Cómo perseguir la verdad (6) Parte 4
Número 7: La capacidad para identificar las cosas
Ahora que hemos terminado de discutir la capacidad para emitir juicios, hablemos a continuación sobre la capacidad para identificar las cosas. ¿A qué se refiere la capacidad para identificar las cosas? Se refiere principalmente a identificar si las personas, acontecimientos y cosas son positivos o negativos, correctos o incorrectos y buenos o malos; consiste en calificar o clasificar a las personas, acontecimientos y cosas, en encuadrar en diversas categorías a las personas, acontecimientos y cosas a los que te enfrentas. La intención y el propósito de identificarlos es ordenar tanto a las personas como a las cosas positivas y negativas según su clase. Clasificar, por supuesto, no significa agrupar a las aves en la categoría de aves, a los animales en la categoría de animales o a las plantas en la de plantas. La capacidad para identificar las cosas no se refiere a la capacidad para identificar esto, sino a la capacidad para identificar los atributos de las diversas personas, acontecimientos y cosas. Por ejemplo, ¿puedes categorizar las manifestaciones, las revelaciones y la esencia de diversas personas? ¿Puedes definir los atributos de las diversas personas, acontecimientos y cosas con los que te encuentras? Por ejemplo, al identificar a los incrédulos, ¿puedes identificar las revelaciones de estos que te permiten reconocer claramente que son incrédulos? Si sabes qué características y rasgos tienen, qué revelaciones de humanidad exhiben, qué palabras dicen, qué acciones toman y qué pensamientos y puntos de vista poseen, entonces deberías ser capaz de identificar a los incrédulos. Cuando aparecen diversas personas, acontecimientos y cosas, una persona con buen calibre puede identificar si son cosas positivas o negativas, si son personas positivas o negativas, si son rectas o malvadas y si son correctas o incorrectas. Puede definir los atributos de diversas personas, acontecimientos y cosas e identificar si se conforman a la humanidad y a la verdad. Es alguien de buen calibre. Entonces, ¿qué hay de las personas con calibre promedio? Pueden identificar a las diversas personas, acontecimientos y cosas con atributos obvios. Por ejemplo, hay quien dice: “¿Cómo podría haber un dios? ¿Dónde está? ¿Por qué no puedo confirmar que existe?”. En cuanto a las palabras como estas que niegan a Dios de manera obvia, tienen algún discernimiento y pueden identificar que tales personas son incrédulas y personajes negativos. Pueden identificar la obvia maldad y las cosas evidentemente negativas, injustas, perversas, pero en cuanto a algunas que son engañosas, de las que rara vez se oye hablar y están entre dos aguas o en una zona gris, no pueden distinguirlas ni son capaces de tratarlas de manera diferente. Sí tienen la capacidad para discernir a las personas malvadas que cometen fechorías obvias. Saben que esa persona es malvada y que, si alguien así se convirtiera en líder y ganara estatus, sería un anticristo. Sin embargo, si esta persona tiene mala calidad humana, pero no ha cometido acciones malvadas, no podrían identificar si se la puede categorizar como una persona malvada ni qué acciones malvadas podría cometer, así como tampoco podrían definir los atributos de tal persona. Esto es tener calibre promedio. El comportamiento de algunas personas es bastante obvio, como por ejemplo caer en comportamientos licenciosos, adorar ídolos, seguir las cosas mundanas, disfrutar de cotillear, reprimir e intimidar con frecuencia a los demás o cometer asesinatos y provocar incendios; de estas personas dirían que no son buenas y que Dios las detesta, esta es una diferenciación que pueden hacer. Pero, en cuanto a algunas personas cuyo comportamiento externo parece bastante bueno —a menudo dan limosna y ayudan a otros, muestran paciencia y se llevan razonablemente bien con los demás—, cuya humanidad parece bastante buena desde fuera, pero sus palabras y acciones no concuerdan con la verdad la mayoría de las veces, y cuyas acciones vulneran a menudo los principios-verdad, no serían capaces de discernir si tales personas son las que persiguen la verdad ni a qué categoría pertenecen exactamente. En cuanto a las personas, acontecimientos y cosas que son obvios y fáciles de etiquetar, pueden discernir si son correctos o incorrectos, buenos o malos, si son rectos o perversos y si son cosas positivas o negativas. Pueden diferenciar tales asuntos externos, pero no pueden diferenciarlos cuando se trata de esas personas, acontecimientos y cosas que realmente atañen a los principios y están relacionados con la verdad. No pueden discernir cuáles están obviamente de acuerdo con la verdad y cuáles la vulneran. Esto es tener calibre promedio. Por ejemplo, algunas personas llevan ropa de una tela relativamente buena, que parece elegante y de alta calidad, les hace parecerse a esas figuras de alto nivel o a las élites profesionales en el mundo. Al ver esto, las personas con calibre promedio dicen: “Esta ropa es la que les gusta a los no creyentes. Como personas que creen en Dios, no debería gustarnos; estas no son cosas positivas”. No es correcto decir esto. Esta ropa no tiene un aspecto seductor ni atrayente, sino que parece elegante, digna y decente, hace que el que la lleva parezca noble. Sin embargo, estas personas contemplan tales prendas —que hacen que el que la lleva parezca noble y elegante, y que ahora están de moda— como cosas negativas y dicen que son perversas. Esto es ser incapaz de identificar estas cosas, ¿cierto? (Sí). Por tanto, ¿cómo es la capacidad para identificar las cosas de tales personas? Como mucho, es promedio. Esto es tener calibre promedio. Son personas que no son siquiera capaces de diferenciar algunas cosas que los no creyentes sí pueden; los no creyentes con buen calibre pueden discernir la buena y la mala humanidad, pero ellas no. A pesar de entender algunas doctrinas después de creer en Dios, tales personas no pueden diferenciar entre las cosas positivas y las negativas. Pueden discernir las cosas que son obvias, pero no las que no lo son. Son capaces de discernir a las personas evidentemente malvadas, los obvios incidentes que causan los trastornos y perturbaciones, así como los incidentes obvios al vulnerarse los principios, pero en lo que respecta a ciertas personas, acontecimientos y cosas que son relativamente especiales, siniestros y extraños, que están ocultos en las sombras, esos no pueden identificarlos. Solo pueden identificarlos mediante la enseñanza y las indicaciones de los demás o por medio de que las propias personas hagan algo obvio. De lo contrario, no pueden. Esto indica que su capacidad para identificar las cosas es promedio. Además, hay quienes, sean cuales sean las circunstancias, no pueden identificar a ninguna persona, acontecimiento o cosa ni definir sus atributos. Por ejemplo, en lo que respecta a evaluar cuáles son exactamente los atributos de cierta categoría de personas —si son auténticas creyentes o incrédulas, si persiguen la verdad o si son aptas para que se las cultive—, no saben nada de estas cosas ni son capaces de comprenderlas. Incluso cuando tales personas exhiben muchas manifestaciones y tienen problemas muy obvios, siguen sin poder identificarlas ni definir sus atributos. Esto es carecer de la capacidad para identificar las cosas. Aunque surjan algunas personas, acontecimientos y cosas comunes y fácilmente discernibles, no pueden decir con claridad si estas personas son buenas o malvadas o si estos asuntos son rectos o perversos. No saben cómo diferenciarlos o categorizarlos ni saben cómo clasificarlos. Incluso después de leer las palabras de Dios y compartir con los demás, siguen sin poder identificarlos. Al final, hacen que otros decidan por ellos, dicen: “Son como tú los califiques. Si los calificas como rectos, entonces son rectos; si los calificas como perversos, entonces eso es lo que son”. En resumen, no pueden definirlos ni sacar conclusiones por sí mismos. Sea cual sea la situación, a la hora de sacar una conclusión, están perdidos y no tienen nada que decir. ¿No es esto carecer de la capacidad para identificar las cosas? (Sí). Incluso en el fenómeno externo más simple, si les pides que identifiquen cuál es su naturaleza y cuáles son sus atributos, no lo saben. Sin embargo, tienen un truco: pueden hablar sin parar, relatar lo que una persona ha dicho y hecho. Pero si les preguntas: “¿Es esta persona una auténtica creyente o no? ¿Es alguien que tiene una enorme aspiración por Dios?”, responden: “Bueno, hace más de diez años que cree en Dios y ha renunciado a su familia y su carrera. Cuando su hija tenía tres o cuatro años, se la confió a los hermanos y hermanas y se fue de casa para cumplir su deber”. Son calculadores; evitan sacar conclusiones por sí mismos y, en su lugar, te permiten a ti decidirlo. Si les preguntas: “Entonces, ¿es alguien que acepta la verdad?”, responden: “Bueno, desde que se convirtió en líder de la iglesia, se ha estado levantando muy temprano y yéndose a la cama muy tarde. En cuanto a si acepta la verdad, cuando una vez los hermanos y hermanas le señalaron algunos de sus problemas, se echó a llorar allí mismo, dijo que estaba en deuda con Dios y no lo había hecho bien”. “¿Y se arrepintió luego?”. “Bueno, en ese momento su actitud fue bastante buena”. Les gusta darte todo tipo de información, enseñarte que tienen sustancia, que lo saben todo y que saben cómo contemplar a las personas, e impedirte que los subestimes. En realidad, no pueden discernir a las personas ni sacar conclusiones. Simplemente te dicen un montón de fenómenos y de información, te dejan a ti identificar qué clase de persona es y sacar tus conclusiones y definir sus atributos. Tú dices: “Básicamente se puede considerar que esta persona es alguien que acepta la verdad. Tiene impulso en su fe en Dios y es un verdadero creyente. Lo que sucede es que, como tiene escaso calibre y carece de capacidad de comprensión, nunca es capaz de encontrar principios de práctica y no puede practicar la verdad, a pesar del hecho de que está dispuesto a aceptarla”. Responden: “A mí no me parece alguien con capacidad de comprensión. Cada vez que habla sobre algo desagradable, llora; siempre es la misma actitud”. ¿Ves? Ellos mismos no tienen capacidad para identificar las cosas, sin embargo, se les da bastante bien sumarse a los comentarios de los demás. ¿No es eso problemático? La manifestación más común de las personas que carecen de la capacidad para identificar las cosas es que les gusta hablarte sobre un montón de fenómenos, de información, de problemas difíciles, del rumbo de los acontecimientos o de todo lo que han observado sobre cierta situación. A continuación, esperan de ti que la definas y, después de darles una definición, les parece buena y pueden aceptarla. Después de aceptarla, siguen sin saber por qué la has definido de este modo. Desconocen la base o los principios que hay detrás de tu conclusión y cómo tratar o lidiar con este tipo de persona en cuestión. No saben nada sobre estas cosas. Incluso después de la enseñanza y el estudio, siguen sin entender. Esto demuestra que no tienen capacidad para identificar las cosas; esta es una manifestación de no tener calibre. Además, cometen con frecuencia el error de distorsionar los hechos y confundir una cosa con otra. Sea cual sea el asunto que comenten, no logran captar su raíz ni su esencia y, en su lugar, sacan conclusiones que solo se basan en fenómenos externos. Por ejemplo, describen la fechoría de un anticristo como una transgresión, creen que, mientras el anticristo lo reconozca, puede enmendarse. Si ven a una persona honesta contar una mentira, la califican de persona falsa. Si ven a alguien que es arrogante y sentencioso, lo califican de persona malvada. Esta es la clase de errores que cometen habitualmente las personas que carecen de la capacidad para identificar las cosas. Para cada persona, la capacidad para identificar las cosas es una clase de calibre que debería poseer cuando se enfrenta a diversas personas, acontecimientos y cosas en la vida. La capacidad para identificar las cosas no solo consiste en identificar la esencia de diversas personas, acontecimientos y cosas, sino además en determinar sus atributos. Mientras mayor sea la precisión con la que puedas determinar estos atributos, más alta será la capacidad para identificar las cosas que has demostrado poseer. Si tus determinaciones no son muy precisas y hay un espacio entre tus determinaciones y la esencia y raíz del asunto, eso prueba que tu capacidad para identificar las cosas es promedio. Si no puedes determinar los atributos de las personas, acontecimientos y cosas ni desentrañar estos atributos, eso prueba que no tienes capacidad para identificar las cosas. Por ejemplo, digamos que, en lo que respecta a una persona, solo puedes describir sus muchas manifestaciones y revelaciones, pero no puedes desentrañar su esencia. Es decir, solo puedes hablar sobre cómo esta persona tiende a ser negativa o qué puntos fuertes tiene, sobre muchas cosas que le han ocurrido; sin embargo, no conoces su calidad humana, su calibre ni su actitud hacia la verdad, no puedes desentrañar estos asuntos esenciales y no dispones de una definición para las personas, acontecimientos y cosas que aparecen u ocurren a su alrededor. Con independencia de si tales cosas son correctas o incorrectas, rectas o perversas, cosas positivas o negativas, manifestaciones de buena o malvada humanidad, no puedes desentrañar ni discernir ninguna de estas cosas. Da igual cuántas verdades hayas oído o cuántos testimonios vivenciales hayas escuchado, sigues sin poder identificar o diferenciar a diversas personas, acontecimientos y cosas; en tu corazón, no tienes definición para ninguna categoría de personas, acontecimientos y cosas. Esto es carecer de la capacidad para identificar las cosas y es además una manifestación de no tener calibre.
Si las personas que carecen de la capacidad para identificar las cosas no tienen autoconciencia y además son arrogantes y sentenciosas, ¿qué error es más probable que cometan? El de aprovecharse de unas pocas manifestaciones exhibidas por otras personas y luego etiquetarlas y definirlas arbitrariamente. Por ejemplo, ven que hay quienes son un poco obstinados y entonces dicen que son como las personas malvadas, que son diablos, ¿acaso no es este un enorme error? Esas personas son un poco obstinadas y, debido a las condiciones familiares o al entorno en el que crecieron, adoptaron algunos malos hábitos de vida o desarrollaron hábitos nocivos y defectos. En general, la calidad humana de estas personas no es amable, pero tampoco es malvada, así que no se las puede llamar personas malvadas. Sin embargo, aquellas que carecen de la capacidad para identificar las cosas se aprovechan de un par de cosas que dice una de estas personas o de una o dos cosas que hace y luego la definen a ciegas, dicen: “Esta persona tiene una personalidad extraña, nada sociable, obstinada. Es malvada”. Esta definición es errónea. Las personas realmente malvadas dicen palabras agradables y engatusan a los demás; usan tácticas, ocultan, engañan y juegan con los demás. Algunas personas malvadas puede que incluso den limosna, ayuden a los demás y muestren paciencia. Aquellos que carecen de la capacidad para identificar las cosas dirán de una persona así: “Es muy buena, una auténtica creyente”, pero, en realidad, es una farisea hipócrita. Aquellos que carecen de la capacidad para identificar las cosas no pueden desentrañar la esencia de las personas; durante las elecciones votan incluso a personas malvadas para que se conviertan en líderes. ¿A qué equivale esto? Equivale a colaborar con el mal y a incitarlo. Algunas personas malvadas no exhiben su maldad en su comportamiento ni la revelan. Llevan la maldad en el corazón. Todo lo que hacen es con un propósito y todas sus intenciones tienen una cualidad encubierta. Las cosas que hacen ante tus ojos no reflejan de verdad sus intenciones reales. La totalidad de sus verdaderas intenciones y propósitos y su perversidad se ocultan en su corazón. Si alguien carece de la capacidad para identificar las cosas y no puede discernir a tales personas, es probable que las considere buenas personas, gente que persigue la verdad. Las hay que tienen una personalidad directa y no emplean ninguna táctica cuando se asocian con los demás. Hablan de manera directa y son un poco irritables en lo que se refiere a su personalidad y temperamento. En realidad, su humanidad no presenta problemas importantes, es solo que a veces su tono es brusco al hablar. Sin embargo, revelan exactamente lo que piensan; cualquier cosa que piensen es lo que revelan de cara al exterior. Otros piensan a menudo que estas personas no saben cómo interactuar con todo el mundo ni socializar y no están acostumbrados a su manera de expresarse. Tales personas hablan con particular brusquedad y franqueza, siempre hacen daño a los demás sin pretenderlo. Con el tiempo, les acaban haciendo daño a todos y la gente no alberga buenos sentimientos hacia ellas. Algunos que carecen de discernimiento dicen que una persona así es malvada, pero, de hecho, no lo es. Dices que es malvada; pues bien, entonces saca a la luz los hechos de cómo ha atormentado a los demás. ¿A quién ha atormentado o reprimido? ¿A quién ha perjudicado o engañado? Si de veras hay una base fáctica que demuestre que esta persona es malvada —no solo que meramente perjudica a los demás con sus palabras, sino que también hay maldad en el fondo de su corazón y que de veras es perjudicial para los demás—, entonces se la puede calificar como una persona malvada. Si no tiene intención de perjudicar a los demás, entonces no es una persona malvada. Simplemente tiene una personalidad directa y habla con brusquedad, es algo innato. Hablar con brusquedad, como mucho, es un fallo y un defecto de su humanidad. No sabe tener tacto ni ponerse al mismo nivel que los demás cuando habla, no sabe mostrar tolerancia hacia otras personas, amoldarse a los demás, ser tolerante con ellos ni tener en cuenta sus sentimientos. No sabe nada de esto. Le faltan cosas a su humanidad. Sin embargo, algunos que carecen de discernimiento la consideran una persona malvada. De hecho, la mayoría del tiempo, con las cosas que hace, salvaguarda los intereses de la casa de Dios. Aunque su tono es un poco brusco cuando habla con los demás, no hace daño a nadie ni tiene intención de perjudicarlos. Es solo que carece de tacto en su discurso y no considera la situación cuando habla. Debido a ciertos defectos y fallos en la humanidad de esta persona, muchas otras piensan erróneamente que es malvada, sin embargo, no son capaces de aportar ninguna prueba de que haga algo malvado. Este es un juicio incorrecto, una calificación equivocada que se hace de ella. Puede que aquellos que son realmente malvados no hagan daño a los demás de cara al exterior, sino que es posible que den limosna y ayuden a otros y que sus palabras exhiban entendimiento, atención, cuidado y acomodo y hasta muestren tolerancia y amor hacia los demás —sus palabras y acciones pueden parecer muy buenas—, pero en ciertas circunstancias especiales o asuntos especiales y en cuestiones relacionadas con sus propios intereses, pueden reprimir, perjudicar e intrigar en secreto contra los demás e incluso no salvaguardar los intereses de la casa de Dios en absoluto. Aunque algo no guarde relación con sus propios intereses, aunque solo tuvieran que mover un dedo, ni siquiera así salvaguardarán los intereses de la casa de Dios. Lo que viven estos individuos de cara al exterior parece excepcionalmente bueno, desde fuera no se detectan fallos ni defectos en su humanidad, pero en realidad son unos auténticos malvados. Hay muchos que no logran discernir a tales individuos y están cegados por sus tácticas, sus filosofías para los asuntos mundanos y sus conspiraciones e intrigas. Si la esencia-naturaleza de una persona de esta clase y sus fechorías se dejan en evidencia, ellos no solo no lo aceptan, sino que además consideran que es una buena persona, que es alguien al que la casa de Dios debería cultivar y dar un papel importante. Carecen de discernimiento respecto a tales individuos. No hablemos sobre si estas personas pueden evaluar a alguien de acuerdo con la palabra de Dios o los principios-verdad y fijémonos solo en su calibre —incluso consideran a las que son obviamente malvadas como buenas personas y, aunque sus fechorías sean un hecho, las siguen considerando así—, lo que significa que son sumamente atolondradas. Las personas que carecen de la capacidad para identificar las cosas no solo son deficientes mentales e idiotas, sino que además son atolondradas. Estos individuos malvados han reprimido y atormentado a otros y han empleado diversas tácticas para jugar con los demás, sin embargo, estas personas no consideran que esto sea maldad ni perciben que lo sea. Además, hay una manifestación obvia de las personas malvadas, la de que nunca salvaguardan los intereses de la casa de Dios; ni una vez. Aunque tuvieran que decir una única palabra o mover un solo dedo, seguirían sin salvaguardarlos, mucho menos cuando se trata de asuntos que afectan a su seguridad personal o a su estatus y reputación. En tales casos, con mayor razón aún dejarán de salvaguardar los intereses de la casa de Dios. Hay quienes no pueden desentrañar a estos individuos obviamente malvados. Dime, ¿acaso tienen calibre? Las personas malvadas tienen una esencia malvada; reprimirán a cualquiera. Sea quien sea, siempre que alguien afecte a su estatus o sus intereses, se convierte en objetivo de su represión. Aquellos que carecen de discernimiento no pueden desentrañar estos asuntos. ¿Acaso los que carecen de discernimiento no son unos atolondrados? (Sí). Ni siquiera saben si las personas malvadas los van a reprimir. Dime, ¿hasta qué punto son unos atolondrados? ¿Es que no son sumamente atolondrados? (Sí). Después de que se destituya a ciertas personas malvadas, algunos de aquellos sin ninguna capacidad para identificar las cosas llegan a alzar la voz por ellas, para defenderlas y clamar por la injusticia que han sufrido, solo porque estas personas malvadas creen en Dios desde hace muchos años, poseen algunos dones, son elocuentes, disponen de tácticas y de cara al exterior renuncian a cosas, se esfuerzan y soportan adversidades. Sus defensores no mencionan cuánta maldad han hecho estas personas malvadas, en cambio, dicen: “Han creído en Dios durante muchos años, han seguido a Dios con decidida devoción y han sufrido mucha adversidad. Incluso los arrestó el gran dragón rojo y soportaron la tortura y cumplieron condena en prisión y ayudaron al hermano tal o la hermana cual”. Solo se fijan en estas cosas e ignoran las malas acciones de esas personas, sin mencionar cuánta maldad han hecho. ¿Acaso no son muy atolondrados? (Sí). Aquellos que son sumamente atolondrados están más allá de la redención, son incurables. Los que no poseen la capacidad para identificar las cosas son personas sin calibre, no cuentan con capacidades de ninguna clase. No saben ni pueden identificar si algo es correcto o incorrecto o si alguien es una figura positiva o negativa. No pueden ver la esencia y la naturaleza de una persona con claridad ni sintetizar los atributos de esta a través de su conducta, sus manifestaciones, sus revelaciones de corrupción y de las múltiples pruebas de su maldad. Siempre y cuando esa persona esté todavía en la iglesia, ellos la tratarán como a un hermano o hermana, con un amor de corazón. No tienen discernimiento sobre nadie ni pueden tratar a nadie de acuerdo con los principios. Tales personas no tienen capacidad para identificar las cosas. No saben ni pueden identificar si diversos asuntos son rectos o perversos, si tienen un efecto positivo o negativo en las personas, como tampoco si se los debería considerar correctos y aceptarlos o bien considerarlos incorrectos y discernirlos, rechazarlos y resistirse a ellos. Cuando les das un ejemplo para explicar algún asunto, saben que no es bueno, que no se conforma a los principios-verdad ni es aplicable a la casa de Dios. Pero la próxima vez que surge un asunto similar, siguen sin saber cómo abordarlo ni pueden aplicar los principios; solo lo entienden si les das otro ejemplo. Tienes que explicarles los asuntos uno a uno, como si le estuvieras enseñando a un niño para que aprenda. Esto es carecer de la capacidad para identificar las cosas. Da igual si es una persona o una cosa, no saben si es recta o perversa, correcta o incorrecta, positiva o negativa, si se conforma a la verdad y a las necesidades de la humanidad o no y cómo deberían contemplarla los creyentes en Dios; no saben nada de esto. Carecen de capacidad para identificar las cosas. Entonces, ¿sobre qué base se evalúa el nivel de la capacidad para identificar las cosas que tiene alguien? Se basa en si tus definiciones respecto a los atributos de diversas cosas son precisas. Si lo son, entonces tienes la capacidad para identificar las cosas. Si la precisión de tus definiciones de los atributos de diversas cosas está por encima del cincuenta por ciento, entonces tu capacidad para identificar las cosas es promedio o por encima de la media. Si no llega al cincuenta por ciento, entonces es escasa. Si la precisión no es siquiera del uno por ciento, entonces no tienes capacidad para identificar las cosas y eres una persona sin calibre. Se discierne de esta manera si alguien tiene la capacidad para identificar las cosas. No daré más ejemplos sobre esta capacidad. Os dejo este tema a vosotros, podéis compartirlo por vuestra cuenta.