La actitud que ha de tener el hombre hacia Dios (Parte 1)

Para ver si alguien cree en Dios con fe verdadera, lo más importante es observar su actitud hacia Él. Si tratan a Dios con un corazón de temor y sumisión hacia Él, entonces tienen fe verdadera en Dios. Sin embargo, si carecen de temor o de sumisión hacia Dios, significa que no tienen auténtica fe. ¿Qué actitud deben tener las personas hacia Dios? Deben temerlo y someterse a Él. Quienes pueden temer a Dios son capaces de buscar y aceptar la verdad. Quienes pueden someterse a Dios son capaces de ser considerados con Sus intenciones y se esfuerzan en satisfacerlo en todo lo que hacen. Todo el que persigue la verdad posee ambas cualidades. Es indudable que quienes carecen de un corazón de temor o sumisión hacia Dios no persiguen la verdad.

¿Cómo se debe practicar entonces la búsqueda de la verdad? ¿Experimentáis la obra de Dios en el cumplimiento diario de vuestro deber? ¿Habéis orado a Dios al afrontar problemas y podéis resolverlos por medio de la búsqueda de la verdad? Esto está relacionado con la cuestión de la entrada en la vida. Cuando reveláis vuestra corrupción al cumplir vuestro deber, ¿podéis hacer un ejercicio de introspección y resolver el problema de vuestro carácter corrupto conforme a las palabras de Dios? Si no podéis practicarla y experimentarla de esa forma, no tiene nada que ver con creer en Dios. Sea cual sea el deber que estés cumpliendo o lo que estés haciendo, debes intentar comprender qué aspectos de las palabras de Dios intervienen, así como tus propias ideas, opiniones o intenciones incorrectas, las cuales en su totalidad forman parte del estado del hombre. ¿Qué abarca el estado del hombre? Las perspectivas, actitudes, intenciones y puntos de vista de la gente, además de algunas filosofías, lógica y conocimientos satánicos; y todas esas cosas, en resumen, están relacionadas con los modos y métodos habituales de actuación y trato hacia los demás. Al afrontar una situación, uno primero debe examinar cuál es su punto de vista; ese es el primer paso. El segundo es examinar si ese punto de vista es correcto. ¿Cómo, entonces, debe determinar una persona si su punto de vista es correcto o no? Por un lado, se determina con las palabras de Dios; por otro, según los principios del tipo de situación en cuestión. Por ejemplo, la organización del trabajo, los intereses y las normas de la casa de Dios, así como las palabras explícitas de Dios. Utiliza esas cosas para determinar si un punto de vista es correcto. Son los criterios de evaluación. ¿Examináis vuestros puntos de vista al enfrentaros a una situación? Al margen de que podáis identificarlos o no, el primer paso consiste en practicar de esa manera. Al margen de lo que haga la gente, todos tienen un punto de vista determinado al respecto. ¿Cómo se forma ese punto de vista? Se forma a partir de cómo ves la situación, del origen de tu perspectiva, de cómo piensas abordar dicha situación y de la base de tu método para afrontarla. Todo eso forma parte de tu punto de vista. Por ejemplo, ¿qué piensas de la corrupción del género humano? ¿En qué se basa tu perspectiva? ¿Cómo afrontas esa cuestión? Todo eso va ligado a los puntos de vista que uno tiene de las cosas. Esto también se aplica al punto de vista que uno tiene acerca de una cuestión; con independencia de la situación, todo el mundo tiene un punto de vista que respalda su actitud y su método para abordar cada cuestión. Ese punto de vista guiará y regirá su forma de actuar, y el origen de dicho punto de vista es lo que determina si este es correcto o incorrecto. Por ejemplo, si tu punto de vista se basa en una filosofía y una lógica satánicas, y la intención que motiva tu discurso es obtener fama, sentir orgullo, conseguir que más personas te conozcan y te entiendan, que te recuerden y te aprueben, ese será tu punto de partida para actuar. Si tienes una intención errónea como esa, entonces los puntos de vista y los métodos que surjan a partir de ella también serán claramente erróneos y no se ajustarán a la verdad en modo alguno. Cuando concibes puntos de vista, actitudes y métodos erróneos, ¿eres capaz de identificarlos? Si eres capaz de determinar si son correctos o incorrectos, cumples una condición básica para satisfacer las intenciones de Dios, pero no es la condición absoluta. ¿Cuál es la condición absoluta? Cuando hayas determinado que tus puntos de vista son erróneos, cuando tengas intenciones y planes y deseos personales incorrectos, ¿qué puedes hacer para no obrar conforme a esos puntos de vista erróneos? Debes desprenderte de tus intenciones y puntos de vista erróneos y, al mismo tiempo, buscar la verdad. Con plena conciencia de que tus puntos de vista son incorrectos, que no se ajustan a la verdad ni a las intenciones de Dios y que Él los detesta, deberás, por tanto, rebelarte contra ellos. ¿Cuál es el propósito de rebelarse contra la carne? Actuar conforme a las intenciones de Dios, hacer cosas que se ajusten a la verdad y, de ese modo, ser capaces de practicarla. Sin embargo, si eres incapaz de rebelarte contra tus puntos de vista equivocados, no podrás poner la verdad en práctica ni vivir la realidad-verdad; eso significa que lo que entiendes es solo doctrina. Las cosas de las que hablas no pueden frenar tu conducta, guiar tus actos ni corregir tus puntos de vista equivocados, lo que demuestra más si cabe que se trata de mera doctrina. El primer paso, por tanto, es examinar tus puntos de vista. El segundo paso es determinar si esos puntos de vista son correctos: es preciso rebelarse contra los puntos de vista equivocados y desecharlos, así como adherirse y defender los correctos. ¿Dónde reside ahora la dificultad para vosotros? Por un lado, muy rara vez te examinas a ti mismo, no forma parte de tus hábitos. Por el otro, aun cuando te examinas a ti mismo, no sabes si tus intenciones y tus puntos de vista son correctos o no. Te parecen correctos e incorrectos al mismo tiempo, de modo que al final quedas perplejo y confundido, y haces las cosas a tu manera; ese es un tipo de situación. ¿Qué otras situaciones hay? (En ocasiones sí que identifico mis propias intenciones y puntos de vista, y deseo rebelarme contra ellos, pero no puedo vencer mi carácter corrupto. Así que cedo y me invento motivos y excusas para acomodarme. No logro practicar entonces y me lamento por ello posteriormente). Eso demuestra falta de corazón para someterse a la verdad y amarla. Si alguien alberga un gran amor a la verdad en su corazón, podrá imponerse con frecuencia a algunas de sus intenciones y puntos de vista erróneos, y será capaz de rebelarse contra ellos. Por supuesto, existen algunas circunstancias especiales en que la mayoría de las personas tienen dificultades para imponerse. Es normal que tú tampoco lo hayas logrado. Sin embargo, ¿qué demuestra el hecho de que personas de lo más comunes logren imponerse y en cambio a ti te resulte muy difícil? Demuestra que tu amor a la verdad no es muy grande, y que practicarla simplemente no es tan importante para ti. ¿Qué es importante para ti? Persistir en tus propios puntos de vista, calmar tu mente y satisfacer tus propios deseos; esas son las cosas que te importan. Cumplir con las exigencias de Dios, practicar la verdad, satisfacer Su corazón y someterte a Él: nada de eso es importante en tu corazón. Eso revela tus intenciones más profundas y los puntos de vista que persigues.

¿En qué consiste principalmente el estado de una persona? (En sus intenciones, perspectivas y puntos de vista). Su estado incluye principalmente esas cosas. ¿Qué es lo más común que incluye el estado de las personas? Aparece con frecuencia en el corazón de estas cuando se enfrentan a cualquier cosa, y es algo que pueden reconocer conscientemente en sus pensamientos; ¿qué diríais que es? (Sus intenciones). Así es. Las intenciones son una parte clara del estado de las personas, y una de las más comunes. En la mayoría de los asuntos, las personas tienen sus propios pensamientos e intenciones. Cuando tienen lugar esos pensamientos e intenciones, la gente los considera legítimos, pero la mayoría de las veces son en favor de su propio beneficio, orgullo e intereses, o bien para encubrir algo u obtener satisfacción de alguna manera. En esos momentos, debes examinar cómo surgió tu intención, por qué se produjo. Por ejemplo, la casa de Dios te pide que hagas el trabajo de depuración de la iglesia, y hay una persona que siempre ha sido superficial en su deber y que constantemente busca la manera de holgazanear. Según los principios, esa persona debería ser depurada, pero tienes una buena relación con ella. Entonces, ¿qué tipo de pensamientos e intenciones surgirán en ti? ¿Cómo practicarás? (Actuaré según mis propias preferencias). ¿Y en qué se basan esas preferencias? En que esa persona ha sido buena contigo o ha hecho cosas por ti, tienes una buena impresión de ella, y por eso, en este momento quieres protegerla y defenderla. ¿Acaso no es ese el efecto de los sentimientos? Tienes sentimientos hacia ella, y por eso adoptas el enfoque de “Las autoridades superiores tienen políticas; las de las localidades tienen sus contramedidas”. Estás haciendo un doble juego. Por un lado, le dices: “Debes esforzarte un poco más cuando hagas las cosas. Deja de ser superficial, tienes que sufrir algunas adversidades; es nuestro deber”. Por otro lado, le respondes a lo Alto y dices: “Ha cambiado para bien. Ahora es más eficaz cuando cumple con su deber”. Pero en tu cabeza lo que estás pensando realmente es: “Eso es porque he trabajado en ella. Si no lo hubiera hecho, seguiría siendo igual que antes”. En tu mente, siempre piensas: “Se ha portado bien conmigo. ¡No la pueden echar!”. ¿De qué estado se trata cuando se hallan tales cosas en tu intención? Eso es dañar la obra de la iglesia a cambio de proteger las relaciones emocionales personales. ¿Acaso actuar así se ajusta a los principios-verdad? ¿Y existe sumisión cuando haces eso? (No). No existe sumisión, sino resistencia en tu corazón. En relación con las cosas que te suceden y el trabajo que se supone que debes hacer, tus propias ideas contienen juicios subjetivos, y ahí intervienen factores emocionales. Estás haciendo cosas basándote en los sentimientos, y aun así crees que actúas de manera imparcial, que estás concediendo a la gente la oportunidad de arrepentirse, y que les estás proporcionando una ayuda afectuosa; así haces lo que tú quieres, no lo que dice Dios. Trabajar de esa manera disminuye la calidad del trabajo, reduce la efectividad y daña la obra de la iglesia; todo es el resultado de actuar siguiendo los sentimientos. Si no te examinas a ti mismo, ¿serás capaz de identificar el problema? Nunca podrás hacerlo. Es posible que sepas que actuar así está mal, que es una falta de sumisión, pero lo piensas de nuevo y te dices a ti mismo: “Debo ayudarla con amor, y después de haberla ayudado y de que haya mejorado, no habrá necesidad de deshacerse de ella. ¿Acaso Dios no concede a la gente la oportunidad de arrepentirse? Dios ama a las personas, así que debo ayudarla con amor, y debo hacer lo que Dios me pide”. Después de pensar esas cosas, actúas a tu manera. A continuación, sientes tranquilidad en el corazón; te parece que estás practicando la verdad. Durante ese proceso, ¿has practicado conforme a la verdad, o has actuado según tus propias preferencias e intenciones? Tus acciones fueron totalmente acordes con tus propias preferencias e intenciones. A lo largo de todo el proceso, utilizaste tu supuesta bondad, amor, sentimientos y filosofías para los asuntos mundanos para suavizar las cosas y permanecer neutral. Parecía que estabas ayudando a esa persona con amor, pero en tu corazón estabas limitado por los sentimientos y, temeroso de que lo Alto lo descubriera, trataste de ganártelos siendo transigente, de tal modo que nadie se ofendiera y el trabajo se acabara haciendo; esa es la misma manera que utilizan los no creyentes para tratar de permanecer neutrales. ¿Cómo evalúa Dios esa situación a efectos prácticos? Te clasificará como alguien que no se somete a la verdad, que suele adoptar una actitud escrutadora y analítica hacia ella y hacia las exigencias de Dios. ¿Qué papel desempeña tu intención cuando afrontas la verdad y las exigencias de Dios mediante ese método y cuando cumples tus deberes con esa actitud? Sirve para velar por tus propios intereses, tu orgullo y tus relaciones interpersonales sin consideración alguna hacia los requerimientos de Dios y sin que ejerza ningún efecto positivo en tus propios deberes o la obra de la iglesia. Las personas así viven únicamente conforme a las filosofías para los asuntos mundanos. Todo lo que dicen y hacen va destinado a salvaguardar su orgullo, sus sentimientos y sus relaciones interpersonales, sin una sumisión genuina a la verdad ni a Dios, y sin el menor intento de declarar o reconocer esos problemas. No tienen el más mínimo sentimiento de culpa y se mantienen en la ignorancia más absoluta con respecto a la naturaleza de los problemas. Si la gente carece de un corazón temeroso de Dios, y si Dios no ocupa lugar alguno en su corazón, nunca podrán obrar de acuerdo con los principios, sean cuales sean los deberes que estén llevando a cabo o los problemas que estén afrontando. Las personas que viven sumidas en sus intenciones y deseos egoístas son incapaces de entrar en la realidad-verdad. Por ese motivo, si se enfrentan a un problema y no examinan sus intenciones ni son incapaces de reconocer por qué son erróneas estas, sino que utilizan toda clase de justificaciones para mentir y excusarse, ¿qué sucederá al final? Hacen un buen trabajo a la hora de velar por sus propios intereses, su orgullo y sus relaciones interpersonales, pero han perdido su relación normal con Dios. Hay personas que llevan mucho tiempo creyendo en Dios, pero cuando se les pide que compartan algo de su experiencia personal, no tienen nada que decir, son incapaces de compartir ningún testimonio vivencial acerca del cambio en su carácter. ¿A qué se debe esto? Muy rara vez se examinan a sí mismos, y su práctica casi nunca se ajusta a los principios-verdad. En lugar de eso, prefieren recorrer su propia senda, vivir con un carácter corrupto y actuar conforme a sus propias intenciones, puntos de vista, deseos y planes, mientras siguen sin arrepentirse. Es Dios en quien creen, y son las palabras de Dios lo que escuchan; es la verdad lo que reciben, y también es la verdad lo que comparten y predican; pero ¿qué es lo que practican en realidad? Su práctica se ajusta únicamente a sus propias intenciones y figuraciones, no a los requerimientos de Dios. ¿Cuál es, entonces, su actitud hacia las palabras de Dios? ¿Cómo tratan Sus exigencias? ¿En qué aspecto deben ser más concienzudas las personas en lo que se refiere a experimentar la obra de Dios? Lo más importante es la forma en que deben experimentar las palabras de Dios y practicar la verdad. Si alguien, tras oír las palabras de Dios y escuchar sermones, no procede a ponerlo en práctica, ¿estará creyendo en Dios realmente? ¿Estará experimentando Su obra en realidad? ¿Por qué no estará siendo concienzudo cuando debería serlo? ¿Por qué duda de Dios y de Sus palabras cuando debería estar practicando la verdad? “¿Por qué tiene Dios estas exigencias? ¿Se ajustan a Sus palabras? ¿Sigue siendo Dios amor si hace semejantes exigencias? Plantear tales exigencias no parece algo propio de Él, ¿verdad? No puedo aceptarlo. Las exigencias de Dios son algo desconsideradas, van muy en contra de las nociones y figuraciones humanas”. Decidme, ¿puede aceptar la verdad alguien que sopesa las cosas de esa manera? (No). Esa no es la actitud de quien acepta la verdad. Evaluar y abordar las exigencias de Dios con esa actitud y esas intenciones, ¿es abrir o cerrar el corazón a Dios? (Es cerrarlo). No es una actitud de aceptación, sino de resistencia. En lo que se refiere a las exigencias de Dios, lo primero que hacen tales personas es escrutar y hasta despreciar: “Dios no ha interactuado mucho con los hermanos y las hermanas de la iglesia; desconoce los asuntos de esta. ¿No está gestionando las cosas la casa de Dios de manera demasiado dogmática? No es así como hacemos las cosas. Las hacemos en función de la situación de los hermanos y las hermanas, y dándoles oportunidades. Además, ¡el Dios encarnado debería entender la debilidad humana! Si Él no quiere ser considerado, tendremos que serlo nosotros. Hay algunas cosas por las que Dios no muestra consideración, pero nosotros lo haremos”. ¿Qué clase de actitud están adoptando? Es una actitud de resistencia, de juicio y de condena. Someten las cuestiones a escrutinio y luego emiten su juicio. ¿Y cómo juzgan? Dicen: “Sea como sea, Dios es justo, y es en Dios en quien creo, no en un humano. Dios escruta lo más profundo del corazón de las personas”. ¿Qué significa eso? (Que niegan al Dios encarnado). Así es. Niegan a Cristo en su corazón y dan a entender que las palabras de Cristo no representan a Dios necesariamente. Allá donde los actos y las palabras de Cristo contradicen y contravienen sus intereses, intenciones y puntos de vista personales, niegan a Dios. “Sea como sea, es en Dios en quien creo, y Dios es justo. Él escruta lo más profundo del corazón de las personas”. ¿Qué son esas afirmaciones? ¿Son juicios? ¿Cuál es la naturaleza de esas afirmaciones? (La blasfemia). Hablar acerca de las personas a sus espaldas es ser crítico. Hablar de Dios a sus espaldas no es tan solo ser crítico, es cometer blasfemia. ¿Puede alguien que es capaz de blasfemar contra Dios ser un creyente verdadero? ¿Son personas con conciencia y razón? ¿Son personas a las que Dios salvará? Esas personas no son más que lacayos de Satanás, son personas malvadas y deben rechazarse y descartarse.

¿Hay en las iglesias manifestaciones de comentarios acerca de Dios y juicios de Su obra? No son la norma, pero sí que ocurren, puesto que en cualquier iglesia existen incrédulos y personas malvadas. Ahora bien, en circunstancias concretas, ¿puede surgir ese tipo de estado en el corazón de quienes creen genuinamente en Dios? En caso de que surjan cosas como el juicio, la resistencia y la blasfemia en vosotros, ¿cómo respondéis en vuestro interior? ¿Sois capaces de comprender la grave naturaleza del problema? Por ejemplo, digamos que nunca te has casado, pero se dan las circunstancias apropiadas y conoces a una buena pareja potencial con la que tener una relación. A pesar de haberle prometido a Dios que ibas a dedicarle toda tu vida y que no buscarías pareja, en tu corazón sigues teniendo un sentimiento positivo con respecto a esa persona, así que decides tener una relación con ella. Sin embargo, tras iniciar esta, descubres que hay numerosos obstáculos y comprendes que la relación es inapropiada, que Dios no la permite. Quieres renunciar a esa persona, pero eres incapaz de hacerlo, de modo que oras a Dios, te maldices y te rebelas contra ti mismo, y al final se produce una ruptura entre los dos. Tras la ruptura, sufres una inmensa angustia mental. Eso es normal; se trata de la debilidad propia de la naturaleza humana. Sin embargo, no debes quejarte de Dios. ¿Podría la mayor parte de las personas pasar por esa experiencia sin quejarse de Dios? La mayoría sería incapaz, y eso refleja su actitud hacia la verdad y hacia Dios. ¿Qué pensamientos erróneos debe de tener alguien para quejarse de Dios en una situación semejante? (Si yo no creyese en Dios, podría encontrar pareja). ¿Constituye un gran problema un pensamiento así? En cierta manera, esas personas no quieren creer en Dios, quieren rendirse. Piensan: “¿Por qué tuve que elegir la senda de la fe en Dios? Sería fantástico no creer en Él, podría hacer lo que quisiera. No es fácil encontrar una pareja tan idónea. Si la dejo pasar ahora, pronto seré demasiado viejo para que nadie me quiera. ¿Debo abstenerme de volver a buscar a alguien? ¿Es así como pasaré el resto de mi vida?”. Les asaltan pensamientos negativos y de remordimiento, hasta el punto de que ya no desean creer. Esas son manifestaciones de rebelión y traición contra Dios. Sin embargo, no es lo más grave. ¿Qué pensamientos son más graves que esos? ¿Habéis experimentado este tipo de cosas? (No). No haberlo experimentado es, en realidad, bastante peligroso. Quienes han experimentado tales cosas son capaces de ver con claridad algunos de los aspectos de su persona; están relativamente más a salvo, aunque eso no es una garantía absoluta. La tentación que afrontan quienes carecen de esas experiencias no es banal. Deben mantenerse vigilantes, puesto que sucumbirán a la tentación si cometen el menor fallo en su vigilancia. Hay quienes piensan: “Es bueno haber nacido en los últimos días y ser escogido por Dios. Además, soy joven y no tengo ataduras familiares, así que soy libre para cumplir mis deberes; en eso consiste la gracia de Dios. Qué pena que haya una sola desventaja, y es que, aunque conozca a una pareja adecuada, no podré aspirar a tenerla ni casarme con ella. Pero ¿por qué no puedo buscar pareja? ¿Es el matrimonio un pecado? ¿No hay muchos hermanos y hermanas con cónyuges e hijos? ¿Acaso no creen ellos también en Dios? ¿Por qué no se me permite buscar pareja? ¡Dios no es justo!”. Su juicio de Dios y su insatisfacción con Él afloran. Determinan que todo eso es obra de Dios, que todo proviene de Él, así que albergan resentimiento contra Él y dan rienda suelta a sus quejas: “¡Dios es muy injusto conmigo! ¡Es de lo más desconsiderado! Hay otros que pueden casarse, ¿por qué no puedo hacerlo yo? Otros tienen hijos, ¿por qué no puedo yo? Dios da esa oportunidad a otras personas, ¿por qué no me la concede a mí?”. Las quejas y los juicios afloran. ¿Qué clase de estado es ese? (Es un estado de oposición y resistencia). Resistencia, insatisfacción y renuencia. No existe la menor intención de aceptar lo que Dios está haciendo o de someterse a ello; simplemente desean que Él obre de otra forma. No obstante, siguen mostrándose reacios a elegir el matrimonio por temor a que, en el caso de que se casaran y tuvieran ataduras, ya no fueran tan libres ni pudieran cumplir su deber adecuadamente, lo que les impediría ser salvados y entrar en el reino de los cielos más adelante. ¿Qué harían entonces con semejantes remordimientos? En realidad, esa es la senda que tú mismo eliges. Dios concede libre albedrío a las personas. Puedes elegir entre buscar pareja y casarte, o perseguir la verdad y la salvación. Se trata de una elección enteramente personal; que elijas o no de forma correcta no guarda relación con Dios, así que ¿por qué te quejas de Él? ¿Por qué te quejas de que no es justo? ¿Por qué albergas tantas quejas? (Porque mis propios intereses no han quedado satisfechos). Cuando se trata de tus propios intereses, te sientes insatisfecho en tu interior. Piensas que has sufrido un agravio, así que culpas a Dios e incluso buscas motivos para desahogarte. ¿Qué clase de carácter es ese? (Uno malicioso). Eso es malicia. Culpar a Dios y quejarse de que Él no es justo y de que Sus arreglos son inadecuados en situaciones en las que no se han satisfecho los intereses de alguien es propio de un carácter malicioso, intransigente y que no ama la verdad. ¿Cómo surgen esos estados y pensamientos en las personas? Si no fuera por ese tipo de situaciones, ¿surgirían y se revelarían tales cosas? (No). Cuando no te enfrentas a una situación semejante, tus intereses relevantes no entran en conflicto con las exigencias de Dios y no corren ningún tipo de riesgo, de modo que piensas que tu amor y tu búsqueda de Dios son mejores y más fuertes que los de ninguna otra persona. Sin embargo, cuando te enfrentas a una situación así y tus intereses están de por medio, no puedes renunciar a ellos, así que te quejas de Dios. ¿Qué podemos ver a partir de esta cuestión? ¿Qué es lo que suele llevar a las personas a quejarse de Dios y juzgarlo? (Que no se satisfagan sus intereses). Cuando intervienen sus propios intereses, cuando no pueden cumplirse sus intenciones, deseos y planes, las personas se resisten a Dios, lo juzgan y se quejan de Él, y pueden llegar al punto de blasfemar. De hecho, el juicio en sí es un tipo de estado de resistencia; la blasfemia es más grave si cabe. Cuando algo afecta negativamente a sus intereses, se van enfadando cada vez más a medida que piensan en ello, y se sienten más insatisfechos y agraviados. Comienzan a resistirse y, con esas ideas en la cabeza, empiezan a emitir quejas y a juzgar. Eso es una señal de oposición a Dios.

¿Cuáles son algunas de las manifestaciones concretas de la resistencia de una persona a Dios? (No cumplir el deber de forma diligente; ser superficial en el cumplimiento del deber). Eso por un lado. Antes, esa persona podía dedicar el setenta o el ochenta por ciento de su energía al cumplimiento de su deber y entregarse a lo que estuviese haciendo, pero ahora alberga ideas acerca de Dios y siente que no ha recibido Sus bendiciones o gracia a pesar de desempeñar su deber. Aparte de juzgar a Dios como injusto, también hay una renuencia en su corazón; así que solo pone el diez o el veinte por ciento de su esfuerzo en el cumplimiento de su deber y obra de forma completamente superficial. Ese es un tipo de comportamiento de resistencia que viene motivado por un estado rebelde. ¿Qué más manifestaciones hay? (Abandono imprudente). ¿Cómo se manifiesta eso? Por ejemplo, digamos que alguien, al actuar como responsable de un grupo, solía levantarse a las 5:00 de la mañana para asistir a una reunión a las 8:00, a fin de poder orar, dedicarse a sus devociones espirituales y prepararse. Posteriormente, documentaba el contenido para compartirlo en la reunión. Mostraba una actitud seria con respecto al cumplimiento del deber y se entregaba a ello plenamente. Sin embargo, tras ser podado una vez, empezó a pensar: “¿Qué sentido tiene levantarse temprano? Dios no lo ve y nadie me alaba por ello. No hay una sola persona que diga que llevo a cabo mi deber lealmente. Además, a pesar de mis grandes esfuerzos, siempre me están podando. Y tampoco he recibido la aprobación de Dios; parece como si ahora hasta las recompensas del futuro peligrasen”. De modo que, en las siguientes reuniones, ya no se prepara con tiempo ni comparte con entusiasmo, y deja de documentar el contenido. ¿Qué clase de actitud es esa? (Una irresponsable). Es una persona irresponsable y superficial que ya no desea dedicar todo su corazón y sus fuerzas. ¿Por qué es así? Hay algo problemático en su interior. Se resiste y compite con Dios, y piensa: “La forma en que me has podado me incomoda, de modo que así es como te trataré. Antes dedicaba todo mi corazón y mi mente, pero Dios no me dio su aprobación. ¡Dios trata a las personas de forma injusta, así que ya no me esforzaré todo lo posible para cumplir mi deber!”. ¿Qué clase de carácter es ese? Su bestialidad está quedando de manifiesto; niega de corazón la justicia de Dios, así como el hecho de que Dios escrute las profundidades del corazón del hombre y que ame verdaderamente a este; niega la esencia de Dios y lo trata exclusivamente en función de sus propias nociones. ¿Qué clase de conductas se derivan de tratar a Dios de esa forma? La negligencia, el abandono imprudente y la irresponsabilidad, así como las quejas y los malentendidos. Llegará incluso a difundir sus nociones e instigará a otros: “Creer en Dios no te garantiza recibir bendiciones. ¿Y qué bendiciones, en cualquier caso? ¿Las ha visto alguien? Todos seguimos la senda de Pablo. ¿Cuántos podemos ser como Pedro? Buena suerte con que Dios te haga perfecto”. ¿Qué es lo que está difundiendo? Su juicio y sus nociones de Dios, así como su insatisfacción con Él. ¿Cuál es la naturaleza de esa conducta? ¿Es provocadora? (Sí). ¿Por qué este tipo de personas pueden llegar a ser tan provocadoras? Porque sus puntos de vista son incorrectos. Malinterpretan la actitud de Dios hacia las personas, Sus exigencias hacia estas y el enfoque que Él tiene de ellas; carecen de entendimiento de esas cosas. Cuando Dios obra en ellas, no pueden aceptar ni someterse, ni tampoco buscar la verdad. ¿Qué consecuencias se producen en última instancia? La resistencia, el juicio, la condena y la blasfemia. Todo el que tiene un carácter corrupto mostrará esas cosas por naturaleza; la única diferencia será el grado de estas. Es completamente falso que solo las personas malvadas se comporten de esa forma. ¿Estáis de acuerdo? (Sí. Todo el que no persigue la verdad se comporta de esa forma). Así es. Las personas que no persiguen la verdad y aquellas con una humanidad malvada presentan y revelan esos rasgos en mayor o menor grado. Quienes son más diligentes al perseguir la verdad también incurrirán en estados anormales cuando les suceda algo indeseable, pero pueden rectificar a través de la oración, del examen de sí mismos basado en las palabras de Dios, y de la búsqueda de la verdad. Tras rectificar, llegará el arrepentimiento, lo que les permitirá dejar de malinterpretar a Dios y desarrollar cierta sumisión. Si bien esa sumisión en ocasiones puede presentar ciertas impurezas, ser algo forzada o estar un poco por debajo del estándar, mientras dichas personas estén dispuestas a someterse y puedan poner en práctica una pizca de verdad, irán entendiendo de forma gradual todos los aspectos de esta. Sin embargo, si no albergas el menor deseo de someterte, y aun después de examinarte a ti mismo y comprender este problema no buscas la verdad ni la aceptas —y mucho menos aceptas la forma en que Dios te trata—, se producirá un problema. ¿Cuáles serán las consecuencias de esto? Te quejarás, juzgarás imprudentemente y hablarás sin contenerte; carecerás del más mínimo ápice de un corazón temeroso de Dios. En los casos más leves, te quejarás en casa y romperás la vajilla en pedazos para desahogar tu ira. Te apartarás de Dios y te mostrarás reacio a acudir ante Él y orar. En los casos más graves, difundirás tu negatividad y tus nociones cuando te encuentres con los hermanos y las hermanas, y causarás trastornos y perturbación. Si aun entonces sigues sin arrepentirte, es probable que provoques su indignación, y que te echen o expulsen de la iglesia.

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