Solo si se resuelven las propias nociones es posible emprender el camino correcto de la fe en Dios (2) Parte 1

En cuanto al problema de las nociones, en la reunión anterior compartimos acerca de tres puntos: el primero trataba las nociones sobre creer en Dios; el segundo, las nociones sobre la encarnación y el tercero, las nociones sobre la obra de Dios. Terminamos de debatir los dos primeros puntos y hablamos de algún contenido conceptual bastante básico respecto al tercero. En cuanto a las nociones referentes a este punto, o al contenido relativo a ellas, ¿contemplasteis después con detenimiento qué otro contenido está relacionado con estas nociones y con esta verdad? Ninguna verdad es tan simple como su significado literal; todas albergan en el interior su propio significado real, y todas tienen relación con la entrada en la vida de las personas, así como con todos los aspectos de su vida diaria y su fe en Dios. Por tanto, ¿habéis averiguado a raíz de vuestra vida diaria algún contenido relativo a este aspecto de la verdad? Cuando escucháis las charlas sobre este aspecto de la verdad, solo podéis entender una parte, en un sentido literal, y obtener algo de discernimiento sobre las nociones obvias. Después, por medio de una contemplación más profunda, de la oración, de la búsqueda y de compartir con vuestros hermanos y hermanas en base a vuestra experiencia, deberíais ser capaces de obtener un entendimiento un tanto más profundo y práctico. Si nos fijamos en estas tres verdades en el sentido literal, ¿cuál está más relacionada con las actitudes corruptas de las personas, su comprensión del carácter de Dios y su entrada práctica? ¿Qué verdad es la más exhaustiva y profunda? (La tercera). La tercera verdad es un poco más exhaustiva. La primera eran las nociones sobre creer en Dios, que son bastante obvias y superficiales; la segunda eran las nociones sobre la encarnación, que abarcan algo de contenido que la gente puede ver y entender, y con el que pueden entablar contacto y reflexionar en la vida; la tercera verdad trataba las nociones sobre la obra de Dios, que afecta a las actitudes corruptas de las personas. Esta última verdad es en cierto modo más profunda. Entonces, ¿qué son exactamente las nociones sobre la obra de Dios? ¿Cuáles tiene la gente? ¿Cómo deben entender y tratar estas nociones, y cómo se deben resolver? Este es el contenido de la charla de hoy.

Cuando las nociones de las personas sobre la obra de Dios pasan de ser aplicar el razonamiento y juicio a ser hacerle exigencias a Dios, tener deseos extravagantes, entrar en conflicto con Él y realizar ciertas evaluaciones y juicios sobre Su obra, entonces estas nociones ya no son un punto de vista ni una creencia, sino que también guardan relación con las actitudes corruptas de las personas. Una vez que se empiezan a preocupar por las actitudes corruptas, eso basta para provocar que se resistan a Dios, lo juzguen e incluso lo traicionen. Por tanto, no supone un gran problema si las nociones de la gente sobre Dios no van más allá de las figuraciones y la especulación. En cambio, si derivan en un punto de vista y una actitud hacia la obra de Dios, si se convierten en exigencias irrazonables o en juicios y condenas contra Él, o bien se llenan de ambición, deseos o intenciones, entonces ya no son nociones corrientes. ¿Por qué digo esto? Porque estas nociones y pensamientos tienen relación con tu entrada en la vida, con tu entendimiento de la obra de Dios, con si puedes aceptar y someterte a Su soberanía y con si puedes reconocerlo como tu Soberano y el Creador, y todo esto guarda relación directa con tu postura y actitud hacia Dios. Si lo miramos de esa manera, ¿supone un problema serio para las personas albergar tales nociones? (Sí). A fin de diseccionarlas, si lo hacemos desde un punto de vista teórico, pueden sonar un poco abstractas o de algún modo muy alejadas de vuestra vida diaria. Así que hablemos un poco más sobre las condiciones de vida de distintos tipos de personas, las que podemos ver en nuestra vida cotidiana o entre los seres humanos, o sobre su destino o sus diversos puntos de vista y actitudes hacia la vida y hacia la soberanía e instrumentación de Dios, de modo que diseccionemos las nociones de las personas y les permitamos ver que Dios rige e instrumenta al género humano, y cuáles son las circunstancias reales de la obra de Dios. Este es un tema sobre el que no es tan fácil hablar. Si la charla es demasiado teórica, a la gente le parecerá hueca, al tiempo que, si se preocupa demasiado por asuntos triviales o es muy cercana a su vida real, pensarán que es muy superficial y se producirán problemas de este tipo. Sea como sea, en cualquier caso, vamos a hablar sobre ello de una manera bastante directa y sencilla de entender, que no es otra que contando una historia. Mediante el argumento y los personajes de esta, así como la filosofía de vida que se refleja en la propia historia y los fenómenos que la gente observa, esta es capaz de entender algunas de las maneras y métodos a través de los que Dios hace Su trabajo, además de los puntos de vista falaces que la gente tiene en la vida real relativos a la obra de Dios, a Su soberanía e instrumentación de todo, o a algunas cosas incorrectas a las que se aferran. En cierto modo, a la gente le resulta más sencillo de entender cuando se comparte de este modo.

Pues esta es la historia. Había una vez una niña pequeña que nació en una familia no muy rica. Desde que era muy joven albergaba un deseo: no pedía ser rica ni tener una vida opulenta, lo único que quería era alguien de quien poder depender. ¿Era su deseo demasiado extravagante? ¿Pedía demasiado? (No). Pero, por desgracia, su padre murió antes de que ella se hiciera mayor, así que, en efecto, no tenía a nadie de quien depender. Había perdido a la principal persona con la que podía contar en la vida, la única de la que podía depender, según pensaba ella con su mente infantil. ¿Acaso esta mente tan tierna no se vio afectada por una gran angustia? Debió provocársela que sucediera algo así. ¿Había trauma en su corazón? Lo había, sin duda. ¿De qué manera nació ese trauma? Fue porque, con una mente tan infantil, aún no estaba preparada, y decía: “Puedo ser independiente, puedo valerme por mí misma, ya no me hace falta depender de mis padres”. Como se suele decir, todavía no había desplegado sus alas. Su mente ingenua no había llegado a pensar qué hacer respecto a su futuro o cómo sobrevivir sin sus padres. Fue en esta situación, antes de ser consciente de tales cosas, cuando su padre murió, lo que significaba que su medio de sustento en la vida desapareció, y que la situación se iba a volver todavía más difícil de lo que ya era. Os podéis imaginar cómo fueron sus días después de aquello. Tuvo una vida difícil con su madre y su hermano pequeño, apenas salían adelante. Sin embargo, por muy angustiada que estuviera, la vida tenía que continuar, así que siguió dando tumbos, sin dejar de hacerle compañía a su madre y su hermano. Unos años más tarde, ya crecida, pudo ganar algo de dinero de manera independiente para cubrir los gastos cotidianos de su madre y su hermano, si bien para nada eran ricos. Todo este tiempo, su deseo más profundo no había cambiado. Necesitaba a alguien de quien depender, pero ¿qué clase de persona? ¿Qué era exactamente de lo que quería depender? Describídmelo. ¿Qué significa “alguien del que depender” en términos sencillos? Alguien que le proporcionara un medio de vida, además de ropa y comida, para que no le hiciera falta salir a ganarse ella la vida por su cuenta ni tampoco tuviera que padecer ningún sufrimiento. Alguien en quien, al menos, pudiera apoyarse cuando las cosas fueran mal y que, como se suele decir, la respaldara; esa era la clase de persona con la que esperaba contar. Aunque no pudiera ayudarla ni sustentarla económicamente en la vida, al menos tendría un hombro en el que apoyarse cada vez que algo fuera mal o se sintiera angustiada, alguien que la ayudara a sobrellevar los tiempos difíciles y a capear el temporal; esto era lo que ella deseaba. ¿Era mucho pedir? ¿Era un deseo irrealizable? No lo era. ¿No desea mucha gente algo tan simple como esto? Poca gente puede decir que nació sin nadie más con quien contar aparte de sí mismos. La mayoría de los que viven en este mundo y en una comunidad esperan tener un amigo o alguien con quien contar, y esta muchacha no era una excepción.

En un abrir y cerrar de ojos, llegó a la edad de casarse, y seguía deseando encontrar alguien de quien depender, alguien fiable. No tenía que tratarse de una persona especialmente rica ni que le diera una vida de lujos, ni tampoco un gran conversador. Solo hacía falta que estuviera presente para apoyarla cuando más problemas tuviera, o le acuciaran las dificultades o las enfermedades, aunque solo fuera para dedicarle unas palabras de consuelo y nada más. ¿Era este un deseo que se podía hacer realidad fácilmente? No está claro. Nadie sabe si los deseos de la gente son lo que Dios planeó darles o llevar a cabo en ellos, o si al final sus deseos los predetermina su destino. Por tanto, nadie sabía si el deseo de esta muchacha se haría realidad, tampoco ella misma. Sin embargo, siguió aferrada a él y avanzó hasta la siguiente etapa en la vida. En aquel momento, se sentía muy aprensiva e intranquila, pero, sea como fuere, el día había llegado aun así. No sabía si la persona con la que planeaba casarse era realmente alguien con quien podía contar para el resto de su vida, pero aún albergaba esa sincera esperanza en su corazón: “Debería ser alguien de quien pueda depender. Los anteriores veintitantos años de mi vida han sido ya suficientemente duros. Si acabo con alguien que no sea fiable, el resto de mi vida será incluso más duro. ¿Con quién más voy a poder contar?”. Se sentía afligida, pero no podía hacer nada, así que conservó la esperanza. A fin de sobrevivir, cuando la gente no sabe qué hace aquí en esta vida ni cómo sobrellevarla, avanzan a tientas con este tipo de deseos y esperanzas desconocidas. Llegado ese momento, ignoraba cómo sería su futuro. El futuro era una incógnita. Siguió avanzando hacia delante. Sin embargo, a menudo se dan muchos hechos que se oponen a los deseos de la gente. A partir de ahora, no opinemos sobre por qué dispone Dios de esta manera el destino de las personas, ya se trate de su disposición intencionada o de que la corrupción e ignorancia de la gente hayan causado que sus deseos y exigencias sean diametralmente opuestos al destino que Dios ha dispuesto para ellos, de modo que a menudo tales deseos no se pueden hacer realidad y nada suele salir de la manera que esperaban. Por ahora no vamos a tratar nada de esto. Vamos a continuar primero con la historia en sí.

Después de casarse, la muchacha entró en la nueva etapa de la vida, sin dejar de mantener su deseo. ¿Qué le esperaba en esta etapa de la vida? No lo sabía, pero no podía eludirlo solo porque tuviera miedo a lo desconocido. Tenía que endurecerse y avanzar, y le quedaba aún vivir el día a día. En este gran punto de inflexión en su vida, el destino que Dios había dispuesto para ella llegó al fin, y era lo opuesto a lo que había anhelado. La vida familiar hogareña que ansiaba, con una simple cama, un pequeño escritorio, una habitación limpia y sencilla, un marido e hijos, esa vida corriente que quería nunca sucedería. Después de casarse, su marido se pasaba todo el año fuera de casa por trabajo, así que debían vivir separados. ¿Qué perspectivas le ofrece una vida así a una mujer? La de ser acosada y discriminada. Tener que afrontar ese entorno de vida supuso otro golpe en su vida y su destino. Era algo que nunca había visualizado, y también que nunca hubiera querido ver o afrontar. Pero ahora los hechos eran completamente inconsistentes con sus deseos y figuraciones. Aquello que no quería ni ver ni experimentar era lo que le había ocurrido. Su marido se pasaba el año entero fuera, trabajando. Ella tenía que ser independiente, tanto en la vida como económicamente. Tenía que ir a ganar dinero para pagar las facturas por su cuenta. No tenía a nadie que la ayudara en la vida, y tenía que depender de sí misma para todo. En semejante entorno vital, ¿acabó esta mujer con alguien con el que contar o no fue así en absoluto? (No fue así). Cuando se casó, ¿se cumplió su deseo o se frustró? (Se frustró). Obviamente, en la segunda etapa importante de su vida, una vez más se vieron frustradas sus esperanzas y no tenía a nadie con quien contar. La persona de la que había pensado que podría depender no estaba a su lado, y no podía contar con él para nada. Aquel al que había considerado el pilar de su fortaleza, su sólido apoyo y alguien de quien depender no era en absoluto fiable. Tenía que arreglárselas sola, ocuparse de todo y afrontarlo por su cuenta. Durante los tiempos más difíciles, lo único que hacía era esconderse en la cama y llorar bajo las mantas, sin nadie con quien compartir sus problemas. Por motivos de imagen, en aras de la competitividad y la autoestima, a menudo proyectaba una apariencia imponente y parecía una mujer fuerte, pero en el fondo era muy frágil. Necesitaba apoyo y anhelaba a alguien de quien depender, pero este deseo todavía no se había hecho realidad.

Unos años más tarde, iba de un lado para otro con varios hijos pequeños a cuestas, alquilaba casas y llevaba una vida sin domicilio fijo. De este modo, uno de sus requerimientos más básicos para la vida se estaba erosionando paulatinamente, poco a poco, a medida que los años se sucedían. Lo único que quería era una habitación pequeña con una cama, un pequeño escritorio, una estufa para cocinar, que su familia comiera alrededor de la mesa, criar unas cuantas gallinas y llevar una vida sencilla. No esperaba ser rica ni pudiente. Mientras la vida fuera simple y pacífica y la familia estuviera junta, con eso bastaba. Sin embargo, lo único que podía llevar ahora era una existencia precaria en la que se hacía cargo de sus hijos. No es solo que no tuviera a nadie de quien depender, sino que, peor aún, tuvo que convertirse en alguien con quien sus hijos pudieran contar. También pensaba que, como vivir en este mundo mortal era tan penoso, tal vez encontraría una manera de solucionar su aflicción, como hacerse monja budista, o encontrar un lugar donde cultivar sus virtudes espirituales, lejos de la sociedad humana y del sufrimiento, sin depender de nadie ni que nadie dependiera de ella, porque vivir así era demasiado cansado y doloroso. Pero ¿cuál era la única cosa que la mantenía y le daba fuerzas para continuar? (Sus hijos). Eso es. Si no los hubiera tenido, es posible que cada día que viviera hubiera sido más doloroso, pero, una vez que los tuvo, asumió sus responsabilidades y se convirtió en la persona de la que ellos dependían. Cuando la llamaban “mami”, le parecía que la carga sobre sus hombros era demasiado pesada, que no podría renunciar a sus responsabilidades así como así, y que tampoco podría depender de otros, sino ser aquella de la que dependen los demás. Esto, pensaba, se podía considerar una fuente de la alegría, una actitud y una motivación en la vida. De este modo, aguantó otros diez años por sus hijos. ¿Parecían largos los días? (Sí). ¿Por qué era así? (Porque su vida era dura, así que los días se le hacían largos). Lo sabes por experiencia, esas palabras suenan a las de alguien que ha pasado por lo mismo. Los días eran duros y tortuosos, así que parecían extremadamente largos. Lo único que experimentaba era una especie de tormento en el fondo de su corazón, así que tenía que vivir contando los días, y esta clase de vida no era fácil de sobrellevar. Incluso después de que los hijos hubieran crecido, su deseo permaneció inalterable. Seguía teniendo este deseo en el fondo de su corazón: “Los hijos ya son mayores y no supone un esfuerzo cuidar de ellos. Si mi marido pudiera estar con nosotros y la familia se reuniera, entonces nuestra vida sería aún mejor”. Su maravillosa figuración regresó e, igual que dicen los no creyentes, devolvió el viento de la esperanza a sus velas. Cada vez que no podía dormir por la noche, pensaba cosas como: “Ahora que han crecido los hijos, si pueden ir a la universidad y acabar encontrando un buen trabajo y ganar dinero, entonces la vida será más fácil y la situación de comida, ropa y alojamiento será mejor que la actual. Y, si mi marido regresa, la vida será mejor todavía, ¡y tendré alguien con quien contar! Las dos personas con las que conté con anterioridad me fallaron, pero ahora cuento con otras de quienes depender. ¡El Cielo me ha tratado bastante bien! Parece que vienen días mejores”. Eso creía. ¿Esto es bueno o malo? Nadie lo sabe. Nadie sabe cuál es el destino de una persona en la vida ni lo que viene después. Todo el mundo va dando tumbos por la vida, aferrado a sus preciosos deseos.

Pasaron diez años, trasladaron a su marido a un trabajo distinto y la familia se reunió por fin, lo cual era bueno. Así que, al final, ¿se podría convertir su marido en alguien con quien contar? ¿Podría compartir un poco de la aflicción de su vida? Como nunca habían vivido juntos ni se habían relacionado a un nivel muy profundo, no conocía nada bien a su marido. En los días que siguieron, ambos empezaron a aprender a vivir juntos y a obtener un entendimiento mutuo más profundo. En cualquier caso, su deseo no cambió. Esperaba que este hombre se convirtiera en alguien de quien depender, en aquel que la consolaría y aliviaría su dolor, pasara lo que pasara. Sin embargo, las cosas tampoco salieron como ella pretendía. Este marido con el que nunca se había relacionado a un nivel profundo, este hombre al que no entendía en absoluto, simplemente no podía convertirse en aquel de quien dependiera. El motivo era que, para estas dos personas, la capacidad de supervivencia, las cualidades humanas, las perspectivas de vida, los valores y las actitudes hacia sus hijos, familia y parientes eran por completo diferentes. La pareja discutía y tenía conflictos permanentes por cualquier minucia. En el fondo, esta mujer esperaba poder seguir aguantando hasta que su marido fuera capaz de llegar a entender su gentileza, su paciencia y sus dificultades, y acto seguido se conmoviera a un nivel emocional y reconectara con ella, pero este deseo no se hizo realidad. Por lo que a ella respectaba, en el fondo, ¿era su marido alguien con quien poder contar? ¿Podía convertirse en alguien del que ella dependiera? (No). Cada vez que afrontaba dificultades, su marido no solo no la consolaba ni aliviaba su pesar, sino que lo incrementaba, la hacía sentir incluso más decepcionada y desamparada. Llegada a este punto, ¿cuáles eran sus sentimientos y su entendimiento más profundos sobre la vida? La decepción y el dolor, lo que la llevó a cuestionarse: “¿De veras hay un Dios? ¿Por qué mi vida es tan dura? Lo único que quiero es alguien con quien contar, ¿es demasiado pedir? Solo tengo este pequeño deseo. ¿Por qué no se ha hecho todavía realidad en todos estos años que he vivido? No exijo nada excesivo ni tengo ambiciones. Solo quiero a alguien en quien apoyarme cuando las cosas vayan mal, eso es todo. ¿Por qué no se puede satisfacer siquiera un deseo tan pequeño?”. Esta situación continuó durante varios años. Obviamente, la vida de esta familia no era muy armoniosa, se producían discusiones con frecuencia. Los hijos estaban tristes e infelices, y sus padres igual. No había paz ni alegría en la familia, y lo único que sentía cada uno de sus miembros era miedo, desazón y terror, además de aflicción e inquietud en el fondo de su corazón.

Unos cuantos años después, las cosas al fin dieron un giro y el evangelio del Señor Jesús llegó hasta ella. Sintió que su deseo se haría finalmente realidad: “No me hace falta depender de mi padre, de mi marido ni de nadie a mi alrededor”, pensó. “Mientras cuente con el Señor Jesús, estaré en paz y tendré a alguien de quien depender de veras, y encontraré la paz y la felicidad reales, por lo que la vida no será un calvario tan grande”. Tras aceptar el evangelio del Señor Jesús, esta mujer se puso mucho más feliz, y por supuesto su vida se volvió más asentada. La actitud de su marido hacia ella no había cambiado y él era aún igual de duro, la ignoraba y no le mostraba consideración, cuidado ni preocupación de ningún tipo, ni siquiera paciencia, gratitud o tolerancia. No obstante, como contaba con la salvación del Señor Jesús en su corazón, la actitud de ella hacia todo esto cambió. Ya no reñía ni trataba de razonar con su marido, porque había llegado a entender que la gente no tiene nada que ganar al discutir sobre todo eso. Cada vez que se torcían las cosas, hablaba con el Señor Jesús y su corazón se volvía mucho más abierto. De este modo, su vida familiar parecía haberse vuelto relativamente asentada. Sin embargo, no duraron mucho los buenos tiempos y su vida dio otro giro. Desde que empezó a creer en el Señor Jesús, predicó el evangelio con fervor, abrazó la vida de iglesia y apoyó a sus hermanos y hermanas. Sin embargo, su marido no lo aprobaba. Empezó a atosigarla y a menudo la regañaba con cosas como: “¿Todavía quieres vivir conmigo? ¡Si no es así, separémonos!”. A ella no le quedaba otra alternativa que orar al Señor y soportarlo. Aunque los días así eran difíciles y dolorosos, el trauma en su corazón era mucho menor que antes, y además podía extraer algo de consuelo de la oración. Cada vez que se hallaba en dificultades, le oraba al Señor. Su corazón tenía así a alguien con quien contar y obtenía una satisfacción temporal, y le parecía que su vida era mucho mejor.

Con el tiempo, los niños crecieron. Como habían vivido con ella desde la infancia y el afecto hacia su madre era en cierto modo más acentuado, la mujer pensaba: “Ahora que mis hijos han crecido, ya no necesito depender de mi marido, puedo contar con ellos”. A todos los efectos, parecía que ya había llegado a depender del Señor Jesús y había puesto el corazón, su familia e incluso su futuro y perspectivas en Sus manos. Sin embargo, en el fondo aún se aferraba a este deseo con respecto a las personas que era capaz de ver y con las que se relacionaba, y esperaba que tal deseo se convirtiera en realidad algún día. Como a la gente no le es posible ver dónde está el Señor Jesús, dicen que se encuentra a su lado y en su corazón, pero a ella le parecía que no se podía tocar ni ver a Dios, lo cual le causaba inquietud. Pensaba que sería suficiente con contar con el Señor Jesús para sobrellevar los acontecimientos importantes y los grandes problemas, pero que en la vida real tendría que depender todavía de sus hijos. A lo largo de todo este tiempo, su deseo no había cambiado ni ella se había desprendido de él. Ahora creía en el Señor Jesús, pero ¿por qué no se había alterado todavía este deseo? Hay múltiples razones para ello. Una es que no entendía la verdad ni sabía ni comprendía mucho sobre la soberanía y la instrumentación de Dios; esa es la razón objetiva. La subjetiva es que era una persona cobarde. Aunque creía en Dios, después de experimentar tanto dolor, seguía sin tener ninguna perspectiva clara sobre la importancia de creer en Él, ni sobre el destino de las personas, la instrumentación de Dios ni la manera en la que obra el Creador. ¿En qué se demuestra que no tenía una visión clara sobre estas cosas? En primer lugar, siempre cargaba sobre los demás su propia felicidad y su arraigado anhelo de una vida mejor, con la esperanza de que su deseo se hiciera realidad gracias a la ayuda o la solidaridad de los demás. ¿Era esta una visión equivocada de la vida y del destino? (Sí). Este punto de vista era erróneo. Como padre o madre, ¿es un error depositar tus esperanzas en tus hijos, esperar que sean buenos hijos y capaces de mantenerte cuando se hagan mayores? No es un error y tampoco es pedir demasiado. ¿Qué problema hay aquí entonces? Quería depender constantemente de sus hijos y así tener una vida feliz, disfrutar de esto o aquello y hacerlo el resto de su vida. ¿Cuál era su errado punto de vista al hacer esto? ¿De dónde le venía esta idea? ¿Cuál era el origen de este punto de vista? La gente siempre alberga una extravagante esperanza de cierto modo de vida y estándar para vivir. Es decir, incluso antes de llegar a conocer cómo ha predestinado Dios su vida o cuál es su destino, ya han planeado cuál ha de ser su estándar para vivir, que es ser felices, disfrutar de paz y alegría en la vida, ser ricos y pudientes y disponer de gente que los ayude y de quien depender. La gente ya ha planeado su propia senda y objetivos en la vida, su destino final en ella y todo lo demás. ¿Está la fe en Dios presente en todo esto? (No). No lo está. Esta mujer siempre tuvo una misma visión de la vida: si dependo de este o aquel, mi vida se volverá más pacífica, más feliz y próspera; si cuento con este o aquel, mi vida se asentará y será más segura y alegre. ¿Este punto de vista es correcto o incorrecto? (Incorrecto). Después de muchos años, ya había alcanzado la etapa de creer en el Señor Jesús, pero seguía sin ver con claridad en qué consiste la vida humana. Seguía teniendo sus propios planes e intenciones, y calculaba su senda futura y planeaba su vida venidera. Al fijarnos ahora, ¿eran correctos o incorrectos esta actitud hacia la vida y esta especie de plan? (Incorrectos). ¿Por qué? (Porque perseguía sus propios ideales y deseos, en lugar de lo que Dios requiere de las personas). Lo que perseguía no tenía nada que ver con la predestinación de Dios. Incluso antes de saber lo que Él iba a hacer, decidió primero buscar a alguien de quien depender. Dependería de una persona en esa etapa y de otra en la siguiente. De este modo, perdió su dependencia de Dios y solo llegó a contar con la gente, en lugar de con Él. Dado que tenía constantemente este deseo y estos planes, ¿llevaba a Dios en el corazón? (No). Entonces, en cierto modo, ¿cuál fue el motivo del dolor que le causaron todas sus dificultades? (Se lo causó su deseo). Eso es totalmente cierto. Entonces, ¿cómo surgió su deseo? (Al no creer en la soberanía de Dios ni en Su instrumentación y disposiciones). Así es. No entendía cómo funciona el destino de las personas, ni cómo opera la soberanía de Dios. Esta es la raíz del problema.

Continuemos con la historia. Cuando los hijos de esta mujer crecieron, algunos empezaron a trabajar y otros sentaron la cabeza y se casaron. Por supuesto, tuvieron que dejar a sus padres y llevar vidas independientes, y no les era posible juntarse a menudo con ellos. Entonces, ¿cuál fue el siguiente problema al que se enfrentó esta mujer? Su deseo de depender de sus hijos parecía a punto de volver a hacerse pedazos. Era otra tragedia dolorosa, otro golpe en su experiencia de vida. Por todo tipo de razones, sus hijos no podían vivir a su lado, hacerle compañía, visitarla con frecuencia ni cuidarla. Por tanto, cada vez se alejaba más de ella la esperanza de que sus hijos permanecieran a su lado, fueran buenos hijos y la cuidaran, así como su deseo de depender de ellos para poder tomarse las cosas con más calma y tener una vida más cómoda y feliz. Así, la preocupación, la inquietud y el anhelo por sus hijos se volvieron cada vez más intensos. ¿Acaso no se trataba de otro tipo de dolor? A medida que envejecía y los años le iban pesando más, su dolor se volvía cada vez más profundo, al igual que el anhelo por sus hijos. Pasaron muchos años y, aunque las personas con las que contó en cada etapa de su vida fueron diferentes, todas la abandonaron en el momento previsto, destrozaron por completo sus deseos e ilusiones y la dejaron extremadamente atormentada y con una profunda angustia. ¿Qué provocó esto en ella? ¿La llevó a reflexionar sobre la vida o sobre cómo dispone el Creador el destino de las personas? Si se tiene en cuenta el pensamiento normal de la gente, después de escuchar algunos sermones y haber entendido algunas verdades, deberían saber algunas cosas sobre el Creador, la vida y el destino de las personas. Sin embargo, por diversas razones y debido al problema con la propia protagonista de esta historia, llegado este punto no era capaz de comprender ni tenía idea de qué había experimentado ni con qué se había encontrado en cada etapa de la vida, como tampoco de cuál era su problema, y en el fondo de su corazón todavía anhelaba a alguien de quien depender. Así que ¿de quién exactamente debería hacerlo? Es cierto que Dios es Aquel con el que la gente puede contar, pero Él no está solo para eso, no es Su único cometido. Es más importante que la gente sepa cómo llevarse bien con el Creador, cómo conocerlo y someterse a Él; esta relación no solo consiste en depender y que dependan de uno.

Después de que esta mujer perdiera la dependencia en sus hijos, al llegar a la vejez trasladó sus esperanzas a su marido, que se convirtió en lo único a lo que agarrarse. Tuvo que contar con él para sus necesidades básicas y para continuar viviendo. Debía buscar maneras para hacer a su marido vivir unos pocos años más, a fin de sacar algo de beneficio para sí misma. Con eso es con lo que contaba. Tras tanto tiempo vivido, ya era una anciana con el cabello gris, el rostro arrugado y había perdido casi todos los dientes. Aunque su apariencia había cambiado, lo que permanecía igual era que, en cada etapa de su vida, había fracasado en su intento y, a pesar de que eso le ocurriera muchas veces, mantenía un mismo deseo: el de tener a alguien del que depender. Otra cosa que no cambió fue su falsa idea sobre las promesas de Dios a las personas, además de otros delirios respecto a sí misma, al género humano y su destino y perspectivas. Aunque, en el fondo, estas falsas ilusiones eran cada vez más difusas y distantes, tal vez mantenía un hilo de esperanza en el fondo de su corazón: “Si en los años que me quedan soy capaz de vivir felizmente con alguien de quien puedo depender, o puedo presenciar el día en el que la obra de Dios termine y Él sea glorificado, esta vida no habrá sido en vano”. Así fue la vida de esta mujer. Y este es el fin de la historia. ¿Cuál debería ser su título? (“¿De quién dependo?”). Ese es un título bastante bueno y que da que pensar.

De vuelta al tema de nuestra charla, ¿qué tiene que ver esta historia con las nociones de las personas sobre la obra de Dios? ¿Qué parte guarda relación con estas? ¿Con qué nociones tiene que ver? Compartid lo que pensáis. (A la gente le parece que Dios debería llevar a cabo las cosas en función de sus expectativas y planes. Ese es el tipo de noción que tienen). Según las nociones de las personas, les parece que, mientras sus aspiraciones sean buenas, positivas y proactivas, el Creador debería concedérselas, y que no deberían ser privadas del derecho a luchar por tener una hermosa vida. Esto es una noción. ¿Concuerda el cumplimiento del Creador con los deseos del hombre, con sus esperanzas, con sus figuraciones? (No). Entonces, ¿de qué manera actúa el Creador? Independientemente de quién seas y de lo que hayas planeado, de lo perfectas y honorables que sean tus figuraciones, o de hasta qué punto coinciden con la realidad de tu vida, Dios no mira ninguna de estas cosas ni les presta atención; más bien, las cosas se logran, se orquestan y se arreglan de acuerdo con los métodos y leyes ordenados por Dios. Este es el carácter justo de Dios. Algunos piensan: “Después de las innumerables dificultades que he experimentado en mi vida, ¿acaso no tengo derecho a una buena vida? Cuando acuda ante el Creador, ¿acaso no seré apto para pedir y aspirar a una vida y un destino hermosos?”. ¿Acaso no es esta una noción humana? ¿Qué son para Dios tales nociones y pensamientos generados por el ser humano? Son demandas irrazonables. ¿Cómo se producen tales demandas irrazonables? (La gente no conoce la autoridad de Dios). Esta es la razón objetiva. ¿Cuál es la razón subjetiva? Es que tienen un carácter rebelde, y que no están dispuestos a buscar la verdad ni a someterse a la soberanía y los arreglos del Creador. ¿La vida que el Creador dispone para la mayoría de la gente es una vida de penurias o una feliz y despreocupada? (Una vida de penurias). La mayoría de la gente vive una vida de penurias, con demasiadas dificultades y demasiado dolor. ¿Cuál es el propósito del Creador al disponer penurias para la gente a lo largo de toda su vida? ¿Qué significado tiene? Por un lado, estos arreglos tienen por objeto permitir que la gente experimente y conozca la soberanía, los arreglos y la autoridad de Dios; por otro, Su propósito principal es permitir que la gente experimente lo que la vida realmente es, y así darse cuenta de que el destino del hombre está controlado por la mano de Dios, y que no lo decide ninguna persona ni se modifica a raíz de los cambios en la voluntad subjetiva de la gente. Sea lo que sea que haga el Creador y sea cual sea el tipo de vida o destino que haya dispuesto para las personas, les hace reflexionar sobre la vida y sobre lo que realmente es el destino del hombre y, al reflexionar sobre todas estas cosas, les hace presentarse ante Dios. Cuando Dios expresa la verdad y le dice a la gente qué es todo esto, hace que la gente se presente ante Él, acepte lo que Dios dice, lo experimente, entienda cuál es la relación real entre todo lo que Él dice y todas las cosas que la gente experimenta en su vida real. Él permite a la gente verificar la practicidad, exactitud y validez de estas verdades, después de lo cual las obtienen y reconocen que el hombre está controlado por la mano del Creador, que el destino del hombre lo gobierna y arregla Dios. Una vez que la gente haya comprendido todo esto, ya no tendrá planes para su vida que no sean prácticos ni que vayan en contra de los deseos del Creador ni de lo que Él ha ordenado y dispuesto. Por el contrario, tendrá una evaluación y un entendimiento cada vez más exactos, o una comprensión y un plan de cómo debe vivir su vida y el camino que debe tomar. Este es el propósito y el significado de las muchas dificultades que el Creador dispone en la vida de las personas.

Si retomamos la historia, después de que la protagonista experimentara muchas penurias, ¿cuál fue su entendimiento de por qué había sufrido dificultades y dolor en esta vida, y de por qué el Creador instrumentó y arregló las cosas de esta manera? ¿No entendéis eso de la historia? ¿Ganó un entendimiento de estas cosas? (No). ¿Por qué no? (Porque, en cada etapa de la vida y en cada punto de inflexión en ella, cuando sus deseos se destrozaron una y otra vez, no reflexionó ni sacó conclusiones sobre por qué su sueño de toda la vida no se pudo hacer realidad. Si pudiera haber reflexionado y buscado la verdad, habría cambiado. Sin embargo, no entendió la soberanía del Creador, y solo pudo perseverar de manera decidida en su sueño y con la esperanza de que su destino cambiara un día de repente, lo cual era imposible. Durante este proceso, se resistía y luchaba constantemente, de ahí su inmensa angustia). Así era. Porque eligió una senda equivocada, aunque no lo sabía. La consideraba correcta, la tenía por su búsqueda y deseos legítimos, y luego trabajó sin descanso, luchó y se esforzó en esa dirección. Nunca dudó de que su deseo fuera realista o no, ni tampoco de su corrección. En su lugar, insistió en esta dirección con tozudez, nunca cambió ni dio marcha atrás. ¿Cuál era entonces el propósito de Dios al imponer tantas penurias en su vida? Él no hizo todo esto por accidente. En la vida de cualquier persona, Dios dispone ciertas experiencias excepcionales y otras que son dolorosas. De hecho, el Creador está usando este método y estos hechos para decirte que no continúes así, que esta senda no lleva a ninguna parte y no es la que debes tomar. ¿Qué percibes en esto, de un modo intangible? Que Dios elige una senda para las personas, y que además es Su manera de hablar con estas, de salvarlas, y de hacer que se zafen de sus nociones incorrectas y de su tozudez. Es también la manera en la que Dios te dice: la senda que eliges es un lodazal, un pozo de fuego, un camino sin retorno, y no debes recorrerlo. Si sigues por este camino, continuarás sufriendo. Esta no es la senda correcta en la vida, no es la que debes tomar ni la que Dios ha predestinado para ti. Si eres una persona inteligente, después de experimentar las penurias, reflexionarás: “¿Por qué he experimentado tales penurias? ¿Por qué me topé con obstáculos? ¿No es esta la senda adecuada para mí? Entonces, ¿cuál debería recorrer y qué dirección debería tomar en la vida?”. Mientras reflexionas, Dios te brindará algo de inspiración y te guiará, o te indicará la dirección correcta en la que debes dar el siguiente paso. Dios te está guiando constantemente, de modo que puedas captar de manera más práctica y acertada la senda ante ti que Él ha planeado para tu vida real. ¿Hizo esto la protagonista de la historia que os acabo de contar? (No, nunca reflexionó). ¿Qué clase de carácter tenía? (Era intransigente). La intransigencia es muy problemática. Desde que era una niña hasta que se convirtió en una anciana de pelo gris, nunca cambió su deseo de tener a alguien de quien depender. Ya fuera antes de haber oído el evangelio de Dios y obtenido una percepción sobre cómo creó el Creador los cielos y la tierra y todas las cosas, o bien cuando el evangelio de Dios llegó a ella y Él le reveló la verdad acerca de todo esto, su deseo no mutó en ningún momento; este es el aspecto más deplorable. Las personas tienen pensamientos e ideas. ¿Qué propósito albergaba Dios al crear todo esto para ellas? Que percibieran y comprendieran a las personas, acontecimientos, cosas y entornos que Dios dispone para la gente. Como persona normal que posee razón y conciencia, todo ser humano creado entenderá más o menos los deseos del Creador hasta cierto nivel de profundidad cuando experimente y aprecie en su corazón todas estas cosas que Dios ha instrumentado. Esta manera en la que obra Dios es particularmente práctica y real. Sin embargo, como la gente es demasiado arrogante e intransigente y no puede aceptar fácilmente la verdad, es difícil para ellos captar las intenciones del Creador. ¿Cómo se manifiesta la intransigencia de las personas? Se siguen aferrando a sus propias cosas, da igual lo que Dios diga o haga. Su mentalidad es: “Quiero planear mi vida. Tengo ideas, tengo cerebro, soy cultivado y puedo ejercer el control sobre mi vida. Soy capaz de ver el origen de todo en mi vida y de instrumentar todo esto por completo, así que puedo planear mi propia felicidad, mi propio futuro y mis propias perspectivas”. Cuando se topan con un obstáculo, dicen: “Esta vez he fallado. Lo intentaré la próxima vez”. Creen que así es como debe vivir la gente, y que, si una persona no tiene espíritu competitivo, será extremadamente inútil y endeble en la vida. ¿Cuál es el origen de su insistencia? ¿Cuál es la razón? Creen que no cabe duda de que han de ser personas fuertes, no débiles, y no dejar que la vida las derrote y mucho menos que nadie las menosprecie, y que deben ser independientes y competitivas, poseer determinación y que otros los tengan en alta estima. Estas actitudes, estas ideas y estos pensamientos dominan su comportamiento, de modo que, cada vez que se enfrentan a dificultades, a apuros o al dolor que Dios instrumenta para ellos, eligen el mismo camino que antes: el de perseverar en sus propios pensamientos, no dar marcha atrás e insistir por completo y hasta el final en lo que creen que es bueno, correcto y beneficioso para sí mismos, y en ser personas competitivas. Es precisamente este carácter intransigente el que los lleva a emitir muchos juicios ignorantes y poco prácticos, y da lugar a multitud de comprensiones y experiencias que no son prácticas.

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