En la fe en Dios, lo principal es practicar y experimentar Sus palabras (Parte 2)

¿Sabéis a qué clase de personas renuncia Dios en última instancia? (A aquellas que son continuamente intransigentes y no se arrepienten ante Dios). ¿Cuál es el estado específico de este tipo de personas? (Cuando cumplen con sus deberes, siempre lo hacen de manera superficial y al enfrentarse a los problemas no buscan la verdad para encontrar una solución. No son sinceras respecto a cómo deben practicarla y lo gestionan todo de manera descuidada. Simplemente, se conforman con no hacer el mal ni cosas malas y no se esfuerzan por la verdad). El comportamiento superficial varía según la situación. Algunas personas lo hacen porque no entienden la verdad, e incluso creen que es normal ser superficial. Algunos lo hacen intencionalmente, eligen actuar de ese modo de manera deliberada. Actúan así cuando no entienden la verdad e, incluso después de entenderla, su comportamiento no mejora. No practican la verdad, actúan de este modo sistemáticamente y sin el menor ápice de cambio. No escuchan cuando alguien los critica, ni aceptan la poda. En su lugar, se mantienen firmes y obstinados hasta el final. ¿Cómo se le llama a esto? Se le llama intransigencia. Todo el mundo sabe que el término “intransigencia” tiene una connotación negativa, despectiva. No es una palabra agradable. ¿Cuál diríais entonces que sería el desenlace de alguien a quien se le aplica el término “intransigente” y se corresponde con la descripción? (Dios los desdeña y los aparta). Dejad que os diga, este tipo de personas intransigentes son las que Dios más desprecia y quiere abandonar. Son totalmente conscientes de sus malos actos, pero no se arrepienten, nunca admiten sus faltas y siempre inventan excusas y argumentos para justificarse y eludir la culpa, e intentan encontrar maneras astutas y esquivas de eludir la cuestión, ocultando sus acciones a ojos de los demás, y cometiendo continuos errores sin el más mínimo asomo de arrepentimiento o confesión en sus corazones. Es muy problemática y no le resulta fácil alcanzar la salvación. Son exactamente las personas que Dios quiere abandonar. ¿Por qué Dios abandonaría a tales personas? (Porque no aceptan la verdad en absoluto y su conciencia se ha adormecido). No pueden salvarse. Dios no las salva; Él no realiza una obra tan inútil. En apariencia parece que Dios no las salva ni las quiere, pero en realidad hay una razón práctica, estas personas no aceptan Su salvación; rechazan y se resisten a la salvación de Dios. Piensan: “¿Qué gano sometiéndome a Ti, aceptando la verdad y practicándola? ¿Qué ventaja hay en ello? Solo lo haré si existe algún beneficio para mí. Si no lo hay, no lo haré”. ¿Qué clase de personas son? Son personas movidas por el propio interés y a todos aquellos que no aman la verdad les mueve el propio interés. Este tipo de personas no pueden aceptar la verdad. Si intentas hablar de la verdad con alguien que se siente motivado por intereses personales y le pides que se conozca a sí mismo y admita sus errores, ¿qué responderá? “¿Qué beneficio obtengo al admitir mis errores? Si me haces admitir que he hecho algo mal y me haces confesar mis pecados y arrepentirme, ¿qué bendiciones recibiré? Mi reputación y mis intereses se verán dañados y sufriré pérdidas. ¿Quién me compensará?”. Esta es su mentalidad. Solo buscan el beneficio personal y creen que actuar de una determinada manera para recibir las bendiciones de Dios es muy vago. Simplemente, no creen que sea posible; solo creen lo que ven con sus propios ojos. Tales personas se guían por el propio interés, y viven según la filosofía satánica de que “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”. Esta es su esencia-naturaleza. En sus corazones, reconocer a Dios y a la verdad significa creer en Dios. Les resulta aceptable no hacer el mal, pero deben recibir beneficios y no sufrir pérdidas de ningún tipo. Solo hablan sobre practicar la verdad y someterse a Dios cuando no se ven afectados sus intereses. Si estos resultan dañados, no pueden practicar la verdad ni someterse a Dios. Pedirles que se gasten, que sufran o paguen un precio por Dios es incluso menos posible. Las personas así no son auténticos creyentes. Viven para sus propios intereses, solo buscan bendiciones y beneficios y no están dispuestos a soportar el sufrimiento ni a pagar un precio. Sin embargo, aun así, quieren un lugar en la casa de Dios para escapar del mortal desenlace. Tales personas no aceptan ni el menor ápice de verdad y Dios no puede salvarlas. ¿Puede salvarlas todavía? No cabe duda de que Él las desdeñará y las descartará. ¿Significa esto que Dios no las salva? Se han abandonado a sí mismas. No se esfuerzan por alcanzar la verdad ni oran ni confían en Él, ¿cómo va Dios a salvarlas entonces? La única opción es abandonarlas, darlas de lado y permitirles que reflexionen sobre sí mismas. Si las personas desean salvarse, la única senda es que acepten la verdad, se conozcan a sí mismas, practiquen el arrepentimiento y vivan la realidad-verdad. De esta manera, pueden obtener la aprobación de Dios. Deben practicar la verdad de modo que sean capaces de someterse y temer a Dios, que es la meta final de la salvación. La sumisión y el temor a Dios deben plasmarse en las personas y en cómo viven su vida. Si no caminas por la senda de la búsqueda de la verdad, no existe una segunda senda que puedas escoger. Si una persona no camina por esta senda, solo puede decirse que no cree que la verdad pueda salvarla. No cree que todas las palabras que dijo Dios puedan transformarla y hacer que se convierta en una persona auténtica. Además, básicamente no cree que Dios sea la verdad ni en el hecho de que la verdad puede transformar y salvar a las personas. Por tanto, cualquiera que sea la forma de diseccionarlo, el corazón de una persona así es demasiado intransigente. Son personas que se niegan a aceptar la verdad a toda costa y no pueden salvarse.

¿Tenéis alguno de vosotros un estado intransigente? (Sí). Entonces, ¿sois todos personas intransigentes? ¿Cuál es la diferencia entre tener un estado intransigente y ser una persona intransigente? Se debe hacer una distinción entre ambas cosas, ya que son diferentes. Tener un estado intransigente significa tener esa clase de carácter corrupto. Si puedes aceptar la verdad, puedes lograr la salvación, pero si eres una persona intransigente, tendrás problemas. Las personas intransigentes no aceptan la verdad en absoluto, les será imposible lograr la salvación. Esa es la diferencia entre estos dos tipos de personas. Aquellos con un estado intransigente manifiestan cierta rebeldía en su comportamiento y revelan en ellos algo de corrupción. Sin embargo, durante este proceso en el que revelan su corrupción, confiesan sus pecados y se arrepienten ante Dios continuamente y aceptan constantemente el juicio, el castigo y la reprensión de Dios. Sin importar cuántas veces experimenten el fracaso o tropiecen, pueden reflexionar sobre sí mismos, solucionar los problemas, volver a levantarse y continuar siguiendo a Dios. A lo largo de este viaje, logran comprender su carácter corrupto de manera genuina y se dan cuenta de que experimentar el juicio y el castigo de Dios es sin duda una forma de salvación y que no pueden prescindir de Su juicio ni de Su castigo de Dios. Mediante el constante arrepentimiento, la incesante confesión y la aceptación sistemática del juicio y el castigo de Dios, sus vidas crecen de modo progresivo y su estado espiritual sufre un continuo cambio. En este proceso, una persona puede despojarse poco a poco del carácter corrupto y experimenta el crecimiento y la transformación. A juzgar por su comportamiento rebelde, pueden parecer bastante intransigentes y a veces ostentan un estado intransigente, pero no se corresponden con ese tipo de persona. Como no lo son, muestran sin duda comportamientos y un progreso positivos. Se las puede salvar. ¿A qué tipo de persona pertenecéis vosotros? (Cuando hacemos algo mal, lo reconocemos y estamos dispuestos a arrepentirnos ante Dios y corregir nuestros errores). Si eres consciente de tus malos actos, de tu rebeldía y de las actitudes corruptas que revelas y sientes remordimiento y arrepentimiento en el corazón, es positivo y existe esperanza de salvación. Sin embargo, si de manera subjetiva no tienes la menor conciencia de tu rebeldía ni de tu corrupción y, cuando alguien te la señala, sigues siendo obstinado y no lo aceptas e incluso llegas a recurrir a sofisterías y a justificarte a ti mismo, entonces estarás en problemas y no te resultará fácil salvarte. Cuando llevas creyendo poco tiempo en Dios, digamos que, entre tres y cinco años, y sigues sin entender mucho sobre la fe, se debe a tu escasa estatura. Sin embargo, si eres creyente desde hace más de diez años y aún no te conoces a ti mismo ni aceptas ser podado, te encuentras en problemas. Se trata de una persona con un carácter intransigente que rehúsa aceptar la verdad. En lo que respecta a aquellos que no entienden la verdad y carecen de realidad, has de fijarte en qué momento del tiempo se encuentran. Algunas personas tienen buen calibre, entran enseguida en la verdad y, tras uno o dos años de fe, ya entienden de qué se trata la entrada en la vida. También es posible que tengan contacto con personas que entraron con éxito en la vida, tienen la realidad-verdad y comprenden muchas verdades. Los nuevos creyentes también anhelan tales cosas, así que escuchan y receptan mucho y, por consiguiente, entran en la vida rápidamente. Alguna gente no posee demasiado calibre y, aunque entre en contacto con gente que se destaca por ello, su progreso es lento. A algunas personas les desagrada la verdad de manera innata y da igual cuántos años pasen en la fe, no practicarán la verdad y tampoco realizarán progresos en su vida. A algunas personas simplemente les gusta andar haciendo cosas y son muy entusiastas, pero no están dispuestas a esforzarse para alcanzar la verdad. Se pasan el día ocupadas, pero no progresan en la vida. Las personas que creen en Dios pueden hallarse en toda clase de situaciones. No obstante, solo aquellos que aman la verdad pueden practicarla, obtenerla y lograr la salvación. Las mayores preocupaciones de los creyentes son tener un carácter intransigente y no aceptar la verdad. Estas personas son las más problemáticas y su defecto reside en su naturaleza. Pueden aceptar la doctrina, pero se niegan a aceptar la verdad. Estas son las personas que tienen menos probabilidades de alcanzar la salvación. Lo único que se puede hacer con las personas que no aman la verdad y sienten aversión por ella es abandonarlas.

Dejadme que os dé dos ejemplos de mentira. Hay dos tipos de personas capaces de mentir. Es necesario que distingáis qué personas son intransigentes e irredimibles y cuáles pueden salvarse. Aunque las que pueden salvarse revelan a menudo corrupción, mientras puedan aceptar la verdad y reflexionar sobre ellas mismas y conocerse, queda esperanza. En el primer ejemplo, me refiero a una persona que miente a menudo. Sin embargo, tras entender la verdad, cuando volvió a mentir, su reacción fue diferente. Sintió un profundo dolor y tormento y meditó lo siguiente: “He vuelto a mentir. ¿Por qué no puedo cambiar? Esta vez, he de poner en evidencia este asunto, sea como sea, he de abrirme en canal para revelarme y diseccionar mi verdadero ser. He de ser claro respecto al hecho de que mentía a fin de salvar mi propia imagen”. Tras abrirse y charlar, se siente aliviado y se da cuenta de que: “Resulta que mentir es muy doloroso, mientras que ser una persona honesta es muy relajante y ¡es maravilloso! Dios les exige a las personas que sean honestas, esta es la semejanza que deben tener”. Después de experimentar este poco de bienestar, de ahí en adelante, se preocupa de mentir menos, de decir la menor cantidad de mentiras posibles, de hablar cuando tiene algo que decir y a hacerlo de manera honesta, de realizar actos honestos y de ser una persona honesta. Sin embargo, al enfrentarse a una situación en la que está involucrado su propio orgullo, miente con naturalidad y luego se arrepiente. Entonces, al verse en una situación en la que puede dar una buena impresión de sí mismo, vuelve a mentir. Se odia a sí mismo en sus adentros, y piensa: “¿Por qué no puedo controlar mi boca? ¿Acaso es un problema de mi naturaleza? ¿Soy demasiado falso?”. Se da cuenta de que este problema ha de resolverse, de lo contrario, Dios lo desdeñará y lo descartará. Le oró a Dios pidiendo ser disciplinado si volvía a mentir y estaba dispuesto a aceptar el castigo. Reunió el valor de diseccionarse a sí mismo en las reuniones, y dijo: “Cuando mentí en esas situaciones, fue porque tenía motivaciones egoístas y mis intenciones me controlaban. Al reflexionar sobre mí mismo, me di cuenta de que, cada vez que miento, es en aras de mi vanidad o de mi propio provecho personal. Ahora lo veo claro, vivo por mi orgullo y mis intereses personales, lo cual me ha llevado a mentir a todas horas respecto a todo”. Al diseccionar sus propias mentiras, puso también en evidencia sus intenciones y descubrió el problema de su carácter corrupto. Sale ganando, en cualquier caso; puede practicar ser una persona honesta y al mismo tiempo obtener esclarecimiento y reconocer su carácter corrupto. Después, se planteó: “¡Necesito cambiar! Acabo de descubrir que tengo este problema. Es el verdadero esclarecimiento de Dios. Dios bendice a las personas que practican la verdad”. También experimentó un poco del dulce sabor de practicar la verdad. Sin embargo, cierto día volvió a decir una mentira sin darse cuenta. Le oró a Dios de nuevo, buscando Su disciplina. Además, reflexionó sobre por qué siempre tenía intenciones ocultas cuando hablaba, y por qué siempre tenía en cuenta su propia vanidad y orgullo en lugar de las intenciones de Dios. Tras reflexionar, logró comprender, en cierta medida, su carácter corrupto y empezó a detestarse a sí mismo. De esta manera, continuó buscando y esforzándose por alcanzar la verdad. Pasados entre tres y cinco años, de hecho, sus mentiras fueron cada vez menos y se incrementó el número de veces en las que dijo lo que pensaba y se comportó con honestidad. Su corazón se volvió paulatinamente más puro y se llenaba cada vez más de paz y alegría. Pasó más tiempo viviendo en presencia de Dios y su estado se volvió cada vez más normal. Este es el estado real de una persona que mentía a menudo tras experimentar ser una persona honesta. Por tanto, ¿sigue mintiendo dicha persona? ¿Sigue siendo capaz de mentir? ¿Es realmente una persona honesta? No se puede decir que lo sea. Solo se puede decir que es capaz de practicar la verdad de ser una persona honesta y se encuentra en el proceso de practicar ser una persona honesta, pero no se ha transformado todavía por completo en una. En otras palabras, se trata de una persona que está dispuesta a practicar la verdad. ¿Puede decirse de una persona que está dispuesta a practicar la verdad que es alguien que ama la verdad? Ha practicado la verdad y se han revelado los hechos, así que ¿acaso no es natural definirla como una persona que ama la verdad? Por supuesto, cuando practicaba ser una persona honesta, no fue capaz de practicar una charla pura y abierta enseguida, o de poner en evidencia sin reservas todo lo que hay oculto en él. Aun así, se guardó cosas e intentó seguir adelante con cautela. Sin embargo, a lo largo de sus intentos y experiencias, se dio cuenta de que mientras más honestidad hubiera en su vida, mejor se sentía, más paz mental tenía, más fácil se le hacía practicar la verdad sin ninguna gran dificultad. Solo entonces probó el dulce sabor de ser una persona honesta y su fe en Dios se incrementó. Al experimentar lo que es ser una persona honesta, no solo se vuelve capaz de practicar la verdad, sino que también experimenta paz y alegría en su corazón. Al mismo tiempo, logra comprender la senda de practicar la honestidad con mayor claridad. Le parece que ser una persona honesta no es tan difícil. Percibe que las exigencias que Dios le hace a la gente son razonables y factibles, y adquiere cierta comprensión sobre la obra de Dios. Todo esto no es un beneficio adicional, en cambio, es lo que debe y es capaz de obtener una persona en su viaje de entrada en la vida.

El segundo ejemplo se refiere a una persona a la que le encanta mentir, está en su naturaleza. Cuando no habla, está todo bien, sin embargo, en cuanto abre la boca, su discurso está lleno de múltiples adulteraciones. Ya lo haga de un modo intencionado o no, en resumen, no se puede confiar en la mayoría de lo que dice. Un día, tras contar una mentira, meditó lo siguiente: “Decir mentiras está mal y desagrada a Dios. ¡Qué desgracia sería que la gente se enterara de que miento! Sin embargo, parece que alguien ha notado que he mentido. Bueno, puedo manejarlo fácilmente. Cambiaré de tema y usaré otras palabras para que baje la guardia, desorientarlo y que sea incapaz de descubrir mis mentiras. ¿Acaso no es eso incluso más inteligente?”. Entonces cuenta una mentira incluso mayor para cubrir la anterior y tapar los agujeros y desorientar a la gente con éxito. Se muestra petulante y satisfecho de sí mismo y piensa: “Mira lo inteligente que soy. He contado una mentira muy bien elaborada e, incluso si no lo fuera, solo tengo que volver a mentir para taparla. La mayoría de la gente no ha sido capaz de descubrirme. Contar mentiras requiere de habilidad”. Algunos dicen: “Contar mentiras es un trabajo duro. Tras contar una, tienes que decir muchas más para cubrir la primera. Conlleva mucha elaboración mental y esfuerzo”. No obstante, este maestro mentiroso no se sentía así. En este caso, sus mentiras no quedaron al descubierto. Contó una mentira con éxito y engañó a los demás y, luego, al temer que lo pusieran en evidencia, volvió a mentir para tapar la mentira anterior. Se sentía orgulloso y en su corazón no había ni culpa ni remordimiento. Su conciencia no se vio afectada. ¿Cómo es esto posible? No es consciente del daño que le produce. Cree que usar mentiras para tapar las anteriores le permite mejorar su imagen y obtener beneficios. A pesar de la dificultad y la fatiga, piensa que merece la pena. Le parece que tiene más valor que entender la verdad y practicarla. ¿Por qué miente a menudo sin sentirse culpable? Porque no siente amor por la verdad en su corazón. Valora su vanidad, reputación y estatus. Nunca abre su corazón en enseñanza a los demás; en cambio, usa las falsas apariencias y se disfraza para ocultar sus mentiras. Así es como interactúa y se relaciona con las personas. No importa cuántas mentiras cuente, cuántas encubra o cuántas intenciones egoístas y ocultas esconda, no siente culpa ni incomodidad en el corazón. En términos generales, la gente con algo de conciencia y un poco de humanidad se sentiría intranquila tras contar una mentira y le costaría mucho avenirse a ella; se sentiría avergonzada. Sin embargo, esta persona no piensa así. Tras mentir, se siente satisfecha consigo misma y dice: “Hoy he dicho otra mentira y he engañado a ese idiota. Estaba sudando tinta, pero de algún modo nadie se ha dado cuenta”. ¿No se cansa de pasarse la vida mintiendo constantemente y encubriéndolas luego? ¿De qué clase de naturaleza se trata? Es la naturaleza de un diablo. Los diablos mienten a diario. Vive una vida de mentiras sin ninguna sensación de incomodidad o dolor. Si la sintiera, cambiaría, pero no puede sentir dolor porque la mentira es su vida, está en su naturaleza. Cuando se expresa de un modo natural, no se refrena ni reflexiona sobre sí mismo. Da igual cuántas mentiras diga o cuantos engaños cometa, en su corazón no hay culpa ni remordimientos de conciencia. No es consciente de que Dios escruta las profundidades del corazón de las personas. No se da cuenta de la responsabilidad con la que carga ni del castigo que recibirá después de contar mentiras y actuar con engaños. Su mayor miedo es que alguien ponga en evidencia sus falsos planes, así que recurre a contar incluso más mentiras para encubrir dichos planes y, al mismo tiempo, se agota a sí mismo tratando de buscar una manera, cualquier medio para ocultar sus mentiras y quién es en realidad. ¿Se ha arrepentido esta persona en absoluto a lo largo del proceso? ¿Siente algo de culpa o tristeza? ¿Tiene algún deseo de dar un giro a su comportamiento? No. Piensa que no es un pecado contar mentiras o encubrirlas, que la mayoría de la gente vive así y no tiene intención de cambiar. En cuanto a ser una persona honesta, en su corazón piensa: “¿Por qué iba a ser una persona honesta, hablar desde el corazón y decir la verdad? Yo no hago eso. Eso es para los necios y yo no soy un necio. Si miento y tengo miedo de quedar en evidencia, solo buscaré otras razones o excusas para encubrirlo. No soy del tipo de persona que pueda hablar con honestidad. Si lo hiciera, sería un completo idiota”. No acepta ni reconoce la verdad. Las personas que no reconocen la verdad no pueden amarla. ¿En qué estado se encuentra esa persona de principio a fin? (No está dispuesta a cambiar). Su falta de disposición a dar un giro a su comportamiento resulta evidente desde un punto de vista objetivo, pero ¿cuál es su verdadero estado? Básicamente, niega que ser una persona honesta es la senda correcta en la vida. También niega la existencia de la verdad, el juicio de Dios a la humanidad en los últimos días y que Dios decide el desenlace del hombre y el castigo individual por los actos propios. Esto supone falta de discernimiento, necedad y terquedad. Tal pensamiento da lugar a su estado, acciones y comportamientos intransigentes. Estas cosas surgen de la propia esencia-naturaleza. Esa es la clase de persona que es, alguien realmente falso, y no lo puede cambiar. A algunas personas les puede resultar inconcebible cuando ven que se niega a aceptar la verdad y no puede comprenderla. En realidad, las personas así carecen de humanidad normal y su conciencia no funciona. Además, carecen de la razón de la humanidad normal. Al oír la verdad y las palabras de juicio, una persona con humanidad y razón normales al menos reflexionaría sobre sí misma y se arrepentiría sinceramente, pero esta persona hace oídos sordos al camino verdadero. Sigue insistiendo en vivir según la filosofía de Satanás, y su fe en Dios no cambia en absoluto a lo largo de los años. Tal persona carece de la razón de la humanidad normal y es difícil que se salve.

De estos dos tipos de personas, ¿a cuál creéis que salva Dios? (Al primer tipo, porque, aunque mienta, puede aceptar la verdad y volverse honesta). La gente puede ver esto y pensar: “¿Cómo es posible que las personas a las que Dios salva mientan y siempre hagan el mal? ¿Acaso no son corruptas? ¡No son perfectas!”. Usan la palabra “perfecta” en este caso. ¿Qué os parece? Estas son las palabras de una persona que no entiende el proceso normal del crecimiento en la vida. Dios salva a las personas que han sido corrompidas por Satanás y tienen actitudes corruptas, no a personas perfectas, sin fallos o que viven en un vacío. Algunas personas, al revelar un cierto grado de corrupción, piensan: “Me he vuelto a resistir a Dios. Llevo creyendo en Él muchos años y todavía no he cambiado. Seguramente, Dios ya no me quiere”. Entonces, se resignan a la desesperanza y se vuelven reacios a buscar la verdad. ¿Qué te parece esta actitud? Ellos mismos han renunciado a la verdad y creen que Dios ya no los quiere. ¿No se está malinterpretando a Dios? Tal negatividad es la manera más fácil de que Satanás se aproveche de ellos. Satanás se burla, diciéndoles: “Necio, Dios quiere salvarte, pero sigues sufriendo de esta manera. ¡Ríndete! Si te rindes, Dios te descartará, que es como si te entregara a mí. ¡Te atormentaré hasta la muerte!”. Una vez que Satanás triunfe, las consecuencias serán impensables. Por consiguiente, no importa a qué dificultades o negatividad se enfrente una persona, no debe rendirse. Debe buscar soluciones en la verdad y evitar esperar sin hacer nada. Durante el proceso de crecimiento en la vida y el curso de la salvación humana, es posible que a veces las personas tomen la senda equivocada, se desvíen o tengan momentos en los que muestren estados y comportamientos inmaduros en la vida. Pueden tener momentos de debilidad y negatividad, momentos en los que dicen cosas equivocadas, tropiezan o experimentan el fracaso. Todo esto resulta normal a ojos de Dios. Él no se lo echa en cara. Algunas personas piensan que su corrupción es demasiado profunda y que nunca podrán satisfacer a Dios, entonces, se sienten tristes y se desprecian a sí mismas. Los que tienen un corazón arrepentido como este son precisamente a los que Dios salva. En cambio, los que creen que no necesitan la salvación de Dios, los que piensan que son buenas personas y que no hay nada malo en ellos, no suelen ser a los que Dios salva. ¿Qué significado hay detrás de lo que os estoy diciendo? Quien lo entienda, que lo diga. (Para manejar adecuadamente tus propias revelaciones de corrupción, concéntrate en practicar la verdad y recibirás la salvación de Dios. Si malinterpretas constantemente a Dios, te resignarás fácilmente a la desesperanza). Debes tener fe y decir: “Aunque ahora soy débil, y he tropezado y fallado, creceré, y un día comprenderé la verdad, satisfaré a Dios y alcanzaré la salvación”. Debes tener esta determinación. No importa con qué reveses, dificultades, fracasos o tropiezos te encuentres, no debes ser negativo. Debes saber a qué clase de personas salva Dios. Es más, si sientes que aún no eres apto para que Dios te salve, o si hay ocasiones en las que te encuentras en estados que Dios detesta o le desagradan, o hay veces en las que te comportas pésimamente y Dios no te acepta, o Dios te desdeña, no tiene importancia. Ahora ya lo sabes, y no es demasiado tarde. Mientras te arrepientas, Dios te dará una oportunidad.

Cuando uno cree en Dios, ¿qué es lo más importante? (Comprender la verdad y tener entrada en la vida). Cierto, la entrada en la vida es fundamental, es lo primero. Da igual los deberes que desempeñes, la edad que tengas, cuánto tiempo hayas creído en Dios y no importa cuánta verdad entiendas, la entrada en la vida es lo primero. No pienses: “Algunas personas llevan veinte años creyendo en Dios, pero yo solo llevo cinco. Estoy muy atrás respecto a ellos. ¿Sigo teniendo esperanzas de salvación? ¿Me he retrasado demasiado?”. No es un gran problema creer en Dios unos cuantos años más tarde. Si eres alguien que persigue la verdad, puedes alcanzar a los que creían en Él con anterioridad. Como dice la Biblia: “Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros” (Mateo 19:30). Si una persona siempre halla razones y excusas para no perseguir la verdad, aunque crea durante toda su vida, será en vano y no ganará nada. En la casa de Dios hay muchas personas que creyeron en Él durante veinte o treinta años, pero no estuvieron a la altura en el desempeño de sus deberes, así que fueron descartadas. Hay muchas que siempre buscan la fama, el provecho, el estatus, y se convierten en falsos líderes y anticristos y son descartadas. Hay muchos incrédulos que rehúsan con terquedad aceptar la verdad y todos han sido descartados. ¿Es esto un hecho? (Sí). Asimismo, hay quienes pueden hablar de sus testimonios vivenciales después de haber creído durante solo tres o cinco años. Sus testimonios y su fe superan con creces a los de aquellos que han creído en Dios durante mucho más tiempo. Estas personas han recibido las bendiciones de Dios. Hay otras muchas que llevan gran cantidad de años creyendo en Dios que no han perseguido la verdad en absoluto y han sido descartadas. Esto le deja claro a la gente un hecho: Dios es justo y equitativo con todos. Dios no se fija en cómo eras antes o en tu estatura actual, Él se fija en si persigues la verdad y si caminas por la senda de la búsqueda de la verdad. Nunca debes malinterpretar a Dios y decir: “¿Por qué aquellos a los que Dios puede salvar siguen mintiendo y revelando corrupción? Dios debería salvar a los que no mienten”. ¿No es esto una falacia? ¿Hay alguien entre la humanidad corrupta que no mienta? ¿Siguen necesitando la salvación de Dios las personas que no mienten? Dios salva a la humanidad, que ha sido corrompida por Satanás. Si no eres ni siquiera capaz de entender este hecho con claridad, eres ignorante y necio. Tal como Dios dijo: “No hay justos sobre esta tierra, los justos no están en este mundo”. Precisamente porque la humanidad ha sido corrompida por Satanás, Dios se encarnó en la tierra para salvar a estos humanos corruptos. ¿Por qué no dice nada Dios sobre salvar ángeles? Porque los ángeles están en el cielo y Satanás no los ha corrompido. Dios siempre ha dicho desde el principio que: “La humanidad a la que Yo salvo es la que ha sido corrompida por Satanás, la humanidad arrancada de las manos de este, la que posee el carácter corrupto de Satanás, la que se opone, se resiste y se rebela contra Mí”. Entonces, ¿por qué la gente no se enfrenta a este hecho? ¿No malinterpretan a Dios? Malinterpretar a Dios es la senda más fácil de resistencia contra Él y debe resolverse de inmediato. Es muy peligroso dejar este problema sin resolver, porque bien podría resultar en que Dios te aparte. Las malinterpretaciones de la gente están enraizadas en sus nociones y figuraciones. Si siempre se aferran a ambas, lo más probable es que rehúsen aceptar la verdad. Cuando malinterpretas a Dios, si no buscas la verdad para resolverlo, ya conocéis las consecuencias. Dios te permite tropezar, fallar y cometer errores. Él te dará oportunidades y tiempo para comprender y practicar la verdad, entender poco a poco Sus intenciones y hacerlo todo de acuerdo con ella, someterte sinceramente a Dios y alcanzar la realidad-verdad que le exige a la gente que posea. Sin embargo, ¿quién es la persona a la que Dios detesta más? A la que, a pesar de conocer la verdad en su corazón, rechaza aceptarla y mucho menos practicarla. En vez de eso, sigue viviendo según las filosofías de Satanás, se considera bastante buena y sumisa a Dios, mientras que también busca desorientar a los demás y ganarse una posición en Su casa. Él detesta a este tipo de personas más que a nadie, son anticristos. Aunque todo el mundo tiene un carácter corrupto, estas acciones son de una naturaleza diferente. No es un carácter corrupto corriente ni una revelación normal de corrupción; en cambio, te resistes a Dios de un modo consciente y obstinado hasta el final. Sabes que Dios existe, crees en Él y, sin embargo, eliges deliberadamente resistirte a Él. Esto no es tener nociones sobre Dios ni un problema de malinterpretación; por el contrario, te resistes a Él de manera deliberada hasta el final. ¿Puede salvar Dios a alguien así? Dios no te salva. Eres un enemigo de Dios, por tanto, eres un diablo. ¿Puede Dios salvar todavía a los diablos?

¿Cómo os hace sentir Mi enseñanza de hoy? ¿La habéis entendido? (Sí, la entendemos). Si entendéis algo, ganaréis algo, y obtendréis un poco de entrada en la verdad. Si entras en la verdad, tu vida crecerá, pero si no lo haces, tu vida no crecerá. Es como una semilla que brota y necesita ser regada, fertilizada y expuesta a la luz del sol. Si no la cultivas con esmero, no crecerá y acabará por marchitarse y morir. ¿Qué significa esto que digo? Que solo confesar verbalmente y creer en tu interior en la encarnación de Dios no es bastante para conocerlo y ser apto para entrar en Su reino. No hay garantía; es solo un paso elemental. Aún no has alcanzado la salvación, no has sido transformado y todavía te queda un largo camino por recorrer. En los últimos días, Dios expresa la verdad para salvar por completo a la humanidad. Cuando te embarcas en la senda de creer en Dios, ya tienes la oportunidad de que Él te salve desde el principio. ¡Qué bendición más enorme! No puedes renunciar a ello. Que Dios salve y perfeccione a la humanidad en los últimos días es una oportunidad extremadamente rara. La humanidad ha vivido durante miles de generaciones, pero nadie ha tenido antes esta oportunidad. Ser salvado es descomunal; no debes perder esta oportunidad. Vuestra generación ha encontrado a Dios encarnado, es una bendición. Esta bendición es invisible para el mundo secular, pero vosotros la habéis visto y disfrutado y se trata de una bendición de Dios. Tal vez algunas personas aún no tienen claras las visiones; solo entienden algunas doctrinas, pero no tienen auténtica fe. Solo sienten que creer en Dios es bueno y que leer Sus palabras anima sus corazones, por lo que creen que es la senda correcta en la vida y que tienen un corazón fuerte. Están decididos a no seguir la senda de destrucción de los no creyentes, ni la senda de los religiosos que se resisten a Dios. Están decididos a seguir solamente a Dios, a perseguir la verdad, a alcanzar la purificación, a lograr la salvación y a caminar solamente por la senda de seguir a Dios. Es bueno que la gente tenga tal determinación, y significa que hay esperanza. Seguir a Dios conlleva Su protección. Al menos ahora, en esta vida, serán felices. Ni Satanás ni la sociedad ni la raza humana les harán más daño y vivirán completa y auténticamente bajo el dominio de Dios. Supone un honor y una felicidad que se pueden sentir en esta vida. Ahora bien, ¿qué hay de la venidera? Dios ha hecho una promesa. Además de concederte la salvación y proporcionarte la verdad y la vida, también promete darte el céntuplo en esta vida y concederte la vida eterna en la venidera. Por tanto, no subestimes este asunto. El precio que pagas y el sufrimiento que padeces para obtener la verdad y recibir la salvación son pasajeros. En el futuro, cuando la gente comprenda la verdad y la posea, la felicidad, la alegría y las bendiciones de las que disfrutará serán indescriptibles. Es decir, solo cuando comprendas y obtengas la verdad estarás cualificado para recibir la promesa de Dios. Él te concede toda la verdad y las provisiones de la vida sin reservas. Es cierto que Dios puede salvarte, pero, en definitiva, que alcances la vida y la verdad depende de que elijas la senda de la búsqueda de la verdad. ¿Está en tus manos tal decisión? (Sí). En otras palabras, si puedes alcanzar la vida y la verdad, si reúnes los requisitos para recibir la promesa de Dios, y si puedes recibir la bendición, esta bendición del “céntuplo en esta vida y la vida eterna en la venidera”, es una oportunidad que depende de ti. Nadie más puede influenciarte, ayudarte o limitarte. Cuentas con este derecho, Dios ya te lo ha concedido. Depende de si al final eliges caminar por la senda de la búsqueda de la verdad. Más allá de otros asuntos, este último es fundamental.

9 de noviembre de 2016

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