Difundir el evangelio es el deber al que están obligados por honor todos los creyentes (Parte 3)

Hoy hemos hablado sobre la verdad de cumplir con el propio deber de difundir el evangelio. ¿Habéis obtenido algo de ello? (Sí). En ocasiones anteriores, nuestra charla sobre la verdad de difundir el evangelio se centró en la visión, es decir, hablamos expresamente sobre la verdad relacionada con la visión y no discutimos muchos temas en detalle, como hemos hecho hoy. Dado que la mayoría de la gente está familiarizada con el esquema general de la verdad de la visión, pero puede que no tenga claros los detalles respecto a las sendas de práctica y los principios para temas concretos, hoy he traído estos asuntos específicos a nuestra charla. Al hablar sobre ciertos casos y sobre la conducta de las personas —o sobre la forma correcta e incorrecta de actuar al encontrarse en situaciones así, los puntos de vista que defiende la gente y cómo ha de cumplir con esta responsabilidad y con esta obligación—, al hablar sobre todos estos temas, ¿os parece que la verdad de difundir el evangelio se vuelve más concreta y resulta más fácil de aplicar en la vida real? Creo que vuestros corazones se volverán mucho más luminosos después de escuchar este aspecto de la verdad. Cuando os encontréis con ciertos problemas específicos en el transcurso de la difusión del evangelio, os beneficiaréis de estas palabras, ya que son prácticas y atañen a los principios-verdad. No son palabras vacías. En vuestra vida diaria, cuando os encontréis con tales asuntos relativos a la difusión del evangelio y viváis en algunos estados incorrectos, o cuando os topéis con algunos problemas en vuestro trabajo de difusión del evangelio, ¿podréis utilizar estas verdades para resolver los problemas a los que os enfrentéis? Si eres capaz de resolver tales problemas, entonces las palabras de hoy no se habrán dicho en vano. Si sigues sin poder resolverlos o haces las cosas a tu manera, tomas tus propias decisiones y te limitas a ellas, haces lo que quieres y obras de manera obstinada e imprudente sin considerar tus deberes y responsabilidades, entonces para vosotros estas verdades son mera charla vacía y no sirven para nada. No es que no sirvan para nada porque la verdad no pueda ayudarte o porque la verdad no vaya a resultarte beneficiosa, sino porque no sientes ni un poco de amor por la verdad y no la practicas. Percibes el deber de difundir el evangelio como una simple afición o como una manera de pasar el tiempo. ¿Qué ocurrirá si abordáis el deber de difundir el evangelio con este punto de vista? ¿Seréis capaces de desempeñar vuestro deber de manera adecuada? (No). Si os parece algo remoto eso de hablar de desempeñar el deber de un modo adecuado, entonces permitidme que primero os pregunte lo siguiente: si abordáis el deber de difundir el evangelio con este punto de vista, ¿podéis satisfacer la intención de Dios? (No). Debéis tener esto claro en vuestros corazones. Si afrontas el deber desde esta clase de punto de vista y con esta postura, sentirás que tu corazón está inseguro. Pensarás que tu postura no es la que le gustaría a Dios. Si obras de esta manera, aunque conviertas a alguna gente y desde fuera parezca que estás haciendo buenas obras, tus intenciones y motivos para cumplir con tu deber son contrarios a los principios-verdad. Eres igual que esas personas religiosas que difunden el evangelio para obtener bendiciones y hacer tratos con Dios. Tanto sus intenciones como el origen de su motivación son equivocados. Al considerar cómo desempeñan sus deberes, Dios juzga las intenciones y motivaciones de las personas. Él observa la postura que adoptan y la mentalidad con la que abordan dichos deberes. En base a esto, Dios obra para limpiarlas de su corrupción y salvarlas, de modo que puedan apartarse del pecado. Por tanto, con independencia de cómo difundas el evangelio, debes aceptar el escrutinio de Dios. No importa la clase de persona que seas o qué calibre tengas, qué tipo de deber hayas desempeñado y cuál realizabas antes de unirte a las filas de aquellos que difunden el evangelio, debes atenerte a estos principios-verdad relativos a la difusión del evangelio, debes contemplar la difusión del evangelio como tu deber y tu responsabilidad, y llevar esa carga sobre los hombros.

A algunos líderes y obreros que no pueden hacer trabajo práctico o resolver problemas prácticos se los sustituye y se les asigna difundir el evangelio como parte del equipo evangélico. Cuando conocen a alguien, puede que le digan: “Yo era líder. Me enviaron al equipo evangélico a difundir el evangelio porque no hice un buen trabajo. Tal vez Dios me ha mandado difundir el evangelio para que me atempere durante un tiempo, para equiparme con la verdad y formarme. Eso significa que no tengo que dedicar mucho esfuerzo a difundir el evangelio. Con cualquier cosa que haga valdrá. Después de todo, tengo madera de líder. En cuanto mi estatura crezca, se me debe hacer líder. Como tengo tan buen calibre, sería un desperdicio de talento que no lo fuera. Ahora mismo la iglesia tiene escasez de líderes y obreros”. Sus palabras implican que la casa de Dios no puede subsistir sin que ellos sean líderes. Solo se les ha asignado difundir el evangelio para darles la oportunidad de practicar, para equiparlos con la verdad y para que hagan un trabajo de base como parte de su cultivo y formación. Por tanto, contemplan su deber de difundir el evangelio como algo temporal, solo lo hacen para engrosar su currículo, pasar un buen rato y ampliar sus horizontes. Piensan que, si logran resultados en la difusión del evangelio, entienden la verdad y son capaces de hacer algo de trabajo, se les ascenderá para servir como líderes u obreros. Si adoptan esta mentalidad hacia desempeñar su deber de difundir el evangelio, ¿pueden alcanzar el verdadero arrepentimiento? No han reflexionado sobre sí mismos ni han llegado a conocerse. No tienen autoconciencia. ¿Estas personas se hallan en problemas? No comprenden correctamente la difusión del evangelio. Tienen un concepto demasiado alto de sí mismos, no se conocen en absoluto. No tienen idea de lo que sucede realmente. De hecho, esto ha ocurrido porque no son personas que persigan la verdad y carecen por completo de cualquier habilidad de comprensión. En apariencia, son elocuentes, disfrutan de encargarse de los asuntos y parece que tienen cierto calibre, pero cuando sirven como líderes y obreros, su talante y calibre no están a la altura de las circunstancias. No pueden cumplir los estándares y criterios para ser líderes y obreros, así que se los descarta. No se dan cuenta de que no tienen nada de especial, sino que alardean descaradamente y se vanaglorian de sí mismos. Aunque algunos nunca lo dirán, según su estimación personal creen que solo aquellos que no pueden hacer otra cosa son asignados para difundir el evangelio. En sus corazones, dividen todos los deberes en la casa de Dios en altos, medios y bajos. Consideran el deber de difundir el evangelio como el más bajo de los deberes en la casa de Dios. Se envía a difundir el evangelio a cualquiera que comete un error o no desempeña su deber de manera adecuada. Así es como estas personas entienden este deber. ¿Existe alguna diferencia entre este entendimiento y tomarse la difusión del evangelio como una responsabilidad propia y una obligación que se ha de llevar a cabo en la vida de uno mismo? Si alguien lo entiende de ese modo, ¿puede realizar bien su deber? (No). ¿En qué se equivoca? Considera que la mayor responsabilidad y obligación que una persona debe desempeñar en su vida —el trabajo de difundir el evangelio— son el trabajo más humilde. No se lo toma como si fuera su propia responsabilidad y obligación, y no lo entiende como un deber. Da igual cómo hable la casa de Dios sobre la necesidad de desempeñar lealmente un deber, y que difundir el evangelio sea uno de esos deberes, ellos no reconocen que sea así. Creen de corazón que los distintos niveles de líderes, obreros y personas a cargo en la casa de Dios están en lo alto. Estos poseen autoridad absoluta, acabarán recibiendo grandes recompensas y Dios los perfeccionará. Los seguidores a su cargo son meros soldados de a pie, en especial los difusores del evangelio que siempre interactúan con personas fuera de la iglesia. Entre todos los trabajos, es posible que el suyo sea el más difícil y agotador. Al final, no puedes saber a ciencia cierta si estas personas van a ser perfeccionadas. ¿Es un error que conciban el deber de difundir el evangelio de este modo? ¿Hay quienes consideran esta sagrada responsabilidad y obligación de difundir el evangelio como la tarea más humilde y la colocan en el peldaño más bajo de una jerarquía de rangos y grados? Menosprecian este deber y también a quienes lo desempeñan. Entonces, ¿qué punto de vista aportan cuando realizan este deber? (Lo contemplan como algo temporal). ¿Algo más? Cuando convierten a alguien, no le dan mucha importancia; cuando fracasan al convertir a la gente, no les importa. No consideran la difusión del evangelio como parte de su propio trabajo y no se esfuerzan por desempeñar bien tal deber. En sus corazones, desprecian el deber de difundir el evangelio; por lo tanto, ¿qué resultado obtendrán entonces al realizar ese trabajo? ¿Pueden equiparse con todos los aspectos de la verdad a fin de cumplir bien con su deber de difundir el evangelio? A fin de convertir a más personas, ¿memorizan pasajes de la palabra de Dios y versículos de la Biblia y se familiarizan con una serie de testimonios vivenciales para poder resolver los distintos problemas con los que se encuentran al difundir el evangelio? (No). Si cuando difunden el evangelio, aquellos que tienen una comprensión distorsionada y albergan muchas nociones les hacen preguntas difíciles, ¿cómo lidian con ellas? (Se dan por vencidos). Esa es una postura. O se quejarán de Dios, diciendo: “¿Por qué he tenido que encontrarme con una persona tan ridícula y sin entendimiento espiritual mientras difundo el evangelio? ¡Qué mala suerte!”. No sienten amor alguno por los destinatarios potenciales del evangelio, y esperan que Dios no salve a esa clase de persona. En cuanto a este asunto, no le oran a Dios ni buscan Sus intenciones, ni mucho menos muestran consideración alguna hacia las intenciones de Dios. Eligen cómo tratar a los destinatarios potenciales del evangelio según las preferencias de la carne, y cuando se encuentran con gente con multitud de problemas y nociones graves, la abandonan. Solo eligen difundir el evangelio a aquellos con pocas nociones o con ninguna en absoluto, y no quieren pagar ningún precio. Siempre que algo va en detrimento de su vanidad o de su dignidad, o de su reputación o estatus, siempre que algo contradice las preferencias de la carne o entra en conflicto con los placeres de esta, ¿qué eligen hacer? Eligen darse por vencidos, huir, no cumplir con esa responsabilidad, sino rechazarla. Al mismo tiempo, por dentro se quejan de Dios en sus corazones: “¿Por qué tuve que encontrarme con una persona tan ridícula y con tantas nociones? ¿Por qué tengo que sufrir tal cosa? He perdido imagen, he malgastado mi esfuerzo y no he conseguido convertir a nadie”. En secreto, sus corazones están llenos de resentimiento hacia Dios. Por consiguiente, no están dispuestos a aceptar el deber de difundir el evangelio, ni tampoco a cumplir con la responsabilidad que conlleva. Si esa es su postura ante el deber de difundir el evangelio, no falta mucho para que se los descarte.

En el transcurso de difundir el evangelio, muchos de aquellos que lo difunden tratan su trabajo desde una postura superficial y descuidada. Nunca cambian. Jamás lo tratan adoptando una posición de esmerada atención, prudencia y temor a Dios. En su lugar, piensan: “En cualquier caso, no tengo nada que hacer, puedo dedicarme a cualquier cosa. El equipo evangélico parece divertido, así que me uniré a ellos”. Entonces, lo siguen y difunden el evangelio. De hecho, hacen una contribución muy limitada a este proceso. Solo emplean algo de tiempo y viajan un poco, pero no pagan un precio real. Siempre predican el evangelio según las preferencias de su carne y sus propias nociones y figuraciones. Nunca siguen en lo más mínimo los principios-verdad. Hay muchos a los que les gusta predicarles a los pudientes y a la gente con dinero, pero no a los pobres. Prefieren predicar a gente bien parecida antes que a la de aspecto normal; a aquellos con los que se llevan bien antes que a los que no; prefieren predicar a los que tienen unas pocas nociones antes que a los que tienen demasiadas; gustan de predicarles a aquellos a los que es fácil llevarles el evangelio, a los que lo aceptan sin necesidad de escuchar mucha charla. No quieren predicar si eso les supone hablar hasta agotarse. Por dar un ejemplo, digamos que una mujer está difundiendo el evangelio y se encuentra a un hombre que proviene de una familia acomodada, con casa y coche, cuyos padres tienen buenos trabajos, es hijo único y bien parecido. A ella le parece que podría vivir una vida de riqueza si se pudiera casar con él, así que quiere predicarle el evangelio a este hombre, ya que piensa que sería una maravilla si lo aceptara. Algunos tratan de detenerla, le dicen que el hombre no busca la verdad, que no se trata de alguien al que se le pueda predicar, pero ella dice: “Si le hablamos más sobre la verdad, es posible que acabe por aceptarla. Si no le llevamos el evangelio a una persona tan buena y no la salvamos, ¿no iría eso en contra de las intenciones de Dios?”. De hecho, ella alberga su propio objetivo. No está tratando de convertir a este hombre para llevarlo ante Dios, sino que busca promocionarse y venderse a él. Después de mucho márquetin, al final consigue lo que quiere y logra formalizar una relación con él para sus propios fines. ¿Dónde reside aquí el problema? Ella tiene sus propias motivaciones en todo lo que hace, las cuales vulneran los principios-verdad. Al final, se sirve de varios medios para “llevarle” el evangelio, e incluso se casa con él, diciendo: “El mayor logro de mi trabajo de difundir el evangelio ha sido encontrar a un espíritu tan afín. Es algo que debo aceptar de parte de Dios. Él ordena el matrimonio. Fue por completo disposición de Dios que conociera y me casara con esta persona. Se trató de Su favor y Su bendición”. Entonces acaba formando una pequeña familia y viviendo una vida feliz; ¿sigue siendo capaz de difundir el evangelio? (No). Transcurridos un año o dos, a veces va a difundir el evangelio cuando se siente bien, pero pasa casi todo su tiempo haciendo vida familiar, y su corazón cada vez está más vacío. Al final, se da cuenta de que la vida familiar no consiste en más que ollas y cacerolas, en comer, beber, jugar y en alboroto. Le parece que nada tiene sentido. Echando la vista atrás, reflexiona y piensa: “La fe en Dios tiene todavía significado. Permíteme que vuelva atrás y retome la fe y continúe difundiendo el evangelio”. Al final, habla de sus experiencias de manera grandilocuente, diciendo: “Dios creó al hombre, así que él no puede dejar a Dios. El hombre no puede vivir sin Él. Igual que un pez muere fuera del agua, si el hombre deja a Dios, no cabe duda de que no va a disponer de un camino para avanzar en la vida. Por eso he regresado. Porque Dios me ha llamado”. Menuda desvergüenza. Tras regresar, exige cumplir con su deber, diciendo: “Todo está vacío si no realizo mi deber. Todo el mundo tiene que cumplir con su deber”. Las palabras de aquellos que no practican la verdad y no tienen amor por ella repugnan a los que las oyen. Aseguras que no puedes abandonar a Dios, entonces, ¿por qué no le preguntas si Él te quiere a ti? Encontraste a un compañero en el transcurso de cumplir con tu deber, abandonaste tu deber y saliste corriendo. ¿Por qué no le oraste a Dios para preguntarle si estaba de acuerdo con esto y averiguaste Su postura al respecto? ¿Desempeñaste tus responsabilidades? ¿Cumpliste con la comisión que te encargó Dios? ¿Trataste a Dios como tal? ¿Contemplaste tu deber como tal? Para todas estas preguntas, la respuesta es no. ¿Qué es Dios para ti? No es más que un amigo al que conociste a un lado del camino. Lo saludas y ya enseguida te crees que sois amigos. Si conviene a tus intereses, continúas junto a Él, pero si no te beneficia, le dices adiós. Sin embargo, luego vuelves a pensar en Él cuando lo necesitas. Esa es la clase de relación que tenéis. Si consideras a Dios como a un amigo al que conociste una vez, ¿qué pensará Él de ti? ¿Cómo te tratará? Te sientes triste, tus días están vacíos, así que necesitas a Dios. Regresas y quieres cumplir con tu deber. ¿Te va a conceder Dios un deber, así como si nada? (No). ¿Por qué no? No te lo mereces. Aunque tales personas puedan cumplir con sus deberes justo después de haber empezado a creer en Dios, antes de completar dichos deberes, abandonarán a Dios sin advertencia previa, y dejarán sus puestos y su trabajo. ¿Cómo contempla esto Dios? ¿Cuál es la naturaleza de esta conducta? (Es una traición). La traición no es poca cosa. Tales personas son desertores. ¿Cómo desempeñan los desertores su deber? Buscan su propio interés personal bajo la bandera del cumplimiento del deber. Hacen planes para asegurar su propio futuro y su sustento mientras vulneran la intención original de cumplir con sus deberes. Al final, huyen en mitad del desempeño de sus deberes, lo que los convierte en desertores. Tales personas no se gastan por Dios con un corazón sincero. En su lugar, albergan sus propias intenciones y propósitos personales e intentan engañar a Dios, y terminan revelando su verdadera cara. ¿Acaso no se trata de personas que traicionan a Dios? Hay quien dice: “¿No existe en la casa de Dios la libertad de entrar y salir?”. La hay, eso es verdad, pero uno debe someterse a un examen al entrar en la casa de Dios. Eres libre de abandonar la casa de Dios y nadie se interpondrá en tu camino. Sin embargo, si quieres regresar a la casa de Dios, no te será tan fácil. Los líderes y obreros de la iglesia deben examinarte e inspeccionarte en todos los niveles para comprobar que tu arrepentimiento es sincero. Solo entonces se te va a aceptar. Por tanto, salir es fácil, volver a entrar es difícil. He oído que a algunas personas les resultó tan difícil difundir el evangelio y sufrieron tanto que arrojaron su carga y salieron huyendo. ¿Cuál es el problema? Que son desertores. ¿Qué es lo más importante a la hora de trabajar difundiendo el evangelio? Todos los que lo difunden, sobre todo los que son responsables en puestos importantes, asumen un papel significativo a ojos de Dios. Si desempeñas un papel importante en la difusión del evangelio y abandonas tu puesto sin el permiso de Dios, no existe mayor transgresión. ¿Acaso no cuenta como un acto de traición contra Dios? (Sí). Entonces, en vuestra opinión, ¿cómo debería tratar Dios a los desertores? (Deben ser apartados). Ser apartado significa ser ignorado, que te dejen hacer lo que quieras. Si las personas que son apartadas sienten arrepentimiento, es posible que Dios vea que adoptan una postura lo bastante arrepentida y siga queriendo que vuelvan. Sin embargo, con los que desertan de su deber, y solo con estas personas, Dios no tiene esta actitud. ¿Cómo trata a esas personas? (Dios no las salva. Él las desdeña). Eso es del todo correcto. Para ser más concretos, las personas que cumplen un deber importante han sido comisionadas por Dios y, si desertan de su puesto, entonces, da igual lo bien que lo hayan hecho antes o lo hagan después, para Dios se trata de personas que le han traicionado, y nunca más se les dará la oportunidad de cumplir un deber. ¿Qué significa que no te concedan una segunda oportunidad? Si dices: “Estoy muy arrepentido. Tengo una deuda con Dios. No debí haber hecho esa elección al principio. En ese momento estaba hechizado y me desvié, y ahora me arrepiento. Suplico a Dios que me dé otra oportunidad de cumplir con mi deber de modo que tenga ocasión de arrepentirme de lo que he hecho mediante obras dignas de mérito y de subsanar mis errores”, ¿cómo lidiará Dios con este asunto? Como Dios afirma que no dispones de esa oportunidad, Él nunca se volverá a fijar en ti. Esa es la postura que adopta Dios hacia los desertores. Al tratar a los que cometen transgresiones normales, Dios podría decir que fue una transgresión momentánea, o que se debió a un entorno adverso, a la poca estatura, a la falta de comprensión de la verdad o a alguna otra razón semejante. En este caso, puede que Dios le dé la oportunidad de arrepentirse. Sin embargo, a los desertores es a los únicos a los que Dios no les ofrece segundas oportunidades. Hay quien dice: “¿Qué significa que Dios no da segundas oportunidades? Si quisieran desempeñar su deber, ¿acaso no lo permitiría Dios?”. Puedes cumplir con tu deber, puedes difundir el evangelio, puedes también escuchar sermones y unirte a la iglesia. La iglesia no va a eliminar tu nombre de sus registros, pero en cuanto a Dios, da igual cómo cumplas con tu deber y cuánto te arrepientas, no le haces falta a Dios ni tampoco te da Su aprobación, aunque estés trabajando para Él. Esa es la postura de Dios. Es posible que alguna gente no entienda este asunto y diga: “¿Por qué Dios es tan cruel y categórico al tratar con este tipo de personas?”. Al hombre no le hace falta entender este asunto. Se trata del carácter de Dios. Es Su postura. Tú puedes pensar lo que quieras. Dios tiene el poder de decidir. Él tiene el poder de actuar de esta manera y de manejar así el asunto. ¿Qué puede hacer un humano ante eso? ¿Acaso puede protestar? ¿Quién te dijo que no siguieras la senda adecuada desde el principio, que traicionaras a Dios y te convirtieras en un desertor? La obra de difundir el evangelio no puede llegar a buen término solo por medio de una persona, requiere de mucha gente. Si no puedes realizar tu deber, Dios elegirá a otro que pueda. Si no cooperas y no llevas a cabo tu deber, eso demuestra que estás ciego. Prueba que eres atolondrado y estúpido. No sabes que eso es una bendición, así que no vas a tenerla. Deberías irte y ya está. Si te marchas y luego vuelves pasado un tiempo, ¿te seguiría queriendo Dios? No, a Él le trae sin cuidado. Esta es la postura de Dios hacia los desertores, solo hacia ellos. Hay quienes dijeron: “Cuando regrese y cumpla con mi deber, el Espíritu Santo me esclarecerá”. Cuando empezaste a cumplir con tu deber, huiste sin pedir permiso y el Espíritu Santo no te puso ningún impedimento. Ahora que has vuelto, ¿puede el Espíritu Santo seguir esclareciéndote? No les des tanta importancia a tus sentimientos emotivos. Dios no va a hacer nada en contra de Sus deseos, y Él se rige por principios cuando trata con todo el mundo. ¿Qué advertencia subyace aquí? Has de perseverar en tu deber, mantenerte firme y cumplir con tus responsabilidades. ¿Es demasiado extrema la posición de Dios hacia los desertores? (No). ¿Por qué dices que no lo es? ¿Cómo entiendes que no es demasiado extrema? Con independencia de qué deber desempeñe una persona, en el periodo actual, ¿tiene relación cada deber que realice con lo que ordena Dios? Tiene una estrecha relación. Al considerarlo de esa manera, si eres capaz de cumplir con tu deber, ¿significa eso que Dios ha hecho mucho trabajo? Dios te ha predestinado desde la creación del mundo. Ha predestinado la época y la era en la que has nacido, la clase de familia en cuyo seno te criaste, la influencia que ha tenido esta en ti, el deber que Dios requiere que cumplas y las cosas que se te ha permitido aprender de antemano. Por ejemplo, si has aprendido un idioma extranjero, ahora posees ese calibre, ese talento, lo cual te permite desempeñar con éxito tu deber. Dios ha hecho mucho trabajo de preparación. ¿Con qué propósito hace Dios tales preparativos? ¿Para que puedas destacar entre el resto? ¿Para que puedas hacer búsquedas mundanas y servir a Satanás? ¡En absoluto! Él quiere que ofrezcas las cosas que te ha dado en la casa de Dios, en la difusión de Su evangelio y en Su plan de gestión. Sin embargo, si no eres capaz de ofrecer lo que Él te ha dado, pero en cambio sirves a Satanás, ¿cómo se sentirá Dios? ¿Cómo va a tomarse eso? ¿Cómo debe manejarlo de acuerdo con Su carácter? Dios te apartará de una patada. No te quiere. Te has olvidado de Su amabilidad y has traicionado Su confianza. No reconoces ni regresas a tu Hacedor. No le dedicas a Dios lo que te ha dado, sino que en su lugar se lo ofreces a Satanás. Se trata de una grave traición, y Dios no quiere a un traidor semejante.

En la obra de Dios de salvar a la humanidad, el calibre que posee cada persona la hace estar a la altura de la tarea de cumplir con el deber que le corresponde. Además, la experiencia y el conocimiento que obtiene desde que empieza a creer en Dios, junto a las verdades que comprende, han de emplearse para llevar a cabo su deber. Solo de este modo puede contribuir con su humilde esfuerzo al trabajo de difundir el evangelio del reino. ¿Cuál es ese humilde esfuerzo? Es el deber que debe desempeñar una persona. Dios te permite entender la verdad y poseer inteligencia y sabiduría, de modo que cumplas bien con tu deber. Este es el valor y significado de tu vida. Si no vives este valor y significado, eso demuestra que no has ganado nada de tu fe en Dios. Te has convertido en un trasto inútil en la casa de Dios. Si vives a semejanza de Satanás y la carne, ¿puede seguir queriéndote Dios? El valor y significado de tu vida han desaparecido. Desde el punto de vista de Dios, debes simplemente desaparecer de Su casa, para siempre. Ya no te quiere. Además, en el periodo de expansión de la obra de gestión de Dios, todo el mundo que le sigue está cumpliendo con su propio deber, y todos han pasado una y otra vez por la represión y la cruel persecución del gran dragón rojo. La senda de seguir a Dios es abrupta y accidentada, y es excepcionalmente difícil. Cualquiera que haya seguido a Dios durante más de dos o tres años habrá experimentado esto por sí mismo. El deber que desempeña cada uno, ya sea un deber permanente o un arreglo temporal, proviene de la soberanía y los arreglos de Dios. Puede que a menudo se produzcan arrestos, y que el trabajo de la iglesia se perturbe y estropee, y es posible que haya una evidente escasez de gente que cumpla con los deberes, sobre todo de aquellos con buen calibre y experiencia profesional, que son minoría. Sin embargo, debido al liderazgo de Dios, a Su poder y autoridad, la casa de Dios ya ha resurgido de sus momentos más complicados, y toda su obra se ha encaminado por la senda correcta. Para el hombre, esto parece imposible, pero para Dios nada es difícil de conseguir. Los treinta años desde que apareció Dios y empezó a obrar hasta el momento presente se han visto marcados por tempestades y por toda clase de tribulaciones. Si no fuera por el liderazgo de Dios, y Sus palabras que imbuyen a la gente de fe y fuerza, nadie habría llegado tan lejos. Todos en el pueblo escogido de Dios han experimentado esto personalmente. Nada en la obra de la casa de Dios transcurre sin sobresaltos, todo empezó desde cero y se hizo con gran dificultad, asediado por los problemas. ¿Por qué es así? Porque no solo nos enfrentamos a la desenfrenada represión y persecución del régimen del gran dragón rojo, sino también a la discriminación, las calumnias y las condenas de toda la comunidad religiosa y de la humanidad corrupta; incluso toda la época nos abandona y nos inhibe. La totalidad de la obra de gestión de Dios se inicia y opera en un entorno y bajo unas condiciones repletas de las tendencias malvadas de Satanás, y en las que este ocupa el poder. Esto no resulta en absoluto sencillo, sino que es extraordinariamente difícil. Por tanto, cada persona que puede cumplir con un deber es un consuelo para Dios, y el hecho de que lo desempeñe es algo excepcional y precioso. La seriedad, la lealtad y el gasto que puede ofrecer cada persona, así como su postura de sinceridad y responsabilidad hacia su deber, de sumisión hacia la comisión de Dios y de reverencia hacia Él, son cosas que Dios aprecia y considera muy importantes. En contraste, Dios siente una gran repugnancia por las personas que abandonan sus deberes o no se los toman en serio, y por las distintas conductas, acciones y manifestaciones de traición contra Dios, porque en el conjunto de los diversos contextos, personas, acontecimientos y cosas dispuestos por Dios, estas personas desempeñan el papel de impedir, dañar, retrasar, perturbar o afectar el progreso de la obra de Dios. Y por esta razón, ¿cómo se siente Dios respecto a los desertores y las personas que lo traicionan y cómo reacciona ante ellos? ¿Qué actitud tiene Dios? (Los odia). Solo siente repugnancia y odio. ¿Siente piedad? No, Él nunca podría sentir piedad. Algunas personas dicen: “¿Acaso Dios no es amor?”. ¿Por qué no ama Dios a tales personas? No son dignas de amor. Si las amas, entonces tu amor es necio, y el hecho de que las ames no significa que Dios lo haga; puede que tú las valores, pero Dios no, porque en esas personas no hay nada digno de ser apreciado. Por eso, Dios abandona con decisión a esas personas y no les da ninguna segunda oportunidad. ¿Es esto razonable? No solo es razonable, sino que es ante todo un aspecto del carácter de Dios, y también es la verdad. En el transcurso de la difusión del evangelio, hay quienes no aceptan ninguna parte de la verdad. Siempre actúan conforme a su propia voluntad, de manera arbitraria e imprudente. Son impedimentos y obstáculos en el trabajo de difundir el evangelio. Desempeñan un papel negativo al perturbar, trastornar y estropear la obra evangélica, y obstaculizan su expansión. Por tanto, la postura que adopta Dios hacia estas personas es de repugnancia y odio. Su destino es ser descartadas. Así es como se revela el carácter justo de Dios. Hay quien dice: “¿No es un poco excesivo encargarse así de tales personas?”. No tiene nada de excesivo. Ante tales diablos, Dios solo puede sentir repugnancia y odio. Él no se disfraza. El carácter de Dios es justo y se observa con claridad. ¿Cuáles son los dos aspectos más importantes del carácter justo de Dios? (La abundante misericordia y la ira profunda). ¿Qué importancia tiene esto aquí? ¿Quién soporta la ira profunda de Dios? Recae sobre los que se oponen a Dios, rechazan la verdad y siguen a Satanás. Dios no quiere a aquellos decididos a seguir a Satanás ni a los traidores y desertores. Dicen algunos: “En un momento de debilidad, decidí no cumplir con el deber, pero en realidad no quería abandonar a Dios ni regresar al mundo y al bando de Satanás”. Depende de la situación, aunque fueras débil o quisieras regresar al mundo, Dios puede mostrar misericordia y tolerancia ante tu debilidad. Dios es abundantemente misericordioso. La gente vive entre sus actitudes corruptas y en algunas circunstancias es inevitable que se sienta débil, negativa o perezosa. Dios lo escruta todo y la tratará en función de la situación. Si no eres un desertor, no te tratará como tal. Si eres débil, sin duda te tratará de acuerdo con tu debilidad. Si temporalmente revelas corrupción, estás débil o te extravías, Dios te dará esclarecimiento, te guiará y te sustentará. Te tratará como a alguien de poca estatura que no comprende la verdad, ya que no se trata de un problema de tu esencia-naturaleza. ¿Por qué no trata Dios a esas personas abandonándolas? Porque no quieren rechazarlo a Él ni a la verdad y porque no quieren seguir a Satanás. Únicamente manifiestan un momento ocasional de debilidad y no son capaces de dar un paso adelante, por lo que Dios les da otra oportunidad. Entonces, ¿cómo se debe tratar a estas personas que experimentan una debilidad momentánea y no saben cumplir con el deber, pero luego regresan para cumplir con él? Hay que aceptarlas. Este caso es de naturaleza diferente al de los desertores, por lo que no puedes aplicar la misma regla o adoptar el mismo enfoque para tratarlos. Algunas no sufren de debilidad; a decir verdad, son unas desertoras. Si las vuelves a acoger, desertarán nuevamente cuando se encuentren en una situación similar. Alguien así no es un desertor pasajero; siempre será un desertor. Por eso Dios expulsa a tales personas y nunca las vuelve a acoger. Esto no es ni mucho menos excesivo. Dado que nunca las vuelve a acoger, eso significa que salve a quien salve Dios, no será a ellas. Cuando Dios nota que falta una persona en el equipo de salvación, puede que añada a alguien más. Sin embargo, no quiere a las de esta clase. Quedan excluidas para siempre y son indeseadas.

Hay otra categoría de personas que a menudo perturban y estropean la obra evangélica mientras difunden el evangelio, pero también han realizado algo de trabajo y han convertido a alguna gente. ¿Se puede considerar que se trata de buenas obras por su parte? Por ahora dejemos a un lado la cuestión de si han hecho buenas obras o no. En primer lugar, digamos que tales personas a menudo perturban y estropean la obra evangélica mientras difunden el evangelio. Por ejemplo, si una persona está a cargo de la obra evangélica y siempre compite con los demás por el estatus y el poder, o a menudo se mete en disputas con otros, y de este modo perturba y estropea la obra evangélica, ¿cómo contemplará Dios este asunto? ¿Equilibrará Dios los logros y defectos de esta persona o los abordará de alguna otra manera? (Dios le quitará mérito). ¿Por qué le quitará mérito? Aunque le ha predicado a alguna gente, ha hecho algo de trabajo y ha logrado ciertos resultados, ha seguido perpetrando acciones malvadas. Aunque no comete errores importantes, a menudo comete errores pequeños. ¿Qué implica esto de cometer errores pequeños? Que no practica la verdad, que lucha por la fama, las ganancias y el estatus, que habla sin la menor piedad, que no busca nunca los principios-verdad, que a menudo actúa arbitrariamente y sin restricciones, que nunca hace ningún cambio y que es como los no creyentes, lo cual tiene una influencia nociva en la vida de la iglesia y en el pueblo escogido de Dios y provoca el tropiezo de algunos fieles nuevos. ¿No son estas acciones malvadas? (Sí). Si la gente ha cometido tales acciones malvadas, aunque hayan trabajado duro para realizar sus deberes, ¿han desempeñado en realidad sus responsabilidades? ¿Realmente han llevado a cabo sus deberes de una manera adecuada? ¿Cómo contempla Dios a estas personas? Aunque han realizado algo de trabajo, todavía pueden hacer el mal de manera imprudente; ¿están llevando entonces a cabo sus deberes? (No). Por tanto, ¿por qué pueden hacer maldad con tanta temeridad? Por un lado, se debe a sus actitudes corruptas. Por otro, estas personas abrazan la mentalidad del azar. Piensan: “He hecho mucho bien difundiendo el evangelio. En esta o aquella iglesia, cientos de personas están allí porque yo les llevé el evangelio. Si se salvan, eso supondrá para mí un gran mérito. Entonces, ¿cómo iba Dios a olvidarse de mí? Si Dios tiene a esta gente en cuenta, no puede condenarme”. ¿No se están sobrevalorando? ¿Tienen un corazón temeroso de Dios? ¿Se gastan por Dios con un corazón sincero? Como Pablo, buscan obtener recompensas y coronas. No hay espacio para Dios en su corazón. No entienden el carácter de Dios y se atreven a hacer tratos con Él. Esto demuestra que no poseen nada de la realidad-verdad. Había una persona que llevaba unos años predicando el evangelio y tenía cierta experiencia en ello. Padeció muchas dificultades mientras lo difundía e incluso la encarcelaron y condenaron a muchos años de prisión. Después de salir, continuó difundiendo el evangelio y se ganó a varios cientos de personas, algunas de las cuales resultaron ser de notable talento; algunas incluso fueron elegidas líderes u obreras. En consecuencia, esta persona se creía merecedora de grandes elogios y usaba esto como un capital del que se jactaba dondequiera que iba, mientras presumía y daba testimonio de sí misma: “Pasé ocho años en la cárcel y me mantuve firme en el testimonio. Me he ganado a muchas personas mientras difundía el evangelio, algunas de las cuales son ahora líderes u obreras. En la casa de Dios merezco honor, he contribuido”. Allá donde estuviera difundiendo el evangelio, se aseguraba de jactarse ante los líderes u obreros del lugar. Además, decía: “Debéis escuchar lo que yo diga; incluso vuestros líderes superiores deberán ser educados cuando me hablen. Le daré una lección al que no lo sea”. Esta persona es igual que un matón, ¿me equivoco? Si alguien así no hubiera difundido el evangelio ni se hubiera ganado a esa gente, ¿se le ocurriría ser tan flagrante? Sí, en efecto. Que pueda ser tan flagrante demuestra que esto está en su naturaleza. Se trata de su esencia-naturaleza. Se vuelve tan arrogante que carece de toda razón. Tras difundir el evangelio y ganarse a algunas personas, su naturaleza arrogante se hincha y se vuelve aún más flagrante. Dichas personas se jactan de su capital dondequiera que van, tratan de reclamar el mérito dondequiera que van e incluso presionan a líderes de diversos niveles, con quienes intentan estar en igualdad de condiciones, y llegan a pensar que ellas mismas deberían ser líderes superiores. En función de lo que manifiesta la conducta de alguien así, todos debemos tener claro qué tipo de naturaleza tiene y cuál es su final probable. Cuando un demonio se infiltra en la casa de Dios, trabaja un poco antes de mostrar su verdadera cara; no escucha sin importar quién lo pode, e insiste en luchar contra la casa de Dios. ¿Cuál es la naturaleza de sus actos? A ojos de Dios, está cortejando a la muerte y no descansará hasta que se haya matado. Esta es la única manera apropiada de decirlo. La expresión “cortejar a la muerte” tiene un significado práctico. ¿Cuál es? Es bueno que las personas puedan cumplir con sus deberes. Algunas nacen con ciertos dones, lo cual es una bendición, pero si no siguen la senda correcta, se meterán en problemas. Por ejemplo, algunas hablan con elocuencia. Saben cómo hablar con gente diferente y pueden conversar fácilmente con cualquiera. Esto también se puede considerar como una habilidad innata. En lugar de decir primero si es una cosa buena o una mala, la clave es mirar la naturaleza de la persona y si está recorriendo la senda correcta o la malvada. Durante el periodo de la obra de Dios de difundir el evangelio, has dedicado tus talentos, has gastado muchos pensamientos y has convertido a muchas personas. Esto no es algo malo en sí mismo. Has contribuido con tus esfuerzos a la obra evangélica, algo que merece ser recordado por Dios. Si realizas bien tu deber, sin alarde, los hermanos y hermanas te respetarán cuando vean tu trabajo, y aquellos que no entiendan algo te buscarán y te pedirán consejo al respecto. Si tienes humanidad y persigues la verdad, le gustarás a la gente y Dios te bendecirá. Sin embargo, puede ocurrir que no tomes la senda correcta. Es posible que consideres este pequeño regalo de Dios como un capital y llegues al extremo de jactarte allá donde vas de haber estado en prisión. De hecho, estar en prisión no es gran cosa. En el país del gran dragón rojo, muchos han sido arrestados y encarcelados por difundir el evangelio o hacer trabajo de iglesia. Esto no debe considerarse como capital, sino como una especie de sufrimiento que es apropiado que la gente padezca. Si las personas tienen testimonio que dar después de su sufrimiento, pueden dar testimonio de las obras de Dios, sobre cómo dependieron de Dios para superar a Satanás durante el momento de su persecución, sobre qué clase de sufrimiento soportaron y lo que ganaron de ello. Esta es la manera correcta. Sin embargo, no toman la senda correcta de manera deliberada, sino que van por ahí alardeando sobre sí mismos. “Estuve en prisión durante tantos años y sufrí tanto; por ende, así es cómo debéis tratarme. Si no me tratáis así, estáis ciegos, sois ignorantes y no tenéis corazón”. ¿Acaso no están dejando de tomar la senda correcta? En su origen, que estuvieran encarcelados y sufrieran sin venderse y manteniéndose firmes en su testimonio después de su condena era algo bueno. Algo digno de que Dios lo recordara. Sin embargo, de forma deliberada, no hicieron lo que debían. A cualquier lugar que fueran, alardeaban de sus logros para ganarse el respeto y la simpatía de los demás. Incluso llegaban al punto de pedir cosas materiales. Esto es buscar recompensas por sus logros. ¿Qué significado implícito tiene que hagan esto? Le pueden pedir recompensas a la gente, ¿pero pueden pedírselas a Dios? Se dirigen a la gente y piden recompensas suficientes, piden estatus, fama y ganancias, prestigio y el disfrute de la carne, y luego le piden recompensas a Dios. ¿No es lo mismo que hizo Pablo? Es más, han convertido a muchos cumpliendo con su deber. En cuanto a Dios, si pueden continuar desempeñando sus deberes sobre la base de un entendimiento de la verdad y siguen cumpliendo bien con esta responsabilidad, Él seguirá confiando en ellos para difundir el evangelio. Sin embargo, eligen no hacerlo, pues consideran que tienen crédito y cualificaciones suficientes para proclamarlas ante todo el mundo. Por tanto, ya no trabajan en absoluto, sino que empiezan a pedir que les recompensen. Presumen allá donde van, alardean de su capital, comparan méritos y se jactan de a cuántos cientos o miles de personas les han llevado el evangelio. Nunca le dan gloria a Dios ni dan testimonio de Su omnipotencia y sabiduría respecto a ello. ¿Acaso no es eso cortejar a la muerte? Creen en Dios, pero no caminan por la senda correcta. Entonces, ¿qué postura adoptan al escuchar los sermones y pláticas? Piensan: “No me hace falta escuchar, he estado en la cárcel, no me he convertido en un Judas, tengo testimonio que dar. Aparte de eso, he convertido a más gente que nadie, he pagado el precio más alto. He soportado todas las penurias, me he escondido entre arbustos y he dormido en cuevas. No existe sufrimiento que no pueda soportar ni lugar en el que no haya estado. ¿Quién de vosotros puede compararse conmigo? Por tanto, no necesito entender del todo los sermones que escucho. ¿Acaso escuchar sermones no sirve solo para practicar? Yo ya lo he hecho todo, lo he vivido. Ni siquiera la encarnación de Dios es tan impresionante”. ¿Qué tipo de persona pronuncia palabras parecidas a estas? (Pablo). Se trata de Pablo revivido. Dicen también: “No sois tan diestros como yo. Si lo fuerais, no tendríais que escuchar tantos sermones, y no tendríais que escribir, copiar y memorizar con atención las palabras de Dios a diario. Fijaos en mí. He convertido a tanta gente predicando el evangelio. ¿Cuándo he estudiado yo como vosotros? No me hace falta, basta con que el Espíritu Santo realice Su obra, yo lo tengo todo”. ¿Acaso no es esto una enorme estupidez? Su arrogancia no tiene límites. ¿Qué entienden por la aceptación de la obra de Dios y la búsqueda de la salvación? Piensan que se trata de un juego de niños. Se creen que han mostrado algo de buen comportamiento y han hecho algo de trabajo, que han concluido su trayectoria y han librado su batalla, así que lo único que les queda por hacer es recibir su corona. Para ellos, un Dios que no da coronas no es tal. Comparten la misma opinión que los religiosos sobre ese asunto. También dicen: “Ya he sufrido todo lo que hay que sufrir y he pagado todos los precios. He sufrido casi tanto como Dios. Debería poder recibir Su recompensa”. ¿Es que no son como Pablo? Siempre categorizan a las personas según sus calificaciones y su antigüedad. Casi dijeron que para ellos vivir es Cristo. Si de verdad quieren ser Cristo, van a acabar teniendo problemas. Son como otro Pablo. ¿Sigue quedando margen para que alguien que camina por esta senda cambie? En absoluto. Esta senda es el callejón sin salida de los anticristos.

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