Cómo perseguir la verdad (8) Parte 2
III. Manifestaciones de escaso calibre
A continuación, vamos a resumir las manifestaciones de las personas con escaso calibre. Las manifestaciones de las personas con escaso calibre son ciertamente peores que las de las que tienen calibre promedio. ¿Cuáles son las manifestaciones de las personas con escaso calibre? Consisten en que, por medio de su propia búsqueda o de comer y beber las palabras de Dios, aunque pueden entender a nivel literal el significado de cada frase y pasaje de las palabras de Dios —además de cuáles son Sus intenciones y requerimientos—, no entienden los principios-verdad ni los estándares requeridos de Dios en absoluto. Es decir, no entienden los estándares requeridos de Dios en lo que se refiere a cómo contemplar a las personas y las cosas o comportarse y actuar, así como tampoco entienden cuáles son los principios-verdad involucrados. Cuando comen y beben las palabras de Dios por su cuenta, no pueden entender estas cosas y, después de tener experiencias con las personas, los acontecimientos y las cosas en la vida diaria, siguen sin entender. Incluso después de compartir, sigue sin quedarles claro cuáles son los principios-verdad. Las personas de este tipo poseen una característica: aunque no entienden cuáles son los principios-verdad, al confiar en sus sentimientos pueden resumir los preceptos que necesitan seguir. Lo que pueden recordar son preceptos, una especie de dogma rígido o una serie de reglas. Por ejemplo, Dios comparte un aspecto de los principios-verdad, da ejemplos de las manifestaciones positivas, de las negativas, de la comprensión pura y de la comprensión distorsionada de las personas, entre otras diversas manifestaciones; a este respecto, ¿qué es lo que acaban por ganar de ello las personas de escaso calibre? Dicen: “Ahora lo entiendo. Dios no permite hacer esto o lo otro. Dios no permite comer esto o aquello. Dios no permite decir estas o aquellas palabras o usar esos términos”. Esto es lo que recuerdan y se atienen con rigidez a ello, pues piensan que son los principios-verdad. Creen que, si se atienen a estos preceptos, dichos y maneras de actuar, se están ateniendo a los principios-verdad. No importa cuánto les digas que meramente se trata de atenerse a los preceptos, no lo aceptarán. Insisten en atenerse a estos preceptos, creen que esto es practicar las palabras de Dios y la verdad. No hay manera de lidiar con tales personas que no tienen entendimiento espiritual. Si están dispuestas a atenerse a los preceptos, deja que lo hagan; mientras sus intenciones no sean equivocadas, está bien. Por ejemplo, una vez dije: “Cuando oréis, debéis ser devotos; no oréis a la ligera. En entornos adecuados, lo mejor es arrodillarse para orar, postrarse ante Dios para orar y, durante la oración, aquietarse ante Dios y orar con el corazón concentrado. Esto es ser devoto y tener un corazón temeroso de Dios”. Las personas de escaso calibre, después de oír esto, solo recordaban un precepto: “Para orar con devoción y un corazón temeroso de Dios, uno debe arrodillarse”. Trataban el hecho de tener que arrodillarse para orar como un principio-verdad y se atenían a ello de manera consecuente, en su creencia de que esto es practicar la verdad. Por tanto, fuera cual fuera el entorno, insistían en arrodillarse para orar. Incluso cuando querían orar a la hora de comer, se arrodillaban debajo de la mesa para hacerlo. Mientras trabajaban en el campo, sin importar lo sucio que estuviera el suelo o lo que pudiera haber en la tierra, se arrodillaban para orar. Incluso cuando se enfrentaban a calamidades o acontecimientos importantes cuando se hallaban entre los no creyentes, si querían orar a Dios, tenían que encontrar un lugar oculto para arrodillarse y orar. Creían que solo orar de esta manera se conformaba a las intenciones de Dios, así que fueran cuales fueran las circunstancias, tenían que arrodillarse para orar. Pensaban que, al hacer esto, estaban practicando la verdad. De igual modo, se veían a sí mismas como las personas más devotas, como aquellas que seguían el camino de Dios con mayor cercanía, como las que más amaban la verdad y más podían someterse a la verdad y a las palabras de Dios. Ya ves, estas son las manifestaciones de las personas de escaso calibre. Esta clase de personas son inferiores y problemáticas en lo relativo a la comprensión. Siempre basan los principios con rigidez en una única frase o precepto. Usan el método de entender las palabras y el conocimiento para entender la verdad y, por supuesto, además practican la verdad ateniéndose a preceptos, palabras, dichos y formalidades. Con independencia de cómo compartas tú sobre los principios-verdad, después de oírlos, ellas solo los consideran frases, preceptos, maneras de actuar o consignas. Consideran que simplemente es seguir reglas. Ven practicar la verdad como algo así de sencillo, para ellas solo es atenerse a lo que se puede o no se puede hacer, sin más.
Las personas con escaso calibre contemplan a las personas y las cosas, se comportan y actúan usando preceptos para medir y abordarlo todo. Con independencia de cómo cambien el entorno externo y las personas, los acontecimientos y las cosas de alrededor, se atienen de manera insistente e inalterable a un precepto. Si dices que no aman la verdad y no la practican, se sienten agraviadas en su corazón. Afirman: “He renunciado a tanto, he soportado tanto sufrimiento, he observado tantas de las palabras de Dios y he practicado tantas de ellas; entonces, ¿por qué dices que no amo la verdad y no la practico? ¿Por qué dices incluso que me ciño a preceptos? ¡Estoy siendo agraviado!”. ¿Qué problema revela el hecho de que puedan decir tales palabras? ¿Cuáles son las principales manifestaciones de las personas de escaso calibre? ¿En qué sentido es escaso su calibre? Carecen por completo de la capacidad para comprender la verdad, así que, con independencia de cuánto se comparta cualquier aspecto de la verdad, en lugar de a un principio, al final para ellas todo se reduce a una única manera de actuar, una única regla, una única frase o una única formalidad. Si alguien dice una frase o usa un término que vulnera esa regla suya, entonces, para ellas supone una vulneración de los principios-verdad. Esto es problemático. Por tanto, las personas con escaso calibre, por un lado, usan diversos preceptos, formalidades, meras palabras y maneras de actuar para determinar que ellas mismas poseen la realidad-verdad. Asimismo, hay otro asunto problemático: usan con frecuencia las doctrinas de las que hablan a menudo —así como los preceptos y las maneras de actuar a los que suelen atenerse— para medir a los demás e incluso a Dios. Además de medir, también juzgan y delimitan a menudo a otros y a Dios. Por ejemplo, una vez dije: “En general, no me atrevo a comer cosas frías. No sienta bien a Mi estómago comerlas, así que básicamente evito la comida cruda y fría”. Alguien de escaso calibre oyó esto y dijo: “Ahora te entiendo. En el futuro, tendré que asegurarme de no darte comidas crudas ni frías. No te permitiré en ninguna circunstancia comer nada crudo ni frío”. Pero cuando el verano estaba en su apogeo y el clima era extremadamente caluroso, las fresas de la granja estaban maduras y un día me comí allí mismo un par de ellas; al verme hacerlo, esta persona pensó: “¿No dices que nunca comes cosas crudas ni frías? ¿Acaso no están frías las fresas? ¿No dijiste que comer cosas frías te sienta mal al estómago? Entonces, ¿por qué comes fresas hoy? ¿Eso no es mentir?”. Esto lo pensaba en su corazón, solo que no lo decía en voz alta. Decidme, ¿era precisa su opinión sobre el asunto? (No). ¿En qué no era precisa? (Tomó algo que dijo Dios como precepto para medir las cosas sin considerar el contexto en el que hablaba Dios). No sabía a qué se referían estas palabras Mías. En circunstancias normales, comer cosas crudas y frías me sienta mal al estómago, pero hay excepciones. Por ejemplo, cuando he estado haciendo trabajo físico y se me ha acalorado el cuerpo, combinado con el calor que hace cuando la temperatura ronda los treinta grados, si esas comidas crudas y frías no están muy heladas, en tales casos puedo comer un poco. No es que no pueda comerlas en ningún caso. Cuando dije que “no puedo comerlas” me refería a circunstancias normales; bajo el sofocante calor del verano, no pasa nada si como un poco. La persona con escaso calibre no era capaz de entender estas palabras. Cuando las oyó, las trató como un precepto o una fórmula. Cuando surgieron circunstancias especiales, siguió intentando encajarlas en esta fórmula. Al ver que no encajaban, no le vio el sentido: “¿No dijiste que no puedes comer cosas crudas ni frías? ¿Cómo es que ahora las comes? ¿Acaso no estás mintiendo?”. ¿Dónde radica su ineptitud en cuanto a su incapacidad para entender Mis palabras? (No tenía capacidad de comprensión). Su ineptitud radica en su incapacidad para juzgar y comprender este asunto basándose en los cambios del entorno y las circunstancias especiales. Si una persona con suficiente calibre ve esto, sabrá que después de trabajar y con el cuerpo acalorado, combinado con el clima caluroso y el hecho de que estas frutas no están demasiado frías, para Mí no es un problema comer una pequeña cantidad y es algo muy normal. Puede entender este asunto y lo comprende. Pero una persona con escaso calibre no lo entiende; se estanca en este punto y desarrolla nociones en su corazón. ¿Qué consecuencia se produce una vez que se forman nociones? Esto la conduce fácilmente a que juzgue y condene. ¿No es así? (Sí). Por supuesto, esta nimiedad no es un asunto importante, pero se la sigue guardando en el corazón: “¿Acaso esto no es mentir? ¡Así que Tú también mientes!”. Como ves, son personas rápidas en delimitar y emitir juicios incluso en un asunto tan pequeño. Y esto es antes incluso de tocar asuntos importantes; ya han desarrollado nociones. Las personas con escaso calibre no pueden desentrañar siquiera asuntos tan pequeños ni tienen discernimiento de ningún tipo. Sea cual sea el problema que contemplen, aplican los preceptos con rigidez. Creen que solo aquellos que pueden atenerse a los preceptos tienen la verdad. Con independencia de cómo se conformen a los principios-verdad tus palabras y acciones, mientras estas vayan en contra de las nociones e imaginaciones de tales personas y entren en conflicto con los preceptos que reconocen, te juzgarán y condenarán en su corazón. Aunque no lo digan en voz alta, desarrollarán nociones o prejuicios contra ti. Estas personas con escaso calibre, por muchos sermones que oigan o sean cuales sean los aspectos de la verdad que se compartan, siempre lo reducen todo a un simple enunciado, a una manera de actuar o a un precepto, y se atienen a estos enunciados, maneras de actuar y preceptos con gran entusiasmo; creen incluso que son personas que practican la verdad y que de veras se someten a ella y temen a Dios. A veces, incluso se conmueven hasta las lágrimas, piensan que de veras aman a Dios y que nadie en el mundo lo ama más que ellas. En realidad, meramente se atienen a un único precepto o a una única manera de actuar. Llevan a cabo así esta práctica y pueden perseverar en ella sin cambios, creen que han obtenido la verdad y Dios las ha hecho perfectas. Decidme, ¿acaso no es esto problemático? (Sí).
¿Os encontráis a menudo con ejemplos de personas que se atienen a los preceptos? (Sí). Por ejemplo, le dices a la persona que cocina que ya está haciendo más calor, así que cada día debería preparar un poco de té de hierbas fresco o algunas bebidas frías y servir algunos platos fríos al cocinar —lo que los occidentales llaman ensalada— para estimular el apetito de la gente. Una persona con escaso calibre memoriza esto: cuando hace mucho calor, la gente debe comer platos fríos y beber bebidas frías. Recuerda bien esto y se atiene a ello con diligencia. Sin embargo, un día que bajan las temperaturas ignora el frío que hace y piensa: “Es verano, así que debo preparar bebidas y platos fríos. Los haré a diario para que disfrutes al máximo, para refrescarte completamente. ¡No me importa que bajen las temperaturas!”. No solo prepara platos fríos, sino que pasa los fideos por agua fría y después de la comida sirve bebidas frías y hasta les añade unos pocos cubitos de hielo. Al ver esto, hay quienes dicen: “Hoy hace mucho frío. ¿Cómo es que aun así has preparado platos fríos? E incluso has puesto cubitos de hielo en las bebidas frías; ¿es que intentas congelarnos?”. La persona que cocina se siente herida y dice: “¿De verdad soy tan malévolo? El verano es muy caluroso, ¿acaso no estoy haciendo esto solo para ayudar a que todos se refresquen y coman un poco más? ¿No es esto seguir los principios y ser considerado con todo el mundo? ¿En qué me equivoco? Y ahora decís que estoy intentando congelaros, ¿de veras estoy tan falto de virtud? ¿Es mi humanidad realmente tan escasa? ¡Es que sois demasiado desconsiderados conmigo!”. Al hacer la comida de esta manera, ¿está siguiendo principios? ¿Cuál es aquí el principio? El de adaptar la comida y la bebida de acuerdo con la estación y la temperatura. En verano, cuando el clima es cálido, consumes comidas o bebidas relativamente frías que puedan estimular el apetito de las personas; este es un principio, ¿verdad? Es un principio. Pero ahora, con la repentina bajada de temperaturas, ¿cómo se debería aplicar este principio? (Cuando la temperatura baja de repente, el que cocina ya no puede seguir preparando ensaladas o platos fríos como se aconsejaba antes, sino que debe adaptarse al tiempo que hace y, en su lugar, hacer platos calientes. No puede atenerse a los preceptos). Eso es. Cuando en ocasiones el tiempo refresca en verano, ya no puedes seguir preparando platos y bebidas fríos; no puedes ceñirte a este precepto. Cuando la temperatura baja de repente, la comida y la bebida que consumen las personas debe cambiar también inmediatamente. Ya no se deberían preparar bebidas ni platos fríos y, sin duda, no se deberían añadir cubitos de hielo. En su lugar, deberías cocinar platos calientes, algunos fideos templados y adaptar la comida y la bebida a la temperatura y el tiempo que haga. Este es el principio. Pero la persona con escaso calibre, mientras sea verano, se ciñe a preparar bebidas y platos fríos, con independencia de la temperatura o de cómo esté el tiempo; ¿cuál es aquí el problema? (Atenerse a los preceptos). Esto es atenerse a los preceptos, ser incapaz de aplicar los principios con flexibilidad de acuerdo con las circunstancias. Estas son las manifestaciones de las personas con escaso calibre en lo que respecta a cómo se las arreglan para hacer las cosas; recuerdan un enunciado y lo tratan como un precepto al que atenerse y, sin importar la manera en la que cambien el entorno, las personas, los acontecimientos y las cosas, no pueden aplicar con flexibilidad los principios para lidiar con los asuntos. De hecho, el resultado que se ha de lograr al establecer principios en lo relativo a la comida y la bebida es garantizar que la gente coma de tal manera que a su cuerpo le siente bien. Tales principios no son en absoluto preceptos. No obstante, aquellos que se atienen a los preceptos sin considerar la temperatura ni el tiempo, sin que les importe si te sienta bien lo que comes, se limitan a preparar bebidas y platos fríos mientras sea verano; a esto se le llama atenerse a los preceptos. Practicar de acuerdo con los principios significa que todo lo que se hace gira en torno a lograr ese buen resultado final. Atenerse a los preceptos, sin embargo, ignora el resultado y solo se centra en las formalidades y en las maneras de actuar. Así es exactamente cómo las personas de escaso calibre lidian con los asuntos; surja lo que surja, usan este mismo enfoque para lidiar con ello.
Las personas de escaso calibre no pueden desentrañar nada que se cruce en su camino. Incluso cuando leen las palabras de Dios o escuchan sermones, su comprensión conlleva algo de distorsión y es inevitable que incluya desviaciones. Se están ateniendo a un precepto, a una manera de actuar o a un ritual, que es completamente diferente de los principios-verdad y, en consecuencia, surgen muchas cosas distorsionadas. Se puede decir que la comprensión de las personas con escaso calibre en lo que respecta a cualquier asunto siempre acarrea una naturaleza un poco distorsionada. Aunque en cosas simples y fáciles de manejar puedan lograr la obediencia y la sumisión sin mostrar distorsión, en lo que respecta a asuntos basados en los principios o a cuestiones relativamente complejas, no pueden captar los principios-verdad y solo saben atenerse a los preceptos. ¿Lo entendéis? (Sí). Las personas de escaso calibre carecen por completo de capacidad para comprender la verdad y solo saben atenerse a los preceptos. Tales personas son también bastante problemáticas. Son muy entusiastas y decididas a la hora de atenerse a los preceptos. Si compartes con ellas y dices: “Lo que estás haciendo es atenerte a los preceptos, no observar los principios-verdad”, no pueden aceptarlo. Sienten: “¡Me atengo con firmeza a los principios y no puedo ceder ante los demás! Otros no se atienen a los principios y se los condena por ello, pero cuando yo me ciño a ellos, encima me condenan. ¡Qué injusto!”. Mira lo tercas que son, es imposible persuadirlas. ¿Os habéis encontrado con tales personas? (Sí). Por ejemplo, a algunas les digo: “Si quieres aprender a bailar, puedes reservar dos horas cada día para formarte cuando no haya mucho trabajo. Si perseveras durante un tiempo, aprenderás”. Recuerdan la frase “perseverar en la formación durante dos horas al día” y creen que hacerlo es practicar la verdad y ceñirse a los principios. Después de eso, por muy atareadas que estén en el deber que estén haciendo, siguen perseverando en formarse en el baile durante dos horas al día. Durante un periodo de tiempo en el que de la mañana a la noche hay mucho ajetreo en el trabajo de la iglesia y, básicamente, no disponen de dos horas libres al día, siguen insistiendo en formarse dos horas en el baile. Cuando otros les recuerdan que esto podría demorar el trabajo de la iglesia, se niegan a escuchar y dicen: “Dios me dio instrucciones para que me formara en el baile durante dos horas al día. Debo hacerlo. Si no lo hago, eso es ser desobediente y no tener sumisión”. Si les dices que no lo hagan, no quieren hacerte caso. Son incapaces de lidiar con las cosas o de aplicar Mis palabras con flexibilidad de acuerdo con las necesidades del trabajo o del entorno. No entienden por qué deberían formarse durante dos horas, qué significado tiene formarse durante dos horas o qué resultado se pretende lograr. No entienden ni tienen claras estas cosas. Por lo que a ellas respecta, practicar la verdad simplemente significa atenerse a un único enunciado, un precepto o una formalidad; eso, bajo su punto de vista, es practicar la verdad. Con independencia de que se logre cualquier resultado o cuál acabe por ser este, insisten con terquedad en una única senda, se niegan a dar marcha atrás pase lo que pase, aunque tiren de ellas diez bueyes. Aun cuando se desvíen en su práctica, lo harán todo el tiempo de esa manera. Cuando se les dice que están siendo absurdas, siguen insistiendo en hacerlo. ¿Acaso no son muy problemáticas esas personas? Compartir con ellas no funciona, da igual quién lo haga. Después de que les expliques las cosas con esmero y claridad, puede que hoy entiendan el asunto, pero mañana se atendrán a los preceptos en otra cuestión, se ceñirán infinitamente a los preceptos y tendrás que corregirlas constantemente. Viran a la izquierda o a la derecha y se desvían en esta clase de asunto o en aquel otro; no paran de desviarse. Te inquietas al observarlas, pero no puedes corregirlas por mucho que lo intentes. ¿Por qué? Porque su calibre es demasiado escaso. Nunca pueden distinguir entre las cosas positivas y las negativas, entre lo acertado y lo equivocado, lo correcto y lo incorrecto, la verdad y los preceptos. No cuentan con un estándar para discernir estos asuntos, ni con capacidad para hacerlo, y simplemente no saben discernirlos. Por tanto, las personas con escaso calibre solo pueden hacer trabajo y recados basados en preceptos o trabajo unidimensional que no involucre los principios-verdad, como seguir un plan rutinario todos los días, hacer una cosa en cierto momento y hacer otra en otro momento fijado; es decir, solo pueden lidiar con tareas simples en las que para llevar a cabo bien el trabajo sea suficiente con atenerse a un horario, a formalidades y a una manera de hacer las cosas. Sin embargo, no pueden lidiar con trabajo que sea un poco más complejo. Una vez que se requiera que actúen de acuerdo con los principios-verdad y logren ciertos resultados, son incapaces de conseguirlo. Si les asignas un punto del trabajo que les exija aplicar los principios-verdad con flexibilidad, lidiar con diversos asuntos según sea apropiado y adaptarse de acuerdo con el entorno, se confunden y no pueden conseguirlo. Deben tener a alguien que las ayude y las instruya; no puedes esperar de ellas que hagan bien el trabajo de manera independiente. ¿Cómo se debería tratar a esas personas? Aunque puedan perseverar en la realización de su deber todos los días de manera rutinaria, cuando se enfrentan a situaciones inesperadas, no saben cómo responder y puede que incluso dejen de cumplirlo. En cuanto a tales personas, es necesario indagar con frecuencia sobre su trabajo e inspeccionarlo, preguntar: “Durante este periodo, ¿se han producido algunos trastornos o perturbaciones en el trabajo de la iglesia? ¿Ha habido problemas complejos con los que no supiste lidiar?”. Después de pensarlo, dicen: “Todo ha ido bien durante este periodo. Todo el mundo está cumpliendo su deber y puede reunirse y comer y beber las palabras de Dios con normalidad. Nadie ha trastornado ni perturbado y tampoco he oído a nadie difundiendo falacias para desorientar a los demás”. No pueden identificar ningún problema y no saben sobre qué informar ni pueden siquiera plantear preguntas. Por tanto, no puedes esperar que resuelvan por su cuenta los asuntos que surgen en la vida real o al hacer su deber ni que lidien con ellos. Tampoco puedes esperar que busquen de los que están por encima de ellas o que les hagan preguntas cuando no sepan cómo ocuparse de algo. No pueden lograr nada de esto porque su calibre es insuficiente. Si tales personas no informan de problemas a los que tienen por encima, puede que los demás piensen que no tienen problemas. Sin embargo, este no es el caso. Ni siquiera son capaces de identificar problemas corrientes; aunque los problemas se amontonen delante de ellas, no los perciben como tales. Por tanto, tampoco solucionan los problemas. Tienen una cabeza con dos ojos y dos orejas; pueden ver, oír y hablar y, sin embargo, no pueden identificar ni resolver problemas. Como carecen por completo de calibre y de capacidad para identificar los problemas y lidiar con ellos, por muy astutas que aparenten ser, no sirve de nada. No pueden tomar lo que ven y oyen y procesarlo en su mente para pensar sobre ello, así como tampoco discernir si se trata de problemas o cómo se debería lidiar con ellos. Si no pueden lidiar con los problemas relacionados con los principios-verdad, tampoco informarán al respecto a los que se hallan por encima de ellas. Son del todo incapaces de hacer nada de esto. ¿Acaso no muestra esto que tienen escaso calibre? ¿Acaso estas no son manifestaciones propias de personas con escaso calibre? (Sí). Si le preguntas a alguien con escaso calibre: “¿Ha habido algunos problemas en el trabajo durante este periodo? ¿Hay algunos campos en los que no entiendas los principios?”, responde: “No hay ningún problema; ¡todo el mundo ha estado ocupado y las cosas van bastante bien!”. Para esa persona todo está bien, sin más. Como líder u obrero, si simplemente le crees cuando dice que todo va bien, entonces eres demasiado necio y tienes tan escaso calibre como ella. Las personas de buen calibre no solo saben cómo enterarse de los problemas, sino que además deben ser capaces de identificarlos por su cuenta. Pueden entablar conversaciones enfocadas en los problemas y, mientras hablan, estos salen a la luz con naturalidad. Cuando descubres un problema y le preguntas a alguien de escaso calibre cómo se ha ocupado de él, este responde: “¿Qué problema? ¿Cómo es que yo no lo he percibido?”. Las personas con escaso calibre no pueden identificar los problemas, así que, al hacer trabajo, se te debe dar bien enterarte de los problemas e identificarlos, agarrarlos y no soltarlos, así como luego ayudar en su gestión y resolución. Necesitas saber cómo charlar con las personas que tienen escaso calibre, hacerles preguntas e indagar por medio de la charla, a fin de identificar los problemas. A medida que charlas, ellas mismas sacarán a relucir los problemas sin darse cuenta. Sin una charla semejante, sería imposible identificar estos problemas. Al charlar con ellas de esta manera, se inspiran y de repente identifican estos problemas. Si no usas este enfoque para enterarte de la situación, simplemente no percibirán como problemas estos asuntos que ven. Por tanto, cuando los problemas quedan al descubierto durante tus charlas, deben quedar claros poco a poco, como cuando se aprieta la pasta de dientes para que salga. Solo se sentirán un poco avergonzadas cuando todos los problemas se resuelvan. ¿Acaso no muestra esto que tienen escaso calibre? (Sí). Estas son las manifestaciones de las personas con escaso calibre: incluso cuando existen problemas, no pueden identificarlos y, como no pueden identificarlos, nunca son capaces de plantearlos ni de resolverlos. Dime, si no pueden identificar los problemas, ¿pueden hacer bien su trabajo? ¿Pueden hacer bien su trabajo al atenerse a los preceptos? (No). En absoluto. Esta es una manifestación de tener escaso calibre. Si dices que su calibre es escaso, llegan a pensar: “¡Mi calibre es excelente! Después de que Dios hable sobre algo, capto de inmediato una manera de actuar o un precepto y me puedo atener a ello toda la vida. ¿Ves? ¿Acaso no es bueno mi calibre? Ninguno de vosotros alcanza a captar los puntos clave, pero yo sí. Por ejemplo, me dijeron que en verano hace calor y deberíamos comer platos fríos. Por tanto, yo sigo preparando platos fríos y sirviendo bebidas frías; puedo atenerme a estas instrucciones. Como ves, ninguno de vosotros puede atenerse a ello y siempre habláis sobre principios. ¿Acaso los principios no son solo preceptos? Si te atienes a los preceptos, ¿no es eso atenerse a los principios?”. Incluso piensan que su calibre es bueno, creen que pueden captar los puntos clave de un problema y que, a partir de un largo sermón, pueden seleccionar un único enunciado, una manera de actuar, un precepto o incluso una frase o una palabra que les parece que deben seguir. Dime, ¿acaso esto no es problemático? Hay bastantes personas así. Cuando hablas sobre los diversos detalles de la verdad, no son capaces de entenderlos e incluso dicen: “¡Qué molesto! No paras de hablar. ¿Acaso no se trata solo de no decir tales palabras o de no hacer una cosa así? Cíñete sin más a este enunciado y ya está; solo consiste en un enunciado. ¿Por qué hacer que sea tan problemático? Incluso distingues los estados, los entornos y la humanidad de diversos tipos de personas y distingues entre la comprensión distorsionada y la pura. ¿De veras hay tantos detalles involucrados? ¿De qué sirve ser tan específico? ¡Eres muy quisquilloso!”. Incluso condenan a otros. Estas son las manifestaciones de las personas con escaso calibre.
¿Cuáles son las características de las personas con escaso calibre? No entienden los principios-verdad; sea cual sea el aspecto de los principios-verdad, lo tratan como una especie de precepto o fórmula y, entonces, lo siguen con incansable entusiasmo. Pueden decir muchas doctrinas, así que piensan que entienden los principios-verdad, pero en realidad, no entienden la verdad en absoluto. Si explicas algunos de los principios referentes a cómo han de hacer el trabajo los líderes y obreros, si les pides a tales personas que hagan trabajo y lidien con diversos problemas según su comprensión de estos principios, estas personas con escaso calibre serán absolutamente incapaces de aplicarlos. No entienden estos principios-verdad ni pueden aplicarlos para hacer trabajo. Cuando van a hacer trabajo, se atienen por completo a los preceptos, siguen protocolos y aplican dogmas mecánicamente. Hay algunas que quieren atenerse a los principios-verdad, pero como su calibre es escaso y no pueden lograr un entendimiento de la verdad, son incapaces de atenerse a los principios. Sea cual sea el trabajo que hagan, al enfrentarse a los problemas están perdidas e incluso se quedan abrumadas; no son capaces de hacer bien ningún trabajo. Cuando los superiores comparten principios, les parece que los han entendido, que los han comprendido, captado y recordado todos. Sin embargo, cuando se encuentran con problemas en la vida real, se sumen en la confusión, pues las doctrinas y los preceptos que han entendido no sirven de nada, así que piensan: “¿Qué debería hacer ahora?”. No saben por dónde empezar el trabajo, no saben qué métodos usar para hacerlo ni cómo poner en marcha los arreglos del trabajo y, menos aún, saben qué problemas deberían resolver ahora mismo para garantizar el progreso normal del trabajo de la iglesia; no saben nada de esto. En consecuencia, no importa cuánto tiempo trabajen, no se dan resultados y los arreglos del trabajo no se pueden poner en marcha. No pueden siquiera resolver el asunto de cómo hacer que sea buena la vida de iglesia. No pueden poner en marcha siquiera el trabajo más básico ni saben cómo hacerlo. Solo pueden decirles doctrinas a las personas y pedirles que se atengan a los preceptos. Cuando se trata de poner en marcha arreglos del trabajo y hacer trabajo de iglesia concreto, se confunden y son incapaces de hacerlo. Piensan: “¿Cómo se deberían poner en marcha estos arreglos del trabajo? ¿A qué preceptos deberían atenerse?”. No pueden ver estas cosas con claridad. Pero todavía disponen de un último recurso: creen que los problemas se pueden resolver siempre que organicen más reuniones. Por tanto, su manera de hacer trabajo es organizar reuniones y dar sermones sin descanso. Cuando su predicación remueve y emociona a todo el mundo, ellas piensan que todos los problemas se han resuelto y que ya no hay más, que mientras todo el mundo esté entusiasmado, todo el trabajo se hace adecuadamente. Pero resulta que, después de varios días de reuniones, no solo siguen sin resolverse los problemas reales y los deberes que las personas desempeñan siguen sin dar resultado, sino que además el trabajo de la iglesia no progresa en absoluto. Sin embargo, siguen teniendo ánimos para dar sermones. Las personas con escaso calibre no logran resultados, aunque trabajen durante mucho tiempo, ni pueden poner en marcha los arreglos del trabajo, por mucho tiempo que se les dé para hacerlo; no tienen ni eficiencia ni efectividad. Estas son las manifestaciones de las personas con escaso calibre. Las manifestaciones de las personas con escaso calibre son tal como acabo de describir, ya no digamos las de aquellas sin calibre alguno. No importa cuántos sermones oigan o cuánta verdad compartan otros con ellas, no pueden captar los principios-verdad y no pueden siquiera captar los preceptos más básicos a los que deberían atenerse. Cuando el calibre de una persona es escaso hasta este punto, los principios-verdad están fuera de su alcance. Incluso si otros comparten la verdad con ella, no es capaz de encontrar una senda de práctica y debe tener a alguien que le dé instrucciones específicas antes de saber cómo practicar. Esas personas son como si se hubieran reencarnado de bestias; su mente siempre está confusa y nada clara, nunca pueden distinguir lo que son los principios de lo que son los preceptos. Dicen en su corazón: “¿Por qué oír estas cosas siempre me da dolor de cabeza y sueño?”. Al final, llegan a una conclusión: “No solo es que los principios-verdad estén fuera de mi alcance, sino que no puedo siquiera atenerme a los preceptos, así que, en el futuro, resplandeceré con todo el brillo que pueda, con todo el calor que haya dentro de mí, me esforzaré tanto como mi capacidad lo permita y solo haré aquello de lo que sea capaz; con eso basta”. Algunas de estas personas incluso se consuelan a sí mismas y dicen: “No sé cómo atenerme a los preceptos ni entiendo los principios-verdad, ¡pero tengo un corazón amante de Dios!”. Si de veras pudieran amar a Dios, eso no sería malo, pero con tan escaso calibre, ni siquiera entienden la verdad, ¿puede ser genuino su amor por Dios? Las personas sin calibre carecen de capacidad de comprensión en todos los aspectos, no poseen siquiera la capacidad para atenerse a los preceptos. Algunas personas con escaso calibre, cuando practican la verdad, pueden al menos aferrarse a un principio que se entiende parcialmente, a un precepto o a una fórmula y, a partir de ahí, poner en práctica un poco de la verdad. Sin embargo, los que no tienen calibre ni siquiera pueden captar las cosas basadas en preceptos ni atenerse a ellas: este tipo de persona es incluso más lamentable.