Cómo perseguir la verdad (3) Parte 3

2. Cómo abordar correctamente las propias condiciones innatas

Después de que las personas hayan entendido los objetivos y el verdadero significado de la obra de Dios, ¿cómo deberían actuar con el fin de abordar correctamente sus propias condiciones inherentes? ¿Cuántos principios hay? (Los que se me ocurren son que las personas deberían contemplar correctamente su propia personalidad, calibre y otras condiciones, dejar de buscar cosas sobrenaturales y dejar de buscar ser sobrehumanas, hacer cualquier cosa de la que sean capaces lo mejor que puedan y no forzarse a sí mismas a lograr lo que está más allá de su alcance. De esa manera, su vida estará más liberada y su humanidad se volverá cada vez más normal). Para empezar, si quieres evitar hacer cosas necias o estúpidas, primero debes entender tus propias condiciones: cómo es tu calibre, cuáles son tus puntos fuertes, en qué eres bueno y en qué no, además de qué cosas puedes o no puedes hacer según tu edad, tu género, el conocimiento que posees y tus entendimientos y tu experiencia de vida. Es decir, deberías tener claros cuáles son tus puntos fuertes y debilidades en el deber que desempeñas y el trabajo que haces, así como las deficiencias y méritos de tu propia personalidad. Una vez que tengas claras tus propias condiciones, méritos y defectos, entonces deberías fijarte en qué méritos y puntos fuertes se deberían mantener, qué defectos y fallos se pueden superar y cuáles no se pueden superar en absoluto; debes tener claras estas cosas. Para alcanzar esta claridad, por un lado, deberías buscar la verdad, reflexionar y obtener conocimiento de estas cosas por medio de comparar las palabras de Dios con tu situación real y, al mismo tiempo, orar a Dios para que revele estas cosas. Por otra parte, también puedes preguntarles a los hermanos y hermanas a tu alrededor y pedirles que te den indicaciones y consejos. De esta manera, tendrás un entendimiento más profundo sobre ti mismo y tendrás más ideas y pistas en lo referente a la cuestión de conocerte a ti mismo. Las personas no son capaces de resolver algunos problemas. Por ejemplo, puede que seas propenso a ponerte nervioso al hablar con los demás; cuando afrontas situaciones, puede que cuentes con tus propias ideas y puntos de vista, pero no eres capaz de formularlos con claridad. Te sientes especialmente nervioso cuando hay muchas personas presentes; hablas con incoherencia y te tiembla la boca. Algunos llegan incluso a tartamudear; otros son si cabe menos inteligibles si hay miembros del sexo opuesto presentes, simplemente no saben qué hacer ni qué decir. ¿Es fácil superar esto? (No). Al menos a corto plazo, no te resulta sencillo superar este defecto porque es parte de tus condiciones innatas. Si sigues nervioso después de varios meses de práctica, el nerviosismo se tornará en presión, lo cual te afectará negativamente, ya que hace que tengas miedo de hablar, conocer a gente, asistir a reuniones o dar sermones, y estos temores te aplastarán. ¿Qué deberías hacer entonces? Puedes reflexionar sobre este asunto y hablar con los demás sobre ello; ver qué mentalidad tienen otros cuando se encuentran con este problema y cómo lo resuelven, y entonces deberías también practicar de esta manera. Digamos que durante la reunión de hoy estás en bastante buena forma; tu estado de ánimo es alegre y, es más, también te conmueve leer las palabras de Dios y sientes un deseo particular de expresarte. Resulta que es una reunión de un grupo pequeño en la que solo hay unas cuantas personas, así que intentas compartir unas pocas palabras y te sientes bastante bien al respecto, nada nervioso. En esta situación, cuando no estás bajo ninguna presión y no te has preparado en absoluto, te expresas muy bien libremente y todo el mundo está de veras conmovido y edificado por ello. ¿Acaso no es esto progreso? Limítate a empezar a practicar hablar y compartir en reuniones de pequeños grupos, donde haya pocas personas, y de manera gradual serás capaz de hablar con normalidad y tus nervios se esfumarán poco a poco. Al practicar de esta manera se lograrán los mejores resultados. Primero, elige una reunión de un grupo pequeño donde haya pocas personas o un escenario informal para practicar esto, para hablar y compartir de manera improvisada, como si estuvieras charlando, a fin de superar este defecto tuyo. A veces, después de hablar durante un minuto, puede que te sientas un poco nervioso, puede que, a medida que hables, te sientas menos confiado, y puede que tengas menos que decir a medida que continúas; en tales casos, no hables más; termina rápido y para. A veces, después de haber estado hablando durante un rato, puede que todo el mundo esté dispuesto a escuchar y se sienta muy liberado; en tal ambiente, tus nervios y tu estrés se disiparán sin que te des cuenta. Este defecto tuyo solo puede mejorar poco a poco bajo tales circunstancias; pero no se superará. Si te parece que tu estado no ha mejorado mucho tras formarte durante un mes, e incluso te surge una especie de presión en el corazón que te pone cada vez más nervioso, lo cual afecta al desarrollo normal de tu trabajo, de tu vida y de la realización del deber, entonces no hace falta que te continúes formando. Basta con que puedas hacer tu deber con normalidad. Solo céntrate en hacer bien tu deber; es lo correcto. Mantén en tu corazón este defecto, este fallo, ora en silencio a Dios y luego busca las ocasiones apropiadas para practicar cómo hablar y asociarte con las personas, al tiempo que expresas lo que quieres decir articulando cada palabra, siguiendo una estructura y con claridad. Así mejorará poco a poco tu defecto, tu fallo. Es posible que, pasados uno o dos años, madures con la edad y estés más familiarizado con la gente que te rodea, y que su mirada, sus opiniones y la atmósfera creada cuando todo el mundo está reunido ya no te causen presiones, ataduras ni limitaciones; entonces, tu defecto se podría superar y resolver entre esa gente. Este es el tipo de persona que cuenta con la forma más grave de este defecto; solo lo puede superar por medio de la atemperación y la práctica a largo plazo en tales entornos. Por supuesto, también existen personas que resuelven este fallo poco a poco en un corto periodo de entre tres y cinco meses. No se ponen nerviosas cuando interactúan y hablan con los demás en situaciones corrientes, excepto cuando afrontan grandes ocasiones. Por tanto, si puedes superar a corto plazo este defecto, este fallo, hazlo. Si es difícil de superar, no le hagas caso, no luches contra él ni te desafíes a ti mismo. Por supuesto, si no puedes superarlo, no deberías sentirte negativo. Aunque no puedas superarlo nunca a lo largo de tu vida, Dios no te condenará, ya que no se trata de tu carácter corrupto. Tu miedo escénico, tu nerviosismo y tu temor; estas manifestaciones no reflejan tu carácter corrupto. Ya sean innatos o producto del entorno posterior en la vida, como mucho, son un defecto, un fallo de tu humanidad. Si no puedes cambiarlo a largo plazo, o siquiera en toda tu vida, no te obceques con ello, no permitas que te limite, ni tampoco deberías volverte negativo por ese motivo, pues no se trata de tu carácter corrupto; no sirve de nada intentar cambiarlo o luchar contra él. Si no puedes cambiarlo, entonces acéptalo, deja que exista y trátalo con corrección, ya que puedes coexistir con ese defecto, ese fallo; el hecho de que lo tengas no afecta a que sigas a Dios y hagas tus deberes. Mientras puedas aceptar la verdad y hacer tus deberes lo mejor que te sea posible, todavía puedes salvarte; no afecta a tu aceptación de la verdad ni a que logres la salvación. Por tanto, no deberías verte limitado a menudo por cierto defecto o fallo en tu humanidad ni deberías volverte negativo o desalentarte con frecuencia, o siquiera renunciar a tu deber y a la búsqueda de la verdad, perdiendo así la ocasión de salvarte. No merece para nada la pena; eso es lo que haría una persona necia e ignorante.

Algunas personas solo pueden llegar a las notas medias cuando cantan y no pueden alcanzar las notas altas por mucho que se formen para ello. Por tanto, ¿qué se puede hacer al respecto? Limítate a cantar notas en los rangos medio y bajo; basta con cantar bien esas notas. Si quieres desafiarte a ti mismo constantemente y decir: “Se me da bien cantar las notas medias. Quiero desafiarme a mí mismo para alcanzar las notas altas”, entonces, aunque tengas éxito en este desafío, no tendrá sentido y no significará que hayas obtenido la verdad. En el mejor de los casos, solo significará que has adquirido una habilidad adicional, que puedes hacer un deber adicional, puedes cantar algunas canciones más y puedes estar un poco más en el centro de atención. Pero ¿y qué? ¿Estar más en el centro de atención significa que estés practicando más la verdad? ¿Existe una conexión entre estas dos cosas? (No). Si puedes cantar las notas medias, entonces cántalas bien. Si no puedes cantar bien las notas altas, pero insistes en tensionar la voz para hacerlo y acabas no siendo capaz de cantarlas correctamente y además caes enfermo a causa del agotamiento, Dios no recordará esto. No importa si puedes cantar notas altas o medias, mientras puedas cantar bien y seas devoto y lo des todo en tu deber, sin ser superficial o evasivo ni holgazán, y sin cometer fechorías de manera temeraria ni soltar ideas grandilocuentes, y mientras te esfuerces —ya sea en cuanto a técnica, emoción, cualidad tonal y notas— para cantar de una manera estándar y hermosa que llegue al corazón de la gente, así como cantar de un modo que pueda conmover a las personas, aquietar el corazón de estas ante Dios y edificarlas cuando te escuchen, entonces esto es hacer tu deber de una manera acorde al estándar. Si siempre quieres desafiar tus límites y lograr hitos personales y superarte a ti mismo, esto es revelar tu carácter satánico corrupto y no es hacer tu deber. Después de que has hecho adecuadamente tu propio trabajo y aquello que eres capaz de lograr, está bien que en tu tiempo libre aprendas algo que sea útil para tu deber, pero no es esto lo que Dios requiere. Supón que cantas bien las notas medias y en tu tiempo libre practicas para cantar las altas. Pasado un tiempo, progresas, y después de dos o tres años de trabajo duro también eres capaz de cantar bien las notas altas. Eres capaz de cantar tanto las notas medias como las altas y cumples bien ambos deberes; eres capaz de hacer ambos deberes de acuerdo con los principios-verdad y de cantar con todo tu corazón, sin ser superficial, evasivo ni holgazán, sin soltar ideas grandilocuentes. Esto es incluso mejor, es una buena obra y Dios la recordará. Pero digamos que no puedes lograrlo y sigues pensando todo el tiempo: “Dios tiene altas expectativas respecto a mí, ¿acaso no soy evasivo y holgazán si solo canto las notas medias? ¡Dios no está satisfecho!”. Eso es tu propia imaginación. Estás especulando respecto a Dios y te dedicas a la práctica de “evaluar lo noble según los estándares de lo innoble”. Dios no ha requerido de ti nada semejante. Lo que Dios requiere de ti es que hagas bien aquello que te corresponde hacer dentro del ámbito de tu calibre y capacidades inherentes; si lo haces bien de acuerdo con los principios que Dios requiere, entonces Dios ya te habrá evaluado con la calificación más alta. Pero si no intentas hacer bien aquello que eres capaz de conseguir ni lo haces de acuerdo con los principios y siempre eres evasivo y holgazaneas y siempre quieres soltar ideas grandilocuentes y no practicas diversas técnicas de canto, sino que sigues queriendo desafiar tus límites, entonces careces de razón al actuar así; se trata de una manifestación de arrogancia e ignorancia y Dios no estará complacido. De ninguna manera dirá: “Esta persona puede cantar las notas medias y está intentando cantar también las altas. Aunque no es capaz de cantar bien las altas, le pone mucha dedicación y con eso es suficiente”. Dios no te contemplará de esa manera, así que no te sientas satisfecho contigo mismo. Dios solo observa si te comportas de una manera que corresponde a tu rol y si eres alguien que lleva bien a cabo los deberes de un ser creado. Él observa si dedicas todo tu corazón y tus fuerzas a la realización de tu deber bajo las condiciones innatas que Dios te ha dado y si actúas de acuerdo con los principios y logras los resultados que Dios desea. Si puedes conseguir todas estas cosas, Él te concede la nota máxima. Supón que no haces las cosas de acuerdo con los requerimientos de Dios y que, aunque te empeñes y dediques esfuerzo, lo único que haces es jactarte y alardear y no te comportas de acuerdo con los principios-verdad ni dedicas todo tu corazón y tu fortaleza a satisfacer a Dios en la ejecución de tu deber. En ese caso, tus manifestaciones y tu conducta le resultan detestables a Dios. ¿Por qué las detesta Dios? Él dice que no te centras en las tareas que te corresponden, no has puesto todo tu corazón, tu fortaleza ni tu mente en la ejecución de tu deber y no recorres la senda correcta. El calibre, los dones y los talentos que Dios te ha dado son ya suficientes; es solo que no estás satisfecho, no tienes devoción a tu deber, nunca sabes cuál es tu lugar, siempre quieres soltar ideas grandilocuentes y alardear, hasta que al final malogras tus deberes. No has puesto en juego el calibre, los dones y los talentos que te ha concedido Dios, no has hecho un esfuerzo total ni has logrado ningún resultado. Aunque puede que estés bastante ocupado, Dios dice que eres como un bufón, no alguien que conozca su lugar y esté centrado en los deberes que le corresponden. A Dios no le gustan tales personas. Por tanto, sean cuales sean tus planes y objetivos, si al final no llegas a hacer tu deber de acuerdo con los principios que requiere Dios, con todo tu corazón, toda tu mente y toda tu fortaleza, a partir de la base del calibre, los dones, los talentos, las capacidades y otras condiciones inherentes que Dios te ha concedido, entonces, Dios no recordará lo que has hecho y no estarás haciendo tu deber, sino más bien, estarás haciendo el mal.

¿Has entendido el principio de práctica sobre cómo abordar de manera correcta tus condiciones innatas, es decir, tus propias condiciones, méritos y defectos? (Sí). ¿Cuál es el primer paso? Primero, aprovecha al máximo los dones, capacidades y fortalezas inherentes y existentes que Dios te ha dado, además de las habilidades técnicas o profesionales que eres capaz de alcanzar y lograr; no te contengas. Si has llegado a satisfacer a Dios en cuanto a todas estas cosas y sientes que todavía puedes alcanzar cotas más altas, entonces echa un vistazo a qué habilidades técnicas o profesionales puedes mejorar o en cuáles marcar hitos, dentro del ámbito de lo que puede lograr tu calibre. Puedes continuar aprendiendo y mejorando en función de lo que puedas lograr con tu propio calibre. Por tanto, ¿cómo debería uno practicar desprenderse de sus nociones e imaginaciones respecto a la obra de Dios? Para empezar, tienes que entender cuáles son tus condiciones innatas, lo que te ha dado Dios, cómo deberías usar estas cosas y cómo desbloquear todo su potencial y sacar el máximo provecho de ellas y convertirlas en condiciones básicas —en lugar de obstáculos— para que llegues a hacer tu deber con devoción. Entiende tus propios puntos fuertes y deja que entren en juego. Comprende tus propios fallos y defectos y si puedes cambiarlos en un periodo corto de tiempo, hazlo; si no son fáciles de cambiar, no permitas que se conviertan en impedimentos u obstáculos en el proceso de hacer tu deber; que no te limiten ni influyan en ti y que no te encadenen ni te aten de pies y manos. Digamos, por ejemplo, que naces con mala salud y una constitución débil y quieres superar esto constantemente, quieres poder comer, beber y quedarte despierto hasta tarde como una persona normal, pero Dios no te ha dado ese capital. Entonces, deberías afrontar cada día en función de tus propias condiciones y hacer cosas de acuerdo con los principios que Dios requiere. No te desafíes a ti mismo y no permitas que tus propios fallos y defectos se vuelvan impedimentos y obstáculos en tu senda de seguir a Dios, hacer tu deber y perseguir la verdad; no dejes que se conviertan en un detonante para que seas negativo y, más si cabe, no renuncies a perseguir la verdad ni a hacer tu deber, ni sientas envidia ni odio hacia los demás solo porque tengas ciertos defectos, fallos e insuficiencias; no debería haber nada de esto. Debes abordar tus propios defectos y fallos de una manera correcta; si no puedes cambiarlos, deberías permitir que existan y luego buscar la verdad para entender las intenciones de Dios y ser capaz de abordarlos correctamente, sin estar limitado por ellos. ¿Por qué tienes que hacer esto? Esta es la razón que debería tener la humanidad normal. Si la razón de tu humanidad es normal, deberías afrontar tus defectos y fallos de la manera correcta; deberías reconocerlos y aceptarlos. Esto te resulta beneficioso. Aceptarlos no significa verte limitado por ellos ni tampoco ser negativo a menudo por esa causa, sino más bien significa no estar limitado por ellos, reconocer que eres solo un miembro corriente de la especie humana corrupta, con tus propios fallos y defectos, sin nada de lo que jactarte, que es Dios el que exalta a la gente para hacer su deber y el que pretende obrar Su palabra y vida en ella, lo que le permite lograr la salvación y escapar de la influencia de Satanás; esto es por entero que Dios exalta a las personas. Todo el mundo tiene fallos y defectos. Deberías permitir que estos coexistan contigo; no trates de evitarlos o encubrirlos y no te sientas a menudo reprimido en tu fuero interno o incluso siempre inferior por su culpa. No eres inferior; si puedes hacer tu deber con todo tu corazón, toda tu fuerza y toda tu mente, lo mejor que te sea posible, y tienes un corazón sincero, entonces eres tan precioso como el oro ante Dios. Si no puedes pagar un precio y te falta lealtad a la hora de hacer tu deber, aunque tus condiciones innatas sean mejores que las de la persona promedio, no eres precioso ante Dios, no vales siquiera lo que un grano de arena. ¿Lo has entendido? (Sí). Ya se trate de tu aspecto natural, de tu calibre y talentos naturales o de los defectos e insuficiencias de algún aspecto de tu humanidad, no dejes que te limiten ni que afecten a tu lealtad y sumisión a Dios, no dejes que afecten a tu búsqueda de la verdad y, por supuesto, más si cabe, no permitas que afecten al gran asunto de tu salvación. Deberías abordar tus defectos e insuficiencias de la manera correcta y dejar que coexistan contigo, lo cual significa que ya no deberías intentar cambiarlos, pues no impactarán lo más mínimo tu realización del deber con todo tu corazón, tu mente y tu fortaleza y, por supuesto, tampoco afectarán a que hagas el deber de acuerdo con los principios; menos aún afectarán a tu búsqueda de por vida de la verdad en tu creencia en Dios ni afectarán a cómo contemplas a las personas o las cosas ni a cómo te comportas y actúas en el proceso de perseguir la verdad. Por supuesto, no deberías hacerte siempre exigencias y pensar: “¡No tengo que mostrar este fallo, no puedo dejar que otros vean mis defectos ni permitir que me miren con desprecio!”. Si lo haces, entonces vivirás una vida agotadora. Si permites que tus defectos y fallos coexistan contigo, entonces permite que existan y, aunque otros perciban tus defectos, esto puede incluso serte beneficioso, además de ser una protección, lo cual impedirá que te vuelvas arrogante y vanidoso. Por supuesto, para muchas personas requiere coraje revelar sus propios defectos y fallos. Algunas dicen: “Todo el mundo revela sus propios puntos fuertes y méritos. ¿Quién revelaría deliberadamente sus propios puntos débiles y defectos?”. No es que los reveles de manera deliberada, sino que permites que se revelen. Por ejemplo, si eres tímido y te sueles sentir nervioso al hablar cuando hay mucha gente alrededor, puedes tomar la iniciativa de decirles: “Me pongo nervioso con facilidad cuando hablo; lo único que os pido a todos es que mostréis comprensión y no me critiquéis”. Tomas la iniciativa de revelar tus defectos y fallos a todo el mundo, de modo que puedan ser comprensivos y tolerantes contigo y para que así te conozcan. Mientras más te conozcan todos, más tranquilo estará tu corazón y menos te constreñirán tus defectos y fallos. En realidad, esto te resultará beneficioso y te será de ayuda. Encubrir siempre tus defectos y fallos demuestra que no quieres coexistir con ellos. Si permites que coexistan contigo, tienes que revelarlos; no te sientas avergonzado o desalentado ni tampoco inferior a los demás, tampoco pienses que no eres bueno y no tienes esperanzas de salvarte. Mientras puedas perseguir la verdad y puedas hacer tu deber con todo tu corazón, toda tu fortaleza y toda tu mente, de acuerdo con los principios, y tu corazón sea sincero y no seas superficial respecto a Dios, entonces tienes esperanzas de salvarte. Si alguien dice: “Mira lo inútil y tímido que eres. Te pones nervioso solo por decir unas pocas palabras y se te pone toda la cara roja”, entonces deberías decir: “Tengo escaso calibre y no se me da bien hablar. Si me animáis, entonces tendré valor para ponerlo en práctica”. No pienses que no eres bueno o que eres una vergüenza. Dado que sabes que estos son los defectos y problemas de tu humanidad, deberías afrontarlos y aceptarlos. Que no te afecten de ninguna manera. En cuanto a cuándo cambiarán estos defectos y fallos, no te preocupes por eso. Concéntrate solo en vivir y hacer tu deber con normalidad de esta manera. Solo tienes que recordar lo siguiente: estos defectos y fallos de humanidad no son cosas negativas ni actitudes corruptas y, mientras no se trate de actitudes corruptas, no afectarán a tu desempeño del deber ni a tu búsqueda de la verdad y, menos aún, impactarán en que logres la salvación, y, por supuesto, lo que es incluso más importante, no van a afectar la manera en que te contempla Dios. ¿No te da eso calma mental? (Sí). Si todavía te preocupa que otros te menosprecien, eso es un problema de tu carácter arrogante y debes resolver ese carácter arrogante. Esta es la senda de práctica para abordar tus propios defectos y fallos correctamente. ¿Acaso practicar de esta manera no te facilita desprenderte de estas cosas y que ya no te limiten? (Sí).

¿El desempeño normal de los deberes de una persona y los defectos y fallos de su humanidad se afectarán mutuamente? (Mediante la enseñanza de Dios, ahora comprendo que los defectos y los fallos de humanidad no son actitudes corruptas y que no afectarán al desempeño normal de los deberes de las personas. Mientras estas cumplan sus deberes de acuerdo con los principios-verdad, obtendrán buenos resultados. En cuanto a los defectos e insuficiencias de humanidad, si somos capaces de superarlos, entonces podemos hacerlo. Si no podemos superarlos en un periodo corto de tiempo, entonces deberíamos permitir que existan y poder abordarlos correctamente). Si tienes un nivel de educación bajo, pero necesitas emplear conocimiento académico en tu deber, ¿acaso no es esto una especie de deficiencia? (Lo es). Por tanto, ¿cómo se puede resolver esta dificultad? (Puedo hacer un deber que sea apto para mí en función de mi nivel de educación. O si este deber es apto para mí, pero requiere cierto grado de conocimiento académico, puedo buscar a algunos hermanos y hermanas instruidos para que cooperen conmigo; podemos usar las fortalezas del otro para compensar nuestras debilidades y cumplir juntos este deber). ¿Puede la verdad compensar un nivel bajo de educación? (Sí, porque cuando una persona tiene la verdad, es capaz de desentrañar cosas). La educación atañe al nivel del conocimiento. Da igual lo culto que seas, si no entiendes la verdad, entonces, cuando hables o escribas artículos, solo podrás usar una gramática correcta, pero no serás capaz de explicar con claridad ni de resolver cuestiones relacionadas con la verdad. Por tanto, la educación no es importante; la verdad importa más que la educación. Por supuesto, si no cuentas con la base de la educación y, si el deber que haces implica conocimiento académico, no serás competente en este. Sin embargo, si entiendes la verdad, puedes guiar a otras personas; puedes llevar a cabo revisiones relativas a los principios-verdad. Si tienes un nivel bajo de educación y careces de la capacidad para expresarte y quieres predicar sermones o compartir la verdad, puedes buscar a una persona instruida para que te ayude a organizar tus borradores. Entonces te resultará fácil lograr resultados cuando compartas o prediques. Sin embargo, debes, como mínimo, entender la verdad. Si no entiendes la verdad y además eres inculto, no serás capaz de hacer deberes relacionados con el conocimiento académico, por lo que deberías hacer un deber que sea adecuado a tu nivel de educación. ¿Acaso no resuelve esto el problema? (Sí). Por tanto, perseguir la verdad es lo más importante, da igual desde qué perspectiva lo contemples. Puedes evitar los defectos y las deficiencias de la humanidad, pero nunca puedes evadir la senda de perseguir la verdad. Al margen de lo perfecta o noble que pueda ser tu humanidad o de que puedas tener menos fallos y defectos y poseas más fortalezas que otros, eso no significa que entiendas la verdad ni puede reemplazar tu búsqueda de esta. Al contrario, si persigues la verdad, entiendes mucho de ella y tu comprensión de ella es adecuadamente práctica y profunda, esto compensará muchos defectos y problemas en tu humanidad. Por ejemplo, digamos que eres cohibido e introvertido, que tartamudeas y no eres muy instruido —es decir, tienes un montón de defectos y carencias—, pero tienes experiencia práctica y, aunque tartamudeas al hablar, eres capaz de compartir la verdad con claridad y esta enseñanza edifica a todo el mundo cuando la escucha, resuelve problemas, permite a la gente emerger de la negatividad y disipa sus quejas y malinterpretaciones sobre Dios. Ya ves, aunque balbucees tus palabras, pueden resolver problemas; ¡qué importantes son estas palabras! Cuando los legos las oyen, dicen que eres una persona sin cultura, que no sigues las reglas gramaticales cuando hablas y que a veces las palabras que usas tampoco son realmente adecuadas. Puede ser que uses regionalismos o un lenguaje cotidiano y que tus palabras carezcan de la clase y el estilo de las de aquellos con una educación superior que se expresan con mucha elocuencia. Sin embargo, tu charla contiene la realidad-verdad, puede resolver las dificultades de las personas y, después de oírla, desaparecen todas las nubes oscuras a su alrededor y se resuelven todos sus problemas. Como ves, ¿acaso no es importante entender la verdad? (Lo es). Digamos que no entiendes la verdad y que, aunque tengas algún conocimiento académico y hables con elocuencia, cuando todo el mundo te oye hablar, piensa: “Tus palabras son solo doctrinas, no hay ni la menor pizca de la realidad-verdad en ellas ni pueden resolver problemas reales en absoluto, así que ¿acaso no son vacías todas tus palabras? No entiendes la verdad. ¿Es que no eres simplemente un fariseo?”. Aunque hayas dicho muchas doctrinas, los problemas siguen sin resolverse y piensas para tus adentros: “Estaba hablando con bastante sinceridad y seriedad. ¿Por qué no habéis entendido lo que he dicho?”. Has dicho gran cantidad de doctrinas, pero aquellos que eran negativos lo siguen siendo, mientras que los que tenían malentendidos acerca de Dios todavía los conservan, y ninguna de las dificultades que existen en su realización del deber se ha resuelto; esto significa que las palabras que dijiste solo eran tonterías. Por muchos fallos y defectos que haya en tu humanidad, si las palabras que dices contienen la realidad-verdad, entonces tu charla puede resolver problemas; si las palabras que dices son doctrinas y carecen del menor ápice de conocimiento práctico, entonces, por mucho que hables, no serás capaz de resolver los problemas reales de la gente. Da igual cómo te contemple la gente, mientras las cosas que digas no se conformen a la verdad y no puedas abordar los estados de las personas ni resolver sus dificultades, estas no querrán escucharlas. Por tanto, ¿qué es más importante, la verdad o las propias condiciones de las personas? (La verdad es más importante). Perseguir y entender la verdad son las cosas más importantes. Por tanto, no importa qué defectos tengas en cuanto a tu humanidad o tus condiciones innatas, estos no deben limitarte. En cambio, deberías perseguir la verdad y compensar tus diversos defectos por medio del entendimiento de la misma y, si descubres algunos defectos en ti mismo, deberías apresurarte a corregirlos. Algunas personas no se centran en perseguir la verdad y, en cambio siempre se enfocan en resolver las dificultades, carencias y defectos en su humanidad, así como en rectificar los problemas en esta, y resulta que dedican varios años de esfuerzo sin obtener resultados claros, con la consecuencia de que se sienten decepcionados consigo mismos y piensan que su humanidad es demasiado escasa y no hay manera de redimirse. ¿Acaso no es esto muy necio?