Solo si se vive a menudo ante Dios es posible tener una relación normal con Él (Parte 1)

La mayoría de vosotros lleva varios años creyendo en Dios y, en mayor o menor medida, os habéis asentado en el camino verdadero. Ya sois capaces de desechar las complicaciones familiares y del mundo secular para seguir a Dios. Os estáis formando para cumplir un deber en la casa de Dios, estáis dispuestos a gastaros por Él y listos para esforzaros por obtener la verdad. Esto implica que habéis comenzado a entender las cosas, y que tenéis un poco de conciencia y razón. Eso es bueno. ¡La importancia de cumplir un deber es enorme! Que podáis o no cumplir bien con el deber guarda relación directa con vuestra salvación y perfección. Se puede decir que solo es posible lograr la entrada en la vida experimentando la obra de Dios mientras se cumple el deber, y que solo es posible recibir el visto bueno de Dios cumpliendo bien con él. Por tanto, que se os exija un poco más en lo que respecta a vuestro deber y se os pode un poco os resultará beneficioso. Como mínimo, vuestro progreso en la vida será más rápido. No es malo que las exigencias que recaen sobre vosotros sean elevadas, ni es malo plantearos cada tanto algún problema difícil para poneros a prueba. Todo esto está destinado a ayudaros a madurar en la vida y a seguir la voluntad de Dios, y a que tengáis una mejor comprensión de ciertos conocimientos profesionales y seáis más eficaces en vuestro deber. Si no se os formularan estas exigencias, ¿qué sucedería? Solo seríais capaces de predicar doctrinas y seguir los preceptos, y creeríais en Dios durante muchos años sin transformaros en absoluto. En tal caso, ¿cuándo seríais capaces de progresar? ¿Cómo podríais cumplir bien con vuestro deber? No solo no progresaríais en relación con la verdad, sino que no progresaríais respecto del conocimiento profesional requerido en vuestro deber. Así, ¿podríais cumplir con él con un nivel aceptable y dar testimonio para Dios? En lo que respecta a vuestra estatura actual, vuestra comprensión de la verdad es demasiado superficial, y no habéis captado los principios para cumplir con vuestro deber. Además, estáis muy lejos de alcanzar los niveles de cumplimiento satisfactorio del deber. Y, sin embargo, no sois conscientes de ello y creéis que lo estáis haciendo bien, y en ocasiones sois incluso extremadamente sentenciosos y audaces. Las palabras que pronunciáis o las cosas que hacéis no ven la luz del día, y no guardan conformidad con los principios-verdad. Cuando alguien señala alguno de vuestros problemas, no lo aceptáis ni buscáis la verdad, e incluso ponéis excusas. ¿Cuál es el problema de esto? Que no poseéis siquiera la razón más rudimentaria necesaria para comportaros como es debido. Sin importar lo que hagas, como mínimo, debe ser considerado adecuado por la mayoría de las personas. Debes escuchar las sugerencias de todos; si lo que dicen es correcto, debes aceptarlo y, luego corregir tus errores. Si todo el mundo cree que los resultados que has obtenido están bien y los aprueba, solo entonces pueden considerarse aceptables tus acciones. Así, en un sentido, seréis capaces de actuar de acuerdo con los principios al cumplir con el deber, y seréis más maduros y experimentados en el manejo de los problemas. En otro sentido, seréis capaces de aprender más y, al mismo tiempo, llegaréis a entender la verdad y a poseer entrada en la vida. Y así, cuando algo os suceda, no debéis ser sentenciosos. Debéis aquietaros ante Dios y aprender una lección. Debéis ser capaces de renunciar a vosotros mismos a fin de aprender más. Si piensas: “Tengo más experiencia en esto que vosotros, así yo debería estar a cargo y vosotros deberíais hacerme caso”, ¿qué clase de carácter es ese? Es arrogante y sentencioso. Es un carácter corrupto satánico y no es algo dentro del ámbito de la humanidad normal. Así pues, ¿qué significa no ser sentencioso? (Significa escuchar las sugerencias de los demás y debatir las cosas con todo el mundo). Sin importar cuáles sean tus ideas y opiniones personales, si determinas a ciegas que son correctas y que son el modo en que deben hacerse las cosas, esa es una actitud arrogante y sentenciosa. Si tienes ciertas ideas u opiniones que crees que son correctas, pero no tienes plena fe en ti mismo, y puedas confirmarlas a partir de buscar y compartir, eso es lo que significa no ser sentencioso. Esperar a recibir el apoyo y la aprobación de todo el mundo antes de actuar es la manera razonable de hacer las cosas. Si alguien no está de acuerdo contigo, debes responder a conciencia y ser meticuloso cuando se trata de los aspectos profesionales de tu labor. No puedes hacer la vista gorda diciendo: “¿Lo entiendes mejor tú o yo? Llevo mucho tiempo involucrado en esta área de trabajo; ¿no debería entenderlo mejor que tú? ¿Qué sabes tú sobre esto? ¡No lo entiendes!”. Ese no es un buen carácter; es demasiado arrogante y sentencioso. Es posible que la persona que está en desacuerdo contigo sea un aficionado, y que no comprenda bien esa área de trabajo; tal vez tengas razón y estés haciendo las cosas de la manera correcta, pero el problema es tu carácter. ¿Cuál es entonces la forma correcta de comportarse y actuar? ¿Cómo puedes comportarte y actuar de acuerdo con los principios-verdad? Debes exponer tus ideas y permitir que todos vean si hay algún problema con ellas. Si alguien formula una sugerencia, primero debes aceptarla y luego debes permitir que todos confirmen la senda de práctica correcta. Si nadie tiene inconvenientes al respecto, entonces puedes determinar el modo más adecuado de hacer las cosas y actuar de esa manera. Si se detecta un problema, debes solicitar la opinión de todos, y debéis buscar la verdad y compartirla juntos y, así, obtendréis el esclarecimiento del Espíritu Santo. Cuando se iluminen vuestros corazones y tengáis una senda mejor, los resultados que obtengáis serán mejores que antes. ¿Acaso no es esa la guía de Dios? ¡Es algo maravilloso! Si puedes evitar ser sentencioso, si puedes abandonar tus fantasías e ideas, y si puedes escuchar las opiniones correctas de los demás, serás capaz de recibir el esclarecimiento del Espíritu Santo. Tu corazón se iluminará y serás capaz de encontrar la senda correcta. Tendrás un camino a seguir y, cuando lo pongas en práctica, sin duda será conforme a la verdad. A través de esta práctica y de esta experiencia aprenderás a practicar la verdad, y al mismo tiempo aprenderás algo nuevo sobre esa área de trabajo. ¿No es eso algo bueno? Así, te darás cuenta de que cuando te sucede algo, no debes ser sentencioso y debes buscar la verdad, y que si eres sentencioso y no aceptas la verdad, no le caerás bien a nadie y sin duda Dios te aborrecerá. ¿No te dará eso una lección? Si siempre persigues de esta manera y practicas la verdad, seguirás puliendo las capacidades profesionales que utilizas en el deber, cada vez obtendrás mejores resultados en él, y Dios te esclarecerá y te bendecirá, y permitirá que aprendas cada vez más. Asimismo, contarás con una senda para practicar la verdad y, cuando sepas practicarla, poco a poco captarás los principios. Cuando sepas qué acciones conducen al esclarecimiento y la guía de Dios, cuáles conducen a Su aversión y rechazo, y cuáles te dirigen a Su aprobación y Sus bendiciones, tendrás un camino a seguir. Cuando la gente recibe las bendiciones y el esclarecimiento de Dios, se acelera su progreso vital. Recibirán el esclarecimiento y la guía de Dios a diario, y habrá paz y felicidad en su interior. ¿Acaso eso no les dará placer? Cuando tus acciones puedan presentarse ante Dios y Él las acepte, sentirás placer en tu corazón y, por dentro, tendrás paz y felicidad. Esta paz y felicidad son sentimientos que Dios te ha otorgado, son una sensación que te ha concedido el Espíritu Santo.

Ser arrogante y sentencioso es el carácter satánico más ostensible del hombre, y si la gente no acepta la verdad, no tendrá manera de purificarlo. Todas las personas tienen un carácter arrogante y sentencioso, y siempre son engreídas. Más allá de lo que piensen o digan, o de cómo vean las cosas, siempre creen que sus puntos de vista y sus actitudes son correctos, y que lo que dicen los demás no es tan bueno ni tan correcto como lo que ellas dicen. Siempre se aferran a sus opiniones y, sin importar quién hable, no lo escuchan. Aunque lo que esa persona diga sea correcto o concuerde con la verdad, no lo aceptan; solo aparentarán estar escuchando, pero en realidad no adoptarán la idea y, cuando llegue el momento de actuar, seguirán haciendo las cosas a su manera, creyendo siempre que lo que dicen es correcto y razonable. Es posible que lo que tú digas, en efecto, sea correcto y razonable, o que lo que hayas hecho sea correcto e irreprochable, pero ¿qué clase de carácter has revelado? ¿No es arrogante y sentencioso? Si no desechas este carácter arrogante y sentencioso, ¿no afectará el cumplimiento de tu deber? ¿No afectará tu práctica de la verdad? Si no resuelves tu carácter arrogante y sentencioso, ¿no te causará graves reveses en lo sucesivo? Sin duda que sufrirás reveses, eso es inevitable. Decidme, ¿puede Dios ver tal comportamiento del hombre? ¡Dios es más que capaz de verlo! Él no solo escruta las profundidades del corazón de las personas, también observa cada una de sus palabras y actos en todo momento y lugar. ¿Qué dirá Dios cuando vea este comportamiento tuyo? Él dirá: “¡Eres intransigente! Es entendible que puedas aferrarte a tus ideas cuando no sepas que estás equivocado, pero cuando claramente sí lo sabes y de todos modos te aferras a ellas, y morirías antes que arrepentirte, no eres más que un necio obstinado y estás en problemas. Si, más allá de quién formule una sugerencia, tú siempre adoptas una actitud negativa y reticente al respecto y no aceptas ni siquiera un poco de la verdad, y si tu corazón es completamente reticente, está cerrado y es despectivo, entonces eres muy ridículo, ¡eres una persona absurda! ¡Eres muy difícil de tratar!”. ¿En qué aspecto eres difícil de tratar? Porque lo que expresas no es un enfoque ni un comportamiento erróneo, sino que es una revelación de tu carácter. ¿Una revelación de qué carácter? Un carácter en el cual sientes aversión por la verdad y la odias. Una vez que se te ha identificado como una persona que odia la verdad, a ojos de Dios estás en problemas, y Él te desdeñará e ignorará. Desde la perspectiva de la gente, lo máximo que dirán es: “El carácter de esta persona es malo, es sumamente obstinada, intransigente y arrogante. Es difícil llevarse bien con ella y no ama la verdad. Jamás ha aceptado la verdad y no la pone en práctica”. Como mucho, todo el mundo hará esta valoración de ti, pero ¿puede eso decidir tu destino? La valoración que la gente hace de ti no puede decidir tu destino, pero hay algo que no debes olvidar: Dios escruta el corazón de las personas y, al mismo tiempo, observa cada una de sus palabras y actos. Si Dios te cataloga así y dice que odias la verdad, si Él no dice simplemente que tú tengas un carácter un poco corrupto o que seas un poco desobediente, ¿no es este un problema grave? (Es grave). Eso implica un problema, y este problema no radica en la manera en la cual la gente te ve o en cómo te valora, sino en la forma en la que Dios ve tu carácter corrupto de odio hacia la verdad. Así pues, ¿cómo lo ve Dios? ¿Dios simplemente ha determinado que odias la verdad y no la amas, y eso es todo? ¿Es tan simple como eso? ¿De dónde proviene la verdad? ¿A quién representa? (Representa a Dios). Meditad sobre esto: si una persona odia la verdad, desde la perspectiva de Dios, ¿cómo la verá Él? (Como Su enemigo). ¿No es este un problema grave? Cuando alguien odia la verdad, ¡odia a Dios! ¿Por qué digo que odia a Dios? ¿Maldijo a Dios? ¿Se opuso a Él frente a frente? ¿Lo criticó o lo condenó a Sus espaldas? No necesariamente. Entonces ¿por qué digo que revelar un carácter de odio a la verdad implica odiar a Dios? No se trata de exagerar, es la realidad de la situación. Es igual que con los fariseos hipócritas que crucificaron al Señor Jesús porque odiaban la verdad: las consecuencias posteriores fueron terribles. Esto significa que si una persona tiene un carácter que siente aversión por la verdad y la odia, esta puede revelarlo en cualquier momento y lugar, y si vive de acuerdo con él, ¿no se opondrá a Dios? Cuando se enfrente a algo que atañe a la verdad o implique tomar una decisión, si no puede aceptar la verdad y vive según su carácter corrupto, naturalmente se opondrá a Dios y lo traicionará, porque su carácter corrupto es uno que odia a Dios y odia la verdad. Si tú tienes tal carácter, entonces incluso cuando se trate de palabras expresadas por Dios, las cuestionarás y querrás analizarlas y diseccionarlas. Entonces, tendrás suspicacias respecto de las palabras de Dios y dirás: “¿De verdad son estas las palabras de Dios? No me parecen la verdad, no me parecen necesariamente correctas todas ellas”. De este modo, ¿no se ha revelado tu carácter de odio hacia la verdad? Cuando piensas así, ¿puedes someterte a Dios? Por supuesto que no. Si no puedes someterte a Dios, ¿sigue Él siendo tu Dios? No lo es. Entonces, ¿qué será Dios para ti? Lo tratarás como un objeto de estudio, alguien de quien hay que dudar, alguien que hay que condenar; lo tratarás como a una persona común y corriente, y lo condenarás como tal. Así, te convertirás en alguien que se resiste a Dios y blasfema en Su contra. ¿Qué clase de carácter causa esto? Lo causa un carácter arrogante que se ha exacerbado hasta cierto punto; no solo se revelará tu carácter satánico, también quedará a la vista por completo tu rostro satánico. ¿Qué le sucede a la relación entre Dios y una persona que ha llegado al nivel de resistirse a Dios y cuya rebeldía contra Él ha llegado a cierto punto? Se torna una relación hostil, en la que la persona coloca a Dios en oposición a sí misma. Si, al creer en Dios, no puedes aceptar la verdad ni someterte a ella, entonces Él no es tu Dios. Si niegas la verdad y la rechazas, ya te habrás convertido en alguien que se resiste a Dios. ¿Puede Él salvarte de todos modos? Sin duda que no. Dios te da la oportunidad de recibir Su salvación y no te ve como un enemigo, pero tú no aceptas la verdad y colocas a Dios en oposición a ti; tu incapacidad de aceptar a Dios como tu verdad y tu senda te convierte en una persona que se resiste a Él. ¿Cómo debe resolverse este problema? Debes arrepentirte y cambiar el rumbo de inmediato. Por ejemplo, cuando encuentres un problema o una dificultad al cumplir con el deber y no sepas cómo resolverlo, no debes meditar al respecto ciegamente, sino que primero debes aquietarte ante Dios, orar y buscar en Él, y ver qué dicen Sus palabras al respecto. Si, tras leer las palabras de Dios, sigues sin comprender y no sabes a qué verdades atañe esta cuestión, debes aferrarte a un principio: primero someterte, no tener ideas ni pensamientos personales, aguardar con un corazón tranquilo y ver cómo Dios pretende y quiere actuar. Cuando no entiendas la verdad, debes buscarla y debes esperar a Dios, en lugar de actuar a ciegas y con descuido. Si alguien te hace una sugerencia cuando no entiendes la verdad, y te dice cómo actuar de acuerdo con ella, primero debes aceptarla y permitir que todos compartan al respecto, y ver si esta senda es correcta o no, y si guarda conformidad con los principios-verdad o no. Si confirmas que es acorde a la verdad, practica de ese modo; si determinas que no lo es, no lo hagas. Es tan sencillo como eso. Cuando buscas la verdad, debes consultar con muchas personas. Si alguien tiene algo que decir, debes escucharlo y tratar todas sus palabras con seriedad. No lo ignores ni lo desaires, porque esto se relaciona con asuntos dentro del alcance de tu deber y debes tratarlo con seriedad. Esa es la actitud correcta y es el estado correcto. Cuando estás en el estado correcto y no revelas un carácter que siente aversión por la verdad y la odia, practicar de este modo suplantará tu carácter corrupto. Eso es practicar la verdad. Si practicas así la verdad, ¿qué frutos dará? (Nos guiará el Espíritu Santo). Recibir la guía del Espíritu Santo es un aspecto. A veces el asunto es muy sencillo y puede lograrse utilizando la mente; una vez que los demás terminen de darte sus sugerencias y tú entiendas, serás capaz de corregir las cosas y actuar de acuerdo con los principios. Tal vez la gente crea que se trata de un asunto menor, pero para Dios es muy importante. ¿Por qué lo digo? Porque, cuando practicas así, para Dios eres una persona que puede practicar la verdad, alguien que la ama y que no siente aversión por ella; cuando Dios ve dentro de tu corazón, también ve tu carácter, y eso es algo muy importante. En otras palabras, cuando cumples con el deber y actúas en presencia de Dios, todo lo que vives y manifiestas son las realidades-verdad que la gente debe poseer. Las actitudes, los pensamientos y los estados que posees en todo lo que haces son las cosas más importantes para Dios, y son lo que Él escruta.

¿Acaso no es vil que a algunas personas les guste hilar fino y hacer cosas inútiles cuando algo les sucede? Este es un gran problema. La gente lúcida no comete este error, pero así es como son las personas absurdas. Siempre imaginan que los demás les dificultan las cosas, que se lo ponen difícil adrede, así que siempre antagonizan con ellos. ¿No es una desviación? No se esfuerzan cuando se trata de la verdad, prefieren discutir sobre cosas sin importancia cuando les sucede algo, y exigen explicaciones, tratan de salvar las apariencias, y siempre utilizan soluciones humanas para abordar tales asuntos. Este es el mayor obstáculo para la entrada en la vida. Si crees en Dios de este modo, o si practicas así, jamás alcanzarás la verdad porque nunca compareces ante Dios. Nunca compareces ante Dios a recibir todo lo que Él ha dispuesto para ti ni usas la verdad para abordar todo esto, y en cambio utilizas soluciones humanas para abordar las cosas. Por tanto, a ojos de Dios, te has apartado demasiado de Él. No solo se ha apartado tu corazón de Él: todo tu ser no vive en Su presencia. Así ve Dios a quienes siempre analizan en exceso las cosas e hilan fino. Hay quienes son elocuentes y persuasivos, de mente ágil y astuta, que piensan: “Hablo bien. Los demás me admiran y aprecian mucho y me tienen en alta estima. Por lo general la gente me escucha”. ¿Es esto útil? Te has hecho de prestigio entre la gente, pero tu forma de comportarte ante Dios a Él no le complace. Dios dice que eres un incrédulo y que eres hostil hacia la verdad. Entre la gente, tal vez seas sofisticado y fino, y quizá manejes bien las cosas y te lleves bien con cualquiera; tal vez siempre encuentres el modo de manejar las cosas y ocuparte de ellas sin importar la situación, pero no compareces ante Dios ni buscas la verdad para resolver los problemas. La gente así es muy problemática. Dios solo tiene una cosa que decir al valorar a la gente como tú: “Eres un incrédulo, estás intentando aprovecharte de esta oportunidad para recibir bendiciones con la excusa de creer en Dios. No eres alguien que acepte la verdad”. ¿Qué piensas de esta clase de valoración? ¿Es lo que queréis? Por supuesto que no. Es posible que a algunos no les importe y digan: “No importa cómo nos vea Dios, de todos modos nosotros no podemos verlo a Él. Nuestro problema más inmediato es primero llevarnos bien con la gente cercana. Una vez que nos hayamos asentado con firmeza, podemos ganarnos a los líderes y obreros para que todo el mundo nos admire”. ¿Qué clase de persona es esta? ¿Es alguien que cree en Dios? Desde luego que no; es un incrédulo. Quienes creen en Dios deben vivir siempre en Su presencia; sin importar los problemas que encuentren, deben comparecer ante Dios a buscar la verdad para que al final Él diga: “Eres alguien que ama la verdad, que complace a Dios y a quien Él considera aceptable. Dios ha visto tu corazón y también ha visto tu sumisión”. ¿Qué piensas de esta clase de valoración? La gente así es la única que puede recibir la aprobación de Dios. ¿Podéis entenderlo por completo? Os digo que, sin importar el deber que realice un creyente en Dios —ya sea que se ocupe de asuntos externos o de un deber relacionado con las diversas tareas o áreas profesionales de la casa de Dios—, si no acude a Dios con frecuencia y no vive en Su presencia, y si no se atreve a aceptar Su escrutinio ni busca la verdad de Dios, entonces es un incrédulo y no se diferencia de un no creyente. ¿Sois capaces de comprender esto? Es posible que ahora haya cierta gente que no pueda cumplir un deber porque su entorno no es el adecuado; vive en el entorno de los no creyentes y, sin embargo, a menudo sigue recibiendo el esclarecimiento y la guía de Dios. ¿Cómo es posible? Lo más crucial es que sean capaces de orar a Dios, comer y beber de Sus palabras, buscar la verdad y practicarla, y mantener una relación normal con Dios. Estas cosas son clave para determinar si una persona puede vivir siempre en presencia de Dios. Si no sueles sentir a Dios y a menudo estás débil y negativo, o si sueles ser disoluto, no llevas ninguna carga en el deber y siempre estás atolondrado, ¿es ese un estado bueno o malo? ¿Es un estado de vivir ante Dios o de no vivir ante Él en absoluto? (Es un estado de no vivir ante Dios). Así pues, debéis evaluar esto: ¿vivís a menudo ante Dios o no? Si lo hacéis muy raramente y ni siquiera oráis ni leéis las palabras de Dios, eso constituye un problema, significa que eres un no creyente. Algunos pocas veces mantienen la mente en los asuntos que corresponde, son disolutos y desenfrenados, y cuando les suceden cosas, siempre están confundidos y no saben buscar la verdad. Ni siquiera saben si han obtenido o no resultados en el cumplimiento de su deber. Desconocen cuáles de sus acciones cotidianas ofenden a Dios, cuáles Él considera aceptables y cuáles aborrece. Solo salen del paso cada día. ¿Qué opináis de este estado? ¿La gente que vive en estos estados tiene un corazón temeroso de Dios? ¿Puede existir algún principio en lo que hacen? ¿Pueden hacer cosas razonables? Cuando cumplen con el deber, ¿pueden decir “debo restringirme, debo cumplir bien con el deber, debo hacerlo de todo corazón y con todas mis fuerzas”? ¿Pueden lograr la lealtad? (No). Entonces, ¿qué está haciendo esa gente? ¡Solo se está esforzando! ¿Ha obtenido la verdad? (No). Esa es una gran pérdida. ¿Cómo es posible que ese grupo de necios no sepa perseguir la verdad? Hace diez o veinte años que creen en Dios y han escuchado muchos sermones; sin embargo, desconocen qué se puede ganar a partir de creer en Dios, cómo deberían perseguir la verdad, cómo deberían practicarla o cómo deberían cumplir con el deber. Si ni siquiera tienen en claro estas cosas importantes, ¿acaso no son un poco necios? Son muy estúpidos e insensibles. No tienen ninguna reacción ante la verdad en absoluto, y eso es peligroso. ¿Qué es lo más importante de creer en Dios? Obtener la verdad. ¿Qué problemas se resuelven cuando alguien obtiene la verdad? Principalmente, el problema de sus pecados y de sus actitudes corruptas, así como todas las dificultades de su fe en Dios y sus puntos de vista equivocados. Todos estos problemas pueden resolverse. Cuando alguien obtiene la verdad, ¿a qué debe aplicarla? Debe aplicarse al cumplimiento del deber y a dar testimonio para Dios; estas son las cosas más importantes. En este momento, tal vez carezcáis de verdadero conocimiento al respecto, quizá no hayáis reconocido aún el valor o el significado de la verdad, pero algún día lo haréis.

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