No es posible salvarse por creer en la religión ni participar en ceremonias religiosas (Parte 1)

La mayoría de vosotros habéis escapado de la religión y aceptado la obra de Dios de los últimos días. Coméis y bebéis las palabras presentes de Dios a diario, asistís al banquete de bodas del Cordero y habéis sentado las bases del camino verdadero. Os esforzáis sinceramente por Dios y habéis obtenido Su aprobación. Ahora bien, ¿qué conocimientos y opinión tenéis del concepto de la fe en Dios? ¿En qué se diferencian del entendimiento de la fe en Dios que teníais en la religión? De ahora en adelante, ¿entendéis verdaderamente qué son en realidad la creencia en la religión y la fe en Dios? ¿Hay alguna diferencia entre la creencia en la religión y la fe en Dios? ¿Dónde radica tal diferencia? ¿Habéis llegado al fondo de estas cuestiones? ¿Qué tipo de persona es el creyente en la religión habitual? ¿En qué se centra? ¿Cómo se debe definir la creencia en la religión? La creencia en la religión consiste en reconocer que existe un Dios, y los creyentes en la religión introducen ciertos cambios en su comportamiento; no golpean ni insultan a nadie, no hacen cosas malas que perjudiquen a la gente ni cometen diversos delitos ni infringen la ley. Los domingos van a la iglesia. Estas personas son creyentes en la religión. Esto quiere decir que comportarse bien y asistir a menudo a las reuniones es una prueba de que alguien cree en la religión. Cuando alguien cree en la religión, reconoce que existe un Dios, y piensa que creer en Él conlleva ser una buena persona; mientras no peque o haga cosas malas, podrá ir al cielo al morir y tendrá un buen final. Su fe le proporciona sustento en el ámbito espiritual. Por tanto, creer en la religión también puede definirse de la siguiente manera: creer en la religión es que uno reconozca, en el corazón, que existe un Dios, crea que podrá ir al cielo al morir, tenga un pilar espiritual en el corazón, cambie un poco el comportamiento y sea bueno. Eso es todo. La gente no tiene ni idea de si el Dios en el que cree existe o no, de si Él puede expresar la verdad ni de qué le requiere. Las personas infieren e imaginan todo esto basándose en las enseñanzas de la Biblia. Esto es la creencia en la religión. La creencia en la religión es principalmente la búsqueda de cambios de comportamiento y de sustento espiritual. Pero la senda que estas personas recorren —la senda de la búsqueda de bendiciones— no ha cambiado. Sus ideas, nociones y figuraciones erróneas sobre la fe en Dios no han cambiado. El fundamento de su existencia y los objetivos y la dirección que buscan en la vida se sustentan en las ideas y opiniones de la cultura tradicional y no han cambiado en absoluto. Tal es el estado de todos los que creen en la religión. Por tanto, ¿qué es la fe en Dios? ¿Cómo define Dios la fe en Dios? (La creencia en Su soberanía). Se trata de creer en la existencia de Dios y en Su soberanía: eso es lo más fundamental. Creer en Dios es prestar atención a las palabras de Dios, existir, vivir, cumplir el deber y participar en todas las actividades de la humanidad normal como requieren las palabras de Dios. La implicación es que creer en Dios es seguirlo, hacer lo que Él pide, vivir como Él lo exige; creer en Dios es seguir Su senda. ¿Acaso no son los objetivos y la dirección de la vida de las personas que creen en Dios completamente diferentes de los de las personas que creen en la religión? ¿Qué implica la fe en Dios? Implica el hecho de si las personas son capaces o no de escuchar las palabras de Dios, de aceptar la verdad, de despojarse de las actitudes corruptas, de dejarlo todo para seguir a Dios y de ser leales en sus deberes. Estas cosas se correlacionan directamente con la posibilidad de que se salven o no. Ahora conocéis la definición de la fe en Dios; así pues, ¿cómo se debería practicar la fe en Dios? ¿Qué requiere Dios a quienes creen en Él? (Que sean honestos y persigan la verdad, la transformación del carácter y el conocimiento de Dios). ¿Cuáles son Sus requisitos por lo que respecta a la conducta externa de las personas? (Que sean devotas, no depravadas, y que vivan una humanidad normal). La gente debe tener el decoro básico de un santo y vivir una humanidad normal. Entonces, ¿de qué debe alguien estar poseído para tener una humanidad normal? Esto está relacionado con muchas verdades que uno debe practicar como creyente. Solo al poseer todas esas realidades-verdad se tiene una humanidad normal. ¿Cree alguien en Dios si no practica la verdad? ¿Qué consecuencias tiene no practicar la verdad? ¿Cómo debe la gente creer en Dios para alcanzar la salvación y someterse y adorar a Dios? Todas estas cosas están relacionadas con la práctica de las palabras de Dios y de muchas verdades. Por tanto, uno debe creer en Dios según Sus palabras y exigencias y practicar de acuerdo con Sus requisitos; solo esa es la fe verdadera en Dios. Esto lleva a la raíz del asunto. Practicar la verdad, seguir las palabras de Dios y vivir de acuerdo con ellas: ese es el camino correcto de la vida humana; la fe en Dios está relacionada con la senda de la vida humana y con muchísimas verdades, y los seguidores de Dios deben entender esas verdades. ¿Cómo podrían seguir a Dios si no entendieran ni aceptaran la verdad? Las personas que creen en la religión solo reconocen que existe un Dios y confían en Su existencia, pero no entienden ni aceptan esas verdades, por lo que no son seguidoras de Dios. Para creer en la religión, basta solo con comportarse bien exteriormente, refrenarse, acatar los preceptos y tener sustento espiritual. Si alguien se comporta bien y cuenta con un pilar y un sustento para su espíritu, ¿cambia su senda en la vida? (No). Algunos dicen que la creencia en la religión y la fe en Dios es lo mismo. ¿Siguen esas personas a Dios? ¿Creen en Dios según Sus requisitos? ¿Han aceptado la verdad? Si alguien no hace nada de todo eso, no es un creyente en Dios ni lo sigue. La manera más obvia en la que la creencia en la religión se manifiesta en alguien es no aceptar la obra presente de Dios ni la verdad que Él expresa. Este es el rasgo que caracteriza a los creyentes en la religión; no son seguidores de Dios en absoluto. La creencia en la religión solo es una búsqueda de un cambio conductual y de sustento espiritual; no implica ninguna verdad. Por tanto, quienes crean en la religión no cambiarán su carácter-vida, así como tampoco practicarán la verdad ni serán capaces de escuchar las palabras de Dios ni de someterse a Él. Esto determina que tampoco conocerán verdaderamente a Dios. Cuando una persona cree en la religión, por muy bien que se comporte, por muy firmemente que reconozca a Dios y por muy elevada que sea su teoría de la fe en Él, no es una seguidora de Dios. ¿A quién sigue, pues? Todavía sigue a Satanás. ¿Cuál es la base de lo que vive, persigue, anhela y practica? ¿De qué depende su existencia? Sin duda, no de la verdad presente en las palabras de Dios. Sigue viviendo de acuerdo con el carácter corrupto de Satanás y se comporta según la lógica y filosofía de este. Todo lo que dice es mentira, sin siquiera un ápice de verdad. Su carácter satánico no ha sufrido ningún cambio, y aún es Satanás a quien sigue. Su perspectiva de la vida, sus valores, su manera de afrontar el mundo y sus principios de conducta son revelaciones de la naturaleza de Satanás. Solo su conducta externa ha cambiado ligeramente, pero su senda de vida, su forma de existir y su punto de vista sobre las cosas no han cambiado en absoluto. Si alguien cree verdaderamente en Dios, ¿qué cambio puede experimentar en el transcurso de unos pocos años? (Su perspectiva de la vida y sus valores cambiarán). Los cimientos de la existencia de esa persona cambiarán. Si ese es el caso, ¿en qué se basará su vida? (En las palabras de Dios y en la verdad). Así pues, ¿vivís ahora en vuestro día a día según las palabras de Dios a la hora de hablar y actuar? Por ejemplo, has dejado de mentir: ¿a qué es debido? ¿En qué te basas para hacer eso? (El requisito de Dios de que uno debe ser una persona honesta). El hecho de que ya no mientas ni engañes se basa en las palabras de Dios, en el requisito de ser una persona honesta y en la verdad. Y en ese caso, ¿no es distinta la senda que recorres en la vida?

Hagamos un resumen: ¿Qué es la creencia en la religión? ¿Qué es la fe en Dios? ¿Cuáles son las principales diferencias entre las dos cosas? Creer en la religión es tener convicción en una religión, cumplir sus preceptos, seguir a otras personas y a Satanás y vivir bajo el poder de Satanás. Tener fe en Dios es aceptar Sus palabras y la verdad, someterse a Su obra y cumplir el deber propio según los principios-verdad. En eso consiste seguir a Dios. Esas son las principales diferencias entre la creencia en la religión y la fe en Dios. En el cumplimiento de vuestros deberes en la casa de Dios, algunos de vosotros aceptáis la verdad y cambiáis un poco, mientras que otros ni aceptáis la verdad ni cambiáis. Así pues, ¿podéis distinguir entre estos dos tipos de personas: los que creen en la religión y los que tienen fe en Dios? La clave reside en fijarse en si alguien persigue la verdad y en la senda que elige recorrer. Si persigues una buena conducta, el sustento espiritual y el cumplimiento de los preceptos, pero lo haces para obtener beneficios personales, sin perseguir la verdad en absoluto, sino solo los factores externos de una buena persona, una que se comporta bien, pero que carece de la realidad-verdad, ¿hasta qué punto puede llegar a ser bueno alguien como tú? El carácter corrupto y la esencia-naturaleza de una persona así no han cambiado lo más mínimo. Es posible que hable correctamente, pero cuando se enfrente a pruebas, no podrá mantenerse firme. Puede que incluso se queje de Dios y lo traicione. Las personas así son creyentes en la religión. Los que tienen fe en Dios pueden aceptar todas las verdades que Él expresa. Pueden reflexionar sobre sí mismos y conocerse a sí mismos de acuerdo con la verdad, arrepentirse genuinamente y, en última instancia, practicar la verdad, someterse a Dios y vivir según Sus palabras. Al enfrentarse a pruebas y tribulaciones, pueden mantenerse firmes, dar un testimonio maravilloso y seguir lealmente a Dios hasta el final. Estos son los verdaderos creyentes en Dios. Esa es la diferencia entre los que creen en la religión y los que tienen fe en Dios.

¿Alguno de vosotros cree de corazón solo en un Dios vago en el cielo, y sin embargo siempre tiene nociones sobre el Dios encarnado? En caso de existir personas así, se trata de creyentes en la religión. Los creyentes en la religión no reconocen al Dios encarnado en el corazón y, aunque lo hagan, siempre tienen nociones sobre Él y nunca son capaces de someterse. ¿Acaso no es así? En el sentido estricto, esas personas no son creyentes en Dios. Aunque puedan afirmar creer en Él, en realidad no se diferencian mucho de los creyentes en la religión. En su corazón, solo creen en un Dios vago, y siguen las nociones y los preceptos religiosos. Por tanto, cualquiera que no persiga la verdad, que se centre únicamente en tener una buena conducta y en cumplir los preceptos, que no practique la verdad y cuyo carácter no se transforme lo más mínimo, lo que hace es creer en la religión. ¿Qué característica distingue a los que creen en la religión? (Solamente se centran en las prácticas externas y en aparentar buena conducta). ¿Cuáles son los principios y fundamentos de sus acciones? (Las filosofías satánicas para los asuntos mundanos). ¿Qué filosofías satánicas para los asuntos mundanos y actitudes satánicas corruptas existen? La tortuosidad y la falsedad; hacer lo que a uno le da la gana; la arrogancia y el engreimiento; tener la última palabra en todo; no buscar nunca la verdad ni compartir con los hermanos y las hermanas; y al actuar, pensar siempre en los intereses, el orgullo y la posición de uno; todo esto es actuar de acuerdo con un carácter satánico. Es seguir a Satanás. Si uno cree en Dios, pero no presta atención a Sus palabras ni acepta la verdad ni se somete a Sus arreglos e instrumentaciones; si únicamente exhibe determinadas buenas conductas, pero es incapaz de rebelarse contra la carne y no cede nada en su orgullo o sus intereses; pese a que en apariencia cumple el deber, si sigue viviendo según sus actitudes satánicas, no ha renunciado en absoluto a las filosofías y maneras de vivir de Satanás ni las ha cambiado, ¿cómo es posible que crea en Dios? Eso es creer en la religión. Las personas que son así renuncian a las cosas y se esfuerzan superficialmente, pero para fijarse en la senda que recorren y en el origen y el punto de partida de todo lo que hacen no se fundamentan en las palabras de Dios ni en la verdad; por el contrario, siguen actuando según sus nociones y figuraciones, sus suposiciones subjetivas y sus ambiciones y deseos. Las filosofías y actitudes de Satanás continúan sirviendo de base para su existencia y sus actos. En los asuntos en los que no entienden la verdad, no la buscan; en los asuntos en los que sí la entienden, no la practican ni la valoran ni honran la grandeza de Dios. Aunque creen en Dios y lo reconocen, tanto aparente como explícitamente, y a pesar de que pueda parecer que son capaces de cumplir un deber y seguir a Dios, viven de acuerdo con su carácter satánico en todo lo que dicen y hacen. Todas las cosas que dicen y hacen son revelaciones de un carácter corrupto. No verás que practiquen o experimenten las palabras de Dios, y mucho menos que manifiesten buscar y someterse a la verdad en todas las cosas. En sus acciones, piensan primero en sus propios intereses, y satisfacen sus propios deseos y propósitos antes que nada. ¿Acaso son personas que siguen a Dios? (No). ¿Y pueden transformar su carácter los que no siguen a Dios? (No). ¿Y acaso no son patéticos si no logran transformar su carácter? Han oído y entendido las palabras de Dios, pero sus propios deseos son demasiado fuertes a la hora de hacer cosas; son incapaces de practicar según las palabras de Dios o la verdad, y mucho menos según los principios. Después de varios años de creer en Dios, parecen mucho más dispuestos y educados. Se comportan muy bien en muchos aspectos, y sus vidas espirituales parecen bastante normales. Interactúan con otros sin dificultades y cumplen algunos deberes con cierto efecto, pero tienen un problema, que es el más grave de todos. ¿Dónde reside ese problema? En sus mentes. Por muchos años que hayan creído, no han establecido una relación normal con Dios; al margen de lo que hagan o de lo que les pase, lo primero que piensan es: “Qué quiero hacer; qué redundaría en mi interés y qué no; qué ocurriría si hiciera tal y tal cosa”. Eso es lo primero que tienen en cuenta. No se paran a pensar en qué tipo de práctica glorificaría a Dios, daría testimonio de Él o satisfaría Sus intenciones, ni oran para averiguar cuáles son Sus requisitos y qué dicen Sus palabras. Nunca prestan atención a cuáles son las intenciones o los requisitos de Dios ni a cómo se debe practicar para satisfacerlo. Aunque en alguna ocasión tal vez oren ante Dios y compartan con Él, simplemente hablan consigo mismos, sin buscar sinceramente la verdad. Cuando oran a Dios y leen Sus palabras, no las relacionan con las cosas que se encuentran en la vida real. Por tanto, en el entorno que Dios ha dispuesto, ¿cómo tratan Su soberanía, Sus arreglos y Sus instrumentaciones? Al enfrentarse a cosas que no satisfacen sus deseos, las evitan y se resisten a ellas en el corazón. Al afrontar cosas que causan una pérdida en sus intereses o impiden que estos se satisfagan, intentan buscar una salida por todos los medios, se esfuerzan por maximizar sus beneficios y procuran evitar cualquier agravio. No buscan satisfacer las intenciones de Dios, sino únicamente sus propios deseos. ¿Es eso tener fe en Dios? ¿Tienen las personas así una relación con Dios? No. Viven de manera vulgar, despreciable, intransigente y horrible. No solo no tienen ninguna relación con Dios, sino que también van en contra de Su soberanía y Sus arreglos constantemente. Suelen decir: “Que Dios tenga soberanía y gobierne sobre todo en mi vida. Estoy dispuesto a permitir que Él tome el trono, reine y rija en mi corazón. Estoy dispuesto a someterme a Sus arreglos e instrumentaciones”. Sin embargo, cuando las cosas a las que se enfrentan perjudican sus intereses, no pueden someterse. En lugar de buscar la verdad en un entorno dispuesto por Dios, pretenden darse la vuelta y huir de ese entorno. No quieren someterse a los arreglos e instrumentaciones de Dios, sino hacer las cosas según su propia voluntad, solo en tanto que sus intereses no se vean perjudicados. Ignoran por completo las intenciones de Dios y solo se preocupan por sus propios intereses, circunstancias, estados de ánimo y sentimientos. ¿Es eso creer en Dios? (No). ¿Qué es Dios para ellos en su corazón? ¿Acaso no es una especie de leyenda? ¿No es un tipo de sustento espiritual? Para ellos, Dios es un extraño y un desconocido. Cuando todo va bien, Dios es su Soberano, lo es todo para ellos. Pero si lo que Dios hace no les resulta provechoso, o perjudica sus intereses o su dignidad y provoca que sean podados o los sometan a pruebas y sufrimiento, ¿cómo responderán? Huirán, se resistirán, lo rechazarán e incluso se quejarán. Es posible que algunos no lo expresen en voz alta, pero sentirán dolor, malestar y negatividad en el corazón. ¿Qué significa ser negativo? Que no aceptan la verdad en el corazón y siempre se resisten a Dios y se rebelan contra Él. Algunos no aceptan las pruebas ni el refinamiento y piensan que no es justo que Dios haga esas cosas. Al enfrentarse a la adversidad de los arrestos y las persecuciones del gran dragón rojo, algunos se quejan en su interior de que Dios es injusto con ellos. ¿Qué pensáis sobre esa mentalidad? Si pueden expresar tan abiertamente sus quejas contra Dios cuando Sus acciones les causan sufrimiento, ¿puede Él seguir siendo el Dios en el que creen? Si son incapaces de someterse, Él no es su Dios y, por tanto, se atreven a resistirse a Él. Desean que existiera otro Dios aparte de Dios y piensan: “Solo si Él hiciera realidad aquello que pienso y hago, exactamente según mis preferencias, solo entonces Él sería Dios; solo eso sería Su arreglo e instrumentación. Si Dios no se aviene a mi voluntad y siempre actúa al contrario de mis gustos y figuraciones, no puedo someterme a Él y Él no es mi Dios. Si Él es Dios, debería satisfacer a la gente. Dado que las personas son lo que Dios más quiere, Él debería hacer cualquier cosa para protegerlas y cuidarlas. ¿Cómo podría Él permitir que sufrieran adversidades, pruebas y contratiempos?”. ¿Acaso no es esa la actitud que la mayoría de la gente tiene hacia Dios en el corazón? Realmente es así. Cuando no tienen problemas y todo les va bien, la mayoría de las personas sienten que Dios es poderoso, justo y hermoso. Cuando Dios las pone a prueba, las poda, castiga y disciplina, cuando les pide que dejen de lado sus propios intereses, que se rebelen contra la carne y practiquen la verdad, cuando Dios obra en ellas e instrumenta y reina sobre sus destinos y sus vidas, su rebeldía emerge y se produce una división entre ellas y Dios que crea un conflicto y un abismo entre ambas partes. En esos momentos, en su corazón, Dios no es adorable lo más mínimo ni es poderoso en absoluto, pues lo que Él hace no cumple sus deseos. Dios las entristece, las perturba, les causa dolor y sufrimiento y hace que se sientan a disgusto. Por tanto, no se someten a Dios en absoluto, sino que se rebelan contra Él y lo evitan. Al hacer esto, ¿practican la verdad? ¿Siguen el camino de Dios? ¿Siguen a Dios? No. Independientemente de que tengas muchas nociones y figuraciones sobre la obra de Dios, de cómo actuaras previamente de acuerdo con tu propia voluntad y de que te rebelaras contra Él, si persigues verdaderamente la verdad y aceptas el juicio y el castigo de las palabras de Dios y ser podado por estas; si en todo lo que Él instrumenta eres capaz de seguir el camino de Dios, prestar atención a Sus palabras, aprender a captar Sus intenciones, practicar de acuerdo con Sus palabras y Sus deseos y someterte a través de la búsqueda; y si puedes desprenderte de tu propia voluntad y de tus deseos, consideraciones e intenciones, sin enfrentarte a Dios, en ese caso sigues a Dios. Puede que digas que sigues a Dios, pero si todo lo haces según tu propia voluntad y tus propios objetivos y planes, sin dejarlo en manos de Dios, ¿sigue Dios siendo tu Dios? No. Si Dios no es tu Dios, cuando dices que sigues a Dios, ¿acaso no son palabras vacías? ¿No son esas palabras un intento de engañar a la gente? Puede que digas que sigues a Dios, pero si todas tus acciones y obras, tu perspectiva de vida, tus valores y la actitud y los principios con los que abordas y manejas los asuntos provienen de Satanás; si manejas todo esto según las leyes y la lógica de Satanás, ¿eres un seguidor de Dios? (No). Ya ves, cuando el Señor Jesús informó a Sus discípulos de que Él sufriría muchas adversidades, de que lo matarían y de que resucitaría al tercer día, Pedro dijo al Señor Jesús: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca te acontecerá” (Mateo 16:22). ¿Cómo contestó el Señor Jesús a Pedro? (“¡Quítate de delante de mí, Satanás!” [Mateo 16:23]). ¿Cómo definió el Señor Jesús lo que Pedro hizo en ese momento? (La obra de Satanás). ¿Por qué dijo Él que eso era la obra de Satanás? ¿Acaso es Pedro Satanás? Pedro no entendió el significado de las acciones del Señor Jesús ni reconoció Su identidad. Por tanto, se convirtió en un portavoz de Satanás que hablaba en su nombre y buscaba impedir que el Señor Jesús siguiera la voluntad de Dios. Desde la perspectiva de Dios, Pedro se convirtió en portavoz de Satanás. Si alguien parece solo externamente haber renunciado a todo y cumplido su deber, si parece seguir a Dios, pero todos sus pensamientos y acciones se ajustan a la lógica y la filosofía de Satanás, ¿es verdaderamente un seguidor de Dios? (No). No lo es porque se rebela constantemente contra Dios y no practica la verdad ni se somete a Él. ¿Por qué cree en Dios, entonces? ¿Qué desea ganar realmente? Esto desafía el concepto. ¿Es un creyente en Dios genuino? No; para decirlo de una manera un poco más amable, es un creyente en la religión. Puede que afirme tener fe en Dios, pero Él no lo reconoce. Dios considerará que es un malhechor y no salvará a una persona que sea así.

Entre esta humanidad malvada y corrupta, los que creen en la religión reconocen la existencia de Dios, desean ser buenas personas, se comportan bien y evitan hacer cosas malas. Temen represalias si cometen demasiados actos inmorales, acabar en el infierno y ser castigados y condenados para siempre. Piensan que ser buena persona es sinónimo de tener paz, como reza el dicho entre los no creyentes: “Los buenos viven en paz”. Influenciados por esa manera de pensar y contaminados por esas corrientes de pensamiento, consideran que su creencia en la religión es algo bueno; se creen mejores que los que no creen, que los que ni tan solo tienen sustento espiritual, y menos aún restricciones. Los que no creen hacen lo que les place y son capaces de cometer cualquier hecho malvado con tal de cumplir sus propios objetivos. Esas personas no tienen ningún destino del que hablar y su final después de la muerte será el infierno. Los que creen en la religión también piensan: “Los no creyentes no creen en el ciclo de la vida y la muerte o en que hacer el mal conlleve un castigo y que quienes lo hagan irán al infierno y serán castigados. No creen que Dios es soberano sobre todas las cosas. Pero nosotros que creemos en la religión tenemos la bendición de Dios y alcanzaremos la vida eterna después de la muerte”. Se consideran personas nobles, separadas del resto de la humanidad como seres santos. Aunque sus comportamientos y patrones de pensamiento puedan experimentar ciertos cambios, no aceptan la verdad. Eso es lo que significa creer en la religión. ¿Cómo se puede pasar de creer en la religión a creer en Dios? Esta cuestión no es sencilla. Los que se inician en la fe en Dios no entienden ninguna verdad. Solo saben que creer en la religión es bueno, que eso significa ser una buena persona. No pueden distinguir en absoluto entre creer en la religión y creer en Dios. Por tanto, para pasar de creer en la religión a creer en Dios es necesario pasar por una fase hasta que se entiendan algunas verdades, lo que permite tener cierto discernimiento. Si después de creer en Dios durante cinco o seis años, o incluso siete u ocho años, todavía vives según tu carácter satánico, si aún sigues a Satanás, sin aceptar la verdad en absoluto ni practicar ni siquiera aquella que entiendes, y si rechazas la obra de Dios y te niegas a aceptar Su poda, juicio y castigo, así como Su soberanía y Sus arreglos, tu fe en Dios habrá perdido significado y valor. La forma más simple de describir la fe en Dios es confiar en que hay un Dios y, sobre esta base, seguirlo, someterse a Él, aceptar Su soberanía y Sus instrumentaciones y arreglos, prestar atención a Sus palabras, vivir y hacerlo todo de acuerdo con ellas, ser un verdadero ser creado, y temerlo y evitar el mal; solo esto es la verdadera fe en Dios. Esto es lo que significa seguir a Dios. Si dices que sigues a Dios, pero en el corazón no aceptas las palabras de Dios, y mantienes una actitud vacilante al respecto, ni aceptas Su soberanía y Sus instrumentaciones y arreglos; si siempre tienes nociones y malentendidos sobre lo que Él hace y te quejas de ello, insatisfecho en todo momento; si siempre mides y abordas lo que Él hace con tus propias nociones y figuraciones; y si siempre tienes tus propios pensamientos y entendimientos, esto causará problemas. Eso no es experimentar la obra de Dios ni ningún camino para seguirlo verdaderamente. No es fe en Dios.

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