Cómo resolver las tentaciones y la esclavitud del estatus (Parte 2)

Al hombre corrupto le encanta ir en pos del estatus y disfrutar de sus beneficios. Esto se aplica a cualquier persona, ya sea que actualmente tengas estatus o no; es sumamente difícil abandonarlo y librarse de sus tentaciones. Esto requiere de mucha cooperación de parte del hombre. ¿Qué supone tal cooperación? Principalmente, buscar la verdad, aceptarla, entender las intenciones de Dios y penetrar claramente en la esencia de los problemas. Con estas cosas, uno tendrá la fe para superar la tentación del estatus. Además, debes pensar en formas eficaces de librarte de la tentación y satisfacer las intenciones de Dios. Debes contar con sendas de práctica. Esto te mantendrá en la senda correcta. Sin sendas de práctica, a menudo caerás en la tentación. Si bien querrás tomar la senda correcta, tus esfuerzos no conseguirán mucho al final, por mucho que lo intentes. Así pues, ¿cuáles son las tentaciones que sueles enfrentar? (Cuando alcanzo cierto éxito al cumplir con el deber y logro el aprecio de los hermanos y hermanas, me siento complacido y disfruto enormemente de esta sensación. A veces no me doy cuenta; otras veces sí noto que este estado está mal, pero de todos modos no logro rebelarme contra él). Eso es una tentación. ¿Quién más va a hablar? (Como soy líder, nuestros hermanos y hermanas a veces me tratan de manera especial). Eso también es una tentación. Si a pesar de no ser consciente de las tentaciones que encuentras, las abordas mal y no sabes elegir lo correcto, estas tentaciones te causarán sufrimiento y tristeza. A modo de ejemplo, supongamos que el trato especial que te dan los hermanos y hermanas incluye los beneficios sustanciales de alimentarte, vestirte, alojarte y proveer a tus necesidades diarias. Si aquello de lo que disfrutas es mejor que lo que ellos te ofrecen, lo menospreciarás, y tal vez rechaces sus atenciones. No obstante, si te encontraras con un hombre rico y este te regalara un traje fino y te dijera que no lo usa, ¿podrías mantenerte firme ante semejante tentación? Podrías meditar la situación, decirte: “Es rico, y estas ropas no son nada para él. Además, no las usa. Si no me las da, las dejará guardadas en algún lugar. Así que me las voy a quedar”. ¿Qué piensas de esta decisión? (Ya está disfrutando de los beneficios del estatus). ¿Por qué es esto gozar de los beneficios del estatus? (Porque aceptó cosas delicadas). ¿Es disfrutar de los beneficios del estatus simplemente aceptar las cosas delicadas que te ofrecen? Si te ofrecen algo corriente, pero lo aceptas porque es justo lo que necesitas, ¿eso también se considera disfrutar de los beneficios del estatus? (Sí. Siempre que la persona acepte cosas de los demás para satisfacer sus deseos egoístas, significa que disfruta de estos beneficios). Al parecer, no lo tienes claro. ¿Alguna vez pensaste en si de todos modos te daría ese obsequio si no fueras líder y no tuvieras estatus? (No lo haría). Por supuesto que no lo haría. Te hace ese regalo porque eres líder. Ha cambiado la naturaleza de la cosa. No es beneficencia normal, y allí radica el problema. Si le preguntaras: “Si yo no fuera líder, sino simplemente un hermano o una hermana corrientes, ¿me harías ese regalo? Si algún hermano o hermana necesitara este artículo, ¿se lo darías?”. Te respondería: “No podría. No puedo regalar cosas a discreción a cualquiera. Te lo doy a ti porque eres mi líder. Si no tuvieras este estatus especial, ¿por qué te haría un regalo así?”. ¿Te das cuenta ahora de que no has entendido la situación? Le creíste cuando él te dijo que ya no usaba ese traje fino, pero te estaba engañando. Su objetivo es que aceptes su regalo para que, en lo sucesivo, seas bueno con él y le des un trato especial. Esa es la intención detrás de su obsequio. Lo cierto es que tú, por dentro, sabes que él jamás te haría ese regalo si no tuvieras estatus, pero de todos modos lo aceptas. Con la lengua dices “Gracias a Dios. He aceptado este obsequio de parte de Él, es Su benevolencia para conmigo”. No solo disfrutas de los beneficios del estatus, sino que también gozas de las cosas del pueblo escogido de Dios, como si fueran lo que te corresponde. ¿No es desvergonzado? Si el hombre no tiene sentido de la conciencia y carece de toda vergüenza, esto se convierte en un problema. ¿Se trata solo de una cuestión de comportamiento? ¿Sencillamente está mal aceptar cosas de los demás y está bien rechazarlas? ¿Qué deberíais hacer ante tal situación? Debes preguntarle a la persona que te hace el obsequio si lo que está haciendo se ajusta a los principios. Dile: “Busquemos la guía de la palabra de Dios o los decretos administrativos de la iglesia y veamos si lo que estás haciendo concuerda con los principios. Si no, no puedo aceptar ese regalo”. Si esos recursos le informan que su acción vulnera los principios, pero igualmente desea darte el regalo, ¿qué deberías hacer? Debes actuar conforme a los principios. La gente corriente no logra superarlo. Anhelan ansiosos que los otros les den más, y desean gozar de un trato más especial. Si eres una persona correcta, deberías orar a Dios de inmediato ante tal situación y decir: “Oh Dios, lo que enfrento el día de hoy sin duda es señal de Tu benevolencia. Es una lección que has dispuesto para mí. Estoy dispuesto a buscar la verdad y actuar de acuerdo con los principios”. Las tentaciones que enfrentan quienes tienen estatus son enormes y, una vez que la tentación llega, es verdaderamente difícil de superar. Necesitas de la protección y la asistencia de Dios; debes orarle y también debes buscar la verdad y reflexionar a menudo sobre ti mismo. Así, te sentirás centrado y en paz. Sin embargo, si esperas a recibir tales obsequios para orar, ¿te sentirás igualmente centrado y en paz? (Ya no). ¿Qué pensará Dios de ti? ¿Le complacerán tus acciones o las detestará? Detestará tus acciones. ¿Tiene el problema solo que ver con el hecho de que aceptes el objeto? (No). Entonces, ¿dónde está el problema? El problema radica en las opiniones y la actitud que adoptes al enfrentar tal situación. ¿Decides por ti mismo o buscas la verdad? ¿Tienes algún estándar de conciencia? ¿Tienes de verdad un corazón temeroso de Dios? ¿Le oras cada vez que te enfrentas a la situación? ¿Buscas primero satisfacer tus deseos, o en primer lugar oras y buscas las intenciones de Dios? Este asunto te revela. ¿Cómo deberías abordar tal situación? Debes poseer principios de práctica. En primer lugar, por fuera, debes rechazar estas prestaciones materiales especiales, estas tentaciones. Incluso si te ofrecen algo que en particular deseas o precisas, igualmente debes rechazarlo. ¿Qué comprenden estas cosas materiales? Alimentos, vestimenta y refugio, y artículos de uso diario. Estas prestaciones materiales especiales deben rechazarse. ¿Por qué debes rechazarlas? ¿Tiene que ver solo con tu comportamiento? No, tiene que ver con tu actitud cooperativa. Si quieres practicar la verdad, satisfacer a Dios y evitar la tentación, primero debes tener tal actitud. Con ella, serás capaz de evitar la tentación y tendrás la conciencia en paz. Si te ofrecen algo que quieres y lo aceptas, tu corazón sentirá el reproche de tu conciencia en cierta medida. No obstante, debido a tus excusas y justificaciones, dirás que te corresponde recibirlo, que lo mereces. Y así, tu cargo de conciencia no será tan preciso ni evidente. En ocasiones, ciertas razones o pensamientos y puntos de vista pueden influir en tu conciencia, de modo que el remordimiento no sea evidente. Así pues, ¿es tu conciencia un estándar confiable? No lo es. Esta es una alarma que alerta a la gente. ¿Qué clase de alerta emite? Que no hay seguridad en confiar solamente en lo que percibe la conciencia; también se deben buscar los principios-verdad. Eso es lo confiable. Si la gente no tiene la verdad que la refrene, puede caer en la tentación y dar distintas razones y excusas que le permitan satisfacer su anhelo de gozar de los beneficios del estatus. Por tanto, como líder, por dentro, debes atenerte a este único principio: siempre rehusaré, siempre evitaré y rechazaré totalmente cualquier trato especial. El rechazo total es el requisito previo para evitar el mal. Si cuentas con este requisito previo, ya te encuentras bajo la protección de Dios en cierta medida. Y si tienes tales principios de práctica y te aferras a ellos, ya estás practicando la verdad y complaciendo a Dios. Ya caminas por la senda correcta. Cuando vas por la senda correcta y ya complaces a Dios, ¿sigues necesitando de la prueba de tu conciencia? Actuar de acuerdo con los principios y practicar la verdad es superior a los estándares de conciencia. Si alguien tiene la determinación de cooperar y es capaz de actuar según los principios, ya ha complacido a Dios. Este es el estándar que Dios le exige a los hombres.

En gran medida, la capacidad de alguien de temer a Dios y apartarse del mal depende de su cooperación. La cooperación es crucial. Como Job temía a Dios y se apartaba del mal, con la estatura y la realidad que poseía, no debe de haber temido caer en ninguna tentación. De haber estado sentado a la mesa de un banquete, no habría ofendido fácilmente a Dios de palabra ni obra. Entonces, ¿por qué se negaba a asistir a tales banquetes? (No le agradaban). Le desagradaban tales eventos. Esta es una razón objetiva, pero también existe una cuestión práctica que tal vez no hayáis considerado. Job temía a Dios y evitaba el mal. Tomó medidas y adoptó prácticas para recibir la protección de Dios, y tuvo cuidado de no pecar ni ofender a Dios. Adoptó métodos de cooperación humanos. Este es un aspecto del asunto. Asimismo, existen situaciones en las cuales el hombre no puede controlar su naturaleza corrupta por sí solo, así que Job no concurría a eventos en los que podía ser tentado. De este modo, evitaba la tentación. ¿Entendéis ahora por qué Job no concurría a tales banquetes? Porque un evento así sería una tentación demasiado grande para cualquiera. ¿Qué significa que algo sea una tentación demasiado grande? La gente puede pecar y ofender a Dios en cualquier momento, donde sea que se encuentre. Por sí mismos, tu corazón temeroso de Dios, tu fe en Él y tu determinación no bastan para que puedas librarte de la tentación. No pueden evitar que ofendas a Dios al ser tentado. ¿Lo entiendes? Debes rechazar por completo el trato especial que los demás te ofrecen. Debes rechazarlo siempre. ¿Qué forma de hacer las cosas es esta? ¿A qué ámbito de los problemas del hombre se dirigen tales principios y normas? (Se dirigen a la naturaleza codiciosa del hombre). A causa del carácter corrupto del hombre, este es proclive a caer en la tentación. En consecuencia, debes adoptar ciertos principios o métodos para evitar dichas tentaciones a fin de no ofender a Dios. Esta es una forma poderosa y efectiva de cooperar. Si no lo haces, si analizas la situación y en algunas ocasiones aceptas un trato especial y en otras lo rechazas, ¿captas correctamente el asunto? (No). ¿Por qué no lo captas bien? (Porque el hombre tiene una naturaleza satánica y no puede controlarse). Aquellos que no tienen un corazón temeroso de Dios no tienen principios al enfrentar tales situaciones. Aceptan todo y nunca rechazan nada. Si alguien les dice que es una ofrenda, algo dedicado a Dios, ni siquiera entonces sienten temor. Simplemente, lo embolsan para sí mismos. Se atreven a arrebatar esas ofrendas y a apropiarse de ellas y no se lo reprochan en lo más mínimo. Es evidente que, si recaen en tales estados naturalmente, no tienen en absoluto un corazón temeroso de Dios. ¿Creen siquiera en Dios? Esta es la consecuencia de ir en pos de la comodidad y la facilidad y de gozar de los beneficios del estatus. Si a menudo caes en la tentación y no la evitas, inevitablemente serás conducido, sin darte cuenta, por esta senda. El carácter corrupto del hombre lo lleva a tomar la senda equivocada. ¿Pueden marchar bien las cosas si no se resuelve este problema? Es por eso que, más allá de los problemas que enfrentes, debes ceñirte a los principios-verdad, y adoptar métodos especiales para lidiar con los problemas específicos. El cumplimiento estricto de los preceptos no es el camino. Todo método que te permita triunfar frente a la tentación es aceptable.

Las tentaciones materiales son más fáciles de superar. Mientras tengas alimentos que comer, ropas que vestir y un corazón contento, puedes hacerlo. Así, tales tentaciones se derrotan fácilmente. Las más difíciles de superar son, sin embargo, aquellas que están relacionadas con la fama, el provecho y el estatus. Por ejemplo, cuando dos personas trabajan juntas, si el estatus del otro es inferior al tuyo, si tu estatus es superior al de él, te sentirás contento. Pero si tu estatus es inferior al de él, te sentirás triste. Internamente, te sentirás inquieto, limitado, negativo y débil, y no orarás. ¿Es sencillo resolver este problema? No tiene una solución fácil. La gente puede rechazar y apartarse de las tentaciones materiales y evitar que estas la contaminen, pero el estatus, la fama, el provecho y la vanidad son lo más difícil de superar. Si bien no es sencillo, de hecho, existe una solución. Siempre y cuando puedas buscar la verdad, orar a Dios y desentrañar el vacío de la fama, el provecho y el estatus para penetrar en su esencia, tendrás la confianza para desecharlos y, por lo tanto, no caerás en sus tentaciones. Los seres humanos tienen una naturaleza corrupta que hace que revelen y vivan distintas actitudes corruptas. Esto provoca que se opongan y se rebelen contra Dios. Lo que viven es inhumano e incompatible con la verdad. Ya sea que se trate de la arrogancia y la santurronería humanas que se niegan a inclinarse ante la verdad, o la falsedad humana que actúa con una intención retorcida, o la avaricia, la ambición y el deseo humanos, ¿qué es lo que da origen a todos estos defectos? (El carácter corrupto de Satanás). Surgen del carácter corrupto de Satanás y son producidos por la naturaleza satánica que controla al hombre. Que el hombre se esfuerce por lograr estatus es solo una manifestación de ello que, al igual que el carácter arrogante del hombre y su rebeldía y oposición a Dios, surge de su naturaleza satánica. ¿Qué método puede utilizarse para resolverlo? Debes seguir usando el método más básico. Siempre y cuando sigas el camino de Dios y recorras la senda de la búsqueda de la verdad, todos estos problemas podrán resolverse. Cuando no tienes estatus, puedes diseccionarte a menudo y llegar a conocerte, y los demás pueden beneficiarse de ello. Cuando tienes estatus y, de todos modos, puedes diseccionarte y comprenderte a ti mismo frecuentemente, permitiendo que la gente vea tus fortalezas, que entiendes la verdad, que tienes experiencia práctica y que realmente cambias, ¿no será igual de beneficioso para los demás? Sin importar si tienes estatus o no, mientras puedas practicar la verdad y tener un testimonio vivencial genuino que le permita a la gente comprender las intenciones de Dios y la verdad a partir de tu experiencia, ¿no representará esto un beneficio para ellos? Así pues, ¿qué es el estatus para ti? En realidad, el estatus es simplemente algo extra y adicional, como una prenda o un sombrero. No es más que un ornamento. No tiene utilidad real, y su presencia no afecta nada. Ya sea que tengas estatus o no, sigues siendo la misma persona. Que la gente entienda la verdad y alcance la verdad y la vida no tiene nada que ver con el estatus. Siempre y cuando no veas al estatus como algo absolutamente significativo, no puede limitarte. Si amas el estatus y pones especial énfasis en él, y siempre lo consideras importante, entonces, te tendrá bajo su control; no estarás dispuesto a sincerarte, mostrarte tal como eres, conocerte o dejar de lado tu rol de líder para actuar, hablar y relacionarte con los demás y cumplir con el deber. ¿Cuál es el problema? ¿No está relacionado con el hecho de que el estatus te limita? Esto sucede porque hablas y actúas desde un lugar de estatus y no puedes bajarte del pedestal. ¿Acaso no te atormentas haciéndolo? Si realmente entiendes la verdad y puedes tener estatus sin mostrarte tal como lo haces, sino que, en cambio, puedes concentrarte en cumplir bien con tus deberes, hacer todo lo que te corresponde y llevar a cabo todos los deberes a tu cargo, y te consideras un hermano o hermana corriente, ¿te limitará el estatus? Si no te limitara el estatus y tuvieras una entrada en la vida normal, ¿te seguirías comparando con los demás? En caso de que otros tuvieran mayor estatus, ¿te seguirías sintiendo inquieto? Debes buscar la verdad y liberarte de las limitaciones del estatus y de las del resto de las personas, acontecimientos y cosas. No hay nada mejor que cumplir bien con el deber. Solo así serás una persona que posea la realidad-verdad.

Todos los seres humanos corruptos adolecen de un problema común: cuando no tienen estatus, no se dan importancia al relacionarse o hablar con alguien ni adoptan un determinado estilo o tono discursivo; son, sencillamente, normales y corrientes y no necesitan aparentar. No sienten presión psicológica y saben compartir abiertamente y de corazón. Son accesibles y es fácil relacionarse con ellos; a los demás les parecen muy buena gente. En cuanto logran estatus, se vuelven petulantes, ignoran a la gente común, nadie puede acercarse a ellos; creen tener cierta nobleza y que ellos y la gente normal están cortados por distintos patrones. Desprecian a las personas corrientes, se dan importancia al hablar y dejan de compartir abiertamente con los demás. ¿Por qué ya no comparten abiertamente? Sienten que ahora tienen estatus y son líderes. Piensan que los líderes deben tener determinada imagen, estar un poco por encima de la gente normal, tener más estatura y que son más capaces de asumir responsabilidad; creen que, en comparación con la gente normal, los líderes deben tener más paciencia, ser capaces de sufrir, de esforzarse más y de soportar toda tentación de Satanás. Incluso si sus padres u otros miembros de su familia mueren, sienten que deben tener autocontrol para no llorar, o que al menos deben llorar en secreto, sin que los vean, para que nadie vea ninguna de sus limitaciones, defectos ni debilidades. Llegan a creer que los líderes no pueden decir a nadie que han caído en la negatividad; por el contrario, deben ocultar todas esas cosas. Creen que así debe actuar una persona con estatus. Cuando se reprimen hasta ese punto, ¿acaso el estatus no se ha convertido en su Dios, en su Señor? Y siendo así, ¿poseen todavía una humanidad normal? Cuando tienen tales ideas, cuando se meten en esa cesta y simulan de esa manera, ¿acaso no se han enamorado del estatus? Cuando otra persona es más fuerte y mejor que ellos, eso afecta su debilidad vital. ¿Pueden superar la carne? ¿Pueden tratar al otro como corresponde? Por supuesto que no. Para liberarte del control que el estatus tiene sobre ti, ¿qué debes hacer primero? Debes purgarlo de tus intenciones, de tus pensamientos y de tu corazón. ¿Cómo se consigue esto? Antes, cuando no tenías estatus, ignorabas a aquellos que no te llamaban la atención. Ahora que tienes estatus, si ves a alguien que no te llama la atención o tiene problemas, te sientes responsable de ayudarlo, y por eso pasas más tiempo comunicando con él, tratando de resolver algunos de los problemas prácticos que tiene. ¿Y qué sientes en tu corazón cuando haces tales cosas? Un sentimiento de alegría y paz. Así que también deberías confiar en la gente y sincerarte con ella más a menudo cuando te halles en dificultades o experimentes un fracaso, comunicar tus problemas y debilidades, hablar de cómo te rebelaste contra Dios y cómo saliste de esto y fuiste capaz de satisfacer Sus intenciones. ¿Y cuál es el efecto de confiar en la gente de esa manera? Es, sin duda, positivo. Nadie te mirará por encima del hombro, y es posible que envidien tu capacidad para atravesar estas experiencias. Alguna gente siempre piensa que cuando las personas tienen estatus, deben actuar más como funcionarios y hablar de una determinada manera para que las tomen en serio y las respeten. ¿Es correcta esta forma de pensar? Si eres capaz de darte cuenta de que esta forma de pensar es errónea, debes orar a Dios y rebelarte contra las cosas carnales. No te des importancia y no vayas por la senda de la hipocresía. En cuanto pienses así, debes abordarlo buscando la verdad. Si no la buscas, este pensamiento, este punto de vista, tomará forma y se arraigará en tu interior. En consecuencia, llegará a dominarte y tú simularás y moldearás tanto tu imagen que nadie podrá verte a través de ella ni entender tus pensamientos. Hablarás con los demás como si lo hicieras a través de una máscara que les oculta tu verdadero ser. Debes aprender a permitir que los demás te vean tal como eres y a abrirles tu corazón y acercarte a ellos. Debes rebelarte contra los deseos de la carne y comportarte de acuerdo con las exigencias de Dios. Así, tendrás paz y felicidad de corazón. Sea lo que sea que te suceda, reflexiona primero acerca de los problemas que existen en tu ideología. Si aún deseas construirte una imagen y disimular, debes orar a Dios de inmediato: “Oh Dios, nuevamente quiero disimular. Otra vez estoy maquinando falsamente. ¡Soy un verdadero demonio! ¡Sin duda debo de resultarte detestable! Me doy asco por completo. Te ruego que me reprendas, me disciplines y me castigues”. Debes orar, sacar a la luz tu actitud y ampararte en Dios para revelarla, diseccionarla y restringirla. Si la diseccionas y la restringes así, tus acciones no causarán problemas porque tu carácter corrupto está controlado y no se revela. En este momento, ¿qué sientes en el corazón? Como mínimo, te sentirás bastante liberado. Tu corazón estará alegre y en paz. Habrá disminuido tu dolor y no sufrirás a causa de la refinación. En el peor de los casos, habrá ocasiones en las que por momentos te sientas un poco perdido y pienses: “Soy líder, una persona de estatus y prestigio, ¿cómo voy a ser como la gente común? ¿Cómo puedo hablar con la gente corriente de manera sincera, genuina y abierta? Sería rebajarme mucho”. Como ves, esto es un poco problemático. El carácter corrupto del hombre no puede perderse por completo de una vez ni puede resolverse del todo en poco tiempo. Creías que corregirlo sería muy simple, que, como la gente lo imagina, una vez que compartas claramente sobre la verdad y reconozcas tu carácter corrupto, serás capaz de desecharlo de inmediato. No es algo tan sencillo. El proceso mediante el cual el hombre practica la verdad consiste en luchar contra su carácter corrupto. La voluntad individual, la imaginación y los deseos extravagantes del hombre no se resuelven por completo rebelándose contra ellos y superándolos de una vez y para siempre a través de la oración. En cambio, solo pueden abandonarse definitivamente tras varias y reiteradas batallas. Este proceso realmente dará frutos solo cuando uno pueda practicar la verdad. En particular, respecto de las cosas más importantes, la batalla en tu interior será aún más intensa, y te desvelará, en ocasiones, hasta uno o dos meses o, a veces, hasta seis meses o incluso un año. El carácter corrupto del hombre es bastante terco. Ninguna clase de carácter corrupto se puede resolver a través de una o dos enseñanzas sobre la verdad. Luchará contra ti una y otra vez, y debes seguir persiguiendo la verdad hasta que la entiendas claramente, conozcas plenamente tu carácter corrupto y empieces a odiar la carne y a Satanás. Así, la práctica de la verdad se convertirá en algo común para ti, algo que es natural y no requiere de esfuerzo. Esto es lo que significa superar la carne y triunfar contra Satanás. Durante la batalla, la gente debe orar a Dios en todo momento y dedicar más tiempo a leer Sus palabras. Jamás deben acudir a los no creyentes o a satanases y demonios para encontrar el camino. Deben confiar en Dios y respetarlo. Deben buscar la verdad y participar en la enseñanza sobre la verdad de acuerdo con las palabras de Dios. Solo cuando realmente entiendan la verdad podrán vencer a la carne y a Satanás. ¿Cómo ve esto Dios? Él ve tu corazón. Ve que amas la verdad, que temes a Dios y que estás dispuesto a desechar la injusticia y a apartarte del mal. Si bien tu carácter corrupto ha generado pensamientos, ideas e intenciones en ti, tales pensamientos e intenciones no controlan tu comportamiento, no derriban ni pisotean tu voluntad. En definitiva, eres capaz de vencerlos, y Dios te recordará. Si lo practicas con frecuencia, tu estado interior mejorará. ¿En qué punto puede afirmarse que has superado por completo este aspecto de tu carácter corrupto, que has cambiado en este aspecto de tu carácter y has entrado en la realidad-verdad? Es decir, si bien aún pueden aparecer en tu mente pensamientos e ideas malos, y siguen generando ciertas intenciones y deseos, estas cosas ya no dominan tu corazón. Ya sientes que estas cosas no son importantes y las reconoces en cuanto surgen. No necesitas refrenarte artificialmente ni rebelarte contra ellas y no necesitas pedirle intencionadamente a Dios que te escrute, discipline y castigue. No necesitas de tales métodos. Puedes superarlo fácilmente y renunciar a ello. En tu corazón, no te sientes inquieto ni notas ninguna pérdida. Eso está bien. Ya posees estatura y tu carácter se ha transformado. ¿Ya habéis logrado la entrada en cierta medida? ¿Habéis cambiado un poco? (No). Entonces vuestra estatura es realmente demasiado escasa, y todavía tenéis que esforzaros por buscar la verdad y comer y beber las palabras de Dios. Así, cuando vuelvan a sucederte tales cosas, sabrás practicar la verdad y actuar de acuerdo con los principios. Sabrás lo que debes hacer para mantenerte firme en tu testimonio. Entonces realmente tendrás estatura. Solo aquellos que pueden practicar la verdad y mantenerse firmes en su testimonio pueden entrar en la realidad-verdad. Actualmente, esto os excede. Seguís en la etapa de ir a tientas. Al hablar de estas situaciones reales, sentís que tenéis todos estos problemas, pero jamás habéis buscado la verdad para resolverlos. ¿Significa eso que vuestra estatura es demasiado poca? Si no habéis entrado en la realidad-verdad, ¿podéis tener vida? Aún no habéis obtenido la verdad ni tenéis vida. Si vives solo según la vida de la carne y tu carácter satánico, solo vives bajo el poder de Satanás. Todavía no has alcanzado la salvación de Dios. La salvación no es tan simple como la gente imagina al creer que, si puedes lanzar palabras y doctrinas y acatar ciertos preceptos, estás salvado. Debes conocerte de verdad, ser capaz de desechar algunas actitudes corruptas, de calar la esencia de la reputación y el estatus, de desprenderte del estatus y de someterte verdaderamente a Dios. Solo así existe salvación.

De hecho, la solución al problema del estatus es la misma que la de otros problemas. Estos problemas son todos manifestaciones y revelaciones de actitudes corruptas. Todos suponen preferencias y búsquedas humanas. ¿Qué quiero decir con esto? Siempre y cuando te libres de tu carácter corrupto, el estatus no será un problema para ti. La gente compite entre sí por el estatus, diciendo: “Tal vez hoy seas superior a mí, pero mañana yo estaré por encima de ti”. ¿Cuál es el problema aquí? ¿Surge solo debido al estatus? (No). ¿Qué lo originó? (El carácter corrupto del hombre). Correcto. Este problema surge del carácter corrupto del hombre. Una vez corregido este carácter corrupto, se resolverán todos estos problemas. Al final, aquellos que quieren escoger la senda de la búsqueda de la verdad deben concentrarse en la introspección y en conocerse a sí mismos en todo. Deben corregir su carácter corrupto para poder embarcarse en la senda de la búsqueda de la verdad. Si no logran resolver su carácter corrupto, este generará muchas dificultades y obstáculos. Aunque cumplan con sus deberes, actuarán por inercia sin lograr ningún resultado. Para resolver estos problemas, debes esforzarte al máximo para perseguir la verdad, conocer tu carácter corrupto y resolver los problemas. No te limites a decir: “Basta con perseguir la verdad, orar más y leer más la palabra de Dios”. Eso es demasiado impreciso. Sin una senda práctica no alcanza. Los problemas concretos deben abordarse en concreto. No te ciñas a utilizar preceptos de memoria. La verdad es algo vivo y práctico, y la aplicación aleatoria de preceptos no es el camino. Debes resolver los problemas prácticos de acuerdo con el principio-verdad. Si uno es incapaz de resolver problemas prácticos utilizando la verdad, no está cualificado para ser líder y obrero. Todo aquel que no pueda usar la verdad para resolver los problemas no es una persona que entienda la verdad. Aunque se convierta en líder y obrero, será incapaz de usar la verdad para resolver los problemas, no tendrá la verdad y le resultará imposible actuar conforme a los principios. Tal líder y obrero no tiene absolutamente nada de la realidad-verdad.

16 de febrero de 2017

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