Cómo perseguir la verdad (4) Parte 4

Ejemplo 7: El gusto por la comida picante

Hay quienes nacieron en un lugar donde comer ají es lo normal; tal vez por el clima o porque sea un hábito familiar y les gusta comer ají, lo comen a diario y su dieta habitual suele estar dominada por los sabores picantes. Esta es obviamente una condición innata. ¿De qué condición innata se trata? (Es un hábito de vida). Su hábito de vida es que no pueden pasar sin los sabores picantes en su dieta diaria; todo lo que comen debe tener un gusto picante. ¿Hasta dónde llega esta preferencia? Incluso añaden picante a las comidas dulces, comen hamburguesas y pizza con sabores picantes e incluso ponen ají en el té y el café; hasta tal punto llega su consumo de comida picante. Este es un hábito de vida. ¿Hay algo de bueno o de malo en esto? (No). La preferencia por la comida picante la causan el entorno y los hábitos de vida; no hay nada de bueno ni de malo en ello. Algunas personas consumen comida picante hasta niveles excesivos; si no hay comida picante, no comen. Lo aceptes o no, ellas insisten en comer comida picante y nadie puede cambiarlo. En resumen, el amor por comer ají es un hábito de vida, no hay ningún problema con ello y no afecta a la verdad. Hay quien dice: “Este hábito de vida es muy extremo; ¿debería considerarse algo negativo? ¿Debería criticarse o regularse? ¿Deberíamos promocionar cierto conocimiento sobre salud y extender la idea de que los principios de alimentación y los hábitos de vida deberían priorizar la salud?”. ¿Sabes a ciencia cierta que comer ají y comida picante no es saludable? Llevan muchos años comiendo así, desde hace varias generaciones, y están bastante sanos. En particular, la gente de algunos sitios come ají en tal cantidad que al resto le resulta difícil de aceptar. Cuando los demás ven lo picante que es su comida, se sienten incómodos, sin embargo, estos individuos están fuertes, saludables y tienen una constitución bastante buena, así como energía y aguante para realizar trabajo físico. Esto demuestra que comer ají no hace daño ni afecta a la salud y, al parecer, su dieta de picante también se conforma a los principios de la salud. El amor por comer ají es un hábito de vida innato. Con independencia de que a otros les guste o no o de que puedan aceptarlo, mientras que una persona lo disfrute y no afecte a la vida o a la dieta de los demás, se puede mantener. No hay nada de bueno ni de malo en esto; no es un asunto importante y la casa de Dios no emite ningún juicio al respecto. Hay quien dice: “Comer ají es malo para el estómago”. Si te preocupa que sea malo para tu estómago, simplemente puedes elegir no comerlo. Si otros han estado comiendo picante durante mucho tiempo y les sienta mal al estómago, es a ellos a quienes les va a afectar, así que decidirán por sí mismos. Por tanto, todo el mundo tiene sus gustos, ya sea por lo dulce, lo agrio, lo amargo o lo picante, eso es un asunto personal. Da igual lo que comas o en qué cantidad, no hay necesidad de sentirse culpable. Mientras las condiciones y el entorno lo permitan, puedes dejar de lado todas las preocupaciones y comer sin escrúpulos. Por lo que a Mí respecta, no hay ninguna prescripción relativa a esto. Si alguien tiene algo que decir, puedes responder así: “Es mi libertad, es mi derecho y no hace falta que te metas. Aunque mi dieta solo consistiera en ají, eso no es asunto tuyo. Si me sienta mal al estómago o no, es responsabilidad mía, no tuya”. ¿Está bien hablar así? (Sí). Es asunto tuyo; no concierne a los demás ni tampoco a Mí. ¿Por qué lo digo? Porque este asunto no guarda relación con la verdad, no afecta al carácter corrupto y no es uno de los problemas que Dios pretende resolver al salvar a las personas. Por tanto, en lo que respecta a los problemas de los hábitos de vida, podemos ignorarlos. Esto no es algo positivo, pero tampoco negativo; simplemente es una preferencia que tienen algunos.

Hay algunos anfitriones a los que les gustan los ajís y quieren comer picante en las tres comidas diarias. Por tanto, cuando cocinan, preparan platos picantes en todas las comidas. A algunas personas que nunca han comido ají les resulta difícil y sugieren que, en su lugar, se preparen platos sin picante. Sin embargo, el que cocina no está dispuesto a aceptarlo y dice: “No puede ser. Estoy habituado a comer picante; si no lo preparo con picante, no me sabe bien. Deberías habituarte a comer estos platos; después de comerlos un tiempo, te acostumbrarás y ya no te dará miedo el picante”. ¿Qué problema hay aquí? (Se trata de un problema con su humanidad). ¿Qué clase de problema tiene su humanidad? (Les imponen cosas a los demás). Imponer cosas a los demás no es bueno. ¿Acaso no es forzar a otros a hacer lo que no quieren? Tales personas intentan colocarse en el centro de todo lo que hacen, creen que lo que les gusta es lo mejor y que otros deben aceptarlo. Si les gusta algo, tratan de hacer que a los demás también les guste; todo el mundo debe satisfacerlas. ¿No es esto egoísta y vulgar? No solo les imponen cosas a los demás, sino que además hay algo de malevolencia en ello. ¿Es buena la humanidad de este tipo de persona? (No). La gente de mala humanidad no puede beneficiar a los demás, solo causar daño y, en casos graves, incluso perjudicarlos. Son demasiado egoístas y vulgares, así como irracionalmente groseras. Si alguien posee razón, podría decir: “Me gusta la comida picante, pero a alguna gente no. Por tanto, no puedo pensar solo en mí mismo cuando cocine. Tengo que hacer platos picantes y no picantes, para que tanto yo como los demás quedemos satisfechos. El principio que sigo al hacer mi deber es satisfacer a todo el mundo, garantizar que todos coman bien y no centrarme solo en mí mismo. Debo hacer bien este deber conforme a los principios”. ¿Qué piensas de alguien así? (Su humanidad es buena en comparación). ¿En qué sentido es buena? (Se preocupa por los demás y los cuida. No solo mira por su propia satisfacción). En comparación, es amable, ¿verdad? La buena humanidad implica amabilidad, ser considerado con los demás y cuidarlos. ¿Afecta esto a la propia humanidad? (Sí). Con independencia de la edad, género o temperamento de una persona, si tiene buena humanidad, la gente a su alrededor y aquellos que interactúen con ella se beneficiarán. Más concretamente, habrá quienes reciban de ella apoyo y ayuda, mientras que otros contarán con su cuidado en el día a día. Esta es una manifestación de buena humanidad.

Hay también personas a las que les gusta tanto la comida picante que, incluso cuando salen a hacer su deber, a la hora de comer buscan de manera específica lugares que sirvan platos picantes. Si no comen picante, se sienten incómodas en su fuero interno: “Al no poder comer picante en este lugar, pierdo interés en hacer mi deber. Quiero irme a casa, donde puedo disfrutar del picante en todas las comidas; ¡eso me encantaría! Sin ají, nada tiene sabor, ni siquiera el cerdo estofado. ¿Qué debería hacer?”. Por tanto, no paran de buscar lugares donde puedan comer ají. Más adelante, descubren un restaurante especializado en comida picante, pero está a más de una hora en coche. Dicen: “Da igual lo lejos que esté, ¡tengo que ir! Si no como algo picante hoy, no haré mi deber. Sin mi comida picante, no estaré a gusto y, simplemente, ¡no podré sobrellevar el día!”. Alguien les dice: “¡Ahora mismo el entorno es peligroso en el exterior y esta zona es bastante caótica! No vayamos a comer allí”. Pero no escuchan y dicen: “¿Qué hay que temer? ¡Lo que importa es comer! ¿Acaso tú no sueles salir también? No tengas miedo, no va a pasar nada, ¡Dios nos protegerá!”. Después de comer, están complacidas. Mientras puedan comer ají y la comida deliciosa que anhelan, todo les parece bien y no pueden parar de sonreír de lo contentas que están, ni siquiera durmiendo. ¿Qué clase de humanidad es esta? (Una humanidad egoísta y vulgar). Además de ser egoístas y vulgares, hay otra característica: cuando quieren hacer algo, no consideran el entorno ni las condiciones objetivos. Mientras puedan satisfacer sus propios deseos y preferencias, eso es lo único que importa. Están dispuestas a pagar cualquier precio solo por un bocado de algo que quieren comer; aunque implique un gran esfuerzo, harán todo lo que haga falta para lograr su objetivo. ¿Esto es solo ser egoísta y vulgar? ¿No es también terquedad? (Sí). ¡Es una extrema terquedad! Cualquiera que las acompañe tiene que pagar el precio de su terquedad y soportar agravios a causa de ella. Se hace lo que ellas dicen y sucede lo que ellas quieren. Hoy están de mal humor, así que no quieren comer. Cuando se les pregunta por qué no comen, dicen: “Hoy estoy enfadado, estoy de mal humor y no me apetece comer”. Más tarde, esa misma noche, cuando es hora de descansar, tampoco se van a la cama, dicen que no pueden dormir y quieren cantar para expresar sus emociones. Alguien trata de persuadirlas, les dice: “Afectarás al descanso de los demás si cantas”. Responden: “Ahora mismo estoy de mal humor. Quiero cantar. Me da igual que vosotros podáis dormir o no. Estoy de mal humor y, sin embargo, nadie me consuela ni me cuida, ¡sois todos unos egoístas!”. ¿No es eso ser terco? Son individuos extremadamente tercos; no se comportan bien y hacen lo que les viene en gana. Cuando son felices, nada que digan los demás les molesta e incluso dicen: “Soy una persona de mente abierta. No me gusta armar alboroto por nada”. Sin embargo, cuando no están contentos, todo el mundo debe tener extremo cuidado con sus palabras, buscar que no se alteren, pues eso podría causar grandes problemas. Puede que tengan rabietas, rompan cosas e incluso se nieguen a comer. En casos más graves, podrían querer renunciar a su deber, parar de trabajar e irse a casa, todo mientras dicen: “Ninguno de vosotros me trata bien; todos me acosáis. ¡No hay buenas personas en el mundo!”. ¿No es esto ser terco? (Sí). ¿Es la terquedad un problema de la propia humanidad? (Sí). Son sumamente tercos, todo el mundo tiene que servirlos y, si las cosas no funcionan a su manera, enseguida se tornan hostiles y estalla su explosivo temperamento. Nadie puede enfadarlos y todo el mundo tiene que persuadirlos. A pesar de que ya no son jóvenes, su humanidad sigue siendo inmadura, como la de un niño. Da igual dónde hagan su deber, nunca siguen las reglas públicas. Cuando están felices y quieren hablar, todo el mundo tiene que escucharlos y, si alguien no lo hace, le guardan rencor. Cuando hablas con ellos, tienes que sonreír; si no muestras ninguna expresión y no pareces dispuesto a escuchar, se enfadan y pierden los nervios. En la iglesia, hacen lo que quieren, cuando quieren, sin importarles cómo afecte a las rutinas cotidianas normales del resto. Mientras se sienten cómodos y de buen humor, eso es lo único que les importa y los demás no tienen permitido hacer objeciones. Si alguien hace una objeción para mostrar su disgusto o descontento, lo ven como una provocación y no lo dejan pasar. Algunas de estas personas son jóvenes, de humanidad inmadura, pero otras tienen cuarenta, cincuenta o incluso setenta u ochenta años y siguen manteniendo esta clase de humanidad en su vejez, son especialmente tercas. Con independencia de que el entorno o las condiciones lo permitan, hacen lo que quieren. Por ejemplo, llegan a un lugar donde las condiciones no permiten ducharse, pero ellos insisten en ello, dicen: “En casa me ducho todos los días, no puedo pasar sin hacerlo”. Sin embargo, este lugar carece de las condiciones adecuadas, hasta ducharse una vez a la semana resulta complicado. Por tanto, ¿qué harías tú? Una persona con humanidad normal sabe cómo abordar y manejar esta situación. Si el ambiente es húmedo y sofocante, basta con conseguir un recipiente con agua y pasarse un paño por la noche para poder dormir, es una adversidad que se puede soportar. No es algo imposible de superar. Sin embargo, este tipo de persona no sabe gestionarlo; si no se duchan, no pueden dormir, no pueden comer e incluso sienten que no pueden sobrevivir, como si estuvieran soportando una enorme humillación. ¿Cuánta terquedad hay en eso? Son tan tercas que no pueden cumplir su deber con normalidad, no pueden interactuar ni llevarse bien con los demás con normalidad y ni siquiera pueden vivir como una persona corriente. Para los demás, este tipo de persona parece tener un problema mental. Si tienen una buena relación con alguien, son inseparables, como si fueran uno solo. Sin embargo, si se llevan mal con alguien o este las ha ofendido alguna vez, pueden pasarse toda la vida sin hablar con esa persona. Cuando la ven, ponen los ojos en blanco y una sombra cubre su rostro, como si se enfrentaran a un enemigo; son así de extremas. ¿Es normal la humanidad de esta clase de persona? (No). Es extremadamente terca y su humanidad no es normal. ¿Qué quiere decir que “no es normal”? Significa que carece de humanidad normal. ¿Pueden tales personas tener una interacción y cooperación normales con el resto? ¿Pueden vivir con normalidad entre la gente? ¿Pueden hacer bien su deber? (No). Mientras quieran lograr su objetivo, ya sea este ir a comer, recibir un buen trato o hacer algo que deseen, se debe llevar a cabo. Si no, parece como si se les cayera el cielo encima, como si su mundo se acabara. Se perturban y empiezan a gruñir, se quejan de los demás, del entorno e incluso de Dios, dicen: “¿Qué clase de entorno ha dispuesto Dios para mí que tanto me hace sufrir? ¿Por qué otros no se enfrentan a tales entornos ni sufren así? ¿Por qué soy yo el que sufre? ¡Dios es parcial!”. Mira, ha surgido su naturaleza demoniaca, ¿no? ¿Es esta clase de humanidad acorde al estándar? (No). Hay que ocuparse de esas personas. ¿Cómo habría que ocuparse de ellas? (Mandándolas a una iglesia normal). Si llegan al punto en el que ya no pueden cumplir su deber, solo causan trastornos y perturbaciones cuando lo desempeñan, hacen que todo el que vaya a verlas se sienta disgustado y molesto y nadie puede llevarse bien con ellas, entonces se las debería echar de inmediato; esta clase de persona es como una caca de perro apestosa. La terquedad incluye ser egoísta, vulgar y también irracionalmente maleducado. A veces también consiste en ser extremadamente calculador, brusco e incluso cruel y malévolo. Cuando este tipo de personas cumple su deber durante un tiempo, todo el mundo queda hondamente perjudicado y, cualquiera que las ve, se asusta. Si tratas de evitarlas y no las provocas, seguirán teniendo algo que decir: “¿De qué te escondes, de un ladrón? ¿En qué te he ofendido para que me evites?”. Sin embargo, si las abordas e intentas decir algo, aun así, no entablarán una conversación normal contigo. Carecen de humanidad normal y aquellos que interactúan con ellas no solo soportan daño verbal sino también les afecta en su integridad, sufren daño emocional e incluso algún daño físico. ¡Tales personas son realmente detestables! ¿Sería apropiado categorizarlas como de mala humanidad? (Sí). Este tipo de persona tiene mala humanidad y es terca. Una persona terca no solo fracasa a la hora de edificar al resto, también los hace sentir molestos y disgustados, además de no llevarse bien con nadie. Decidme, ¿puede una persona terca aceptar la verdad? (No). Entonces, ¿qué clase de carácter tiene en su fuero interno? (Intransigencia). Su intransigencia es obvia, pero también hay algo más, ¿el qué? (Siente aversión por la verdad). Eso es. Las actitudes corruptas de ser intransigente y sentir aversión por la verdad son dos características de las personas tercas. Este tipo de persona no solo es terca, sino que además es egoísta y grosera de una manera irracional. Esta mala educación irracional incluye el elemento de molestar a los demás de manera irracional y arbitraria. Cuando interactúas con ellas, las palabras amables no funcionan, pues se piensan que escondes motivaciones ocultas. Si hablas con brusquedad, creen que las estás acosando, pero después de que su terquedad ha causado perjuicio a los demás, siguen diciendo: “No pretendía hacerte daño. Si te sientes herido, te pido disculpas”. Aunque estas palabras suenan bien, cuando la ofendida no las perdona e incluso las critica, la persona terca se enfada y dice: “No lo puedes dejar pasar, ¿acaso no te estás aprovechando de mi disculpa? ¿Crees que soy fácil de intimidar porque me he disculpado? ¡Y ahora señalas mis defectos! ¿Es que tengo defectos? ¿Estás cualificado tú para señalarlos?”. ¿Acaso esto no es no aceptar la verdad? (Sí). Guarda relación con su carácter corrupto. Estos rasgos en su humanidad también se manifiestan con naturalidad en ciertos rasgos de las actitudes corruptas, están conectados. Las características de las actitudes corruptas en las personas de este tipo incluyen intransigencia, aversión por la verdad y un poco de crueldad. Estos aspectos son los rasgos de sus actitudes corruptas.

Ejemplo 8: Instintos humanos

Las condiciones innatas incluyen otro aspecto más, que es el instinto humano. Por ejemplo, cuando algunas personas empiezan a creer en Dios, ven la frenética opresión, los arrestos y el trato cruel del gobierno del PCCh al pueblo escogido de Dios y se asustan, inquietan, cohíben y aterran. A veces hasta se les aflojan las piernas y quieren ir al baño constantemente. ¿De qué es esto una manifestación? (Es instinto). Esta es una reacción instintiva. Dentro de la humanidad normal, cuando se trata de ciertos acontecimientos aterradores, de situaciones que afectan a la propia vida de las personas o de asuntos que podrían conllevar peligro para ellas, ya sea al oír alguna información o cuando se enfrentan a la realidad, mostrarán algunas reacciones instintivas, se sentirán cohibidas y asustadas. Al mismo tiempo, su cuerpo exhibirá naturalmente algunas reacciones normales, como nervios, espasmos musculares, sordera o ceguera temporales, además de boca seca, debilidad en las piernas, sudor abundante, pérdida de control sobre la vejiga o los esfínteres. ¿Es probable que se produzcan estas reacciones? (Sí). Estas reacciones, ya sean controladas por el sistema nervioso o causadas por alguna otra razón, son en cualquier caso respuestas que surgen en la carne por un factor externo y, de manera colectiva, nos referimos a ellas como instinto. La capacidad de aguante del cuerpo tiene sus límites; una vez que excede los límites del coraje de una persona, el cuerpo exhibirá algunas reacciones instintivas. Otros puede que vean estas reacciones como debilidades o podrían parecerles risibles, lamentables o dignas de simpatía, pero estas son innegablemente manifestaciones de los instintos innatos de una persona. También hay quienes, al enfrentarse al peligro, se agarran la cabeza con las manos, lloran, derraman lágrimas o incluso gritan con fuerza, otros pueden que se enrosquen en un rincón oscuro para ocultarse; todas esas respuestas son reacciones instintivas. Estas reacciones instintivas, ya sea llorar, reír o un temor excesivo que los lleva a hacer algo humillante, ¿tienen algo de correcto o incorrecto? (No). Por tanto, de aquellos que se asustan cuando oyen que el gobierno arresta a los creyentes, ¿podemos decir que son cobardes y carecen de humanidad? (No). ¿Es correcto el enunciado “¡Creer en Dios debería conllevar fe; uno no debería tener miedo!”? (No). “Esto es debilidad, una manifestación de cobardía e incompetencia. Muestra falta de fe en Dios y demuestra que no sabe confiar en Él. ¡Esa persona no es una vencedora!”. ¿Podemos decir esto? (No). ¿Por qué no? (Simplemente es una reacción fisiológica que ocurre cuando alguien se enfrenta a circunstancias externas). Es una reacción fisiológica normal, no una manifestación motivada por un carácter corrupto. Esto significa que, cuando las personas tienen estas manifestaciones y revelaciones en tales circunstancias, no se debe a la influencia de un carácter corrupto ni a que estén siendo dominadas por algún pensamiento o punto de vista dentro de su humanidad. Estas reacciones no son algo preconcebido por ti; no es que cuando afrontes tales circunstancias tengas de repente pensamientos descabellados y, entonces, a medida que lo pienses más, entres en pánico, se te convulsione el cuerpo o incluso pierdas el control de tu vejiga o tus esfínteres. Esa no es la razón tras estas reacciones. En cambio, se debe a que, después de conocer estos acontecimientos o estas noticias, sin un pensamiento intencionado, sin ningún filtro o proceso mental, tu cuerpo genera de manera bastante natural algunas reacciones fisiológicas instintivas. Por tanto, esta especie de reacción natural surge por los instintos innatos de la carne. No conlleva ni lo correcto ni lo incorrecto, no hay distinción entre fortaleza y debilidad y, desde luego, no hay diferencia entre positivo y negativo. Hay quienes dicen: “¡Da igual cómo sean los arrestos del gobierno, yo no tengo miedo!”. Yo diría que eso te convierte en un idiota. Cuando el gran dragón rojo te torture, a ver si te asustas o no; en ese momento, te será imposible no gritar. ¿Qué pensarás cuando el dolor sea máximo? “Preferiría morir. Si muero, seré libre. No volveré a sentir dolor”. Estas son reacciones instintivas de la carne y ninguna es un problema. Hay quien podría decir: “No tengo miedo; si alguien me golpea, le devolveré el golpe, si no puedo ganar, me limitaré a huir”. Sin embargo, cuando corres y alguien te apunta con una pistola, se te aflojan las piernas, tu corazón se cohíbe y ya no volverás a gritar eso de “no tengo miedo”. Cuando tu vida esté en juego, también tendrás miedo de morir; es tu reacción instintiva. Ya que se trata de reacciones instintivas, no importan las manifestaciones o las revelaciones de debilidad humana que uno tenga, no se mira mal ni es vergonzoso y Dios no lo condena. Por supuesto, no deberías tratar de inhibir estas reacciones y los observadores tampoco deberían burlarse de ellas porque todo el mundo es igual; todo el mundo está hecho de carne y hueso. Las reacciones instintivas de los seres de carne y hueso son así; tú eres así, ellos son así, todo el mundo es así. Es como cuando alguien se encuentra con un lobo; ¿cuál es su primera reacción instintiva? “¡Corre! ¡Corre lo más rápido posible!”. Y mientras corre, se fija en si el lobo le recorta ventaja, se preocupa: “¿Y si me atrapa? Y si me muerde en el cuello, ¿me moriré? Ojalá tuviera un arma o una vara de hierro”. Solo piensa en estas cosas mientras está corriendo. Sin embargo, con independencia de lo que pienses, sin duda, tu primera reacción instintiva es la de escapar enseguida de su persecución, correr tan rápido como puedas y lo más lejos posible, evitar que te atrape y te coma. Todas estas son reacciones instintivas. ¿Cuál es tu reacción instintiva? Es la de salvarte a ti mismo, proteger tu vida y garantizar que no esté en peligro. Da igual si estas reacciones instintivas pueden parecerle cobardes, intolerables o vergonzosas a un observador, en realidad no son vergonzosas, pues son las manifestaciones normales de las personas que son de carne y hueso; son revelaciones naturales. Una reacción instintiva es simplemente una revelación natural y no hay nada de vergonzoso al respecto. Por ejemplo, te reirás cuando oigas un chiste. Aunque tengas comida o agua en la boca, te reirás igualmente porque es una reacción instintiva. Una reacción instintiva es una función innata concedida por Dios que ocurrirá de manera natural y se producirá cuando las condiciones sean las correctas. Por tanto, en lo que respecta a las reacciones instintivas, son revelaciones naturales. Podrían ser revelaciones de debilidad en la humanidad o un defecto en ella, o bien revelaciones de una manifestación natural de tu carne. Pese a ello, dado que es una reacción instintiva, no tiene nada de correcta o incorrecta. Si te sientes avergonzado, eso demuestra que careces de visión y que tu humanidad es bastante superficial; quieres dejar una buena impresión en los demás. Si tratas de inhibir tus reacciones instintivas, eso prueba que eres un necio y hay un problema con tu razón. En entornos y situaciones peligrosos y especiales, aunque estés tan asustado que mojes los pantalones, no deberías verlo como algo vergonzoso. De hecho, esta es una manifestación de humanidad normal. Cualquiera tendría estas manifestaciones en tales circunstancias; ni siquiera las grandes personas o los famosos son una excepción. En las circunstancias adversas no hay superhombres; solo eres una persona corriente, no eres nada excepcional ni puedes presumir. Aunque estuvieras tan asustado que mojaras los pantalones y otros lo descubrieran, eso no es algo deshonroso, pues, de esta manera, la gente no te admirará ni te idolatrará y, como mínimo, estarás a salvo. Esto ya debería haber quedado claro, ¿no? Las reacciones humanas instintivas son muy normales y naturales. Por ejemplo, cuando tienes el cabello sucio y te pica la cabeza, te rascas por instinto. Aunque después se te llenen las uñas de suciedad y la gente piense que eres indecoroso o poco higiénico, ¿qué le vas a hacer? Si tienes el pelo sucio, habrá suciedad, porque eres de carne y hueso, estás hecho de polvo y deberías reconocer este hecho. La situación simplemente te dice que tienes el cabello sucio y hace falta que te lo laves. Cuando te pica la cabeza, rascarte es una reacción instintiva. Una reacción instintiva es una respuesta natural y normal, una manifestación normal dentro de las condiciones innatas y el sistema nervioso que creó Dios. Aunque, a veces, las manifestaciones podrían hacerte sentir avergonzado, indecoroso o indigno, no deberías intentar cambiarlas ni inhibirlas. Por una parte, hacerlo te ayuda a tratar de manera correcta los instintos humanos; por otra, también es edificante y beneficioso para tu comportamiento. Una vez que obtengas cierto entendimiento y conciencia en este aspecto, cuando interactúes y lidies con los demás, si ciertos aspectos del instinto humano carnal se manifiestan naturalmente y se revelan, no hará falta que los encubras de manera deliberada. Y si, a veces, de veras surge una situación incómoda, no habrá necesidad de explicarla ni de disfrazarla ni de levantar una fachada, porque es una revelación de humanidad normal y es además una reacción humana instintiva; todo esto se encuadra en los límites de lo que puede aceptar una persona normal. Por ejemplo, cuando se comen judías, los cuerpos producen naturalmente algo de gas y, de manera instintiva, se eructa o se suelta gas. Esto es algo muy natural. A los hombres y mujeres jóvenes les suele parecer que tales manifestaciones son vergonzosas, pero en realidad no hay nada de vergonzoso en ello. Es simplemente una reacción instintiva normal del cuerpo y no tiene nada que ver con los principios respecto a cómo comportarse o actuar. Aunque haya quien no lo entienda y no se quede satisfecho con ello, no cabe duda de que no llega al nivel de no tener límites en la conducta propia, no haber sido bien educado, ser ingobernable, terco, egoísta o tener una humanidad terrible o malvada; no hay necesidad de que llegue hasta ese punto. Este problema no guarda relación con la conducta propia y, desde luego, no tiene nada que ver con un carácter corrupto. No hace falta exagerar. Estos asuntos deberían abordarse correctamente.