Cómo perseguir la verdad (6) Parte 5

Número 8: La capacidad para responder a las cosas

A continuación, debatiremos sobre la octava capacidad, la capacidad para responder a las cosas. La capacidad para responder a las cosas se refiere a cómo aborda un asunto una persona, con independencia de si este asunto ya ha tenido lugar o si sucede de repente, o de que los diversos factores de este asunto hayan cambiado; cómo aborda este asunto una persona es en lo que consiste su capacidad para responder a las cosas. Entonces, ¿a qué se refiere principalmente la capacidad para responder a las cosas? Se refiere a tu capacidad para identificar, juzgar y abordar una cuestión y para lidiar con ella. Cuando te enfrentas a alguna persona, acontecimiento o cosa, ¿cuál es su naturaleza? ¿Es una cosa positiva o negativa? ¿Cómo se debería afrontar este tipo de cosa y lidiar con ella? Cuando ocurre de repente, ¿qué lecciones se deberían aprender? ¿Cuáles son las buenas intenciones de Dios? Si algo así puede dañar el trabajo de la iglesia, entonces, ¿cómo debería lidiarse con ello de una manera que se conforme a los principios y remedie las consecuencias del daño causado, de tal modo que ya no perjudique al trabajo de la iglesia y además se detenga el efecto negativo para que deje de desarrollarse? Si cuando te enfrentas a alguna persona, acontecimiento o cosa —en función de los principios de discernimiento que has captado y los principios-verdad que conoces—, puedes juzgar con precisión la esencia y la causa principal de tales asuntos y los principios y el plan para lidiar con ellos, entonces eres una persona con la capacidad para responder a las cosas, lo que también significa que eres una persona de buen calibre. Por ejemplo, cuando un asunto sucede de repente delante de ti, ¿cómo deberías afrontarlo? Primero, deberías ver con claridad en qué dirección se puede desarrollar, qué consecuencias traería si se continúa desarrollando, dónde radica la causa raíz de que ocurra, cuál es su esencia; debes ser capaz de discernir y de ver con claridad todas estas cosas. Califica el asunto por medio del discernimiento y luego encuentra de inmediato un plan para lidiar con él. Cómo se debería lidiar con el asunto, quién es el cabecilla, quiénes son los seguidores, quién es la parte principalmente responsable, quién debería cargar con la responsabilidad principal, cómo lidiar con las partes responsables… todas estas son cosas que debes averiguar. Asimismo, al lidiar con los problemas, debes minimizar las pérdidas y además reorganizar y ajustar el personal. Solo de esta manera se podrán corregir los errores con prontitud, se resolverán los problemas por completo y se remediará la situación, lo que permitirá que las cosas se desarrollen en una dirección correcta y beneficiosa. En resumen, si puedes considerar todos los diversos factores implicados en este asunto y luego tienes una manera correcta de abordarlo, con principios correctos y precisos para lidiar con él, a esto se le llama tener la capacidad para responder a las cosas y significa que eres alguien de buen calibre. Por supuesto, este método para abordar el asunto y los principios para lidiar con él podrían ser conclusiones y definiciones a las que llegas por medio de contactar y compartir con las personas que saben sobre la situación, o bien a través de cooperar y debatir con todos. Si mediante indagar sobre el rumbo de la situación real y luego preguntar por las sugerencias de los hermanos y hermanas que entienden esta clase de asunto, puedes acabar por llegar a una definición, sacar una conclusión, determinar una solución y lidiar de manera adecuada con el asunto, completar los ajustes de personal, compensar las pérdidas causadas por este asunto y luego ajustar el trabajo de la iglesia de modo que ya no se desarrolle en una dirección perjudicial, entonces a esto se le llama la capacidad para responder a las cosas. Si puedes lidiar con los asuntos a este nivel, se puede considerar que tienes buen calibre. Por supuesto, tener buen calibre no significa que una persona pueda, cuando se enfrenta a un asunto, desentrañarlo de inmediato, tomar decisiones rápidas y lidiar con él de manera exhaustiva y apropiada; este no es necesariamente el caso. Se requiere un proceso para que las personas lidien con los problemas; es necesario que entiendan los diversos aspectos del asunto para que desentrañen la esencia de las cosas. Las personas son de carne y hueso, hacen las cosas dentro del ámbito de la humanidad y se requiere un proceso. Esto es diferente a cómo obra el Espíritu de Dios; el Espíritu de Dios escruta toda la tierra de una manera que lo abarca todo; Dios siempre puede ver la esencia y la causa principal de todas las cosas y todos los problemas. Cuando las personas no son capaces de desentrañar las cosas ocultas detrás de los asuntos, resulta fácil engañarlas y cegarlas. Precisamente por esto, la gente necesita indagar en profundidad en el verdadero estado de los asuntos que hay detrás de las cuestiones. Después de entender las situaciones reales ocultas detrás de una cuestión, si puedes lidiar rápido con los problemas, resolver las desviaciones, ajustar de un modo apropiado a aquellos que están directamente al cargo y al personal de trabajo, así como garantizar el funcionamiento normal del trabajo, esto prueba que tienes la capacidad para responder a las cosas. En especial, cuando te enfrentas a incidentes repentinos, si puedes lidiar con diversas personas, acontecimientos y cosas de acuerdo con los principios, esto prueba que eres una persona con buen calibre. Las personas con una capacidad promedio para responder a las cosas, cuando se encuentran con situaciones normales y comunes, pueden hacer algunas cosas siguiendo procedimientos y de manera rutinaria, pero los resultados que consiguen son promedio; no logran ningún avance o progreso significativo. En cuanto se enfrentan a situaciones especiales o a incidentes repentinos, están perdidas y son incapaces de lidiar con ellos. Por ejemplo, cuando algunas personas predican el evangelio, en circunstancias normales pueden ganar a unas cuantas personas cada mes. Esto refleja un calibre promedio y que los resultados de su predicación del evangelio son también promedio, no son particularmente buenos. Si de repente surge en la iglesia un incidente en el que los anticristos desorienten a las personas, estos trabajadores evangélicos se quedan confusos y no saben qué hacer. El trabajo evangélico se detiene y no saben si deberían continuar predicando o esperar a los arreglos del trabajo. No saben buscar los principios del trabajo de predicar el evangelio. En los arreglos del trabajo de la casa de Dios, se suele decir: “El trabajo evangélico no debe detenerse en ningún momento ni bajo ninguna circunstancia”. Sin embargo, con solo encontrarse con un incidente en el que los anticristos desorientan a las personas, detienen el trabajo evangélico. ¿Están haciendo su deber con lealtad? Están lejos de hacerlo. ¿Se están sometiendo a las instrumentaciones y arreglos de Dios? También están lejos de someterse. Se confunden cuando se encuentran con anticristos o falsos líderes que cometen fechorías de manera imprudente y causan trastornos y perturbaciones. No se les ocurre preguntar a aquellos que entienden la verdad cómo deberían lidiar con este asunto con el que se han encontrado e, incluso menos aún, saben buscar principios de práctica ni una senda de práctica en las palabras de Dios. Carecen de esta capacidad para responder a las cosas. Algunos líderes de la iglesia, cuando ven a un anticristo que difunde falacias para desorientar a las personas, no saben cómo compartir la verdad para refutar esas falacias. No saben qué hacer, pero siguen orando: “Oh, Dios, por favor, ata a Satanás, por favor, cierra la boca de Satanás e impide que difunda falacias para desorientar a las personas. Por favor, salva a esas personas ignorantes y necias e impide que el anticristo las desoriente. ¡Oh, Dios, por favor, tráelas de vuelta!”. ¿Puede el hecho de limitarse a orar y no buscar la verdad resolver el problema? Si las personas no cooperan ni cumplen su deber, es inútil. Hay muchas cosas que deberían hacer. Primero, deberían fijarse en qué clase de trasfondo tiene este anticristo, qué características exhibe y en qué confía para desorientar a las personas; deberían ver también si hay algunas personas de buen calibre que pueden aceptar la verdad entre aquellos a los que han desorientado y darse prisa en recuperarlas. Este es el trabajo que se debería hacer primero. Sin embargo, estos líderes de la iglesia no saben esto ni tampoco saben trabajar de esta manera. Simplemente terminan confundidos, patalean con ansiedad. Algunos individuos inútiles incluso lloran por pura ansiedad. ¿De qué sirve llorar? ¿Se puede recuperar a los que se ha desorientado si te pones a llorar? Llorar no es realizar el trabajo ni representa que tengas una carga; es una manifestación de incompetencia. Las personas con calibre, cuando se enfrentan a tales asuntos, lo primero que hacen es calmarse. Después de orar, buscar, analizar y juzgar y luego compartir, al final toman una decisión. Las personas de escaso calibre están perdidas cuando se enfrentan a los asuntos: no saben orar ni buscar ni saben encontrar a unas cuantas personas que entiendan la verdad con las que compartir, se limitan a esperar con pasividad. Esto es lo que más demora los asuntos. Tú no cuentas con una solución, pero tal vez otros sí. ¿Por qué no buscar ayuda de otros? Las personas inteligentes, incluso mientras esperan, no olvidan cumplir con su propio deber y responsabilidad. Este cumplimiento del deber y la responsabilidad es proactivo, no es pasivo. No es esperar a que Dios dicte órdenes o a que Él actúe en persona para cambiar la situación. En su lugar, consiste en realizar grandes esfuerzos para recuperar a aquellos a los que es posible recuperar durante el periodo de espera. En cuanto a los que son irrecuperables, como los estúpidos atolondrados, los que están poseídos por los espíritus malvados y los incrédulos que creen en Dios solo para subirse al carro y comer gratis, con esos no hay que perder el tiempo. En cuanto a aquellos que no han sido cegados, se deben hacer arreglos rápidos para que alguien comparta la verdad y hable sobre discernir al anticristo con ellos. ¿No es este un plan para lidiar con la situación? Es una medida de respuesta. Las personas de escaso calibre no disponen de tales medidas de respuesta; solo saben llorar y quejarse. Esto es carecer de la capacidad para responder a las cosas. Si una persona es capaz de trabajar con normalidad en situaciones corrientes, pero una vez que se enfrenta a situaciones especiales se queda pasmada y perdida, entonces la capacidad para responder a las cosas de esta clase de persona es, como mucho, promedio. Si alguien no puede siquiera lidiar con las situaciones corrientes, esta clase de persona no tiene capacidad para responder a las cosas. Por ejemplo, si se la envía a una iglesia para organizar la elección de un líder de iglesia, no sabe a qué clase de persona elegir o cómo reunir a la gente y organizar la elección. Ni siquiera entiende los procedimientos básicos para las elecciones. Además de esto, hay algunas personas en la iglesia que tienen actitudes corruptas graves —las que pertenecen a la categoría de acosadores, rufianes y bribones— y estas aprovechan la oportunidad para trastornar la elección. En esta clase de situación, aquellos sin capacidad para responder a las cosas son incluso menos capaces de lidiar con ella, simplemente son tomados cautivos y se rinden. Al final, solo les pueden decir a los hermanos y hermanas: “Elegid vosotros. Aceptaremos a quien sea que elijáis”. ¿Qué clase de criaturas son? ¿No son unos inútiles? Esto es no tener capacidad para responder a las cosas. Aquellos que no tienen capacidad para responder a las cosas también carecen de capacidad de trabajo. Ya sea en situaciones normales o especiales, cuando sucede algo, se derrumban y se retraen; cuando sucede algo, están perdidos y se echan a llorar. Cuando no sucede nada, pueden decir unas cuantas palabras y doctrinas, pero cuando algo ocurre y se les pide que lidien con un problema, no pueden hacerlo. Por ejemplo, cuando algunos individuos son superficiales en el cumplimiento de su deber, aquellos sin capacidad para responder a las cosas solo saben discutirlo con ellos, dicen: “Por favor, no seas superficial, por favor, ¡cumple bien tu deber!”. ¿Puede esto resolver el problema de esos individuos? Deberían compartir con esos individuos sobre el problema de ser superficial. Si esos individuos no entienden la verdad ni pueden reconocer su problema, deberían compartir la verdad con ellos. Si esos individuos actúan de esta manera a pesar de saber que es un error, deberían diseccionarlos y podarlos. Si se debe a algún otro asunto, deberían compartir en función de este. Deberían determinar un plan de acción apropiado basado en la clase de problema que ha surgido y luego actuar de manera acorde. Si no puedes hacer esto, entonces careces de la capacidad para responder a las cosas. ¿Lo entendéis? (Sí). Si cuando te enfrentas a cualquier asunto no dispones de una solución, no hay forma de abordarlo y no hay principios para lidiar con ello, entonces careces de la capacidad para responder a las cosas. ¿Acaso esas personas no tienen una capacidad para responder a las cosas de lo más escasa? (Sí).

Aquellos con la mejor capacidad para responder a las cosas son personas que, cuando se enfrentan a algunos asuntos especiales o a situaciones repentinas, pueden juzgarlos e identificarlos con prontitud y entonces dan lugar a planes relativamente apropiados para lidiar con ellos. Los que tienen una capacidad promedio para responder a las cosas pueden lidiar con los asuntos comunes o rutinarios cuando se los encuentran. Pueden trabajar siguiendo procedimientos para mantener y gestionar la situación o modificar y sustituir al personal; se les da más o menos bien hacer este tipo de trabajo. Sin embargo, cuando se encuentran con situaciones repentinas, no pueden lidiar con ellas. Aunque se les comuniquen los principios, no pueden aplicarlos; aunque se les conceda autoridad y se les pida que se encarguen del asunto, siguen sin ser capaces de hacerlo. Esto es tener una capacidad promedio para responder a las cosas. Aquellos con escasa capacidad para responder a las cosas ni siquiera se encargan bien de los asuntos rutinarios. Solo saben expresar doctrinas, atenerse a los preceptos y, al final, la causa principal del problema no se resuelve en absoluto. Basta un anticristo que causa perturbaciones y desorienta a las personas para que renuncien a predicar el evangelio; un falso líder que dice tonterías también es suficiente para hacerles detener el trabajo evangélico. ¿Se trata de personas que siguen la voluntad de Dios? Están lejos de lograr eso. La capacidad para responder a las cosas de estas personas es demasiado escasa. Sea cual sea la situación que surja, aquellos con escasa capacidad para responder a las cosas no podrán lidiar con ella. Por ejemplo, si se inicia un incendio en una habitación, entran en pánico y buscan rápidamente un extintor. Después de encontrarlo, no saben cómo usarlo y tienen que buscar las instrucciones. El resultado es que el incendio se extiende. Esto ocurre porque no saben cómo usar el extintor, lo que lo demora todo, y también se debe a su falta de capacidad para responder a las cosas. Hasta son incapaces de abordar una situación tan urgente como un incendio; esto es carecer de la capacidad para responder a las cosas. Por dar otro ejemplo, si un niño se atraganta mientras come, no puede respirar y pone los ojos en blanco, esta gente entra en pánico. No saben si llevar al niño al hospital o no, o si darle agua para que beba. Están tan angustiadas que empiezan a sudar y se les pone la cara roja, pero simplemente no saben qué hacer. Pasado un rato, el niño tose unas cuantas veces y al fin puede volver a respirar. Estuvieron en pánico durante un largo rato, pero no aportaron ninguna solución para abordar el problema. Afortunadamente, el niño tuvo suerte; de lo contrario, habría muerto bajo su cuidado. Las personas de escaso calibre no tienen capacidades en absoluto ni pueden hacer nada bien. Las pocas doctrinas que entienden no son más que preceptos y consignas. En lo que respecta tanto a situaciones típicas como a situaciones especiales, siempre son incapaces de lidiar con ellas o de abordarlas. Por tanto, en cuanto a su capacidad para responder a las cosas, más si cabe carecen tales personas por completo de ella; no la tienen en absoluto. En cualquier situación a la que se enfrentan, no pueden responder a ella ni ocuparse de ella; son incapaces de entender estos asuntos. Piensan que con poder decir algunas palabras y doctrinas y gritar algunas consignas es suficiente, que eso significa que tienen capital y se sienten realizadas en sus vidas. En realidad, cuando algo sucede, las doctrinas que conocen no sirven para ningún propósito. A pesar de ello, no logran darse cuenta de que esto es un reflejo de su escaso calibre; no son conscientes de lo escaso que es. ¿No es esto un calibre sumamente escaso? (Sí). ¿Acaso no son estúpidas tales personas? (Sí). A los estúpidos, la cabeza no les da para más. ¿Qué significa que “la cabeza no les da para más”? Significa que da igual cuántas doctrinas entiendan o cuántos preceptos puedan seguir, cuando ocurre algo, ninguno de estos preceptos o doctrinas puede resolver el problema real. Sin embargo, todavía no pueden comprender esto y piensan: “¿Por qué son estas doctrinas y preceptos ineficaces?”. Aunque se devanen los sesos, no sirve de nada; da igual cómo reflexionen sobre ello, siguen sin poder averiguar cómo lidiar con el problema o resolverlo. Algunas personas, cuando lidian con incidentes de los anticristos, no rescatan primero a aquellos a los que han desorientado los anticristos ni apoyan a aquellos que se han vuelto negativos y no están dispuestos a reunirse debido a la desorientación de los anticristos. ¿Qué hacen primero? Organizan grandes reuniones para hablar sobre qué manifestaciones tienen los anticristos, qué clase de personas son, las diferencias entre los anticristos y aquellos con el carácter de los anticristos, cómo discernir exactamente a los anticristos y a aquellos con el carácter de los anticristos. Para cuando terminan de compartir todo esto, algunos de los desorientados por los anticristos ya hace mucho que dejaron la iglesia y otros que son negativos y débiles ya no asisten a las reuniones. Han dejado pasar el mejor momento para rescatar a esas personas, ¡con lo que de veras han causado un gran perjuicio! En resumen, aquellos de escaso calibre tienen además un importante defecto en lo que respecta a su capacidad para responder a las cosas y es que carecen por completo de ella. No os fijéis en lo elocuentes que son ni en lo bien que dicen las palabras y doctrinas y hablan sobre teología en circunstancias normales, solo fijaos en si cuentan con la capacidad para lidiar con los problemas cuando se enfrentan a situaciones reales. En especial, cuando surgen incidentes repentinos, fijaos en si tienen la capacidad para emitir juicios y la capacidad para identificar las cosas, si tienen planes para lidiar con los problemas y resolverlos. Si es así, eso demuestra que son personas que tienen sus propias opiniones y saben cómo pensar sobre las cosas. Pero si carecen de la capacidad para identificar las cosas y la capacidad para emitir juicios y, cuando algo ocurre, entran en pánico y se angustian y solo son capaces de decir doctrinas grandilocuentes y de gritar consignas, entonces estas personas no pueden resolver problemas y son unas inútiles. No importa cuántas dificultades, problemas o defectos tenga otro, esta persona usa la misma serie de teorías para explicarlos y abordarlos y sigue compartiendo con él de esta manera, pero nunca es capaz de resolver problemas; esto es carecer por completo de la capacidad para responder a las cosas. Precisamente, carecer de la capacidad para lidiar con los problemas es una incapacidad para responder a las cosas. Aquellos que no tienen la capacidad para responder a las cosas carecen de calibre. En términos generales, son estúpidos, idiotas y deficientes mentales. No importa cuántas doctrinas expresen, es inútil, sencillamente no se les puede dar uso. Esto concluye nuestra enseñanza sobre la octava capacidad, la capacidad para responder a las cosas.