Cómo perseguir la verdad (29) Parte 1
Ya hemos compartido algunas verdades relativas a Dios encarnado. ¿Os parece que compartir este aspecto de la verdad es de utilidad para conocer a Dios? (Sí). Está bien, pues. Ya hemos compartido un poco sobre este tema, pero no con detalle punto por punto, sino de manera fragmentaria. Esta vez vamos a hablar de las verdades dentro del tema de Dios encarnado que atañen a las nociones del hombre sobre Dios, a sus actitudes hacia Dios y a su conocimiento de Dios. Por un lado, compartir estas verdades sirve para que el hombre sea capaz de entender y conocer a Dios y de entender las verdades relativas a las actitudes y puntos de vista hacia Dios que le corresponde conocer. Por otro lado, es porque estos temas son muy importantes. ¿Qué hace que sean importantes? Bueno, el hombre no puede ver ni tocar al Dios en el cielo y apenas puede siquiera sentirlo; el Dios en el cielo está muy lejos del hombre. Si intentaras establecer una relación con Dios, sería muy hueca e irreal para ti. Que sea hueca e irreal se debe, por un lado, a que el hombre está lleno de nociones e imaginaciones sobre Dios. Por otro lado, se debe a que el hombre no tiene ningún entendimiento en absoluto de la realidad y la practicidad de Dios, ni de la identidad y la esencia de Dios; vive enteramente en medio de las nociones e imaginaciones que surgen de sus propias ilusiones vanas. Así pues, después de que el hombre empieza a seguir a Dios, la relación que establece con Él se construye básicamente sobre sus nociones e imaginaciones, sobre la base de sus ilusiones vanas y también sobre sus diversas exigencias y deseos hacia Dios. La relación entre el hombre y Dios que se construye sobre este tipo de base es muy inestable, muy insegura y, por supuesto, muy poco fiable. Resulta fácil que este tipo de relación se pueda quebrar y cortar ante el menor cambio o al ocurrir alguna situación inusual. Por ejemplo, cuando el hombre se encuentra con cosas que no le salen como desea, cuando se encuentra con sufrimiento, contratiempos y fracasos, o cuando se encuentra con todo tipo de cosas que no concuerdan con sus nociones o no sirven a sus intereses carnales —cuando el hombre se enfrenta a cualquiera de estas situaciones que, según sus nociones, cree que no deberían ocurrir— dudará instintivamente de Dios. Dudará de la existencia de Dios, dudará de la corrección de las formas en las que Dios tiene soberanía sobre el hombre y de las formas en las que Dios orquesta y dispone las cosas para él; por supuesto, dudará de si es correcto que Dios actúe de ese modo y de si Dios tiene alguna motivación oculta o alguna mala intención hacia el hombre o no, entre otras cosas. En resumen, este tipo de relación entre el hombre y Dios es muy inestable e insegura; en términos humanos, está llena de incertidumbre. Dado que este tipo de relación entre el hombre y Dios se construye sobre las nociones e imaginaciones del hombre y sobre la base de las diversas exigencias que este le hace a Dios a causa de ilusiones vanas, por muy grande que al hombre le parezca que es su fe en Dios o por muy grande que le parezca su determinación de seguir a Dios, Él no reconoce este tipo de relación desde Su perspectiva. Por supuesto, en lo que se refiere a los hechos objetivos, es inestable; puede quebrarse o cortarse en cualquier momento y lugar debido a cambios en todo tipo de entornos y diversas personas, acontecimientos y cosas, así como al surgimiento de diversas situaciones especiales. Incluso si entiendes algunas verdades, seguirás dudando de Dios cuando no lo entiendas o no lo conozcas. Incluso si no dudas de la existencia de Dios, seguirás dudando de cuál es Su objetivo al actuar así hacia ti y de si es correcto que Él actúe de esa forma. Por tanto, se puede decir que esta relación que establece el hombre con Dios cuando no lo entiende ni lo conoce no es capaz de resistir ninguna prueba y que apenas puede resistir el temple de ningún entorno especial. La causa de esto no es que haya errores o inexactitudes en la soberanía y los arreglos de Dios, ni que Dios sea desconsiderado, que no tenga en cuenta las debilidades del hombre o sus diversas necesidades; más bien, es que los humanos corruptos están inherentemente llenos de nociones e imaginaciones sobre Dios. Desde el principio, como el hombre tiene actitudes corruptas, esta relación que tiene con Dios no se construye sobre la base de una relación normal entre un ser creado y el Creador. Así, el hombre adopta la postura equivocada y contempla y establece su relación con Dios a partir de puntos de vista erróneos; además, se sirve de pensamientos, puntos de vista y métodos erróneos para mantener esta relación. De este modo, esta relación entre el hombre y Dios se vuelve anormal. No solo no ayuda al hombre a someterse mejor a Dios, a Sus orquestaciones y a Sus arreglos para cumplir los requerimientos que Dios tiene para él, sino que también hace que Dios lo aborrezca y sienta repulsión hacia él e incluso le hace perder la oportunidad de alcanzar la salvación. A medida que el hombre sigue a Dios por periodos más largos, a medida que entiende cada vez más verdades y acumula algo de capital y obtiene algunas experiencias y lecciones en el proceso de hacer su deber, le parece cada vez más que su relación con Dios es correcta y segura. Sin embargo, en cuanto al conocimiento que el hombre tiene de Dios, este tipo de relación entre el hombre y Dios sigue siendo anormal a Sus ojos. Sigue haciendo falta que se corrija y se examine; el hombre aún debe entender más verdades y tener un mayor entendimiento y conocimiento de Dios. Solo así la relación entre el hombre y Dios puede de veras ser acorde al estándar a Sus ojos y, por supuesto, solo entonces puede el hombre asumir de forma más precisa y racional la posición de un ser creado en su manera de tratar al Creador, en su manera de tratar a Dios. Por tanto, la verdad que atañe a conocer al Dios encarnado —a conocer al Dios en la tierra— no es una especie de conocimiento académico ni un tipo de sentido común, mucho menos es una especie de teoría o consigna. Más bien, es un aspecto de la verdad que el hombre debe entender para establecer una relación normal con Dios, para establecer la relación entre un ser creado y el Creador. Es un aspecto de la verdad que implica conocer la esencia de Dios, conocer las formas en las que Dios obra y habla y conocer los principios según los que Dios hace todo tipo de cosas. Una vez que el hombre entiende este aspecto de la verdad, conoce al Dios encarnado y tiene un entendimiento básico de Dios, establecerá con Él una relación de lo más apropiada y adecuada: la relación entre un ser creado y el Creador. Solo sobre la base de este tipo de relación, la búsqueda del hombre de practicar la verdad para satisfacer a Dios, así como su búsqueda de someterse a Dios y adorarlo, se desarrollará en una dirección positiva; solo entonces el hombre evitará el mal cada vez más y se embarcará en la senda de salvación.
Reflexionad sobre esto: si no tienes ningún conocimiento de Dios —es decir, aunque creas en Dios, estás lleno de nociones e imaginaciones sobre los principios y las maneras en que Dios hace las cosas y sobre Su propósito al hacerlas, así como estás lleno de nociones e imaginaciones sobre los detalles específicos de cómo Dios hace todo tipo de cosas—, entonces, cuando te encuentres con diversas cosas, ¿cómo las abordarás? ¿Cómo buscarás la verdad? ¿Cuál será tu base? ¿Cuáles serán tus principios? ¿Cuáles serán tus objetivos? Estas no son preguntas sencillas. Si estás lleno de nociones e imaginaciones sobre Dios y no tienes el menor entendimiento de los principios y las maneras en que Dios hace las cosas, así como no entiendes en absoluto cuál es Su propósito al hacer todo tipo de cosas y tratas a Dios por entero según tus nociones e imaginaciones humanas, la cultura tradicional y el razonamiento basado en el conocimiento, ¿puedes llegar a conocer a Dios y someterte a Él? (No). Si, en general, tu búsqueda de conocer a Dios se basa en nociones e imaginaciones humanas, en el conocimiento y la filosofía y en la cultura tradicional, así como tu búsqueda se construye sobre este fundamento y está restringida por estas cosas, ¿no quedaría muy lejos esta búsqueda de cumplir los requerimientos de Dios? ¿No iría en contra de lo que requiere Dios? (Sí). Una vez que, por medio de la enseñanza, entendáis estos aspectos —la normalidad y la practicidad de Dios encarnado; los principios y las maneras en que habla y actúa; así como el propósito, los motivos y los objetivos tras lo que dice y hace—, tendréis un entendimiento básico de los principios y las formas en que Dios obra y habla, así como de Su propósito al hacerlo. Este entendimiento no viene de las nociones e imaginaciones del hombre sobre Dios ni es algo que deduzca según su conocimiento, mucho menos es algo que imagine con base en la cultura tradicional; más bien, consiste en las manifestaciones eminentemente prácticas del Dios en la tierra que el hombre ve, con las que entra en contacto y que experimenta. Los principios y las maneras en que Dios encarnado habla y actúa —así como Su propósito al hacerlo—, que Él exhibe de maneras del todo prácticas, son más que suficientes para permitirte entender y conocer la esencia y el carácter de Dios, así como los principios y las maneras específicos en que Dios actúa, obra y habla, junto con Su propósito al hacerlo. Por tanto, entender los diversos aspectos de Dios encarnado es una senda para entender a Dios, el Creador. Aunque conocer al Dios encarnado no puede conducir a un conocimiento completo y exhaustivo del Creador, como poco, conocer al Dios encarnado es una senda para conocer al Dios en el cielo y conocer al Creador. ¿Cuál es Mi objetivo al decirte estas cosas? Aunque entender y conocer a Dios son cosas que el hombre se debe pasar toda la vida intentando aprender y aunque el hombre no puede conocer a Dios completamente y a fondo, incluso si dedica el esfuerzo de toda una vida, al llegar a conocer al Dios encarnado, entenderás al Dios en el cielo y al Creador de una manera más práctica, con más precisión y objetividad; esto ya es suficiente. Es decir, es suficiente para que entiendas y conozcas a Dios por medio de conocer al Dios encarnado; eso ya es suficiente para satisfacer las condiciones para que conozcas a Dios y establezcas una relación normal con Él. Conocer al Dios encarnado es suficiente para permitirte llegar a conocer al Dios en el cielo y al Creador.
Si quisieras conocer completamente al Dios en el cielo, con la esperanza de obtener un conocimiento pleno y exhaustivo de Él, ¿sería eso posible? (No). Nunca podrías conseguirlo. Dado que esto es imposible, ¿por qué se le sigue pidiendo al hombre que conozca a Dios? Porque si puedes conocer a Dios de manera precisa y práctica, esto te resulta beneficioso y útil al seguir a Dios, perseguir la verdad y llegar a temer a Dios y evitar el mal. Además, conocer a Dios es sumamente crucial e importante para que practiques la verdad y alcances la salvación. Entonces, ¿qué deberías hacer? (Deberíamos darles importancia a las verdades relativas a conocer a Dios. No deberíamos intentar entender este aspecto de la verdad como si no fuera más que una verdad ordinaria). Por un lado, debes tratar al Dios encarnado con una actitud correcta. Asimismo, debes examinar qué nociones e imaginaciones tienes sobre el Dios encarnado y sobre Dios y averiguar cómo desprenderte de ellas. En tus interacciones y relaciones con Dios, ya sea en la vida diaria, en el proceso de hacer tu deber o a medida que experimentas tu vida, deberías examinar qué nociones e imaginaciones tienes sobre Dios y si tu actitud hacia Él tiene estos dos problemas: uno es comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo y el otro es equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta. Examinar estos dos problemas puede permitirte reconocer algunas de tus nociones e imaginaciones sobre Dios o descubrir qué problemas hay entre tú y Dios; o también puede permitirte descubrir algunos de tus pensamientos y puntos de vista incorrectos y tus actitudes incorrectas hacia Dios. El objetivo de examinarte a ti mismo de esta manera es ayudarte a reconocer con claridad tus diversos pensamientos, puntos de vista y actitudes erróneos respecto a Dios, para que puedas renunciar a ellos y tratar las palabras de Dios, la obra de Dios y a Dios mismo con pensamientos y puntos de vista correctos, con una actitud correcta y de las maneras correctas. Solo al practicar de esta manera puede la relación entre tú y Dios poco a poco volverse normal y satisfacer a Dios, ¿verdad? (Sí). Si practicas de esta manera, tu relación con Dios se desarrollará gradualmente según la relación entre un ser creado y el Creador y sobre la base del estándar que Dios exige al hombre. La relación entre el hombre y Dios puede volverse cada vez más normal solo tras cumplir este estándar. ¿A qué se refiere “normal” aquí? ¿Lo sabéis? (Significa que el hombre puede asumir mejor la posición de un ser creado en la manera en que trata al Creador. Ya no tiene ningún recelo ni sospecha hacia Dios, sino que es capaz de tratarlo abierta y honestamente). ¿Alguien más tiene algo que añadir? (Una vez normalizada la relación de alguien con Dios, no solo ya no tiene recelo ni sospecha hacia Dios, sino que tampoco le hace exigencias, no tiene deseos extravagantes y puede someterse de verdad a las orquestaciones y los arreglos de Dios). Has dado en el clavo. La manifestación definitiva que se ve en la gente que alcanza la salvación es que puede estar en el lugar apropiado de un ser creado y someterse al Creador. Cuando el hombre se somete a Dios, lo adora de verdad; solo adorando a Dios de veras puede alcanzar el temor de Dios y llegar realmente a temer a Dios y evitar el mal. Por tanto, en lo que respecta a la clase de relación que el hombre tiene con Dios o a la clase de relación que establece con Él, ¿de qué depende? Depende de la búsqueda del hombre y de su actitud hacia Dios, así como de cuánto conoce a Dios. Si no tienes ningún conocimiento de Dios y estás lleno de nociones e imaginaciones sobre Él, así como de deseos extravagantes hacia Él, entonces, incluso si puedes practicar algunas verdades y hacer algunos deberes que le corresponden a un ser creado, en lo que respecta a tu relación con Dios, los deberes que realizas o las verdades que practicas son muy limitados. Por ejemplo, al hacer tu deber, eres capaz de renunciar a cosas, de entregarte, de sufrir y pagar un precio, o puedes hacer algún trabajo que se halla dentro de tus capacidades en la iglesia. Pero cuando Dios te hace cosas que no concuerdan con tus nociones o cuando te priva de algo, te reprende y te disciplina, ¿eres capaz de someterte? Si tienes auténtico entendimiento y conocimiento de Dios, asumirás de manera muy natural la posición de un ser creado y adoptarás una actitud de sumisión. Sin embargo, si no tienes un auténtico entendimiento y conocimiento de Dios, cuando te enfrentes a cosas que no salen según tu deseo o cuando afrontes cosas que atañen a tus intereses personales, desarrollarás de manera muy natural todo tipo de ideas y nociones e imaginaciones sobre Dios. Así te resultará muy difícil, como ser creado, alcanzar una verdadera sumisión a Dios. Aunque tengas cierta sumisión superficial o disposición a someterte, si no concuerda con los requerimientos de Dios, entonces esta sumisión tuya no es lo que Dios quiere. Si esta sumisión tuya proviene por entero de nociones e imaginaciones humanas, entra en conflicto con tu conocimiento de Dios y de la obra de Dios y vulnera los principios-verdad, entonces es una sumisión adulterada; no es sumisión real ni la que quiere Dios. Dios no aprueba tal sumisión. A Sus ojos, careces por completo de sumisión. Si no eres capaz de someterte realmente a Dios, entonces eso significa que tu supuesta “búsqueda” y tu supuesta “práctica de la verdad” no te han ayudado para nada a establecer una relación con Dios que sea la que hay entre un ser creado y el Creador. En la mayor parte de lo que haces, vives entre tus deseos, nociones e imaginaciones personales, lo cual no puede obtener la aprobación de Dios. No obtener la aprobación de Dios en definitiva conduce a una cosa: lo que haces y lo que practicas se queda muy corto respecto a lo que Dios requiere y vives entre tus ilusiones vanas o tus nociones e imaginaciones. Al final, lo que haces y practicas y la senda que recorres no podrán llevarte a embarcarte en la senda de salvación y alcanzar la salvación. Entonces, ¿no habrán sido en vano tus acciones? (Sí). En tales circunstancias, tus acciones habrán sido en vano. Entonces, ¿no habrás obtenido básicamente nada de tu fe en Dios durante todos estos años? (Sí). ¿Por qué razón no has obtenido nada? (La gente recorre la senda de creer en Dios mientras vive siempre entre sus deseos, nociones e imaginaciones personales). El hecho de que no obtengas nada después de creer en Dios durante muchos años no es porque no hayas pagado un precio, no hayas estado dispuesto a soportar dificultades ni a entregarte, mucho menos es porque no hayas hecho tu deber. ¿Cuál es, si no, la razón? Es que, en el proceso de sufrir y pagar un precio, renunciar a cosas, entregarte y hacer tu deber, la mayor parte de lo que haces es solo como resultado de tus ilusiones vanas y lo haces mientras vives en medio de tus nociones e imaginaciones, en vez de actuar de acuerdo con los requerimientos de Dios. Y aun así siempre crees que estás actuando de acuerdo con los requerimientos de Dios. Dado que esta creencia tuya está llena de nociones, al final no logras obtener la verdad ni alcanzar el resultado de lograr la salvación. Entonces, todas tus acciones fueron en vano. Si alguien al final llega a este punto, ¿acaso no diríais que es bastante lamentable? (Sí). De cara al exterior, parece que las personas han estado haciendo su deber, predicando las palabras de Dios y sufriendo y pagando un precio, pero en realidad han estado siguiendo y sirviendo a Dios con muchas nociones e imaginaciones y muchos pensamientos, puntos de vista y actitudes incorrectos. Si haces tu deber con estas adulteraciones, en definitiva, cuando Dios te someta a examen, no sabrás por qué actúa así ni qué espera Él de ti ni qué resultado pretende alcanzar en ti al someterte a examen de esa manera. Al final, cuando Dios te someta a examen, las palabras que le digas a Dios y tus oraciones estarán llenas de quejas, incomprensión y duda e incluso llenas de tristeza y dolor y de nociones e imaginaciones sobre Dios. Entonces, ¿no habrá acabado en fracaso toda tu búsqueda durante todo este tiempo y el sufrimiento que soportaste y el precio que pagaste no habrán sido en vano? (Sí). Por ejemplo, digamos que llevas muchos años creyendo en Dios y siempre has soportado dificultades y pagado un precio; de cara al exterior, has hecho todo lo que Dios te dijo que hicieras y te has aferrado a estas palabras. Sin embargo, un día te sobreviene una prueba como la de Job y de repente te vuelves dubitativo: “¿Podría ser errónea mi fe? ¿Podría estar recorriendo la senda equivocada? ¿Por qué dispondría Dios un entorno así para mí? ¿Por qué haría Dios esta clase de obra en mí? ¿Por qué permitiría que me ocurriera algo así?”. No lo entiendes y no sabes qué está pasando. Subjetivamente, por un lado, hay mucho que no entiendes. Además, ¿cuál es el mayor problema que tienen las personas? Al toparse con todo tipo de cosas, lo único que saben hacer es orar y buscar liberarse de estas situaciones. Aquellos que son un poco mejores intentarán conocerse a sí mismos para averiguar si han ofendido a Dios, si Dios los está disciplinando, si algo en ellos no concuerda con las intenciones de Dios o si sus acciones y sus obras se han ganado el aborrecimiento de Dios. Sin embargo, cuando la mayoría de las personas se encuentran con tales cosas, en un sentido positivo, no saben cómo hacer su parte proactivamente para la obra de Dios, ni tampoco cooperar con Dios, cómo practicar de acuerdo con los principios que le corresponde seguir a un ser creado o de acuerdo con las instrucciones del Creador, ni cómo buscar proactivamente una senda de práctica y los principios-verdad para resolver el problema en cuestión. Esto no está al alcance de la mayoría de las personas. ¿No es así? (Sí). Fíjate, cuando la gente se encuentra con algo, trata de buscar la causa en diferentes sitios: es posible que se mire a sí misma, que intente encontrar causas objetivas, que intente inventar algunas excusas que pueda usar para argumentar y justificarse o puede que sospeche de otras personas y busque en ellas las causas. Sin embargo, muy rara vez alguien acude ante Dios para, de manera proactiva, buscar los principios-verdad y resolver el problema. Al final, cuando Dios quita la situación o el entorno al que se enfrentan las personas, ¿cuánto pueden obtener estas? La mayoría solo sabe que ha de tener cuidado la próxima vez que se encuentre con tales cosas y solo sabe cómo evitar o neutralizar estas cosas cuando hay señales de que podrían volver a surgir. No obstante, muy pocas personas reflexionan sobre cómo deberían cooperar proactivamente al encontrarse con tales cosas, cómo practicar de acuerdo con los principios que Dios les indica a las personas y cómo resolver el problema de acuerdo con los principios-verdad. Esto no es fácil de hacer para la mayoría de las personas, ¿verdad? (Sí).