Palabras sobre otros temas (Fragmento 82)

(Respondiendo preguntas de hermanos y hermanas)

(Sigo estando constreñido por mi afecto hacia mi familia durante el cumplimiento de mi deber. Los echo de menos a menudo, y eso afecta a mi desempeño. Mi estado ha mejorado un poco últimamente, pero a veces me sigue preocupando que el gran dragón rojo arreste a miembros de mi familia para amenazarme a mí, y me temo que entonces no seré capaz de mantenerme firme). Se trata de miedos infundados. Cuando pienses sobre estas cosas, tienes que buscar la verdad para encontrar una determinación. Tienes que entender que sean cuales sean las circunstancias a las que te enfrentes, Dios las ha instrumentado y dispuesto. Debes aprender a someterte a Dios y ser capaz de buscar la verdad y mantenerte firme cuando te enfrentes a situaciones. Esta es una lección que la gente ha de aprender. Debes contemplar a menudo estas cuestiones: ¿Cómo estás experimentando el riego y pastoreo de Dios durante este periodo de tiempo? ¿Cuál es tu estatura real? ¿Cómo debes desempeñar el deber de un ser creado? Tienes que averiguar tales cosas. Si puedes pensar en la amenaza del gran dragón rojo que se cierne sobre ti, entonces ¿por qué no piensas en cómo entrar en la verdad? ¿Por qué no reflexionas sobre la verdad? (Cuando me vienen estos pensamientos, oro a Dios y me comprometo a que, si un día llego a enfrentarme de veras a estas circunstancias, me mantendré fiel a Dios hasta la muerte. Sin embargo, temo que no seré capaz de conseguirlo con mi escasa estatura). Entonces oras: “Dios, temo que no seré capaz de lograrlo con mi escasa estatura. Tengo un miedo atroz. Te ruego que no hagas eso. Puedes hacerlo cuando aumente de estatura”. ¿Es esta una buena manera de orar? (No). Debes orar así: “Dios, soy de pequeña estatura y ahora tengo poca fe, tengo miedo de enfrentarme a algo. De hecho, en realidad no creo que todos los asuntos y todas las cosas estén en Tus manos. No me he puesto en Tus manos, ¡menuda rebeldía! Estoy dispuesto a someterme a Tus arreglos e instrumentaciones. Hagas lo que hagas, mi corazón está dispuesto a dar testimonio para Ti. Estoy dispuesto a mantenerme firme en mi testimonio sin deshonrarte. Por favor, haz Tu voluntad”. Debes presentar ante Dios tus aspiraciones y lo que quieras decir: así es cómo generas auténtica fe. Si incluso dudas de orar de este modo, ¡qué pequeña debe ser tu fe! Te hace falta orar a menudo de esta manera. Aunque ores así, Dios no responderá necesariamente. Él no carga a nadie con más de lo que puede soportar, pero si dejas clara tu postura y tu determinación, Dios quedará complacido. Cuando Él esté complacido, este asunto no perturbará ni constreñirá más tu corazón. “Cosas como el marido, los niños, la familia, las propiedades… todo eso está en manos de Dios. No significan nada. El universo al completo está en manos de Dios. ¿Acaso no está también mi familia en Sus manos? ¿De qué sirve que me preocupe por ellos? No tengo voz ni voto, no tengo poder ni puedo protegerlos. Su destino y todo lo relacionado con ellos está en manos de Dios”. Has de tener fe para presentarte ante Dios y orar, contar con una firme determinación y decidirte a someterte a los arreglos de Dios. Entonces, cambiará tu estado interior. Ya no tendrás más preocupaciones ni te preocuparás más. No serás excesivamente cauto ni rebosarás de aprensión en cada cosa que hagas. Mientras el resto avanza hacia delante, tú te quedas atrás, queriendo siempre escapar, ¿no es eso propio de un cobarde? Cuando el pueblo de Dios desempeña su deber en el reino y los seres creados lo hacen ante el Creador, deberían avanzar con calma y con un corazón temeroso de Dios. No deberían ir a tientas, encogerse o andar con pies de plomo. Si sabes que este estado es incorrecto y te preocupas constantemente en lugar de buscar la verdad para resolverlo, entonces te está constriñendo y atando, y no serás capaz de cumplir con tu deber. Quieres cumplir con tu deber como ser creado con todo tu corazón, toda tu mente y todas tus fuerzas, pero ¿puedes lograrlo? No puedes llegar al punto de dedicarle todo tu corazón porque este no se encuentra en tu deber, como mucho has comprometido una décima parte de él. Sin todo tu corazón, ¿cómo podrías dar toda tu mente y tu fuerza? Tu corazón no está en tu deber, y lo único que tienes es un poco de voluntad para cumplirlo. ¿Puedes realmente desempeñar bien tu deber con todo tu corazón y toda tu mente? No posees la determinación de practicar la verdad, por lo que te verás limitado por la familia y tu afecto hacia ella. Te atarán de pies y manos; controlarán tus pensamientos y tu corazón, y te quedarás corto en cuanto a la verdad y los requerimientos de Dios. Contarás con la disposición, pero te faltarán las fuerzas. Por tanto, debes orar ante Dios, entender por una parte Sus intenciones, al tiempo que además conoces cuál es tu posición como ser creado. Debes tomar la determinación y la postura que deberías adoptar y colocarlas ante Dios. Esta es la postura que debes tener. ¿Por qué otras personas no tienen esas preocupaciones? ¿Crees que no tienen familia o dificultades semejantes? De hecho, todo el mundo tiene ciertos enredos carnales y familiares, pero algunas personas pueden resolverlos orando a Dios y buscando la verdad. Tras un periodo de búsqueda, desentrañan estos afectos de la carne y los desprenden de su corazón. Entonces, estas cosas ya no son dificultades para ellos, y no los controlan ni constriñen. No afectan a su desempeño de los deberes, así que se liberan. Una línea de las palabras de Dios en la Biblia dice: “Cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:33). ¿Qué es eso de renunciar a todas las posesiones? ¿Qué significa “todas”? Cosas como el estatus, la fama y la ganancia, la familia, los amigos y las propiedades, todo eso está incluido en la palabra “todas”. Entonces, ¿qué cosas ocupan un lugar importante en tu corazón? Para algunos son los niños, para otros sus padres, para algunos es la riqueza y para otros tantos el estatus, la fama y la ganancia. Si atesoras estas cosas, entonces te van a controlar. Si no las atesoras y te desprendes por completo de ellas, entonces no pueden controlarte. Simplemente depende de cuál sea tu postura respecto a ellas y cómo las manejes.

Tenéis que entender que, sin importar en qué momento o etapa esté Dios realizando Su obra, siempre necesita a un grupo de personas que trabajen junto a Él. Dios predestina que cooperen en Su obra o en difundir el evangelio. Entonces, ¿tiene Dios una comisión para cada persona que ha predestinado? Todas tienen una, al igual que también una misión y una responsabilidad. Cuando Dios te encarga una comisión, eso se convierte en tu responsabilidad. Tienes que aceptarla, es tu deber. ¿Qué es el deber? Es la misión que Dios te ha encomendado. ¿Qué es una misión? (La comisión de Dios es la misión del hombre. Uno debe vivir su vida para la comisión de Dios. Esta comisión es lo único que hay en su corazón, y no se debe vivir por nada más). La comprensión correcta es que la comisión de Dios es la misión del hombre. Aquellos que creen en Dios fueron enviados a la tierra para completar la comisión de Dios. Si lo único que buscas en esta vida es subir en la escala social, amasar fortuna, vivir una buena vida, disfrutar de estar cerca de la familia y gozar de la fama, la ganancia y el estatus, si obtienes estatus social, tu familia se vuelve prominente y todos sus miembros están sanos y salvos, pero ignoras la misión que te ha encomendado Dios, ¿tiene algún valor esta vida que estás viviendo? ¿Cómo responderás ante Dios después de morir? No podrás hacerlo, y esa es la mayor rebeldía, ¡es el mayor pecado! ¿Quién de vosotros está desempeñando ahora mismo su deber en la casa de Dios por accidente? Fuera cual fuera el trasfondo del que vinierais para cumplir con vuestro deber, nada de ello fue por casualidad. Este deber no se puede desempeñar solo buscando a unos cuantos creyentes al azar; esto fue algo que Dios predestinó antes de las eras. ¿Qué significa que algo fuera predestinado? ¿Qué en concreto? Significa que en Su plan de gestión al completo, hace mucho que Dios planeó cuántas veces estarías en la tierra, en qué linaje y familia nacerías en los últimos días, cuáles serían las circunstancias de esta familia, si serías hombre o mujer, cuáles serían tus puntos fuertes, qué nivel de educación tendrías, cómo de elocuente serías, cuál sería tu calibre y qué aspecto tendrías. Él planeó la edad en que llegarías a la casa de Dios y comenzarías a cumplir con tu deber, qué deber realizarías y en qué momento. Al principio, Dios predestinó cada uno de tus pasos. Cuando aún no habías nacido y cuando llegaste a la tierra en tus últimas vidas, Dios ya había arreglado para ti qué deber cumplirías en esta etapa final de la obra. ¡No es ninguna broma! El hecho de que seas capaz de oír aquí un sermón lo predestinó Dios. Esto no se debe tomar a la ligera. Asimismo, tu altura, tu apariencia, cómo son tus ojos, tu figura, tu estado de salud, cuáles son tus experiencias de vida y de qué deberes eres capaz de encargarte a cierta edad, y qué clase de calibre y habilidad posees; todo ello te lo predestinó Dios hace mucho, y desde luego no es algo que se esté disponiendo ahora. Dios lo predestinó para ti hace mucho, es decir, si Él tiene intención de utilizarte, ya te habrá preparado antes de confiarte esta comisión y esta misión. Entonces, ¿es aceptable que huyas de ellas? ¿Es aceptable que las hagas a medias? Ambas cosas son inaceptables; ¡eso sería defraudar a Dios! Renunciar a tu deber es la peor clase de rebeldía. Es un acto atroz. Dios ha obrado a conciencia y con seriedad, predestinando desde tiempos inmemoriales que llegaras hasta hoy y recibieras esta misión. ¿No es esta misión entonces tu responsabilidad? ¿No es lo que da valor a tu vida? Si no cumples la misión que Dios te ha confiado, pierdes el valor y el sentido de la vida; es como si hubieras vivido en vano. Dios dispuso las condiciones, el entorno y el trasfondo adecuados para ti. Te concedió este calibre y esta habilidad, te preparó para vivir hasta esta edad, y te preparó para tener todas las calificaciones que necesitarías para desempeñar este deber tuyo. Él ha dispuesto todo esto para ti, y sin embargo no te estás aplicando en cumplir bien con este deber. No puedes soportar la tentación y eliges escapar, siempre buscas vivir una buena vida y perseguir las cosas mundanas. Posees el don y la habilidad que Dios te ha concedido y sirves a Satanás con ellos, vives para Satanás. ¿Cómo hace sentir esto a Dios? Al ver defraudadas de este modo Sus esperanzas en ti, ¿acaso no te detestaría? ¿No te odiaría? Desencadenaría una enorme ira sobre ti. ¿Y se consideraría zanjado entonces este asunto? ¿Sería tan simple como imaginas? ¿Crees que si no completas tu misión en esta vida, todo acaba con tu muerte? No termina ahí, tu alma estará entonces en peligro. No desempeñaste tu deber, no aceptaste la comisión de Dios y huiste de Su presencia. Las cosas se han puesto graves. ¿Hacia dónde puedes correr? ¿Puedes escapar de las manos de Dios? ¿Cómo clasifica Dios a esta clase de persona? (Son los que lo han traicionado). ¿Cómo define Dios a aquellos que lo han traicionado? ¿Cómo clasifica Dios a las personas que han huido de Su asiento del juicio? Serán las que sufran la perdición y sean destruidas. Nunca habrá otra vida u otro renacimiento para ti, y es posible que Dios no te conceda ninguna otra comisión. Ya no hay ninguna misión para ti y no tienes oportunidad de recibir la salvación. Esto supone un serio problema. Dios dirá: “Esta persona ha escapado una vez ante Mis ojos, ha escapado de Mi asiento del juicio y de Mi presencia. No ha llevado a cabo su misión ni completado su comisión. Su vida acaba aquí. Se acabó, ha llegado a su final”. ¡Menuda tragedia! Para que hoy podáis desempeñar vuestro deber en la casa de Dios, ya sea grande o pequeño, ya sea físico o mental, y ya se trate de manejar los temas externos o el trabajo interno, nadie cumple con su deber por accidente. ¿Cómo puede ser esta tu elección? Todo esto lo dirige Dios. La comisión de Dios es el motivo primordial de que estés así de conmovido, tengas este sentido de la misión y de la responsabilidad, y puedas desempeñar este deber. Hay muchos entre los no creyentes con buena apariencia, conocimiento o talento, pero ¿acaso los favorece Dios? No. Dios no los eligió, y Él solo os favorece a vosotros. Os hace adoptar toda clase de roles, desempeñar toda clase de deberes y asumir diferentes tipos de responsabilidades en Su obra de gestión. Cuando el plan de gestión de Dios acabe por culminar y se consiga, ¡será una enorme gloria y un gran privilegio! Entonces, cuando la gente padezca algunas dificultades mientras desempeña su deber hoy en día, cuando tenga que renunciar a cosas, gastarse un poco y pagar cierto precio, cuando pierda su estatus y su fama y ganancia en el mundo, y cuando todas estas cosas hayan desaparecido, podrá parecer que Dios se lo ha quitado todo, pero han ganado algo más precioso y de mayor valor. ¿Qué ha ganado la gente de Dios? Ha ganado la verdad y vida cumpliendo con su deber. Solo cuando has desempeñado bien tu deber, has completado la comisión de Dios, vives toda tu vida para tu misión y la comisión que Dios te ha asignado, tienes un hermoso testimonio, y vives una vida con valor, ¡solo entonces eres una persona de verdad! ¿Y por qué digo que eres una persona de verdad? Porque Dios te ha escogido y te ha hecho cumplir con tu deber como ser creado dentro de Su gestión. Este es el mayor valor y significado en tu vida.

Dios no pide mucho de la gente. Cuando Él te encarga una comisión y una responsabilidad, si dices que tienes poca fe y que este es el mayor esfuerzo que puedes ofrecer, que esto es lo máximo que puedes dar y que estas son las cosas que puedes asumir, entonces Dios no te va a forzar. No se trata de que vaya a quedarse insatisfecho si te pide que des un cien por cien y tú le das un noventa y cinco, tampoco va a dejarte ir ni va a empujarte y urgirte constantemente a que alcances el cien por cien que Él te pide. Dios no hará nada de eso. En cambio, hará que paulatinamente aumente tu esfuerzo, paso a paso, conforme a tu estatura, tu energía y a lo que eres capaz de hacer. Dios es justo y razonable en Su obra. No fuerza a nadie, te deja sentirte cómodo y tranquilo, te permite sentir que es capaz de entenderte y de ser considerado contigo en todo lo que haces. La gente debe ser consciente del denodado esfuerzo de Dios, así como de Su misericordia, cariño y tolerancia hacia la humanidad. ¿Qué debe hacer entonces la gente y cómo debe cooperar? Respecto a cooperar: “Debo esforzarme para satisfacer las intenciones de Dios. Él quiere un cien por cien de mí, no voy a dar solo el treinta si soy capaz de dar el sesenta. Emplearé todas mis fuerzas. No seré escurridizo, no tomaré atajos ni mi mentalidad será depender de la suerte”. Así estará bien. Dios se fija en el corazón del hombre. No tiene requerimientos uniformes para todas las personas; no es que tengas que abandonar a tus hijos y tu familia o renunciar a tu trabajo porque otro lo haya hecho. Dios no adopta un enfoque único para todo el mundo. Te hace requerimientos acordes a tu estatura y a lo que puedes lograr. Entonces, no hay necesidad de que sientas ninguna preocupación o presión alguna. Ora ante Dios en función de lo que seas capaz de lograr. Sean cuales sean las adversidades o limitaciones a las que estés sometido, no las eludas. No permitas que te afecten. Ese es el camino correcto. Una vez que te afecten, seguirás pensando: “No lo he hecho muy bien. Dios no está contento conmigo, ¿verdad? He de tener mucho cuidado. No puedo presionar demasiado, he de dejar algo de espacio para respirar”. Eso está mal, es malinterpretar a Dios. Cada etapa gradual de esta clase de experiencia hace que a la gente le parezca cada vez más que su fe es demasiado pequeña, hasta el punto de que pueden llegar incluso a dudar de Dios a causa de sus nociones y figuraciones, igual que en el dicho “evaluar lo noble según los estándares de lo innoble”. Creen en Dios, pero temen depender de Él; creen en la soberanía de Dios, pero temen entregárselo todo a Él. A menudo dicen “Dios tiene soberanía sobre todas las cosas” y “todo está en manos de Dios”, pero cuando se encuentran en alguna situación, piensan: “¿Puede realmente Dios tener soberanía sobre esto? ¿Se puede confiar de verdad en Él? Mejor será que confíe en otras personas y, si eso no funciona, ya se me ocurrirá algo por mi cuenta”. Reparan entonces en lo inmaduros, ridículos y pequeños de estatura que son. Se dan la vuelta, con intención de volver a depender de Dios, pero descubren que sigue sin haber senda. En el fondo, sin embargo, saben que Dios es fiel y se puede confiar en Él. Lo que sucede es que tienen muy poca fe y son siempre muy escépticos. ¿Cómo resuelves este problema? Tienes que confiar en tu experiencia y en perseguir y entender la verdad, solo entonces puedes generar verdadera fe. Cuanto más experimentes y dependas de Dios, más te parecerá que se puede confiar en Él. A medida que experimentes más asuntos, al observar cómo Dios te protege una y otra vez, ayudándote a superar dificultades y a evitar el peligro, desarrollarás inconscientemente auténtica fe y confianza en Él. Te parecerá que Dios es fiable y digno de confianza. Primero hace falta que tengas en tu corazón semejante fe.

Cada persona tiene su propio destino, y todo viene predestinado por Dios, nadie puede encargarse del destino de otro. Tienes que dejar de estresarte por tu familia y aprender a desprenderte y renunciar a todo. ¿Cómo se hace esto? Una manera es orando a Dios. Debes además contemplar cómo tus parientes que no creen en Dios buscan las cosas mundanas, la riqueza y las comodidades materiales. Pertenecen a Satanás y son un tipo de persona diferente del tuyo. Tendrás una vida de sufrimiento si no desempeñas tu deber y vives entre ellos. Dado que tu modo de contemplar los asuntos es diferente, no os llevaréis bien, sino que estaréis atormentados. Solo habrá dolor y nada de felicidad. ¿Puede el afecto causarte paz y alegría? Complacer a la carne no te traerá más que sufrimiento, vacío y arrepentimiento de por vida. Se trata de algo que debes captar con minuciosidad. Así que echar de menos a tu familia es unilateral, supone ser innecesariamente sentimental. Vas caminando por una senda diferente a la suya. Os diferencian tu perspectiva sobre la vida, tu visión del mundo, tu senda en la vida y los objetivos de búsqueda. Ahora no estás con tu familia, pero como la sangre os une, siempre te parece estar cerca de ellos y que sois una única familia. Sin embargo, cuando realmente vivís juntos, bastarán unos pocos días lidiando con ellos para dejarte totalmente hastiado. Están llenos de mentiras, todo lo que dicen es falso, palabrería y engaño. Su manera de comportarse y de lidiar con el mundo se basa por completo en la filosofía y en las máximas de vida satánicas. Sus pensamientos y puntos de vista son todos equivocados y absurdos, y es sencillamente insoportable oírlos. Entonces pensarás para tus adentros: “Solía tenerlos siempre en mente, y temía constantemente que no vivieran bien. Pero vivir con esta gente es realmente insufrible”. Te resultarán repulsivos. No te has dado cuenta todavía de qué tipo de personas son, así que sigues pensando que los lazos familiares son más importantes y reales que cualquier otra cosa. Sigues constreñido por el afecto. Trata de desprenderte de estos asuntos del afecto como puedas. Si no puedes, entonces pon por delante tu deber. La comisión de Dios y tu misión son lo más importante. Desempeñar bien tu deber está por encima de todo lo demás, y por ahora no te preocupes de lo relativo a tus parientes carnales. Cuando tu comisión y tu deber se hayan llevado a cabo bien, la verdad se vuelva cada vez más clara para ti, tu relación con Dios se normalice por momentos, tu corazón sumiso a Él crezca exponencialmente y tu corazón temeroso de Dios se vuelva más grande y notorio, entonces cambiará tu estado interior. Una vez que cambie tu estado, tus puntos de vista mundanos y tus afectos se desvanecerán, ya no buscarás tales cosas y tu corazón solo querrá perseguir cómo amar a Dios, cómo satisfacerlo, cómo vivir de una manera que lo complazca y cómo vivir con la verdad. Una vez que tu corazón se empeñe en este fin, todo lo que tenga que ver con los afectos de la carne se desvanecerá lentamente, y ya no podrá atarte ni controlarte.

Hay quien dice: “El afecto por mi familia no me constriñe cuando cumplo con mis deberes, pero cada vez que tengo un momento de inactividad, empiezo a echarlos de menos”. Bueno, ¿qué consecuencias tiene echar de menos a tu familia? Si puede llevarte a volverte negativo e incapaz de cumplir con tus deberes, entonces tienes que buscar la verdad para resolverlo. Una vez que hayas resuelto el problema, no estarás echando de menos constantemente a tu familia la próxima vez que tengas un momento inactivo, y eso no acarreará ninguna consecuencia. Entonces, sean cuales sean los problemas que surjan, siempre debes buscar la verdad para resolverlos; esto es lo más importante. Echar de menos a tu familia no es lo preocupante; la clave es que necesitas pensar sobre las consecuencias de estar todo el tiempo echando de menos tu hogar, y cómo se debe resolver este problema. Debes contemplar lo siguiente: “¿Cómo me ha sobrevenido este estado? ¿Por qué estoy siempre echando de menos a mi familia? ¿Qué partes de la verdad no tengo claras? ¿En qué verdades debo entrar?”. Practica así y enseguida tendrás entrada en la verdad. Debes contemplar siempre la verdad en tu mente; cuanto más lo hagas, más claro será tu entendimiento de la verdad, y más sendas de práctica tendrás en tu mente. Esto te conducirá a entender realmente la verdad, en lugar de tener solo un conocimiento superficial al respecto. Llegado este punto, querrás encontrar a personas con las que hablar. ¿Cuál es el propósito de hablar? Es obtener confirmación, entender la verdad con mayor precisión y sin desvíos. De este modo, no tendrás ninguna dificultad y tu mente logrará la liberación y la libertad, ya sin ninguna limitación. No volverás a echar de menos a tu familia constantemente, y podrás liberarte de los enredos mundanos. Tu estado se volverá cada vez más normal. Todos tenéis que aprender a contemplar la verdad. ¿Cómo se hace eso? Por ejemplo, digamos que hoy has hecho algo que no crees que esté del todo bien y parece ir en contra de los principios, pero no sabes dónde radica el problema. Aquí es cuando debes orar a Dios y buscar la verdad, pensando: “¿Con qué verdad está relacionado? ¿Con qué principio?”. Debes buscar a alguien para hablar de la verdad, mirar atrás y reflexionar. Cuando descubras por fin el origen del problema y lo resuelvas mediante la búsqueda de la verdad, tendrás más fe en Dios, y te parecerá que has hecho más progresos respecto a la verdad. Podrás desentrañar algunos asuntos y entender algunas palabras espirituales, o serás capaz de comprender qué significa y qué quiere decir alguna doctrina o consigna repetida comúnmente. Esto es tener algo de entendimiento de la verdad y saber cómo practicarla. Entonces tomarás la iniciativa de hablar con los demás sobre esta consigna hasta que se entienda con claridad, tornándola en una senda de práctica. ¿No se trata de algo bueno? Es otro camino hacia delante. A veces verás a alguien con cierto estado y puede que te haga reflexionar: “¿Por qué tiene esta clase de estado? ¿Cómo le sobrevino? ¿Por qué yo no lo tengo? Aquello que dijo representa cierto estado y cierta mentalidad. ¿Cómo desarrolló semejante mentalidad? ¿Dónde surgió el problema? ¿Con qué aspecto de la verdad está relacionado? ¿No debería buscar yo también la verdad?”. Por medio de la charla y la búsqueda, hallas el problema y te das cuenta de que el estado de esa persona es algo que tú también tienes. Has equiparado su situación a la tuya, ¿me equivoco? ¿Acaso no ha merecido la pena este esfuerzo? (Sí). Tras detectar el problema, encuentras a alguien con quien hablar. Cuando finalmente hallas la respuesta y averiguas cuál es el problema, este se resuelve. Es fácil resolver un problema cuando eres capaz de descubrirlo. Si no eres capaz de descubrirlo, nunca se podrá resolver. A veces, cuando se haya calmado tu mente, este puede ser el mejor momento para contemplar la verdad y las palabras de Dios. Hagas lo que hagas, no malgastes esta oportunidad en alimentar las conexiones emocionales, en pensar constantemente en reunirte con tu familia; eso es problemático. Si tu preocupación por tu familia es constante y aprovechas cualquier ocasión que tengas para conectar emocionalmente con ellos, tu mente estará siempre llena de estos enredos emocionales. Serás incapaz de cercenar esos apegos y de desprenderte. Debes orar más, leer más palabras de Dios y hablar a menudo con tus hermanos y hermanas. Cuando entiendas la verdad, al menos no te constreñirá tu familia, la carne o el afecto. Resultará fácil desprenderse de estas cosas, es la manera de avanzar. De hecho, las experiencias de mucha gente son así. Resolver los problemas emocionales requiere siempre de un periodo de experiencia. Una vez que entiendes la verdad, los problemas se resuelven con mayor facilidad.

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

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