Cómo perseguir la verdad (7) Parte 6
Después de oír acerca de estas manifestaciones específicas de las diversas capacidades que se usan para evaluar el calibre de las personas, os evaluáis a vosotros mismos y descubrís que, como mucho, vuestro calibre es promedio, no alcanza el nivel de buen calibre. Por tanto, ¿quiénes son los que alcanzan el nivel de buen calibre? Aquellos a los que usa el Espíritu Santo. Si Dios te concede buen calibre, tienes que encargarte del trabajo adecuado para el buen calibre. Si no hay necesidad de que asumas tal trabajo, ya está bastante bien que Dios te haya dado un calibre promedio; es la gracia de Dios. Si Él te da un calibre promedio, no puedes hacer un trabajo muy importante, así que no puedes volverte arrogante. Esto es para protegerte. Con el calibre promedio que se te concede, no tienes capital del que presumir ni eres capaz de hacer contribuciones trascendentales. Siempre tienes que pensar: “Mi calibre es promedio; no soy bueno en este campo ni en aquel. Debo ser prudente y buscar los principios-verdad al hacer mi deber”. Cuando te parece que tienes carencias en todos los aspectos, te comportas mucho mejor y te atienes mucho más a las reglas, eres mucho más discreto. Por ejemplo, sea cual sea el trabajo que hagáis, ya seáis supervisores o miembros corrientes, si durante cierto periodo tu trabajo funciona con relativa fluidez, da algunos resultados, los logros son relativamente destacados y recibes afirmación de lo Alto, ¿cuál sería tu mentalidad? (Nos volveríamos engreídos, nos parecería que somos buenos y ya no buscaríamos fácilmente la verdad). Entonces se te haría difícil seguir las reglas y mantener la sensatez al comportarte. Esta es una tentación muy peligrosa para ti, no es una buena señal. No obstante, debido a que tienes carencias o defectos en diversas capacidades y a que, al hacer el trabajo, o bien no llegas a considerar un aspecto o no logras anticipar o pasas por alto y olvidas otro —o bien se te poda en lo referente a un aspecto o te enfrentas a reveses y golpes en otro—, en lo más profundo de tu corazón, te adviertes constantemente: “No soy capaz. Mi calibre es escaso y no entiendo la verdad. No entiendo los principios”. De esta manera, te vuelves muy cauto al hacer las cosas, tienes mucho miedo de cometer errores y recibir poda, de trastornar y perturbar, así como de crear lagunas en el trabajo que resulten en pérdidas. Debido a que tus capacidades en diversos aspectos son deficientes o son todas muy promedio, tu capacidad para ser competente en el trabajo es también muy promedio, al igual que el trabajo que haces. Así que sientes que no hay nada de lo que presumir, aunque te las arregles para lograr algunos resultados ganados a pulso, solo los consigues después de sufrir muchas adversidades y realizar un tremendo esfuerzo entre bambalinas. Quieres fingir que eres capaz y bastante bueno delante de los demás, pero en tu corazón, te falta confianza. Sabes que, hagas lo que hagas, no puedes hacerlo bien y todavía es necesario que lo Alto lo revise. En algunas cosas, solo al enfrentarte a recibir la poda te das cuenta de en qué te equivocas y ves lo increíblemente escaso que es tu calibre. De esta manera, no serás capaz de volverte arrogante. Es decir, siempre habrá alguien con buen calibre a tu alrededor que te supere y siempre te restringirán tanto la verdad como los estándares requeridos por Dios. Te parece: “El poco trabajo que puedo lograr es solo porque lo revisó y lo decidió lo Alto; solo se completó porque lo Alto lo examinó, lo comprobó y lo corrigió repetidas veces. No tengo nada de lo que presumir”. La próxima vez que haces algo, sigues pensando en alardear sobre tus habilidades, pero aún no logras hacerlo bien y nunca puedes destacar. Justamente porque tu calibre y capacidades son limitados, los efectos de hacer tus deberes siempre son promedio, nunca llegas a alcanzar el nivel ni el estándar que idealizas. Por tanto, de manera inconsciente, no paras de darte cuenta de que no eres alguien que destaque, no eres una persona superior ni extraordinaria. Poco a poco, llegas a entender que tu calibre no es tan bueno como imaginabas, sino más bien demasiado corriente. Este proceso progresivo es muy útil para conocerte a ti mismo; experimentas algunos fracasos y reveses de manera práctica y, después de reflexionar en tu fuero interno, pasas a valorar de forma más exacta tu nivel, tus capacidades y tu calibre. Cada vez reconoces en mayor medida que no eres una persona de buen calibre, que, aunque puede que tengas algunas fortalezas y dones, un poco de capacidad para emitir juicios o a veces algunas ideas o planes, aún no llegas a los principios-verdad, estás lejos de los requerimientos de Dios y de los estándares de la verdad, e incluso te quedas más lejos del estándar de poseer la realidad-verdad. De manera inconsciente, cuentas con estos juicios y valoraciones sobre ti mismo. En el proceso de juzgarte y valorarte a ti mismo, tu autoconocimiento se volverá cada vez más exacto y tus actitudes corruptas y revelaciones de corrupción serán cada vez menos, se tornarán más contenidas y controladas. Por supuesto, controlar tus actitudes corruptas no es el objetivo. ¿Cuál es si no? El objetivo es que, a medida que se controlen tus actitudes corruptas, aprendas poco a poco a buscar la verdad y te comportes bien, sin intentar siempre soltar ideas grandilocuentes ni alardear de tus habilidades, sin pugnar siempre de manera competitiva para ser el mejor o el más fuerte ni intentar todo el tiempo probarte a ti mismo. Al tiempo que esta consciencia se graba sin cesar en el fondo de tu corazón, reflexionarás: “He de buscar cuáles son los principios-verdad para hacer esto y qué dice Dios sobre ello”. Esta consciencia se establecerá poco a poco en el fondo de tu corazón y tu grado de búsqueda, reconocimiento y aceptación de la palabra de Dios y de la verdad se elevará cada vez más, lo que para ti implica esperanzas de salvación. Cuanto más puedas aceptar la verdad, menos se revelarán tus actitudes corruptas. Un resultado todavía mejor es que vas a tener más oportunidades de usar la palabra de Dios como estándar de práctica. ¿No es esto emprender poco a poco la senda de la salvación? ¿No se trata de algo bueno? (Sí). Sin embargo, si todas tus capacidades son superiores, perfectas y extraordinarias entre las personas, ¿puedes todavía buscar la verdad mientras te ocupas de los asuntos y haces tus deberes? Eso es complicado de decir. Es bastante difícil que alguien con habilidades extraordinarias en todos los campos acuda ante Dios con un corazón en calma o una actitud humilde para conocerse a sí mismo, conocer sus defectos y sus actitudes corruptas, así como alcanzar el punto de buscar la verdad, aceptarla y luego practicarla. Esto es bastante difícil de hacer, ¿no es así? (Sí).
La gente que tiene calibre promedio contiene las buenas intenciones de Dios; que las personas tengan un calibre demasiado escaso también contiene las buenas intenciones de Dios. Él, en Su deseo de salvarte, no te da excesivo buen calibre. ¿Por qué? Dios les da a las personas diversas condiciones innatas, como su trasfondo familiar, apariencia, instintos, personalidad y diversas capacidades de vida. Dios incluso les da a las personas ciertos puntos fuertes, intereses y aficiones, así como además les concede algunos dones especiales. Con esto es suficiente. Basta para mantener tu supervivencia personal. Con esto, posees la capacidad y las condiciones para vivir con independencia y, sobre la base de cierto nivel de calibre, puedes aceptar las palabras de Dios, desechar tus actitudes corruptas a diversos niveles y lograr salvarte. Este es el motivo por el que Dios no les da a las personas un calibre excesivamente elevado. Dios no le concede a la gente un calibre excesivamente bueno. Por un lado, esto es para que la gente pueda, con esta condición básica, permanecer un poco con los pies en la tierra y, sobre la base de sentir que son personas corrientes, promedio, con actitudes corruptas, puedan aceptar voluntariamente la obra de Dios y Su salvación. Solo de esta manera cuentan las personas con la condición básica para aceptar las palabras de Dios. Por otro lado, si tienen muy buen calibre o una mente excepcionalmente rápida, con muy fuertes capacidades en todos los aspectos, si son todas excepcionales, si les va todo de maravilla en el mundo —ganan mucho dinero en su negocio, tienen carreras políticas que van especialmente bien, operan sin esfuerzo en todas las situaciones, se sienten como pez en el agua—, entonces tales personas no pueden acudir ante Dios ni aceptar Su salvación fácilmente, ¿no es así? (Sí). La mayoría de aquellos a los que salva Dios no ocupan puestos altos en el mundo o entre las personas en la sociedad. Dado que su calibre y capacidades son promedio o incluso escasos y les cuesta encontrar la popularidad o el éxito en el mundo y siempre les parece que este es sombrío e injusto, tienen necesidad de fe y, al final, acuden ante Dios y entran en Su casa. Esta es una condición básica que Dios les concede a las personas al escogerlas. Solo con esta necesidad puedes tener el deseo de aceptar la salvación de Dios. Si tus condiciones en todos los aspectos son muy buenas y adecuadas para esforzarte en el mundo y siempre quieres hacerte un nombre, entonces no tendrías el deseo de aceptar la salvación de Dios ni tendrías siquiera la oportunidad de recibirla. Aunque puede que tengas un calibre promedio o escaso, todavía estás mucho más bendecido que los no creyentes en cuanto a tener la oportunidad de que Dios te salve. Por tanto, tener escaso calibre no es tu defecto ni un obstáculo para que te despojes de actitudes corruptas y alcances la salvación. A fin de cuentas, Dios fue el que te concedió este calibre. Tienes tanto como Dios te concede. Si Dios te otorga buen calibre, entonces tienes buen calibre. Si Dios te da un calibre promedio, entonces tu calibre es promedio. Si Dios te da escaso calibre, entonces ese es el que tienes. Una vez que entiendes esto, debes aceptarlo de parte de Dios y ser capaz de someterte a Su soberanía y disposiciones. ¿Cuál es la verdad que constituye la base para someterse? Esas disposiciones de Dios contienen Sus buenas intenciones; Él es meticulosamente reflexivo y la gente no debe quejarse ni malinterpretar el corazón de Dios. Él no te tendrá en alta estima por tu buen calibre ni tampoco sentirá desdén hacia ti ni te detestará a causa de tu escaso calibre. ¿Qué es lo que detesta Dios? Él detesta a la gente que no ama ni acepta la verdad, a la que la entiende pero no la practica, a la que no hace aquello de lo que es capaz, a la que no lo da todo en sus deberes y siempre alberga deseos extravagantes, deseando siempre estatus, compitiendo siempre por la posición y haciéndole siempre exigencias a Dios. Esto es lo que a Él le parece repugnante y detestable. Tienes escaso calibre o ninguno en absoluto, eres incapaz de hacer ningún trabajo y, sin embargo, sigues queriendo ser líder. Compites siempre por posición y poder y siempre quieres que Dios te dé una respuesta definitiva, que te diga que en el futuro puedes entrar en el reino, recibir bendiciones y tener un buen destino. Que Dios te elija ya es una exaltación inmensa, sin embargo, todavía quieres tomarle el brazo cuando te ofrece la mano. Dios te ha dado lo que deberías recibir y ya has obtenido mucho de Él, sin embargo, sigues haciendo exigencias irrazonables. Esto es lo que detesta Dios. Tu calibre es demasiado escaso o no llegas siquiera a la altura de la inteligencia humana, no obstante, Él no te ha tratado como a un animal, sino que te sigue tratando como a un ser humano. Por tanto, deberías hacer lo que corresponde a un ser humano, decir lo que le corresponde decir a un humano y aceptar todo lo que te ha dado Dios como procedente de parte de Él. Sea cual sea el deber que puedas desempeñar, hazlo. No decepciones a Dios. No tomes el brazo cuando se te ofrece la mano porque Dios te trate como a un ser humano ni digas: “Como Dios me trata como a un humano, debería concederme mejor calibre, dejarme ser jefe de equipo, supervisor o líder. Lo mejor sería que Él hiciera que yo no tuviera que desempeñar ningún trabajo cansado, para que la casa de Dios me proveyera gratis y no me hiciera falta realizar esfuerzos o sufrir cansancio, permitiéndome hacer lo que quiera”. Todas estas son exigencias irrazonables. No son las manifestaciones ni las peticiones que un ser creado debería tener ni plantear. Dios no te ha tratado conforme a tu escaso calibre, sino que en vez de eso te ha elegido y te ha dado la oportunidad de hacer tu deber. Esta es la exaltación de Dios. No deberías tomar el brazo cuando se te ofrece la mano ni hacerle exigencias irrazonables a Dios. En su lugar, deberías darle las gracias a Dios y cumplir bien con tu deber para retribuirle Su amor. Este es el requerimiento que Él te hace. Tu calibre es escaso, pero Dios no te ha hecho requerimientos de acuerdo con los estándares propios de aquellos con buen calibre. Te falta calibre e inteligencia, pero Dios no te ha requerido que alcances los estándares que pueden alcanzar las personas con buen calibre. Aquello que seas capaz de hacer, hazlo sin más. Dios no le pide peras al olmo. Lo que sucede es que tú mismo siempre tienes deseos extravagantes y nunca estás dispuesto a ser alguien corriente, una persona promedio de escaso calibre. No quieres hacer estas tareas laboriosas que no te ponen en el centro de atención y, al hacer tu deber, siempre te desagrada la adversidad y huyes del cansancio, escoges y eliges qué hacer, siempre eres obstinado y tienes tus propios planes y preferencias, no es que Dios te haya agraviado. Por tanto, ¿cómo debería la gente abordar correctamente su propio calibre? Por un lado, sea cual sea el calibre que Dios te conceda, deberías aceptarlo de parte de Él y someterte a Su soberanía y arreglo. Estos son el pensamiento y el punto de vista más básicos que las personas deberían poseer. Este punto de vista es correcto y se sostiene en cualquier situación. Es el principio-verdad que permanece constante por mucho que cambien las cosas. Por otro lado, con independencia de si tu calibre es bueno, promedio, escaso o inexistente, deberías hacer el trabajo que tu calibre puede lograr. No deberías guardarte nada ni buscar destacar. Con independencia de si tu calibre es bueno o promedio, solo puedes hacer las cosas dentro del ámbito de tu calibre y tu capacidad. No hay nada de lo que presumir; esto es lo que Dios te ha dado, deberías ofrendarlo. Todo tu ser, tu aliento, tus condiciones innatas y tus capacidades en todos los aspectos de tu calibre te los concede Dios. Los diversos principios-verdad que ahora entiendes también los provee Dios. Sin Su obra y sin las diversas condiciones innatas que Dios concede a las personas, los humanos no son nada, no son más que un puñado de polvo. Por tanto, no hay nada de lo que las personas puedan presumir. Este es el segundo aspecto. Hay otro y es que, con independencia de si tu calibre es promedio, escaso o inexistente, debes abordarlo correctamente. Para empezar, reconocer a qué nivel pertenece tu calibre y, entonces, sobre la base de tu calibre inherente, hacer lo que te corresponde. No intentes siempre ir más allá de tus capacidades y hacer cosas que no puedes lograr, intentando siempre probar tu valía ante los demás o ante Dios. No puedes probar nada. Mientras más intentes probar tu valía de este modo, más se demuestra que tu calibre es escaso, que no conoces tu propia medida y que eres insensible a la razón y tienes un carácter gravemente corrupto. No intentes por todos los medios cambiar tu calibre o mejorar tus capacidades en todos los aspectos, sino que, en su lugar, reconoce con exactitud tu calibre y capacidades innatos y trátalos correctamente. Si descubres de lo que careces, estudia rápidamente esos campos en los que puedes lograr progresos en un corto periodo de tiempo para de este modo compensar esos campos. En cuanto a esos campos que no puedas alcanzar, no lo fuerces. Actúa conforme a tu situación real; haz cosas en función de tu propio calibre y capacidades. El principio definitivo es realizar tu deber de acuerdo con la palabra de Dios, los requerimientos de Dios para los humanos y los principios-verdad. No importa el nivel de tu calibre, puedes alcanzar grados variables a la hora de actuar y de hacer tus deberes de acuerdo con los principios-verdad; puedes satisfacer o estar a la altura de los estándares de Dios. Estos principios-verdad no son en absoluto palabras vacías; no trascienden a la humanidad de ningún modo. Son todas sendas de práctica hechas a medida para las actitudes corruptas, los instintos y las diversas capacidades y calibres de la especie humana creada. Por tanto, no importa cuál sea tu calibre ni en qué área sean insuficientes o fallen tus capacidades, eso no es problema; si de veras entiendes la verdad y estás dispuesto a practicarla, habrá una senda hacia delante. Los defectos de una persona en ciertos aspectos del calibre y las capacidades no entorpecen de ninguna manera su práctica de la verdad. Si tu capacidad de emitir juicios o alguna otra capacidad son deficientes, puedes buscar y compartir más, buscar indicaciones y sugerencias de aquellos que entienden la verdad. Cuando entiendas y captes los principios y las sendas de práctica, deberías ponerlos en práctica dedicando todo tu esfuerzo, conforme a tu estatura. Aceptar y practicar, eso es lo que deberías hacer. ¿Os ayuda Mi enseñanza a entenderlo? (Entendemos un poco más).
¿Por qué preordina Dios que las personas tengan toda clase de calibres? ¿Por qué Dios no les concede un calibre perfecto? ¿Cuántos aspectos hemos compartido respecto a cuáles son las intenciones de Dios en este sentido y a cómo deberían abordarlo correctamente las personas? Vamos a resumirlos. El primer aspecto es aceptarlo de parte de Dios. Este es el pensamiento y punto de vista más básico que deberían poseer las personas. El segundo aspecto es reconocer y evaluar cuál es tu calibre y actuar y hacer tu deber en función de tu calibre y capacidad. No intentes hacer cosas que superen tu calibre y capacidad. Lo que puedes hacer, hazlo de manera concienzuda y con los pies en el suelo y hazlo bien. No te fuerces a hacer lo que no puedes. ¿Cuál es el tercer aspecto? (No debemos desear siempre cambiar nuestro calibre. Aunque nuestro calibre sea promedio, escaso o inexistente, debemos abordarlo correctamente. No debemos desear siempre demostrar a Dios que tenemos buen calibre. Es inapropiado). Eso es. Aborda tu calibre correctamente. No te quejes. Lo que te haya dado Dios, eso es lo que te pedirá. Lo que Dios no te haya dado, no te lo va a exigir. Por ejemplo, si Dios te ha concedido un calibre promedio o escaso, no requiere de ti que seas líder, jefe de equipo ni supervisor. Sin embargo, si Dios te ha dado elocuencia, la capacidad de expresarte o cierto don y requiere de ti que hagas un trabajo relacionado con este don, entonces deberías hacerlo bien. No falles a la hora de estar a la altura de las condiciones que te ha dado Dios. Debes estar a la altura de lo que te ha concedido, darle pleno uso y aplicarlo bien y a cosas positivas, así como producir resultados valiosos en el trabajo que beneficien a la especie humana. Eso sería excelente, ¿no? (Sí). Asimismo, debes saber que Dios tiene buenas intenciones cuando les concede diversos calibres a las personas. Precisamente porque Dios quiere salvarte, no te ha dado un calibre excesivamente bueno. Esto contiene la intención meticulosa de Dios. Que Dios te dé un calibre promedio o escaso es una protección para ti. Si las personas tuvieran un calibre demasiado bueno o extraordinario, les resultaría sencillo seguir al mundo y a Satanás y no llegarían a creer en Dios con facilidad. Fíjate en los que destacan en diversas industrias y campos en el mundo, ¿qué clase de personas son? Son todos unos genios astutos, encarnaciones de diablos. Si les pides que crean en Dios, piensan: “Creer en Dios no lleva a ninguna parte, ¡solo las personas incapaces creen en Dios!”. Satanás toma prisionera a la gente con excesivo buen calibre, grandes capacidades y tácticas avanzadas. Viven por entero según sus actitudes corruptas y para el mundo. Todas esas personas son diablos encarnados. Decidme, ¿las salva Dios? (No). Por tanto, ¿estáis dispuestos a ser un diablo encarnado o bien una persona corriente, de escaso calibre pero que puede recibir la salvación de Dios? (Estamos dispuestos a ser personas corrientes). De entre estos dos tipos de personas, ¿cuáles son bendecidas? Los hay que prosperan en el mundo, llegan a ser prominentes, a tener fama, a convertirse en altos cargos públicos o en gente rica que tiene todo lo que quiere y dinero infinito para gastar; ¿estáis dispuestos a ser tales personas o a acudir ante Dios y ser gente llana, corriente, con un calibre promedio? ¿Qué eliges? (Ser gente llana, corriente). Si eliges ser una persona llana y corriente, de calibre promedio; si prefieres no disfrutar de una buena existencia material en esta vida; si no quieres alcanzar la prominencia ni tener ninguna presencia en este mundo, siendo menospreciado por todos; si prefieres ser esta clase de persona y apreciar u obtener la oportunidad de salvación que Dios les concede a las personas; si esta es tu elección, si eliges salvarte y no seguir este mundo, y en tu corazón deseas no pertenecer a tal mundo sino a Dios, entonces, no deberías desdeñar el calibre que Dios te ha dado. Aunque tu calibre sea muy escaso o Dios no te haya dado ningún calibre, aun así deberías aceptar alegremente este hecho y, con las condiciones inherentes de las diversas capacidades que Dios te ha dado, cumplir el deber de un ser creado. Otro aspecto es que, incluso si el calibre que Dios les concede a las personas no es muy bueno —si es solo el propio de las personas corrientes— y las capacidades que les concede en todos los aspectos son promedio o incluso escasas, todavía se pueden lograr y alcanzar las verdades más básicas que deberían practicar y que Dios les enseña, si están dispuestas a dedicar su corazón a practicarlas. Aunque tu calibre sea muy escaso y tu capacidad de comprensión, tu capacidad de aceptar las cosas, tu capacidad de emitir juicios y tu capacidad para identificarlas sean muy malas o incluso inexistentes, en tanto que poseas la humanidad y razón más básicas, las tareas y trabajos que Dios te encomiende se pueden completar y hacer bien. Asimismo, el camino más básico de temer a Dios y evitar el mal, lo que Dios requiere de las personas, es algo que puedes seguir, que puedes alcanzar y lograr. Por tanto, Dios nunca ha pretendido darte muy buen calibre. Si Dios te diera buen calibre y algunas capacidades especiales, si te permitiera convertirte en un diablo encarnado en el mundo, entonces Dios no te salvaría. ¿Podéis entender el corazón de Dios respecto a este tema ahora? (Sí). Está bien que podáis entenderlo; entenderéis esta verdad y abordaréis correctamente vuestro propio calibre, no habrá más dificultades a este respecto. A partir de ahora, la gente debería hacer simplemente lo que le corresponde. Aunque se trate de un único trabajo, dedica tu corazón y esfuerzo a hacerlo bien y no falles a la hora de estar a la altura de las expectativas que Dios tiene hacia ti. ¿Lo entiendes? (Sí). Esto es todo en la charla de hoy sobre este tema. ¡Adiós!
11 de noviembre de 2023