Cómo perseguir la verdad (6) Parte 2
Número 4: La capacidad para aceptar las cosas
¿Cuál es la cuarta capacidad? La capacidad para aceptar las cosas. Existen algunas diferencias entre la capacidad para aceptar las cosas y la capacidad para entender las cosas y la capacidad de comprensión. La capacidad para aceptar las cosas tiene que ver con si, cuando aparecen cosas nuevas, eres capaz de discernir si son positivas o negativas y qué beneficio o perjuicio provocan en tu vida, tu trabajo y tu supervivencia, además de cómo las contemplas, cómo las tratas y cómo las aplicas. Si eres de buen calibre, entonces cuando aparezcan cosas nuevas te mostrarás especialmente sensible y particularmente perspicaz. Después de recibir información rápidamente sobre alguna novedad, serás capaz de identificar qué beneficio o perjuicio causa a las personas o qué inconvenientes tiene. Si te resulta beneficiosa para cierto asunto en tu vida real, puedes aplicar de inmediato sus puntos fuertes; si es perjudicial, también puedes evitar su perjuicio o sus inconvenientes para las personas. Es decir, tienes cierto grado de aceptación hacia las novedades y puedes desentrañar con celeridad las que son negativas, perjudiciales para las personas y las que presentan inconvenientes; en esto consiste tener capacidad para aceptar las cosas. Aquí radica la diferencia entre la capacidad para aceptar las cosas, la capacidad para entender las cosas y la capacidad de comprensión. La capacidad para aceptar las cosas se refiere principalmente a la sensibilidad de una persona a las novedades y a su capacidad para discernirlas. Si disciernes enseguida las novedades, eres capaz de aceptar rápidamente los puntos fuertes y beneficios que tengan y aplicarlos a la vida real para que sirvan a tu vida o tu trabajo, así como luego puedes descartar o desprenderte de las cosas antiguas que estas novedades han reemplazado, eso significa que posees la capacidad para aceptar las cosas y eres una persona de buen calibre. Después están las personas de calibre promedio. Estas son particularmente lentas a la hora de aceptar algunas novedades que han reemplazado a las cosas antiguas, así como las nuevas opiniones y tecnologías. ¿Qué quiere decir que sean “lentas”? Se refiere al hecho de que solo son capaces de aceptar una novedad cuando se ha extendido y su uso es amplio y la palabra para nombrarla se ha vuelto muy común. No tienen percepción alguna respecto a las novedades ni pueden discernir si son positivas o negativas. Incluso cuando surgen novedades positivas, se muestran reacias y desdeñosas respecto a ellas en su corazón. Siempre tienen sus propias nociones y actitudes y se conforman a las tendencias mundanas, se cierran y no aceptan las cosas nuevas, las rechazan. Solo empiezan a aceptar y aplicar una novedad cuando esta se ha extendido ampliamente, muchos la han experimentado, se han dado cuenta de sus ventajas y se han beneficiado de ella. Esto es tener un calibre promedio. La aceptación de tales personas de las cosas nuevas no es activa, sino muy pasiva. Esto es porque, por un lado, no muestran sensibilidad hacia las novedades; son insensibles, retrógradas y cerradas. Por otro lado, también se debe a que tienen ciertas nociones y opiniones sobre las cosas nuevas, manteniendo una actitud de desprecio y desdén hacia ellas. La razón subjetiva para esto es que su calibre es promedio y su capacidad para aceptar las cosas también lo es, lo que las vuelve muy insensibles. Cuando aparecen novedades ante ellas, no son conscientes, no sienten nada y carecen de la actitud para aceptarlas activamente. Asimismo, de manera inherente, son particularmente retrógradas, insensibles y tontas. Estas dos razones las vuelven lentas a la hora de aceptar las novedades. Cuando muchas personas ya están usando algo, hablando sobre sus ventajas, sobre lo conveniente que es, del impacto que tiene en la gente, de los beneficios que permite obtener y han visto todo esto con sus propios ojos —y además han visto a las personas a su alrededor experimentarlo en persona hasta cierto grado—, solo entonces lo aceptan en su corazón, despacio, y empiezan a usarlo. ¿Qué clase de calibre indica esto? La capacidad para aceptar las cosas de tales personas es promedio. Poseer una capacidad promedio para aceptar las cosas significa que el calibre de uno es promedio. Por ejemplo, al predicar el evangelio o al hacer algún trabajo profesional, algunos hermanos y hermanas son los primeros en probar y aplicar un método o técnica profesional nuevos. Enseguida sienten que usar esta técnica profesional está muy bien, pues con ella, la efectividad al cumplir con su deber es bastante buena y su eficacia también aumenta. Entonces, promocionan con celeridad esta nueva técnica o método, animan a otros hermanos y hermanas a que la aprendan y la apliquen. A las personas de buen calibre se les da bien buscar técnicas y métodos nuevos en el cumplimiento de su deber. Con mucha rapidez, pueden percibir con claridad y evaluar con precisión algo nuevo y aprovechar esta oportunidad, así como aceptar por completo técnicas o métodos nuevos y aplicarlos al trabajo en la vida real. En cuanto a cuáles son los puntos fuertes y las debilidades de esta novedad y qué resultados pueden conseguirse con ella, pueden llegar continuamente a conclusiones y luego realizar ajustes. Por medio de un periodo de exploración, poco a poco captan qué aspectos de esta profesión técnica o esta información se pueden aplicar al trabajo de la iglesia y cuáles no. Después de eso, mejoran poco a poco esta novedad en su trabajo de acuerdo con los principios y los requerimientos de la casa de Dios. Mientras más la mejoran, mejor se vuelve, hasta que acaba por dar fruto. Esta es una manifestación de buen calibre. Sin embargo, algunas personas, al predicar el evangelio, se siguen aferrando con rigidez al método original, predican mediante el estilo de uno a uno o de dos a uno o confían puramente en un gran número de personas. Son insensibles, torpes y lentas a la hora de aceptar el método avanzado. Aunque de palabra reconocen que este suena muy bien y es factible, en su corazón albergan constantes recelos. Les da miedo que este método dé escasos resultados si lo aplican, así que no se atreven a probarlo. Otros los persuaden, dicen: “No te tienes que preocupar por nada de eso. Ya lo hemos probado; practicar de esta manera da resultados especialmente buenos”. Sin embargo, siguen sin atreverse a probarlo y se siguen ateniendo al método original. Solo cuando muchos otros usan el nuevo método para predicar el evangelio y obtienen a más gente cada mes y aumentan su eficiencia, estas personas se deciden con reticencia a hacer el intento, pero, aun así, solo dan pequeños pasos y no se atreven a modificar por completo sus planes y estrategias. Esto es ser demasiado lento al aceptar las novedades; es ser de calibre promedio. La capacidad para aceptar las cosas de las personas de escaso calibre es incluso peor. No saben percibir con claridad una novedad, no son capaces de juzgarla ni saben cómo tratarla. Se muestran reacias en su corazón, piensan que aquellos que creen en Dios no deberían aceptar las novedades ni información ni tecnologías nuevas. Como ves, son bastante cerradas. Hoy en día, existen personas de ciertas denominaciones que no usan la electricidad, no ven la televisión ni utilizan computadoras u otros productos electrónicos. Cuando salen, no usan el transporte moderno; ni siquiera montan en bicicleta. ¿En qué se montan? En carretas de bueyes o en carros tirados por caballos, levantando nubes de polvo a su paso. Hay quien pregunta: “¿Por qué no montas en bicicleta o conduces un coche?”. Dicen: “Esas cosas las ha creado el hombre. Nos da miedo que a Él no le guste que las usemos”. Esto es tener escasa capacidad para aceptar las cosas. Las personas con escasa capacidad para aceptar las cosas contemplan muchas de ellas de manera incorrecta. Están estancadas en sus viejas costumbres, se aferran a sus propios puntos de vista, son reacias a todo lo nuevo. Que sean reacias es en sí mismo un problema de su pensamiento y de su mente. ¿Qué indica que tengan tal problema? En términos conservadores, muestra que el calibre de tales personas es demasiado promedio. Si constantemente son incapaces de aceptar las novedades, entonces su calibre es escaso y no son nada flexibles de mente. Creen que la obra de Dios es inalterable y que, sean cuales sean las palabras que haya dicho Dios, siempre dirá esas mismas y, sea cual sea la obra que Él haya hecho, siempre se limitará a hacer la misma. En cuanto a esta especie humana y a esta era, creen que lo que vieron y experimentaron al principio permanecerá para siempre inalterable y siempre será de esa manera. Por ejemplo, hace 20 o 30 años la gente contaba con ciertas nociones respecto a su entendimiento del vestuario. Creían que los materiales de algodón eran puramente naturales y que toda clase de tejidos de algodón eran buenos; ya se tratara de chaquetas forradas, de camisetas o de ropa interior, mientras estuvieran hechas de algodón, eran mejores que las fibras sintéticas. Simplemente, se aferraban con firmeza a esta creencia. Sin embargo, 20 o 30 años después, la industria textil se ha desarrollado y han aparecido muchas telas similares al algodón, junto a diversas prendas de fibra sintética. Hay muchos tejidos mejores que el algodón, que son más transpirables, disipan el calor y absorben la humedad más rápido y no se deforman, no encogen ni se destiñen por mucho que se laven. Asimismo, son especialmente cómodos y ligeros, no dañan la piel. Sin embargo, hay quienes todavía no pueden aceptar las fibras sintéticas. Siguen creyendo que los únicos tejidos buenos son los de algodón porque este crece en la tierra, es una creación de Dios y es natural, mientras que las fibras sintéticas las crea el hombre. De lo que no se dan cuenta es de que, aunque Dios ha preparado el algodón y es lo mejor, la tierra se ha contaminado y los gusanos del algodón que lo infestan son más fuertes generación tras generación. Los pesticidas corrientes no pueden resolver el problema. En última instancia, el algodón debe someterse a tratamientos especiales de desinfección para que no te pique la piel cuando lo usas. Si se trata bien, el coste de la prenda sube y se necesita un precio de venta sumamente alto. Si no se trata bien, no es igual de bueno que ponerse prendas de fibra sintética. Mira, hoy en día las prendas de fibra sintética son de una calidad especialmente buena, muchos atletas profesionales las usan y todos los comentarios al respecto son bastante positivos. Pero hay quienes, después de oír esto, siguen sin aceptarlo y están convencidos de que los tejidos de algodón son mejores. ¿Es que esas personas no son ignorantes y tercas? (Sí). Esta ignorancia y terquedad es un problema asociado a su humanidad. Por tanto, ¿cómo es su calibre? (Su calibre no es bueno). Cuando algo nuevo aparece ante alguien, su actitud para juzgar si es correcto o incorrecto, para decidir si lo acepta o no, depende de su calibre. Si la mayoría piensa que lo nuevo es correcto y sigue a la masa y lo acepta pasivamente, entonces, tal persona es como mucho de calibre promedio. Si no puede discernir si esta cosa nueva es correcta o incorrecta, si es beneficiosa para la gente y cuáles son sus puntos fuertes e inconvenientes comparados con las cosas viejas en las que antes creía con firmeza; si es incapaz de discernir o distinguir las diferencias entre las cosas nuevas y las viejas y no puede juzgar nada de esto, se demuestra que no tiene capacidad para aceptar las cosas nuevas. Es decir, no tiene capacidad de comprensión. La gente así es de escaso calibre. Al principio, cuando aparece alguna novedad, carece de cierto grado de percepción. Cuando oye hablar de ella, tampoco tiene capacidad para aceptarla de ninguna manera. Al final, aunque acepte con reticencia lo nuevo, solo es con la ayuda y persuasión de los demás, que incluso tienen que comparar las ventajas y los puntos fuertes de la novedad con respecto a lo viejo para que esta persona vea con sus propios ojos las claras diferencias entre lo nuevo y lo viejo y que la novedad es obviamente superior a lo antiguo antes de poder aceptarla. Sin embargo, en su corazón, las personas como esa todavía no pueden ver con claridad lo que es bueno respecto a muchas otras novedades y les sigue pareciendo que las cosas viejas son buenas y hay que aferrarse a ellas. Solo en las circunstancias en las que no tienen elección aceptan las novedades con reticencia y pasividad. Su calibre es escaso. Una persona de calibre promedio es alguien que, con unas cuantas indicaciones, entiende de inmediato y se da cuenta de que estaba contemplando las cosas de una manera distorsionada, desfasada. Esto es tener calibre promedio. Una persona de escaso calibre, por otra parte, requiere repetidas pistas e indicaciones, así como una persuasión colectiva por parte de todo el mundo —junto a algunos hechos y ejemplos concretos que muestren de qué modo beneficia esta novedad a las personas tras su adopción generalizada—, antes de aceptarla con reticencia y usarla. Sin embargo, en privado, sigue eligiendo lo antiguo. Esta es una persona de muy escaso calibre. Tener escaso calibre significa que su fracaso es constante a la hora de reconocer los efectos positivos que provoca en la gente la aparición de cosas nuevas, es incapaz de detectar las diferencias entre lo nuevo y lo viejo y nunca alcanza a descubrir ni revelar las ventajas y los avances de las novedades ni los inconvenientes de lo antiguo y lo desfasado que es, mientras que, además, se aferra siempre a sus viejos pensamientos y puntos de vista. Por tanto, su capacidad para aceptar las cosas es muy escasa. Las personas con escasa capacidad para aceptar las cosas tienen escaso calibre, no pueden desentrañar la esencia ni la raíz de los problemas, por mucho que se lo expliques. De estas personas que tienen el calibre más escaso ni siquiera se puede decir que tengan ninguna capacidad para aceptar las cosas. Cuando se enfrentan a las novedades, no se trata de que estén o no dispuestas de manera subjetiva a aprenderlas y aceptarlas; más bien, el problema es que carecen de percepción alguna respecto a ellas. Ya sea en la vida real o en el cumplimiento del deber, sean cuales sean las novedades que aparezcan o las cosas que progresen o mejoren, estas personas no las perciben ni son conscientes de ellas. ¿Proviene su ignorancia sobre tales cosas de no leer las noticias o los periódicos? No, es porque su calibre simplemente carece de la capacidad para aceptar las cosas. Es como si no tuvieran facultades receptivas. En cuanto a la aparición de cualquier cosa nueva, son insensibles, tontas y carecen de percepción. Aunque vivan en una ciudad bulliciosa, es como si vivieran en una remota aldea de montaña. Son del todo ajenas a cualquier acontecimiento que ocurra en la vida humana, ya sea importante o menor. Por tanto, dentro de su ámbito de vida, no hay ninguna novedad que pueda influir en su alimentación, atuendo, alojamiento y transporte. Son como animales. Lo que hay en su esfera de pensamiento se limita a un pequeño rango de cosas dentro del marco de su ámbito de vida, aquellas que conocen desde la edad en la que estaban aprendiendo a contemplar diversas cosas en el mundo. Más allá de eso, nada del mundo exterior influye en absoluto en ellas ni les interesa. ¿Qué clase de personas son estas? ¿Son deficientes mentales? (Sí). Por supuesto, los asuntos de los que estamos hablando son muy pequeños, aspectos triviales de la vida diaria; no nos referimos a temas generales relacionados con cuestiones nacionales o noticias globales importantes. Incluso les es ajena la aparición de una novedad muy pequeña, por la que no muestran ningún grado de aceptación. Esta “aceptación” se refiere a cómo la aparición de una cosa nueva modifica sus pensamientos y puntos de vista, conlleva algunas mejoras para su vida —entre ellas el estilo de vida, el conocimiento básico de la vida y demás— y conduce a alguna mejora y progreso en su capacidad para lidiar con los problemas en la vida. Las personas sin capacidad para aceptar las cosas siempre mantienen su manera de vivir original, rutinaria. Por ejemplo, antes la gente solía decir que el tofu estofado con espinacas era algo bueno, que aportaba hierro y calcio y que alguien creció comiéndolo de esa manera. Más tarde, otros dijeron que los investigadores alimentarios habían descubierto que la espinaca contiene ácido oxálico y que comerla acompañada de tofu durante un largo periodo favorece la formación de piedras en el cuerpo. Después de oír esto, tal persona piensa: “¿Qué es el ácido oxálico? ¿Quién ha visto alguna vez eso en las espinacas? Las he comido durante muchísimos años y no ha sucedido nada. ¡Las seguiré comiendo!”. No lo aceptan. Se trata de alguien que no tiene ningún grado de aceptación en absoluto hacia las novedades o los nuevos puntos de vista. A modo de contraste, las personas con capacidad para aceptar las cosas, una vez que confirman que las espinacas contienen ácido oxálico, se plantean cómo eliminarlo y, al ponerse a averiguar más al respecto, descubren que escaldar las espinacas en agua hirviendo elimina el ácido oxálico. Aquellos con la capacidad para aceptar las cosas discernirán, en vista de la nueva información y por medio de la indagación, la veracidad de esta y si resulta beneficiosa para la gente; solo entonces decidirán si aceptarla o rechazarla. Harán preguntas, se enterarán de los detalles y luego aplicarán esta información a la vida real, y evitarán así los inconvenientes o el perjuicio que cause a las personas la novedad en cuestión. Por otro lado, esos atolondrados que carecen por completo de la capacidad para aceptar las cosas, sea cual sea la nueva información que oigan, ni les importa ni indagan al respecto, sino que la rechazan directamente, se aferran a lo viejo y desfasado. En última instancia, esto se reduce al problema de su calibre. En lo que respecta a las novedades, no saben cómo abordarlas ni qué principios deberían captar, así como tampoco consideran las consecuencias que podría conllevar para su vida o para su trabajo rechazarlas. En resumen, siempre albergan una actitud suspicaz hacia las cosas nuevas y la nueva información, sin atreverse a aceptarlas. Tales personas son de escaso calibre.
Aquellos de escaso calibre no pueden resolver los problemas a los que se enfrentan en la vida de manera independiente, sean muchos o pocos. Tales individuos carecen de la capacidad para vivir con independencia. Sea cual sea el asunto, sea cual sea la manera de hacer las cosas que en su momento heredaran de sus ancestros, van a continuar haciéndolas igual; no cambian nada y se aferran a ellas hasta el final, inflexibles. Si los criticas y les dices que hacer así las cosas es un error, no te escucharán e incluso se volverán sumamente obstinados, hasta el punto de discutir contigo: “Así es como se ha transmitido desde nuestros antepasados. ¡La generación de mi abuelo y la de mis padres lo hicieron de esta manera y se ha transmitido así!”. ¿Son necesariamente correctas las cosas que se transmiten? No se plantean esta cuestión, lo que demuestra su escaso calibre. Si poseyeran el calibre de una persona normal, reflexionarían sobre tal cuestión. Cuando oyeran información sobre las novedades, mostrarían cierto grado de aceptación. Si no exhiben estas manifestaciones, significa que no tienen ningún grado de aceptación. Esas personas carecen de capacidad para vivir con independencia. Por muchos años que vivan, siempre dicen: “Era así en los tiempos de mi padre. Era así en los tiempos de mi abuelo y mi bisabuelo. Así que, en mi generación, debe seguir siendo así”. Está claro que son fósiles. Son como troncos de madera podridos, ¡están chapadas a la antigua! No tienen ninguna capacidad para aceptar nada nuevo, lo que demuestra que su calibre es muy escaso. Por mucho que les expliques el progreso de las novedades, ellas no las aceptan. Tales personas carecen de capacidad para vivir con independencia. De cara al exterior, parece que se ocupan por su cuenta de su alimentación, atuendo, alojamiento y transporte, pero las formas y los métodos que usan son deficientes. No adaptan su estilo de vida a los tiempos o al crecimiento en los diversos ámbitos del sentido común y el conocimiento que la especie humana ha adquirido. Estas son las que tienen escaso calibre. Aunque no se mueran de hambre ni de frío ni hayan sufrido ninguna enfermedad importante, a juzgar por su perspectiva sobre la supervivencia y su estilo de vida, se limitan a vivir de manera atolondrada y además se las puede calificar como deficientes mentales, idiotas o necias. Algunas se sienten incómodas cuando se las llama deficientes mentales o idiotas, pero, les incomode o no, es la verdad. Así de escaso es su calibre. Verdaderamente me gustaría decir algo que te hiciera sentir cómoda, pero simplemente no posees calibre para esto. Careces de capacidad en todos los aspectos y no tienes pensamientos ni puntos de vista correctos ni precisos que se conformen al pensamiento de la humanidad normal respecto a cualquier asunto. ¿No es esto carecer de calibre? Bastante amable soy por no llamarte inútil. Esta clase de persona sin calibre está solo a un paso de ser una discapacitada mental. Los discapacitados mentales no son siquiera capaces de cuidar de sí mismos, confían por entero en la asistencia de los demás. A la hora de comer, sus padres les siguen dando de comer cucharada a cucharada y ni siquiera son conscientes de si están saciados o no. Las personas de escaso calibre son deficientes mentales; son idiotas y están a solo un paso de ser discapacitadas mentales. Así de escaso es su calibre. Decidme, ¿acaso no son patéticas? ¿No son bastante desesperantes? Las de escaso calibre no tienen capacidad de aprendizaje, capacidad para entender las cosas ni capacidad de comprensión. Menos aún cuentan con la capacidad para aceptar las cosas; no poseen capacidades en ningún aspecto. Da igual cómo les expliques las cosas o que les pongas ejemplos, sigue sin entrarles en la cabeza y no entienden lo que se ha dicho. ¿Acaso no es esto deficiencia mental? Da igual cómo se lo expliques, no son capaces de entenderlo. Aunque hables con mucha claridad y se lo expliques en profundidad, no lo pillan e incluso les parece que lo que dices es muy raro. Carecen del pensamiento de la humanidad normal e incluso recurren a una serie de falacias para refutarte. No hay manera de razonar con ellas, así que diles solo seis palabras: “¡Estás más allá de la razón!”. Su calibre es así de escaso. ¿Es posible que no te sientas angustiado y exasperado con ellas? Da igual lo que les digas, es inútil. Por mucho que intentes esclarecerlas, no lo entienden. Incluso con un asunto pequeño, hace falta un día entero para esclarecerlas y, si hablas de una manera ligeramente más profunda, no lo comprenderán. Tienes que emplear términos muy superficiales y hablar mucho para que logren entenderlo. Aunque lleguen a entenderlo, cuando surja otro asunto similar, seguirán sin pillarlo. ¿No es esto deficiencia mental? Sin embargo, esta clase de personas con deficiencia mental no se consideran unas necias. Dicen: “No asumas que soy un necio. Si me das a elegir entre diez yuanes o diez dólares estadounidenses, observa mi elección: sin duda, me quedaré con los dólares estadounidenses porque sé que valen más”. Los demás les dicen: “Sigues siendo un necio”. ¿Por qué los demás las califican de necias? Porque, para demostrar que no es necia, una persona corriente no usaría este tipo de ejemplo ni un método tan inferior para demostrarlo. El motivo por el que nunca se consideran a sí mismas unas necias es precisamente que su calibre es sumamente escaso, no disponen de estándares para evaluar a ninguna persona, acontecimiento o cosa ni saben cómo hacerlo. Las personas realmente astutas, después de esforzarse y batallar de forma constante entre un grupo de personas durante cuatro o cinco años, se darán cuenta de que en cualquier grupo hay gente mejor que ellas, que las superan. Siempre sienten que su propio calibre no es lo bastante bueno, que su capacidad e inteligencia no son lo bastante buenas. Siempre son capaces de descubrir su propia ineptitud, de reconocer dónde se quedan cortas en comparación con las demás y de identificar sus propios problemas; siempre pueden ver los puntos fuertes de los demás. Esta clase de persona es astuta y posee calibre. Aquellas sin calibre, entretanto, cuando viven en grupo, siempre sienten que las demás son inferiores. Observan que hay quienes no saben siquiera deletrear ciertas palabras ni saben escribir en un teclado, así que las desdeñan por tener escaso calibre. Utilizan cosas insignificantes, pequeñas, que ellas sí son capaces de hacer para afirmar que su propio calibre es bueno. También las hay que, al ver que las demás son menos exigentes respecto a su propia higiene o no saben vestir bien, dicen de ellas que tienen escaso calibre. Al ser estas personas mismas un poco más limpias, son capaces de levantar una fachada de refinamiento o tienen algo de conocimiento y ciertos puntos fuertes, así que consideran que su propio calibre es bueno. ¿Son astutas o son unas necias? Son unas necias. Fíjate en cómo hablan las astutas: “¿Por qué la he vuelto a fastidiar? ¡Me he dado cuenta de que soy un necio!”. Aquellos que dicen a menudo que son necios y que tienen ineptitud son realmente astutos. Los que nunca admiten ser necios y siempre dicen: “¿Piensas que soy necio? ¡Tú intenta pedirme dinero, ya verás si te lo doy!”, son realmente necios. En lenguaje coloquial, de los necios se dice que “la cabeza no les da para más”. Si pueden decir cosas tan necias, ¿acaso no se trata de necedad? ¿No es que “la cabeza no les da para más”? (Sí). Cuando ven a alguien que tiene algunos fallos o defectos o deja lagunas en lo que hace, se ríen a sus espaldas, dicen: “¿Cómo puede ser tan necio?”. Cuando ven a alguien que siempre es calculador para aprovecharse y urdir astutas intrigas, lo consideran astuto y de buen calibre. Las personas realmente astutas evalúan la calidad del calibre de alguien y si es astuto o necio en función de sus diversas capacidades. Las necias, sin embargo, solo se fijan en el calculador, en el que se aprovecha y siempre evita las pérdidas y en aquel al que se le da bien servirse a sí mismo por medio de engaños, pues creen que todos los que son así son astutos y de buen calibre. En realidad, son todos unos necios. El hecho de evaluar la calidad del calibre de alguien según lo calculador que sea muestra lo necias que son tales personas. No hace mucho mencionamos una de las manifestaciones más necias, el hecho de que digan: “Si me ofreces diez dólares estadounidenses o diez yuanes, fíjate en lo que escojo. Desde luego, no elegiría la moneda china, ¡no creas que no sé que los dólares estadounidenses valen más! Si me ofreces carne o tofu, fíjate en cuál me como. ¿Crees que soy tan necio como para comerme el tofu y no la carne? ¡Sé que la carne sabe mejor!”. De hecho, tales personas son idiotas. Si de veras no quieres que los demás perciban tu necedad, no deberías usar nunca tales ejemplos. ¿Lo entiendes? (Sí). ¿Cometen ese error a menudo los necios? (Sí). Incluso piensan: “¡Mira qué buenos ejemplos pongo! ¿Ves lo astuto que soy? ¿Te parece que soy un necio? ¡El necio lo serás tú!”. El tipo de persona más necia exuda necedad constantemente. Con esto concluye la enseñanza de esta capacidad: la capacidad para aceptar las cosas.