Cómo perseguir la verdad (3) Parte 2
Las personas que viven en la humanidad normal están también restringidas por muchos instintos y necesidades corporales. Por ejemplo, es posible que a veces las personas demoren el desempeño de su deber durante un par de días porque están demasiado cansadas o enfermas y necesitan descansar; a veces, debido a un entorno tenso, puede que se sientan asustadas y sean incapaces de tranquilizarse para hacer su deber; o puede que a menudo tengan una sensación de deuda y tristeza en su corazón porque, debido a lo limitado de su calibre y sus capacidades, no pueden ser competentes en cierta clase de trabajo o deber; todas estas son manifestaciones normales que caen dentro del ámbito de la humanidad normal. A veces, las personas puede que se vean limitadas por sentimientos y necesidades corporales, así como a veces puede que estén sujetas a las restricciones de los instintos corporales o a las de tiempo y personalidad; esto es normal y natural. Por ejemplo, hay quienes han sido bastante introvertidos desde la infancia; no les gusta hablar y les cuesta relacionarse con los demás. Incluso ya adultos, en la treintena o con cuarenta y tantos años, siguen sin sobreponerse a esta personalidad. Todavía no se les da bien hablar ni las palabras; relacionarse con los demás tampoco es lo suyo. Después de convertirse en líderes, este rasgo de la personalidad limita e impide su trabajo en cierto grado y eso a menudo les causa angustia y frustración, de modo que les hace sentir muy constreñidos. La introversión y que hablar no sea de su agrado son manifestaciones de humanidad normal. Siendo así, ¿las considera Dios transgresiones? No, no son transgresiones, y Dios las tratará de la manera correcta. Sean cuales sean tus problemas, defectos o fallos, ninguno supone un inconveniente a ojos de Dios. Él solo se fija en cómo buscas la verdad, la practicas, actúas de acuerdo con los principios-verdad y sigues el camino de Dios bajo las condiciones inherentes de la humanidad normal; en esto se fija Él. Por tanto, en los asuntos relacionados con los principios-verdad, no permitas que te restrinjan condiciones básicas como el calibre, los instintos, la personalidad, los hábitos y los patrones de vida de la humanidad normal. Por supuesto, tampoco inviertas tiempo y energía en tratar de superar estas condiciones básicas ni trates de cambiarlas. Por ejemplo, si tienes una personalidad introvertida, si no te gusta hablar y si no se te dan bien las palabras ni asociarte y relacionarte con la gente, nada de eso es un problema. Aunque a los extrovertidos les encanta hablar, no todo lo que dicen es útil ni conforme a la verdad, así que ser introvertido no es un problema y no hace falta que intentes cambiarlo. Puede que digas: “Si fuera un seguidor corriente, no sería un problema para mí tener una personalidad introvertida; pero ahora soy líder, así que, ¿acaso no tengo que cambiar mi personalidad introvertida?”. Si de veras quieres cambiarla, puedes tratar de aprender a relacionarte con los demás o crearte una regla respecto a cuánto dices, con cuántas cuestiones lidias y con cuántos tipos de personas tratas en un solo día. Si de veras tienes la capacidad de cambiar tu personalidad inherente, entonces, por supuesto, en lo que se refiere a tu desempeño del trabajo de la iglesia, esto no es necesariamente algo malo. Sin embargo, si naciste con una personalidad introvertida y no eres bueno con las palabras ni se te da bien socializar ni sabes cómo conversar o interactuar con otros, entonces esto no lo puede cambiar nadie. Algunas personas tienen una personalidad introvertida, no están dispuestas a interactuar o conversar con otros y, asimismo, no es que tengan mucho que decir. Siempre sienten que lo correcto es decir algo útil y que no hay necesidad de decir cosas innecesarias, así que no están dispuestas a decir mucho. En cuanto a algunas personas, puede que se deba a que son demasiado jóvenes y no tienen experiencia de vida y les faltan las palabras; en cuanto a otras, es posible que ya no sean jóvenes y que cuenten con experiencia de vida, pero siguen teniendo esta personalidad introvertida. Si intentas cambiar esta clase de personalidad y adoptas todo tipo de enfoques para cambiarla, permite que te diga que nunca en tu vida lo vas a conseguir, puesto que Dios no hace esta clase de obra. Da igual que tu rostro o tu apariencia se asemejen a los de tu padre, tu madre o cualquier otro pariente, esta apariencia no cambiará y, en particular, está aún más claro que tu personalidad no va a cambiar. Hay quien dice: “Es difícil cambiar una personalidad introvertida, por tanto, ¿es fácil cambiar una extrovertida?”. Es igual de difícil cambiar una personalidad extrovertida. A los extrovertidos les encanta hablar y quieren decir muchas cosas; si les pides que no hablen o que hablen menos, no pueden controlarse y, si cualquiera limita su discurso, es igual que quitarles la vida. Si se obliga a un introvertido a relacionarse con un extrovertido, ¿se influirán mutuamente? Al principio, puede que se influyan un poco el uno al otro; en aras de la imagen, ambas personas se amoldarán y serán tolerantes la una con la otra o bien pacientes y comprensivas entre sí. Pero con el tiempo, llegarán a conocerse y a tener una idea clara de la personalidad de cada una y no habrá necesidad de actuar con tanta paciencia ni con tanta consideración mutuas, así que regresarán rápido a su estado original. Si originalmente tenías una personalidad introvertida, ahora sigues siendo introvertido; cuando hablas y conversas, solo pronuncias unas pocas palabras o frases y no tienes nada más que decir. Si alguien pregunta: “¿Saliste?”, respondes: “Lo hice”. Entonces, si pregunta: “¿Cuándo has regresado?”, respondes: “Justo ahora”. No dices lo que sucedió y no dices lo que esa persona quiere oír. A modo de contraste, los extrovertidos disparan palabras de manera incesante, como una ametralladora, y aunque los interrumpas seguirán hablando pasado un rato. ¿Es fácil que cambie la personalidad de alguien? (No). Esto es algo con lo que ha nacido todo ser humano creado. No tiene nada que ver con las actitudes corruptas ni con la esencia de la propia humanidad; es simplemente un estado del ser que la gente puede ver desde fuera y una manera según la cual alguien aborda a las personas, los acontecimientos y las cosas. A algunas personas se les da bien expresarse, mientras que a otras no; a algunas les gusta describir cosas, mientras que a otras no; a algunas les gusta guardarse para sí sus pensamientos, mientras que a otras no les gusta guardárselos dentro, sino que quieren expresarlos en voz alta para que todo el mundo pueda oírlas; solo entonces se sienten felices. Estas son las maneras diferentes en las que las personas lidian con la vida y las personas, los acontecimientos y las cosas; estas son las personalidades de las personas. Tu personalidad es algo con lo que naciste. Si no has logrado cambiarla ni siquiera después de muchos intentos, entonces déjame que te diga que ahora puedes tomarte un descanso; no es necesario que te canses tanto. No se puede cambiar, así que no intentes hacerlo. Da igual cómo haya sido tu personalidad en su origen, sigue siendo la tuya. No trates de cambiarla para lograr la salvación; esa es una idea falaz; independientemente de la personalidad que tengas, es un hecho objetivo y no puedes cambiarlo. En términos de las razones objetivas de ello, el resultado que quiere lograr Dios en Su obra no tiene nada que ver con tu personalidad. Que puedas o no lograr la salvación tampoco guarda relación con tu personalidad. Además, el hecho de que seas o no una persona que practica la verdad y posee la realidad-verdad tampoco tiene nada que ver con tu personalidad. Por tanto, no trates de cambiar tu personalidad porque realices ciertos deberes o sirvas como supervisor de cierto aspecto del trabajo; esta es una idea errónea. ¿Qué deberías hacer entonces? Con independencia de tu personalidad o tus condiciones innatas, deberías atenerte a los principios-verdad y practicarlos. Al final, Dios no mide si sigues Su camino o puedes lograr la salvación sobre la base de tu personalidad o de qué calibre, habilidades, capacidades, dones o talentos innatos posees y, desde luego, Él tampoco se fija en cuánto has restringido tus instintos y necesidades corporales. En su lugar, Él se fija en si, mientras sigues a Dios y haces tus deberes, practicas y experimentas Sus palabras, si tienes la voluntad y la determinación de perseguir la verdad y, al final, si has logrado practicarla y seguir el camino de Dios. En esto se fija Dios. ¿Lo entendéis? (Sí).
A la hora de actuar, algunas mujeres se precipitan, son tan rápidas y enérgicas como un rayo y toman decisiones prontas y firmes; su personalidad es exactamente como la de un hombre. ¿Cuál es el término popular que se usa en la actualidad para describirlas? Mujeres masculinas. Las “mujeres masculinas” ya no son las patosas enormes, grandes y estúpidas a las que la gente se solía referir con estas palabras. No son términos peyorativos; en cambio, se trata de algo elogioso. Sin embargo, ¿cómo considera Dios este término elogioso? Eres una persona tan rápida y enérgica como un rayo, así como audaz y resuelta en tus acciones, pero ¿cuáles son los principios de tu práctica y la base para tus acciones? ¿Son la verdad? ¿Se trata de las palabras de Dios? Esto es clave. Si un hombre es lento y meticuloso en sus acciones, entonces, en palabras de los no creyentes, es como una mujer con los pies atados —hay incluso quien usa términos peyorativos y dice que es “un poco afeminado”—, pero ¿cómo lo contempla Dios? Con independencia de si una persona es tan rápida y enérgica como un rayo y es atrevida y resuelta al hacer las cosas, o bien si actúa como una mujer con los pies atados y es un poco afeminada en sus acciones, ¿acaso alguna de estas dos cosas supone un problema? (No). ¿Es un punto fuerte ser tan rápido y enérgico como un rayo y ser atrevido y resuelto? (No necesariamente). Por tanto, ¿es una debilidad actuar como una mujer con los pies atados? (Tampoco, no necesariamente). Aunque una de estas dos definiciones —“mujer masculina” y “un poco afeminado”— es elogiosa y la otra es peyorativa, la esencia de estos dos tipos de comportamientos o maneras de hacer las cosas no debería juzgarse en función de su significado literal. ¿Qué se debería usar para juzgar esto? (Si lo que alguien practica es la palabra de Dios o no). Para juzgar esto se debería usar la base de sus acciones, así como también el efecto que pretende lograr. Si la base de sus acciones es la palabra de Dios y los principios-verdad, entonces es básicamente seguro al 90 por ciento que no está haciendo nada malo. Si no solo hace las cosas de acuerdo con los principios-verdad, sino que, además, el efecto que pretende lograr es el de defender el testimonio de Dios y los intereses de Su casa, así como el de edificar a más hermanos y hermanas, entonces podemos estar seguros al cien por cien de que no está haciendo nada malo. No importa si es atrevido y resuelto, o si es como una mujer con los pies atados —da igual cómo actúe de cara al exterior—, eso no es importante. Lo importante es si los principios-verdad son la base de sus acciones o no y si salvaguardar los intereses de la casa de Dios y el trabajo de la iglesia, así como edificar a más personas, es o no el objetivo de sus acciones y el efecto que pretende lograr por medio de estas. Así pues, ¿es importante la forma que toman sus acciones? (No). Con independencia de que seas una mujer masculina o como una mujer con los pies atados, esto no es en lo que se fija Dios; este no es el estándar que Él usa para evaluar a las personas. Por tanto, si una mujer parece masculina y, en sus acciones, es tan rápida y enérgica como un rayo, es atrevida y resuelta, ¿es esto merecedor de alabanza y consideración? (No). ¿Acaso ser tan rápida y enérgica como un rayo, ser atrevida y resuelta es un principio para hacer cosas? (No). Con independencia de si eres un hombre o una mujer, ser atrevido y resuelto y tan rápido y enérgico como un rayo, no es un principio para hacer las cosas. Por tanto, ¿cuál es un principio para hacer las cosas? (Uno debe hacer las cosas de acuerdo con los principios-verdad y el efecto que uno pretende lograr debe ser el de salvaguardar los intereses de la casa de Dios y edificar a más personas; este es un principio). Este es un principio concreto. Si actúas de acuerdo con este principio, entonces estás practicando la verdad; si no actúas de acuerdo con este principio, entonces, a Mis ojos, la expresión que mejor define que eres atrevido y resuelto y tan rápido y enérgico como un rayo es “desbocarse y hacer maldades”. Resulta obvio que desbocarse y hacer maldades no es actuar según los principios-verdad; aunque parezca que eres resuelto y no vacilas en tus acciones, que tienes el aire de un líder o un rey, en realidad estás desatado y haciendo maldades. ¿Cuáles son las consecuencias de ello? Causa trastornos y perturbaciones y sabotea el trabajo de la iglesia. Por tanto, ¿recordará esto Dios? (No). No solo no lo recordará, sino que además lo condenará. Por tanto, dices que eres una mujer masculina y que en tus acciones eres tan rápida y enérgica como un rayo, además de atrevida y resuelta, pero ¿es eso útil? (No lo es). Buscar la verdad y actuar de acuerdo con los principios-verdad es a lo único que se le puede llamar una verdadera capacidad; solo esto es practicar la verdad y perseguirla; esto es lo único que deberían hacer las personas con humanidad normal. Supongamos que dices: “Simplemente es mi personalidad y no puede cambiar, así que, ¿qué se supone que debo hacer?”. Hay una solución fácil. Que seas una persona enérgica o tengas un temperamento tranquilo no supone ningún problema; que esto no te limite. Tampoco hay necesidad de que te esfuerces mucho para cambiar tu método para hacer las cosas porque quieras actuar de acuerdo con los principios. Con independencia de tu método, si la base de tus acciones son los principios-verdad y el efecto que logras es el de defender el testimonio de Dios, Sus intereses y la obra de la casa de Dios, entonces estas son buenas obras y Dios las recordará. A modo de contraste, da igual que te comportes de manera cohibida y vacilante, como una mujer con los pies atados, o que seas tan rápido y enérgico como un rayo, como un líder o un rey —con independencia de la forma externa de tus acciones—, si no actúas de acuerdo con los principios-verdad, entonces estás causando trastornos y perturbaciones y estas son acciones malvadas; Dios las condenará y no las recordará. Este es el principio para juzgar si una persona es buena o malvada. ¿Lo entendéis? (Sí). Por tanto, ahora que hemos terminado de compartir estas cosas, ¿tenéis algo de entendimiento sobre qué nociones e imaginaciones tienen las personas en lo que respecta a la obra de Dios? (Sí). Ahora que las entendéis, ¿conocéis algunas de las desviaciones que las personas tienen en su proceso de creer en Dios y perseguir la verdad? ¿Tenéis también claro cómo deberíais practicar? (Sí).
El propósito de entender las nociones e imaginaciones de las personas es, por un lado, impedir que las personas vivan de acuerdo con estas nociones e imaginaciones y que caminen por la senda de vida incorrecta. Por otro lado, es el de permitir a las personas —mientras se desprenden de estas nociones e imaginaciones— vivir dentro de la humanidad normal y cumplir con sus responsabilidades y deberes con facilidad y gozo, así como que no se fuercen a hacer cosas de las que no son capaces. Si hay algo que puedes lograr y que deberías hacer, entonces dedica tus mayores esfuerzos a hacerlo; si algo excede tu calibre y tu capacidad, encuentra a alguien para cooperar contigo en ello o pide ayuda a otros hermanos y hermanas y hazlo lo mejor que seas capaz; estos son los principios. En resumen, lo que las personas deberían entender respecto a esta cuestión es que, durante el periodo en el que Dios obra, la humanidad de todo el mundo se está desarrollando gradualmente en una buena dirección durante el proceso de aceptar las palabras de Dios y dentro del ámbito de las condiciones básicas inherentes de su humanidad, en lugar de volverse retorcida, sobrenatural o anormal. Por tanto, si el deber que haces implica una habilidad técnica o profesional, entonces, para hacerlo bien, deberías esforzarte por aprender con diligencia y por profundizar en esa habilidad técnica o profesional. No deberías esperar ciegamente que Dios actúe según ciertos pensamientos y opiniones —como “Dios es omnipotente, así que Dios puede lograr cualquier cosa que a la gente le resulta imposible hacer; solo basta con que le oremos”— e imaginaciones sobre cosas sobrenaturales, sin esforzarte por aprender la habilidad tú mismo. Deberías dedicar todo tu corazón, toda tu fortaleza y toda tu mente a hacer aquello que se halla dentro del ámbito de lo que puede conseguir tu calibre y, cuando se trate de lo que exceda tu calibre y capacidades, no te compliques a ti mismo, no te agobies, no te cargues ni presiones de ninguna manera; no seas duro contigo mismo. Piensa, por ejemplo, en el proceso de aprender habilidades informáticas. Digamos que te estás haciendo mayor y, acorde a tu edad, tu calibre y tus condiciones presentes, aprender a teclear ya supone un logro importante para ti. Si además puedes aprender a contactar con los hermanos y hermanas y a hacer trabajo online, eso ya está bastante bien. Sin embargo, nunca estás satisfecho y sigues deseando más; quieres aprender a programar y a mantener la red segura, a hacer cierto trabajo que solo pueden realizar los ingenieros informáticos y el personal de alta tecnología. ¿Acaso no es una necedad? (Sí). No puedes dominar estas cosas, así que te vuelves negativo y te quejas de Dios: “Oh, Dios, ¿por qué no puedo dominar estas cosas? ¿Por qué me concediste esta clase de calibre? Soy muy viejo, ¿por qué no puedes volver a hacerme joven? ¿Acaso Dios no es omnipotente?”. Está mal que tengas tales pensamientos y hagas tales exigencias. ¿Qué se quiere decir con “hacer lo que sea que esté en tu mano y no exceder tu calibre, capacidades e instintos”? Sea lo que sea lo que tu calibre y capacidades te permitan lograr, esto es lo que Dios requiere de ti. Dios no te exige aquellas cosas que no están a tu alcance y tú tampoco tienes que exigírtelas a ti mismo. Si tú no puedes hacer algo, hay otros que pueden; Dios no exige que seas tú quien lo haga. Dices: “Soy viejo, no sé subir vídeos, tampoco sé cómo mantener la seguridad de la red y, menos aún sé programar”; sin embargo, insistes en aprender estas cosas. ¿Has preguntado si la casa de Dios necesita que tú hagas este trabajo? ¿Has hecho adecuadamente tu propio trabajo? ¿Has hecho de manera correcta el trabajo que tu calibre te permite lograr? Si no ha sido así y sigues insistiendo en intentar hacer cosas que están fuera de tu alcance, que exceden tu comprensión y que incluso no vas a lograr aprender en toda tu vida, ¿crees que estás batallando contra ti mismo o contra Dios? ¿Acaso no es esto muy problemático? (Sí). Siempre quieres superarte a ti mismo y convertirte en sobrehumano, pero Dios no ha requerido de ti que hagas eso. Solo puede haber una razón por la que quieras ser sobrehumano: que quieras alardear y no vayas a admitir la derrota ni ceder ante la vejez. No es en aras de hacer bien tu deber que soportas adversidades y pagas un precio; no haces tu deber de acuerdo con el principio de comportarte bien y aferrarte con firmeza al lugar que te corresponde. Para probar que no eres viejo, quieres desafiar tu propio calibre y capacidades. “Todavía soy válido”, piensas. “¡Soy igual de bueno que el resto, puedo hacer lo mismo que los demás!”. ¿Es esto significativo? (No). No es significativo. Todo este esfuerzo que estás dedicando es inútil y sin valor. Si dedicas todo tu corazón, toda tu mente y toda tu fortaleza a llevar a cabo de manera adecuada aquello que tus propias condiciones te permiten lograr, entonces Dios estará satisfecho. No te desafíes a ti mismo, no busques sobrepasar tus límites. Dios sabe cuáles son tu calibre y tus capacidades. Hace mucho que Dios ha predeterminado el calibre y capacidades que te ha entregado Él. Querer siempre sobrepasar esto es ser arrogante y sobrestimarse a uno mismo; es buscarse problemas y es inevitable que termine en fracaso. ¿No están esas personas siendo negligentes con las tareas que les corresponden? (Sí). No se comportan conforme a las reglas ni se aferran a sus puestos correspondientes para cumplir bien los deberes de un ser creado; no siguen estos principios en sus acciones, sino que siempre tratan de alardear. Hay un dicho que afirma: “Una vieja se pinta los labios, para que tengas algo que mirar”. ¿Qué intención tiene la “vieja” al hacer esto? (Lucirse). La vieja quiere mostrarte: “Al ser vieja, no soy corriente; te voy a enseñar algo especial”. No quiere que la menosprecien, sino que en su lugar quiere que la tengan en alta consideración y la veneren; quiere desafiar sus límites y superarse a sí misma. ¿Acaso no es esto tener una naturaleza arrogante? (Sí). Si tienes una naturaleza arrogante, entonces no permaneces dentro de los límites, no quieres comportarte de una manera que corresponda a tu posición. Siempre quieres desafiarte a ti mismo. Cualquier cosa que los demás puedan hacer, tú también quieres poder hacerla. Cuando otros hacen cosas que los hacen destacar, logran resultados o realizan contribuciones y reciben el elogio de los demás, te sientes incómodo, celoso y descontento. Entonces quieres abandonar tus tareas actuales para ocuparte de un trabajo que te permita brillar y también deseas que se te tenga en alta consideración. Sin embargo, no eres capaz de hacer trabajo que te permita destacar, ¿no es esto entonces una pérdida de tiempo? ¿Acaso no es desatender las tareas que te corresponden? (Sí). No desatiendas las tareas que te corresponden, ya que eso no va a acabar bien. No solo demora las cosas y se pierde el tiempo, provocando que los demás te menosprecien, sino que también causas que Dios te deteste y, al final, te atormentas hasta volverte bastante negativo. Sea cual sea la edad de la persona —ya sea joven, de mediana edad o vieja—, esta tiene límites en cuanto a su calibre y sus talentos; nadie es perfecto. Olvídate de ser perfecto, olvídate de saber hacerlo todo, de poder hacerlo todo y de entenderlo todo; si tienes esta clase de carácter, eso es problemático.
Dentro de la obra de Dios, cuando Él les habla a toda clase de personas sobre cualquier tema o cualquier tipo de asunto, ¿por qué Dios habla una y otra vez sobre la misma cosa, abordando diferentes estados y situaciones? Aquellos que carecen de entendimiento espiritual piensan: “Hablar de esta manera es demasiado detallado y extenso; ya lo entendemos”. Puede que tú ya lo entiendas, pero es posible que otros no. Y aunque lo entiendas, ¿eres capaz de resolver los problemas de diversos estados? Si no es así, eso significa que sigues sin tener una comprensión total, así que no finjas que la tienes. Los estados de las personas son todos diferentes. Solo una vez que se haya hablado sobre todos los estados de cada tipo de persona y todos los diversos estados se hayan cubierto —es decir, una vez que se hayan debatido todos los estados de todos los tipos de personas en el marco de cierta cuestión importante y todo el mundo entienda este aspecto de la verdad—, solo entonces este asunto se habrá explicado con claridad. ¿Qué quiero decir con esto? Que todo el mundo desarrolla problemas diferentes mientras vive bajo sus propias condiciones; los problemas de todo el mundo son diferentes y las personalidades, los puntos fuertes y las cosas que se le dan bien también son diferentes. Por tanto, todo el mundo tiene sus propias condiciones personales, sus propias dificultades y sus propios pensamientos y opiniones diferentes. Sin embargo, no importa lo diferentes que sean las propias condiciones de las personas y, no importa lo diferentes que sean sus capacidades, calibres, altura de miras, personalidades y hábitos, las actitudes corruptas y la esencia-naturaleza de los seres humanos son las mismas. Es decir, por muy diferentes que sean las diversas condiciones de la humanidad de las personas, estas poseen los mismos rasgos comunes. ¿Por qué los seres humanos tienen los mismos rasgos comunes? Porque la esencia-carácter de la que dependen los seres humanos para su supervivencia es la misma. Por tanto, después de haberse dejado en evidencia los estados y problemas de toda clase de personas, lo que necesitan hacer los seres humanos es practicar de acuerdo con las verdades y principios que Dios requiere; entonces, los problemas comunes de la especie humana se resolverán. Tu personalidad o tu calibre no importan, tampoco lo competente que seas, si eres hombre o mujer, si naciste en occidente o en oriente o si eres del sur o del norte; mientras tus actitudes corruptas se resuelvan mediante la aceptación de la verdad, del juicio y el castigo de las palabras de Dios, así como mediante la práctica de la verdad, tus dificultades quedarán resueltas. Esto significa que también se pueden resolver todos los diversos estados que surgen en las personas en el contexto de los problemas comunes de los seres humanos. ¿Por qué surgen diversos estados en las personas? Es porque las condiciones inherentes de la humanidad que cada persona posee son diferentes. Por ejemplo, si vives en el sur y tienes algunos hábitos y patrones de vida de los sureños, así como también desarrollas algunos rasgos de personalidad y estilos de vida que son específicos de los sureños, entonces, con este tipo de trasfondo, desarrollarás algunas nociones e imaginaciones particulares, pensamientos y opiniones particulares y estados particulares. Si nacieras en el norte, tendrías la personalidad y los hábitos de vida de los norteños, o ciertos estados que surgen de las costumbres, el trasfondo cultural, los métodos de educación y otras cosas semejantes que son intrínsecas a los norteños. De esta manera, los estados que surgen en las personas que viven en el sur y en el norte son diferentes. Sin embargo, la causa fundamental y la esencia de los estados que surgen de un único problema son las mismas, así que todos pueden resolverse con las mismas verdades. Al ser este el caso, no importa si eres del norte o del sur, o del este o del oeste; mientras seas un ser humano creado, todos tus problemas se pueden resolver con verdades. ¿Lo has entendido? ¿Es complicado este asunto? (Ahora que he oído la explicación, ya no me parece complicado). ¿Por qué dices que este asunto no es complicado? (Aunque las propias condiciones, trasfondos y personalidades de las personas sean diferentes, y esto naturalmente dé lugar a estados diferentes, la causa fundamental de estos estados diferentes es la misma y la esencia corrupta de las personas también. Por mucho carácter corrupto que revelen, este se puede resolver con las mismas verdades; por tanto, las verdades pueden resolver los problemas de todas las personas). Ya sean del sur, del norte, del este o del oeste, ya sean hombres o mujeres, jóvenes o viejas, sean cuales sean sus propias condiciones, las actitudes corruptas de las personas son las mismas y los diversos estados, pensamientos y opiniones, así como las posturas respecto a la verdad a los que estas actitudes corruptas dan lugar, tienen un rasgo común. ¿Cuál es este rasgo común? Todo lo que surge de estas actitudes corruptas es propio de Satanás y no se conforma a la verdad; por supuesto, para ser más específicos, se podría decir que es contrario a la verdad. Por tanto, no importa qué diferencias haya entre las razas, religiones o culturas de la especie humana corrupta y da igual si tienen la piel amarilla, blanca, marrón o negra, todos son seres humanos corruptos y todos los seres humanos poseen la misma esencia de resistirse a Dios. Esto es algo que tienen en común. Por tanto, sea cual sea el país del que proceden las personas o cuál sea su raza, se las conoce colectivamente como seres humanos corruptos. Es decir, con independencia de si estas razas de personas son superiores o modestas, pobres o ricas en cuanto a su color de piel, su apariencia, hábitos de vida o cultura racial, así como sea cual sea la educación que hayan recibido, en cualquier caso, las reglas en las que confían para su supervivencia provienen de Satanás, no son consistentes con la verdad y se oponen a Dios. Aunque pertenezcan a una raza pudiente y noble con un trasfondo religioso elevado, la esencia de las personas sigue siendo la de los seres humanos corruptos, siguen siendo de la calaña de Satanás que se resiste a Dios, son todavía humanos corruptos, todos se oponen a Dios, se trata de todos aquellos a los que la obra de Dios juzga y castiga; los que pueden aceptar la verdad entre ellos son aquellos a los que Dios pretende salvar. ¿Qué implicación tiene esto? La de que antes de ser salvado, por muy elevados que sean tus trasfondos culturales, educativos y religiosos, tu esencia sigue siendo de oposición a Dios y hostil a Él. Así pues, la esencia de los seres humanos no cambiará por su color de piel, religión, país de nacimiento o su trasfondo educativo o cultural. De manera similar, da igual de qué raza sea una persona, no se volverá noble o inferior a ojos de Dios debido a sus propias condiciones. Por tanto, a ojos de Dios, ¿cuál es el estándar para evaluar si las personas son nobles o inferiores? Solo hay un estándar y es el de si aceptas la verdad o no. Si aceptas la verdad, entonces, no importa tu raza ni el color de tu piel, eres noble. Si no aceptas la verdad, entonces, aunque digas: “Tengo la piel blanca, pelo rubio y ojos azules; mi familia ha pertenecido a la realeza desde hace generaciones”, ¡eso no sirve de nada! Aunque seas noble entre la especie humana, si no aceptas la verdad, entonces, a ojos de Dios todavía eres un ser humano corrupto, eres igual que cualquier otro ser humano corrupto; no hay diferencia. No importa cuántos miembros de la raza humana te admiren, te veneren y te presenten ofrendas, no sirve de nada y no cambiará tu estatus, identidad y esencia a ojos de Dios. El estándar de Dios para evaluar a la especie humana —que, por supuesto, también es un estándar fijo y un punto de referencia elevado de Dios para evaluar a la especie humana— es evaluarla mediante la verdad. Si amas la verdad y la practicas, entonces eres noble; si no practicas la verdad, entonces esta vieja carne tuya es un ser humano corrupto; no vale un centavo y no vale siquiera lo que una hormiga en la tierra. Con la excepción de los microorganismos que las personas no pueden ver, las hormigas son relativamente pequeñas entre todas las cosas vivas. Su patrón de vida, sus reglas de supervivencia y sus instintos se ciñen por completo a las leyes establecidas por Dios. Su horario de trabajo y descanso varía de acuerdo con el clima y la fluctuación de las temperaturas de las cuatro estaciones y nunca cambiarán de manera proactiva estos patrones y reglas. Pero los humanos son diferentes. Los humanos siempre quieren cambiar el statu quo y el mundo, siempre tienen ambiciones e incurren constantemente en la traición y la rebelión. Aunque las hormigas no tienen la facultad de aceptar la verdad ni la capacidad para comprenderla, al menos no se resisten a Dios. Los humanos son diferentes; se lanzarán activamente a atacar y resistirse a Dios. Por tanto, a ojos de Dios, los seres humanos que no han obtenido la verdad y no han sido salvados no valen nada. ¿No es esto un hecho? (Sí). Evaluar y calificar a las personas según este hecho concuerda por completo con los principios-verdad. Por medio de la enseñanza de estos asuntos, las personas deberían tener una opinión y una comprensión correctas respecto a la esencia de la especie humana y del efecto que la obra de Dios pretende lograr. Después de entender este aspecto de la verdad, ¿acaso no estarás menos limitado cuando prediques el evangelio a las personas o cuando te relaciones y compartas con ellas, sea cual sea el tipo de persona del que se trate, con independencia de que tengan o no un trasfondo religioso, de si tienen posición y estatus en la sociedad o un estatus social bajo y de si su piel es blanca o de color? (Sí). Si no comprendes estas verdades, siempre tenderás a tener en alta consideración a las personas de otras razas o sentirás que no puedes comprenderlas y no sabes cómo compartir o interactuar con ellas. ¿Acaso entender estas verdades no os ayuda a la hora de relacionaros con esas personas? Os ayudará a contemplar a toda la raza humana desde la posición adecuada y el punto de vista correcto. Este es el beneficio de entender la verdad. Cuando entiendas la verdad, tu perspectiva sobre las cosas será correcta y además tendrá una amplitud de miras relativamente grande, no será tan limitada. De lo contrario, siempre carecerás de confianza como líder u obrero. En primer lugar, sentirás que careces de experiencia de vida. En segundo lugar, sentirás que no has tenido experiencias suficientes. En tercer lugar, sentirás que no se te da bien hablar y que no puedes desentrañar los estados de la mayoría de las personas; en particular, cuando veas a personas mayores, sentirás miedo y nervios y no te atreverás a hablar. Hay quien dice: “En especial, cuando veo que los creyentes religiosos veteranos tienen algún conocimiento de la Biblia, no sé cómo predicarles el evangelio y me asusto y me siento inferior a ellos”. Entiendes muchas verdades, así que, ¿de qué tienes miedo? ¿Acaso no es esto no ser capaz de desentrañar los asuntos? Una vez que las personas entiendan la verdad, deberían ser capaces de resolver estos asuntos y problemas y ya no estarán limitadas por estas cosas.
¿Qué aspectos de la verdad habéis entendido por medio de los temas que hemos compartido hoy? ¿Tenéis clara la obra de Dios y cómo salva Él a las personas, Sus métodos para salvarlas y los aspectos de estas que Dios cambia? (Sí). Ahora que tenéis claras estas cosas, ¿acaso no sentís incluso más la importancia de practicar la verdad y de evaluarlo todo según la verdad? (Sí). ¿Acaso no pensáis incluso más que es extremadamente importante perseguir y entender la verdad? Si alguien no entiende la verdad, entonces no puede desentrañar ningún asunto, no puede desentrañar a todos los tipos de personas ni a las de distintos países y etnias, por tanto, es un necio, un idiota. Cuando algunos individuos ven a personas con gafas, asumen que se trata de profesores o intelectuales, así que se sienten limitados y no se atreven a hablar; además, cada vez que ven a personas altas y de buena apariencia, se sienten inferiores a ellas. Después de entender la verdad, ¿acaso estas cosas no dejarán de afectar a las personas en lo fundamental? Por un lado, no se limitarán a sí mismas; por otro, mejorarán —en cierta medida— su actitud y punto de vista en lo que respecta a lidiar con las personas y las cosas, así como también tendrán algo de entendimiento respecto a ello. Esto será beneficioso para el cumplimiento de su deber, en especial, en lo que respecta al desempeño del trabajo por parte de los líderes y obreros de todos los niveles.