemigos, poner la mejilla derecha cuando te golpean la izquierda y perdonar a los demás setenta veces siete; esto es lo que se decía a menudo en la Era de la Gracia. Entonces, ¿pueden los principios para tratar a las personas derivarse de estas palabras? ¿Cuáles son los principios que Dios requiere que siga la gente al tratar a los demás? ¿Incluyen el ojo por ojo, diente por diente? (No). ¿Incluyen darles a los demás de su propia medicina? (No). ¿Incluyen vengarse? (No). No se incluye nada de esto. Aunque cada una de estas cosas que dijo Dios en la Era de la Gracia es un tipo específico de comportamiento y práctica, todas ellas son los principios para tratar a los demás que Dios le cuenta a la gente. Por tanto, en esta etapa de obra en los últimos días, ¿qué les dice Dios a las personas sobre cómo tratar a los demás? Tratar a los demás con ecuanimidad, mirar sus fortalezas y méritos, no sus defectos y debilidades. ¿Qué más hay específicamente? No engañar a los demás, no discutir con ellos ni atacarlos, así como cooperar armoniosamente con los demás. ¿Son todos estos principios específicos para tratar a las personas? (Sí). Sea cual sea la era, ni uno solo de los principios específicos que da Dios para tratar a los demás le dice a la gente que se vengue. Ni uno solo dice: “Si alguien te hace daño, hazle daño tú; si alguien te golpea, debes devolverle el golpe; si te da un puñetazo, devuélveselo; si te maldice, maldícelo tú”. Dios nunca ha dicho ni una sola palabra semejante. Dios te pide que cooperes en armonía con los demás y trates a la gente con ecuanimidad. La otra persona podría ser alguien a quien menosprecias, alguien que una vez te hizo daño o te engañó, o bien alguien que te atacó o te juzgó. Pero mientras sea alguien que de veras cree en Dios, deberías tratarlo con ecuanimidad y cooperar armoniosamente con él. Este es el principio y este es el principio que una persona con humanidad normal debería poseer y al que debería atenerse en cómo trata a los demás. Las personas con la conciencia y racionalidad de la humanidad normal aceptarán estos principios-verdad y practicarán el tratar a los demás con ecuanimidad. Aquellos que no poseen la conciencia y racionalidad de la humanidad normal tratarán estas palabras como una especie de doctrina o enseñanza religiosa cuando las oigan. Una vez que alguien vulnera los intereses, el orgullo, el estatus o la dignidad de las personas que no pueden aceptar la verdad, estas dejarán en evidencia su propia impetuosidad. No solo se vengarán y exigirán retribución a la otra parte, sino que incluso se lo devolverá multiplicado por dos, aumentando su represalia. Si cualquiera les ha hecho daño, las ha ofendido, les ha hecho una afrenta al faltarles el respeto o ha tenido algún altercado verbal o incluso físico con ellas, se vengarán y se lo devolverán multiplicado por dos. Son sencillamente incapaces de atenerse a los principios que Dios requiere para tratar a las personas.
Hay también muchos ejemplos reales relativos al tema de que Dios encarnado no se venga de la gente. El requerimiento de Dios a las personas respecto a cómo tratar a los demás es que deberían atenerse al principio de no vengarse, porque Dios encarnado posee esta clase de humanidad normal y de esencia-humanidad en Su vida real y en Su entorno de obra. ¿Qué significa que posea esta clase de esencia-humanidad? Significa que puede atenerse estrictamente a tal principio de conducta propia en cómo trata a la gente y atenerse estrictamente a este principio de conducta propia en cómo vive entre la especie humana y entre los grupos de personas. Esto se debe a que Él tiene tal esencia-vida y es también por tener semejante esencia-vida por lo que tiene tal realidad en Su vivir. Dios encarnado vive entre las personas con practicidad; vive realmente junto a las personas y lidia con ellas, Él lleva esta clase de vida real; no vive en un vacío. Al vivir en la carne, de manera inevitable, entrará en contacto, se comunicará y lidiará con las personas. Cuando interactúa y lidia con la especie humana corrupta, es inevitable que se le trate injustamente, se le falte al respeto, se le discrimine, se le engañe, se le acose y se le juzgue de maneras que no se ajustan a la realidad. ¿Cómo abordo Yo este tipo de trato injusto? Al vivir estos años entre las personas, por no mencionar las diversas clases de trato injusto a las que fui sometido entre los no creyentes, simplemente en cuanto al entorno familiar, la iglesia local y todos los líderes y obreros de nivel superior y los hermanos y hermanas corrientes con los que podía ponerme en contacto, decidme, ¿fue capaz todo el mundo de tratarme con ecuanimidad? (No). Desde luego que no. Soy igual que vosotros; he sido un creyente corriente y también he sido miembro de una familia. Cuando era miembro de una familia, se me sometía a toda clase de tratos injustos. En una familia, entre hermanos, quienquiera que sea el más enérgico tiene la última palabra y al que es ingenuo y sensato siempre se le acosa y se le trata injustamente. Dentro del entorno familiar, recuerdo unos pocos incidentes concretos. En estos incidentes, si eras dominante, irracional y armabas un escándalo, no te acosaban ni te trataban injustamente. Pero si eras sensato y tratabas estos incidentes con racionalidad, te acosaban. Si otros montaban alboroto y eran irracionales, se aprovechaban de ti por la fuerza y actuaban con desvergüenza. Yo no sé actuar con desvergüenza; Yo solo sé ser sensato y tratar tales cuestiones racionalmente, pero ser sensato significaba que me acosarían. Fíjate en este mundo: da igual de qué grupo de personas se trate, la ecuanimidad y la justicia no ostentan el poder. Quien pueda actuar con desvergüenza, montar alboroto e imponer argumentos irrazonables es quien se lleva la mejor parte. Mientras más sensato seas y más valores la ecuanimidad, la conciencia y la racionalidad, más difícil será que te afiances y más se te acosará. Para Mí también fue así en la familia; me acosaron otros miembros de ella. En la iglesia local, había además algunas personas que siempre me discriminaban. No las había ofendido ni les había hecho daño. Solo debido a que en ese momento era joven, actuaba de una manera un poco proactiva y entusiasta, así como estaba dispuesto a asistir a las reuniones y participar en diversas actividades, algunas personas siempre me menospreciaban y me lanzaban miradas malintencionadas. Asimismo me juzgaban y me denigraban a Mis espaldas, decían toda clase de cosas desagradables. Más tarde, cuando iba a las iglesias de otros lugares y vivía junto a los hermanos y hermanas locales, pasaba lo mismo. Hiciera lo que hiciera, algunas personas desarrollaban nociones y algunas incluso se burlaban de Mí, me ninguneaban y me juzgaban a Mis espaldas. Fuera cual fuera el trato injusto que recibiera, a lo largo de los años nunca me he vengado de nadie que una vez me hizo daño. Incluso cuando se trata de gente que me denigró y de gente que me juzgó o incluso dijo cosas muy desagradables de Mí, nunca me he vengado. ¿Qué significa no vengarse? ¿Qué formas de comportamiento constituyen vengarse? Hay muchas formas de comportamiento relacionadas con vengarse. Un tipo de venganza sería lanzarle a la gente a la cara sus fechorías pasadas, hacerle saber que ahora tengo estatus, cómo me sentía cuando me denigraban, me juzgaban y hacían comentarios sarcásticos sobre Mí en el pasado y que, ahora que tengo estatus, sería facilísimo ocuparme y vengarme de ellos si así lo quisiera. Pero nunca he hecho eso ni voy a hacerlo. ¿Por qué no lo voy a hacer? Cuento en Mi corazón con principios para tratar a toda clase de personas. Si la humanidad de alguien es mala y es una persona malvada, no pasa nada si me hace daño. Pero si perturba la iglesia, daña los intereses de la casa de Dios, vulnera los decretos administrativos de la iglesia, vulnera los principios de la iglesia o va en contra de los arreglos del trabajo, dado que la casa de Dios tiene decretos administrativos, se ocupará con naturalidad de esa persona. Si los hermanos y hermanas están ciegos, no tienen discernimiento y quieren elegirla líder, compartiré con ellos los principios de la casa de Dios para elegir a los líderes. Si los hermanos y hermanas tienen discernimiento respecto a esta persona, pueden pedirle que se retire de la elección; si no tienen discernimiento y la eligen, entonces que intente ser líder. Una vez que los hermanos y hermanas hayan sufrido bastante, serán capaces de manera natural de discernirla y la destituirán. Por un lado, esto permite a los hermanos y hermanas aprender una lección; pueden aprender a discernir y conocer a las personas. Por otro lado, esto es atenerse estrictamente a los decretos administrativos y a los principios de la casa de Dios para lidiar con toda clase de personas. Y aquí hay otro aspecto que es incluso más importante: la casa de Dios, la iglesia, es un lugar donde opera el Espíritu Santo, donde Dios tiene poder; es la casa de Dios. ¿Qué significa que es la casa de Dios? Significa que la verdad tiene poder, lo que a su vez significa que la verdad tiene aquí la última palabra. Todo el mundo que viene a la iglesia tiene un desenlace y un destino apropiados. Tanto si alguien permanece, se marcha o se queda, sea cual sea el entorno en el que se encuentre y la forma en que la casa de Dios lo trate, Dios tiene Su momento en todo esto. El hecho de que alguien me haya hecho daño, me haya ofendido, denigrado o incriminado y juzgado a Mis espaldas, a Mis ojos no cuenta como vulnerar principios. Entonces, ¿qué es vulnerar los principios? Es perjudicar los intereses de la casa de Dios y vulnerar los decretos administrativos. La verdad tiene poder en la casa de Dios. Tarde o temprano, las personas malvadas recibirán retribución; todo el mundo recibirá el castigo que merece de acuerdo con sus acciones. Lidiar con toda clase de personas es asunto de la iglesia y es el trabajo que deberían hacer los líderes y obreros; Yo no tengo necesidad de hacerlo directamente. Este es Mi principio para tratar este tipo de cosas. Da igual lo que alguien me haya hecho o lo que haya dicho en el pasado, ya sea algo respetuoso o una afrenta, ya sea apropiado o inapropiado, puedo tratarlo con ecuanimidad. Mientras vivas la vida de iglesia en la casa de Dios o si solo has creído en Dios durante poco tiempo y no entiendes la verdad y la obra del Espíritu Santo no ha progresado hasta esa fase, entonces puedes permanecer en la casa de Dios. Antes de que llegue el momento de anunciar por fin los desenlaces de las personas, puedo esperar. No usaré solo tu actitud hacia Mí como prueba suficiente para determinar tu desenlace. Por tanto, no me vengaré de nadie que alguna vez me haya hecho daño, sino que lo trataré de acuerdo con los principios.
Me he puesto en contacto con algunas personas en la iglesia; algunas de ellas me hablan con bastante poca educación y sin respeto. Al ver que tenían este tipo de actitud hacia Mí, las ignoré. Decidme, ¿significa esto que tenía una mala actitud hacia ellas? (No). Entonces, ¿las debería haber podado y disciplinado debido a su actitud? En realidad, nunca he hecho una cosa así. Lo que acabó por suceder fue que algunos hermanos y hermanas no pudieron soportarlo más. Dieron la cara por Mí y dijeron: “¿Cómo puede esta persona tener esta actitud cuando le habla a Dios? ¡Depúrala de la iglesia!”. Los hermanos y hermanas estaban muy indignados. A tenor del comportamiento habitual de esta persona, la depuraron de acuerdo con los principios. Al ver que los hermanos y hermanas la habían depurado, supe en Mi corazón: “Parece que las manifestaciones de humanidad habituales de esta persona no son tan buenas. Los hermanos y hermanas no se ocupaban de ella solo porque tuviera una mala actitud hacia Mí; presumiblemente, el comportamiento de esta persona es malo en lo que respecta a la mayoría de las cosas”. La iglesia estaba actuando conforme a los principios al lidiar con ella; Yo no tenía nada que decir sobre eso. Respeto cómo decidieron lidiar con ella los hermanos y hermanas y respeto su decisión. Pero este respeto no es porque os ocuparais de alguien que fue maleducado conmigo; lo que respeto son los principios de la iglesia para lidiar con las personas. Decidme, ¿es correcto este principio sobre cómo trato a las personas? (Sí). En lo que respecta a cómo tratar a las personas, nunca les he dicho a los líderes de las iglesias locales que se encargaran de aquellos que me juzgaron, me denigraron o me insultaron verbalmente en el pasado. Al contrario, si una iglesia local asciende y elige a ciertos individuos entre sus miembros para que sean directores evangélicos o líderes y obreros, Yo no me interpongo; les doy una oportunidad. Esto es especialmente cierto para las personas en la iglesia de Mi ciudad natal; simplemente hacen los deberes que les corresponden, sean cuales sean. No le he dado a nadie Mi autorización para vengarse de aquellos que una vez me hicieron daño o me ofendieron; nunca he hecho ni una sola cosa semejante. ¿Cómo contemplo esto en Mi corazón? Si tales personas persiguen la verdad realmente y sus actitudes cambian, hay esperanzas de que logren la salvación. Todas las cosas desagradables que me dijeron en el pasado eran problemas en su humanidad causados por sus actitudes corruptas. En ese momento no entendían la verdad y todas tenían actitudes crueles. Era inevitable que dijeran algunas cosas desagradables y les hicieran algunas cosas inapropiadas a aquellos a los que menospreciaban. En particular, cuando se ascendía a aquellos de los que tenían celos o a los que menospreciaban, en su corazón surgían la envidia, los celos y el odio. Entonces sus actitudes corruptas las dominaban y las impulsaban a actuar y decían palabras endiabladas. Esto lo causaban sus actitudes corruptas y sus ambiciones y deseos. Además del hecho de que no tenían en lo más mínimo un corazón temeroso de Dios, podían decir cualquier cosa desagradable; dirían cualquier cosa que les ayudara a desahogar su cólera, lo que fuera que les permitiera aliviar su odio y lo que fuera que les permitiera lograr sus objetivos. Sean cuales sean las cosas desagradables que hayan dicho las personas o las cosas malas que hayan hecho a Mis espaldas, si recaen en el ámbito de la revelación normal de las actitudes corruptas y es algo que Dios puede perdonar, entonces, dado que Dios tiene soberanía sobre todas las cosas, les dará oportunidades, así que permitirá que asciendan, que se las cultive y se las use; e incluso algunas personas pueden ser hechas perfectas. Sin embargo, si estas revelaciones exceden al ámbito de las actitudes corruptas de la humanidad normal y Dios las condena, entonces, dado que Él escruta todo esto, lo que Dios les hará a estas personas o lo que arreglará para ellas y cómo lidiará con ellas es cosa de Dios. Yo no necesito preocuparme por esto ni intervenir. Por tanto, cuando se me somete a algún trato injusto u oigo palabras que me atacan y me condenan, siento un poco de aflicción o tristeza en Mi corazón, pero no voy a hacer nada que vulnere los principios. No solo recuerdo estas cosas, sino que también examino más a fondo la esencia-humanidad de las personas que queda al descubierto por medio de su comportamiento. Sin embargo, en cuanto a qué veredicto se emite al final sobre todos estos comportamientos y revelaciones suyos, su humanidad y su esencia-carácter, así como a cuál será su desenlace definitivo, solo tengo una manera de lidiar con ello: se lo dejo todo a Dios. Esto es porque Dios tiene soberanía sobre todas las cosas, el sino de todo el mundo está en manos de Dios y Dios tiene soberanía sobre el sino de todas las personas. Yo no determino ninguno de vuestros desenlaces. Aunque puedo desentrañar todo esto, definir y emitir veredictos sobre ello en Mi corazón y tener opiniones sobre ti en Mi corazón, Yo nunca te califico públicamente; es algo que Yo no hago. Si la iglesia quiere encargarse de ti, puedo ofrecer Mi opinión, pero no intervengo ni me interpongo en cómo se encarga la iglesia de ti. Al mismo tiempo, no interfiero en que el Espíritu de Dios ejerza Su soberanía sobre ti. Trato a la gente según estos principios, de modo que las cosas injustas que se me han hecho y las cosas desagradables que me han dicho aquellos que han interactuado conmigo se detienen conmigo; no van ni un centímetro más allá. ¿Qué significa que no van ni un centímetro más allá? Significa que sea quien sea el que me haya dicho cosas desagradables, me haya acosado, insultado o hecho daño, Yo nunca le he sacado el tema a nadie, menos aún me he vengado de él. Hay quien dice: “Han pasado muchos años desde entonces, ¿es que has olvidado a estas personas?”. En tu vida siempre habrá algunas cosas que dejen una honda impresión y nunca se puedan olvidar. No es que haya olvidado estas cosas ni que no pueda sentirlas, menos aún que no las entienda. Soy capaz de no albergar resentimiento y de no vengarme porque Mi corazón carece de cosas tales como el resentimiento y la venganza; esto se ha convertido en Mi principio para Mi manera de tratar a las personas. Un aspecto de este principio es tratar a todo el mundo con ecuanimidad. El sino de todas las personas está en manos de Dios. El desenlace y el destino de todo el mundo están relacionados con lo que han hecho, con sus manifestaciones, su actitud hacia la verdad y hacia Dios, así como con la senda por la que caminan; estos factores lo determinan todo. Lo que cualquiera me haya hecho no es un estándar ni un factor para evaluar su desenlace y destino. Por tanto, en lo que respecta a no vengarse, el punto más importante es que dispongo de Mis principios para tratar a toda clase de personas. Si me has hecho daño, me has perjudicado, me has engañado o incluso me has insultado o maldecido, no voy a recurrir a vengarme de ti, porque vengarme no es Mi principio para tratar a las personas ni es el principio que Dios le enseña a la gente para tratar a los demás. Por tanto, antes de que Dios les diga a las personas los principios para tratar a los demás, Él también tiene Sus propios principios para tratar a las personas. En las palabras de Dios y en todos los principios que Él les enseña a las personas, no hay ningún principio que sea el de vengarse de otros. ¿Diríais que es así? (Sí). ¿Están los principios según los que Yo me encargo de todo tipo de asuntos y trato a toda clase de personas en conflicto con los principios-verdad que he compartido a lo largo de los años? (No).
Dios encarnado es capaz de no vengarse en Su humanidad normal; ¿a los humanos corruptos les resulta fácil hacer lo mismo? (No). ¿Por qué no les resulta fácil? (Al interactuar con otras personas, los humanos corruptos dependen en su mayoría de sus actitudes corruptas y de su impetuosidad, por lo que son muy propensos a vengarse de los demás). Los humanos corruptos tienen un carácter cruel, por lo que son incapaces de abstenerse de vengarse. Saben qué principios les dice Dios a las personas respecto a cómo tratar a los demás, pero no pueden atenerse a ellos porque tienen un carácter cruel. Incluso si no tienes intención de hacerles daño cuando hablas, si te descuidas y dices una sola cosa que les haga daño, montarán en cólera por la humillación y querrán vengarse de ti. También intentarán darle demasiada importancia para así atacarte; te difamarán y calumniarán a tus espaldas y hablarán mal de ti ante los demás, dirán que eres ambicioso y retorcido, cuando en realidad no es así en absoluto. Simplemente, sin tener esa intención, dijiste algo que les hizo daño; no tenías ninguna malicia, pero aun así pueden vengarse de ti. Fíjate, ¿no es aterrador el carácter cruel de las personas así? (Sí). Hay quienes, con tal de vengarse de los demás, pueden ser irracionales, actuar con desvergüenza e incluso tener berrinches y armar escándalos; esto no concuerda con los principios. Los humanos corruptos actúan a menudo de esta manera, ¿verdad? ¿Cómo actúo Yo ante la posibilidad de vengarme? Con independencia de cómo me traten los demás, no me vengo de ellos ni actúo desvergonzadamente. En todo momento, Mis principios de conducta propia no pueden cambiar. Debo ser razonable y comportarme y hacer las cosas dentro del ámbito de la racionalidad de la humanidad. No puedo recurrir a métodos desprovistos de humanidad para vengarme de ti solo porque seas irracional y no tengas humanidad; eso no sería lo adecuado. Debo aferrarme a Mi tarea y a Mis principios de conducta propia. No abandonaré Mis principios de conducta propia solo porque tú no tengas humanidad y no actúes como le corresponde a un ser humano. Yo seguiré comportándome como es debido; Mis principios de conducta propia siguen inalterados. En casa actuaba exactamente así. En temas como fregar los platos, ordenar la casa y limpiar, por mucho que los demás armaran escándalo o fueran irracionales, Yo seguía haciendo lo que me correspondía y nunca me vengué de nadie por haber recibido un trato injusto. Al final, ¿qué apelativo me dieron los padres? Dijeron que era noble. A día de hoy, recuerdo claramente estas palabras. Este es Mi principio para tratar a las personas y permanece inalterado hasta el día de hoy. No solo actué así en casa, sino que más tarde, cuando fui a varias iglesias y entré en contacto con los hermanos y hermanas, este principio tampoco cambió. Decidme, ¿viene esto determinado por la esencia-humanidad? (Sí). ¿Podéis lograr esto vosotros? (No). Es difícil, ¿verdad? No podrías lograrlo, aunque acabaras exhausto en el intento. La gente solo quiere luchar por su orgullo y defender su postura, pero olvidan los límites y los principios de conducta propia. Nadie se ha atenido jamás a los límites y los principios de conducta propia. ¿Por qué nadie se atiene a ellos? Porque la vida en el interior de las personas está desprovista de humanidad normal y de principios. La vida de las personas son sus actitudes corruptas, que provienen de Satanás. Hagas lo que hagas, el principio que te rige y guía tu comportamiento siempre proviene de actitudes corruptas. Sea cual sea el razonamiento que uses o sea cual sea el fundamento de tus acciones, todo proviene de las actitudes corruptas. Por tanto, relacionarse con las personas conforme a los principios es demasiado difícil para los humanos corruptos. Fíjate, ¿acaso no suenan muy cotidianas estas cosas de la vida de las que estoy hablando? Pero actuar de esta manera en medio de la especie humana corrupta se califica como ser noble. Este rasgo de ser noble es algo que la mayoría de las personas ni siquiera tiene ni puede alcanzar y mucho menos puede mostrar deferencia alguna. Se quedan muy lejos de poder relacionarse con los demás conforme a los principios, pues estas cosas sencillamente no están presentes en la humanidad corrupta. No es que las personas no puedan aferrarse a los principios, sino más bien que no tienen principios. Digas lo que digas o hagas lo que hagas, te encuentres lo que te encuentres, se revelan tus actitudes corruptas. Todo se manifiesta: tus preferencias personales, tus sentimientos, intereses, vanidad y orgullo, tus ansias de fama, provecho y estatus, tus ambiciones y deseos e incluso tu deseo de vengarte y arremeter contra las personas. Estas cosas toman el control y gobiernan lo que dices y haces, lo cual demuestra que tu corazón está plenamente ocupado por estas actitudes corruptas. Por consiguiente, cuando sufres una pérdida, no puedes tragarte la cólera; insistes en luchar para ver quién queda por encima antes de darte por vencido. ¿Al final qué ocurre? Para recuperar tu orgullo, recuperar tu dignidad y salvaguardar tus propios intereses, traspasas los límites de la conciencia y compites y luchas frenéticamente con la otra parte; llegas incluso a vengarte sin escrúpulos, rebajándote sin ningún límite. Al vengarte, maldices a la otra persona hasta ponerte ciego de rabia. Cuanto más la maldices, menos sientes que eso alivie tu odio; cuanto más la maldices, mayor se vuelve tu cólera; cuanto más la maldices, más profundo se hace tu odio y entonces llega el momento de pasar a los golpes. Una vez que estalla una pelea física, nace la enemistad; la situación se vuelve insalvable, no hay manera de volver atrás. Por consiguiente, vengarse es básicamente del dominio exclusivo de la especie humana corrupta. El hecho de que puedas vengarte demuestra que tu conciencia y tu razón no tienen control sobre ti. Es más, algunos de vosotros sencillamente no poseéis conciencia ni razón. Por tanto, cuando te halles en alguna situación, mientras la otra parte perjudique tus intereses o hiera tu orgullo, no solo eres incapaz de tratarla conforme a los principios, sino que además te vengas sin escrúpulos, traspasando los límites de la conciencia y de la moralidad para hacerlo; incluso crees que tu venganza está especialmente justificada. Sustituyes continuamente los principios-verdad y los principios de conducta propia por acciones malvadas. Lo que vives es el rostro y la apariencia de un demonio y, aun así, sientes que has ganado y has obtenido una ventaja. ¿Cómo contempla esto Dios en realidad? ¿Qué tipo de comportamiento y qué manera de comportarse son cosas positivas a ojos de Dios y cuáles reconoce? Esto es lo más crucial e importante. En apariencia, como algunas personas son muy astutas, son elocuentes, saben salvaguardar su vanidad y orgullo, saben encontrar oportunidades para vengarse de la gente y saben montar escándalos y actuar desvergonzadamente, nunca sufren pérdidas sea lo que sea que afronten y pueden disfrutar de comodidad y desahogo sin tener que sufrir ningún dolor. Pueden contraatacar a quienquiera que las provoque o les haga daño, obteniendo tanto prestigio exterior como beneficios reales, sin permitir jamás que su orgullo sufra un golpe. Sin embargo, nunca aceptarán la verdad ni tratarán a las personas conforme a los principios e incluso pueden hacer cosas que traspasen los límites de la conciencia y de la moralidad. Vengarse y herir a las personas con el fin de salvaguardar el propio orgullo e intereses: a ojos de Dios, todas estas son acciones malvadas. Puede que hayas salvaguardado tu vanidad y orgullo y preservado tus intereses carnales, pero nunca te has comportado ni has tratado a las personas conforme a los principios que enseña Dios. Por tanto, ¿cómo contempla esto Dios? Nunca has obtenido la aprobación de Dios ante Él. Eres demasiado astuto y un gran intrigante. Compites por el prestigio exterior, los beneficios reales y los intereses personales y luchas por tu orgullo. Para salvaguardar tu vanidad y orgullo, nunca te tomas en serio los principios de conducta propia que Dios te enseña ni te atienes jamás a ellos. Por tanto, aunque los intereses carnales de algunas personas no parecen haber sufrido pérdida alguna y parece que llevan una vida especialmente exitosa, maravillosa y respetable, no tienen ni la más mínima parte de la verdad que concede vida de las palabras de Dios; no la han obtenido. Tampoco tienen capacidad para captar las cosas; no pueden captarlas ni las entienden. ¿No es esto sufrir una pérdida en lo que se refiere a tu vida? (Sí). No han obtenido la verdad, su vida ha sufrido una pérdida y Dios no las bendice; aun así, sienten que son muy inteligentes y que no han sufrido ninguna pérdida. ¡Tales personas son las más estúpidas!