Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios (Parte 3)

¿Cuál es la siguiente línea? (“Debes tener una tremenda aspiración por Dios, buscar vorazmente”). Todos estos son requerimientos que Dios hace del hombre. Si las personas quieren entender la verdad y obtener la salvación, sus corazones deben anhelar esto, deben tener la voluntad de buscarlo, y deben contar con un anhelo real. Entonces, deben practicar y entrar de acuerdo con la senda de práctica establecida por Dios. Paulatinamente, Dios llevará a estas personas a la realidad-verdad y a un estado correcto y normal. Tales personas comprenderán cada vez más las verdades de las palabras de Dios de una manera cada vez más práctica. Al final, los muchos estados anormales que poseen, la corrupción revelada en ellas y su rebeldía se resolverán poco a poco por los diversos métodos de la obra de Dios en los muchos y diversos ambientes que Él dispone. Entonces pues, ¿qué es lo que debéis entender? Esto: las cosas que la gente debe hacer, las que debe poner en práctica, deben cumplirse de acuerdo con los requerimientos de Dios. Cuando las personas practiquen y actúen de acuerdo con los requerimientos de Dios, caminarán por la senda correcta que Él les ha señalado. Cuando caminen por esta senda correcta, Dios, a Su manera y según Sus requerimientos y principios, les concederá una porción apropiada a su debido tiempo. ¿Qué deben entender al respecto? La cooperación de las personas, el precio que pagan y sus esfuerzos son indispensables. La gente debe actuar y practicar de acuerdo con los requerimientos de Dios. No deben actuar de acuerdo con los deseos humanos o sobre la base de figuraciones y nociones humanas. Qué resultado final se logra, cuánto puede cambiar alguien, cuánto puede ganar: ¿vienen estas cosas determinadas por los deseos de la persona individual? No, eso es asunto de Dios, y no tiene nada que ver contigo. Al final, qué te da Dios, cuánto y cuándo te lo da, a qué edad recibes lo que te da: eso es asunto de Dios y no tiene nada que ver contigo. ¿Qué quiero decir con esto? Que lo único que tienes que hacer es concentrarte en practicar la verdad, entrar de acuerdo con la senda que Dios te da, actuar como corresponde a un ser creado y prestar la colaboración que te corresponde. En cuanto a qué y cuánto recibirás, cuándo lo recibirás, y cómo Dios dispondrá de estas cuestiones, eso es asunto Suyo y tendrá lugar en el momento que Él quiera. Hay quien dice: “Si pongo esto en práctica, ¿me salvaré al final?”. Decidme, ¿creéis que podrá salvarse? Estas palabras y verdades que Dios ha otorgado y proporcionado al hombre son la senda de este hacia la salvación. Si practicas de acuerdo con estas palabras y verdades de Dios y entras en la realidad de Su palabra, ¿todavía tienes que preocuparte de que no puedas salvarte? ¿Te sigues pasando los días preocupado y ansioso por miedo a que Dios te abandone? ¿No obedece esto a la falta de fe y a la incomprensión de las intenciones de Dios? Si has entrado realmente en la realidad-verdad, si tu corazón tiene paz y gozo, si puedes dar testimonio vivencial real y tienes una relación normal con Dios en tu corazón, ¿seguirás preocupado porque no te vas a salvar? No te preocupes, no es asunto tuyo. Solo debes practicar y entrar en la palabra de Dios. En la palabra de Dios, ninguna línea carece de importancia. Toda la palabra de Dios es la verdad, y la verdad es la vida que el hombre debe tener. El conjunto de las palabras de Dios es lo que la gente necesita y debe poseer para alcanzar la salvación. Si sigues estas palabras de Dios en la práctica, pero sigues preocupado por no salvarte, ¿acaso eres un necio y un ignorante? ¿Son tus nervios hipersensibles? Disfrutarías más si, en lugar de albergar esos pensamientos ociosos, mostraras consideración por las intenciones de Dios. Si caminas por la senda correcta, el destino final al que llegues será sin duda el correcto: el destino que Dios ha especificado para ti. No te equivocarás. Por tanto, si practicas y cumples los requerimientos de Dios, no necesitas preocuparte de si te puedes salvar o no. Basta con practicar y buscar la senda de la salvación señalada por Dios, ese es el camino correcto. Algunas personas dicen: “¿Qué se siente al alcanzar la salvación? ¿Sentiremos que flotamos en el aire? ¿Nos sentiremos diferentes a como nos sentimos ahora?”. Esta pregunta es un poco prematura. No es algo que necesites saber ahora mismo. Lo averiguarás cuando estés realmente salvado. Algunas personas dicen: “Cuando me salve, ¿se me aparecerá Dios como se le apareció a Job?”. ¿Es esta una petición razonable? No pidas esto. Todavía no sabes si te puedes salvar, así que ¿de qué sirve hacer esta petición? De nada. Por ejemplo, digamos que actualmente estás en la escuela primaria. Deberías centrarte en rendir bien en todas tus clases y satisfacer las exigencias de tu profesor. No pienses siempre en “¿A qué universidad iré en el futuro? ¿Qué tipo de trabajo tendré más adelante?”. Pensar en esas cosas es inútil. Queda demasiado lejos y es poco realista. Mientras practiques y entres en métodos y sendas correctos, sin duda podrás alcanzar el objetivo final. Además, con la guía de Dios, ¿de qué seguís teniendo miedo? ¿Crees que Dios es tu Todopoderoso? (Sí). Dios es todopoderoso, entonces ¿le supone alguna dificultad salvar a una persona pequeña como tú? Para Dios, no sería difícil hacerse con el mundo entero y entregártelo, así que ¿cómo iba a resultarle difícil salvar a un pequeño ser humano corrupto? Entonces, ¿sigue haciendo falta que estés ansioso? No te preocupes de si Dios puede salvarte, no te preocupes de si Sus palabras pueden salvarte. En su lugar, debes preocuparte de si puedes entender las palabras de Dios y puedes encontrar una senda de práctica en ellas. Debes preocuparte de si has entrado ahora en la realidad de las palabras de Dios y si, en tus acciones, estás caminando por la senda que Dios ha indicado. Eso es mucho mejor. Pensar sobre estas cosas es práctico y realista. Resulta inútil preocuparse por nada más.

¿Cuál es la línea siguiente? (“Rechazas las excusas, intenciones y trampas de Satanás”). Acabamos de hablar sobre esta línea, así que este problema debe ser fácil de resolver. Solo hace falta que el hombre entienda que, la mayor parte del tiempo, “las excusas, intenciones y trampas de Satanás” surgen de las diversas razones, excusas, intenciones y trampas producidas por el carácter corrupto del hombre, además de a partir de los métodos que usan diversas personas malvadas y los incrédulos con los que entras en contacto. Respecto a cómo puedes distinguir y rechazar tales cosas y las decisiones que debes tomar, esa es tu búsqueda personal. Leed la siguiente línea. (“No desesperes. No seas débil. Busca de todo corazón; espera de todo corazón”). Acabamos de hablar también en detalle sobre esta línea. Para el hombre, cada línea es una advertencia y un recordatorio y, al mismo tiempo, una especie de apoyo, ayuda y provisión. Por supuesto, estas palabras contienen la intención de Dios para la humanidad y acarrean Su esperanza desbordante para esta. Cuando las personas se topan con debilidades y dificultades, Dios no quiere que pierdan la esperanza, la fe, su aspiración a buscar la verdad y la salvación, ni que tampoco pierdan la oportunidad de obtener la verdad y ser perfeccionadas por Él. Dios no quiere que la gente sea cobarde. En cambio, sin que importe con cuántas dificultades se topen, lo débiles que sean y cuánta corrupción revelen, Dios espera que las personas nunca se den por vencidas, que perseveren a pesar de todo, continúen buscando la verdad, sigan las sendas de práctica que Dios les ha indicado en su búsqueda, y conserven aún un corazón con un tremendo deseo por Dios. La fe de las personas en Dios debe crecer cada vez más con la experiencia y con la comprensión de las palabras de Dios, y no deben encogerse ante la debilidad, volverse negativas ante las dificultades, sollozar cuando se revela un poco de corrupción y retroceder en lugar de avanzar. Dios no quiere ver manifestaciones como estas. Dios espera que las personas se dirijan a Él de todo corazón, sin que esto cambie nunca por cuestiones de tiempo, entorno, ubicación física o cualquier otra situación que surja. Si no cambia tu deseo de buscar a Dios y tu determinación de hacerlo no decae, Él verá y conocerá tu corazón sincero. Al final, lo que Dios te conceda superará todo lo que puedas desear. Durante las décadas en que Job experimentó la soberanía de Dios, nunca se atrevió a imaginar que Dios le hablaría o se le aparecería en persona. Nunca se atrevió a imaginarlo, pero Dios se le apareció después de su última prueba, hablándole en persona desde un torbellino. ¿No va eso más allá de cualquier cosa que el hombre podría pedir? (Sí). Esto va más allá de cualquier cosa que alguien pudiera pedir, y nadie se atreve siquiera a contemplar la idea. Haga lo que haga Dios, el hombre debe permanecer en su lugar correspondiente, hacer lo que debe, caminar por la senda que debe caminar, cumplir con los deberes que se le han encomendado sin ir más allá de lo que se le pide, y abstenerse de hacer cosas que Dios detesta. Siempre que sientas que estás pidiendo demasiado a Dios, que tus peticiones son producto de ambiciones y deseos y de falta de razón, debes presentarte inmediatamente ante Él, postrarte y confesar tus pecados. Debes arrepentirte de verdad y rectificarte de todo corazón. Esto es lo que Dios exige de la humanidad y lo que espera de todo aquel que le sigue y ama la verdad.

Terminamos aquí nuestra charla sobre este pasaje. Tras tanta enseñanza, he ordenado lo que se debe ordenar y os he hecho comprender lo que es adecuado que el hombre comprenda. Esta clase de charla tiene por objeto indicaros cómo leer las palabras de Dios, enseñaros la manera de hacerlo y haceros saber a todos que ningún pasaje de Su palabra se pronuncia en vano. Todos ellos rebosan de las intenciones de Dios y acarrean Sus esperanzas. Vistas así, todas las palabras de Dios son cosas que, sean profundas o sencillas, el hombre debe poseer y acatar. Unas pocas palabras sencillas contienen los principios de práctica a los que el hombre más debería atenerse, si bien nadie lo logra. Nadie da importancia a esas pocas palabras de Dios ni las tiene en cuenta. Decidme, ¿hasta qué punto está adormecido el hombre? En realidad, adormecido es una buena manera de definirlo. De hecho, la arrogancia sin límites del hombre es la causa de que todos desdeñen esas palabras y no deseen verlas ni leerlas. ¿Qué quieren leer? Quieren leer palabras profundas, elevadas, filosóficas y metódicas. No habléis sobre semejantes palabras elevadas y profundas, basta con que la gente pueda entender esas otras pocas sencillas. Estas palabras pueden parecer sencillas y cualquiera que las lea es capaz de entenderlas, pero ¿quién las pone realmente en práctica? En realidad, ¿quién presenta ante Dios las cosas que le suceden y ora? ¿Quién espera la hora de Dios sin preocuparse por hallar soluciones? ¿Cuántas personas pueden practicar así? Hasta ahora, no he encontrado a nadie que haya acatado y practicado esas palabras de Dios ni tampoco que se haya sentido atraído por ellas y las haya valorado después de comprobar lo sentidas, sinceras y preciosas que son. Al oíros reproducir ese himno hace un momento, os he preguntado cómo comíais y bebíais este pasaje de la palabra de Dios. ¿Alguien ha descubierto la intención de Dios a partir de esas pocas palabras simples, sencillas y directas al orar-leerlas? ¿Alguien las ha orado-leído para encontrar la senda de práctica que el hombre debe comprender y en la que debe entrar? ¿Alguien ha comprendido alguna verdad a partir de ellas? Mi pregunta es si las verdades que esas palabras contienen han rendido frutos en las personas. ¿Han surtido efecto? Nuestra charla ha demostrado que en realidad no. Vuestra estatura es demasiado pequeña. Parece que la mayoría de las palabras pronunciadas por Dios a lo largo de estos años aún no han echado raíces en vuestro corazón. No habéis llegado al nivel en el que las atesoráis como verdades. Eso no es un buen augurio. No es una buena señal. Algunas personas dicen: “Estamos demasiado ocupados cumpliendo con nuestros deberes diarios. No tenemos tiempo para reflexionar sobre las palabras de Dios”. En realidad, no es que no tengan tiempo, es que no se esfuerzan ni prestan atención. Sea cual sea el deber que alguien realiza, ¿puede este afectar a la forma en que reflexiona sobre las palabras de Dios en su corazón? ¿Acaso no puede reflexionar sobre las palabras de Dios mientras come y descansa? Todo depende de si se tiene el deseo de hacerlo. La gente piensa que estar tan ocupado significa que uno está satisfecho. En realidad, cuando tengas tiempo libre para pensar, te darás cuenta de que nunca has reflexionado verdaderamente sobre ninguna de las palabras de Dios en tu corazón. No has retenido nada y dichas palabras no se han convertido en tu guía de vida ni en tu criterio de práctica. Cuando consideres eso, te avergonzarás. Tus ocupaciones no son más que una ilusión que te lleva a engaño. Te hace sentir que, gracias a tu fe en Dios, tu vida está llena en lugar de vacía, que eres diferente de la gente del mundo y que no persigues las tendencias mundanales, sino que te encuentras entre las personas más rectas, cooperas en la obra de Dios y llevas a cabo acciones rectas. Te parece que ya estás salvado, o que ya has emprendido el camino de la salvación. Algunas personas llegan a pensar que ya son vencedores. Teniendo en cuenta todo eso, incluso adoptáis ese tipo de actitud ante un himno tan sencillo y unas cuantas palabras simples de Dios, las primeras que expresó. Nadie ha ganado nada ni ha encontrado ningún esclarecimiento en esas palabras, así como tampoco las ha puesto en práctica de ninguna manera. No veo a nadie que haya obtenido ningún beneficio o resultado para sí mismo. ¿Es eso bueno o malo? (Malo). Durante estos años, habéis estado cumpliendo afanosamente vuestros deberes y os habéis mantenido especialmente ocupados con la obra del evangelio. Habéis alcanzado cierto éxito y vuestro corazón se siente de maravilla. De un modo u otro, se ha difundido la palabra de Dios y la obra del evangelio. La palabra de Dios ha llegado a gente de todos los países y regiones, y la están comiendo y bebiendo más personas. En apariencia, parece que habéis alcanzado el éxito, pero ¿tenéis alguna pista sobre ese gran asunto de la vida que es vuestra salvación? A juzgar por la actitud de la gente ante este pasaje de la palabra de Dios, no tienen ni idea. En pocas palabras: no saben ni por dónde empezar. Decidme, ¿cómo me siento al veros a todos así? Se trata simplemente de unas pocas palabras sencillas, pero tengo que seguir desarrollándolas y discutiéndolas en detalle con vosotros. Mis palabras son demasiado exhaustivas y detalladas. ¿Estáis dispuestos a escuchar? ¿Diríais que insisto demasiado? Tampoco quiero ser tan insistente. Todos parecéis rectos. Todos tenéis un poco de cerebro y conocimiento, y la mayoría poseéis alguna destreza. Aun así, no prestáis atención a las escasas palabras de este himno y no las habéis guardado en vuestro corazón. Hasta ahora, ni una sola persona ha entrado en la realidad de esas palabras. ¡Eso sí que es un quebradero de cabeza y un fastidio! Entonces, ¿cuál es el objetivo de todo el trabajo que hacéis en la iglesia? Pablo dijo: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia”, ¿acaso este objetivo al que se refiere es el mismo que el vuestro? Si es así, entonces todos sois como Pablo y las consecuencias no pueden ser buenas. ¿Verdad? (Sí). Si no trabajas duro al comer y beber las palabras de Dios, tarde o temprano serás descartado, y no obtendrás nada. El día que te descarten, dirás: “¿Qué he ganado?”. Nada de nada, así que te avergonzarás por completo e incluso desearás estar muerto. Es demasiado patético. Las palabras de Dios son amplias y abundantes, y versan sobre todas las cuestiones. Qué pena que nunca hayas puesto tu corazón en ese afán, que nunca hayas leído sinceramente las palabras de Dios. De entre todas las muchas que hay, ni una sola frase ocupa un lugar en tu corazón. ¿Quién, sino tú, acabará siendo descartado? ¿Así están las cosas? (Sí). Comer y beber las palabras de Dios y convertirlas en tu realidad constituyen un acontecimiento importante. Es más importante que cualquier otra cosa, más que dar a luz a la siguiente generación, que cumplir el deber, que aprender una destreza profesional, que trabajar para difundir el evangelio y que todo lo demás. Si no has entrado en la realidad de las palabras de Dios, no importa qué deberes realices ni lo lejos que corras, todo será inútil. Al final, no obtendrás ningún resultado y todo lo que hagas quedará en nada. No importa lo mucho que corras ahora, tu posición actual, el trabajo que desempeñes o los grandes logros que hayas conseguido, todo eso no es más que un hilillo de humo que acabará perdiéndose de vista. Solo cuando una persona entre en la realidad de las palabras de Dios, obtenga la verdad que estas contienen y encuentre los principios, las sendas y las indicaciones de práctica en dichas palabras, nadie podrá arrebatarle tales cosas. Solo cuando hayan entrado en estas realidades-verdad, tendrá sentido y valor el cumplimiento de sus deberes y el precio que han pagado por todo. Solo entonces será aceptado por Dios. Después de que hayas entrado en la realidad de la palabra de Dios y hayas practicado los principios y normas que Él exige en todo lo que haces, tu deber no se habrá desempeñado en vano y una parte de él será aceptado por Dios. ¿Comprendes? (Sí). Si solo confías en tu propio autocontrol, perseverancia, cerebro y dones humanos, y en formas y métodos igualmente humanos para soportar el sufrimiento y pagar el precio, nada de lo que hagas tendrá que ver con las palabras de Dios. Deberías tener claro cuál será tu desenlace. Posiblemente sean muchas las personas que llevan un recuento de sus finanzas, costes y beneficios, y sin embargo no hay nadie que gestione esa otra cuenta. Parecéis bastante inteligentes en la gestión de los asuntos externos, contáis con vuestros medios y métodos, y sois bastante astutos, pero habéis descuidado el asunto de vuestra fe en Dios y la salvación, así como la cuestión de cómo tratar las palabras de Dios; nunca le habéis prestado atención a tales cosas. ¿Creías que tu falta de atención te permitiría eludir la ley que exige Dios? ¿Pensabas que, con un poco de esfuerzo, tendrías suerte y escaparías del justo juicio de Dios? No te engañes. Las leyes que ha confeccionado el hombre son todas producto del conocimiento y la perspectiva humanos. Todas provienen del ingenio humano. No son leyes producidas por el carácter justo de Dios. No adoptes la mentalidad del azar cuando se trate de tu salvación. Solo te engañas a ti mismo, no puedes engañar a Dios.

¿Cuál es la primera cosa importante que debes hacer en la búsqueda de la salvación? Come y bebe las palabras de Dios para que puedas entender la verdad y entrar en la realidad. Esa es la primera cosa importante. Da igual lo ocupado que estés cumpliendo tu deber o la cantidad de trabajo que hayas acumulado, aun así tienes que tomarte tiempo para comer y beber las palabras de Dios, para encontrar en ellas los principios y sendas para practicar la verdad en todas las cosas, y para entrar en la realidad-verdad. Ese es el único objetivo de la fe en Dios. Una vez que hayas entrado en la realidad-verdad y hayas obtenido los principios de práctica, todo lo que hagas será un desempeño satisfactorio de tu deber y se convertirá en valioso y significativo. De otro modo, lo único que harás será trabajar y no estarás cumpliendo tu deber. Ese trabajo tampoco ayudará a que te salves. Si no comes y bebes las palabras de Dios, ni las practicas y experimentas, si no te tomas en serio entrar en la realidad-verdad y estás satisfecho con simplemente esforzarte y hacer cosas sin preocuparte por poner la verdad en práctica, ¿acaso no serías un necio? Todo el mundo piensa que es inteligente y fiable en su trabajo. “Ahora que estoy aquí, seguro que este trabajo se hace bien. Mientras esté yo para echar un ojo, nada perturbará el trabajo de la iglesia. Siempre y cuando no esté ocioso y siga realizando mi deber en la casa de Dios, seré salvado”. No te engañes. Dios nunca ha dicho que nadie se vaya a salvar con solo realizar su deber de manera constante. Esto proviene de la propia imaginación y los deseos ilusos del hombre. Aquellos que dicen esto no se conocen a sí mismos en absoluto, y no entienden la esencia ni la verdad de la intensidad con la que Satanás corrompe al hombre, por eso pueden decir esas palabras tan tontas. ¿Acaso, a lo largo de los tiempos, no cumplían todos los seguidores de Dios sus deberes? ¿Y se salvaron? No. ¿Son merecedores de entrar en el reino de los cielos? No. La obra de juicio de Dios en los últimos días ha puesto al descubierto claramente la verdad de la corrupción del hombre. Esto permite que todo el mundo entienda, cambie de rumbo, obtenga la verdad y entre en la realidad, experimentando así cambios reales. Eso es lo que Dios le exige al hombre. ¿Puedes lograr un cambio real si solo te centras en cumplir constantemente tu deber? ¿Puedes obtener la verdad? ¿Puedes lograr sumisión a Dios? De ninguna manera. Lo fundamental es perseguir la verdad, someterse al juicio y castigo de Dios y obtener la verdad para ajustarse a Sus intenciones. Al decir estas palabras, Dios paga el precio de la sangre de Su propio corazón y ofrece Su vida por el hombre. Si no las valoras, sino que siempre las ignoras y desprecias en tu corazón, si nunca te tomas en serio las palabras de Dios, ¿podrás salvarte? ¿Puede el resultado final ser bueno? Ni siquiera hace falta que pienses en ello. ¿Qué es la primera cosa importante que debes hacer cuando creas en Dios? Que comas y bebas las palabras de Dios para entender la verdad y que, gracias a eso, entres en la realidad-verdad sin demora. Empieza por las cosas que suceden a tu alrededor, lo que puedes ver y sentir. Utiliza la palabra de Dios para reflexionar sobre ti mismo, buscar la verdad, resolver todos los problemas y lograr cambios reales. Si no comes y bebes la palabra de Dios y no entras en la realidad de esta, tus posibilidades de salvación serán nulas. Habrás perdido completamente cualquier oportunidad de salvación. Cuando la obra de Dios haya terminado, dirás: “En el pasado, durante la obra de difusión del evangelio de Dios, cumplí con mi parte. Durante el trabajo de divulgación del evangelio, pagué el precio y dediqué mi tiempo y esfuerzo a tal o cual paso importante”. Sin embargo, llegado ese día, todavía no has obtenido la verdad, no puedes comer y beber las palabras de Dios con normalidad ni realizar tu trabajo de manera normal. En el fondo, no eres una persona que se somete a Dios. Solo entonces sabrás que ya has perdido tu oportunidad de salvación. ¿Es ya demasiado tarde? No tienes ninguna oportunidad, ya te has precipitado al desastre, así que tu muerte es inminente. Por tanto, las posibilidades de salvación son muy escasas, y debes apreciar cada día y cada minuto. Empieza primero por las pequeñas cosas que te rodean y luego, poco a poco, pasa a otras, a las más grandes. Busca las palabras de Dios y la verdad, y entra en las palabras de Dios y en la realidad-verdad. Debes orar a menudo a Dios en tu corazón y acercarte a Él. No permitas nunca que los deseos de la carne, las tendencias mundanas y otras cosas satánicas ocupen tu corazón. En lugar de eso, deja que las palabras de Dios y la verdad ejerzan poder en tu corazón, y así este comenzará a valorar dichas palabras. Mientras las palabras de Dios y la verdad ocupen un lugar en tu corazón y dirijan tu vida, esta tendrá una meta y una luz que la guíe, y tu corazón estará lleno de gozo. Si entiendes tres palabras de Dios, luego cinco, luego diez y luego incluso cien, estas palabras se irán acumulando y, poco a poco, ocuparán un lugar mayor en tu corazón, guiarán tus pensamientos, tus acciones y tu vida. Irás entrando progresivamente en la realidad de las palabras de Dios y captando cada vez más principios-verdad. Tus acciones ya no se basarán en tu propia voluntad y deseos individuales. Cada vez serán menos las impurezas que intervengan en el cumplimiento de tu deber, y tratarás a Dios con un corazón cada vez más sincero. Poco a poco, las doctrinas que entiendas se transformarán en la realidad-verdad. De ese modo, se producirá un verdadero cambio en tu carácter-vida. Tus esperanzas de salvación dejarán de ser escasas o invisibles, y se volverán cada vez más perceptibles y grandes. Cuando puedas ver esa luz, será el momento en el que empezarás a interesarte por las palabras de Dios y a depositar una gran esperanza en la cuestión de la salvación. En ese momento, Dios te permitirá, cada vez más, entender Sus palabras y entrar en ellas, te guardará de caer en la tentación, de precipitarte en las trampas y la influencia oscura de Satanás, y te protegerá de enredos, conflictos, celos y disputas, entre otras cosas. De esa manera, Dios hará que vivas en la luz y bajo la guía de Sus palabras. Eso es felicidad, gozo y paz. Para lograr todo eso, es necesario comenzar por valorar las palabras de Dios, practicarlas y experimentarlas para entender la verdad. De hecho, no es difícil. Si a menudo escuchas sermones y puedes practicar y experimentar las palabras de Dios, progresivamente llegarás a entender la verdad. De ese modo, haciendo una transición paulatina y avanzando poco a poco, no te resultará difícil. La clave está en si amas o no la verdad. Si amas la verdad, entonces, con fe en Dios, serás capaz de atender los asuntos apropiados, esforzarte por la verdad, centrarte en leer las palabras de Dios y reflexionar sobre ellas. Aprende a orar-leer las palabras de Dios y a reflexionar sobre ellas. Entonces podrás entender el significado de las palabras de Dios, encontrar sendas de práctica en ellas y comprender las intenciones de Dios, y empezarás a entender la verdad. A continuación, reflexiona sobre tu propio carácter corrupto y reconócelo basándote en tu comprensión de la verdad, disecciona la esencia de tu carácter corrupto y luego utiliza la verdad para resolverlo. Si practicas y entras de esta manera, podrás conocerte de verdad, y te será fácil despojarte de tu carácter corrupto. Poco a poco, a medida que vayan adquiriendo conocimientos y experiencia, comprendiendo las intenciones de Dios y despojándose de su corrupción, las personas empezarán a cambiar sin siquiera darse cuenta. Este es el proceso de la experiencia vital. Comprender la verdad es lo más importante. Una vez que las personas entiendan la verdad, conocerán las normas que Dios exige que el hombre siga. Sabrán también el motivo por el que Dios quiere decir esto y el efecto que busca lograr. Además, conocerán que, en realidad, todas las normas que Dios exige al hombre están al alcance de los seres humanos. Se trata de cosas a las que pueden llegar la conciencia y la razón humanas. Todos estos procesos están relacionados con la entrada en la vida. Para lograr la entrada en la vida, tienes que cumplir tus deberes con diligencia, buscar la verdad y practicarla de manera diligente, así como orar a Dios y confiar en Él para cumplir bien tus deberes. A través de tal experiencia y práctica, obtendrás cada vez mejores resultados. Las personas que no aman la verdad no mostrarán interés en tales cosas. No sienten ninguna carga en relación con la entrada en la vida y no tienen ningún interés en entrar en ella. Por tanto, aunque lleven creyendo muchos años en Dios, no pueden hablar de su testimonio vivencial. Las personas que aman la verdad no son así. Son capaces de escribir testimonios de todo lo que han experimentado y de cada periodo de sus experiencias. Ganan mucho con todas sus experiencias, y esos beneficios se acumulan a lo largo de los días y los meses. Al cabo de diez o veinte años, habrán experimentado grandes cambios. En ese momento, pueden plasmar los testimonios vivenciales sin esfuerzo, y no les resulta difícil embarcarse en la enseñanza de la verdad. Al cumplir su deber, lo hacen todo correctamente.

¿Sois personas que aman la verdad? ¿Tenéis un corazón con un tremendo deseo por Dios? ¿Tenéis un corazón sincero? Es difícil responder, ¿verdad? En realidad, en vuestro corazón tenéis muy clara esta cuestión. ¿Eres capaz de reconocer cuando quieres cumplir tu deber de manera superficial, cuando quieres ser esquivo o perezoso, cuando quieres ser obstinado e imprudente? ¿Eres capaz de rebelarte contra la carne? ¿Cuál es tu elección? ¿Eliges practicar la verdad o eliges los deseos de la carne? ¿Eliges lo positivo o lo negativo? ¿Eliges sufrir y pagar el precio para obtener la verdad, o eliges buscar la comodidad de la carne? Estas son las preguntas que se usarán para medir si tienes un corazón que realmente ama y se somete a Dios, y si te esfuerzas por Él con sinceridad. Si no tienes un corazón sincero hacia Dios, te gusta hacer las cosas de manera obstinada e imprudente, eres feliz siempre y cuando estés satisfecho, mientras que te enfadas y montas una escena cuando no lo estás, y te das media vuelta cuando las cosas no te salen como deseas, ¿acaso es ese el estado mental apropiado? ¿Es eso lo que significa tener un corazón de sumisión a Dios? ¿Es eso cumplir lealmente tu deber? ¿Por qué no practicas la verdad? ¿Es que no entiendes las palabras de Dios? ¿O es que no amas la verdad? Algunas personas piensan: “Las palabras de Dios son sencillas, pero es difícil ponerlas en práctica. La casa de Dios siempre exige que las personas practiquen la verdad, pero a estas les resulta difícil y les causa muchos problemas. Si siento incomodidad en el corazón, no practico la verdad. Mientras la iglesia no se deshaga de mí ni me descarte, elegiré ser libre, estar a gusto y hacer lo que me plazca”. ¿Alguien así cree de verdad en Dios? ¿Acaso no es un incrédulo? Esa es la actitud que adoptan los incrédulos cuando cumplen sus deberes. Como no aceptan la verdad, aman la libertad y el libertinaje, y les encanta ser superficiales. No importa cómo se les pode, es inútil. Harán oídos sordos a la enseñanza sobre la verdad. Lo único que queda es desecharlos y descartarlos. Debido a que no aceptan la verdad, sino que son personas que sienten aversión por ella, son no creyentes y Dios no los salvará. Respecto a los que aman la verdad, incluso cuando se revela su carácter corrupto, pueden aceptar ser podados, buscar la verdad, reflexionar sobre sí mismos, llegar a conocerse a sí mismos y aprender a arrepentirse. Estas son las personas a las que Dios quiere salvar. Cuando alguien no ama la verdad, le resulta difícil aceptarla. ¿Cuál es el mayor peligro que supone esta incapacidad para aceptar la verdad? La traición a Dios. Aquellos que no aceptan la verdad son los más propensos a traicionar a Dios, y pueden hacerlo en cualquier momento o lugar. Pueden traicionar a Dios cuando algo sin importancia no sale como ellos quieren. Pueden llegar a traicionarlo al ser incapaces de aceptar que los poden una sola vez. Cuando se enfrentan a un desastre, son aún más propensos a quejarse y traicionar a Dios. Pase lo que pase, los que no aman ni aceptan la verdad son los que corren más peligro. Que alguien pueda salvarse o no depende del grado en que ame la verdad y las cosas positivas, así como de si puede aceptar la verdad y practicarla. Utiliza las exigencias de la verdad para medir tu verdadera estatura, para discernirte a ti mismo y para conocer la verdad de tu propia corrupción y reconocer cuál es realmente tu naturaleza. Por una parte, tal discernimiento te ayuda a conocerte a ti mismo y a ser capaz de alcanzar el verdadero arrepentimiento. Por otra, te permite conocer a Dios y comprender Sus intenciones. La incapacidad de aceptar la verdad es una manifestación de rebelión y resistencia a Dios. Una clara comprensión de este problema te ayudará a recorrer la senda de la salvación. Cuando alguien ama realmente la verdad, puede tener un corazón sincero con un tremendo deseo por Dios, además del impulso para practicar la verdad y someterse a Dios. Al estar en posesión de una fortaleza real, estas personas son capaces de pagar el precio, dedicar su energía y tiempo, renunciar a sus beneficios personales, y desprenderse de todos los enredos de la carne, despejando así el camino para la práctica de las palabras de Dios y de la verdad, así como para la entrada en la realidad de la palabra de Dios. Si, para entrar en la realidad de la palabra de Dios, puedes desprenderte de tus propias nociones, de los intereses de tu propia carne, reputación, estatus, fama y de los placeres de la carne, si puedes desprenderte de todas esas cosas, entonces entrarás cada vez más en la realidad-verdad. Cualesquiera que sean las dificultades y los problemas que tengas, dejarán de ser tales, se resolverán fácilmente y accederás sin dificultad a la realidad de las palabras de Dios. Para entrar en la realidad-verdad, las dos condiciones indispensables son poseer un corazón sincero y que este tenga un tremendo deseo por Dios. Si solo posees un corazón sincero, pero siempre eres cobarde, careces de un tremendo deseo por Dios y retrocedes ante las dificultades, con eso no es suficiente. Si solo tienes un tremendo deseo por Dios en tu corazón y eres un poco impulsivo, si simplemente tienes esa aspiración, pero te falta un corazón sincero cuando te encuentras con dificultades, y retrocedes y escoges tus propios intereses, con eso tampoco es suficiente. Necesitas tanto un corazón sincero como que este tenga un tremendo deseo por Dios. El nivel de sinceridad de tu corazón y la intensidad de tu tremendo deseo por Dios determinan el poder de tu impulso para practicar la verdad. Si no tienes un corazón sincero y careces de un gran deseo por Dios, no serás capaz de entender Sus palabras y no tendrás el impulso para practicar la verdad. Así, no podrás entrar en la realidad-verdad y te resultará difícil alcanzar la salvación.

Muchos no tienen claro lo que significa salvarse. Algunas personas creen que, si llevan creyendo en Dios mucho tiempo, entonces es probable que se salven. Hay quienes piensan que si entienden muchas doctrinas espirituales, entonces es probable que se salven, y los hay que creen que, desde luego, los líderes y obreros se salvarán. Todas estas son nociones y figuraciones humanas. Lo fundamental es que la gente debe entender lo que significa la salvación. Salvarse significa, principalmente, librarse del pecado, librarse de la influencia de Satanás, y volverse a Dios y someterse a Él sinceramente. ¿Qué debéis tener para ser libres de pecado y de la influencia de Satanás? La verdad. Si la gente espera recibir la verdad, debe dotarse de muchas palabras de Dios, ser capaz de experimentarlas y practicarlas, para que pueda comprender la verdad y entrar en la realidad. Será entonces cuando podrá salvarse. No tiene nada que ver que uno pueda salvarse o no con cuánto tiempo lleve creyendo en Dios, con cuánto conocimiento tenga, con si posee dones o fortalezas, o con cuánto sufra. Lo único que guarda relación directa con la salvación es si una persona es capaz o no de recibir la verdad. Así pues, el día de hoy, ¿cuántas verdades has comprendido realmente? ¿Y cuántas palabras de Dios se han convertido en tu vida? De todas las exigencias de Dios, ¿en cuáles has logrado entrar? En tus años de fe en Dios, ¿hasta qué punto has entrado en la realidad de Su palabra? Si no lo sabes o no has logrado entrar en la realidad de ninguna de las palabras de Dios, francamente, no tienes esperanza de salvación. Es imposible que te salves. Da igual que tengas un alto grado de conocimiento o que lleves mucho tiempo creyendo en Dios, tengas buena presencia, hables bien y lleves varios años de líder u obrero. Si no persigues la verdad y no practicas ni experimentas adecuadamente las palabras de Dios, y además careces de un testimonio vivencial real, no hay esperanza de que te salves. No me importa qué aspecto tengas, cuánto conocimiento científico poseas, cuánto hayas sufrido o cuán alto sea el precio que hayas pagado. Esto te digo: si no aceptas la verdad y nunca entras en la realidad de las palabras de Dios, no te puedes salvar. Eso es seguro. Si me dices hasta qué punto has entrado en la realidad de las palabras de Dios, entonces te diré cuánta esperanza de salvación tienes. Ahora que os he hablado sobre los criterios para medir esto, deberíais ser capaces de hacerlo por vuestra cuenta. ¿Qué hecho os revelan estas palabras? Dios se sirvió de palabras para crear el mundo. Utilizó palabras para llevar a cabo todo tipo de hechos, todos los que Dios deseaba realizar, y se sirvió de palabras para consumar dos etapas de Su obra. En la actualidad, Dios está realizando la tercera etapa de Su obra, y en esta ha dicho más palabras que en cualquier otra. Esta es la vez que Dios más ha hablado en Su obra a lo largo de la historia de la humanidad. Que Dios pudiera usar palabras para crear el mundo, para llevar a cabo todos los hechos, para traerlos de la nada a la existencia y de la existencia a la nada; esa es la autoridad de las palabras de Dios, y en última instancia, Dios también se servirá de palabras para llevar a cabo el hecho de la salvación de la humanidad. Ahora todos podéis observar ese hecho. Durante los últimos días, Dios no ha realizado ninguna obra que no esté conectada a Sus palabras. Ha hablado todo ese tiempo y ha usado palabras para guiar al hombre hasta hoy. Por supuesto, mientras hablaba, Dios también ha hecho uso de palabras para preservar Su relación con aquellos que le siguen. Se ha servido de palabras para guiarlos, y estas son de enorme importancia para aquellos que desean salvarse o para los que Dios desea salvar. Dios usará esas palabras para llevar a cabo el hecho de la salvación de la humanidad. Evidentemente, ya sea en términos de contenido o número, e independientemente de qué clase sean y a qué fragmento de las palabras de Dios pertenezcan, dichas palabras tienen una enorme importancia para cada uno de aquellos que desean ser salvados. Dios está usando estas palabras para lograr el efecto definitivo de Su plan de gestión de seis mil años. Para la humanidad, ya sea la de ahora o la del futuro, tienen una enorme importancia. Esa es la actitud de Dios y ese es el objetivo y significado de Sus palabras. Entonces, ¿qué debe hacer la humanidad? Debe cooperar en las palabras y la obra de Dios, no ignorarlas. Sin embargo, ese no es el camino de la fe en Dios de algunas personas. Diga lo que diga, es como si Sus palabras no tuvieran nada que ver con ellas. Siguen persiguiendo y haciendo lo que quieren, y no buscan la verdad conforme a las palabras de Dios. Eso no es experimentar la obra de Dios. Hay otros que no prestan atención diga Él lo que diga, que tienen una única convicción en su corazón: “Haré cualquier cosa que me pida Dios. Si me dice que vaya al oeste, yo iré al oeste; si me dice que vaya al este, iré al este; si me dice que muera, dejaré que me vea morir”. Sin embargo, por otro lado, no asimilan las palabras de Dios. Piensan para sus adentros: “Hay muchas palabras de Dios. Deberían ser un poco más directas y decirme exactamente lo que tengo que hacer. Puedo someterme a Dios en mi corazón”. No importa cuántas palabras diga Dios, al final las personas así siguen siendo incapaces de entender la verdad y no pueden hablar de sus experiencias ni de sus conocimientos. Son como laicos que carecen de comprensión espiritual. ¿Creéis que Dios ama a tales personas? ¿Desea ser misericordioso con ellas? (No). Desde luego que no. A Dios no le gustan esas personas. Él afirma: “He pronunciado incontables miles de palabras. ¿Cómo es que no las has visto u oído? ¿Es que eres ciego o sordo? ¿Qué piensas exactamente en tu corazón? Para mí no eres más que alguien que está obsesionado con conseguir las bendiciones y el hermoso destino. Persigues los mismos objetivos que Pablo. Si no quieres escuchar Mis palabras, si no deseas seguir Mi camino, ¿por qué crees en Dios? No buscas la salvación, persigues el hermoso destino y el deseo de bendiciones. Y puesto que eso es lo que estás tramando, lo más adecuado para ti es ser un trabajador”. De hecho, ser un leal trabajador es también una manifestación de sumisión a Dios, pero constituye el estándar mínimo. Seguir siendo un leal trabajador es mucho mejor que hundirse en la perdición y la destrucción como un no creyente. En particular, la casa de Dios tiene necesidad de trabajadores, y ser capaz de trabajar para Dios también cuenta como bendición. Eso es mucho mejor, incomparablemente mejor, que ser lacayos de los reyes diablos. Sin embargo, a Dios no le satisface del todo que trabajes para Él, porque Su obra de juicio es para salvar, purificar y perfeccionar a las personas. Si la gente se contenta con simplemente trabajar para Dios, ese no es el objetivo que Él desea alcanzar al obrar en la gente ni el efecto que desea ver. Sin embargo, a las personas les carcome el deseo, son necias y ciegas, están hechizadas, consumidas por algún mezquino beneficio, y desechan las preciosas palabras de vida pronunciadas por Dios. Ni siquiera pueden tratarlas con seriedad, y mucho menos apreciarlas. No leer las palabras de Dios y tampoco apreciar la verdad: ¿es eso inteligente o es una estupidez? ¿Puede la gente alcanzar la salvación de esa manera? Todo eso es algo que las personas deben comprender. Solo tendrán esperanza de salvación si dejan de lado sus nociones y figuraciones y se centran en perseguir la verdad.

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