Cómo perseguir la verdad (5) Parte 3

Hacer cosas con un gran comienzo, pero un final flojo

Hacer cosas con un gran comienzo, pero un final flojo, ¿qué clase de problema es este? (Es un defecto de la propia humanidad). Este es un defecto de la propia humanidad. Algunas personas, cuando emprenden un proyecto, lo planean bastante bien, dan grandes pasos, reúnen a un grupo de personas, redactan informes, asignan tareas e incluso pronuncian grandes afirmaciones llenas de resolución, pero a medida que avanzan, todo esto se evapora y no hacen seguimiento ni supervisan ni inspeccionan lo que está sucediendo. Si nadie que entienda la verdad está allí para proveer supervisión y guía, el proyecto puede diluirse por completo o puede que incluso surjan consecuencias indeseadas, y que el trabajo termine siendo un absoluto desorden. También hay personas que pueden expresar doctrinas de manera bastante lúcida y clara, pero en lo que respecta a hacer cosas de veras, no tienen ni idea de cómo avanzar y ningún plan concreto. Cuando surgen circunstancias especiales o situaciones inesperadas, no saben cómo lidiar con esto, no comparten con los demás ni buscan a aquellos por encima de ellas ni los consultan. Cuando empiezan a hacer algo, parecen confiadas y empiezan a lo grande, como si estuvieran a punto de conseguir algo importante, pero a medida que avanzan, pierden entusiasmo y salen huyendo; es como si se desvanecieran en el aire. Cuando alguien les pregunta: “¿En qué estás trabajando ahora? ¿Cómo progresa esa tarea?”, responden: “No se va a completar”. Sin embargo, no informan a tiempo de que no pueden completar algo, lo que demora todo dos o tres meses sin que haya resultados. ¿Acaso no es exasperante? (Sí). ¡Tales personas son realmente detestables! Esta clase de personas tiene otro problema, sumado al de hacer cosas con un gran comienzo, pero un final flojo: todo lo que hacen se vuelve cada vez más caótico a medida que lo continúan haciendo. Al principio, puede que tengan algún esquema mental, algunas ideas y un poco de estructura, pero a medida que continúan, sus pensamientos se vuelven atolondrados. Pierden de vista el motivo por el que empezaron la tarea o los resultados que se supone deben lograr. Cuando alguien les aconseja que realicen algo de búsqueda, dicen: “No hay necesidad de buscar nada. Vamos a seguir haciéndolo de esta manera; de todas formas, no es que nadie esté sentado de brazos cruzados”. Como ves, empiezan a hacer cosas con un gran impulso, con la fuerza de un trueno. Pero a medida que avanzan, las cosas se acaban quedando en nada. Todo es mucho ruido y pocas nueces; no hay ningún resultado. Si no preguntas por la tarea, no haces seguimiento de ella ni la inspeccionas, dejarán que se diluya sin terminarla, sin hacer siquiera un informe. ¿A dónde fue la resolución que expresaron al principio? Se ha olvidado. ¿Qué hay del plan inicial que escribieron? Desaparecido sin rastro. ¿Y de esas ideas que tenían al principio? Han desaparecido; se han olvidado. ¡Son simplemente esta clase de criatura! Este tipo de persona, cuando ves su entusiasmo inicial, parece una auténtica persona de acción. Pero en realidad, es sumamente inútil; simplemente no es alguien que haga las cosas con los pies en la tierra; es una persona inconstante. Solo está dispuesta a ser el centro de atención, pero no quiere soportar la adversidad y teme asumir responsabilidades. Todo lo que hace queda inacabado. ¿Qué clase de humanidad tienen tales personas? (Mala humanidad). Decidme, ¿puede esta clase de persona conseguir algo? (No). Siempre tiene un gran comienzo, pero el final es flojo, un completo caos; este es su estilo. Sea cual sea el deber que hace, empieza con bastante entusiasmo, escuchando música y tarareando. Pero pasado un tiempo, pierde el interés y se limita a parar el trabajo y dejarlo. ¿Qué clase de criatura es? ¿Acaso tales personas no son detestables? (Sí). Asumen de manera imprudente tareas que saben que podrían no ser capaces de llevar a cabo, intentan mostrar su competencia, alardean y hacen grandes afirmaciones; ¿acaso desconocen sus propias capacidades? Si no pueden hacer el trabajo ni aportar resultados, ¿por qué no lo dicen y ya está? ¡No deberían demorar las cosas! En su lugar, guardan silencio, retrasan tu trabajo mientras intentan embaucarte. ¿Acaso no son de una calidad humana inferior? (Sí). ¡Su calidad humana es demasiado baja! ¿Se les puede confiar a tales personas que lidien con las cosas? (No). ¿Son dignas de confianza? (No). Tales personas no son dignas de confianza. Si te dan su palabra, ¿te atreverías a creerlas? (No). ¿Qué clase de personas son? ¿Acaso no son fraudes? (Sí). Aunque no te engañen para su provecho financiero o con un propósito sexual, su manera de comportarse y de lidiar con las cosas es muy detestable y odiosa. Por tanto, ¿cuál es la causa principal de que tales personas sean tan odiosas? Su calidad humana es inferior, no conocen su lugar en su conducta propia, les encanta fanfarronear, les encanta exhibir cualquier competencia que crean tener, les encanta ser el centro de atención y les encanta alardear. Nunca perseveran en nada de lo que hacen. Al mismo tiempo, se sobreestiman e ignoran su propia estatura y la clase de tareas con las que pueden lidiar. Pese a ello, siguen intentando exhibir su competencia, son atrevidas al asumir cualquier clase de trabajo importante. Después de asumirlo, incluso cuando no lo hacen bien y demoran asuntos importantes, permanecen indiferentes; mientras sean el centro de atención, con eso les vale. ¿Acaso no son personas vulgares y miserables? (Sí). Entonces, ¿acaso estas personas no tienen muy mala humanidad? (Sí). Si os encontráis con una persona así, ¿os atreveríais a confiarle cosas de gran magnitud o importantes? (No). Por ejemplo, si tienes que salir a predicar el evangelio y necesitas que alguien cuide de tu hijo pequeño, ¿a qué clase de persona deberías buscar para que te ayude? ¿Te atreverías a elegir a alguien así, sin sentido de la responsabilidad, que no puede mantener el rumbo y no es digno de confianza? (No). ¿Por qué no? Porque podría perder a tu hijo. Si le preguntas cómo se perdió tu hijo, dirá: “No lo sé. Me quedé dormido un momento y el niño había desaparecido. ¿Cómo me vas a culpar por eso? El niño tiene piernas y puede caminar solo; no estaba atado a mí. ¡No puedes echarme la culpa!”. ¡Hasta elude la responsabilidad! ¿Acaso no es un bribón desvergonzado? (Sí). A tales personas no se les pueden confiar de ninguna manera asuntos de vida o muerte. En su conducta propia, son inconstantes y no tienen integridad ni dignidad. Cuando surgen problemas, se atreven a recurrir a la desvergüenza y niegan las cosas. Aunque hacer las cosas con un gran comienzo pero un final flojo sea un mero defecto de humanidad, este defecto en particular es un asunto sumamente grave; es una cuestión de integridad. A algunas personas les encanta ser el centro de atención y asumen las tareas con ganas, pero no se atreven a responsabilizarse. En cuanto se encuentran con dificultades, eluden de inmediato la responsabilidad y se distancian de la situación. Son del todo irresponsables. Son además particularmente inconstantes y no pueden perseverar en nada de lo que hacen. Cuando la cosa se pone así de mal, ya no es un mero defecto de humanidad; es una cuestión de tener una calidad humana realmente baja y mala humanidad. ¿Por qué digo que tales personas tienen mala humanidad? Es porque no son dignas de confianza; no te atreverías a confiarles nada. Sea cual sea la tarea que les confíes, la aceptan sin problema, pero en cuanto te das la vuelta, desaparecen y no tienes ni idea de en qué andan. Podrían pasar incluso varios días antes de que las vuelvas a ver. Si no les preguntas cómo avanza la tarea, no te informarán, se comportarán como si no ocurriera nada. ¿Qué clase de criaturas son? ¡Son sumamente irresponsables! Incluso suspenden la prueba y no se puede confiar en ellas cuando se trata de un asunto menor como este. ¿Qué más crees que podrían conseguir? (Nada en absoluto). Si les confías el cuidado de un niño, podrían surgir problemas en cualquier momento. El niño podría caerse y hacerse daño, comer algo que no debería o, al salir fuera a jugar, alejarse y que lo secuestre gente mala; todos estos son posibles desenlaces. Esto se debe a que son irresponsables, su calidad humana es extremadamente baja y no respetan ningún límite de conciencia en nada de lo que hacen y solo actúan para satisfacer sus propios deseos egoístas, ignorando todo lo demás. Cuando les confías una tarea, les parece que, si se niegan, eso podría ser malo para tu imagen; la aceptan en consideración hacia su propio orgullo y para satisfacer su vanidad, pero después no se responsabilizan de ninguna manera. Fanfarronean, pero no logran desempeñar bien la tarea. Esto es lo que significa no ser digno de confianza. ¿Son buenas tales personas? (No). ¿Se puede elegir líder a alguien que hace las cosas con un gran comienzo, pero un final flojo? (No). ¿Por qué no? (Podría dañar la obra de la casa de Dios). Exacto. Cuando hablan y hacen promesas, parecen estar a la altura y la gente está dispuesta a confiar en aquellos capaces de fanfarronear. Pero en lo que respecta a hacer realmente las cosas, sus acciones son impredecibles. Aunque metan la pata, no te informarán al respecto y, si surge algún problema, no te darán ninguna explicación sobre lo que ha ocurrido. Estás esperando con ilusión que se ocupen bien de las cosas, pero acaban estropeándolas e incluso muestran una indiferencia total al respecto, no se toman en absoluto aquello que les confiaste como un asunto serio. En sus acciones, tienden a ser inconstantes. Algunos de ellos hacen cosas basadas solo en sus propios intereses, sus aficiones y su curiosidad; a algunos les encanta llamar la atención y solo hacen cosas para llamar la atención y ser vistos. Tales personas son inconstantes e irresponsables, así como incapaces de hacer cosas con los pies en la tierra. Es bastante problemático. Esto todavía no atañe a si tienen entendimiento espiritual, pueden aceptar la verdad, son sumisas o son personas que persiguen la verdad; esto todavía no atañe a estos aspectos. Puramente en términos de su humanidad, tales personas no son dignas de confianza. ¿Se las puede elegir para ser líderes? (No). Las personas cuya humanidad no es acorde al estándar no tienen siquiera valor para el cultivo. ¿Por qué no? Porque su calidad humana es demasiado baja; carecen incluso de integridad y dignidad básicas. Por tanto, tampoco están cualificadas para ser líderes ni para ser cultivadas como líderes.

Ejercer la cautela al hacer las cosas

A continuación, discutamos ser cauto al hacer las cosas. ¿Qué clase de manifestación es esta? (Es un mérito de humanidad). Ser cauto al hacer las cosas, no ser imprudente y, cuando surgen asuntos, ser capaz de abordarlos con calma y buscar la verdad; este es un mérito de humanidad. En esta sociedad malvada, entre diversos grupos de personas con trasfondos complejos, necesitas abordar con cautela la aparición de diversas personas, acontecimientos y cosas. Incluso cuando estás haciendo tu deber en la casa de Dios, hay algunas situaciones complejas entre las diversas cosas que te encuentres y deberías abordarlas con cautela. Por ejemplo, cuando te topas con personas malvadas que causan perturbaciones mientras estás haciendo tu deber, primero deberías aprender discernimiento y luego abordar la situación de acuerdo con los principios-verdad. Esta es una actitud que deberías tener hacia tu deber. ¿Qué implica ser cauto al hacer las cosas? Implica la razón de una persona. Cuando te encuentres con asuntos que no puedas desentrañar, necesitas ser cauto. Aunque entiendas algunas verdades, cuando todavía no puedes desentrañar la esencia subyacente y la causa principal de ciertos asuntos especiales, ¿necesitas ser cauto? (Sí). Tales situaciones requieren más aún que seas cauto. Ser cauto no es ser conservador o dar pequeños pasos ni tampoco es no atreverse a actuar o tener miedo de responsabilizarse; no se refiere a estas cosas. La cautela de la que se habla aquí se refiere a un mérito de humanidad. ¿Cuáles son las manifestaciones específicas de cautela? Es cuando, al hacer algo, primero buscas los principios-verdad y luego buscas los pasos específicos de práctica, la senda específica de práctica y los resultados deseados para esa tarea o ese trabajo. Es decir, abordas asuntos importantes y tu propio deber con un corazón cuidadoso y cauto. Por supuesto, algunas personas son también particularmente cautas cuando abordan diversos asuntos que se encuentran en su vida diaria; no son descuidadas, sino que en su lugar son increíblemente cautas. Esto no es algo malo; también se le puede llamar mérito de humanidad, no un defecto. Se puede decir que la cautela es un mérito de humanidad; tener una postura cauta solo puede beneficiar a las personas y no las limitará para nada ni las atará de ninguna manera. Si no te atreves a hablar cuando surgen asuntos, si no te atreves a hacer nada ni a interactuar con nadie —si tienes miedo de que una hoja que cae de un árbol te dé en la cabeza—, entonces esto es ser excesivamente cauto. ¿Se puede considerar cautela el vivir en tu propio pequeño mundo todo el tiempo y pasar tus días de una manera demasiado precavida? (No). Tener miedo de que te engañen cuando vas de compras, tener miedo de perder dinero si abres una tienda, tener miedo de que, si compras una casa, esta acabe por ser una propiedad estigmatizada, tener miedo de que al comprar una computadora esta tenga virus —estar tan atado a un miedo excesivo que no te atrevas a hacer nada y te parezca difícil dar un solo paso—; sin duda, estas no son manifestaciones de la clase de cautela de la que estamos hablando aquí. Estas manifestaciones indican que una persona es ignorante, inútil y pusilánime, inmadura y que carece de la capacidad de vivir con independencia. Son manifestaciones de calibre escaso. Es decir, cuando tales individuos afrontan esta sociedad malvada y grupos complejos de personas, no cuentan con contramedidas de ningún tipo. Siempre están preocupados, temerosos y tan asustados que se retraen y no se atreven a avanzar. Bien les asusta que los timen y engañen o bien que les hagan daño o los asesinen. No se atreven a relacionarse con nadie ni a lidiar con ningún asunto. Cuando van a trabajar, les da miedo que no les paguen su salario. Algunas mujeres incluso no se atreven a trabajar por miedo a que las maltraten. Algunas personas no se atreven siquiera a salir de casa, por miedo a la posibilidad de encontrarse con gente mala; les da miedo que les roben si compran cosas. En resumen, todo les da miedo. ¿No es eso ser excesivamente cauto? Esto es ser más precavido de la cuenta. ¿Acaso no están locas? Algunas personas tienen esta clase de mentalidad, se preocupan todo el día sobre esto y aquello y el resultado es que no se atreven a lidiar con ningún asunto ni a salir a encontrarse con gente y solo pueden quedarse en casa. ¿Qué clase de persona es esta? (Una loca). Está loca; es anormal, no es humana. Carece de cualquier capacidad para hacer juicios, no tiene principios ni estándares mínimos en nada de lo que hace; esta clase de persona es una bestia reencarnada, no tiene humanidad normal y su excesiva precaución no es cautela. ¿A qué se refiere la cautela? La cautela significa hacer cosas de una forma medida, metódica y que se atiene a las reglas y, sobre la base de este principio, actuar con bastante rigor y, cuando sucede algo, mantener la calma, no precipitarse ni ser imprudente o impulsivo, así como ser capaz de buscar los principios-verdad y buscar métodos sabios. A esto se le llama cautela y solo esta cautela es un mérito de humanidad.

El gusto por fanfarronear y alardear

Hay muchas personas a las que les encanta fanfarronear y alardear. Esta es también una tendencia de la sociedad malvada. Muchas personas exageran al hablar, se inventan las cosas despreocupadamente y no paran de parlotear. Lo que dicen no se conforma a los hechos en absoluto y dicen muchas cosas vacías. Todavía se creen competentes, no tienen ningún sentido de la integridad ni de la vergüenza. ¿Son tales personas dignas de confianza? (No). ¿Tienen tales personas integridad o dignidad? (No). Tales personas no tienen integridad ni dignidad, no son dignas de respeto ni de confianza. Entonces, ¿se les puede confiar el manejo de asuntos importantes? (No). Por tanto, ¿qué clase de problema es el afán por alardear? (Es un defecto de la propia humanidad). Es un defecto de humanidad, pero además tienes que fijarte en la humanidad de esta persona; si su humanidad es malvada y si puede aceptar cosas positivas. Si es meramente ruin e, influida por su vida familiar o el entorno social a lo largo de muchos años, ha desarrollado el mal hábito de que le encante alardear y fanfarronear, hablar de forma irresponsable y sin considerar las consecuencias, entonces esto es meramente un defecto de su humanidad. No es mala persona; simplemente está al nivel de ser gravemente ruin. Si tal persona, además de que le encante alardear, también actúa de una manera bastante dominante y cruel al relacionarse con los demás y su propósito al fanfarronear y alardear es reprimir a otros y hacer que las cosas de las que alardea y exagera parezcan más elevadas, mejores que las cosas que otras personas han hecho o poseen y por encima de ellas, entonces esto ya no es un problema de que sea ruin. ¿Qué clase de problema es? (Es el problema de la humanidad malvada). Este es el problema de la humanidad malvada. Por tanto, ¿hay un carácter corrupto implicado aquí? (Sí). ¿Qué clase de carácter corrupto? (Uno cruel). Tienen un carácter arrogante y cruel. A algunas personas les encanta alardear solo porque son gravemente ruines. Esto viene causado por sus hábitos y entorno de vida. Simplemente no entienden lo que significa hablar con sinceridad, hablar desde el corazón, discutir las situaciones reales o hablar sobre la vida y sobre asuntos apropiados. Carecen de esta conciencia. Tal educación está ausente en su familia y en su ámbito escolar e incluso más ausente después de entrar en la sociedad. En consecuencia, su ruindad innata es muy grave. Son frívolas y carecen de un comportamiento adecuado y simplemente les encanta fanfarronear y alardear para jactarse y hacer que otros las tengan en alta consideración. En su corazón, no tienen otras ambiciones, deseos o necesidades. Si solo exhiben estas manifestaciones, esto es mera ruindad; este es un defecto de su humanidad. Sin embargo, si su alarde tiene un objetivo y por medio de alardear se presentan a sí mismas como altamente competentes y excepcionalmente capaces, además de superiores a las personas corrientes, distintas a ellas y muy por encima de estas, entonces esto ya no es un problema de ser ruin. Su afán por alardear viene guiado por un pensamiento específico, impulsado por un ansia de estatus, ambición y deseo. Se sirve de alardear para reprimir e impresionar a los demás, para hacerles sentir inferiores y no tan buenos como ellas, de modo que les muestren deferencia y las obedezcan. Esta es la maldad de su humanidad. Su afán por alardear tiene como objetivo quedar por encima: “Tengas lo que tengas, yo también lo tengo. Sea lo que sea que puedas hacer, yo también puedo hacerlo. Sepas lo que sepas, yo también lo sé. Hayas visto lo que hayas visto, yo también lo he visto. ¡No soy inferior a ti!”. Se da incluso el caso de que, si has comido algo en particular, a pesar de que resulta obvio que ellas no lo han comido nunca, asegurarán que lo han hecho; y no solo eso, dirán que lo han comido más y que lo que comieron fue mejor que lo que comiste tú. Alardearán incluso sobre cosas que simplemente no sucedieron. ¿Qué propósito tiene su alarde? Es para eclipsarte, competir contigo y hacerte sentir que son mejores que tú, que son iguales que tú en cada detalle. Les impulsa la ambición y el deseo. Por tanto, ¿es la manifestación de humanidad que está impulsada por tal ambición y deseo meramente ruindad o acaso es humanidad malvada? (Es humanidad malvada). ¿Hay un carácter corrupto implicado aquí? (Sí). Estar impulsado por la ambición y el deseo; este es un carácter corrupto. ¿Qué clase de carácter corrupto? (Arrogancia y crueldad). Exacto. Hay dos tipos de carácter corrupto: arrogancia y crueldad. Asimismo, también hay un poco de perversidad. Es decir, digas lo que digas, siempre lo meditan en su fuero interno, siempre le buscan las vueltas y siempre lo abordan con pensamientos perversos e ideas extremas. Por ejemplo, si dices: “El coche de mi familia es un Toyota; es un coche japonés”, dicen: “Los coches japoneses no son buenos. Los alemanes son mejores. El coche alemán que yo solía conducir no solo daba un excelente rendimiento, sino que además funcionó durante más de diez años sin estropearse; ¡eso es mucho mejor que tu coche!”. Siempre tienen que superarte. Tú dices: “Ni siquiera terminé bachillerato”, dicen: “Yo terminé bachillerato. Me tienes envidia, ¿verdad?”. En realidad, ni siquiera terminaron secundaria, pero siempre quieren estar por encima de ti. Disfrutan de la sensación de que otros les tengan envidia, los tengan en alta estima y los admiren. Mira, su respuesta a la información que reciben de cualquiera siempre es perversa y extrema. Carecen del pensamiento de la humanidad normal. Una persona normal, al oír que otro tiene algo bueno, podría decir: “Es genial que tengas eso. ¿Me podrías hablar sobre sus características y ventajas concretas? Me gustaría comprender más al respecto”. Alguien con humanidad normal respondería de esta manera. Pero las personas a las que les encanta alardear no tienen humanidad normal. Piensan: “¿Por qué deberías tener tú esto y yo no? Aunque yo no lo tengo, ¡necesito decir que lo tengo y, es más, tengo que decir que el mío es mejor que el tuyo!”. Si les pides que lo saquen y te lo enseñen, dirán: “¡No te dejaré verlo!”, cuando en realidad es que no lo tienen en absoluto. ¿Esto es perverso? (Sí). En otras palabras, cuando algo les sucede o cuando ven o reciben cualquier información, su respuesta siempre es extrema, incompatible con la humanidad y perversa, de modo que también hay algo de perversidad en su carácter. Dicho de otra manera, cuando conversas o compartes con ellos con normalidad y sientes que no has dicho nada que podría provocar una reacción mental injustificada, su mente ya está llena de multitud de pensamientos. Ya te tienen envidia, se muestran desafiantes y odiosos contigo, mientras que también quieren reprimirte. Su mente está consumida por estas cosas. ¿No dirías que esto es perverso? (Sí). Las personas perversas no son puras. La mayoría de las expresiones, palabras y acciones que revelan son incompatibles con la conciencia y razón de la humanidad normal. Es posible que haya algo de agresividad en sus palabras; aparte de contener agresividad, puede que algunas de sus palabras no sean ciertas y que algunas sean para jactarse. Esto es porque tienen pensamientos perversos dentro de ellas e, impulsadas por estos pensamientos perversos, las palabras que dicen son todas mentira, todas se originan de Satanás y de los diablos. Tales personas no tienen humanidad; no son humanas. A las personas a las que les gusta alardear y fanfarronear se las puede dividir en dos tipos. Se las debería calificar en función de la esencia de su humanidad. Es decir, uno debe fijarse en si son ruines y en si su humanidad es malvada para juzgar qué problema tienen. Si tienen humanidad malvada y son gravemente ruines, capaces de cometer muchas acciones malvadas, entonces no son buenas personas y se las debería calificar como malvadas. Sin embargo, si meramente participan en un poco de fanfarronería y tienen un poco de ruindad, pero no son capaces de hacer nada malo, todavía tienen algo de conciencia y razón y pueden hacer también algunas cosas buenas, entonces se las puede seguir considerando personas con buena humanidad. Este no es un asunto importante y, si su calibre es bueno, puede que incluso se las elija como supervisoras o líderes u obreras. Aunque en ambos tipos de personas todas fanfarronean y les encanta alardear, la cuestión es si su humanidad es buena o malvada. Si son meramente ruines, este es un defecto de su humanidad y no implica un carácter corrupto. Sin embargo, si su alarde lleva detrás una intención y una ambición, entonces indica humanidad malvada e implica de veras un carácter corrupto. En cuanto a su humanidad, es malvada; las actitudes corruptas que esto implica son arrogancia, perversidad o crueldad. Implica tanto una mala calidad humana como actitudes corruptas, ¿verdad? (Sí).

El descuido

Hablemos sobre otra manifestación: el descuido. ¿En qué aspecto se encuadra ser descuidado en todo lo que uno hace? (Un defecto de la propia humanidad). Tales personas lo contemplan todo de una manera aproximada y general, incapaces de captar los puntos clave. Todo lo que hacen es chapucero. No pueden hacer trabajo meticuloso, como el relacionado con textos o gestión de documentos. Tampoco pueden lidiar con tareas que requieran precisión. Al confeccionar ropa, a veces cosen perneras de pantalón donde debería ir una manga, a veces hacen mangas cortas que deberían ser largas o una cintura de 24 pulgadas que debería ser de 26. Hacen la ropa demasiado grande o demasiado pequeña. Da igual lo que hagan, siempre son tan descuidadas, imprudentes y torpes que no pueden hacer nada bien. ¿Hasta qué punto pueden ser descuidadas? Cuando salen a ocuparse de algo, puede que incluso olviden lo que deben llevar. Por ejemplo, cuando se reúnen con un abogado para una demanda, olvidan llevar su identificación, además de la prueba que pidió el abogado. Se dejan atrás muchas cosas. A veces, ni siquiera saben dónde han colocado sus pertenencias importantes y no se esfuerzan por recordarlo. El resultado es que a menudo pierden y olvidan cosas y tanto lo que hacen como su vida diaria es un completo embrollo. Tales personas nunca son serias en cómo tratan su trabajo o su deber. Hagan lo que hagan, siempre es precipitado y chapucero; solo obtienen una impresión aproximada de los asuntos que observan, solo obtienen un entendimiento aproximado de las palabras que oyen, solo dicen cosas de manera aproximada y general, y solo retienen un esquema aproximado de las cosas en su memoria. Como resultado, son incapaces de lidiar con ningún trabajo importante o confidencial; no son aptas para tales tareas. Si su descuido solo atañe a su vida personal o a su higiene, sin afectar a otras personas ni a cualquier asunto importante, entonces es un mero defecto de su humanidad; independientemente del problema que surja, solo pueden asumir la responsabilidad y nada más. Sin embargo, si implica un deber o un trabajo importante, el porvenir y las expectativas de alguien, si un individuo se queda o se va y demás, entonces tales personas no son aptas para manejar estos asuntos porque son demasiado descuidadas. Por un lado, no son meticulosas respecto a estos asuntos; solo echan un vistazo aproximado, son demasiado holgazanas para usar el cerebro o dedicar sus pensamientos y su energía a lidiar con ellos. Por otro lado, su estilo y enfoque al hacer las cosas es superficial y chapucero de manera consistente y a menudo pierden y olvidan cosas. Si esto solo atañe a su vida personal, no es un problema significativo. Sin embargo, si implica trabajo importante o asuntos confidenciales, pueden estropear las cosas o incluso causar un gran desastre. Por ejemplo, alguien necesita con urgencia ir a París, pero debido a su descuido, en su lugar compra un pasaje a Roma. Incluso se siente bastante complacido, dice: “¡El pasaje que he comprado hoy me salió muy barato!”. Otros lo miran y dicen: “Por supuesto que es barato; se supone que tenías que ir a París, ¿por qué has comprado un pasaje a Roma?”. ¡Esto es ser demasiado descuidado! Tales personas lo contemplan todo con una postura desdeñosa y superficial. Solo echan un simple vistazo a algo para obtener una idea aproximada sobre ello y con eso basta. Esta es precisamente la clase de postura irresponsable que tienen. Por supuesto, esta postura también se califica como no querer dedicar su corazón a nada y como holgazanería; son demasiado holgazanas para dedicar su corazón a algo, para usar su cerebro o para reflexionar cuando lidian con cualquier asunto. Las personas descuidadas como estas no son apropiadas para el trabajo importante, en especial para las tareas que implican trabajo relacionado con textos, gestión de documentos o trabajo que implique habilidades profesionales confidenciales. Entonces, si tales personas se convierten en líderes, ¿pueden estar a la altura de la tarea? (No. Su trabajo nunca se hace de manera adecuada; siempre se hace de manera aproximada, a grandes rasgos, y siempre se deja incompleto. No pueden hacer trabajo real). Tales personas carecen de detalle en su trabajo; siempre son descuidadas, superficiales y chapuceras, se ocupan de las cosas de una manera superficial, negligente. Sus palabras también son siempre vagas y tienden a usar términos como “aproximadamente”, “tal vez”, “probablemente” o “posiblemente”. Tales personas no pueden conseguir nada. Muchos aspectos del trabajo en la casa de Dios, como el trabajo administrativo, el trabajo de personal, el trabajo relacionado con la vida de iglesia y el trabajo evangélico, implican detalles específicos. Al afrontar trabajo detallado, a tales personas descuidadas les da dolor de cabeza y se sienten confundidas y agobiadas; no están dispuestas a dedicarse a un trabajo tan detallado. Tienen esta actitud holgazana, así que, en lo que se refiere a hacer trabajo, siempre piensan: “Está bien hacer un trabajo chapucero; después de todo, esto se acerca lo suficiente a lo que dicen los arreglos del trabajo”. Siempre mantienen esta postura de “con que se acerque, ya vale”; ¿se puede hacer bien el trabajo así? (No). Cuando evalúan a las personas, también lo hacen de manera chapucera, evalúan a los líderes y obreros de ese modo y también a los supervisores de cada equipo. Cuando alguien pregunta: “¿Cuánto hace que cree en Dios ese supervisor?”, responden: “Parece que hace más de tres años”. Pero una persona que ha creído en Dios durante tres años podría no haber establecido una base aún; ¿puede tal persona ser fiable como supervisora? La gente descuidada simplemente no puede desentrañar esto. Por eso su discurso siempre está salpicado de términos como “aproximadamente”, “probablemente”, “tal vez”, “posiblemente” y “parece que”; en definitiva, nunca usan las palabras precisas. Cuando alguien pregunta: “¿Ha servido él alguna vez como líder desde que cree en Dios?”, responden: “Parece que no, porque no se lo he oído mencionar”. Mira, nunca tratan nada con rigor. Si los presionas para que den detalles, simplemente confían en sus sentimientos e impresiones. No dirán: “Iré a preguntar sobre ello de inmediato para confirmarlo”. Simplemente no lo tratan con rigor. Consideran que todo está bien mientras esté “aproximadamente bien” o “se acerque bastante”. Hay quien dice: “¿Por qué tiene que vivir uno de manera tan meticulosa?”. Si bien esto es cierto en un sentido —en cuanto a los asuntos relacionados con la vida carnal, puedes ser un poco más chapucero—, en lo que respecta al trabajo de la iglesia, no puedes serlo. Ser chapucero en el trabajo impacta en su resultado. Los buenos resultados en cualquier aspecto del trabajo solo se logran debido a la planificación, los arreglos, el seguimiento, la supervisión y la incitación específicos. Si las tareas se llevan a cabo de una manera chapucera, superficial, ningún trabajo puede dar nunca resultados. Por tanto, el descuido es un defecto de la humanidad de uno y tales personas descuidadas no son acordes al trabajo importante; en particular, no cumplen con el trabajo de los líderes y obreros. Sea cual sea el asunto, lo único que oyen tales personas es un esquema aproximado y luego asumen que lo entienden. Por ejemplo, en el trabajo de fundar iglesias, el de cómo fundar una, cuántas personas hacen falta para fundar una iglesia, cuántas iglesias forman un distrito, cuántos distritos forman una región; los arreglos del trabajo de la casa de Dios tienen reglas específicas para todo esto, también con reglas específicas adicionales para circunstancias especiales. Sin embargo, las personas descuidadas no buscan ni intentan conocer estas reglas, pese a ello todavía aseguran que saben cómo proceder. Cuando se les pide que den detalles, responden: “Solo es fundar iglesias. Una vez que haya cierto número de personas, fundas una”. Pero cuando se les pregunta: “¿Cómo en concreto se debería fundar?”, no lo saben y no pueden aportar detalles. Si es alguien nuevo en el puesto de líder y aún no sabe cómo se funda una iglesia, sería entendible. El problema es que no sabe, pero además no es riguroso al respecto y no estudia ni tampoco busca. ¿Pueden tales personas hacer bien el trabajo de iglesia? (No). Para tales personas, solo tenemos una palabra: “¡Apártate!”. No están a la altura del trabajo de liderazgo. Ningún trabajo es más complejo que el que implica a las personas. Si careces de un corazón cauto y responsable y tu trabajo es chapucero y no se hace con meticulosidad, entonces da igual lo bueno que sea tu calibre, seguirás sin estar a la altura de ese puesto. Ser demasiado descuidado, hacerlo todo de manera demasiado chapucera, enfocarse solo en el esquema, en actuar por inercia, sin centrarse en los detalles ni saber cómo tratar las cosas con rigor; todo esto significa que no estás en absoluto a la altura del trabajo de los líderes y obreros. ¿Entendido? (Sí).