Para cumplir bien con el deber, al menos se ha de tener conciencia y razón (Parte 1)

Muchas personas son descartadas tras cumplir su deber durante solo un año o dos, o entre tres y cinco. ¿Cuál es la principal razón de esto? Se podría decir que se debe, ante todo, a que esas personas no tienen conciencia ni razón y carecen de humanidad. No solo no aceptan la verdad, sino que también trastornan y perturban, y siempre cumplen con su deber de manera superficial. Independientemente de cómo se les comparta la verdad, nunca escuchan y se muestran desafiantes y poco dóciles cuando se las poda. Al final, no queda otra opción que echarlas y descartarlas. ¿Qué problema ejemplifica esto? Que para cumplir con sus deberes, las personas deben poseer, como mínimo, conciencia y razón; sin ellas, les será difícil mantenerse firmes. Todo aquel que carezca de conciencia y razón no tiene humanidad y no puede aceptar la verdad, por lo que Dios no puede salvarlo y, aunque trabaje, no lo hará de forma adecuada. Es necesario que comprendas este problema con claridad. En el futuro, cuando te encuentres con personas que no tienen conciencia ni razón (es decir, personas que no tienen humanidad), debes echarlas enseguida.

Algunas personas no asumen ninguna responsabilidad cuando cumplen con su deber, son siempre superficiales. Aunque detectan el problema, no están dispuestas a buscar una solución, les asusta ofender a la gente, por lo que hacen las cosas con prisas y, por ende, hace falta volver a hacer el trabajo. Como estás desempeñando este deber, has de hacerte responsable de él. ¿Por qué no te lo tomas en serio? ¿Por qué estás siendo superficial? ¿Eres negligente en tus responsabilidades cuando cumples tu deber de esta manera? No importa quién asuma la responsabilidad principal, todos los demás son responsables de vigilar las cosas, todos deben tener esta carga y este sentido de la responsabilidad; pero ninguno de vosotros prestáis atención, sois realmente superficiales, no tenéis lealtad, sois negligentes en vuestros deberes. No es que seáis incapaces de detectar el problema, sino que no estáis dispuestos a asumir la responsabilidad; cuando detectáis el problema tampoco deseáis prestarle ninguna atención a este asunto, os conformáis con un “basta con eso”. ¿Acaso ser superficial de esta manera no es un intento de engañar a Dios? Si, cuando Yo obro y comparto la verdad con vosotros, pensara que “basta con lo mínimo”, entonces, como corresponde a cada una de vuestras aptitudes y búsquedas, ¿qué podríais ganar con eso? Si Yo tuviera la misma actitud que vosotros, no podríais ganar nada. ¿Por qué lo digo? En parte porque no hacéis nada con seriedad, y en parte porque tenéis bastante poca aptitud, estáis bastante adormecidos. Como os veo a todos adormecidos y sin amor por la verdad, y no la perseguís, sumado a vuestra poca aptitud, debo hablar de forma detallada. Debo desgranarlo todo, desglosar las cosas y fragmentarlas en Mi discurso, y hablar de ellas desde todos los ángulos, en todos los sentidos. Solo así las entendéis un poco. Si Yo fuera superficial con vosotros y hablara un poco de cualquier tema cuando me apeteciera, sin meditarlo ni esmerarme, sin volcarme en ello, sin hablar cuando no me apeteciera, ¿qué podríais obtener? Con aptitudes como las vuestras, no comprenderíais la verdad. No obtendríais nada, y ni mucho menos alcanzaríais la salvación. Pero no puedo hacer eso, sino que debo hablar en detalle. Debo ser minucioso y dar ejemplos sobre los estados de cada tipo de persona, las actitudes que la gente tiene hacia la verdad, y cada tipo de carácter corrupto; solo entonces comprenderéis lo que estoy diciendo, y entenderéis lo que escucháis. Sea cual sea el aspecto de la verdad que se comparta, Yo hablo de diversas maneras, con estilos de enseñanza para adultos y para niños, y también en forma de razonamientos e historias, utilizando la teoría y la práctica, y hablando de experiencias, para que la gente pueda comprender la verdad y entrar en la realidad. De este modo, los que tengan calibre y corazón tendrán la oportunidad de entender y aceptar la verdad y salvarse. Pero vuestra actitud hacia el deber siempre ha sido de superficialidad, de dejarse llevar, y no os preocupáis por el largo retraso que provocáis. No reflexionáis sobre cómo buscar la verdad para resolver los problemas, no pensáis en cómo realizar vuestro deber correctamente para poder dar testimonio de Dios. Esto es descuidar vuestro deber. Por eso vuestra vida crece muy lentamente, pero no os molesta el tiempo que habéis perdido. De hecho, si cumplierais con vuestro deber de forma concienzuda y responsable, no tardaríais ni siquiera cinco o seis años en poder hablar de vuestras experiencias y dar testimonio de Dios, y las diversas tareas se llevarían a cabo con gran efecto; pero vosotros no estáis dispuestos a ser considerados con las intenciones de Dios, ni os esforzáis por alcanzar la verdad. Hay algunas cosas que no sabéis hacer, así que Yo os doy instrucciones precisas. No tenéis que pensar; simplemente tenéis que escuchar y poneros a hacerlas. Esa es la única parte de responsabilidad que debéis asumir; sin embargo, hasta eso queda fuera de vuestro alcance. ¿Dónde está vuestra lealtad? ¡No se ve por ningún lado! Lo único que hacéis es decir cosas agradables. En vuestros corazones, sabéis lo que debéis hacer, pero simplemente no practicáis la verdad. Esto es rebelión contra Dios, y en el fondo, es una falta de amor por la verdad. Sabéis muy bien en vuestros corazones cómo actuar de acuerdo con la verdad, pero no la ponéis en práctica. Este es un problema serio; tenéis la verdad justo delante y no la ponéis en práctica. No sois alguien que se someta a Dios en absoluto. Para cumplir con un deber en la casa de Dios, lo mínimo que debéis hacer es buscar y practicar la verdad y actuar de acuerdo con los principios. Si no podéis practicar la verdad en el cumplimiento de vuestro deber, entonces ¿dónde puedes practicarla? Y si no practicas nada de verdad, entonces eres un incrédulo. ¿Cuál es tu propósito, en realidad, si no aceptas la verdad, y mucho menos la practicas, y simplemente andas sin rumbo en la casa de Dios? ¿Deseas hacer de la casa de Dios tu hogar de retiro o una casa de caridad? Si es así, te equivocas: la casa de Dios no se ocupa de los gorrones, los buenos para nada. Todo aquel de pobre humanidad, que no cumpla con su deber de buena gana, que no sea apto para cumplir con un deber, debe ser echado; todos los incrédulos que no aceptan la verdad en absoluto han de ser descartados. Algunos entienden la verdad, pero no pueden ponerla en práctica al cumplir con sus deberes. Cuando ven un problema, no lo resuelven, y si bien saben que es su responsabilidad, no se entregan a ello por completo. Si ni siquiera cumples con responsabilidades que eres capaz de cumplir, ¿qué valor o efecto podría tener cumplir tu deber? ¿Tiene sentido creer en Dios de esta manera? Alguien que comprende la verdad, pero no la práctica, que no puede soportar las adversidades que le corresponden, no es apta para cumplir con un deber. Algunas personas que cumplen un deber en realidad lo hacen solo para que las alimenten. Son vagabundos. Creen que, si hacen unas pocas tareas en la casa de Dios, se les proveerá de casa y comida, que se cubrirán sus necesidades sin tener que trabajar. ¿Existe acaso semejante intercambio? La casa de Dios no provee a los holgazanes. Si alguien que no practica la verdad en lo más mínimo y que sistemáticamente es superficial en el cumplimiento de su deber dice creer en Dios, ¿Él lo reconocerá? Todas esas personas son incrédulas y, a ojos de Dios, malhechoras.

Las personas que de verdad creen en Dios cumplen con su deber de manera voluntaria, sin calcular lo que van a ganar o perder. No importa si eres alguien que busque la verdad, debes confiar en tu conciencia y razón y esforzarte realmente cuando cumplas con tu deber. ¿Qué significa esforzarse de verdad? Si te conformas simplemente con cierto esfuerzo simbólico y con padecer algunas dificultades físicas, pero no te tomas nada en serio el deber ni buscas los principios-verdad, esto no es más que superficialidad, no un esfuerzo real. La clave para esforzarse implica volcarte en ello, temer a Dios de corazón, ser considerado con Sus intenciones, tener miedo a rebelarte contra Dios y lastimarlo, y padecer cualquier dificultad a fin de cumplir bien con el deber y satisfacer a Dios: si tienes un corazón amante de Dios como este, sabrás cumplir correctamente con el deber. Si no temes a Dios de corazón, no tendrás ninguna carga cuando cumplas con el deber, no tendrás interés por él e, inevitablemente, serás superficial y cumplirás con las formalidades sin producir ningún efecto real, lo cual no supone cumplir con un deber. Si realmente tienes sentido de la carga y crees que cumplir con el deber es responsabilidad personal tuya, que, si no lo haces, no eres apto para vivir y eres una bestia y que solo si cumples correctamente con el deber eres digno de ser calificado de humano, y si además eres capaz de enfrentarte a tu propia conciencia —si tienes este sentido de la carga cuando cumples con el deber—, entonces podrás hacerlo todo a conciencia y sabrás buscar la verdad y hacer las cosas de acuerdo con los principios, con lo que sabrás cumplir correctamente con el deber y satisfacer a Dios. Si eres digno de la misión que Dios te ha otorgado, de todo lo que Él ha sacrificado por ti y de lo que espera de ti, entonces esto es lo que supone esforzarse de verdad. ¿Lo entiendes ahora? Si simplemente actúas por inercia al cumplir con tu deber y no buscas en absoluto lograr resultados, eres un hipócrita, un lobo con piel de cordero. Puede que engañes a las personas, pero no puedes engañar a Dios. Si no hay un precio real y no hay lealtad cuando lleváis a cabo vuestro deber, entonces no está a la altura. Si no os esforzáis genuinamente por vuestra fe en Dios y el cumplimiento de vuestro deber, si siempre deseáis hacer las cosas mecánicamente y sois superficiales en vuestras acciones, como un no creyente que trabaja para su jefe; si solo hacéis un esfuerzo simbólico, no usáis vuestra mente, salís del paso cada día según se presenten las cosas; si no informáis de los problemas cuando los veis, si veis algo derramado y no lo limpiáis y si desestimáis indiscriminadamente todo lo que no es para vuestro beneficio, entonces, ¿no es esto un problema? ¿Cómo podría alguien así ser miembro de la casa de Dios? Tales personas son no creyentes; no son de la casa de Dios. Ni una sola de ellas es reconocida por Dios. Si estás siendo sincero y te has esforzado a la hora de cumplir con tu deber, Dios lo tiene en cuenta, y tú también lo sabes de sobra. Así pues, ¿alguna vez os habéis esforzado realmente en cumplir con vuestro deber? ¿Alguna vez os lo habéis tomado en serio? ¿Lo habéis tratado como vuestra responsabilidad, como vuestra obligación? ¿Os habéis responsabilizado de ello? Debéis conocer adecuadamente estos asuntos y reflexionar sobre ellos, lo que facilitará la solución de los problemas que existen en el cumplimiento de vuestro deber, y será beneficioso para vuestra entrada en la vida. Si sois siempre irresponsables en el cumplimiento del deber, y no informáis de los problemas a los líderes y obreros cuando los descubrís, ni buscáis la verdad para resolverlos por vuestra cuenta, siempre pensando que “cuantos menos problemas, mejor”, viviendo siempre según filosofías para los asuntos mundanos, siendo siempre superficiales en el cumplimiento de vuestro deber, no teniendo nunca ninguna lealtad, y no aceptando la verdad en absoluto cuando se os poda, si realizáis vuestro deber de esta manera, estáis en peligro; sois trabajadores. Los trabajadores no son miembros de la casa de Dios, sino empleados, trabajadores contratados. Una vez el trabajo termine, serán descartados, y naturalmente se verán sumidos en la catástrofe. Las personas de la casa de Dios son diferentes; cuando cumplen con su deber, no es por dinero ni para esforzarse ni para obtener bendiciones. Piensan: “Soy miembro de la casa de Dios. Lo que concierna a la casa de Dios me concierne a mí. Los asuntos de la casa de Dios son mis asuntos. Debo poner el corazón en ella”. A causa de esto, ponen el corazón en todo asunto que concierna a la casa de Dios y asumen la responsabilidad de ello. Se hacen responsables de todo lo que se les pueda ocurrir y cuanto puedan ver. Están atentos a todo aquello que deba atenderse y se toman las cosas con seriedad. Esa es la gente de la casa de Dios. ¿Sois vosotros así? (No). Si solamente codiciáis las comodidades de la carne, no prestáis atención al ver los asuntos que necesitan ser atendidos en la casa de Dios, no recogéis una botella de aceite que se ha caído, y vuestro corazón sabe que hay un problema, pero no queréis resolverlo, entonces no estáis tratando a la casa de Dios como propia. ¿Sois vosotros así? Si así es, habéis caído tan bajo que no existe diferencia entre vosotros y los no creyentes. Si no os arrepentís, entonces corresponde consideraros ajenos a la casa de Dios; debéis ser apartados y descartados. Lo cierto es que Dios desea en Su corazón trataros como miembros de Su familia, y sin embargo no aceptáis la verdad y sois siempre superficiales e irresponsables al cumplir con vuestro deber. No os arrepentís, da igual cómo se os comparta la verdad. Sois vosotros los que os habéis colocado fuera de la casa de Dios. Dios desea salvaros y convertiros en miembros de Su familia, pero vosotros no lo aceptáis. Estáis entonces fuera de Su casa, sois no creyentes. A quienquiera que no acepte el menor atisbo de verdad solo se le puede tratar como a un no creyente. Eres tú el que ha decidido tu propio desenlace y posición. Has decidido que sea fuera de la casa de Dios. ¿Quién tiene la culpa de eso aparte de ti? Me he dado cuenta de que muchas personas son como animales desanimados: día tras día, solo saben comer y trabajar, nunca comen ni beben la palabra de Dios ni comparten la verdad. No entienden nada sobre las cuestiones espirituales de la vida y siempre viven como no creyentes; son bestias disfrazadas de humanos. Estas personas son completamente inútiles y no sirven ni para trabajar. Son holgazanas, se las debe descartar y despachar enseguida y ninguna de ellas debería estar autorizada a quedarse. Las personas que de verdad creen en Dios son las que son capaces de aceptar la verdad; quienes, sin importar cómo se les comparte la verdad, ni cómo se las poda, son capaces de someterse; son personas que poseen esta razón y que, además, son capaces de escuchar y someterse cuando realizan su deber. No importa qué deber realicen, son capaces de asumir la responsabilidad, de cumplir la tarea como se debe y de aceptar esta obra. Son las únicas personas que merecen ser llamadas humanas y solo ellas son miembros de la casa de Dios. Aquellos que trabajan no son más que gorrones, Dios los desdeña, no son hermanos y hermanas y son incrédulos. Si los tratas como hermanos y hermanas, eres ciego e insensato. Este es el momento de que cada cual se agrupe con los de su clase. Es el momento en el que Dios revela a las personas y las descarta. Si de verdad sois creyentes, debéis perseguir la verdad bien y realizar bien vuestro deber. Si puedes dar algún testimonio vivencial, eso demuestra que eres una persona que ama la verdad y que posees ciertas realidades-verdad. Pero, si no eres capaz de dar ningún testimonio vivencial, eres un trabajador y corres peligro de que se te descarte. Si realizas bien tu deber y eres responsable y leal, eres un trabajador leal y puedes quedarte. Se debe descartar a cualquiera que no sea trabajador leal. Por tanto, solo si realizas bien tu deber, podrás mantenerte firme en la casa de Dios y te librarás de la calamidad. Cumplir bien tu deber es crucial. Como mínimo, las personas de la casa de Dios son gente honesta. Son personas dignas de confianza en el desempeño de su deber, que pueden aceptar la comisión de Dios y realizar su deber con lealtad. Si las personas no tienen fe verdadera ni conciencia ni razón, y si no tienen un corazón temeroso ni sumiso a Dios, entonces no son adecuadas para llevar a cabo sus deberes. Aunque cumplan su deber, lo hacen descuidadamente. Son trabajadores, personas que no se han arrepentido de verdad. Este tipo de trabajadores tarde o temprano serán descartados; solo estarán a salvo los leales. A pesar de que los trabajadores leales no tienen las realidades-verdad, poseen conciencia y razón, son capaces de realizar sus deberes con sinceridad y Dios les permite estar a salvo. Aquellos que poseen las realidades-verdad y que pueden dar testimonio rotundo de Dios, son Su pueblo, y también estarán a salvo y serán llevados al reino de Dios.

Ahora mismo, a juzgar por las actitudes que albergáis ante vuestros deberes, vuestra eficacia al hacer las cosas y los resultados que obtenéis en vuestros deberes, seguís todavía sin cumplir vuestros deberes adecuadamente. Esto se debe a que sois demasiado superficiales y abordáis un número excesivo de cosas sin estar convencidos de ellas; no prestáis atención a demasiados asuntos y dais excesivas muestras de estar siguiendo los preceptos. ¿A qué se debe? ¿Tiene relación con vuestra aptitud y vuestras búsquedas? Así es como la gente con un calibre muy bajo y las personas atolondradas llevan a cabo sus deberes, y también es así como los cumplen todos aquellos que no persiguen la verdad. Entonces, ¿qué es lo que perseguís todos vosotros, exactamente? ¿Sois personas que persiguen la verdad? (No). Resulta bastante obvio que no sois personas que persiguen la verdad. Teniendo en cuenta vuestra estatura actual, todos vosotros deberíais practicar tanta verdad como seáis capaces de entender, sin importar cuán profunda es vuestra comprensión con respecto a ella. ¿Es sencillo para vosotros hacerlo? Partiendo de vuestro entorno externo y de los factores subjetivos, es probable que todos experimentéis algunas dificultades para hacerlo. No obstante, no sois personas malvadas, no sois anticristos, y vuestra humanidad no es tan mala. Además, aunque la mayoría seáis de calibre medio, deberíais, aun así, ser capaces de captar la verdad. Esto es garantía de que no os resultaría tan difícil perseguir la verdad. Es posible que algunas verdades más profundas superen vuestra comprensión, pero si hablo sobre ellas en términos más concretos y detallados, seréis capaces de entenderlas y captarlas. Mientras podáis comprender la verdad, sin importar el grado de profundidad de vuestro entendimiento, y siempre que tengáis una senda, sabréis cómo practicar. Esta es una condición básica para lograr la búsqueda y la práctica de la verdad, y todos vosotros la cumplís. Por consiguiente, todos deberíais ser capaces de perseguir y practicar la verdad. Entonces, ¿cómo es que no habéis conseguido practicarla? ¿Hay algo que os lo haya impedido? No debería de haber ningún impedimento, y todos vosotros deberíais ser capaces de practicar la verdad y hacer cosas conforme a los principios dentro del alcance de vuestros deberes. Tenéis esta maravillosa oportunidad y, sin embargo, no podéis lograrlo. ¿Qué demuestra esto? En primer lugar, que os desagrada la verdad y no tenéis interés por ella. En segundo lugar, que carecéis de una verdadera comprensión acerca de cómo perseguir y practicar la verdad, y no entendéis el significado, la importancia y el valor de practicarla ni cuán preciosa es su práctica. Si no comprendéis nada de todo esto, solo improvisáis, no mostráis interés por la verdad ni por su práctica y os seguís preguntando: “¿Cuál es la ventaja de hacer las cosas conforme a los principios y de practicar la verdad?”. Estos pensamientos demuestran que no entendéis el valor de la verdad, que aún no habéis experimentado personalmente los beneficios de hacer las cosas conforme a los principios y de practicar la verdad y que no tenéis ningún sentido de su importancia, de ahí vuestra falta de interés por practicarla. Pese a que os interese en cierta medida escuchar los sermones y tengáis algo de curiosidad, mostráis poco interés cuando se plantea el tema de practicar la verdad. Algunas personas están dispuestas a escuchar sermones y leer la palabra de Dios, y también se prestan a practicar la verdad mientras hacen cosas, pero cuando llega el momento de practicarla, realmente no están a la altura. Sus preferencias y filosofías para los asuntos mundanos salen a la luz y sus actitudes corruptas como la pereza, el deseo de comodidades, el engaño y la disputa por el estatus quedan en evidencia. Son totalmente irresponsables al realizar sus deberes y nunca gestionan las cosas de conformidad con los principios-verdad. Lo único que hacen es esforzarse y trabajar; en tanto eviten el sufrimiento, se sienten satisfechas y carecen de conciencia acerca de nada. Incluso cuando saben que no han ejecutado sus deberes adecuadamente, no reflexionan sobre sí mismas, sino que continúan cumpliendo sus deberes de manera superficial. A la larga, se adormecen y se vuelven torpes e indolentes. Ese es el estado de un trabajador.

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