Palabras diarias de Dios | Fragmento 190 | "La obra y la entrada (1)"

Al perfeccionar a los hombres y transformar su carácter, la obra de Dios nunca cesa, porque el hombre es deficiente en demasiados sentidos y no llegan ni de lejos a los estándares establecidos por Él. Y por tanto puede decirse que, a ojos de Dios, seréis eternamente bebés recién nacidos, portadores de muy pocos de los elementos que le agradan, porque no sois nada sino criaturas en Sus manos. Si una persona cae en la autocomplacencia, ¿no lo aborrecerá Dios? Decir que podéis satisfacer a Dios hoy es hablar desde la perspectiva limitada de vuestro cuerpo carnal; si de verdad os tuvierais que enfrentar a Dios siempre seríais derrotados en la batalla. La carne del hombre nunca ha conocido la victoria. Sólo a través de la obra del Espíritu Santo es posible para el hombre tener puntos favorables. En verdad, de las innumerables cosas de la creación de Dios, el hombre es la más baja. Aunque es el señor de todas las cosas, el ser humano es el único que está sujeto a las artimañas de Satanás, el único que cae presa de su corrupción, en formas innumerables. Nunca ha tenido soberanía sobre sí mismo. La mayoría de las personas viven en el inmundo lugar de Satanás y sufren su burla; él les toma el pelo de una forma y de otra, hasta que están solo medio muertos, soportando todas las vicisitudes, todas las dificultades del mundo humano. Después de jugar con ellos, Satanás pone fin a su destino. Y así, ellos van pasando toda su vida en el aturdimiento de la confusión, sin disfrutar ni una vez de las buenas cosas que Dios ha preparado para ellos, sino dejándose perjudicar por Satanás y quedando destrozados. Hoy están tan debilitados y apáticos que no tienen inclinación alguna por hacer caso a la obra de Dios. Cuando esto ocurre, la experiencia de las personas está condenada para siempre a permanecer fragmentada e incompleta, y su entrada será eternamente un espacio vacío. En los varios miles de años transcurridos desde que Dios vino al mundo, ha utilizado a muchos hombres de nobles ideales para obrar a lo largo de numerosos años; sin embargo, los que conocen Su obra son tan pocos que casi son inexistentes. Por esta razón, innumerables personas asumen el papel de resistirse a Dios a la vez que obran por Él porque, en lugar de llevar a cabo Su obra, en realidad hacen una obra humana en una posición conferida por Dios. ¿Puede esto llamarse obra? ¿Cómo pueden entrar? La humanidad ha tomado la gracia de Dios y la ha enterrado. Por ello, en las generaciones pasadas, los que hacen Su obra tienen poca entrada. Sencillamente no hablan de conocer la obra de Dios, por lo poco que entienden de la sabiduría de Dios. Se puede decir que, aunque son muchos los que sirven a Dios, no han sido capaces de ver lo exaltado que Él es y, por esta razón, todos se han colocado en el lugar de Dios para que otros los adoren.

Durante tantos años, Dios ha permanecido escondido dentro de la creación; a lo largo de numerosas primaveras y otoños ha estado observando, tras un velo de neblina; ha mirado desde el tercer cielo durante muchos días y noches; ha caminado entre los hombres por incontables meses y años. Se ha sentado por encima de todos los hombres, esperando tranquilamente a lo largo de muchos inviernos fríos. Ni una vez se ha mostrado abiertamente a nadie ni ha emitido sonido alguno; y Él se marcha sin que se note, y regresa con el mismo silencio. ¿Quién conoce Su verdadero rostro? Ni una vez le ha hablado al hombre y tampoco se le ha aparecido. ¿Cómo de fácil les resulta a las personas llevar a cabo la obra encomendada por Dios? Apenas entienden que conocerle es lo más difícil de todo. Hoy, Dios le ha hablado al hombre, pero este nunca lo ha conocido, porque su entrada a la vida es demasiado limitada y superficial. Desde Su perspectiva, las personas son totalmente inadecuadas para presentarse delante de Él. Poseen un entendimiento demasiado pequeño de Dios y están separados demasiado de Él. Además, el corazón con el que creen en Dios es demasiado complicado, y sencillamente no conservan Su imagen en lo más profundo de su ser. Como resultado, el laborioso esfuerzo de Dios y Su obra, como piezas de oro enterradas en la arena, no pueden emitir destello alguno de luz. Para Dios, el calibre, los motivos y las opiniones de esas personas son repugnantes en extremo. Empobrecidos en su capacidad de recibir, sin sentimientos hasta la insensibilidad, degradados y degenerados, excesivamente serviles, débiles y sin fuerza de voluntad, deben ser guiados como ganado y caballos. En cuanto a su entrada en el espíritu o en la obra de Dios, no prestan la más mínima atención, no poseen ni una pizca de determinación para sufrir por amor a la verdad. No será fácil que este tipo de persona sea completada por Dios. Por eso es fundamental que emprendáis vuestra entrada desde este ángulo, que por medio de vuestra obra y vuestra entrada empecéis a acercaros al conocimiento de la obra de Dios.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

Los desastres son frecuentes. ¿Quieres saber cómo recibir al Señor antes de los grandes? Contáctanos ahora y exploremos juntos para encontrar el camino.
Contáctanos
Contacta con nosotros por WhatsApp

Contenido relacionado