Cómo perseguir la verdad (8) Parte 3

Hemos aclarado el asunto de cómo tratar de manera adecuada los intereses y aficiones; ahora bien, ¿a qué hace referencia realmente desprenderse? No estamos criticando o condenando a los intereses y aficiones, en cambio, estamos analizando las búsquedas, ideales y deseos que las personas determinan con los intereses y aficiones como su base y capital. En consecuencia, es de estas búsquedas, ideales y deseos de los que hay que desprenderse en realidad. Antes hemos hablado acerca de que debemos dejar que nuestros intereses y aficiones desempeñen un papel positivo y produzcan un efecto favorable; este es un método activo de práctica para desprendernos de las búsquedas, los ideales y los deseos personales. Por otro lado, las personas no deben buscar sus propios ideales y deseos porque tengan intereses y aficiones; esa es una forma más práctica de desprenderse. En otras palabras, un aspecto es utilizar bien tus intereses y aficiones, mientras que otro es que no deberías buscar ideales y deseos determinados a raíz de tus propios intereses y aficiones, es decir, no busques tus objetivos de vida basándote en tus intereses y aficiones. Entonces, ¿cómo podrías llegar a la conclusión de que estás empleando intereses y aficiones con normalidad, y no buscando ideales y deseos? Si tienes un interés o una afición, y lo aplicas correctamente a tu trabajo, al cumplimiento de tu deber y a tu propia vida diaria, si el objetivo de tu búsqueda no es exhibirte o tirarte flores, ni mucho menos aumentar tu propia popularidad o ganarte la estima, el elogio y la admiración de los demás, y por supuesto y sobre todo si el objetivo de tu búsqueda no es ocupar un lugar en el corazón de la gente a causa de tus intereses y aficiones, y que por ello te fijen y te sigan, entonces has llevado a cabo una aplicación positiva, correcta, apropiada y racional de tus intereses y aficiones, que se ajusta a la humanidad normal y a la voluntad de Dios, y los empleas de acuerdo con los principios-verdad. Sin embargo, si al hacer uso de tus intereses y aficiones o aplicarlos, obligas a los demás a admirarte y aceptarte, con el propósito bien marcado de exhibirte; si consigues sin ningún escrúpulo, con descaro y a la fuerza que los demás te escuchen y te acepten, y satisfagas así la vanidad que te produce exhibir tus intereses y aficiones, sin importarte cómo se sientan los demás, y utilices en última instancia tus intereses y aficiones como capital para controlarlos, para ganarte un lugar en sus corazones, y crearte prestigio entre ellos; y si acabas por lograr fama y beneficio como resultado de tus propios intereses y aficiones, entonces ese no es un uso legítimo de tus intereses y aficiones ni un empleo normal de estos. Se deben condenar tales acciones, los demás han de discernirlas y rechazarlas y, por supuesto, también deben desprenderse de ellas. Cuando aprovechas las oportunidades para desempeñar tus deberes, o te pones el pretexto de ser un líder, un responsable, o alguien con un talento excepcional, a fin de demostrarle a los demás que posees ciertos talentos y habilidades, y mostrarles que tus intereses y aficiones están por encima de los suyos, esta forma de hacer las cosas es inapropiada. Supone utilizar tus intereses y aficiones como pretexto para adquirir prestigio entre la gente y satisfacer tus propios deseos y ambiciones. Siendo más precisos, este proceso o forma de actuar equivale a explotar tus intereses y aficiones y la admiración que siente la gente por ellos para hacer realidad tus búsquedas, ideales y deseos. Es esto de lo que debes desprenderte. Hay quien dice: “Después de oír esto, aún no sé cómo desprenderme”. ¿Resulta en realidad fácil desprenderse? Cuando posees ciertos intereses y aficiones únicos, si no haces nada, estos intereses y aficiones permanecen dentro de tu humanidad y no tienen nada que ver con la senda que tomes. Sin embargo, en cuanto exhibes de manera constante tus intereses y aficiones, intentando ganar fama entre la gente o aumentar tu popularidad, darte a conocer a más personas y atraer más atención, este proceso y esta manera de proceder no constituyen meras formas de hacer las cosas. Cuando todas estas acciones y comportamientos se combinan, forman la senda que sigue una persona. Entonces, ¿qué es esta senda? Es un empeño por buscar la consecución de los propios ideales y deseos dentro de la casa de Dios, por buscar la admiración de los demás y por llegar a satisfacer tus propios deseos y ambiciones. En cuanto inicias este tipo de búsqueda, la senda en la que te encuentras se convierte en una sin retorno, una senda que conduce a la destrucción. ¿Acaso no deberías darte enseguida la vuelta, invertir estas acciones y desprenderte de ellas y de estos deseos y ambiciones? Algunos dirán: “Todavía no sé cómo desprenderme”. Entonces, no lo hagas. ¿Qué significa “no lo hagas”? Significa que debes mantener ocultos tus intereses y aficiones e intentar por todos los medios no mostrarlos. Habrá quien se pregunte: “Pero si el desempeño de mis deberes lo requiere, ¿debo mostrarlos?”. Cuando debas, cuando tengas que mostrarlos, debes hacerlo; ese es el momento adecuado. Sin embargo, si en este momento te hallas en la senda de buscar tus ideales y deseos, no los reveles. Cuando sientas el impulso de alardear de ellos, debes orarle a Dios, tomar una firme determinación, refrenar tales deseos y, al mismo tiempo, aceptar el escrutinio y la disciplina de Dios, controlar tu corazón y confinar tus deseos y ambiciones en su sitio, para que desaparezcan y no se conviertan nunca en realidad. ¿Eso es bueno? (Sí). ¿Es fácil hacerlo? No es fácil, ¿verdad? ¿Quién tiene un poco de talento pero no quiere alardear de él? No mencionemos siquiera a los que tienen alguna habilidad especial. Algunas personas saben cocinar y preparar comida, y quieren presumir allá donde van, incluso denominándose a sí mismas “Belleza del tofu” o “Reina de los fideos”. ¿Merece la pena exhibir estas habilidades menores? Si poseyeran dones excepcionales, ¿cómo de excesiva sería su arrogancia? Sin duda, acabarían en una senda sin retorno. Desde luego, aparte de las personas que toman la senda equivocada, o una sin retorno, a causa de sus intereses y aficiones, la mayoría tienen a menudo pensamientos activos motivados por sus intereses y aficiones en el proceso de creer en Dios. Mientras creen en Él y desempeñan sus deberes, en su mente le están dando vueltas sin parar a los ideales y deseos que determinaron, o puede que se recuerden continuamente a sí mismos los ideales y deseos que no han hecho realidad, repitiéndose de manera constante en sus corazones que todavía los tienen. Aunque nunca hayan pagado ningún precio específico ni adoptado ninguna práctica concreta respecto a estas cosas, estos ideales y deseos se han arraigado profundamente en sus corazones, y nunca se han desprendido de ellos.

Hemos hablado previamente acerca de que la búsqueda de la consecución de ideales y deseos, al igual que seguir la senda de este mundo, es una senda de no retorno, un camino que conduce a la destrucción, y hemos analizado este asunto. Esto y la búsqueda de la verdad son como dos líneas paralelas, nunca habrá un punto en el que estas líneas se crucen, y por supuesto tampoco se cruzarán nunca entre sí. Si crees en Dios y deseas perseguir la verdad y alcanzar la salvación, entonces debes desprenderte por completo de todos los ideales y deseos que antes albergabas en tu corazón. No los conserves ni los atesores; debes descartarlos. Buscar la consecución de tus ideales y deseos y perseguir la verdad se asemejan a sendas de agua y aceite. Si tienes ideales y deseos, y quieres hacerlos realidad, serás incapaz de perseguir la verdad. Si mediante la comprensión de la verdad y a lo largo de muchos años de experiencia, deseas dedicar tu mente a la búsqueda de la verdad de una manera sólida, entonces debes abandonar tus ideales y deseos pasados, y eliminarlos por completo de tu conciencia o de las profundidades de tu alma. Si quieres perseguir la verdad, tus ideales y deseos nunca se harán realidad. En cambio, trastornarán tu búsqueda de la verdad y tu entrada en la realidad-verdad, al mismo tiempo que te arrastrarán y volverán arduo y desafiante tu camino de búsqueda de la verdad. Como sabes que serás incapaz de hacer realidad tus ideales y deseos, lo mejor es que cortes de manera tajante los lazos con ellos, te desprendas por completo de ellos, los olvides y no te aferres a ninguna ilusión relacionada con ellos. Si dices: “Todavía no estoy muy interesado en la senda de perseguir la verdad y alcanzar la salvación. Todavía no sé si puedo perseguir la verdad, si soy un buscador de la verdad. Todavía no tengo clara esta senda de alcanzar la salvación. Por el contrario, me he marcado una senda muy concreta hacia la búsqueda de ideales y deseos mundanos, y un plan y una estrategia muy concretos”. Si este es el caso, entonces puedes desprenderte de la senda de perseguir la verdad y desempeñar tus deberes para lanzarte a hacer realidad tus ideales y deseos. Desde luego, si no estás seguro de si has de buscar tus propios ideales y deseos o, en su lugar, perseguir la verdad, te aconsejo que mantengas la calma durante un tiempo. Permanece quizás uno o dos años más en la casa de Dios: cuanto más comas y bebas de Sus palabras, cuantos más entornos experimentes, cuanto más maduren tus perspectivas y tu enfoque de cómo ves las cosas, tu ánimo y tu estado mejorarán, lo que sin duda te supondrá una inmensa bendición. Tal vez, al cabo de un par de años, llegues a comprender ciertas verdades y adquieras una visión profunda del mundo y de la humanidad, y entonces serás capaz de desprenderte por completo de tus ideales y deseos y seguir voluntariamente a Dios durante el resto de tu vida, aceptando Sus instrumentaciones. Por grandes que sean las adversidades a las que te puedas enfrentar en la casa de Dios, serás capaz de perseverar en el cumplimiento de tus deberes y de completar tu misión. Y lo que es más importante, habrás resuelto y decidido firmemente abandonar tus ideales y deseos previos, lo que te permitirá perseguir la verdad con los pies en la tierra y sin vacilar. Sin embargo, si ahora no eres capaz de estar seguro y deseas volver a evaluar dentro de uno o dos años si puedes perseguir la verdad, la casa de Dios no te obligará ni te dirá: “Estás distraído e inestable”. Después de uno o dos años, a medida que leas más de las palabras de Dios, escuches más sermones, entiendas un poco de la verdad, y tu humanidad madure, tu perspectiva sobre cómo contemplas las cosas, tu visión de la vida, y tu visión del mundo cambiarán. Para entonces, tus elecciones serán algo más acertadas de lo que son ahora, o, usando una frase propia de los incrédulos, para entonces sabrás lo que tú mismo necesitas, qué senda debes tomar y qué clase de persona debes ser. Este es un aspecto. Supongamos que no tienes ningún interés auténtico en creer en Dios y que solo lo hiciste porque tus padres o compañeros de trabajo te presentaron el evangelio y lo aceptaste por cortesía o por no dar mala imagen. Asistes a las reuniones y desempeñas tus deberes en la casa de Dios de mala gana, al tiempo que piensas que los hermanos y hermanas de la iglesia no son malos y, al menos, no intimidan a la gente, y que la casa de Dios es un lugar de razón, donde la verdad tiene autoridad, y donde la gente no está sujeta a la opresión o a la intimidación de otros, y te parece que la casa de Dios es mejor que el mundo de los incrédulos. Sin embargo, nunca te has desprendido de tus ideales y deseos ni los has cambiado, y por el contrario, estos ideales y deseos que tenías con anterioridad se han fortalecido y aclarado en las profundidades de tu corazón, mente y espíritu. A medida que se acrecientan, te das cuenta de que, en lo que respecta a la fe en Dios, la verdad que se comparte, así como las palabras diarias, las acciones y el modo de vida, etcétera, todo te resulta cada vez más aburrido y árido. Te sientes incómodo, y ni siquiera te planteas perseguir la verdad, esto no te interesa en lo más mínimo, y en tu mente no tienes buenas opiniones en lo referente a caminar por la senda correcta en la vida, cómo comportarse adecuadamente o aquello que se considera positivo. Si eres alguien así, entonces te digo, date prisa y ve en busca de tus propios ideales y deseos. Hay un lugar para ti en este mundo, un lugar en medio de las complejas y caóticas corrientes del mal. Sin duda, harás realidad tus ideales y deseos tal como esperabas y obtendrás las cosas que deseas. No es conveniente que te quedes en la casa de Dios, no es tu lugar ideal, y ciertamente, la senda de la búsqueda de la verdad no es la que quieres tomar y, sobre todo, no es lo que necesitas. Aprovecha ahora mismo, mientras tus ideales y deseos están tomando forma, y mientras todavía eres joven y conservas las energías o los recursos para ir a luchar al mundo, date prisa y sal de la casa de Dios, ve a hacer realidad tus ideales y deseos. La casa de Dios no te detendrá. No esperes hasta el día en que pierdas la esperanza de recibir bendiciones y no tengas nada que decir acerca de tu testimonio vivencial, cuando no hayas terminado de cumplir con tus deberes de manera adecuada y finalmente despiertes a la edad de cincuenta, sesenta, setenta u ochenta años, deseando perseguir la verdad; entonces será demasiado tarde. Si no deseas quedarte en la casa de Dios, entonces caerás en la ruina. Para la gente como tú, no hay necesidad de ir en contra de tu voluntad y desprenderte de tus búsquedas, ideales y deseos. Porque la premisa que he discutido sobre desprenderse de las búsquedas, ideales y deseos personales consiste en que eres alguien que persigue la verdad o, aunque en este momento todavía no hayas empezado a perseguirla, has dedicado tu corazón a convertirte en ese tipo de persona, y no abandonarás la casa de Dios tanto si alcanzas la salvación como si no, tanto si vives como si mueres. Me dirijo a personas así. Desde luego, he de añadir una advertencia: he estado hablando hoy sobre el tema de “desprenderse de las búsquedas, ideales y deseos personales”, con la premisa de que las personas están dispuestas a perseguir la verdad y alcanzar la salvación. Está dirigida específicamente a las personas que están dispuestas a perseguir la verdad y alcanzar la salvación. Aparte de estas, aquellos a los que no les preocupa la senda, la dirección, la voluntad o la determinación de perseguir la verdad y alcanzar la salvación, no necesitan escuchar el tema de hoy. Esta es la advertencia que he añadido; es necesaria, ¿verdad? (Sí). Concedemos libertad a las personas, no obligamos a nadie. Cualquier principio-verdad, cualquier enseñanza, provisión, apoyo o ayuda que se da a las personas se basa en la racionalidad y en la condición de que estén dispuestas. Si no estás dispuesto a escuchar, puedes taparte los oídos y no escuchar ni aceptar, o también puedes marcharte; ambas cosas son aceptables. No se impone a nadie que acepte las enseñanzas sobre la verdad en la casa de Dios. Él concede libertad a las personas y no obliga a nadie. Dime, ¿es esto algo bueno? (Sí). ¿Hay necesidad de obligarlos? (No). No hay necesidad de obligar. La verdad trae vida, vida eterna. Si estás dispuesto a recibir la verdad, y la aceptas y te sometes a ella, entonces la recibirás. Si no la aceptas, y por el contrario la rechazas y te resistes a ella, entonces no la alcanzarás. Tanto si lo consigues como si no, debes aceptar las consecuencias. ¿Acaso no es así? (Sí).

La razón por la que hablamos sobre la necesidad de desprenderse de ciertas cosas mientras persigues la verdad es porque perseguirla y alcanzar la salvación se asemeja a participar en una maratón. A los participantes de una maratón no les hace falta fuerza física o habilidades excepcionales, pero se les exige que posean cierta resistencia y perseverancia, y se requiere de ellos que tengan fe, además de la determinación de perseverar. Ciertamente, en el proceso de participar en una maratón, aparte de estos elementos espirituales, también se requiere de las personas que se desprendan poco a poco de ciertas cargas a fin de alcanzar su destino con mayor facilidad, libertad, o de una manera que concuerde más con sus deseos. A la maratón, como deporte, no le preocupa la clasificación de los participantes que llegan a su destino, sino el rendimiento de los individuos a lo largo de la prueba, su perseverancia, su resistencia y todo lo que sufren en el proceso. ¿No es así? (Sí). En lo que respecta a la fe en Dios, perseguir la verdad y, en última instancia, alcanzar la salvación es similar a una maratón; requiere un proceso muy largo, y en este proceso también es necesario desprenderse de muchas cosas que no están relacionadas con la búsqueda de la verdad. Tales cosas no solo no están relacionadas con la verdad, sino que, lo que es más importante, pueden obstruir tu búsqueda de esta. En consecuencia, en el proceso de desprenderse de estas cosas y resolverlas, es posible que uno experimente inevitablemente cierto dolor y necesite abandonar ciertas cosas y tomar decisiones correctas. La búsqueda de la verdad requiere que la gente se desprenda de muchas cosas que se desvían de la senda de la búsqueda de la verdad y van en contra de los objetivos correctos de la vida y de la dirección hacia la que Dios guía a la gente. Todo lo que va en contra de la verdad y obstaculiza que alguien la persiga y tome la senda correcta en la vida es algo negativo, todo aquello que sea en aras de buscar fama y ganancia, o para lograr resultados tales como abundantes propiedades y dinero. Esta senda de buscar la consecución de los propios ideales y deseos depende de las habilidades de las personas, así como de sus conocimientos, sus pensamientos y puntos de vista falaces, y sus diversas filosofías para los asuntos mundanos así como sus diversos métodos, trucos y ardides. Cuanto más busca uno la consecución de sus propios ideales y deseos, más se aleja de la verdad, de las palabras de Dios y de la senda correcta que Él le ha señalado. Los llamados ideales y deseos que uno tiene en el corazón son en realidad cosas vacías, no pueden enseñarte cómo comportarte, cómo adorar y entender a Dios, o cómo someterte a Él, a Su voluntad y al Soberano, entre otras cosas positivas como esta. Cuando buscas tus ideales y deseos, no obtendrás ninguna de semejantes cosas positivas y valiosas que se corresponden con la verdad. Cualquier senda de vida orientada hacia las búsquedas, ideales y deseos de las personas tiene al final el mismo objetivo, esencia y naturaleza: todas van en contra de la verdad. Sin embargo, la senda que persigue la verdad es diferente. Guiará correctamente tu senda de vida. Esta es una forma de hablar un tanto general. Más concretamente, pondrá al descubierto tus pensamientos y puntos de vista incorrectos y distorsionados sobre cómo tratas a las personas, los acontecimientos y las cosas. Al mismo tiempo, te informará, te guiará, te proporcionará y te enseñará pensamientos y puntos de vista correctos y precisos. Desde luego, también te dirá qué tipo de pensamientos y puntos de vista debes tener cuando contemplas a las personas y las cosas, te comportas y actúas. Esta senda de búsqueda de la verdad te dice cómo comportarte, cómo vivir dentro de los límites de la humanidad normal y comportarte de acuerdo con los principios-verdad. Como mínimo, no debes caer por debajo del estándar de la conciencia y la razón: has de vivir como un ser humano y a semejanza de tal. Aparte de esto, esta senda te informa más específicamente sobre los pensamientos, puntos de vista, perspectivas y posturas que debes tener cuando contemplas cada asunto y haces cada cosa. Estos pensamientos, puntos de vista, perspectivas y posturas correctos son al mismo tiempo los criterios y principios correctos que uno debe mantener respecto a su propia conducta y actos. Cuando una persona alcanza o entra en la realidad de contemplar a las personas y las cosas, comportarse y actuar en todo de acuerdo con las palabras de Dios, con la verdad por criterio, esa persona se ha salvado. Una vez que una persona se salva y obtiene la verdad, su punto de vista hacia las cosas se transforma por completo y se alinea perfectamente con las palabras de Dios y de acuerdo con Él. Cuando se alcanza esta etapa, la persona ya no se rebelará contra Dios, y Él ya no la castigará ni la juzgará ni detestará. Esto se debe a que esta persona ya no es enemiga de Dios, ya no se opone a Él, y Dios se ha convertido verdadera y legítimamente en el Creador de Sus seres creados. La gente ha regresado bajo el dominio de Dios, y Él disfruta de la adoración, la sumisión y el temor que esta debe ofrecerle. Todo encaja naturalmente en su lugar. Todas las cosas creadas por Dios son para la humanidad, y la humanidad, a su vez, gestiona todas las cosas bajo la soberanía de Dios. Todas las cosas están bajo la gestión de la humanidad, todo sigue las reglas y leyes establecidas por Dios, y progresa y avanza de manera ordenada. La humanidad disfruta de todas las cosas que Dios ha creado, y todas las cosas existen de forma ordenada bajo la dirección de la humanidad. Todas las cosas son para la humanidad, y la humanidad es para todas las cosas. Todo esto es muy armonioso y ordenado, todo proviene de la soberanía de Dios y Su salvación de la humanidad. Es algo realmente maravilloso. Este es uno de los significados definitivos de desprenderse de búsquedas, ideales y deseos. Verás, aunque ahora te desprendas de tus ideales y deseos temporales, al final, lo que ganas es la verdad, es la vida, es lo más valioso. Comparados con los ideales y deseos sin valor de los que te has desprendido, estos son quién sabe cuántos miles, o incluso decenas de miles de veces más valiosos. Son prácticamente incomparables. ¿No es así? (Sí). Ciertamente, una cosa debe quedar clara: la gente debe entender que buscar ideales y deseos nunca te enseñará a comportarte. Desde el día en que naciste, tus padres te dijeron: “Debes aprender a mentir, a protegerte y a no dejar que te intimiden. Cuando alguien te intimide, debes ser fuerte, no ser débil, no dejar que los demás piensen que eres fácil de intimidar. Además, debes adquirir conocimientos y fortalecerte, para que puedas mantenerte firme en la sociedad. Debes buscar la fama y el beneficio, las mujeres deben ser independientes y los hombres deben llevar el peso del mundo”. Desde una edad temprana, tus padres te educaron de esta manera, como si te enseñaran a comportarte; pero en realidad, se esforzaban, hacían lo que fuera necesario, e incluso parecían arriesgar sus vidas para empujarte a este mundo, a esta marea malvada, para sumirte en la ignorancia sobre lo que es positivo y lo que es negativo, sobre cómo distinguir entre la justicia y el mal, cómo discernir entre las cosas positivas y las negativas. Al mismo tiempo, tus padres también te enseñaron: “Haz lo que sea necesario, no seas demasiado cortés con los demás. La tolerancia con los demás es crueldad contigo mismo”. Te han estado educando así desde que empezaste a entender las cosas, y luego en la escuela, y en la sociedad, todo el mundo te enseña las mismas cosas. No te enseñan esto para que te comportes como un ser humano, sino para que te conviertas en demonio, mientas, cometas maldades y perezcas. Solo después de creer en Dios se llega a saber que uno debe comportarse como una persona honesta y contar la verdad y los hechos. Te armas de valor y finalmente consigues decir la verdad, te aferras a tu conciencia y a tus límites morales para decirla una vez, pero la sociedad te desprecia, tu familia te culpa, incluso tus amigos te ridiculizan, y al final, ¿qué ocurre? Recibes un duro golpe, eres incapaz de soportarlo y ya no sabes cómo comportarte. Sientes que comportarte como un ser humano es demasiado difícil, que ser un demonio es más fácil. Sé un demonio y sigue la corriente del mal de esta sociedad, nadie te va a decir nada. Nadie en toda la humanidad te enseña cómo comportarte. Después de creer en Dios, oyes que cada palabra que Él dice y todo lo que Dios hace es para enseñarte cómo comportarte, cómo practicar la verdad para que puedas convertirte en un verdadero ser humano. Solo en las palabras de Dios puedes encontrar la respuesta correcta a lo que es la verdadera vida humana. Por consiguiente, cómo contemplar a las personas y las cosas, y cómo comportarse y actuar, debe estar en todo de acuerdo con las palabras de Dios, con la verdad por criterio. A esto se le llama actuar como una persona. Cuando entiendas la base de comportarte de acuerdo con las palabras de Dios, y comprender y entrar en los principios-verdad, entonces sabrás cómo comportarte, y te convertirás en un ser humano real. Esta es la base de la conducta propia, y solo la vida de una persona así es digna, solo estas merecen vivir y no deben morir. Por el contrario, los que actúan como demonios, esos cadáveres andantes que visten piel humana, esas personas no merecen vivir. ¿Por qué? Porque todo lo que Dios creó está preparado para la humanidad, para los seres creados por Dios, no para la especie demoníaca. Entonces, ¿por qué esas personas pueden seguir viviendo a día de hoy? ¿Acaso no participan del beneficio de aquellas a las que Dios quiso salvar? Si no fuera por la obra de salvación de Dios en esta etapa, usar a los demonios y satanases para prestar servicio, dejar que las personas escogidas por Dios disciernan las cosas negativas, y desentrañar la esencia de los demonios, Dios los habría destruido hace mucho tiempo, porque estas personas son indignas de disfrutar de todas las cosas que Dios creó, y malgastan y arruinan las cosas que Él ha hecho. ¿Cómo crees que se sentirá Dios cuando vea esto? ¿Estará de buen humor? (No). Por tanto, Dios quiere salvar de manera urgente a un grupo de personas con una humanidad normal que son auténticos seres humanos, y enseñarles cómo comportarse. Cuando estas personas alcancen la salvación, se vuelvan aptas para quedarse y no ser destruidas, entonces se cumplirá la gran obra de Dios. Es decir, con independencia de si estas cosas llegan al nivel de ser exactas y correctas, cuando sus leyes de supervivencia, sus perspectivas sobre la vida, las sendas que toman, así como sus búsquedas y las actitudes con las que tratan a Dios, la verdad y las cosas positivas, al menos no vayan en contra de la verdad, y ciertamente no lleguen tan lejos como para ofender el carácter de Dios; cuando estas personas no sean destruidas porque son capaces de someterse a Dios de una manera básica; será entonces cuando se cumpla la gran obra de Dios. ¿Qué significa que se cumpla esta gran obra? Significa que aquellos a quienes Dios ha salvado pueden existir para siempre, pueden vivir eternamente. Para decirlo en lenguaje humano, significa que esta raza humana tendrá sucesores, los antepasados de los humanos creados por Dios tendrán sucesores, y habrá humanos capaces de gestionar todas las cosas. Entonces, Dios se sentirá aliviado, será entonces cuando descanse, y ya no necesitará preocuparse de nada. Todas las cosas tienen sus propias reglas y leyes, ya establecidas por Dios, y a Él no le ha hace falta dedicarles ni un solo pensamiento, idea o proyecto. Todas las cosas existen dentro de sus respectivas reglas y leyes, los humanos no deben más que mantenerlas y gestionarlas. Con semejante raza humana, ¿crees que Dios tendrá que seguir preocupándose? ¿Seguirá teniendo que inquietarse? Dios descansará, y cuando descanse, habrá llegado el momento de que se cumpla Su gran obra. Desde luego, este también será un momento de celebración para los seres humanos, es decir, finalmente alcanzarán la salvación sobre la base de la senda de la búsqueda de la verdad, ya no rebelándose contra Dios, sino ajustándose a Su voluntad. Dios se habrá ganado a los humanos, que ya no tendrán que paladear la muerte, pues para entonces ya habrán recibido la salvación. ¿No es esto algo digno de celebrarse? (Sí). Ahora bien, ya que habrá beneficios tan tremendos, y sabes que las intenciones de Dios son estas, ¿acaso no vale la pena que la gente se desprenda de los pequeños ideales y deseos que tenían anteriormente? (Sí). Lo mires como lo mires, es apropiado. Entonces, puesto que es apropiado, ¿no deberíais desprenderos? (Sí). En teoría, todo el mundo sabe que debería desprenderse, pero ¿cuál es la manera específica de hacerlo? En realidad, es muy sencillo. Implica no realizar ya ninguna acción, ningún esfuerzo, ni pagar ningún precio por tus ideales y deseos. Ya no dejas que ocupen tu mente ni te sacrificas por ellos. En lugar de eso, te vuelves hacia Dios, te desprendes de tus deseos e ideales personales, dejas de obsesionarte con ellos, e incluso los destierras de tus sueños. En cambio, tu dirección e inclinación viran poco a poco en tu corazón hacia la senda de perseguir la verdad y alcanzar la salvación. Día tras día, todo lo que haces, los pensamientos, la energía y el precio que pagas, todo es en aras de perseguir la verdad y alcanzar la salvación; así es como poco a poco te vas desprendiendo.

Con respecto a la plática de hoy sobre el tema “desprenderse de las búsquedas, los ideales y los deseos de las personas”, ¿he hablado de forma exhaustiva al respecto? ¿Sabéis cómo desprenderos? Algunos podrían decir: “Oh, yo ya me estaba desprendiendo antes de que siquiera sacaras el tema”. Pero eso no es necesariamente cierto. De hecho, las personas poco a poco desentrañan la marea maligna del mundo solo mediante el proceso de perseguir la verdad, y también poco a poco desentrañan la senda de buscar fama y ganancia que toman los incrédulos y se desprenden de ella. Si todavía no has perseguido la verdad, y simplemente piensas en desprenderte en tu corazón, eso no es lo mismo que desprenderse de verdad. Estar preparándote para desprenderte y hacerlo realmente son dos cosas distintas; sigue existiendo una diferencia. Por consiguiente, lo más importante es empezar a perseguir la verdad y eso no debería cambiar, no importa cuándo, pues es lo más importante. Una vez que empiezas a perseguir la verdad, desprenderte de ideales y deseos se vuelve más fácil. Si no aceptas la verdad, pero dices: “Realmente quiero desprenderme de estos ideales y deseos. No quiero que me tiñan en la gran tinaja colorante ni que me muelan en la picadora de carne”, y si todavía quieres sobrevivir, te digo que no es posible. No hay manera, no vas a conseguir un trato tan bueno. Si no deseas perseguir la verdad, pero aun así quieres desprenderte de ideales y deseos, eso es imposible. Todas las personas normales tienen ideales y deseos, especialmente las que tienen algunos dones o talentos. ¿Dónde hay una persona que sea feliz estando sola y se resigne voluntariamente a vivir una vida mundana? En ninguna parte. Todo el mundo quiere sobresalir, llegar a ser alguien, tener cierta aura y hacer que su vida sea más cómoda. Si quieres desprenderte de los ideales y deseos personales, alcanzar la salvación y vivir una vida con sentido, debes aceptar la verdad, perseguirla y someterte a la obra de Dios; de esa manera tendrás esperanza. Escuchar las palabras de Dios y seguirlo es el único camino. Por tanto, a pesar de todos los aparentes cambios, una cosa sigue siendo esencialmente la misma: la búsqueda de la verdad. Este es el tema más importante, ¿verdad? (Sí). Muy bien, terminemos aquí la charla de hoy sobre este tema en cuestión. Adiós.

17 de diciembre de 2022

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