Solo reconociendo las propias opiniones equivocadas puede uno transformarse realmente (Parte 1)

¿Tenéis ahora una manera de conoceros y de ganar entrada en la vida y en la senda correcta de creer en Dios? ¿Contáis con un objetivo o una dirección? Deberíais tener algunas ideas, porque hemos hablado bastante de asuntos como ser una persona honesta, sobre conocerse a uno mismo, cómo comer y beber la palabra de Dios, cómo deberíais compartir la verdad para resolver problemas, cómo deberíais cooperar armoniosamente en el cumplimiento del deber, cómo los hermanos y hermanas deberían intentar establecer relaciones interpersonales normales entre sí, etcétera. Ahora que tenéis más claros todos los aspectos de la verdad relacionados con la fe en Dios, que habéis adquirido cierto conocimiento práctico y que no sois como antes, cuando sin importar el aspecto sobre el que os preguntaran siempre respondíais con imprecisión, ¿no os sentís mucho mejor? (Ahora lo tengo todo mucho más claro). “Tenerlo todo mucho más claro” es correcto. En realidad, no importa qué aspecto de la verdad uno practique, tanto si es ser una persona honesta, formarse para someterse a Dios, cómo relacionarse amigablemente con los hermanos y las hermanas, cómo vivir una humanidad normal, o algo similar, independientemente del aspecto de la verdad en el que busques entrar, debes empezar por abordar el asunto de conocerse a uno mismo. ¿Acaso ser honesto no implica conocerse? No podrás practicar la honestidad hasta que hayas llegado a conocer tu falsedad y tu deshonestidad. Solo cuando llegues a saber que no te has sometido a Dios, serás capaz de practicar la sumisión a Él o de buscar lo que debes hacer para someterte a Él. Si no te conoces, tus deseos de ser una persona honesta, de someterte a Dios o de alcanzar la salvación están vacíos. Esto se debe a que la gente tiene un carácter corrupto que siempre emponzoña y obstruye su práctica, por lo que le cuesta practicar cualquier aspecto de la verdad. Al practicarlo, tu carácter corrupto ciertamente se revelará, entorpecerá tus esfuerzos por ser honesto, obstruirá tu sumisión a Dios e inhibirá tu paciencia y tolerancia hacia los hermanos y las hermanas. Si no reflexionas sobre este carácter corrupto, no lo descubres, lo analizas ni llegas a reconocerlo, y en su lugar te basas en tus nociones y figuraciones para practicar la verdad, entonces solo seguirás preceptos, porque no entiendes la verdad ni sabes qué principios-verdad debes acatar. Por tanto, independientemente del aspecto de la verdad que una persona practique, o de lo que haga, primero debe reflexionar sobre sí misma y conocerse. Esto último implica conocer cada una de tus palabras, obras, acciones, pensamientos, ideas, intenciones, nociones y figuraciones. También debes conocer las filosofías de Satanás para los asuntos mundanos y todas sus diversas ponzoñas, así como el conocimiento cultural tradicional. Debes buscar la verdad y discernir estas cosas claramente. De esa manera, entenderás la verdad y te conocerás realmente. Puede que una persona haya hecho muchas buenas obras desde que comenzó a creer en Dios, pero todavía no es capaz de ver claramente muchas cosas y mucho menos de lograr entender la verdad. Sin embargo, debido a esa gran cantidad de buenas obras, siente que ya practica la verdad, que ya se ha sometido a Dios y que ya ha satisfecho bastante Su voluntad. Cuando no te ocurre nada, puedes hacer lo que te digan, haces cualquier deber sin reparo alguno y no te resistes. Cuando te dicen que difundas el evangelio, no te quejas y puedes sobrellevar esta dificultad, y cuando te dicen que corras de aquí para allá y trabajes, o hagas una tarea, lo haces. Debido a esto, sientes que eres alguien que se somete a Dios y que persigue la verdad genuinamente. Aun así, si te preguntan seriamente: “¿Eres una persona honesta? ¿Te sometes verdaderamente a Dios? ¿Has transformado el carácter?”, si todo el mundo debe hacer frente a la comparación con la verdad de las palabras de Dios, puede decirse que nadie está a la altura ni sería capaz de actuar según los principios-verdad. Por tanto, toda la humanidad corrupta debe reflexionar sobre sí misma, sobre el carácter según el cual vive y sobre las filosofías, la lógica, las herejías y las falacias satánicas de donde se derivan todos sus actos y todas sus acciones. Debe reflexionar sobre la causa principal por la que revela su carácter corrupto, cuál es la esencia de que actúe obstinadamente, y para qué y para quién vive. Si estos aspectos se comparan con la verdad, entonces todo el mundo será condenado. ¿Cuál es la razón? Que la humanidad está profundamente corrompida. Las personas no entienden la verdad y todas viven según su carácter corrupto. No se conocen a sí mismas en lo más mínimo, siempre creen en Dios en función de sus propias nociones y figuraciones, realizan sus deberes de acuerdo con sus preferencias y estilos, y siguen teorías religiosas en su manera de servir a Dios. Aún más, todavía piensan que están llenas de fe y que sus acciones son muy razonables, y acaban sintiendo que han ganado mucho. Sin darse cuenta, llegan a pensar que ya actúan de acuerdo con la voluntad de Dios y la han satisfecho completamente, y que ya han cumplido los requisitos de Dios y siguen Su voluntad. Si te sientes así, o si consideras que has obtenido algunas ganancias en tus diversos años de fe en Dios, entonces, con más razón aún, debes regresar ante Dios para examinarte cuidadosamente. Deberías fijarte en la senda que has recorrido durante tus años de fe para ver si has realizado todos tus actos y obras ante Dios completamente de acuerdo con Su voluntad. Examina cuáles de tus conductas se oponían a Dios, con cuáles de ellas te sometiste a Él y si tus acciones han cumplido y satisfecho Sus requisitos. Deberías aclarar todas estas cosas, porque solo entonces te conocerás.

La clave para la autorreflexión y el conocimiento de ti mismo es esta: cuanto más sientas que en ciertas áreas lo has hecho bien o has hecho lo correcto, y más creas que puedes satisfacer la voluntad de Dios o que eres capaz de jactarte en ciertas áreas, entonces más vale la pena que te conozcas en esas áreas y que profundices en ellas para ver qué impurezas existen en ti, así como qué cosas en ti no pueden satisfacer la voluntad de Dios. Tomemos a Pablo como ejemplo. Pablo estaba especialmente informado, sufrió mucho cuando predicaba y obraba y muchos particularmente lo adoraban. En consecuencia, después de terminar mucho trabajo, supuso que habría una corona reservada para él. Esto lo llevó a ir cada vez más lejos por la senda equivocada, hasta que finalmente Dios lo castigó. En ese momento, si hubiera reflexionado sobre sí mismo y se hubiera analizado minuciosamente, no habría pensado de la manera que lo hizo. En otras palabras, Pablo no se había enfocado en buscar la verdad en las palabras del Señor Jesús; solo había creído en sus propias nociones y figuraciones. Había pensado que meramente al hacer algunas cosas buenas y exhibir algunos buenos comportamientos, Dios lo aprobaría y lo recompensaría. Al final, sus propias nociones y figuraciones le cegaron el corazón y ocultaron la verdad de su corrupción. Sin embargo, las personas no eran capaces de discernir esto ni tenían conocimiento de estos asuntos, y entonces, antes de que Dios dejara esto en evidencia, siempre habían considerado a Pablo como un estándar al cual aspirar, un ejemplo para vivir y lo consideraron como un ídolo que buscaban y anhelaban ser. El caso de Pablo es una advertencia para cada uno de los escogidos de Dios. En especial, cuando los que seguimos a Dios podemos sufrir y pagar el precio en nuestros deberes y mientras servimos a Dios, sentimos que somos leales y amamos a Dios, y en momentos como este, debemos reflexionar y entendernos a nosotros mismos aún más con respecto a la senda que estamos tomando, lo cual es muy necesario. Esto se debe a que lo que crees que es bueno es lo que decidirás que es correcto, y no dudarás de ello, ni reflexionarás sobre ello, ni analizarás minuciosamente si hay algo en ello que se opone a Dios. Por ejemplo, hay personas que se creen sumamente bondadosas. Nunca odian ni hieren a los demás y siempre echan una mano a un hermano o hermana cuya familia está en apuros para que su problema no se quede sin resolver; tienen gran benevolencia y hacen todo lo que está en su mano para ayudar a todo el que puedan. No obstante, jamás se centran en practicar la verdad, y no tienen ninguna entrada en la vida. ¿Cuál es la consecuencia de esa ayuda? Ponen su vida en suspenso, pero están muy contentas consigo mismas y sumamente satisfechas con todo lo que han hecho. Es más, se enorgullecen de ello, pues creen que en todo lo que han hecho no hay nada que vaya contra la verdad, que definitivamente satisfará la voluntad de Dios y que son auténticos creyentes en Él. Ven su bondad natural como algo que deben explotar y, en el momento en que lo hacen, dan por hecho que es la verdad. En realidad, lo único que ejercen es la bondad humana. No practican la verdad en absoluto, ya que hacen esto ante los hombres, no ante Dios, y ni mucho menos practican de acuerdo con las exigencias de Dios y la verdad. Por tanto, todas sus acciones son en vano. Nada de lo que hacen representa practicar la verdad ni las palabras de Dios, y mucho menos seguir Su voluntad; más bien utilizan la bondad humana y la buena conducta para ayudar al prójimo. En resumen, no buscan la voluntad de Dios en todo lo que hacen ni actúan según Sus exigencias. Dios no aprueba esta clase de buena conducta del hombre; para Dios, se la debe condenar, y no merece que Él la recuerde.

Es crucial que todo el mundo se conozca a sí mismo, porque eso influye directamente en la cuestión importante de si uno puede o no descartar su carácter corrupto y alcanzar la salvación. No pienses que esto es un asunto simple. Conocerte no consiste en entender tus acciones o prácticas, sino en conocer la esencia de tu problema, la raíz de tu rebeldía y su esencia, y por qué no puedes practicar la verdad y entender las cosas que surgen y te perturban al practicar la verdad. Estos son algunos de los aspectos más importantes de conocerse. Por ejemplo, debido al condicionamiento de la cultura tradicional china, según sus nociones tradicionales, el pueblo chino cree que se debe observar una devoción filial hacia los padres. Aquel que no cumple con la devoción filial es mal hijo. Al pueblo le han inculcado estas ideas desde la infancia y se enseñan en prácticamente todos los hogares, así como en todas las escuelas y en la sociedad en general. Cuando a una persona le han llenado la cabeza de esas cosas, piensa: “La devoción filial es más importante que nada. Si no cumpliera con ella, no sería buena persona; sería mal hijo y la sociedad me criticaría. Sería una persona carente de conciencia”. ¿Es correcto este punto de vista? La gente ha visto muchas verdades expresadas por Dios; ¿acaso Él ha exigido que uno demuestre devoción filial hacia sus padres? ¿Es esta una de las verdades que los creyentes en Dios deben comprender? No, no lo es. Dios solo ha hablado sobre ciertos principios. ¿Según qué principio piden las palabras de Dios que la gente trate a los demás? Ama lo que Dios ama y odia lo que Dios odia. Ese es el principio al que hay que atenerse. Dios ama a los que persiguen la verdad y son capaces de seguir Su voluntad; esas son también las personas a las que debemos amar. Aquellos que no son capaces de seguir la voluntad de Dios, que lo odian y se rebelan contra Él, son personas detestadas por Dios, y nosotros también debemos detestarlas. Esto es lo que Dios pide del hombre. Si tus padres no creen en Él, si saben perfectamente que la fe en Dios es la senda correcta y que puede conducir a la salvación, y sin embargo siguen sin estar receptivos, entonces no cabe duda de que son personas que sienten aversión por la verdad y que la odian, y de que se resisten a Dios y lo odian. Y Él naturalmente los aborrece y los odia. ¿Podrías aborrecer a esos padres? Se oponen a Dios y lo agravian, en cuyo caso, seguramente son demonios y satanases. ¿Podrías odiarlos y maldecirlos? Todas estas son preguntas reales. Si tus padres te impiden creer en Dios, ¿cómo debes tratarlos? Tal y como pide Dios, debes amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia. Durante la Era de la Gracia, el Señor Jesús dijo: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?” “Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Estas palabras ya existían en la Era de la Gracia, y ahora las palabras de Dios son incluso más claras: “Ama lo que Dios ama, y odia lo que Dios odia”. Estas palabras van directas al grano, pero las personas a menudo son incapaces de captar su verdadero sentido. Si una persona es alguien que niega y se opone a Dios, y que está maldecida por Él, pero se trata de uno de tus padres o de un familiar tuyo y, al parecer, no es una persona malvada y te trata bien, entonces podrías encontrarte con que eres incapaz de odiarla, y puede incluso que sigas en contacto cercano con ella, sin que cambie vuestra relación. Oír que Dios odia a tales personas te genera conflicto y no eres capaz de ponerte del lado de Dios y rechazarlas sin piedad. Siempre te atan los sentimientos y no puedes abandonarlas por completo. ¿Por qué pasa esto? Esto sucede porque tus sentimientos son demasiado intensos y te dificultan practicar la verdad. Esa persona es buena contigo, así que no puedes llegar a odiarla. Solo podrías odiarla si te lastimara. ¿Ese odio estaría en consonancia con los principios-verdad? Además, también te atan las nociones tradicionales, pues piensas que es uno de tus padres o un familiar, así que, si la odias, la sociedad te despreciaría y la opinión pública te denostaría, te condenaría por ser poco filial, carente de conciencia, ni siquiera humano. Crees que sufrirías la condena y el castigo divinos. Incluso si quieres odiarla, tu conciencia no te lo permite. ¿Por qué funciona así tu conciencia? Porque desde que eras niño te han inculcado una manera de pensar, a través de la herencia de la familia, de la educación que recibiste de tus padres y del adoctrinamiento de la cultura tradicional. Tienes esta manera de pensar arraigada profundamente en el corazón y te hace creer erróneamente que la devoción filial es perfectamente natural y está justificada, y que cualquier cosa que hayas heredado de tus ancestros siempre es buena. La aprendiste primero y sigue siendo dominante, lo que crea un enorme obstáculo y una perturbación en tu fe y en la aceptación de la verdad, y te deja incapacitado para poner en práctica las palabras de Dios y amar lo que Él ama y odiar lo que odia. Sabes de corazón que tu vida provino de Dios, no de tus padres, y también que ellos no solo no creen en Dios, sino que se oponen a Él, que Dios los odia y tú deberías someterte a Él, ponerte de Su lado, pero simplemente no puedes llegar a odiarlos, por más que quieras. No puedes cambiar de idea, no puedes endurecer tu corazón y no puedes practicar la verdad. ¿Cuál es la causa de eso? Satanás usa ese tipo de cultura tradicional y esas nociones de moralidad para atar tus pensamientos, tu mente y tu corazón, lo que te vuelve incapaz de aceptar las palabras de Dios; tales cosas de Satanás te han poseído y te han hecho incapaz de aceptar Sus palabras. Cuando quieres practicar las palabras de Dios, estas cosas te perturban en tu interior, hacen que te opongas a la verdad y a Sus requisitos, y te vuelven impotente para librarte del yugo de la cultura tradicional. Tras luchar durante un tiempo, cedes: prefieres creer que las nociones tradicionales de moralidad son correctas y conformes a la verdad, así que rechazas o abandonas las palabras de Dios. No aceptas Sus palabras como la verdad y no piensas en absoluto en ser salvado, pues sientes que aún vives en este mundo, y solo puedes sobrevivir apoyándote en estas personas. Incapaz de soportar el rechazo social, preferirías renunciar a la verdad y a las palabras de Dios, abandonarte a las nociones tradicionales de moralidad y a la influencia de Satanás, y optarías por ofender a Dios en lugar de practicar la verdad. ¿Acaso no es el hombre digno de pena? ¿No tiene necesidad de la salvación de Dios? Algunos han creído en Dios durante muchos años, pero aún no comprenden el tema de la devoción filial. Realmente no entienden la verdad. Nunca pueden abrirse camino a través de esta barrera de las relaciones mundanales; no tienen la valentía, ni la confianza, ni mucho menos la determinación, de modo que no pueden amar y obedecer a Dios. Algunos son capaces de ver más allá de esto, y para ellos realmente no es fácil decir: “Mis padres no creen en Dios y me impiden creer. Son demonios”. Ningún incrédulo tiene fe en que hay un Dios, o en que Él ha creado los cielos, la tierra y todas las cosas, o en que el hombre es una creación de Dios. Incluso algunos dicen: “Los padres dan la vida al hombre, y este debería honrarlos”. ¿De dónde proviene este tipo de pensamiento o punto de vista? ¿De Satanás? Han sido milenios de cultura tradicional, en los que se ha educado y desorientado al hombre de esta manera, lo que lo ha llevado a negar la creación y la soberanía de Dios. Si Satanás no desorientara y controlara a la gente, el hombre investigaría la obra de Dios, leería Sus palabras y sabría que Él lo ha creado, que le ha dado la vida, que le ha proporcionado todo lo que tiene y que es a Dios a quien debe dar las gracias. Si alguien nos hace un favor, deberíamos aceptarlo de parte de Dios, en particular en el caso de nuestros padres, que nos tuvieron y criaron; Dios ha arreglado todo esto. Él detenta la soberanía sobre todo; el hombre no es más que una herramienta de servicio. Si alguien puede dejar de lado a los padres, a su esposo (o esposa) y a los hijos para esforzarse por Dios, entonces será más fuerte y tendrá un sentido de la justicia más elevado ante Él. No obstante, no es fácil que la gente se abra camino a través de la servidumbre de la educación nacional, las ideas y nociones de la cultura tradicional y las declaraciones morales, porque estas ponzoñas y filosofías satánicas han arraigado durante mucho tiempo en el corazón de las personas y han producido todo tipo de actitudes corruptas que les impiden oír la palabra de Dios y someterse a Él. En lo hondo del corazón del hombre corrupto falta una voluntad fundamental de poner en práctica la verdad y de seguir la voluntad de Dios. Por tanto, la gente se rebela contra Él y se le resiste; es posible que lo traicione y lo abandone en cualquier momento. ¿Puede alguien recibir la verdad si en su interior habitan el carácter corrupto y las ponzoñas y las filosofías satánicas? ¿Puede lograr someterse a Dios? Realmente es muy difícil. Si no fuera por la obra de juicio que Dios mismo lleva a cabo, la humanidad profundamente corrupta no podría alcanzar la salvación ni purificar todo su carácter satánico. Incluso si las personas creen en Dios y están dispuestas a seguirlo, no pueden escucharlo ni someterse a Él, porque les cuesta demasiado esfuerzo aceptar la verdad. Así pues, para perseguir la verdad primero hay que buscar conocerse a uno mismo y resolver el carácter corrupto propio. Solo entonces será más sencillo aceptar la verdad. Conocerse no es un asunto simple de ninguna manera; únicamente los que aceptan la verdad pueden conocerse a sí mismos. Es por ello que conocerse es fundamental y es algo que no debéis pasar por alto.

Las personas tienen actitudes corruptas, de modo que les cuesta mucho aceptar la verdad y, aún más, conocerse a sí mismas. Si quieren alcanzar la salvación, deben llegar a conocer sus actitudes corruptas y su esencia-naturaleza. Solo entonces podrán aceptar realmente la verdad y ponerla en práctica. A la mayoría de los que creen en Dios les basta con solo poder expresar las palabras y las doctrinas, pues creen que entienden la verdad. Eso es un gran error, porque los que no se conocen a sí mismos no la entienden. Por tanto, para entender y obtener la verdad en su creencia en Dios, la gente debe centrarse en conocerse a sí misma. Independientemente del momento o del lugar en que nos hallemos y del entorno en el que nos encontremos, si podemos llegar a conocernos a nosotros mismos, descubrir y analizar nuestras actitudes corruptas y convertir el autoconocimiento en nuestra principal prioridad, sin duda tendremos ventaja y poco a poco nos conoceremos a nosotros mismos más a fondo. Al mismo tiempo, practicaremos la verdad, así como el amor y la sumisión a Dios, y entenderemos la verdad cada vez más. De ese modo, esta se convertirá en nuestra vida de manera natural. Sin embargo, si no entras en absoluto en el autoconocimiento, será una falsedad que digas que practicas la verdad, porque te estará cegando todo tipo de fenómenos superficiales. Piensas que te comportas mejor, que tienes más conciencia y razón que antes, que eres más amable, considerado, tolerante, paciente e indulgente con los demás y, en consecuencia, crees que ya vives una humanidad normal y que eres fabuloso y perfecto. No obstante, a ojos de Dios, todavía no te encuentras a la altura de Sus requisitos y criterios, y estás muy lejos de someterte a Él y adorarlo de verdad. Eso demuestra que no has obtenido la verdad, que careces de la más mínima realidad y que aún te queda mucho para cumplir los criterios de la salvación. La gente debe entender las verdades de las que debe dotarse para cumplir los requisitos de Dios. Las personas todavía no son capaces de distinguir entre los comportamientos externos buenos y la práctica de la verdad. En estos momentos, no muestran más que pequeños cambios en su conducta externa. Hoy en día, la mayoría de la gente asiste a reuniones y escucha sermones a menudo, y puede llevarse bien e interactuar con sus hermanos y hermanas de una manera normal. No discute, puede ser tolerante y paciente con los demás y es más meticulosa que antes a la hora de cumplir sus deberes. No obstante, entiende la verdad de una forma demasiado superficial, sus pensamientos e ideas sobre muchos asuntos todavía están alejados de la verdad, o van en contra de ella, y algunas de sus ideas son incluso hostiles hacia Dios. Esto es suficiente para ilustrar que la gente aún no ha obtenido la verdad. Por ese motivo debemos buscar la verdad en cada aspecto del autoconocimiento e intentar conocernos a nosotros mismos con mayor profundidad. A través de esta charla, ¿no sentís que es muy importante que os conozcáis a vosotros mismos? Acabo de dar un ejemplo de cómo mostrar devoción filial hacia los padres. Todo el mundo debe afrontar esta cuestión importante. Si no podéis entender la verdad ni salir de los pensamientos y las nociones tradicionales, os costará renunciar a todo y esforzaros verdaderamente por Dios. Muchas personas llevan creyendo en Dios multitud de años, pero nunca han cumplido un deber. Se han estado esforzando de corazón durante un período indeterminado, pero no se sabe con certeza cuándo serán capaces de entender realmente la verdad, de liberarse de las restricciones y ataduras de sus afectos carnales y sus pensamientos y nociones tradicionales y de llegar al punto de “amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia”. No es fácil lograr esto. Calar la esencia de la familia y despojarse de las limitaciones de las propias relaciones carnales es un obstáculo difícil para quienes siguen a Dios. Hay un proceso para desprenderse de las ataduras de la familia y de los afectos carnales y liberarse de las restricciones de los pensamientos de la cultura tradicional; es necesario que Dios disponga entornos en los que podamos practicar la entrada en la verdad. Sobre todo por lo que respecta a nuestros seres queridos, es aún más necesario que detectemos claramente sus rostros verdaderos y cada una de sus esencias-naturaleza. Al mismo tiempo, también debemos basarnos en la verdad para reflexionar sobre las actitudes corruptas que hemos revelado y las herejías y falacias satánicas que todavía existen en nuestro corazón. Para ello es necesario que Dios instrumente diversos entornos para revelarnos, de modo que podamos conocer las cosas que aún existen en nuestro interior que se resisten a Dios o son incompatibles con Él, y luego buscar la verdad para resolverlas. Necesitamos que Dios disponga entornos aptos para revelar nuestra corrupción y estatura. No obstante, también debemos colaborar de manera activa y positiva con Dios y exigirnos cosas de acuerdo con Su palabra; solo entonces Él podrá hacernos completos. Pero antes de que Dios actúe, debemos prepararnos mentalmente. En primer lugar, debemos reconocer las ponzoñas satánicas que existen en el interior del hombre y entender que los pensamientos y las nociones de la cultura tradicional desorientan y corrompen a la gente. Debemos entender la severidad con la que esas cosas satánicas, que heredamos y que provienen de la educación y la sociedad, se resisten a Dios y hasta qué punto van en contra de la verdad. Solo cuando podáis calar esas cosas se podrá decir que entendéis realmente la verdad.

Acabo de hablar sobre cómo tratar a los padres. Se puede decir que es una cuestión importante en la vida que todo el mundo debe afrontar. Esto es innegable. Ahora charlaremos sobre otro tema: cómo tratar a los hijos. No importa la manera de tratar a padres e hijos; en su lugar, lo que es importante es tu perspectiva, se trata de la perspectiva y la actitud que adoptas a la hora de relacionarte con ellos. Debemos entender este punto en nuestro corazón. Desde el momento en el que se tienen hijos, todo el mundo comienza a planificar el tipo de educación que quiere que reciban, a qué clase de centro educativo deberían ir y cómo deberían encontrar buenos trabajos tras la etapa de formación, de modo que puedan establecerse y adquirir cierta posición en la sociedad. Todas las personas creen que, en esta vida, se deben tener conocimientos y estudios de posgrado; a su modo de ver, esta es la única manera de encontrar trabajo y de asegurarse un sustento en la sociedad, para que en el futuro no haga falta preocuparse por las necesidades básicas, como el alimento, la ropa y un techo bajo el que cobijarse. Por tanto, por lo que respecta a cómo la gente trata a sus hijos, todos los padres esperan que su niño reciba una educación superior, que un día sea capaz de progresar en el mundo, que ocupe un lugar en la sociedad y que tenga unos ingresos altos y estables, prestigio y estatus. Creen que solo de esta forma se honrará a sus antepasados. Todo el mundo tiene esta idea: “Que mis hijos sean los mejores”. ¿Es correcto este punto de vista? Todos quieren que su hijo o su hija vaya a una universidad prestigiosa para luego seguir estudiando, pues creen que podrá salir adelante en el mundo después de haber obtenido un título de formación superior. Toda la gente, por dentro, adora el conocimiento y cree: “Los libros son superiores a todo afán”; además, piensa que la competencia en la sociedad actual es particularmente feroz y que a alguien que carezca de una cualificación académica incluso le costará intentar procurarse el sustento. Todo el mundo alberga este pensamiento y esta idea; es como si, mientras alguien tenga estudios superiores, su sustento y sus perspectivas estuvieran asegurados. Por tanto, por lo que respecta a lo que exige a sus hijos e hijas, para la gente la prioridad principal es estos que vayan a un centro académico superior para recibir una formación avanzada. En realidad, todos esos estudios, todo ese conocimiento y todas las ideas que la gente recibe van en contra de Dios y de la verdad, y Él detesta y condena todo eso. Esto demuestra que las ideas del hombre son erróneas y absurdas. La gente debería entender que si los hijos reciben este tipo de educación, aparte de adquirir cierto conocimiento intelectual útil, también los adoctrinarán con muchas de las ponzoñas, ideas y teorías de Satanás, y con sus diversas herejías y falacias, y debería entender cuáles serán las consecuencias de todo eso. La gente nunca ha pensado anteriormente sobre esta cuestión ni es capaz de comprenderla. Solo cree que sus hijos tendrán un futuro más brillante y honrarán a sus antecesores si van a centros académicos de formación superior. En consecuencia, cuando tu hijo venga a casa un día y charles con él de creer en Dios se mostrará reacio sobre el tema, y cuando le hables de la verdad te dirá que eres ridículo, se burlará de ti y menospreciará tus palabras. En ese momento, te darás cuenta de que elegiste la senda equivocada cuando enviaste a tu hijo a un centro académico de formación superior para que cursara estudios avanzados. Sin embargo, ya será demasiado tarde para lamentarse. En cuanto una persona acepta las filosofías e ideas de Satanás y estas cosas comienzan a arraigarse, florecer y dar fruto en su interior es como desarrollar tumores cancerosos que no se pueden eliminar o cambiar de un día para otro. En ese punto, a esa persona le costará aceptar la verdad y no habrá ninguna manera de que pueda salvarse. Es como si Satanás le hubiera inoculado un veneno letal. No he conocido a nadie que diga: “Cuando mi hijo vaya a la escuela, que aprenda simplemente a leer para que pueda entender el significado de la palabra de Dios. Después, lo guiaré para que crea en Él con todo el corazón y aprenda un poco sobre una profesión útil, de modo que pueda asegurarse un buen trabajo y una vida estable en el futuro. Así me quedaré tranquilo. Sería mejor si tuviera un calibre alto y buena humanidad y pudiera cumplir un deber en la casa de Dios. Si no puede hacer eso, sería suficiente que encontrara un trabajo fuera de la iglesia para que pueda sustentar a su familia. Ante todo, quiero que reciba las verdades de Dios en Su casa y que la sociedad no lo contamine ni lo condicione”. La gente no tiene fe para llevar a sus hijos ante Dios; siempre se preocupa de que no tengan buenas perspectivas si no reciben una formación superior. En otras palabras, por lo que respecta a los hijos, nadie está dispuesto a llevarlos ante Dios para que puedan aceptar Su palabra y comportarse de acuerdo con la verdad y Sus requisitos. La gente no está dispuesta ni se atreve a hacer eso. Tiene miedo de que, si actúa de esta manera, sus hijos no tengan un medio para ganarse la vida ni perspectivas en esta sociedad. ¿Qué confirma esta idea? Que las personas, a quienes Satanás ha corrompido profundamente, no tienen interés en la verdad ni en creer en Dios. Aún en el caso de que crean en Él, solo lo hacen para recibir bendiciones. No persiguen la verdad porque lo que adoran en el corazón son las cosas materiales, el dinero y la influencia de Satanás. No tienes fe para decir: “Si uno abandona las tendencias del mundo y confía en Dios, Él ofrecerá una manera de salir adelante para poder sobrevivir”. Careces de esta fe. Tu idea errónea de adorar el conocimiento ha arraigado en tu corazón. Controla cada una de tus palabras y acciones, de modo que no puedes aceptar la obra de Dios ni someterte a ella, y mucho menos aceptar las verdades que Él expresa. ¿Por qué digo esto? Porque este pensamiento y esta idea son hostiles hacia Dios, lo traicionan, lo niegan y no son compatibles con la verdad. Cuando una persona entiende la verdad, puede calar este problema y darse cuenta de que, en su interior, alberga muchas cosas que están en contra de Dios y que Él fundamentalmente desprecia. Todos estos son resultados que se obtienen al experimentar la obra de Dios. Sin el desenmascaramiento de Su palabra y sin el juicio y castigo de esta, la gente pensaría que se ha hecho santa, que está llena de amor a Dios y que su fe es fuerte después de creer en Él unos años y de introducir algunos cambios en su comportamiento. Ahora que entiende la verdad, de repente se da cuenta: “¿Cómo es posible que estas cosas corruptas todavía existan en las personas? ¿Por qué no pude reconocerlas antes? ¡Qué ignorante es la gente!”. En ese momento, aprende que es fantástico y muy necesario que Dios desenmascare la corrupción del hombre, y sabe que, si Dios no desenmascarara y juzgara su corrupción, nunca sería capaz de reconocerla. Todo el mundo es muy hábil a la hora de fingir y enmascararse. Puede hacerlo bastante bien, al igual que ocultar sus verdaderas intenciones o presentarlas de otro modo, pero las actitudes corruptas que revela y los pensamientos que tiene tan arraigados en la mente se resisten a Dios, quien desprecia y odia estas cosas. Esto es lo que Él quiere poner al descubierto, lo que la gente debería llegar a conocer. No obstante, las personas suelen pensar: “Por lo que respecta a lo que decimos, no hemos pronunciado ninguna palabra que se resista a Dios y tenemos razonamiento. En cuanto a nuestro comportamiento, no hemos hecho nada fuera de lugar y ya hemos llegado al punto en el que cumplimos nuestros deberes de una manera muy apropiada. No tenemos problemas manifiestos, de modo que ¿qué más deberíamos saber sobre nosotros mismos? ¿Es necesario siquiera que nos conozcamos a nosotros mismos?”. ¿Es esta idea acorde a la realidad? Si fuera así, ¿por qué la gente todavía confiesa siempre sus pecados a Dios? ¿Por qué sigue revelando a menudo sus actitudes corruptas e incluso comete transgresiones? Por tanto, cuanto más te consideres bueno en algún aspecto, más valdrá la pena que te dediques a buscar la verdad, a reflexionar y a llegar a conocerte a ti mismo en ese aspecto. Solo a través de este proceso puedes llegar a conocer verdaderamente tus actitudes corruptas, a purificarte y lograr que Dios te perfeccione. Este es el resultado de experimentar Su obra.

Muchas personas creen que Dios se siente complacido con la devoción filial y la bendice. Piensan que ser un buen hijo es algo que a Él sin duda le gusta, porque creen que la devoción filial es perfectamente natural, está justificada y demuestra que una persona tiene conciencia y no ha olvidado de dónde proviene. Según las nociones tradicionales, estos individuos se consideran buenas personas e hijos devotos. En cuanto a esta última apreciación, todo el mundo la aprueba. La gente adora a los hijos devotos, al igual que lo hacen sus padres. Por tanto, asumes de manera natural que a Dios también deben gustarle y piensas ilusamente: “A Dios deben gustarle los que muestran devoción filial hacia sus padres; ¡sin duda le agradan!”. De modo que dejas de cumplir tu deber y vuelves a casa para mostrar devoción filial hacia tus padres. Al hacerlo, te sientes cada vez más motivado y convencido de que hacer eso es lo que corresponde y de que estás practicando la verdad. Inconscientemente, comienzas a creer que ya has satisfecho a Dios y que cuentas con el capital necesario para lograr la aprobación de Dios, Su deleite y Su reconocimiento. Cuando Él dice que lo estás desafiando y traicionando, o que no has cambiado en absoluto, te resistes a Él y lo juzgas. Niegas Sus palabras al asegurar que está equivocado. ¿Qué clase de problema es este? Cuando Dios dice que eres bueno y aprueba tu manera de comportarte, lo aceptas. Pero cuando deja en evidencia que te estás rebelando contra Él y lo estás desafiando, lo niegas y rechazas, e incluso te resistes a Él y lo juzgas. ¿Qué tipo de carácter es este? Es evidente que las personas son arrogantes, vanidosas y santurronas. Por lo general, parece que la gente puede reconocer que la palabra de Dios es la verdad y todo el mundo considera que se somete a Dios. Sin embargo, cuando Él juzga a las personas y desenmascara sus actitudes corruptas, ninguna de ellas presta atención alguna a Sus palabras ni compara sus acciones con Su palabra cada vez que hace algo. En su lugar, simplemente hablan y charlan un poco, y eso es todo, o recitan algunas líneas de la palabra de Dios durante las reuniones, hablan sobre ellas un poco y ya está. En realidad, cuando haces cosas, no practicas en absoluto según Su palabra. Por tanto, ¿qué sentido tiene que leas y hables sobre la palabra de Dios? No la llevas a la práctica cuando te pasa algo ni vives según Su palabra; así pues, ¿por qué la lees? ¿Acaso no es simplemente una formalidad? ¿Puedes entender la verdad de esta manera? ¿Puedes obtenerla? Creer en Dios de esta forma no tiene sentido alguno. Muchas personas simplemente leen un poco la palabra de Dios, entienden su significado literal y piensan que al pronunciar algunas palabras y doctrinas ya han entendido la verdad y poseen la realidad-verdad. Algunos dicen: “Estoy hablando de la palabra de Dios, de modo que ¿cómo puede ser que se trate solo de palabras y doctrinas?”. No conoces la esencia de Su palabra, no la llevas a la práctica y, sin duda, careces de un conocimiento empírico de ella; por tanto, solo pronuncias palabras y doctrinas cuando hablas de Su palabra. Por supuesto, la palabra de Dios es la verdad, pero no la entiendes ni la llevas a la práctica realmente, de modo que lo que entiendes solo es doctrina. ¿Podéis entender esto? ¿Os duele oír estas palabras? Tal vez digáis: “Si no honro a mis padres, ¿no es una ofensa terrible? ¿Acaso los requisitos de Dios para las personas no desatienden sus sentimientos?”. Decidme, ¿son exigentes los criterios que Dios requiere al hombre? De hecho, no lo son; según la conciencia y la razón humanas, la gente puede cumplirlos. Las personas sienten que las exigencias de Dios son demasiado rigurosas y que no están realmente a su alcance debido a la influencia de los afectos humanos, y porque la cultura tradicional ya se ha arraigado firme y sólidamente en su corazón. Esto se debe a una falta de entendimiento de la verdad. Si realmente la entendéis y caláis la verdadera naturaleza de esta cuestión, podréis afrontar y manejar este problema de la manera adecuada. Durante miles de años, la cultura tradicional ha influenciado a la gente. Las filosofías y las leyes de Satanás sobre el propio comportamiento ya han arraigado en su corazón. Vives según estas ideas, de modo que ¿qué has vivido exactamente? ¿Has vivido una humanidad normal? ¿Has vivido una vida real? Vale la pena que llegues a conocer y analizar este asunto. Debes reflexionar sobre lo que has obtenido de la cultura tradicional y de las filosofías e ideas de Satanás, sobre si estas cosas son realmente la verdad y qué te aportan. Posteriormente, deberías hablar de estos temas y analizarlos minuciosamente según la palabra de Dios. Si lo haces, te resultará fácil descubrir la verdad. Cuando entiendas la verdad y captes las intenciones de Dios, te darás cuenta de que todos Sus requisitos para las personas son cosas que la conciencia y la razón humanas pueden alcanzar. De manera natural, dejarás de quejarte de que Dios exige demasiado al hombre. En su lugar, dirás: “Entendemos los principios; tenemos una senda de práctica y comprendemos cómo manejar estas cuestiones”. De este modo, poco a poco entrarás en la realidad de la palabra de Dios. Este es el proceso de entender la verdad.

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