Solo si se vive a menudo ante Dios es posible tener una relación normal con Él (Parte 2)

¿Habéis leído el Libro de Job? Cuando lo estabais leyendo, ¿os sentisteis conmovidos? ¿Experimentasteis una especie de anhelo que os hizo desear convertiros en alguien como Job? (Sí). ¿Cuánto pueden durar esa sensación y ese estado de ánimo? ¿Un par de días, un par de meses, o quizá un par de años? (Dos o tres días). Así pues, ¿esa sensación y ese estado de ánimo desaparecen tras dos o tres días? Debes orar cuando te sientas conmovido y decirle a Dios que deseas ser una persona como Job, que deseas comprender la verdad, adquirir conocimiento sobre Dios y convertirte en alguien que le teme y evita el mal. Debes implorarle a Dios que genere esto en ti, que te guíe, te provea de los entornos adecuados, te dé fortaleza y te proteja para que te mantengas firme en toda situación que enfrentes, que no te resistas a Dios y, en cambio, actúes con temor de Él y evites el mal, y satisfagas Sus intenciones. Siempre debes orar y suplicar a Dios en aras de este objetivo y por las cosas que esperas lograr, y cuando Él vea tu corazón sincero, actuará. No temas cuando Dios actúe. Él de ninguna manera te cubriría el cuerpo de llagas ni te privaría de todo lo que tienes, como lo hizo cuando puso a prueba a Job. Dios no hará eso; poco a poco colocará cada vez más sobre ti de acuerdo con tu estatura. Debes clamar a Dios con sinceridad; no lo hagas solo durante un par de días tras leer el Libro de Job, cuando aún te sientas conmovido por esta lectura, y luego te olvides de eso al tercer día cuando ya no lo estés leyendo y dejes de llevarlo en el corazón. Si lo haces, ¡tendrás problemas! Si admiras a la gente como Job y quieres ser esa clase de persona, debes tener una senda para saber cómo convertirte en ella, debes entregar tu corazón a Dios y luego orar por eso a menudo, meditarlo con frecuencia, y posteriormente comer y beber de las palabras que Dios ha expresado sobre Job, contemplarlas de manera constante y reiterada, y después debes compartir con quienes tengan esta clase de experiencia y conocimiento. Debes esforzarte por lograr este objetivo. ¿Cómo deberías esforzarte? Si tan solo te sientas a observar y esperar, eso no es esforzarte. Debes ponerlo en práctica, dedicarle esfuerzo, y a la vez albergar la determinación de soportar el sufrimiento y un corazón anhelante, y luego ofrecer tus oraciones para ello, pidiéndole a Dios que actúe. Si Dios no actúa, por mucho entusiasmo que tenga la gente, no servirá de nada. ¿Cómo actuará Dios? Comenzará a orquestar y disponer entornos para ti según corresponda a tu estatura. Debes decirle a Dios qué objetivo deseas lograr en tu fe y qué clase de determinaciones tienes. ¿Has orado a Dios y se lo has suplicado? ¿Durante cuánto tiempo lo has hecho? Si solo dices un par de oraciones de vez en cuando y, cuando ves que Dios no ha actuado, piensas: “Olvídalo, dejaré las cosas como están. Que pase lo que tenga que pasar. Solo seguiré la corriente. No me importa qué me suceda”, eso no está bien, y no eres sincero. Si lo único que tienes es dos minutos de entusiasmo, ¿puede Dios actuar por ti y ayudar a disponerte entornos? ¡Dios no haría eso! Él quiere ver tu sinceridad, y ver cuánto resisten tu sinceridad y perseverancia, y si tu corazón es sincero o falso. Dios esperará. Él oye tus plegarias y súplicas, oye las determinaciones y los deseos que le confías, pero hasta tanto vea tu decisión de soportar el sufrimiento, no actuará. Si, tras terminar de orar a Dios, simplemente desapareces sin haber hecho nada, ¿actuaría Él en estas circunstancias? Sin duda que no. Debes orar y suplicar más a Dios, dedicar esfuerzo a esto y meditar al respecto, y luego degustar minuciosamente los entornos que Dios ha dispuesto para ti; te sobrevendrán poco a poco, y Dios comenzará a actuar. Si tu corazón no es sincero, esto no funcionará. Tal vez digas: “¡Cuánto admiro a Job, y cuánto a Pedro!”, pero ¿de qué sirve tu admiración? Puedes admirarlos todo lo que quieras, pero tú no eres ellos, y toda tu admiración no hará que Dios haga en ti la misma obra que hizo en ellos, porque no eres la misma clase de persona que ellos. No tienes su determinación, su humanidad ni el corazón con el cual ellos anhelaron y persiguieron la verdad. Solo cuando llegues a poseer tales cosas Dios te concederá más.

¿Tenéis ahora la determinación de perseguir la verdad, de ganarla y de alcanzar la salvación y ser perfeccionados por Dios? (Sí). ¿Qué tan grande es vuestra determinación? ¿Cuánto tiempo podéis mantenerla? (Cuando estoy en un buen estado, tengo determinación, pero cuando encuentro cosas que no se corresponden con mis nociones o con los intereses de mi carne, o cuando atravieso cierta refinación o tengo algunas dificultades, quedo atrapada en un estado de negatividad, y la fe y determinación que tenía al principio desaparecen de a poco). Eso no está bien. Eres demasiado débil. Debes llegar a un punto donde, más allá de las circunstancias que enfrentes, estas no puedan cambiar tu determinación. Solo entonces serás alguien que realmente ame y persiga la verdad. Si, cuando algo te sucede y te encuentras con una pequeña dificultad, te echas para atrás, te vuelves negativo y desanimado y abandonas tu determinación, eso no está bien. Debes tener la fortaleza de quien está dispuesto a arriesgar su vida y dice: “Pase lo que pase, incluso si muero, no desistiré de la verdad ni de mi objetivo de perseguirla”. Entonces, nada podrá detenerte. Si de verdad encuentras dificultades y quedas arrinconado, Dios actuará. Además, debes pensar así: “Sin importar con lo que me encuentre, son todas lecciones que debo aprender en mi búsqueda de la verdad; han sido dispuestas por Dios. Tal vez sea débil, pero no soy negativo, y estoy agradecido a Dios por darme la oportunidad de aprender estas lecciones. Doy gracias a Dios por disponer esta situación para mí. No puedo abandonar mi determinación de seguir a Dios y ganar la verdad. Si llegara a abandonarla, eso sería lo mismo que ceder ante Satanás, hundirme y traicionar a Dios”. Esta es la clase de determinación que debes tener. Más allá de las pequeñeces que enfrentes, son episodios menores en el transcurso de tu vida. No debes permitir que obstaculicen la dirección de tu progreso. Cuando te encuentres con dificultades puedes buscar y esperar, pero la dirección de tu progreso no debe modificarse, ¿no es así? (Así es). Sin importar lo que digan los demás, o cómo te traten, y más allá de cómo te trate Dios, tu determinación no debe cambiar. Si Dios dice: “No aceptas para nada la verdad, te aborrezco”, y tú respondes: “Dios me aborrece, así que ¿qué sentido tiene mi vida? ¡Mejor me muero y termino con esto!”, estarías malinterpretando a Dios. Es cierto que Dios te aborrece, pero debes seguir luchando, debes aceptar la verdad y cumplir con el deber. Así, no serás un bueno para nada y Dios no te desdeñará. En este momento, vuestra estatura es aún demasiado escasa y todavía no habéis alcanzado los estándares necesarios para que Dios os ponga a prueba. ¿Qué es lo único que podéis hacer? Debes orar: “Dios mío, te ruego que me guíes y esclarezcas para que entienda Tus intenciones y tenga la fe y perseverancia para recorrer la senda de búsqueda de la verdad, y para que pueda temer a Dios y evitar el mal. Si bien soy débil y mi estatura es inmadura, te ruego que me des fortaleza y me protejas para que pueda seguirte hasta el final”. Debes acudir a Dios a menudo para orar. Tal vez otra gente anhele las cosas mundanas, se entregue a la carne y siga las tendencias mundanas, pero tú no debes ir con ellos: solo concéntrate en cumplir con tu deber. Cuando los demás se sientan negativos y no cumplan con sus deberes, no debes sentirte limitado y deberías buscar la verdad para ayudarlos. Cuando los demás se entreguen a la comodidad no debes envidiarlos, solo debes ocuparte de vivir ante Dios. Cuando los demás busquen fama, ganancia y estatus, debes orar por ellos y ayudarlos, silenciar tu corazón ante Dios y no dejar que tales cosas te afecten. Sin importar lo que suceda a tu alrededor, debes orar a Dios sobre todas las cosas. Siempre debes buscar la verdad, restringirte, asegurarte de estar viviendo en presencia de Dios y tener una relación normal con Él. Dios escruta a las personas en todo momento, y el Espíritu Santo obra dentro de estas clases de personas. ¿Cómo escruta Dios el corazón de una persona? No solo mira con Sus ojos, sino que dispone entornos para ti y te toca el corazón con Su mano. ¿Por qué lo digo? Porque cuando Dios dispone un entorno para ti, Él se fija en si lo rechazas y lo detestas o si te gusta y te sometes a él, si esperas con pasividad o si buscas activamente la verdad. Dios observa cómo se transforman tu corazón y tus pensamientos, y en qué sentido evolucionan. A veces, el estado de tu corazón es positivo y, otras, negativo. Si puedes aceptar la verdad, podrás aceptar de parte de Dios a las personas, los acontecimientos y las cosas, y los diversos entornos que Él disponga para ti, y serás capaz de abordarlos correctamente. Leyendo las palabras de Dios y a través de la contemplación, todos tus pensamientos e ideas, todas tus opiniones y todos tus estados de ánimo cambiarán en función de Sus palabras. Tendrás esto en claro, y Dios también escrutará todo eso. Aunque no se lo hayas contado a nadie, o no hayas orado al respecto, y solo lo pienses en tu interior y en tu propio mundo, desde la perspectiva de Dios ya estará muy claro: será evidente para Él. La gente te mira con sus ojos, pero Dios te toca el corazón con el Suyo: así de cerca de ti está. Si puedes percibir el escrutinio de Dios, vives en Su presencia. Si no lo puedes percibir en absoluto, vives en tu propio mundo y según tus sentimientos y actitudes corruptas, y entonces estás en problemas. Si no vives en presencia de Dios, si existe una gran distancia entre tú y Dios, y estás lejos de Él, si no consideras para nada las intenciones de Dios y no aceptas Su escrutinio, Él sabrá todo esto. Le resultará sumamente fácil percibirlo. Así pues, cuando tienes determinación y un objetivo, y estás dispuesto a ser perfeccionado por Dios y a convertirte en alguien que sigue Su voluntad, que teme a Dios y evita el mal, cuando tienes esta determinación y puedes orar y suplicar a menudo por estas cosas, vives en presencia de Dios y jamás te distancias de Él ni lo abandonas, tienes estas cosas en claro y Dios también las conoce. Algunos dicen: “Yo lo tengo claro, pero ¿Dios lo sabe o no?”. Esta no es una pregunta válida. Si lo dices, eso demuestra que jamás has hablado con Dios y que no existe absolutamente ninguna relación entre Él y tú. ¿Por qué digo que no existe ninguna relación entre Él y tú? No has vivido ante Dios y, por tanto, no puedes percibir si Él está contigo o no, si te guía, si te protege, y si te ha reprendido cuando hiciste algo malo. Si no percibes tales cosas, entonces no vives ante Dios, tan solo lo imaginas y te consientes; vives en tu propio mundo, no ante Dios, y no existe absolutamente ninguna relación entre Él y tú.

¿Cómo puede la gente mantener una relación normal con Dios? ¿De qué depende mantenerla? Depende de que suplique, ore e interactúe con Dios en su corazón. Esta clase de relación le permite a la gente vivir siempre ante Él. Por tanto, a fin de establecer una relación normal con Dios, las personas primero deben hacer silencio. Algunos se la pasan haciendo cosas afuera y solo se ocupan de los asuntos externos. Si no tienen nada de vida espiritual durante un par de días, no son conscientes de ello. Seguirán sin ser conscientes de ello tras tres o cuatro días, o incluso tras un par de meses. Esto se debe a que no han orado, suplicado ni han hablado con Dios. Suplicar implica que algo te sucede y quieres que Dios te ayude, te guíe, te provea, te esclarezca, te haga entender Sus intenciones, saber cuál es la verdad, comprender cuáles son los principios-verdad y cómo practicar la verdad; esta es la clase de súplica que concuerda con las intenciones de Dios. La oración abarca un espectro relativamente amplio. A veces puedes hablar de cosas que tienes en tu interior: cuando enfrentas dificultades o te sientes negativo y débil, puedes hablar con Dios sobre estas cosas desde el corazón. También puedes orar a Dios en momentos en que seas rebelde, o puedes hablarle de las cosas que te suceden a diario, tanto las que comprendes como las que no: esto se denomina oración. Orar es hablar con Dios sobre lo que tienes en el corazón o buscar la verdad de Él. En ocasiones, se realiza en un horario determinado, en otras ocasiones no; puedes orar en cualquier momento y lugar. La comunión en el espíritu no tiene ninguna forma en particular: tal vez haya algo que te preocupe, o tal vez no; tal vez haya algo que quieras decir, o tal vez no. Cuando haya algo que te preocupe, deberías hablar sobre ello con Dios y rezar una oración. Normalmente, deberías tratar de contemplar cuestiones tales como la forma en que Dios ama al hombre, cómo se preocupa por él, por qué poda al hombre, qué significa realmente someterse a Dios, etcétera, comunicándote con Él en todo momento y lugar, orando a Dios y buscando en Él. Esto es la comunión en el espíritu o, de forma más concisa, la “comunión espiritual”. A veces, puede que pienses en algo que te molesta mucho mientras estás viajando; no es necesario que te arrodilles ni cierres los ojos. Simplemente puedes hablar con Dios en tu interior: “Dios mío, me ha sucedido esto y no sé cuál es la manera adecuada de lidiar con ello, así que te pido que me guíes en este asunto”. Cuando sientas que se conmueve tu corazón y le digas algunas palabras sinceras a Dios al respecto, Él lo sabrá. En ocasiones tal vez extrañes tu hogar y digas: “Dios mío, extraño mucho mi hogar”. No dices a quién extrañas en concreto, solo que te sientes triste y se lo cuentas a Dios. Solo puedes resolver tus problemas si oras a Dios y le dices lo que hay en tu corazón. ¿Puedes resolver tus problemas hablando con otra persona? No será tan malo si te encuentras con alguien que entiende la verdad: no solo serás capaz de resolver tus problemas, sino que además te beneficiarás de ello. Pero si te encuentras con alguien que no la comprende, no podrás resolver tus problemas y esto también puede afectarlo. Si hablas con Dios, Él te consolará y te conmoverá. Si puedes hacer silencio ante Dios, leer Sus palabras, y luego contemplarlas y orar, serás capaz de entender la verdad y resolver tus problemas. Las palabras de Dios pueden ayudarte a encontrar una senda para superar tus dificultades, y cuando cruces este pequeño obstáculo, no te tropezarás y este no te limitará ni influirá sobre el desempeño de tu deber. Habrá momentos en los que de repente te sientas desanimado y un poco en tinieblas. Cuando eso suceda, debes orar a Dios de inmediato y acercarte a Él, lo que implica contarle lo que hay en tu interior y confiar en Él en todo momento y lugar en que te encuentres. Así, podrás corregir tu estado. Debes tener fe: “Dios está a mi lado en todo momento, jamás me ha abandonado, puedo sentirlo. Sin importar dónde me encuentre o qué esté haciendo —ya sea que esté en una reunión o cumpliendo con el deber—, por dentro sé que Dios me lleva de Su mano y que jamás me ha abandonado”. A veces, cuando recuerdes que pasaste así cada día a lo largo de los años, sentirás que tu estatura ha aumentado, que Dios ha estado guiándote y que Su amor siempre te ha protegido. Mientras pienses en estas cosas, orarás en tu corazón dando gracias a Dios: “Oh Dios, ¡te doy gracias! Soy demasiado débil, tímido y sumamente corrupto. Si Tú no hubieras estado para guiarme así, es imposible que hubiera podido sobrevivir hasta el día de hoy por mí mismo”. ¿No es esto la comunión espiritual? Si la gente puede hablar con Dios a menudo de este modo, ¿no tendrá mucho que decirle a Dios? No pasarán muchos días sin que tengan algo que contarle a Dios. Cuando no tienes nada que decirle, Dios está ausente de tu corazón. Si Dios está en tu corazón y tú tienes fe en Él, serás capaz de expresarle todas las palabras que tienes en tu interior, incluso las cosas que les contarías a tus confidentes. De hecho, Dios es tu confidente más cercano. Si lo tratas como tal, como la familia de la que más dependes, en la que más confías, la más fiable, y la más cercana a ti, entonces será imposible que no tengas nada que decirle a Dios. Si siempre tienes algo que decirle, ¿no vivirás siempre en Su presencia? Si siempre vives en Su presencia, serás capaz de percibir en todo momento cómo Dios te esclarece y te guía, cómo te cuida y te protege, y te otorga paz y alegría, cómo te bendice, y te amonesta, te disciplina, te reprende, te juzga y te castiga. Todo esto te resultará claro y evidente. Si te limitas a salir del paso cada día, y crees en Dios solo de palabra, sin llevarlo en tu corazón, y si solo cumples con el deber y asistes a las reuniones externamente, y lees las palabras de Dios y oras a diario, actuando simplemente por inercia, entonces esto no es creer en Dios; ninguno de estos rituales religiosos que respetas tiene nada que ver con la verdad. Aquellos que creen en Dios deben leer con atención un pasaje de Sus palabras cada día, y orar y compartir según estas palabras. Deben obtener un poco de iluminación a partir de las palabras de Dios a diario, y entender algo de la verdad. En particular, deben ser capaces de buscar la verdad y abordar los asuntos según los principios mientras cumplen con el deber, y de ganar experiencia vital cada día y experimentar la obra de Dios. Eso es un auténtico creyente y alguien que sigue a Dios.

¿Qué cuestión es la más importante y la que más requiere de resolución en tu fe en Dios? La cuestión de tu relación normal con Él. Si crees en Dios, pero no lo llevas en el corazón, te has desconectado de tu relación con Él y no lo tratas como a tu familiar y confidente más íntimo, confiable y cercano, entonces Él no es tu Dios. Practicad de acuerdo con Mis palabras durante un tiempo y fijaos en si se ha modificado vuestro estado interior. Practicando conforme a Mis palabras puedes asegurarte de que vives en presencia de Dios, de que tienes una condición y un estado normales. Cuando el estado de alguien es normal y no está influenciado por ninguna persona, acontecimientos o cosas, ni por los distintos entornos que enfrente en todas las etapas de su experiencia vital, y cuando es capaz de persistir en cumplir normalmente con el deber, tiene verdadera estatura y es alguien que ha entrado en la realidad-verdad.

13 de julio de 2017

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