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La Palabra manifestada en carne (Continuación)

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Palabras Clásicas de Dios (Pasajes)

Entiende la actitud de Dios y abandona todas las ideas equivocadas sobre Él

¿Habéis pensado alguna vez en qué clase de Dios es este Dios en quien creéis ahora? Cuando Él ve que alguien malo hace cosas malas, ¿lo desprecia? (Lo desprecia.) Cuando observa los errores de las personas ignorantes, ¿cuál es Su actitud? (Tristeza.) Cuando ve personas robando Sus ofrendas, ¿cómo reacciona? (Las desprecia.) Todo esto queda muy claro, ¿verdad? Cuando ve a alguien descuidar su creencia en Él, y no buscar en absoluto la verdad, ¿cuál es la actitud de Dios? Esto ya no lo tenéis tan claro, ¿no es así? La despreocupación es una actitud, no es un pecado, y no ofende a Dios. Las personas creen que no debería considerarse una metedura de pata. ¿Cuál es, en tu opinión, la actitud de Dios? (No está dispuesto a responder a ello.) No está dispuesto a responder; ¿qué clase de actitud es esta? ¡Significa que Dios desprecia a estas personas, las desdeña! Trata con ellas dándoles la espalda. Su enfoque es dejarlas de lado, no involucrarse en ninguna obra relacionada con ellas, incluidos el esclarecimiento, la iluminación, el castigo o la disciplina. Sencillamente, este tipo de persona no cuenta en Su obra. ¿Cuál es la actitud de Dios hacia las personas que ofenden Su carácter y Sus decretos administrativos? ¡Desprecio extremo! ¡Las personas que no se arrepienten de afrentar el carácter de Dios lo enfurecen en extremo! Estar “enfurecido” es simplemente un sentimiento, un estado de ánimo; no puede representar una actitud clara. Pero este sentimiento, este estado de ánimo, dará lugar a un desenlace para esta persona: ¡llenará a Dios de absoluta aversión! ¿Cuál es la consecuencia de esta aversión total? Dios dejará de lado a esta persona, y no le responderá por el momento. Esperará a resolverlo durante la retribución. ¿Qué implica esto? ¿Sigue teniendo esta persona un desenlace? ¡Dios nunca pretendió dar un resultado a este tipo de persona! ¿No es normal, pues, que no le responda en el presente a este tipo de persona? (Sí.) ¿Cómo debería prepararse esta ahora? Debería disponerse a asumir las consecuencias negativas provocadas por su conducta, y por el mal que ha hecho. Esta es la respuesta de Dios a estas personas. Por tanto, a ellas les digo claramente: No os aferréis más a engaños, y dejad de involucraros en ilusiones. Dios no será para siempre tolerante con las personas; no soportará indefinidamente sus transgresiones ni su desobediencia. Algunos dirán: “Yo también he visto unas cuantas personas como esta. Cuando oran, Dios los toca de forma especial y lloran amargamente. Por lo general, suelen estar también muy contentos; parecen tener la presencia de Dios, y Su dirección”. ¡No pronunciéis semejante disparate! Llorar amargamente no significa necesariamente ser tocado por Dios o tener Su presencia, y mucho menos Su dirección. Si las personas enojan a Dios, ¿seguirá Él guiándolas? En general, cuando Dios ha determinado eliminar a alguien, abandonarlo, esa persona ya no tiene desenlace. No importan lo autocomplacientes que sean cuando oran ni cuánta confianza tengan en su corazón hacia Dios; esto carece ya de importancia. Lo importante es que Dios no necesita esa clase de confianza, que ya ha desdeñado a esa persona. La forma de tratar con ella después tampoco es ya relevante. Lo que cuenta es que en el momento en que esta persona enoja a Dios, su desenlace ya está establecido. Si Dios ha determinado no salvar a este tipo de persona, la dejará atrás para recibir el castigo. Esta es la actitud de Dios.

Aunque parte de la esencia de Dios sea el amor, y Él extienda misericordia a todos, las personas pasan por alto y olvidan el concepto de que Su esencia también es dignidad. Que Él tenga amor no quiere decir que las personas puedan ofenderle libremente y que Él no tenga ningún sentimiento o reacción. Que sea misericordioso no significa que no tenga principios en Su forma de tratar a las personas. Dios está vivo; Él existe realmente. No es un muñeco imaginario u otra cosa. Y ya que existe, deberíamos escuchar atentamente la voz de Su corazón en todo momento, prestar atención a Su actitud y entender Sus sentimientos. No deberíamos usar las imaginaciones de las personas para definir a Dios ni imponerle a Él los pensamientos y deseos de las personas, obligándole a emplear el estilo y el pensamiento del hombre en Su trato con la humanidad. Si lo haces, ¡estás enojando a Dios, estás tentando Su ira, y desafiando a Su dignidad! Por tanto, una vez hayáis comprendido la gravedad de este asunto, insto a todos y cada uno de vosotros aquí presentes a ser cautos y prudentes en vuestras acciones, en vuestro discurso. Respecto a vuestro trato con Dios, ¡cuanto más cautos y prudentes seáis, mejor! Cuando no entiendas cuál es la actitud de Dios, no hables con descuido, no seas negligente en tus acciones ni apliques etiquetas con irresponsabilidad. Más aún, no llegues a conclusiones de manera arbitraria. En su lugar, debes esperar y buscar; esto también es una manifestación del temor a Dios y de apartarse del mal. Si, por encima de todo, puedes alcanzar este punto y poseer esta actitud, entonces Dios no te culpará por tu estupidez, tu ignorancia y tu irracionalidad. En vez de ello, debido a tu miedo de ofender a Dios, tu respeto por Sus propósitos y tu actitud de estar dispuesto a obedecerlo, Él se acordará de ti, te guiará y te esclarecerá, o tolerará tu inmadurez e ignorancia. Por el contrario, si tu actitud hacia Él fuese irreverente —juzgando arbitrariamente a Dios, suponiendo y definiendo Sus ideas de forma caprichosa— Dios hará caer sobre ti condena, disciplina e incluso castigo; o te hará una declaración. Esta quizás implique tu desenlace. Por tanto, sigo queriendo hacer hincapié en esto una vez más, y avisar a todos los presentes de que sean cautos y prudentes con todo lo que viene de Dios. No hables con descuido ni seas irresponsable en tus actos. Antes de decir nada, deberías pensar: ¿Se enojará Dios si hago esto? ¿Hacer esto es temer a Dios? Hasta para los asuntos simples deberías seguir intentando realmente contestar estas preguntas y considerarlas. Si de verdad puedes practicar según estos principios en todas partes, en todas las cosas y en todo tiempo, sobre todo en lo que respecta a aquello que no entiendes, Dios te guiará siempre, y te mostrará la senda que debes seguir. No importa lo que las personas manifiesten: Dios lo ve todo con nitidez y claridad, y Su evaluación de estas demostraciones será precisa y adecuada. Después de que hayas experimentado la prueba final, Dios tomará todo tu comportamiento y lo recapitulará para establecer tu desenlace. Este resultado convencerá a todos sin la menor sombra de duda. Lo que me gustaría deciros es que todos vuestros hechos, todos vuestros actos y todos vuestros pensamientos decidirán vuestro destino.

¿Quién establece el desenlace del hombre?

Hay otro asunto de suma importancia, y es vuestra actitud hacia Dios. ¡Esta actitud es crucial! Determina si finalmente caminaréis hacia la destrucción, o hacia un bello destino que Dios ha preparado para vosotros. En la Era del Reino, Dios ya ha obrado durante más de veinte años, y a lo largo de ellos vuestros corazones quizás hayan estado un poco inseguros respecto a vuestra actuación. Sin embargo, Dios ha hecho en Su corazón un registro real y veraz para todos y cada uno de vosotros. Comenzando desde el momento en que cada persona empieza a seguirle, a escuchar Su predicación, y va entendiendo más y más de la verdad, hasta el instante en el que cumplen con su deber; Dios tiene constancia de todas estas demostraciones. Cuando alguien cumple con su deber, cuando se enfrenta a toda clase de circunstancias, de pruebas, ¿qué actitud manifiesta? ¿Cómo responde? ¿Qué siente hacia Dios en su corazón?… Él lleva un registro, una recopilación de todo esto. Es posible que, desde vuestro punto de vista, estos asuntos sean confusos. Sin embargo, desde la posición de Dios todos son muy claros, y no existe el más mínimo indicio de desorden. Es una cuestión que implica el desenlace de cada persona, así como su destino y sus expectativas futuras. Además, aquí es donde Dios invierte Sus esfuerzos más esmerados. De ahí que Él no se atreva a descuidarlo en lo más mínimo, y que no tolere desorden alguno. Dios está recopilando este informe sobre la humanidad, que abarca de principio a fin toda la trayectoria del hombre mientras este le ha seguido. Tu actitud hacia Dios en este momento determinará tu destino. ¿No es esto cierto? Ahora, ¿creéis que Dios es justo? ¿Son adecuadas Sus acciones? ¿Seguís teniendo otra imagen de Dios en vuestras cabezas? (No.) ¿Afirmáis, pues, que es Él quien debe establecer el desenlace del hombre, o es el propio hombre quien debe hacerlo? (Debe hacerlo Dios.) ¿Quién lo establece? (Dios.) No estáis seguros, ¿verdad? Hermanos y hermanas de las iglesias de Hong Kong, hablad; ¿quién lo establece? (El propio hombre lo establece.) ¿El hombre lo establece? ¿No significa esto, pues, que no tiene nada que ver con Dios? De las iglesias coreanas, ¿quién quiere contestar? (Dios establece el desenlace del hombre en base a todos sus actos y hechos, y al camino por el que andan.) Esta es una respuesta muy objetiva. Aquí hay una realidad que debo comunicaros: en el transcurso de la obra salvífica de Dios, Él establece un estándar para el hombre que es el que se usa para sopesar su desenlace: puede obedecer la palabra de Dios, y andar en Su camino. Si practicas de acuerdo con este estándar divino, puedes obtener un buen desenlace; si no lo haces, no podrás. ¿Quién decís entonces que establece este desenlace? No sólo Dios, sino más bien Dios y el hombre juntos. ¿Es correcto? (Sí.) ¿Por qué? Porque Dios quiere implicarse de forma activa en la obra salvífica en favor de la humanidad y preparar un hermoso destino para el hombre; el ser humano es el objetivo de la obra de Dios, y ese desenlace, ese destino, es lo que Dios prepara para él. De no haber tenido Su obra un objetivo, no habría tenido necesidad de llevarla a cabo; si Él no hiciese esta obra, el hombre no tendría oportunidad alguna de salvación. El hombre es el objetivo de la salvación, y aunque es el lado pasivo en este proceso, su actitud determina el éxito de Dios en Su obra de salvar a la humanidad. De no ser por la dirección que Dios te proporciona, tú no conocerías Su estándar ni tendrías un objetivo. Si posees este estándar, este objetivo, pero no colaboras, no lo pones en práctica, no pagas el precio, seguirás sin obtener este desenlace. Por esto decimos que este resultado no puede separarse de Dios ni del hombre. Y ahora ya sabéis quién establece el desenlace del hombre.

Las personas tienden a definir a Dios en base a la experiencia

Al comunicar el tema de conocer a Dios, ¿habéis notado algo? ¿Habéis percibido que la actitud actual de Dios ha experimentado un cambio? ¿Acaso es inmutable Su actitud hacia la humanidad? ¿Aguantará Dios siempre así, extendiendo todo Su amor y misericordia indefinidamente al hombre? Este asunto también implica la esencia de Dios. Volvamos a la cuestión anterior del denominado hijo pródigo. Cuando formulé esta pregunta, vuestras respuestas no fueron muy claras. En otras palabras, seguís sin comprender bien los propósitos de Dios. Una vez que las personas saben que Él ama a la humanidad, lo definen como un símbolo del amor: no importa lo que hagan las personas, cómo se comporten, cómo traten a Dios o lo desobedientes que sean, nada de esto importa, porque Dios tiene amor, y Su amor es ilimitado e inconmensurable. Dios tiene amor, así que puede ser tolerante con las personas, puede ser misericordioso con ellas, con su inmadurez, con su ignorancia, y con su desobediencia. ¿Son realmente así las cosas? Cuando han experimentado la paciencia de Dios una o más veces, algunos lo tratarán como algo primordial en su propio entendimiento de Dios, creyendo que Él será por siempre paciente y misericordioso con ellos, y que a lo largo de su vida tomarán la paciencia de Dios y la considerarán el estándar de cómo los trata Dios. También hay personas que, al haber experimentado una vez la tolerancia de Dios, lo definirán por siempre así, y esta tolerancia es indefinida, incondicional, e incluso totalmente carente de principios. ¿Son correctas estas creencias? Cada vez que se exponen asuntos de la esencia o del carácter de Dios, parecéis desconcertados. Veros así me enoja un poco. Habéis oído mucha verdad respecto a Su esencia; habéis escuchado, asimismo, muchos temas relativos a Su carácter. Sin embargo, en vuestras mentes, estos asuntos y la verdad de estos aspectos no son más que recuerdos basados en la teoría y en las palabras escritas. Ninguno de vosotros es capaz de experimentar exactamente lo que el carácter de Dios es en vuestras vidas actuales ni podéis ver sencillamente cuál es Su carácter. Por tanto, estáis todos confusos en vuestras creencias, todos creéis ciegamente, hasta el punto de que vuestra actitud es irreverente hacia Dios, y le ignoráis. ¿A qué os lleva este tipo de actitud hacia Él? A sacar siempre conclusiones sobre Él. Una vez adquirís un poco de conocimiento, os sentís muy satisfechos, como si hubierais conseguido a Dios en Su totalidad. A continuación, llegáis a la conclusión de que Dios es así, y no dejáis que se mueva con libertad. Y siempre que Él hace algo nuevo, simplemente no admitís que Él es Dios. Un día, cuando Él diga: “No amo más al hombre; no le extiendo más misericordia; no tengo más tolerancia o paciencia con él; me invaden un desprecio y una antipatía extremos hacia él”, las personas entrarán en conflicto con este tipo de declaraciones desde lo más profundo de sus corazones. Algunos llegarán a decir: “Ya no eres mi Dios; has dejado de ser el Dios al que quiero seguir. Si esta es Tu afirmación, ya no estás cualificado para ser mi Dios, y no necesito seguirte más. Si no me concedes misericordia, no me das amor, no me das tolerancia, dejaré de seguirte. Sólo si eres indefinidamente tolerante conmigo, si siempre eres paciente conmigo, y si me permites ver que eres amor, paciencia, y tolerancia; sólo entonces puedo seguirte, y tener la confianza de continuar hasta el final. Al contar con Tu paciencia y Tu misericordia, mi desobediencia y mis transgresiones podrán ser perdonadas indefinidamente, y yo podré pecar, confesar y ser perdonado, y enojarte en cualquier momento y lugar. No deberías tener Tus propias ideas o conclusiones sobre mí”. Aunque es posible que no pienses de una manera tan subjetiva y consciente sobre este tipo de cuestión, siempre que consideres a Dios una herramienta para que tus pecados sean perdonados y un objeto que usas para obtener un hermoso destino, ya has situado imperceptiblemente al Dios vivo en oposición contra ti, como enemigo tuyo. Esto es lo que veo. Puedes seguir diciendo: “Creo en Dios”; “Busco la verdad”; “Quiero cambiar mi carácter”; “Quiero librarme de la influencia de las tinieblas”; “Quiero satisfacer a Dios”; “Quiero obedecer a Dios”; “Quiero ser fiel a Dios, y cumplir bien con mi deber”; etc. Sin embargo, por hermosas que suenen tus palabras, por mucha teoría que sepas, por imponente y solemne que esta sea, la realidad es que ahora muchos de vosotros ya habéis aprendido a usar las reglas, la doctrina, la teoría dominada para sacar conclusiones sobre Dios, y lo habéis puesto en vuestra contra de una forma totalmente natural. Aunque hayas dominado letras y doctrinas, no has entrado en absoluto en la realidad de la verdad; por tanto, es muy difícil que te acerques a Dios, que lo conozcas y lo entiendas. ¡Esto es patético!

Vi esta escena en un video: unas cuantas hermanas sostenían un libro de “La Palabra manifestada en carne”, y lo levantaban muy alto. Lo sostenían en medio de ellas, por encima de sus cabezas. Aunque sólo es una imagen, lo que evoca dentro de Mi no lo es. Más bien, me hace pensar que lo que cada persona sostiene muy arriba en su corazón no es la palabra de Dios, sino el libro de la palabra de Dios. Este asunto es muy deprimente. Esta forma de practicar no es un simple ejemplo de exaltar a Dios. Más bien, al no entenderle, la más mínima pregunta obvia provoca que surjan vuestras propias nociones. Cuando os hago preguntas, cuando me pongo serio con vosotros, respondéis con conjeturas y con vuestras propias imaginaciones; algunos de vosotros adoptáis incluso un tono dudoso y preguntáis de nuevo. Esto me confirma con mayor claridad que el Dios en quien creéis no es el Dios verdadero. Después de leer Su palabra durante tantos años, la usáis, utilizáis Su obra y más doctrinas para sacar conclusiones sobre Él una vez más. Además, nunca intentáis entenderle, descifrar Sus propósitos, ni comprender cuál es Su actitud hacia el hombre; o cómo piensa Él, por qué está triste, por qué está enojado, por qué rechaza a las personas, y otras preguntas por el estilo. Es más, incluso aumentan los que creen que Dios ha estado siempre en silencio, porque se limita a observar las acciones de la humanidad, porque no tiene una actitud hacia ella ni posee Sus propias ideas. Otro grupo va aún más lejos. Creen que Dios no pronuncia palabra, porque ha consentido, porque está esperando, porque no tiene actitud, o porque ya la ha explicado a fondo en el libro, se ha expresado en su totalidad a la humanidad, y ya no necesita que repita una y otra vez a las personas. Aunque Dios esté en silencio, sigue teniendo una actitud, un punto de vista y exigiéndoles un estándar a las personas. Aunque estas no intenten entenderle ni traten de buscarle, Su actitud es muy clara. Considerad a alguien que una vez siguió a Dios con entusiasmo, pero en algún momento lo abandonó y se marchó. Si esta persona quisiese volver ahora, es sorprendente que no sepáis cuál sería el punto de vista de Dios ni Su actitud. ¿No es esto patético? De hecho, es un asunto bastante superficial. Si de verdad entendierais el corazón de Dios, conoceríais Su actitud hacia este tipo de persona, y vuestra respuesta no sería ambigua. Como no sabéis, permitid que Yo os ponga al corriente.

La actitud de Dios hacia quienes huyen durante Su obra

Encontraréis este tipo de persona en todas partes: después de haber estado seguras respecto al camino de Dios, por diversas razones se marchan en silencio, sin despedirse, para ir y hacer lo que su corazón desea. Por el momento no nos detendremos en por qué lo hacen. Primero echaremos un vistazo a la actitud de Dios hacia este tipo de persona. ¡Está muy claro! Desde el momento en que se va, a los ojos de Dios su creencia ha llegado a su fin. No la ha acabado el individuo, sino Dios. Que esta persona le dejase significa que ya lo había rechazado, que ya no lo amaba. Significa que no acepta la salvación de Dios. Y si esta persona no quiere a Dios, ¿seguirá Él queriéndola? Además, cuando esta persona tiene esta actitud, esta opinión, y está decidida a abandonar a Dios, ya ha ofendido Su carácter. Aunque no estalló de ira ni maldijo a Dios ni se involucró en conducta vil o excesiva alguna, y aunque esta persona esté pensando: Si llega un día en que ya esté harto de divertirme fuera, o cuando siga necesitando a Dios para algo, volveré. O si Dios me lo pide, regresaré. O dice: Cuando me lastimen en el exterior, cuando vea que el mundo es allí demasiado oscuro y malvado, y ya no quiera seguir su corriente, retornaré a Dios. Aunque esta persona haya calculado en su mente el punto en el que va a volver, aunque haya dejado abierta la puerta para su regreso, no es consciente de que independientemente de cómo piense y planifique, todo esto no son más que ilusiones. Su mayor error es no tener claro cómo se siente Dios cuando ellos quieren marcharse. Empezando por el momento concreto en que la persona se decide a dejar a Dios, Él ya la ha abandonado; ya ha establecido su desenlace en Su corazón. ¿Y cuál es? Que esta persona es uno de los hámsteres, y perecerá con ellos. De modo que las personas ven a menudo este tipo de situación: alguien abandona a Dios, pero no recibe castigo. Dios opera según Sus propios principios. Las personas sólo pueden ver algunas cosas, pero otras sólo se deciden en el corazón de Dios, por lo que ellas no pueden ver el resultado. Lo que las personas ven no es necesariamente el lado verdadero de las cosas; pero el otro lado, el que tú no ves, son los verdaderos pensamientos y conclusiones del corazón de Dios.

Las personas que huyen durante la obra de Dios son los que abandonan el camino verdadero

¿Por qué puede Dios proporcionar un castigo tan grave a este tipo de persona? ¿Por qué está tan enfurecido con ellas? En primer lugar, sabemos que el carácter de Dios es majestad e ira. Él no es una oveja a la que cualquiera puede matar; más aún, no es un muñeco para que las personas lo controlen como quieran. Tampoco es aire que alguien pueda manejar a su antojo. Si crees realmente que Dios existe, debes tener un corazón que teme a Dios y debes saber que no se debe enojar a la esencia de Dios. Este enojo puede ser causado por una palabra, tal vez por un pensamiento o por cierto tipo de comportamiento vil; quizá por un comportamiento apacible, una conducta que sea aceptable a los ojos y a la ética del hombre; o quizás sea causado por una doctrina, una teoría. Sin embargo, una vez que enojas a Dios, has perdido tu oportunidad y han llegado tus últimos días. ¡Esto es algo terrible! Si no entiendes que no se puede ofender a Dios, es posible que no le tengas miedo, y le ofendas constantemente. Si no sabes cómo temer a Dios, eres incapaz de hacerlo, y desconocerás la forma de situarte en la senda para andar en Su camino: temer a Dios y apartarse del mal. Una vez que te das cuenta de ello, puedes tomar consciencia de que a Dios no se le puede ofender y entonces sabrás lo que es temer a Dios y apartarse del mal.

Andar en el camino de temer a Dios y apartarse del mal no tiene que ver necesariamente con la cantidad de verdad que conozcas, con cuántas pruebas hayas experimentado ni con cuánta disciplina hayas recibido. Más bien depende de la esencia de tu corazón respecto a Dios, y de tu actitud hacia Él. La esencia de las personas y sus actitudes subjetivas son muy importantes y fundamentales. En cuanto a quienes han renunciado y dejado a Dios, su actitud despreciable hacia Él y sus corazones que desprecian la verdad han ofendido el carácter de Dios; por tanto, en lo que a Él respecta nunca serán perdonados. Han sabido de la existencia de Dios, han recibido la información de que Él ya ha llegado, han experimentado Su nueva obra. Que ellos se hayan marchado no es un ejemplo de haber sido engañado ni de que se sientan confusos sobre ello. Y menos aún se les ha obligado a ello. Más bien, ellos han elegido dejar a Dios de forma consciente y con una mente clara. Su partida no se debe a que hayan perdido el rumbo ni a que hayan sido abandonados. A los ojos de Dios no son, pues, un cordero descarriado del rebaño, y mucho menos un hijo pródigo que ha perdido su rumbo. Se marcharon con impunidad, y esa condición, esa situación, ofende al carácter de Dios; a partir de esta ofensa, Él les da un desenlace sin esperanza. ¿No es terrible este tipo de resultado? De manera que, si las personas no conocen a Dios, lo pueden ofender. ¡Este no es un asunto baladí! Si alguien no se toma en serio la actitud de Dios, y sigue creyendo que Él está esperando su regreso —porque son uno de los corderos perdidos de Dios, y Él sigue esperando que experimenten un cambio de corazón— esta persona no dista mucho de su día de castigo. Dios no se limitará a negarse a admitirla. Es la segunda vez que ofende Su carácter; ¡es un tema aún más terrible! La actitud irreverente de esta persona ya ha ofendido el decreto administrativo de Dios. ¿Seguirá Él admitiéndola? Los principios de Dios respecto a este asunto son: si alguien ha tenido la certeza de cuál es el camino verdadero, pero sigue pudiendo rechazar a Dios conscientemente y con una mente clara, y distanciarse de Él, Dios bloqueará el camino a su salvación, y la puerta del reino se cerrará para ellos desde ese momento. Cuando esta persona venga a llamar una vez más, Dios no le abrirá de nuevo. La dejará fuera para siempre. Quizás algunos de vosotros hayáis leído la historia de Moisés en la Biblia. Después de que Dios lo ungiese, los 250 líderes no estaban satisfechos con él por sus actos y otras razones diversas. ¿A quién se negaron a obedecer? No fue a Moisés. Se negaron a obedecer las disposiciones de Dios, Su obra respecto a este asunto. Dijeron lo siguiente: “¡Vosotros os hacéis cargo de demasiadas cosas! Viendo que toda la congregación es santa, cada uno de ellos, y que Jehová está entre ellos…”. A los ojos del hombre, ¿son graves estas palabras? ¡No lo son! Al menos su significado literal no lo es. En un sentido legal, no quebrantan ley alguna, porque en apariencia no es un lenguaje, o un vocabulario, hostil, y mucho menos tiene un significado blasfemo. Sólo es una frase corriente, nada más. ¿Por qué desatan entonces semejante furia en Dios? Es porque no van dirigidas a personas, sino a Dios. La actitud y el carácter que expresan son precisamente lo que ofende el carácter de Dios, sobre todo aquello del carácter de Dios que no se debe ofender. Todos conocemos el desenlace final. Respecto a quienes abandonaron a Dios, ¿cuál es su punto de vista? ¿Cuál es su actitud? ¿Y por qué conducen a que Dios lidie con ellos de semejante forma? La razón es que saben claramente que Él es Dios pero siguen eligiendo traicionarlo. Por eso se les despoja por completo de su oportunidad de salvación. Como expresa la Biblia: “Ya que si pecamos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, no hay más sacrificio por los pecados”. ¿Os queda esto claro ahora?

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