Palabras sobre el cumplimiento del deber (Fragmento 31)

Dado que las personas tienen actitudes corruptas, a menudo son superficiales a la hora de cumplir con sus deberes. Entre todos los problemas, este es de los más graves. Si la gente quiere cumplir con sus deberes adecuadamente, primero debe abordar este problema de superficialidad. Mientras tengan una actitud tan superficial, no podrán cumplir con sus deberes adecuadamente, por lo que resolver el problema de la superficialidad es de vital importancia. Entonces, ¿cómo deben practicar? En primer lugar, han de resolver el problema de su estado de ánimo; han de enfocar sus deberes correctamente, y hacer las cosas con seriedad y sentido de la responsabilidad. No deben pretender ser falsos ni superficiales. El deber se realiza para Dios, no para una persona; si las personas son capaces de aceptar el escrutinio de Dios, se hallarán en el estado mental correcto. Es más, después de hacer algo, la gente debe examinarlo y reflexionar sobre ello, y si tienen el corazón un poco intranquilo, y después de un análisis detallado, descubren que en verdad hay un problema, entonces deben hacer cambios. Una vez que los hayan hecho, se quedarán con el corazón tranquilo. Cuando las personas se sienten intranquilas, esto evidencia que existe un problema, y deben examinar minuciosamente lo que han hecho, sobre todo en las etapas clave. Esa es una actitud responsable para cumplir con el deber propio. Cuando una persona puede ser seria, asumir las responsabilidades, y dedicar todo su corazón y sus fuerzas, el trabajo se hará apropiadamente. A veces estás en un estado mental equivocado, y no puedes encontrar ni descubrir un error que está claro como el agua. Si estuvieras en el estado mental correcto, entonces, con el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo, serías capaz de identificar el problema. Si el Espíritu Santo te guiara y te otorgara una conciencia, permitiéndote sentir claridad en el corazón y saber dónde reside el error, entonces serías capaz de corregir la desviación y esforzarte por los principios-verdad. Si estuvieras en un estado mental equivocado, distraído y descuidado, ¿serías capaz de notar el error? No lo serías. ¿Qué observamos con esto? Muestra que para cumplir bien con el deber es muy importante que la gente coopere, e igual de importantes son sus estados de ánimo y hacia dónde dirigen sus pensamientos e ideas. Dios escudriña a las personas y puede ver en qué estado mental están y cuánta energía utilizan mientras cumplen con sus deberes. Es crucial que las personas dediquen todo su corazón y todas sus fuerzas a lo que hacen. Su cooperación es un componente crucial. Solo si las personas se afanan en no tener remordimientos de los deberes que han completado y las cosas que han hecho, en no estar en deuda con Dios, actuarán con todo su corazón y todas sus fuerzas. Si no dedicas de manera constante todo tu corazón y fuerza a cumplir con tu deber, si eres perennemente superficial, y causas un tremendo daño a la obra, y te quedas muy lejos de los efectos requeridos por Dios, entonces solo te puede pasar una cosa: serás descartado. ¿Y habrá entonces tiempo para lamentarse? No lo habrá. Estas acciones se convertirán en un lamento eterno, en una mancha. Ser perennemente superficial es una mancha, es una transgresión grave, ¿sí o no? (Sí). Debes esforzarte por cumplir con tus obligaciones y en todo lo que debas hacer, con todo tu corazón y todas tus fuerzas, no debes ser superficial ni quedarte con ningún remordimiento. Si puedes hacer eso, Dios recordará los deberes que cumplas. Las cosas que Dios recuerda son las buenas obras. Entonces, ¿cuáles son las cosas que Dios no recuerda? (Las transgresiones y las malvadas acciones). Puede que no aceptaras que son malvadas acciones si se las describiera así en la actualidad, pero si llega un día en que estas cosas tienen consecuencias graves y hacen surgir una influencia negativa, entonces te parecerá que no son meras transgresiones de la conducta, sino malvadas acciones. Cuando te des cuenta de esto, tendrás remordimientos y pensarás: “¡Debería haber optado por tener una pizca de prevención! Con un poco más de consideración y esfuerzo al principio, esta consecuencia podría haberse evitado”. Nada limpiará esta mancha eterna de tu corazón, y si te dejara en deuda permanente, entonces tendrás problemas. Por eso, hoy debes esforzarte por poner tu corazón y tus fuerzas en la comisión que Dios te ha dado, por cumplir con todos los deberes con la conciencia tranquila, sin ningún tipo de remordimientos, y de una manera que sea recordada por Dios. Hagas lo que hagas, no seas superficial. Si cometes un error por un impulso y es una transgresión grave, esta se convertirá en una mancha eterna. En cuanto tengas remordimientos, no podrás compensarlos y serán permanentes. Ambas sendas deben verse con claridad. ¿Cuál es la que debes elegir para encontrarte con la aprobación de Dios? Desempeñar vuestro deber de todo corazón y con todas vuestras fuerzas, y preparar y acumular buenas obras, sin tener remordimientos. Hagas lo que hagas, que no sea una maldad que perturbe el cumplimiento de los deberes de otros, no hagas nada que vaya contra la verdad y se resista a Dios, y no incurras en remordimientos que vayan a durarte toda la vida. ¿Qué pasa cuando una persona ha cometido demasiadas transgresiones? ¡Están acumulando la ira de Dios en Su presencia! Si no paras de transgredir y la ira de Dios hacia ti crece cada vez más, entonces, en última instancia serás castigado.

Visto desde fuera, algunas personas no parecen tener problemas graves a lo largo del tiempo que cumplen con sus deberes. No hacen nada abiertamente malvado, no causan trastornos ni perturbaciones, ni tampoco caminan por la senda de los anticristos. En el cumplimiento de sus deberes, no ha aparecido ningún error mayúsculo o problema de principio, sin embargo, sin darse cuenta, en escasos pocos años quedan reveladas como personas que no aceptan la verdad en absoluto, como incrédulos. ¿Por qué es así? Los demás no son capaces de detectar un problema, pero Dios escudriña a esta gente en lo profundo de su corazón, y Él sí lo ve. Siempre han sido superficiales y han carecido de arrepentimiento en el cumplimiento de los deberes. A medida que pasa el tiempo, quedan naturalmente revelados. ¿Qué significa seguir sin arrepentirse? Significa que aunque han cumplido todo el tiempo con sus deberes, siempre han tenido una actitud equivocada respecto a ellos, de superficialidad, que tienen una actitud despreocupada, nunca son concienzudos y mucho menos están dedicando todo su corazón a los deberes. Puede que se esfuercen un poco, pero se limitan a actuar por inercia. No lo dan todo en sus deberes, y sus transgresiones son interminables. A ojos de Dios, nunca se han arrepentido, siempre han sido superficiales, y nunca se ha producido un cambio en ellos; es decir, no renuncian a la maldad que tienen entre manos ni se arrepienten ante Él. Dios no ve en ellos una actitud de arrepentimiento ni un cambio en su actitud. Persisten en considerar sus deberes y las comisiones de Dios con la misma actitud y método. En ningún momento hay algún cambio en este carácter obstinado e intransigente y, es más, nunca se han sentido en deuda con Dios, nunca les ha parecido que su superficialidad sea una transgresión, una malvada acción. En sus corazones no hay deuda, no hay culpa, no hay autorreproche y mucho menos se acusan a sí mismos. Y, a medida que pasa el tiempo, Dios ve que una persona de esta clase no tiene remedio. No importa lo que diga Dios ni cuántos sermones escuchen o cuánta verdad entiendan, su corazón no se conmueve y no alteran o cambian su actitud. Dios ve esto y dice: “No hay esperanza para esta persona. Nada de lo que digo toca su corazón ni le hace cambiar. No hay manera de cambiarla. Esta persona no es apta para cumplir con su deber ni para trabajar en Mi casa”. ¿Por qué dice esto Dios? Porque cuando cumplen con su deber y trabajan, son consistentemente superficiales. Da igual cuánto se les pode, y da igual cuánta tolerancia y paciencia se les conceda, esto no tiene efecto y no puede hacerlos arrepentirse y cambiar realmente. No les hace cumplir bien con su deber, no puede permitirles emprender la senda de perseguir la verdad. Entonces esta persona no tiene remedio. Cuando Dios determina que una persona ya no tiene remedio, ¿seguirá manteniendo un férreo control sobre ella? No. Dios la dejará ir. Algunas personas siempre ruegan: “Dios, no seas duro conmigo, no me hagas sufrir, no me disciplines. ¡Dame un poco de libertad! ¡Permíteme hacer las cosas con un poco de superficialidad! Déjame ser un poco disoluto. Déjame ser mi propio amo”. No quieren ser refrenados. Dios dice: “Ya que no quieres caminar por la senda correcta, entonces te dejaré ir. Te daré rienda suelta. Vete y haz lo que quieras. No te salvaré porque no tienes remedio”. ¿Los que no tienen remedio tienen algún sentido de la conciencia? ¿Tienen algún sentido de la deuda? ¿Tienen algún sentido de la acusación? ¿Son capaces de sentir el reproche, la disciplina, los golpes y el juicio de Dios? No pueden. No son conscientes de ninguna de estas cosas; en su corazón son imperceptibles, o incluso están ausentes. Cuando una persona ha llegado a esta etapa, sin Dios en su corazón, ¿puede aún alcanzar la salvación? Es difícil de decir. Cuando la fe de uno ha llegado a tal punto, se halla en peligro. ¿Sabéis cómo deben buscar, cómo deben practicar, y qué senda deben elegir para evitar esta consecuencia y asegurar que tal estado no se produzca? Lo más importante es, en primer lugar, elegir la senda correcta y, a continuación, centrarse en realizar bien el deber que debes cumplir en ese momento. Este es el estándar mínimo, el más básico. Sobre esta base debes buscar la verdad y esforzarte por los estándares de cumplir con tu deber adecuadamente. Esto es así porque lo que refleja de un modo más perceptible el vínculo que te une a Dios es cómo tratas los asuntos que Él te confía y el deber que Él te asigna, además de la postura que adoptas. Este es el problema más visible y práctico. Dios está a la espera; quiere conocer tu postura. En esta coyuntura tan decisiva, debes apresurarte en darle a conocer a Dios tu postura, aceptar Su comisión y cumplir bien con tu deber. Cuando hayas captado este punto fundamental y desempeñado bien la comisión que Dios te ha encargado, tu relación con Él será normal. Si cuando Dios te confía una tarea o te dice que cumplas con cierto deber adoptas una postura superficial y apática, si no te lo tomas en serio, ¿no es eso precisamente lo contrario de dedicar todo tu corazón y tus fuerzas? ¿Puedes cumplir bien con tu deber así? Desde luego que no. No cumplirás adecuadamente con tu deber. Por tanto, la postura que adoptas cuando cumples con tu deber tiene una importancia fundamental, como la tienen el método y la senda que eliges. A aquellos que no cumplen bien con sus deberes se les descarta, nada importa los años que lleven creyendo en Dios.

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