Cómo perseguir la verdad (27) Parte 5
Mediante los principios según los que Dios encarnado trata a las personas, ¿entendéis un poco mejor la manera en la que me comporto en la vida diaria? (Sí). Entonces, ¿tenéis también un poco más claro a qué principios deberíais ateneros al tratar a las personas? (Sí). Aunque haya quienes piensen que eres débil, cobarde y fácil de manejar y puedas sentir que piensan de esa manera —y así es también como te tratan—, incluso así, deberías seguir ateniéndote al principio de tratar a las personas con ecuanimidad. Si puedes ayudarlas, deberías compartir la verdad para ayudarlas; si no se trata de gente que acepta la verdad o que ama las cosas positivas, de igual forma deberías tratarlas con corrección de acuerdo con los principios. En todo momento, hablando en un sentido más holístico, creo firmemente que Dios tiene soberanía sobre todo y sobre el sino de todas las personas. En Mi corazón tengo la certeza de que el sino de la especie humana —el sino de todas y cada una de las personas— está en manos de Dios, que nadie puede escapar de la soberanía y la orquestación de Dios ni del escrutinio de los ojos de Dios. Mirándolo desde una perspectiva más específica, la casa de Dios es un lugar donde las palabras de Dios tienen poder y donde la verdad tiene poder. Siendo más concretos, la casa de Dios tiene decretos administrativos, la iglesia tiene preceptos y hay arreglos del trabajo en cada periodo. En cuanto a cómo trata la casa de Dios a toda clase de personas, en la mayor medida posible, esta se ocupará de ellas de acuerdo con los principios-verdad, sin dejar que se le pase ni una sola persona a la que habría que echar o de la que habría que encargarse. Los anticristos, las personas malvadas y los incrédulos, así como aquellos que no aman la verdad, aquellos con escasa humanidad y los que no persiguen la verdad son todos objeto de descarte a ojos de Dios. Tarde o temprano, se descartará y echará a estas personas, mientras que aquellos que realmente persiguen la verdad o al menos están dispuestos a ser mano de obra para Dios y tienen una humanidad pasable continuarán haciendo el deber de los seres creados en la casa de Dios. En cuanto al mundo humano, está sujeto a la soberanía de Dios; en cuanto a la iglesia, la casa de Dios tiene preceptos administrativos y principios-verdad. Por tanto, respecto a cómo se debería tratar a otras personas, estos son dos principios a los que atenerse. ¿Tenéis claro este aspecto? (Sí). En cuanto a entrar en contacto e interactuar con ciertas personas en la vida, si me encuentro con algunas situaciones desagradables o si alguien dice cosas que no están en consonancia con Mis puntos de vista, también lidiaré con ello correctamente. Si después medito sobre ello, reflexiono sobre lo que has dicho y lo verifico y determino que es correcto, entonces lo aceptaré; si lo que dijiste es incorrecto, también te trataré de acuerdo con los principios. Si hay fricción, conflicto o situaciones desagradables en el proceso de interacción contigo y atañe a la verdad, al trabajo de iglesia o a tus actitudes corruptas, hablaré contigo si se presenta la oportunidad, de modo que puedas entender la verdad y ver claramente los problemas que existen en ti. Si esta oportunidad nunca surge o no hay necesidad de compartir esto contigo, si estás dispuesto a hacerlo, puedes buscar por tu cuenta. Si tu carácter es bastante arrogante o si me hablas a la cara con insolencia y me afrentas, estate tranquilo, te trataré de acuerdo con los principios. De ninguna manera te voy a podar solo porque me afrentes o me hayas afrentado en el pasado; no haría algo así. Si me has afrentado, debo ver si fue intencionado o no. Si no fue intencionado, entonces consideraré que nunca ha sucedido. Simplemente daré por sentado que estabas siendo un necio, que te faltó racionalidad y hablaste sin pensar; una vez que hablaste, no supiste cuál era la naturaleza de tus palabras ni lo que estabas diciendo; eran solo un montón de tonterías. Si fue intencionado, sin embargo, debo compartir y discutir este asunto con todos, para comprobar si solo piensas y actúas de esta manera conmigo o si eres hostil hacia muchas personas, hacia la iglesia y hacia la casa de Dios; debo entender cuál es la situación específica. Si solo eres hostil hacia Mí, entonces te observaré; primero te voy a dar la oportunidad de arrepentirte y además echaré un vistazo a qué clase de persona eres realmente. Si, además de ser hostil hacia Mí, también eres hostil hacia la casa de Dios, la iglesia y todos los hermanos y hermanas, siempre quieres ver que la casa de Dios se convierte en un hazmerreír y verme a Mí convertido en un hazmerreír; si aplaudes y vitoreas cuando el gran dragón rojo y el mundo religioso se inventan rumores infundados sobre Mí e incluso los difundes entre los hermanos y hermanas, con lo que me calumnias de manera deliberada y desorientas a los hermanos y hermanas, entonces actuaré también de acuerdo con los principios. No voy a vengarme de ti; me ocuparé de ti de acuerdo con los decretos administrativos de la casa de Dios, lo cual es justo y razonable. Haré que los líderes y obreros busquen los decretos administrativos, haré que el hombre usado por el Espíritu Santo discierna este asunto y se ocupe de ello, así como dejaré a la iglesia y a la casa de Dios la última palabra respecto a cómo lidiar con ello. Hago las cosas de acuerdo con los principios; quédate tranquilo, trato a la gente con absoluta ecuanimidad. Si alguien es una buena persona que de veras cree en Dios y persigue la verdad, sin duda permanecerá en la casa de Dios. Pero si alguien es una persona malvada que es hostil hacia la casa de Dios y hacia Dios, que es propio de Satanás y es un demonio malvado, la casa de Dios no perdonará a una persona así de ninguna manera. ¿Lo entiendes? (Sí). Si entras en la categoría de los anticristos, las personas malvadas, los demonios malvados o los sirvientes de Satanás, entonces Yo también actuaré conforme a los principios en Mi manera de tratarte; no te trataré injustamente. Debo entender si me afrentaste sin intención o si solo tienes opiniones y puntos de vista negativos sobre Mí en lo personal; si me menosprecias y me afrentas repetidamente diciendo cosas irrespetuosas debido a que tengo un aspecto corriente, poseo una apariencia ordinaria y normal, no soy imponente, no tengo una trayectoria de prestigio, Mi origen es humilde y soy una persona corriente, o si lo que sucede es que albergas malos pensamientos y hostilidad hacia toda la iglesia y la casa de Dios. Debo informarme sobre ti. Después de que me afrentes, debo ver cuál es tu actitud entre bambalinas hacia la iglesia, hacia los hermanos y hermanas, hacia tu deber y hacia los diversos aspectos del trabajo de la casa de Dios. Una vez que haya llegado a comprenderte con precisión, me encargaré de ti conforme a los principios. No te trataré para nada injustamente; aunque te echen, eso no sería tratarte de manera injusta. La casa de Dios se ocupará de ti de una manera del todo acertada. Sin embargo, antes de ocuparme de ti, de Mí jamás saldrá decir de manera subjetiva: “¡Depuradlo de la iglesia!”. No haré esto en ningún caso. Sigo los procedimientos de la casa de Dios para informarme, investigar, gestionar y resolver este asunto, con el fin de que al final todos reconozcan que se ha lidiado con él de acuerdo con los principios. Podéis fijaros en aquellos a quienes se ha destituido de su deber, con los que se ha lidiado y a los que se ha echado, para ver si el modo en que la casa de Dios los trató guarda alguna relación con su actitud hacia Mí. Además, hay quienes llevan creyendo en Dios varios años, pero aun así me hablan como no creyentes. Siento aversión en Mi corazón al oírlos, pero no los he podado cara a cara ni jamás los he vituperado. También hay algunas personas jóvenes e impetuosas que se dirigen a cualquiera con el que hablan diciendo: “Oye, tú”; carecen de sentido del decoro y dan la impresión de que nunca han aprendido modales. Tampoco he podado a personas así; nunca he hecho semejante cosa. En resumen, con independencia de cuánto tiempo llevéis creyendo en Dios, de si contáis con alguna base, de cómo sea vuestra humanidad, de qué deber hagáis o de si solo os he visto una vez o he interactuado con vosotros muchas veces, Yo capto más o menos vuestra esencia-naturaleza, tengo cierta opinión respecto a ella e incluso cuento con una calificación para determinados individuos. El hecho de que capte la esencia-naturaleza de alguien y tenga cierta opinión al respecto no guarda relación con el desenlace de esa persona, pero tener una calificación sobre ella sí guarda relación. Cuenta con esta clase de manifestaciones y revelaciones, por lo que dispongo de principios para tratarla y de una calificación sobre ella. Si bien tengo principios con respecto a las personas y las califico, ¿me has visto ocuparme de alguien? Nunca me he ocupado de nadie. Espero la soberanía de Dios y Sus disposiciones. Además, dejo estos asuntos en manos de la iglesia; la iglesia los gestionará de acuerdo con los principios. ¿Qué opináis de Mi principio respecto a cómo tratar a las personas? (Está en consonancia con los principios-verdad; es decir, Dios tiene soberanía sobre todo y lo dispone todo). Así es, Dios tiene soberanía sobre todo y lo dispone todo; todo debe dejarse en manos de la soberanía y las disposiciones de Dios. Estos principios implican también someterse a la verdad y someterse a la instrumentación y las disposiciones de Dios. No solo debéis tener esta conciencia y esta actitud, sino que también debéis actuar y practicar de esta manera.
Dios encarnado tiene la vida de Dios y la esencia divina como Su vida. Ante todo, los principios, puntos de vista y métodos que Él tiene en todo lo que hace por Sí mismo no pueden vulnerar los principios-verdad. Con independencia de la personalidad y el modo de expresión de Su humanidad normal o de entre qué clase de personas viva, para empezar, los principios que sigue no pueden vulnerar los principios-verdad; son compatibles con la vida de Dios y la esencia de Dios. Puesto que Dios encarnado os enseña a comportaros, para empezar Él mismo debe ser una persona semejante; dado que tiene semejante vivir y tal esencia, puede enseñaros a ser esa clase de persona. Solo en este punto, la encarnación de Dios cuenta con la capacidad y las condiciones suficientes para guiaros hacia la senda correcta de la vida humana, conduciros a la senda de salvación y llevaros ante Dios, con lo que os permite tener una actitud y un corazón sumisos a Dios. Si sois capaces de practicar y obtener estas palabras que he dicho y estos sermones que he dado, entonces estas palabras pueden capacitaros lo suficiente para despojaros de vuestras actitudes corruptas y convertiros en personas que temen a Dios y evitan el mal. La encarnación de Dios vive en la humanidad normal y en la vida real y, aunque esta manera de vivir y esta forma de existencia solo le permite un contacto limitado con la gente, los diversos principios que sigue respecto a cómo tratar a las personas al interactuar con un número limitado de ellas no contradicen los principios de conducta propia que Dios le enseña al hombre ni entran en conflicto, sino que son compatibles con ellos. Por tanto, en lo que se refiere a las revelaciones de la humanidad normal o a las revelaciones de las actitudes corruptas de toda clase de personas, ya sea que supongan una afrenta o una insolencia hacia Mí de manera personal o que se ajusten a Mi propia personalidad, preferencias o sentimientos en ese momento, puedo tratar a todos con corrección. Si siempre dudas de Mí, te proteges contra Mí y conspiras contra Mí, o bien piensas siempre que Yo conspiro contra ti, a pesar de ello puedo tratarte correctamente. Da igual qué clase de actitudes corruptas reveles, ya sea que mientas, dudes de Mí, especules sobre Mí, te protejas contra Mí y siempre quieras evitarme, o bien que intrigues contra Mí en tu corazón, Yo puedo tratarte correctamente. No recurriré de ningún modo a tus métodos para vengarme de ti; no aplicaré el ojo por ojo, diente por diente. Aunque sepa lo que estás pensando y sepa cómo quieres intrigar contra Mí y tratarme, incluso si veo que me lanzas miradas nada amistosas, pese a ello soy capaz de tratarte correctamente. Ten por seguro que jamás voy a vengarme de ti. Tal vez sientas que, como no me vengo de ti, lo que en realidad busco es una oportunidad de aprovecharme de ti y estoy intrigando contra ti. Si piensas así, te equivocas; estás especulando sobre Mí. Ya os he dicho Mis principios sobre cómo trato a las personas. ¿Me entendéis ahora? (Sí). Entonces, ¿llevarse bien conmigo es muy fácil? ¿A la gente le resulta fácil tratar conmigo? (Dios nos trata con sinceridad, así que debemos ser abiertos y honestos con Él). Este principio es correcto. Pero si no puedes ser abierto y honesto, dime, ¿acaso te podaré y dejaré en evidencia cualquier cosa desagradable que hicieras en el pasado? (No). Tendré una mala impresión de ti en Mi corazón, pensaré para Mis adentros que esta persona es muy calculadora, titubea al hablar como si hubiera que sacarle las palabras y no es directa con la gente. No obstante, aunque la impresión que tenga de ti en Mi corazón sea mala, no arremeteré contra ti. Si la mayoría de la gente informa de que haces tu deber de manera pasable en la casa de Dios, pero tu carácter es un poco falso, no eres directo conmigo y siempre presumes y te exhibes delante de Mí, pese a ello podré tratarte con corrección y te daré oportunidades de cambiar con el tiempo. Lo que jamás haré será observar qué actitudes corruptas reveláis y luego decir: “No puedo tolerar el menor fallo. Puedo desentrañar de un vistazo las actitudes corruptas que tienes, sean cuales sean. Si no me crees, dejaré en evidencia lo que piensas en tu corazón y verás que tengo razón”. Yo no hago estas cosas. Trato correctamente las diversas manifestaciones de las actitudes corruptas de las personas, entre las que se incluyen las que se revelan en su forma de hablar, en su comportamiento y en sus pensamientos y opiniones. Si eres alguien que persigue la verdad y ama las cosas positivas, transformarás poco a poco estas actitudes corruptas y estados tuyos conforme a los principios-verdad. Si no eres alguien que persigue la verdad, incluso regarte a la fuerza sería inútil; no vas a cambiar. Por muy educado y cortés que seas conmigo en Mi presencia, eso no sirve de nada; no sustituye que practiques la verdad o te sometas a ella. Ya seas educado o maleducado en Mi presencia, Yo te trataré con corrección. Hubo algunas personas en el pasado que, debido a su escasa estatura y falta de entendimiento de la verdad, revelaron muchas actitudes corruptas al interactuar y comunicarse conmigo y además mostraron mucha rebeldía y resistencia. Sin embargo, luego sintieron remordimiento y cambiaron de rumbo y, pasados unos años, comprendieron algunas verdades y cambiaron. Por casualidad, la casa de Dios volvió a ascenderlas. Cuando me enteré de que las habían ascendido, me alegré de todo corazón. Fíjate, no tengo rencor, ¿a que no? (No). Las puedo tratar con corrección igualmente. No digo: “En el pasado fuiste irrespetuoso conmigo, no escuchabas nada de lo que decía e hiciste muchísimas cosas que hirieron Mis sentimientos. Ahora te han vuelto a ascender. He de hacerte saber que soy consciente de todo lo que hiciste en el pasado; no creas que se me ha olvidado”. Yo no hago estas cosas. Al contrario, las consuelo diciendo: “Busca con sinceridad. No tengas ninguna carga mental”. Al tener escasa estatura y no entender la verdad, todas las personas revelan rebeldía, ya que viven controladas por las actitudes corruptas; aquellos en cuyo corazón la verdad no tiene el poder no pueden hacerse cargo de sí mismos, dicen y hacen cosas sin poder evitarlo. Así son aquellos que viven según las actitudes corruptas. Por tanto, no tengáis ninguna carga mental mientras perseguís la verdad. En ningún caso contemplaré a ninguna persona o raza desde una perspectiva sesgada. No me fijo en tu nivel educativo ni en tu pasado. Solo me fijo en tu esencia-humanidad y en tu búsqueda, así como en tu actitud hacia la verdad, tu actitud hacia Dios y tu actitud hacia tu deber. Si en el pasado fuiste negligente al hacer tu deber y causaste algunas pérdidas a la casa de Dios o incluso cometiste acciones malvadas que provocaron trastornos y perturbaciones mientras hacías tu deber, aunque tales cosas permanezcan vívidas en Mi mente y grabadas en Mi memoria, no dejaré que estas me influyan ni me desorienten en la manera en que te contemplo. Te contemplaré en tu totalidad; te evaluaré de acuerdo con los principios-verdad, me fijaré en cómo haces tu deber y cómo lo tratas actualmente, así como en si sigues siendo tan negligente como antes. Antes no podías salvaguardar los intereses de la casa de Dios, actuabas con excesiva cautela y tratabas de ser complaciente. ¿Ahora has cambiado de rumbo y te has transformado? ¿Puedes poner en práctica algunas verdades conforme a los principios-verdad? Antes siempre codiciabas la comodidad carnal, ¿ahora puedes soportar dificultades? ¿Te has estado entregando con sinceridad? ¿Puedes buscar la verdad mientras haces tu deber? ¿Tienes algo de lealtad y sinceridad? ¿Has progresado y cambiado respecto a antes? Estas son las cosas en las que me fijo. Si antes eras siempre negligente, disfrutabas de la comodidad y no salvaguardabas los intereses de la casa de Dios y ahora sigues siendo igual, entonces no albergaré hacia ti sentimientos favorables de ningún tipo en Mi corazón. Si antes eras así, aunque me llevara una mala impresión de ti, estoy muy contento de que ahora hayas cambiado. Incluso te consolaré diciendo: “Busca así a partir de ahora. Tu estatura era demasiado escasa en el pasado, eras joven e inmaduro y simplemente te desbocaste haciendo cosas malas; para ti todo esto son lecciones. Deberías perseguir la verdad para resolver tu actitud negligente y tus acciones malvadas; entonces habrás cambiado realmente”. Te consolaré y te animaré. Si fueran esas personas malvadas, al ver que has cambiado, tendrían envidia de ti y te odiarían. No serían educadas contigo y dirían: “Debo dejar en evidencia las cosas desagradables que hiciste en el pasado y mostrarle a la gente lo espantoso que eras. ¡No creas que no sé nada de todo esto!”. Fíjate, a los humanos corruptos simplemente les gusta hacerse los inteligentes, recurrir a artimañas mezquinas, hacerse notar, dejar en evidencia los defectos ajenos y desenterrar el pasado desagradable de los demás. En realidad, Yo nunca hago tales cosas. Jamás le digo cosas así a la gente. Simplemente procuro animarla y calmarla para que sienta paz en el corazón y vea que es bueno perseguir la verdad. Cuando compruebo que han cambiado un poco, debo animarlos, así les hago saber que han progresado y les doy cierta motivación y confianza. Dime, al tratarlos de esta manera, ¿estoy actuando según los principios? (Sí). ¿Actúo con naturalidad o con impetuosidad? (No). Algunas personas dicen: “¿Acaso tienes mala memoria? ¿Tal vez no te importen estas cosas? ¿O eres por naturaleza de mente abierta?”. Decidme, ¿tiene esto algo que ver con la personalidad, con ser de mente abierta o con la memoria? (No). Aunque una persona sea por naturaleza de mente abierta y su personalidad sea buena, si vive bajo el control de las actitudes corruptas, sigue sin poder tratar a la gente conforme a los principios y sin brindarle oportunidades para emprender la senda correcta; no podría lograrlo. Como mucho, los humanos corruptos dirán: “No dejaré en evidencia tus defectos; si no, la gente se reiría de mí”. Lo hacen en aras del orgullo y por la presión de la opinión pública del mundo, pues les preocupa que comportarse de esa forma los haga parecer mezquinos y carentes de magnanimidad. Solo se abstienen de dejar en evidencia los defectos de los demás para salvaguardar su propio orgullo, pero ¿pueden señalarles a las personas alguna senda correcta? (No). Para la mayoría, abstenerse de vengarse ya es bastante bueno; pedirles que ayuden a los demás o les deseen el bien les supera. Como mucho piensan: “No tiene nada que ver conmigo que a ti te vaya bien o no”. Hay quienes proclaman: “Soy modesto y virtuoso; no puedo vengarme de la gente”, pero en su corazón piensan: “Ojalá te vaya mal. Me sentiré disgustado en mi interior si te va bien. ¡Me alegraré cuando al fin llegue el día de tu muerte!”. Sus palabras están llenas de benevolencia, justicia y moralidad, pero su corazón es siniestro y cruel. Lo único que dicen son cosas que suenan bien, mientras su corazón es más malévolo que el de cualquiera. A esto se le llama tener lengua de miel y corazón de hiel; a esto se le llama ser un hipócrita. Fíjate, ¿acaso los humanos corruptos pueden arreglárselas para tratar a otros según los principios-verdad? Los humanos corruptos piensan una cosa y hacen otra. Por fuera, para dar la impresión de ser respetables, refinados y nobles, dicen algunas cosas que suenan bien, pero en su corazón no piensan así y hacen cosas en secreto para hacer tropezar a los demás. Por tanto, en cuanto a cómo tratan los no creyentes a las personas, aunque no se venguen de ti, tampoco te desearán el bien. Su manera de tratar a las personas no concuerda con los principios-verdad. Al ver que te va bien, se incomodan y sienten envidia en su corazón; cuando ven que te va mal, si tienen la oportunidad te echarán sal en la herida o incluso te darán unas cuantas patadas; solo entonces sentirán que se alivia su odio. Ya les resulta bastante difícil abstenerse de vengarse; más complicado aún les resulta actuar con principios hacia las personas; no poseen semejante humanidad.
Dios encarnado se convirtió en una persona corriente. En Su vida diaria, trata a las personas de una manera que, como mínimo, se halla dentro de los límites de la conciencia y la razón; de ningún modo bajará de este estándar, solo puede estar por encima. No hace falta decir que Dios encarnado trata a las personas conforme a los principios-verdad. Dado que posee la esencia divina, es incluso más capaz de tratarte conforme a los principios-verdad y de ningún modo arremeterá contra ti. La casa de Dios trata a toda clase de personas exactamente así: destituye a líderes y obreros de todos los niveles, modifica el deber asignado a las personas o las destituye, depura a toda clase de gente, etcétera; estas medidas se llevan a cabo conforme a los principios, no se deciden según las preferencias de nadie; la mayoría en la iglesia está de acuerdo con estas decisiones. Por tanto, la verdad es la que realmente tiene el poder en la casa de Dios; esto es una realidad. Incluso las personas con humanidad normal pueden hacer las cosas de un modo que se ajuste al estándar de conciencia que posee la gente normal y, cuando están involucrados los principios-verdad, todavía pueden atenerse a los estándares de la conciencia y la razón de las personas normales; más si cabe será así en la humanidad normal de la que está revestido Dios encarnado. En lo relativo a los asuntos relacionados con el trabajo de la iglesia, los deberes que realizáis y vuestras actitudes corruptas, Él es incluso más capaz de trataros conforme a los principios. En cuanto a cómo esta persona normal y corriente que soy interactúa y se relaciona con vosotros, sea como sea que comparta la verdad y sea cual sea la clase de problemas que gestione, decidme: ¿Mi humanidad normal merece vuestra confianza? (Sí). ¿Necesitáis levantar una defensa para protegeros contra Mí? (No). Por tanto, esto os digo: al hablar e interactuar conmigo, solo necesitas ser abierto y honesto. Te trataré conforme a los principios sin importar cuánto sepa sobre ti o qué sepa de ti. Sea cual sea tu actitud hacia Mí, igualmente te trataré conforme a los principios. Te puedes quedar tranquilo; no hay necesidad de que te protejas de Mí. Dejando a un lado Mi esencia divina y Mi vida divina, tan solo la esencia-humanidad que posee este lado normal y práctico de Mi ser, esta persona corriente, es algo en lo que podéis confiar. Sea lo que sea que estemos discutiendo, no deberías tener una mentalidad complicada. Solo te hace falta ser sencillo y abierto. Si afrontas alguna dificultad, háblame de ella directamente. No hay necesidad de que te protejas de Mí como si Yo fuera un extraño. Si siempre te proteges de Mí, te diré algo: ¡eres demasiado tonto y estás ciego! ¿Acaso desconoces la obra que hago? Cuanto más te protejas de Mí, menos capaz serás al final de obtener la verdad. ¿Acaso no te estás frenando y arruinando a ti mismo? Si siempre dudas de la encarnación de Dios y te proteges de ella y, por mucho que Él hable y comparta la verdad, mantienes siempre una actitud de escrutinio y te niegas a aceptar lo que dice aunque reconozcas que es la verdad, entonces el Espíritu Santo no solo no te esclarecerá ni te bendecirá, sino que, por el contrario, Dios esconderá Su rostro de ti y te ignorará. Si no me crees, haz la prueba y comprueba si esto es así. Si no tienes principios al interactuar conmigo, con esta persona corriente con humanidad normal, no sabes cómo interactuar conmigo ni sabes cómo tratarme de acuerdo con los principios que Dios te enseña, ¿acaso no tratarías igual al Dios en el cielo? (Sí). Si te relacionas con el Dios en el cielo de esa misma manera, ¿cuáles serán las consecuencias? (Se nos condenará y derribará). Te vuelves a equivocar. Dios no derriba a las personas arbitrariamente. Sin embargo, nunca tendrás la oportunidad de ver la forma verdadera de Dios ni estarás nunca cualificado para ello; esto es un hecho. Nunca estarás cualificado para ver la forma verdadera de Dios; ni siquiera podrás ver la espalda de Dios. ¿Qué significa esto? Significa que Dios jamás te reconocerá como Su ser creado. ¿Qué significaba que Job viera la espalda de Jehová? ¿Qué significaba que Abraham oyera que le hablaba la propia voz de Dios? (Dios les daba Su aprobación). Significaba que estaban cualificados para conversar con Dios, para conversar con el Dios en el cielo, con Su forma verdadera, con el Espíritu de Dios. Dios los reconoció y los aceptó como seres creados. Dios los admitió como seres creados. Dios los ganó. ¡El significado de esto es muy profundo! Dios estuvo dispuesto a verlos y a conversar con ellos. Dios estuvo dispuesto a permitirles oír el sonido de Su voz hablando desde el cielo. Dios estuvo dispuesto a dejarles ver Su cuerpo espiritual, a manifestárselo. ¡Qué gran bendición es esta para los seres humanos! ¡Es un grandísimo honor! ¿Buscáis esto? Quizá no os atreváis a buscarlo, pero debéis tener este deseo. Entonces, ¿cómo debéis practicar para hacer realidad este deseo? Primero, comenzad vuestra práctica por la manera en que tratáis a Dios encarnado, esta persona normal y corriente. ¿Cómo debes relacionarte con Él y cómo debes tratarlo? Cuando lo veas en Su forma tangible, si puedes interactuar con Él con normalidad, aceptar todo lo relativo a Él, ser abierto y honesto con Él y no tener barreras ni dificultades al relacionarte y tratar con Él, entonces ante Dios —al menos a Mis ojos— Yo estaré dispuesto a relacionarme contigo; no sentiré rechazo hacia ti. Podrías estar cualificado entonces para oír la voz de Dios, para oír Su propia voz hablando desde el cielo y para ver la figura de Dios, así como tener la oportunidad de hacerlo. Por supuesto, ahora mismo seguís lejos de esta meta; solo os estoy dando una senda. Si ni siquiera podéis superar este obstáculo que represento Yo —esta persona corriente— y aun así quieres ver al Dios en el cielo, hay algo que tengo que decirte: ¡ni lo sueñes! ¡Eso sí que es hacerse ilusiones!
Muy bien, terminemos hoy aquí nuestra charla. ¡Adiós!
14 de septiembre de 2024