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La Palabra manifestada en carne (Continuación)

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La Palabra manifestada en carne (Continuación)

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Declaraciones de Cristo de los últimos días (Selecciones)
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Palabras Clásicas de Dios (Pasajes)

En primer lugar, cantemos un himno: el Himno del Reino (I) El Reino ha descendido al mundo.

I. El reino ha llegado a la tierra, la persona de Dios es rica y plena. ¿Quién no puede celebrar ni alegrarse, estarse quieto y no bailar? ¡Oh Sion, alza tu victoriosa bandera para celebrar a Dios! ¡Canta tu victoriosa canción para divulgar Su nombre por todo el mundo! Incontable gente alaba a Dios, todas las voces exaltan Su nombre. Admirando Sus grandes actos; ya Su reino a la tierra ha llegado.

II. Todas las cosas, purificaos; venid y haced ofrendas a Dios. Estrellas, volved a vuestro sitio en el firmamento, mostrad la fuerza de Dios arriba los cielos. En la tierra, las voces se alzan y cantan, derramando infinito amor y reverencia sin fin a Dios. Él con atención las escucha. Incontable gente alaba a Dios, todas las voces exaltan Su nombre. Admirando Sus grandes actos; ya Su reino a la tierra ha llegado.

III. En ese día todo revive, Dios en persona viene a la tierra. Felicidad, las flores florecen. Felicidad, los pájaros cantan. Ved como cae el reino de Satanás mientras se oye el saludo al reino de Dios, pisoteado, no se levantará, ahogado en el himno de las alabanzas. Incontable gente alaba a Dios (a Dios), todas las voces exaltan Su nombre (Su nombre). Admirando Sus grandes actos; ya Su reino a la tierra ha llegado.

IV. ¿Quién se atreve a resistirse? Cuando Dios se encuentra en la tierra entre los hombres, trae Su ira y desastres a la tierra. El mundo se convierte en el reino de Dios. Las nubes están surcando el cielo, los lagos y ríos cantan una alegre canción. Los animales dejan sus cuevas, y Dios despierta al hombre de su sueño. Llega el día tan esperado, todos rinden pleitesía a Dios, con las canciones más hermosas de todos los tiempos. Incontable gente alaba a Dios (a Dios), todas las voces exaltan Su nombre (Su nombre). Admirando Sus grandes actos; ya Su reino a la tierra ha llegado.

¿Qué pensáis cada vez que cantáis esta canción? (Muy entusiasmados; emocionados; pienso en lo gloriosa que es la belleza del reino; la humanidad y Dios se unirán por siempre.) ¿Ha pensado alguien en la forma que debe adoptar el hombre para estar con Dios? En vuestra imaginación, ¿cómo debe ser una persona para unirse con Dios y disfrutar la vida gloriosa que sigue en el reino? (Deberían tener un carácter transformado.) Deberían tener un carácter transformado, ¿pero hasta qué punto transformado? ¿Cómo serán después de que este haya cambiado? (Se volverán santos.) ¿Cuál es el estándar de la santidad? (Todos sus pensamientos y consideraciones son compatibles con Cristo.) ¿Cómo se manifiesta esa compatibilidad? (No resisten a Dios, no lo traicionan, sino que le ofrecen obediencia absoluta, y le temen en sus corazones.) Algunas de vuestras respuestas están en el camino correcto. Abrid vuestros corazones, todos vosotros, y compartid lo que este os está diciendo. (Las personas que viven con Dios en el reino pueden cumplir con su deber, cumplir fielmente con su deber, persiguiendo la verdad sin que ninguna persona, acontecimiento u objeto las frene. Y se pueden alejar de la influencia de las tinieblas, alinear sus corazones con Dios, temerle y apartarse del mal.) (Al mirar las cosas, nuestra perspectiva se puede alinear con Dios, y nosotros nos podemos alejar de la influencia de las tinieblas. El estándar mínimo es no ser explotado por Satanás, desechar de cualquier carácter corrupto, conseguir obedecer a Dios. Creemos que alejarse de la influencia de las tinieblas es el punto clave. Si alguien no lo consigue, no puede liberarse de las ataduras de Satanás, y no habrá alcanzado la salvación de Dios.) (El estándar para el perfeccionamiento divino consiste en ser de un mismo corazón y una misma mente que Dios. El hombre ya no resiste a Dios; puede conocerse a sí mismo, poner la verdad en práctica, alcanzar el entendimiento de Dios, amarle, y alinearse con Él. Esto es lo único que se tiene que hacer.)

El peso del desenlace en los corazones de las personas

Se diría que tenéis algo en vuestros corazones sobre cómo deberíais andar, y que habéis desarrollado una buena comprensión y entendimiento al respecto. Que todo lo que dijisteis se convierta en palabras huecas, o en realidad verdadera, no obstante, depende de aquello a lo que le prestéis atención en vuestra práctica cotidiana. Habéis recogido una cosecha de todos los aspectos de la verdad a lo largo de los años, tanto en doctrinas como en el contenido de la verdad. Esto demuestra que, en la actualidad, las personas ponen énfasis en esforzarse por la verdad. Y como consecuencia, cada aspecto y cada elemento de la verdad han echado sin dudas raíces en los corazones de algunas personas. Sin embargo, ¿qué es lo que Yo más temo? Que aunque los asuntos de la verdad, y estas teorías, hayan echado sus raíces, el contenido práctico no haya tenido mucho peso en vuestros corazones. Cuando afrontéis problemas, pruebas, decisiones, ¿en qué medida seréis capaces de hacer un buen uso de la realidad de estas verdades? ¿Os ayudarán a superar vuestras dificultades y a salir de vuestras pruebas, habiendo satisfecho los propósitos de Dios? ¿Os mantendréis firmes en vuestras pruebas y testificaréis alto y claro de Dios? ¿Os han interesado estos asuntos anteriormente? Permitidme preguntaros: En vuestros corazones, en todos vuestros pensamientos y contemplaciones diarios, ¿qué es lo más importante para vosotros? ¿Habéis llegado alguna vez a una conclusión? ¿Qué os parece lo más importante? Algunas personas responden: “Poner en práctica la verdad, por supuesto”; otras contestan: “Leer la palabra de Dios cada día”; otras afirman: “Presentarme delante de Dios y orar a Él cada día, desde luego”; y después están aquellos que opinan: “Sin duda, cumplir con mis responsabilidades cada día de forma adecuada”; algunas personas incluso dicen que sólo están pensando en cómo satisfacer a Dios, cómo obedecerle en todas las cosas y cómo actuar en armonía con Su voluntad. ¿Son así las cosas? ¿Eso es todo? Por ejemplo, algunos dicen: “Sólo quiero obedecer a Dios, pero cuando algo ocurre no puedo hacerlo”. Algunas personas declaran: “Sólo quiero satisfacer a Dios. Aunque pudiese satisfacerlo sólo una vez, estaría bien, pero nunca puedo satisfacerlo”. Y algunas personas dicen: “Yo sólo quiero obedecer a Dios. En momentos de prueba sólo quiero someterme a Sus planes, obedecer a Su soberanía y Sus disposiciones sin quejas ni exigencias. Sin embargo, casi todas las veces soy incapaz de ser obediente”. Otras personas dicen: “Cuando afronto decisiones, nunca puedo escoger poner en práctica la verdad. Siempre quiero satisfacer la carne, mis deseos personales egoístas”. ¿A qué se debe esto? Antes de que llegue la prueba de Dios, ¿os habéis retado y puesto a prueba muchas veces? Ved si podéis obedecer y satisfacer realmente a Dios, y seguros de no traicionarlo. Ved si no podéis satisfaceros a vosotros mismos, vuestros deseos egoístas, y satisfacer sólo a Dios, libres de vuestras decisiones individuales. ¿Hay alguien así? En realidad, ante vuestros ojos sólo se ha colocado un hecho. Es aquello en lo que cada uno de vosotros está más interesado, lo que más queréis saber, y se trata del final y del destino de cada uno. Tal vez no seáis conscientes de ello, pero es innegable. Sé que algunos ya han estudiado varias veces la palabra de Dios en lo tocante a la verdad del final del hombre, de la promesa de Dios a la humanidad, y de la clase de destino al que Dios pretende llevar al ser humano. Después están los que la buscan una y otra vez, meditan sobre ella en su mente, y siguen sin obtener resultados, o quizás llegan a alguna conclusión ambigua. Al final siguen sin estar seguros de qué tipo de final les espera. Cuando aceptan la comunicación de la verdad, la vida de la iglesia y cumplen con sus deberes, la mayoría de las personas siempre quieren conocer la respuesta definitiva a las siguientes preguntas: ¿Cuál será mi final? ¿Podré seguir la senda hasta su final? ¿Cuál es la actitud de Dios hacia el hombre? Algunas personas incluso se preocupan: he hecho y dicho algunas cosas en el pasado, le he desobedecido a Dios, he actuado a veces de un modo que ha traicionado a Dios, hubo algunos asuntos en los que no le satisfice, lastimé Su corazón, le decepcioné, hice que me aborreciese y detestase, por lo que mi final quizás sea una incógnita. Es justo decir que la mayoría de las personas se sienten inquietas respecto a su final. Nadie se atreve a decir: “Estoy totalmente convencido de que seré un superviviente; estoy cien por cien seguro de que puedo satisfacer los propósitos de Dios; soy una persona que según el corazón de Dios; soy una persona a la que Dios elogia”. Algunas personas piensan que es particularmente difícil seguir el camino de Dios, y que poner en práctica la verdad es lo más difícil de todo. En consecuencia, estas personas creen que nadie las puede ayudar, y no se atreven a tener esperanza en cuanto a un buen final. O quizás creen que no pueden satisfacer los propósitos de Dios, que no pueden ser un superviviente, y por ello afirmarán no tener un final y no poder alcanzar un buen destino. Independientemente de cómo piensen con exactitud, todo el mundo se pregunta muchas veces por su final. En las cuestiones relativas a su futuro, a qué recibirán cuando Dios acabe Su obra, estos están siempre calculando, planificando. Algunos pagan el doble del precio; unos abandonan a sus familias y sus trabajos, otros renuncian a su matrimonio; los hay que dimiten para esforzarse por Dios y quienes dejan sus hogares para cumplir con su deber; algunos escogen las dificultades, y empiezan asumiendo la tarea más amarga y agotadora; algunos deciden dedicar sus riquezas, todo lo que tienen; y también están los que deciden buscar la verdad y el conocimiento de Dios. No importa cómo decidáis practicar, ¿es tan importante la manera en que lo hagáis? (No es importante.) ¿Cómo explicamos, pues, que no lo es? Si la forma de hacerlo no tiene importancia, ¿qué la tiene? (Un buen comportamiento externo no es representativo de poner la verdad en práctica.) (La opinión de todos no es lo importante. La clave está en si hemos puesto la verdad en práctica y si amamos a Dios.) (La caída de anticristos y falsos líderes nos ayuda a entender que el comportamiento externo no es lo más importante. En apariencia han abandonado muchas cosas, y parecen dispuestos a pagar el precio, pero tras analizarlos podemos ver que simplemente su corazón no teme a Dios; se oponen a Él en todos los aspectos. Siempre están de parte de Satanás en los momentos críticos, interfiriendo en la obra de Dios. Por tanto, aquí las principales consideraciones son de qué lado estaremos cuando llegue el momento, y cuáles son nuestros puntos de vista.) Todos habláis bien, y se diría que ya tenéis un entendimiento básico y un estándar para poner en práctica la verdad, los propósitos de Dios y lo que Él exige del hombre. Que seáis capaces de hablar así es muy emotivo. Aunque existen algunas palabras inapropiadas por aquí y por allá, vuestras declaraciones casi se acercan a una explicación digna de la verdad. Esto demuestra que habéis desarrollado vuestros propios entendimientos reales de las personas, los acontecimientos y los objetos que os rodean, de todo vuestro entorno organizado por Dios, y de todo lo que podéis ver. Esta comprensión está cerca de la verdad. Aunque lo que dijisteis no es del todo exhaustivo, y unas cuantas palabras no son del todo adecuadas, ya os estáis acercando a la realidad de la verdad. Oíros hablar de esta forma me hace sentir bien.

Las creencias de las personas no pueden sustituir la verdad

Algunas personas pueden soportar dificultades, pagar el precio; su comportamiento externo es muy bueno, son muy respetadas, y cuentan con la admiración de los demás. ¿Qué pensáis? ¿Puede este tipo de comportamiento externo considerarse una puesta en práctica de la verdad? ¿Podéis decir que esta persona está satisfaciendo los propósitos de Dios? ¿Por qué, una y otra vez, se piensa que este tipo de individuos están satisfaciendo a Dios, que siguen el camino de poner en práctica la verdad, que andan por el camino de Dios? ¿Por qué piensan así las personas? Sólo hay una explicación para ello. ¿Cuál es? Pues que la gran mayoría no tiene claro lo que es poner en práctica la verdad, satisfacer a Dios o poseer efectivamente la realidad de la verdad. Por ello, algunos son engañados con frecuencia por los que en apariencia son espirituales, nobles y tienen una imagen elevada. En lo que respecta a estos que pueden hablar de letras y doctrinas, y cuyos discurso y acciones parecen dignos de admiración, sus adeptos nunca han analizado la esencia de sus acciones, los principios subyacentes a sus hechos, cuáles son sus objetivos. Y tampoco han verificado si estas personas obedecen verdaderamente a Dios, y si de verdad temen a Dios y se apartan del mal. Nunca han discernido la esencia de la humanidad de estas personas. En su lugar, desde el primer momento de conocerlas, llegan poco a poco a admirarlas, venerarlas, y al final estas personas acaban siendo sus ídolos. Además, en la mente de algunos, los ídolos a los que adoran y en los que creen, pueden abandonar a sus familias y sus trabajos, y pagan el precio superficialmente, son los que están satisfaciendo realmente a Dios, los que pueden recibir de verdad un buen final y un buen destino. En sus mentes, estos ídolos son las personas que Dios elogia. ¿Qué induce a estas personas a tener este tipo de creencia? ¿Cuál es la esencia de esta cuestión? ¿A qué consecuencias puede llevar? Expongamos en primer lugar el tema de su esencia.

Estos asuntos relativos a los puntos de vista de las personas, sus prácticas, los principios que deciden practicar las personas y en qué hacen normalmente hincapié, no tienen fundamentalmente nada que ver con las exigencias de Dios respecto a la humanidad. Independientemente de si se están centrando en asuntos superficiales o profundos, en letras y doctrinas o realidad, las personas no se ciñen a lo que más deberían ajustarse ni saben lo que más deberían saber. Esto se debe a que la verdad no les gusta en absoluto. Por tanto, no están dispuestas a invertir tiempo y esfuerzo en la búsqueda y la práctica de principios en la palabra de Dios. Más bien prefieren utilizar atajos y resumir lo que entienden y lo que saben que es una buena práctica y un buen comportamiento. Este resumen pasa, pues, a ser para ellos el objetivo a perseguir, la verdad a practicar. La consecuencia directa es que las personas utilizan el buen comportamiento humano como sustituto de poner en práctica la verdad, algo que también satisface su deseo de congraciarse con Dios. Esto les proporciona un capital con el que lidiar con la verdad, razonar con Dios y debatir con Él. Al mismo tiempo, las personas también le dejan a Él de lado sin escrúpulos, y colocan al ídolo de su corazón en la posición de Dios. Sólo existe una causa fundamental por la que estas personas llevan a cabo estas acciones ignorantes, tienen estos puntos de vista ignorantes, o puntos de vista y prácticas parciales, y hoy os hablaré de ello. La razón es que aunque las personas puedan seguir a Dios, orarle y leer Su palabra cada día, no entienden realmente Su voluntad. Esta es la raíz del problema. Si alguien entiende el corazón de Dios, lo que a Él le gusta, lo que Él detesta, lo que quiere, lo que rechaza, a qué clase de persona ama, qué clase de persona no le gusta, qué tipo de estándar aplica a Sus exigencias al hombre, qué tipo de enfoque toma para perfeccionarle, ¿puede esa persona seguir teniendo sus propias ideas personales? ¿Puede simplemente ir y adorar a otro ser humano? ¿Puede una persona ordinaria ser su ídolo? Si uno entiende la voluntad de Dios, su punto de vista es algo más racional que todo eso. No van a idolatrar arbitrariamente a una persona corrupta ni tampoco creerán, mientras sigan el camino de poner en práctica la verdad, que ceñirse de forma arbitraria a unas simples reglas o principios equivale a esto último.

Existen muchas opiniones concernientes al estándar por el cual Dios establece el desenlace del hombre

Volvamos a este tema y sigamos exponiendo el asunto del resultado.

Como cada persona está preocupada con su final, ¿sabéis cómo lo determina Dios? ¿De qué manera establece el desenlace de una persona? ¿Y qué tipo de estándar utiliza para ello? Y cuando el final está aún por establecerse, ¿qué hace Dios para revelarlo? ¿Lo sabe alguien? Como acabo de decir, algunos ya han investigado la palabra de Dios durante mucho tiempo. Están buscando pistas sobre el desenlace de la humanidad, sobre las categorías en las que se divide, y sobre los diferentes desenlaces que esperan a los distintos tipos de personas. También quieren saber cómo establece la palabra de Dios el final del hombre, el tipo de estándar que Dios utiliza, y la manera como lo hace. No obstante, al final estas personas nunca consiguen encontrar nada. De hecho, en la palabra de Dios se dice muy poco al respecto. ¿Por qué es así? Como el final del hombre está aún por revelarse, Dios no quiere decirle a nadie lo que va a ocurrir al final ni desea comunicarle a nadie su destino antes de tiempo. La razón es que no tendría ningún beneficio para el hombre. Ahora, sólo quiero hablaros de la forma en que Dios establece el desenlace del hombre, de los principios que Él emplea en Su obra para hacerlo, y para manifestar dicho final, así como del estándar que utiliza para establecer si alguien puede o no sobrevivir. ¿No es esto lo que más os preocupa? ¿Cómo conciben, pues, las personas la forma en la que Dios establece el desenlace del hombre? Hace un momento hablasteis un poco sobre este asunto. Algunos de vosotros dijisteis que es cuestión de cumplir fielmente con los deberes, de esforzarse por Dios; otros afirmaron que se trata de obedecer y satisfacer a Dios; los hubo que aseveraron que era estando a la misericordia de Dios; y también quienes opinaron que llevando una vida discreta… Cuando ponéis estas verdades en práctica, cuando practicáis los principios de vuestra imaginación, ¿sabéis lo que Dios piensa? ¿Habéis considerado si actuar así está satisfaciendo los propósitos de Dios? ¿Si atiende a Su estándar? ¿A Sus exigencias? Creo que la mayoría de las personas no reflexiona realmente sobre ello. Se limitan a aplicar mecánicamente una parte de la palabra de Dios, de los sermones, o los estándares de cierto hombre espiritual al que adoran, obligándose a hacer esto o aquello. Creen que esta es la forma correcta, y siguen ciñéndose a ella, llevándola a cabo sin importar lo que ocurra al final. Algunas personas piensan: “He creído durante tantos años; siempre lo he hecho así; siento que he satisfecho realmente a Dios y que he obtenido mucho de ello. Porque he llegado a entender muchas verdades durante este período, y muchas cosas que antes no entendía; en particular, muchas de mis ideas y opiniones han cambiado, mis valores vitales han cambiado mucho, y tengo un entendimiento bastante bueno de este mundo”. Estas personas creen que se trata de una cosecha y que es el resultado final de la obra de Dios para el hombre. En vuestra opinión, con estos estándares y considerando todas vuestras prácticas en conjunto, ¿estáis satisfaciendo los propósitos de Dios? Algunas personas responderán con toda certeza: “¡Por supuesto! Estamos practicando según la palabra de Dios, de acuerdo con lo que el hermano predicó y comunicó; estamos cumpliendo siempre con nuestro deber, siguiendo constantemente a Dios, y nunca lo hemos dejado. Por tanto, podemos decir con total confianza que le estamos satisfaciendo. No importa cuánto entendamos los propósitos de Dios, cuánto comprendamos de Su palabra, siempre hemos buscado la senda de ser compatibles con Él. Si actuamos y practicamos de la forma correcta, el resultado será correcto”. ¿Qué pensáis de esta perspectiva? ¿Es correcta? Quizás haya quienes digan: “Nunca pensé en esto antes. Sólo creo que si continúo cumpliendo con mi deber y sigo actuando según las exigencias de la palabra de Dios, puedo sobrevivir. Nunca he considerado el poder satisfacer el corazón de Dios ni si estoy alcanzando el estándar que Él exige. Como Dios nunca me lo ha indicado ni me ha proporcionado instrucciones claras, creo que mientras siga así Él estará satisfecho y no debería de tener más exigencias para mí”. ¿Son estas unas creencias correctas? En lo que a Mí respecta, esta forma de practicar, de pensar, y estos puntos de vista traen consigo fantasías y un poco de ceguera. Cuando digo esto, tal vez algunos de vosotros os sintáis un poco desanimados: “¿Ceguera? Si es una 'ceguera', nuestra esperanza de salvación, de sobrevivir es muy escasa e incierta, ¿no es así? ¿No es Tu forma de expresarlo como derramar agua fría sobre nosotros?”. Creáis lo que creáis, lo que digo y hago no tiene el propósito de haceros sentir como si se hubiese derramado agua fría sobre vosotros. Más bien la intención es mejorar vuestro entendimiento de los propósitos de Dios, y vuestra comprensión de lo que Él está pensando, lo que quiere lograr, qué tipo de persona le gusta, qué detesta, qué desprecia, a qué tipo de persona quiere ganar, y cuál desdeña. La intención es aportar claridad a vuestra mente, ayudaros a saber con nitidez cuánto se han desviado del estándar exigido por Dios las acciones y los pensamientos de todos y cada uno de vosotros. ¿Es necesario hablar de estos temas? Porque sé que habéis creído durante mucho tiempo, y habéis escuchado mucha predicación, y sin embargo son precisamente las cosas de las que más carecéis. Es posible que hayáis recogido cada verdad en vuestro cuaderno como también aquello que os parece personalmente importante en vuestra mente y en vuestro corazón. Planeáis usarlo cuando estéis practicando, para satisfacer a Dios; lo usáis cuando os encontréis en necesidad o atravesando los tiempos difíciles que tenéis ante vuestros ojos; o simplemente dejáis que estas verdades os acompañen mientras vivís vuestra vida. En lo que a Mí respecta, si sólo estáis practicando, la exactitud con la que lo hagáis no es importante. ¿Qué es, pues, lo importante? Que mientras practiques tu corazón sepa con toda certeza si todo lo que estás haciendo, cada hecho, es o no lo que Dios quiere; si todo lo que haces, todo lo que piensas, así como el resultado y el objetivo de tu corazón satisfacen o no los propósitos de Dios, atienden o no a Sus exigencias, y si Él lo aprueba o no. Estas son las cosas importantes.

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