Palabras sobre el cumplimiento del deber (Fragmento 35)

Ahora bien, las cosas que te suceden que no se ajustan a tus conceptos, ¿pueden afectar el cumplimiento de tu deber? Por ejemplo, a veces el trabajo se torna laborioso y se requiere que las personas soporten algunas adversidades y paguen un pequeño precio para cumplir bien con sus deberes; entonces algunas personas desarrollan conceptos en su mente y surge resistencia en ellas, y es posible que se vuelvan negativas y que aflojen en su trabajo. A veces, el trabajo no es laborioso, y los deberes de las personas se tornan más fáciles de cumplir, y entonces hay quienes se sienten felices y piensan: “sería grandioso si desempeñar mi deber fuera siempre así de fácil”. ¿Qué clase de personas son estas? Son perezosas y ávidas de las comodidades de la carne. ¿Son leales en el desempeño de sus deberes? (No). Tales personas afirman estar dispuestas a someterse a Dios, pero su sumisión viene con condiciones; para someterse, las cosas deben ajustarse a sus propios conceptos y no ocasionarles ninguna penuria. Si encuentran adversidad y deben soportar penurias, se quejan grandemente e incluso se rebelan y se oponen a Dios. ¿Qué clase de personas son estas? Son personas que no aman la verdad. Cuando las acciones de Dios concuerdan con sus propios conceptos y deseos, y no tienen que soportar penurias ni pagar un precio, pueden someterse. Pero si la obra de Dios no se alinea con sus conceptos o preferencias y requiere que soporten penurias y paguen un precio, no pueden someterse. Incluso si no se oponen abiertamente, en sus corazones se resisten y están molestas. Se perciben a sí mismas como personas que soportan grandes adversidades y albergan quejas en sus corazones. ¿Qué clase de problema es este? Demuestra que no aman la verdad. ¿Pueden la oración, los votos o las resoluciones resolver este problema? (No, no pueden). ¿Cómo podría resolverse este problema entonces? Primero, debes entender las intenciones de Dios y Sus requisitos, y entender qué es la verdadera sumisión. Debes saber qué son la rebelión y la oposición, reflexionar sobre qué actitudes corruptas están obstaculizando tu sumisión a Dios, y esclarecer estos temas. Si tú eres una persona que ama la verdad, serás capaz de rebelarte contra la carne, especialmente a tus preferencias carnales, y luego practicar la sumisión a Dios y actuar de acuerdo con Sus requisitos. De esta forma, podrás resolver tu corrupción y rebelión y lograr la sumisión a Dios. Si no comprendes la verdad, no podrás esclarecer estos asuntos, no podrás discernir tus estados internos y no podrás detectar qué cosas están obstaculizando tu sumisión a Dios. En consecuencia, te será imposible rebelarte contra la carne y practicar la sumisión a Dios. Si una persona no puede siquiera rebelarse contra sus preferencias carnales, le será muy difícil lograr lealtad en el cumplimiento de su deber. ¿Puede considerarse que esas personas se someten a Dios? Sin lealtad, ¿pueden desempeñar adecuadamente su deber? ¿Pueden cumplir los requisitos de Dios? Ciertamente no. Si una persona desea desempeñar su deber de forma adecuada, debe, como mínimo, ser capaz de practicar la verdad y someterse genuinamente a Dios. Si una persona no puede rebelarse contra sus preferencias carnales, no puede poner en práctica la verdad. Si siempre actúas según tu propia voluntad, entonces no eres una persona que se somete a Dios. Incluso si te sometes a Él ocasionalmente, es condicional; solo puedes someterte cuando las cosas se alinean con tus propios conceptos y cuando estás de buen humor. Si las acciones de Dios no se alinean con tus conceptos, si el deber que Dios dispone y los entornos que Él organiza para ti te traen grandes adversidades, vergüenza o un fuerte sentimiento de descontento, ¿aún podrás someterte? Será difícil para ti someterte; encontrarás muchas razones para rebelarte contra Dios y oponerte a Él. Incluso después de una autorreflexión posterior, no te resultará fácil rebelarte contra la carne, ya que hacerlo no es una cuestión sencilla. ¿Cómo se rebela uno contra la carne? Naturalmente, se debe buscar la verdad. Hay que reconocer también la propia esencia corrupta y la fealdad corrupta, llegando al punto de odiar a uno mismo, y de odiar sus preferencias carnales y la esencia de la carne. Solo entonces estarán dispuestos a rebelarse contra la carne. Si uno no comprende la verdad, no podrá odiar las cosas carnales, y sin odio es imposible rebelarse contra la carne. Por eso, es necesario orar a Dios y confiar en Él a fin de tener una senda a seguir. Sin la verdad, las personas carecen de fuerza y no podrían poner la verdad en práctica, aunque quisieran. Es absolutamente necesario orar a Dios y confiar en Él.

Algunas personas no persiguen la verdad; sólo codician las comodidades de la carne y no están dispuestas a soportar adversidades para alcanzar la verdad. Cada vez que enfrentan incluso una pequeña dificultad, se quejan y culpan a Dios, y no buscan la verdad para encontrar una solución. También oran a Dios, diciendo: “Oh Dios, Tu identidad y esencia son tan nobles. Soy indigno de amarte, pero estoy dispuesto a someterme a Ti. No importa la situación, estoy dispuesto a someterme a Ti. Guíame, ilumíname y esclaréceme. Si realmente no puedo amarte y someterme a Ti, por favor escrútame y castígame. Que venga sobre mí Tu juicio”. Después de orar de esta manera, se sienten bastante bien, pero ¿acaso no es esto solo un montón de palabras vacías? ¿Puede resolver los problemas el orar constantemente con palabras vacías y el recitar algunas palabras y doctrinas? (No, no puede). ¿Qué clase de problema representa que una persona ore con palabras vacías? ¿No tiene un tenor un poco engañoso? ¿Es útil orar así ante Dios? Ser perezoso e incapaz de soportar el sufrimiento mientras se codician las comodidades de la carne, conocer la verdad pero no poder someterse a ella, conocer el deber propio pero no defenderlo, hablar de cómo se desea amar a Dios sabiendo que uno no ha entregado todo su corazón y sus fuerzas, ¿no es esto engañar a Dios? No hay nada que Dios aborrezca más que las oraciones de las ceremonias religiosas. Dios solo acepta las oraciones sinceras. Si no tienes nada sincero que decir, calla; no vayas siempre ante Dios expresando palabras falsas o jurando sin pensar con el fin de engañarlo. No hables de cuánto lo amas, de cuánta lealtad quieres tenerle. Si no puedes cumplir tus deseos, si careces de esta determinación y estatura, de ninguna manera debes ir ante Dios para orar así. Eso es mofarse de Dios. ¿Qué significa mofarse? Significa burlarse de alguien, jugar con él. Cuando la gente va ante Dios para orar con esta actitud, esto es, como mínimo, un engaño. En el peor de los casos, si lo haces a menudo, tienes un carácter totalmente vil. Si Dios te condenara, ¡lo llamaría blasfemia! La gente no tiene corazón temeroso de Dios, no sabe temerlo, amarlo ni satisfacerlo. Si no tienen clara la verdad o si tienen un carácter corrupto, Dios lo dejará pasar. Sin embargo, van ante Dios mientras viven inmersos en sus actitudes corruptas y tratan con Él utilizando los métodos de los no creyentes que engañan a los demás, y se arrodillan “solemnemente” ante Él en oración, en la que emplean estas palabras para tratar de engañarlo. Cuando terminan de orar, no solo no se reprochan nada, sino que tampoco tienen idea de la gravedad de sus actos. En tal caso, ¿está Dios con ellos? Dios no está con ellos. ¿Puede recibir Su esclarecimiento e iluminación alguien completamente desprovisto de la presencia de Dios? ¿Puede recibir luz con relación a la verdad? (No, no puede). Así pues, tiene un problema. ¿Habéis orado muchas veces de esa manera? ¿No soléis hacerlo? (Sí). Cuando la gente pasa demasiado tiempo en el mundo secular, apesta al hedor de la sociedad, su naturaleza inescrupulosa se torna demasiado grave y se impregna de venenos y filosofías satánicos; de su boca salen palabras de falsedad y engaño, y sus oraciones están plagadas de palabras vacías y palabras de doctrina, carentes de todo discurso proveniente del corazón, y sin mención alguna sobre sus dificultades reales. Siempre suplican a Dios para satisfacer sus preferencias personales y buscan Sus bendiciones, pocas veces tienen un corazón que busca la verdad, y no oran basándose en un corazón que se somete a Dios. Tales oraciones solo revelan engaño y falsedad. Estas personas tienen un carácter seriamente corrupto, simplemente se han convertido en demonios vivientes. Cuando se presentan ante Dios en oración, no hablan con palabras humanas ni desde el corazón. Más bien presentan ante Dios el engaño y la falsedad de Satán. ¿Acaso esto no ofende el carácter de Dios? ¿Puede Dios escuchar tales oraciones? Dios siente aversión por esos individuos y ciertamente no le agradan. Se puede decir que tales oraciones son intentos de engañar y embaucar a Dios. Estas personas no están buscando la verdad en absoluto, ni hablan con el corazón ni confían en Dios. Sus oraciones son incompatibles con las intenciones de Dios y Sus requisitos. En el fondo, esto es causado por la naturaleza humana más que por una revelación momentánea de corrupción. Estas personas piensan: “Bueno, no puedo ver ni sentir a Dios, y no sé dónde está. Solo Le diré algunas palabras al azar, vaya a saber si Él está escuchando”. Oran a Dios con un estado mental de escepticismo y de tentarlo. ¿Qué tipo de sentimiento tendrán después de orar así? ¿No es aún un sentimiento de vacío? ¿No es problemático no tener ningún sentimiento? La oración se basa en la fe. Se trata de orar a Dios desde dentro del corazón, hablarle desde el corazón, abrirle el corazón y buscar en Él la verdad. Cuando una persona ora de esta manera, tendrá una sensación de paz interior y sentirá la presencia de Dios. Allí está Dios, que la escucha sin ser visto. Siempre que una persona ora a Dios desde el corazón de esta manera, sentirá como si hubiera tenido un encuentro personal con Él. Su fe se verá fortalecida, su relación con Dios se tornará más íntima y dará un paso más hacia Él. Tendrá una sensación de realización y será particularmente firme en su corazón. Estos son los sentimientos genuinos que surgen después de la oración. Al corear oraciones religiosas, las personas simplemente actúan por inercia, repitiendo las mismas frases todos los días, hasta el punto en que ya no desean decirlas. Después de tales oraciones, no sienten nada y no obtienen ningún resultado. ¿Puede este tipo de personas tener fe verdadera? Es imposible.

Algunas personas no son leales al desempeñar sus deberes. Siempre son superficiales, o sienten que sus deberes son demasiado difíciles y agotadores. No quieren someterse, constantemente desean escapar de ellos y rechazarlos, y siempre quieren cumplir los deberes que sean más fáciles, que no las expongan a factores climáticos, que no conlleven ningún riesgo y que les permitan disfrutar de sus comodidades carnales. En sus corazones, saben que son perezosas, están ávidas de las comodidades de la carne y son incapaces de sobrellevar la adversidad. Sin embargo, nunca expresan sus verdaderos pensamientos a nadie por temor a que se rían de ellas. Con sus palabras dicen: “Debo cumplir bien con mi deber y ser leal a Dios”, y cuando no hacen algo bien, dicen a todos: “No tengo humanidad ni lealtad en el cumplimiento de mi deber”. Sin embargo, en realidad, no creen eso en absoluto. Cuando una persona se encuentra en tal estado, ¿cómo puede orar de manera razonable? El Señor Jesús dijo que alabemos a Dios con el corazón y con honestidad. Cuando te presentas ante Dios, tu corazón debe ser honesto y no tener falsedad. No digas una cosa delante de los demás mientras piensas diferente en tu corazón. Si te presentas ante Dios fingiendo, soltando algunas palabras agradables y bonitas como si estuvieras tratando de escribir un ensayo, ¿no es eso engañar a Dios? Como resultado, Dios verá que no eres alguien que Le adora con el corazón y con honestidad. Él verá que tu corazón no es honesto, que es extremadamente siniestro y perverso y que albergas malas intenciones, y te abandonará. Entonces, ¿cómo deberían orar las personas sobre las cosas que les suceden con frecuencia y los problemas que encuentran a menudo en su vida diaria? Deben aprender a hablarle a Dios desde el corazón. Tú dices: “Oh Dios, este deber me resulta tan agotador. Soy una persona codiciosa de las comodidades de la carne, perezosa y poco dispuesta al trabajo duro. No puedo ofrecer mi lealtad en el deber que Tú me has encomendado, y ni siquiera puedo cumplirlo con todas mis fuerzas. Siempre deseo escapar y lo rechazo, y siempre soy superficial. Por favor, disciplíname”. ¿No son verdaderas estas palabras? (Sí, lo son). ¿Te atreves a hablar así? Te atemoriza lo que podría pasar si realmente un día Dios te disciplinara después de decir esto, y te vuelves temeroso, siempre nervioso y paranoico. Cuando las personas realizan sus deberes, siempre quieren evitar la adversidad. Están ávidas de las comodidades de la carne y quieren retroceder cuando se enfrentan a una pequeña dificultad, cuando se requiere un poco de esfuerzo, o cuando se sienten un poco cansadas. Están constantemente eligiendo y escogiendo, y cuando experimentan una pequeña dificultad, reflexionan: “¿Lo sabe Dios? ¿Se acordará? Después de soportar tantas adversidades, ¿recibiré alguna recompensa en el futuro?”. Siempre están buscando un resultado. Todos estos problemas deben ser resueltos. En el pasado, le encargué a una persona que transmitiera un mensaje y cuando se presentó ante Mí a su regreso, primero habló de sus grandes logros. Explicó cómo había resuelto el problema, habló de lo mucho que se había preocupado por ello y de lo mucho que había tenido que hablar, de lo difícil que había sido tratar con esa persona y de cuántas palabras bonitas había usado con ella, con lo que finalmente completó la tarea. Constantemente se atribuía el mérito y seguía hablando de ello. ¿Cuál es la implicación subyacente en esto? “Tú debes alabarme, hacerme una promesa, y decirme qué recompensas obtendré en el futuro”. Buscaba abiertamente una recompensa. Dime, ¿acaso hacer esta pequeña tarea es digna de alabanza? Si uno busca siempre la alabanza por realizar un poquito de su deber, ¿qué clase de carácter es ese? ¿No es la naturaleza de Satanás? Él esperaba alabanza y recompensas por esta pequeña tarea, ¿no significa esto que si tuviera que llevar a cabo tareas importantes o realizar un gran trabajo su comportamiento sería incluso peor? Si no pudiera obtener la aprobación y las bendiciones de Dios, ¿se rebelaría? ¿Se elevaría al tercer cielo y discutiría con Dios? Entonces, ¿qué senda está transitando en su fe en Dios? (La senda de los anticristos). La senda de los anticristos, igual que Pablo. Pablo siempre buscaba recompensas y estatus de Dios. Si Dios no le concedía estas cosas, se volvía negativo y aflojaba en su trabajo, con lo que se oponía al Señor y le traicionaba. Dime, ¿qué clase de persona quiere una recompensa después de sobrellevar un poco de adversidad en su deber? (Una persona malvada). Su humanidad es muy malvada. ¿Tienen las personas comunes estos estados en su interior? Todas las personas tienen estos estados. La esencia-naturaleza es la misma en todos, solo que algunas personas no la exhiben con tanta firmeza. Poseen racionalidad y saben que dichas acciones y pensamientos son incorrectos, y que no pueden pedir recompensas a Dios. Pero, ¿qué debería hacer uno sobre tal estado? Uno debe buscar la verdad para resolverlo. ¿Qué aspecto de la verdad puede resolver este estado? Es crucial que una persona sepa quién es, qué posición debe ocupar, qué senda debe seguir y qué clase de persona debe ser. Estas son las mínimas cosas que uno debe saber. Si una persona ni siquiera sabe estas cosas, está muy lejos de comprender la verdad, practicar la verdad o perseguir la salvación.

Cuando se trata de cumplir con ciertos deberes especiales o deberes más extenuantes y agotadores, por un lado, las personas siempre deben contemplar cómo cumplir con esos deberes, qué adversidades deberán sobrellevar, y cómo mantenerse firmes en sus deberes y someterse. Por otro lado, también deben examinar qué adulteraciones hay en sus intenciones y de qué forma estas dificultan el cumplimiento de sus deberes. Las personas nacen con una aversión hacia la adversidad, no hay una sola que obtenga más entusiasmo o más alegría al soportar más adversidad. Esas personas no existen. Es propio de la naturaleza de la carne del hombre que las personas se sientan preocupadas y angustiadas tan pronto como su carne soporta adversidades. Pero, ¿cuántas adversidades tenéis que soportar ahora en el deber que desempeñáis? Sólo tenéis que soportar que vuestra carne se sienta un poco cansada y se esfuerce un poco. Si no puedes soportar ni siquiera esta pequeña dificultad, ¿se puede considerar que tienes resolución? ¿Se puede considerar que crees sinceramente en Dios? (No). Esto no es así. Cuando estás cumpliendo con tu deber en la casa de Dios, no hay nadie que te supervise. Depende totalmente de ti tomar la iniciativa. En la casa de Dios, hay arreglos y sistemas de trabajo, y corresponde a los individuos confiar en su fe, su conciencia y su razón. Solo Dios escruta si cumples bien o no con tu deber. Si, independientemente del carácter corrupto que revelan mientras cumplen con sus deberes o cuando se relacionan con las personas, los acontecimientos y las cosas que los rodean, nunca se dan cuenta de ello y no se recriminan, ¿es esto algo bueno o malo? (Es algo malo). ¿Por qué se lo considera algo malo? La conciencia y la razón del hombre tienen un estándar mínimo. Si tu conciencia carece de conocimiento y no puede impedirte hacer cosas malas, o restringir tu comportamiento, si actúas de una manera que viola los decretos administrativos y los principios, y careces de humanidad al actuar, pero estás privado de reproche en tu corazón, ¿no es esto carecer de una base moral? ¿No es esto carecer del conocimiento de tu conciencia? (Sí). Por lo general, ¿tomáis conciencia de ello cuando hacéis algo mal, o violáis los principios, o cuando no sois leales en el cumplimiento de vuestro deber durante un largo período de tiempo? (Sí). Entonces, ¿puede tu conciencia restringirte y obligarte a hacer las cosas según tu conciencia y razón, y de acuerdo con los principios-verdad? Si eres una persona que comprende la verdad, ¿puedes pasar de actuar basándote en tu conciencia a actuar de acuerdo con los principios-verdad? Si puedes hacerlo, puedes ser salvado. Ser capaz de soportar la adversidad cuando uno cumple con su deber no es tarea fácil. Tampoco es fácil realizar bien una clase particular de trabajo. Es seguro que la verdad de las palabras de Dios está obrando en el interior de las personas que pueden hacer estas cosas. No quiere decir que estas personas nacieron sin miedo a la adversidad y a la fatiga. ¿Dónde encontrar una persona así? Todas estas personas tienen algo de motivación, y tienen algo de la verdad de las palabras de Dios como su fundamento. Cuando encaran sus deberes, su perspectiva y puntos de vista cambian; llevar a cabo sus deberes se vuelve más fácil y soportar alguna adversidad y fatiga de la carne comienza a parecerles insignificante. Aquellos que no entienden la verdad y cuya perspectiva de las cosas no ha cambiado viven de acuerdo a las ideas, conceptos, deseos egoístas y preferencias personales del hombre, por lo que son renuentes y no están dispuestos a cumplir con sus deberes. Por ejemplo, cuando se trata de realizar un trabajo desagradable y agotador, algunas personas dicen: “Obedeceré los arreglos de la casa de Dios. Cualquier deber que la iglesia me encomiende, lo cumpliré, sin importar si es desagradable o agotador, si es extraordinario o poco interesante. No tengo exigencias, y lo aceptaré como mi deber. Esta es la comisión que Dios me ha confiado, y las dificultades que debo afrontar son un poco de suciedad y fatiga”. Como resultado, cuando están comprometidas con su trabajo, no sienten que estén soportando ninguna penuria en absoluto. Mientras que otros pueden encontrar que ese trabajo es desagradable y fatigoso, ellos sienten que es fácil, porque sus corazones están calmos e imperturbables. Lo están haciendo para Dios, así que no sienten que sea dificultoso. Algunas personas consideran que hacer un trabajo desagradable, fatigoso o poco interesante es un insulto a su estatus y temperamento. Lo perciben como si los demás no los respetaran, los acosaran o los despreciaran. Como resultado, incluso cuando se enfrentan a las mismas tareas y carga de trabajo, les resulta extenuante. Cualquier cosa que hagan, la llevan a cabo con un sentido de resentimiento en sus corazones y sienten que las cosas no son como ellos desean que sean o que no son satisfactorias. En su interior, están llenas de negatividad y resistencia. ¿Por qué son negativas y reacias? ¿Cuál es la raíz de esto? La mayoría de las veces, es porque cumplir con sus deberes no les genera un salario, se siente como trabajar gratis. Si hubiera recompensas, podría ser aceptable para ellos, pero no saben si las obtendrán o no. Por lo tanto, las personas sienten que cumplir con sus deberes no vale la pena, equiparándolo a trabajar gratis, por lo que a menudo se vuelven negativas y renuentes cuando se trata de cumplir los deberes. ¿No es este el caso? Hablando francamente, estas personas no quieren cumplir los deberes. Dado que nadie las obliga, ¿por qué cumplen con sus deberes? Es porque se obligan a hacerlo; debido a su deseo de obtener bendiciones y entrar en el reino de los cielos, no tienen otra opción que cumplir con sus deberes. Es una manifestación de cuán atrapadas se sienten. Este es el estado mental detrás de su intento de hacer un trato con Dios. Algunos preguntan cómo tales personas pueden resolver el problema de tener negatividad y renuencia en sus corazones. Este problema solo se puede resolver compartiendo la verdad. Si no aman la verdad, no importa cómo se comparta la verdad con ellos, no serán capaces de aceptarla. En ese caso, son incrédulos, y han sido revelados. Dado que quieren hacer tratos y no quieren hacer nada a menos que los beneficie, si Dios les promete recompensas y la entrada al reino de los cielos, y se los garantiza, con seguridad cumplirán sus deberes de forma entusiasta. En realidad la promesa de Dios está abierta, y aquellos que persiguen la verdad pueden recibirla. Aquellos que no persiguen la verdad, sin embargo, no podrán recibirla. No es que no conozcan la promesa de Dios; solo que en sus corazones se siente intangible e incierta. Para ellos, la promesa de Dios es como un cheque sin fondos: no pueden creer en ella, no tienen verdadera fe en ella y no hay nada que se pueda hacer al respecto. Desean cosas tangibles, y si se les fuera a pagar un salario, seguramente se sentirían llenos de energía. Sin embargo, aquellos que no tienen conciencia ni razón no necesariamente se sentirán llenos de energía; son tan miserables. Si fueran empleados en el mundo secular, no trabajarían con diligencia, serían escurridizos y holgazanes, y seguramente serían despedidos. Simplemente, este es un problema con su naturaleza. Para aquellos que son constantemente superficiales en el cumplimiento de sus deberes, la única solución es echarlos y descartarlos. No hay otra forma con aquellos que no aceptan la verdad. Todas sus excusas y justificaciones son irrazonables, y no es necesario discutir la calidad de su humanidad.

Hoy en día, la mayoría de las personas han comenzado a cumplir deberes. ¿Entendéis qué son los deberes, cómo surgen, y quién os los da? (Los deberes son comisiones confiadas a las personas por Dios). Correcto. Si crees en Dios y vienes a Su casa, si eres capaz de aceptar la comisión de Dios, entonces eres un miembro de Su casa. Las tareas que la casa de Dios dispone para ti, la forma en que Dios te dice que las sigas, y las comisiones confiadas a ti por Dios, esos son tus deberes y son lo que Dios te ha dado a ti. Cuando comes y bebes las palabras de Dios, comprendes Sus intenciones, y prestas atención y entiendes las disposiciones de la casa de Dios, cuando sabes en tu corazón qué deber debes cumplir y las responsabilidades que eres capaz de llevar a cabo, y cuando aceptas la comisión de Dios y comienzas a cumplir tu deber, te vuelves un miembro de la casa de Dios y una parte de la expansión del evangelio. Dios te considera un miembro de Su casa y una parte de la expansión de Su obra. En este punto, tienes el deber que debes cumplir. Cualquier cosa que seas capaz de hacer, cualquier cosa que seas capaz de lograr, son tus responsabilidades y tu deber. Puede decirse que son la comisión de Dios, tu misión y tu deber ineludible. Los deberes vienen de Dios; son las responsabilidades y las comisiones que Dios confía al hombre. ¿Cómo, entonces, debe entenderlos el hombre? “Puesto que este es mi deber y la comisión que Dios me ha confiado, es mi obligación y mi responsabilidad. Es justo que la acepte como mi obligación ineludible. No puedo declinarlo ni rechazarlo; no puedo elegir. Sin duda, debo hacer lo que me corresponde. No es que no tenga derecho a elegir, sino que no debo elegir. Esta es la razón que un ser creado debe tener”. Esta es una actitud de sumisión. Algunas personas constantemente escogen selectivamente al cumplir sus deberes, siempre queriendo hacer el trabajo fácil y el que disfruten, incapaces de someterse a las disposiciones de la casa de Dios. Esto demuestra que su estatura es muy baja, y que no poseen razón humana normal. Si se trata de una persona joven y en casa ha sido consentida y mimada sin experimentar ninguna adversidad, es comprensible que sea un poco obstinada. Siempre que pueda aceptar la verdad, esto cambiará gradualmente. Sin embargo, si un adulto de unos treinta o cuarenta años se comporta de esta manera rebelde, entonces es un problema de pereza. La enfermedad de la pereza es congénita y la más difícil de tratar. Es un problema de la propia naturaleza, y es solo si se encuentran sin ninguna otra opción en ambientes o situaciones particulares que esta clase de personas son capaces de soportar un poco de adversidad y fatiga. Es así como algunos mendigos saben muy bien que ser mendigo invita al desprecio y a la discriminación de los demás, pero debido a su pereza y falta de voluntad para trabajar, no les queda otra opción que recurrir a la mendicidad. De otra manera, morirían de hambre. En resumen, si una persona no puede cumplir con su deber concienzuda y responsablemente, tarde o temprano será descartada. La transgresión más grande es creer en Dios pero no someterse a Él. Si te rehúsas a cumplir con tu deber o te muestras constantemente renuente a las adversidades y tienes miedo de esforzarte, entonces eres una persona sin conciencia ni razón. No eres apto para cumplir con tus deberes y puedes irte. Un día, cuando te des cuenta de que no cumplir con tu deber equivale a rechazar la comisión que te ha confiado el Creador, y que eres una persona que se rebela contra Dios, sin conciencia ni razón, cuando te des cuenta de que quienes creen en Dios deben cumplir bien con sus deberes y que esto es necesario, entonces debes comportarte y cumplir bien con tu deber. Esto es sumisión. Si una persona es rebelde o negativa en su deber, es decir, si muestra una completa falta de sumisión a Dios, esta persona no se está esforzando sinceramente por Él. Tener la voluntad de cumplir bien con el propio deber es la mínima expresión de la sumisión a Dios. Entonces, ¿cómo surgen los deberes? (Los deberes vienen de Dios; son responsabilidades que Dios confía a las personas). Los deberes son responsabilidades que Dios confía a las personas; entonces, ¿tienen deberes los no creyentes? (No, no los tienen). ¿Por qué dices que no los tienen? (No son personas de la casa de Dios). Correcto, los no creyentes solo se ocupan de su vida carnal, y sus acciones no son dignas de ser llamadas deberes. Los no creyentes son del mundo y de Satanás. Dios solo dispone el destino de su vida: el momento de su nacimiento, la familia en la que nacen, el trabajo que realizan cuando crecen y el momento de su muerte. Él no los elige ni los salva. Aquellos que creen en Dios son diferentes. En menor escala, todo el trabajo que realizan en la casa de Dios son deberes que deben cumplir. En una escala más amplia, dentro de todo el plan de gestión de Dios, el deber que realiza cada ser creado es cooperar con la obra de Dios. Para decirlo claramente, rinden servicio al plan de gestión de Dios. Sea que rindas servicio con lealtad o no, estás lejos de ser una persona que sigue la voluntad de Dios. De hecho, una persona solo puede considerarse parte del pueblo de Dios y como un ser creado adecuado cuando puede cumplir verdaderamente con su deber, lograr el resultado de dar testimonio para Dios y obtener Su aprobación. Si cumples bien cada deber que Dios te confía, alcanzando los estándares requeridos, entonces eres un miembro de la casa de Dios, y alguien a quien Dios reconoce como una persona de Su casa.

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

Conéctate con nosotros en Messenger