No es posible salvarse por creer en la religión ni participar en ceremonias religiosas (Parte 2)

¿Qué es exactamente la fe en Dios? ¿Equivale la creencia en la religión a la fe en Dios? Creer en la religión es seguir a Satanás; creer en Dios es seguir a Dios, y solo los que siguen a Cristo son los que creen verdaderamente en Dios. Alguien que no acepta las palabras de Dios como su vida en lo más mínimo no es un creyente en Dios genuino. Es un incrédulo, y de nada sirven los años que haya pasado creyendo en Dios. Si un creyente en Dios simplemente participa en rituales religiosos, pero no practica la verdad, no es un creyente en Dios y Dios no lo reconoce. ¿Qué debes poseer para que Dios te reconozca como Su seguidor? ¿Conoces los criterios con los que Dios mide a una persona? Dios evalúa si lo haces todo según Sus requisitos y si practicas la verdad y te sometes a ella sobre la base de Sus palabras. Este es el criterio con el que Dios mide a una persona. Su método para medirte no se basa en el número de años que hayas creído en Él, en lo lejos que hayas viajado, en la cantidad de buenos comportamientos que tengas o en el número de palabras y doctrinas que entiendas. Él te mide en función de si persigues la verdad y de la senda que eliges. Muchas personas expresan verbalmente creer en Dios y lo alaban, pero no aman de corazón las palabras que Él dice. No les interesa la verdad. Siempre creen que vivir de acuerdo con las filosofías de Satanás o las diversas teorías mundanas es lo que hace la gente normal, que así es como uno puede protegerse y como se vive con valor en el mundo. ¿Son acaso personas que creen en Dios y lo siguen? No. Las palabras de la gente destacada y famosa suenan particularmente sagaces y pueden desorientar fácilmente a los demás. Es posible que te aferres a sus palabras como verdades o consignas a las que atenerse. Sin embargo, cuando se trata de las palabras de Dios, de un requisito corriente que Él tenga para la gente, como ser una persona honesta u ocupar de manera responsable y escrupulosa el lugar que a uno le corresponde, cumpliendo su deber como ser creado y comportándose con firmeza y honestidad, si no eres capaz de poner esas palabras en práctica ni de considerarlas verdades, no eres un seguidor de Dios. Afirmas practicar la verdad, pero si Dios te pregunta: “¿Son palabras de Dios las ‘verdades’ que practicas? ¿Se basan en las palabras de Dios los principios que defiendes?”, ¿cómo responderías? Si tu base no son las palabras de Dios, entonces son las palabras de Satanás. Vives según las palabras de Satanás y, al mismo tiempo, afirmas practicar la verdad y satisfacer a Dios. ¿Acaso no es eso blasfemar contra Él? Dios exige a las personas que sean honestas, por ejemplo; sin embargo, algunos no reflexionan sobre qué implica realmente ser una persona honesta, sobre cómo practicar siendo una persona honesta ni sobre las cosas deshonestas y honestas que uno vive y revela. En lugar de sopesar la esencia de la verdad en las palabras de Dios, recurren a los libros de los no creyentes. Piensan: “Los dichos de los no creyentes también están bastante bien; ¡además, enseñan a la gente a ser buena! Por ejemplo, ‘Los buenos viven en paz’, ‘La buena gente llega a todos lados’ o ‘Perdonar a los demás no es ridículo, sino que aporta beneficios en el futuro’. ¡Estos enunciados también son correctos y se ajustan a la verdad!”. De modo que acatan esas palabras. ¿Qué tipo de personas serán si se atienen a esos dichos de los no creyentes? ¿Pueden vivir la realidad-verdad? (No). ¿Acaso no hay muchas personas que son así? Adquieren ciertos conocimientos, han leído unos cuantos libros y algunas obras famosas, han desarrollado cierta perspectiva, han oído algunos dichos famosos y proverbios populares y luego se han tomado todo eso como la verdad; actúan y cumplen su deber de acuerdo con esas palabras, las aplican en sus vidas como creyentes en Dios y piensan que satisfacen el corazón de Dios. ¿Acaso no es eso sustituir la verdad con la falsedad? ¿Acaso no es eso engañar? ¡Para Dios, eso es blasfemia! Esas cosas se manifiestan abundantemente en todo el mundo. Si alguien trata las palabras agradables y las doctrinas correctas que se expresan entre la gente como verdades a defender, pero aparta a un lado e ignora las palabras de Dios, sin interiorizarlas por muchas veces que las lea ni considerarlas la verdad, ¿es dicha persona un creyente en Dios? ¿Es un seguidor de Dios? (No). Una persona que sea así cree en la religión; ¡todavía sigue a Satanás! Cree que las palabras que expresa Satanás son filosóficas, sumamente profundas y clásicas. Las considera dichos famosos que revisten la máxima verdad. No importa a qué otras cosas renuncie, no es capaz de desprenderse de esas palabras. Abandonarlas sería como perder los cimientos de su vida, como vaciar su corazón. ¿Qué tipo de personas son esas? Son seguidores de Satanás y por eso aceptan sus dichos famosos como la verdad. ¿Podéis diseccionar y reconocer los diversos estados en los que os encontráis en distintos contextos? Por ejemplo, algunos creen en Dios y suelen leer Sus palabras, pero cuando les ocurren cosas, siempre dicen: “Mi madre decía”, “Mi abuelo decía”, “Tal y tal persona famosa una vez dijo” o “En tal y tal libro se dice”. Nunca dicen: “La palabra de Dios dice esto”, “Los requisitos que Dios nos reserva son así” o “Dios dice esto”. Nunca pronuncian esas palabras. ¿Siguen a Dios estas personas? (No). ¿Puede la gente descubrir fácilmente esos estados? No, pero el hecho de que los experimente es un gran perjuicio. Es posible que lleves creyendo en Dios tres, cinco, ocho o diez años, pero aún no sepas someterte a Él ni practicar Sus palabras. Pase lo que te pase, todavía tomas las palabras satánicas como tu base; todavía buscas un fundamento en la cultura tradicional. ¿Es eso fe en Dios? ¿No estás siguiendo a Satanás? Vives con palabras y actitudes satánicas, por lo que ¿no te estás resistiendo a Dios? Dado que no practicas ni vives según la palabra de Dios, no sigues las huellas de Dios, no puedes prestar atención a lo que dice Dios y no eres capaz de someterte sin importar lo que Él instrumente o exija, no sigues a Dios. Aún sigues a Satanás. ¿Dónde está Satanás? Satanás está en el interior de las personas. Las filosofías, la lógica, las reglas y las diversas palabras diabólicas de Satanás han echado raíces en el corazón de la gente hace mucho tiempo. Este es el problema más grave. Si no puedes resolver este problema en tu fe en Dios, Él no podrá salvarte. Por tanto, debéis comparar a menudo todo lo que hagáis, vuestros pensamientos y puntos de vista, así como vuestro fundamento para hacer las cosas, con las palabras de Dios, y diseccionar las cosas que pensáis. Debéis saber qué cosas en vuestro interior son filosofías para los asuntos mundanos, dichos populares y cultura tradicional, y cuáles han surgido del conocimiento intelectual. Debéis ser conscientes de qué cosas creéis siempre correctas y concuerdan con la verdad, cuáles acatáis como si fueran la verdad y cuáles permitís que ocupen el lugar de esta. Debéis diseccionar estas cosas. En concreto, si tratas lo que consideras correcto y precioso como la verdad, no es fácil calarlo, pero si lo consigues, habrás superado un gran obstáculo. Estas cosas son impedimentos para que la gente comprenda las palabras de Dios, practique la verdad y se someta a Dios. Si te pasas el día desconcertado y sin rumbo, no tienes en cuenta estas cosas ni te centras en resolver estos problemas, esta es la raíz de tu malestar, el veneno que tienes en el corazón. Si no se eliminan, no podrás seguir sinceramente a Dios ni practicar la verdad, someterte a Dios ni tener un camino para alcanzar la salvación.

Ahora que hemos hablado sobre estas cosas, ¿habéis pensado en los estados, las ideas o los puntos de vista sesgados que albergáis que contradicen los deseos y requisitos de Dios y la verdad, pero que consideráis la verdad y que practicáis y defendéis como tal? (Yo tenía el punto de vista de que una persona debe esforzarse por ser buena, alguien que caiga bien a todos y con quien quieran relacionarse. Cuando no entendía la verdad, pensaba que esa búsqueda parecía justificada y correcta. Pero ahora, al compararla con la verdad, me doy cuenta de que una persona así es complaciente. Especialmente después de leer la exposición de Dios sobre la gente falsa, me di cuenta de que, al hacer esas cosas, mis intenciones eran falsas, y que mi única finalidad al satisfacer a los demás, darles falsas impresiones y desorientarles era mantener mi reputación y posición. A veces, incluso sacrificaba los intereses de la casa de Dios para complacer a los demás. No era una buena persona en absoluto ni poseía la semejanza de una persona genuina. Al descubrirlo, deseé buscar la verdad y ser una persona honesta según los requisitos de Dios, en lugar de ser complaciente. Quería ser alguien que hablara objetiva y sinceramente y que fuera franco en todo, ya que eso se ajusta a las intenciones de Dios). (A lo largo de este tiempo, me he dado cuenta de que me centraba en cambios en el comportamiento exterior. Por ejemplo, cuando algunos hermanos y hermanas me decían que yo era arrogante y que no resultaba fácil colaborar conmigo, trataba de ser cortés y de hablar con ellos de manera amable y amigable. Hacía todo lo que me decían y, si veía que alguien cometía un error al cumplir su deber, no se lo indicaba, sino que mantenía la paz y la armonía. Al escuchar ahora la enseñanza de Dios, me he dado cuenta de que no actuaba según Sus palabras, sino de acuerdo con las filosofías de Satanás para los asuntos mundanos. Utilizaba mi buena conducta externa para desorientar a los demás, cuando, de hecho, no me había despojado de mi carácter corrupto. No perseguía la verdad y perdí mucho tiempo). Ahora sois capaces de percibir y conocer algunos puntos de vista y prácticas del pasado que son erróneos, pero os agota practicar la verdad. Después de reconocer y percibir estos estados, ¿qué pensáis y sentís sobre la grave situación que sufre la humanidad corrupta? ¿Habéis percibido que Satanás controle firme y estrictamente a esa humanidad corrupta? ¿Habéis llegado a ser conscientes de esto? (Sí). ¿Cuándo fuisteis conscientes de ello? (Cuando quise practicar la verdad, la naturaleza de Satanás me controló y me aprisionó por dentro. Me debatía en el corazón, pero no podía practicar la verdad, como si llevara algún tipo de grillete. Era una situación angustiosa). ¿Sentisteis en ese momento que Satanás es extremadamente detestable? ¿U os volvisteis insensibles con el paso del tiempo e incapaces de seguir sintiendo odio? (Pude sentir que Satanás es detestable). ¿Os habéis dado cuenta de que la obra de Dios de salvar a la humanidad es sumamente necesaria? ¿Podéis percibir que todas las palabras y verdades que Dios expresa, incluidas las que ponen en evidencia a la humanidad, son realidades, sin una sola expresión que no sea real, que se corresponden completamente con los hechos y que son las palabras que la humanidad más necesita para recibir la verdad y salvarse? ¡La humanidad necesita desesperadamente la salvación de Dios! Si Dios no se hubiera encarnado para llevar a cabo Su obra, si no hubiera expresado tantas verdades, ¿dónde podría la humanidad encontrar la senda de la salvación? Confiar en Satanás y en los espíritus malvados para obtener señales y maravillas conducirá a la ruina. Todas las personas que viven según las filosofías, la lógica y las leyes de Satanás son un blanco de destrucción. ¿Sois ahora conscientes de eso? No basta con simplemente serlo. Eso solo significa que vuestro corazón anhela la salvación de Dios. Las cuestiones fundamentales son si podéis aceptar la verdad, el juicio y el castigo, y si podéis despojaros de vuestro carácter corrupto. Los que creen en Dios deben amar la verdad y las cosas positivas, y también deben odiar el mal y cualquier cosa que provenga de Satanás. Deben centrarse en la autorreflexión, en entenderse a sí mismos y en discernir las revelaciones de su propio carácter corrupto. Deben ver claramente que su esencia-naturaleza es horrorosa y perversa, que se opone a Dios y que Él la detesta. También deben ser capaces de sentir que ellos mismos se repugnan y se aborrecen de corazón. Solo entonces podrán tener la determinación y la fuerza de liberarse y despojarse de la esclavitud y las ataduras de la naturaleza de Satanás, practicar la verdad y someterse a Dios. Sin esa determinación, te costará practicar la verdad, aunque se te exija que lo hagas. La gente debería luchar hasta casi morir contra estados como la esclavitud, la manipulación, la tortura, la devastación y el abuso de su carácter corrupto. Solo cuando se siente el dolor que esto produce, es posible odiar a Satanás y tener la resolución y la determinación para cambiarlo todo. Únicamente después de soportar suficiente sufrimiento es posible desarrollar la determinación y tener la motivación para perseguir la verdad y liberarse de todo eso. Si piensas que las cosas de Satanás son bastante buenas, que pueden satisfacer la carne y hacer realidad las nociones y figuraciones de las personas, así como sus deseos extravagantes y sus diversas preferencias, sin sentir dolor alguno ni percatarte de cómo Satanás embrutece a las personas, ¿tendrás disposición para librarte de todo eso? (No). Supongamos que una persona falsa es consciente de que es falsa, de que le gusta mentir y no le agrada decir la verdad, y de que siempre oculta cosas en sus tratos con otros, pero le divierte todo esto y piensa: “Es fenomenal vivir así. Engaño a los demás constantemente, pero no pueden hacerme lo mismo. Casi siempre estoy satisfecho por lo que respecta a mis propios intereses, mi orgullo, mi posición y mi vanidad. Las cosas salen según mis planes, a la perfección, sin problemas, y nadie puede descubrirlo”. ¿Alguien así está dispuesto a ser honesto? No. Esta persona cree que el engaño y la tortuosidad son una muestra de inteligencia y sabiduría, cosas positivas. Valora estas cosas y no sabe estar sin ellas. “Esta es la manera perfecta de comportarse, y la única forma sustanciosa de vivir”, piensa. “Es el único modo valioso de vivir, el que hace que otros me envidien y admiren. Sería una estupidez y una idiotez por mi parte no vivir según las filosofías satánicas. Siempre saldría perdiendo, me intimidarían, me discriminarían y me tratarían como un lacayo. Vivir de esa manera no vale para nada. ¡Jamás seré una persona honesta!”. ¿Este tipo de individuo abandonará su carácter falso y practicará ser honesto? En absoluto. Por mucho tiempo que haya creído en Dios, por muchos sermones que haya oído y por muchas verdades que haya entendido, alguien así nunca seguirá verdaderamente ni de buen grado a Dios, ya que siente que, para hacerlo, tendría que dejar atrás y renunciar a muchas cosas, y sufrir dolor y pérdidas. Simplemente, esto no lo aceptará. Este tipo de persona piensa: “Creer en Dios es creer en la religión. Ser creyente solo de palabra, portarse un poco bien y tener algo para el sustento espiritual, eso es todo. No hace falta pagar ningún precio, sufrir ni renunciar a nada. ¡Mientras uno crea en el corazón y diga que reconoce a Dios, entonces ese tipo de fe en Dios le permitirá salvarse y entrar en el reino de los cielos! ¡Es fantástico tener una fe como esa!”. ¿Será capaz esta gente de ganar la verdad al final? (No). ¿Por qué? Porque no estima las cosas positivas, ni anhela la luz ni ama el camino de Dios ni la verdad. Le gusta seguir las tendencias mundanales, está enamorada de la fama, del beneficio y de la posición y adora todo ello, le encanta sobresalir de la multitud, y reverencia a los grandes y famosos, pero, en realidad, venera a los demonios y satanases. Lo que persigue en el corazón no es la verdad ni las cosas positivas; por el contrario, exalta el conocimiento. En su interior, no aprueba a quienes persiguen la verdad y dan testimonio de Dios; en su lugar, aprueba y admira a los que tienen talentos y dones especiales. En su fe en Dios, no recorre la senda de perseguir la verdad, sino la de buscar la fama, el beneficio, la posición y el poder; se esfuerza por tener gran astucia y vencer con estratagemas brillantes; intenta integrarse en los escalones superiores de la sociedad para convertirse en una persona magnífica y famosa. Quiere que la saluden con adoración y le den la bienvenida en todos los acontecimientos a los que asista; desea ser un ídolo para los demás. Ese es el tipo de persona que quiere ser. ¿Qué clase de camino es este? El de los demonios, el de la senda del mal. No es el que toma alguien que cree en Dios. Estas personas emplean las filosofías de Satanás, su lógica, utilizan cada uno de sus ardides y tretas, en cada situación, para aprovecharse de la confianza personal de los demás y engañarlos, y hacer que las adoren y las sigan. Quienes creen en Dios no deberían recorrer esta senda; no solo no se salvarán, sino que también se encontrarán con el castigo de Dios: no puede caber la menor duda de esto. ¿Cuál es la base para que una persona se pueda salvar o no? Depende de si puede aceptar la verdad, someterse a la obra de Dios y recorrer la senda de perseguir la verdad. Esta cuestión se determina en función de estos factores. ¿Cuál es la senda por la cual uno puede alcanzar la salvación de Dios en la fe? Debe seguir a Dios, acatar Sus palabras, someterse a Sus instrumentaciones y arreglos, y vivir según Sus requisitos y la verdad. Esta es la única senda por la que uno puede obtener la salvación.

4 de enero de 2018

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