Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios (Parte 4)

Hay quien pregunta: “Las palabras de Dios requieren del hombre que este asuma la posición de un ser creado y desempeñe su deber como tal. No se nos exige que seamos un superhombre o un gran hombre, pero yo siempre siento esas ambiciones y deseos. No me basta con ser una persona corriente. ¿Qué debería hacer entonces?”. Este problema es muy simple. ¿Por qué no estás dispuesto a ser una persona corriente? Si primero indagas hasta la raíz de esta pregunta, tu problema se resolverá fácilmente. Dios exige al hombre que sea una persona honesta. Eso es lo más importante. Si entiendes la verdad de lo que significa ser una persona honesta, sabrás que serlo implica poseer una humanidad normal, ser una persona verdadera. ¿Cuáles son las señales externas de una persona honesta? Equivale a ser una persona normal. ¿Cuáles son los instintos naturales, los pensamientos y la razón de una persona normal? ¿Qué apariencia tienen las palabras y los actos de las personas normales? Una persona normal puede hablar desde el corazón. Dirá lo que tiene en su corazón sin un ápice de falsedad o engaño. Si es capaz de entender un asunto al que deba enfrentarse, actuará conforme a su conciencia y razón. Si no puede dilucidarlo con claridad, cometerá errores y fallos, albergará conceptos equivocados, nociones y figuraciones personales, y le cegarán las ilusiones que tenga ante sí. Esas son las señales externas de la humanidad normal. ¿Satisfacen dichas señales las exigencias de Dios? No. Las personas no pueden satisfacer las exigencias de Dios si no poseen la verdad. Esas señales externas de humanidad normal son las posesiones de un hombre corriente y corrupto. Son las cosas con las que el hombre nace, las que le son propias. Tienes que permitirte mostrar esas señales y revelaciones externas. Al mismo tiempo que te permites mostrarlas, debes comprender que se trata de los instintos naturales, el calibre y la naturaleza innata del hombre. ¿Qué debes hacer una vez que comprendas esto? Debes concederle la consideración correcta. Pero ¿cómo se pone en práctica esta consideración correcta? Se consigue leyendo más de las palabras de Dios, dotándote en mayor medida de la verdad, llevando más frecuentemente ante Dios las cosas que no entiendes, las cosas sobre las que tienes nociones y aquellas sobre las que puedes emitir juicios erróneos, a fin de reflexionar sobre ellas y buscar la verdad para resolver todos tus problemas. Si experimentas así durante un tiempo, no importa si fracasas y tropiezas unas cuantas veces. Lo más importante es que puedas ver claramente esos asuntos en las palabras de Dios y sepas cómo practicar de acuerdo con los principios y las intenciones de Dios. Eso demuestra que has aprendido la lección. Después de pasar por varios años de fracasos y tropiezos, si entiendes claramente la esencia del hombre corrupto, ves la raíz de la oscuridad y el mal del mundo, y disciernes los diversos tipos de personas, acontecimientos y cosas, serás capaz de actuar de acuerdo con los principios-verdad. Dado que no eres un superhombre ni un gran hombre, no puedes captar y comprender todas las cosas. Es imposible que desentrañes el mundo y a la humanidad de un vistazo, y que comprendas de inmediato todo lo que sucede a tu alrededor. Eres una persona corriente. Has de pasar por muchos fracasos, muchos periodos de desconcierto, muchos errores de juicio y muchas desviaciones. Esto puede revelar completamente tu carácter corrupto, tus debilidades y deficiencias, tu ignorancia e insensatez, permitiéndote reexaminar y conocerte a ti mismo, así como tener conocimiento de la omnipotencia de Dios, Su plena sabiduría y Su carácter. Obtendrás cosas positivas de Él, y llegarás a comprender la verdad y a entrar en la realidad. En medio de tu experiencia habrá muchas cosas que no salgan como deseas, ante las que te sentirás impotente. En este caso, debes buscar y esperar; debes obtener de Dios la respuesta a cada asunto, y comprender de Sus palabras la esencia que subyace en cada uno y en cada tipo de persona. Así es como se comporta una persona normal y corriente. Debes aprender a decir: “No puedo”, “Me supera”, “No logro entenderlo”, “No lo he experimentado”, “No sé nada en absoluto”, “¿Por qué soy tan débil?”, “¿Por qué soy tan inútil?”, “Tengo muy poco calibre”, “Estoy tan adormecido y soy tan lerdo”, “Soy tan ignorante que me llevará varios días entender esto y ocuparme de ello”, y “Tengo que discutir esto con alguien”. Debes aprender a practicar de esa manera. Esta es la señal externa de que admites y deseas ser una persona normal. Aquellos que se ven a sí mismos grandes y poderosos, que piensan que no son corrientes, sino superiores y superhombres, nunca dicen “No puedo”, “Me supera”, “No logro entenderlo”, “No lo sé, tengo que aprender, tengo que mirarlo, tengo que encontrar personas con las que hablar de ello, tengo que consultarlo con lo Alto”. Nunca dicen tales palabras. En especial, cuando alguien así ha adquirido cierto estatus, no quiere que la gente piense que es una persona corriente y que, como todo el mundo, hay cosas que no es capaz de dilucidar o entender. En lugar de eso, siempre desea que la gente lo tenga por un superhombre. Por tanto, cuando le suceden cosas, no necesita presentar más a menudo tales asuntos ante Dios y ofrecerle un corazón sincero. No le hace falta buscar. Entiende, aprende y desentraña todo lo que le sucede en cuestión de minutos. No tiene un ápice de corrupción ni de debilidad. No hay nada que no pueda dilucidar, nada que no haya experimentado. Incluso si existiera algo que todavía no hubiera experimentado, lo comprendería de un vistazo. Es, sencillamente, un superhombre perfecto. ¿Es esa la manifestación de la humanidad normal? (No). Entonces, ¿se trata de una persona normal? Desde luego que no. Ese tipo de persona no admite que es una persona normal, que tiene debilidades, defectos y un carácter corrupto. Entonces, ¿puede alguien así presentarse ante Dios con un corazón sincero más a menudo para buscar y orar? De ninguna manera. Eso demuestra que todavía carece de la conciencia y la razón de la humanidad normal y que no vive conforme a esta.

Decidme, ¿cómo podéis ser personas normales y ordinarias? ¿Cómo puedes, como dice Dios, asumir el lugar propio de un ser creado, cómo puedes no intentar ser un superhombre o una gran figura? ¿Cómo deberías practicar para ser una persona normal y corriente? ¿Cómo se puede lograr eso? ¿Quién va a responder? (Antes que nada, tenemos que admitir que somos personas corrientes, muy comunes. Hay muchas cosas que no entendemos, no comprendemos y no podemos dilucidar. Hemos de admitir que somos corruptos y tenemos defectos. Después de eso, debemos tener un corazón sincero y acudir a menudo ante Dios para buscar). En primer lugar, no te otorgues a ti mismo un título y le cojas apego, y digas: “Soy el líder, soy el jefe del equipo, soy el supervisor, nadie conoce este tema mejor que yo, nadie entiende las habilidades más que yo”. No te dejes llevar por tu autoproclamado título. En cuanto lo hagas, te atará de pies y manos, y lo que digas y hagas se verá afectado. Tu pensamiento y juicio normales, también. Debes liberarte de las limitaciones de este estatus. Primero bájate de este título y esta posición oficial y ponte en el lugar de una persona corriente. Si lo haces, tu mentalidad se volverá más o menos normal. También debes admitirlo y decir: “No sé cómo hacer esto, y tampoco entiendo aquello; voy a tener que investigar y estudiar”, o “Nunca he experimentado esto, así que no sé qué hacer”. Cuando seas capaz de decir lo que realmente piensas y de hablar con honestidad, estarás en posesión de una razón normal. Los demás conocerán tu verdadero yo, y por tanto tendrán una visión normal de ti y no tendrás que fingir, ni existirá una gran presión sobre ti, por lo que podrás comunicarte con la gente con normalidad. Vivir así es libre y fácil; quien considera que vivir es agotador es porque lo ha provocado él mismo. No finjas ni coloques una fachada. Primero, muéstrate abierto sobre lo que piensas en tu corazón, tus verdaderos pensamientos, para que todos los conozcan y los comprendan. De este modo, se eliminarán tus preocupaciones, y las barreras y sospechas entre ti y los demás. Además, cuentas con otra dificultad. Siempre te consideras el jefe del equipo, un líder, un obrero o alguien con título, estatus y posición: Si dices que no entiendes algo, o que no puedes hacer algo, ¿acaso no te estás denigrando a ti mismo? Cuando dejas de lado estos grilletes en tu corazón, cuando dejas de pensar en ti mismo como un líder o un obrero, y cuando dejas de pensar que eres mejor que otras personas y sientes que eres una persona corriente igual a cualquier otra, y que hay algunos ámbitos en los que eres inferior a los demás; cuando compartes la verdad y los asuntos relacionados con el trabajo con esta actitud, el efecto es diferente, como lo es la atmósfera. Si en tu corazón siempre tienes recelos, si siempre te sientes estresado y atado, y si quieres librarte de estas cosas pero no eres capaz, entonces debes orar seriamente a Dios, reflexionar sobre ti mismo, percibir tus defectos, y esforzarte hacia la verdad. Si puedes poner la verdad en práctica, obtendrás resultados. Hagas lo que hagas, no hables ni actúes desde una determinada posición o usando un determinado título. Primero deja todo esto a un lado, y ponte en el lugar de una persona corriente. Cuando alguien dice: “¿No eres tú el líder? ¿Acaso no estás a cargo del equipo? Deberías entender esto”. Respondes diciendo: “¿En qué parte de la palabra de Dios dice que si eres el líder o un líder de equipo seas capaz de entenderlo todo? Esto no lo entiendo. No me juzgues según tus ojos. Exiges demasiado. Es cierto que soy líder, pero mi entendimiento de la verdad es todavía demasiado superficial y no sé qué decisión tomar porque no he experimentado este tema y sigo sin poder dilucidarlo. Necesito orar y buscar. Dios ha dicho no te apures para hallar soluciones a lo que no entiendas. Tú siempre quieres que enseguida entienda y tome una decisión. ¿Y si tomo la decisión equivocada? ¿Quién será responsable de ello? ¿Puedes tú hacerte responsable? ¿Quieres que cometa un error? Si lo cometo, ¿te responsabilizarás tú de mí? Debemos trabajar, orar y buscar juntos, y gestionar bien este asunto”. ¿Puedes hacer esto? ¿Es fácil de hacer? Si puedes hablar con los demás de corazón, entonces puedes decir: “En realidad, mi estatura también es muy pequeña. Si no busco y oro, puedo cometer un error en cualquier momento. A veces no puedo evitar cometer errores. ¿Cómo de grande pensabas que era mi estatura? Me tenías en demasiada alta estima”. Cuando la otra persona oiga lo que dices, sentirá en su corazón que eres una persona muy honesta que puede hablar de corazón. Luego, ya no te pedirá demasiado, sino que trabajará junto a ti. Si pones esto en práctica, te volverás más racional en las cosas que hagas, no estarás limitado ni atado por la fama, el beneficio y el estatus, y tu corazón se liberará. Podrás hablar y actuar con un corazón transparente, y serás capaz de cooperar en armonía con los demás y de tratar a los hermanos y hermanas de manera correcta. En ese momento, tu estado irá adquiriendo normalidad progresivamente y tus acciones serán cada vez más razonables. Todo el mundo lo percibirá y dirá: “Este líder ha cambiado de verdad. No cabe duda de que posee conciencia y razón, y de que vive una humanidad normal. Con una persona así como nuestro líder, nosotros también obtendremos muchos beneficios”. Llegado ese momento, cuando participas de nuevo en el trabajo, ya sea buscando u orando o visitando a otras personas para compartir con ellas, lo que haces resulta acertado y adecuado, y no albergas dudas. En todo lo que haces, avanzas con solidez y firmeza. No te apuras para hallar soluciones, sino que dejas que las cosas se desarrollen. Da igual a lo que te enfrentes, puedes llevarlo ante Dios y ofrecerle tu corazón sincero. Este es un principio que puedes practicar en todas las cosas. Todo el mundo, ya sea líder u obrero, hermano o hermana, es una persona corriente. Todos deben practicar este principio. Todos tienen parte y responsabilidad en la práctica de la palabra de Dios. Puede que seas líder, obrero, el jefe de un equipo, una persona a cargo o un miembro muy apreciado del grupo. No importa quién seas, debes aprender a practicar de esta manera. Quítate la aureola y el título que llevas en la cabeza, quítate las coronas que otros te han otorgado. Entonces, te resultará fácil convertirte en una persona normal y, con calma, actuarás basándote en la conciencia y la razón. Por supuesto, después de eso, no basta con admitir simplemente que no entiendes y no sabes. Esa no es la solución definitiva que resuelve el problema. ¿Cuál es la solución definitiva? Presentar los asuntos y las dificultades ante Dios para orar y buscar. No basta con que una persona ore sola, sino que debe ofrecer, junto al resto, oraciones relacionadas con el asunto en cuestión y asumir la responsabilidad y obligación correspondientes. Se trata de una manera maravillosa de hacer las cosas. Evitarás tomar la senda de intentar ser una gran figura y un superhombre. Si puedes hacerlo, asumirás inconscientemente el lugar que te corresponde como ser creado y te liberarás de los grilletes de la ambición y del deseo de ser un superhombre y una gran figura.

Ocupar el lugar que le corresponde a un ser creado y ser una persona corriente, ¿es eso fácil de hacer? (No es fácil). ¿Dónde radica la dificultad? En que a las personas siempre les parece que tienen la cabeza coronada con muchas aureolas y títulos. Además, se otorgan a sí mismas la identidad y estatus de grandes figuras y superhombres, y participan en todas esas prácticas fingidas y falsas y espectáculos simulados. Si no te desprendes de esas cosas, si tus palabras y actos están siempre limitados y controlados por ellas, te resultará difícil entrar en la realidad de la palabra de Dios. Te costará no apresurarte en buscar soluciones para lo que no entiendes y presentar tales cosas ante Dios más a menudo, así como ofrecerle un corazón sincero. No serás capaz de hacerlo. La razón exacta es que tu estatus, tus títulos, tu identidad y todo lo demás son falsos e inciertos, ya que se oponen y contradicen las palabras de Dios; son cosas que te atan de tal manera que no puedes presentarte ante Él. ¿Qué te aportan? Hacen que se te dé bien disfrazarte, fingir que entiendes, que eres inteligente, una gran figura, una celebridad, alguien capaz, sabio y que incluso lo sabe todo, que es capaz de todo y que puede hacer cualquier cosa. Eso hace que los demás te adoren y te admiren. Acudirán a ti con todos sus problemas, confiarán en ti y te admirarán. Por lo tanto, es como ponerte al fuego para que te asen. Decidme, ¿es agradable estar asándote al fuego? (No). No lo entiendes, pero no te atreves a confesarlo. No puedes desentrañarlo, pero no te atreves a decirlo. Es obvio que cometiste un error, pero no te atreves a admitirlo. Tu corazón está angustiado, pero no te atreves a decir: “Esta vez es de verdad mi culpa. Tengo una deuda con Dios y con mis hermanos y hermanas. He causado un enorme agravio a la casa de Dios, pero carezco de valor para ponerme delante de todos y admitirlo”. ¿Por qué no te atreves a hablar? Tu creencia es que: “Tengo que vivir conforme a la reputación y la aureola que me han concedido mis hermanos y hermanas. No puedo traicionar la alta estima y confianza que tienen en mí, mucho menos las ansiosas expectativas que han depositado en mí a lo largo de tantos años. Por tanto, he de seguir fingiendo”. ¿Cómo es ese disfraz? Te has convertido a ti mismo en una gran figura y un superhombre. Los hermanos y hermanas quieren acudir a ti para preguntarte, consultarte e incluso buscar tu consejo sobre cualquier problema al que se enfrentan. Parece que ni siquiera pueden vivir sin ti. Sin embargo, ¿no sientes angustia en el corazón? Evidentemente, algunas personas no sienten esa angustia. Un anticristo no la siente, sino que se deleita con ella, pensando que su estatus está por encima de todo lo demás. En cambio, una persona dentro de la media y normal siente angustia cuando la están asando al fuego. Piensa que no es nada en absoluto, solo una persona corriente. No cree que sea más fuerte que los demás. No solo es que piense que no es capaz de llevar a cabo ningún trabajo práctico, sino que además retrasará la obra de la iglesia y al pueblo escogido de Dios, así que asumirá la culpa y dimitirá. Se trata de alguien con razón. ¿Es un problema fácil de resolver? Lo es para las personas con razón, pero resulta difícil para aquellos que carecen de ella. Si, una vez que obtienes estatus, disfrutas con desvergüenza de los beneficios de este y, como resultado, quedas en evidencia y eres descartado por tu fracaso a la hora de hacer un trabajo real, tú mismo te lo habrás buscado y merecido. No te mereces ni una pizca de lástima o compasión. ¿Por qué digo esto? Porque insistes en ocupar un lugar elevado. Te colocas tú mismo en el fuego para que te asen. Tu herida es autoinfligida. Si no quieres colocarte en el fuego y asarte, deberías renunciar a todos esos títulos y aureolas y contarles a tus hermanos y hermanas los verdaderos estados y pensamientos que alberga tu corazón. De ese modo, podrán tratarte adecuadamente y no tendrás que usar un disfraz. Ahora que te has abierto y has arrojado luz sobre tu verdadero estado, ¿no sientes el corazón más tranquilo y relajado? ¿Por qué caminar con tan pesada carga sobre tu espalda? Si expresas tu verdadero estado, ¿de verdad te mirarán mal tus hermanos y hermanas? ¿De verdad te abandonarán? Por supuesto que no. Al contrario, te darán su aprobación y te admirarán por atreverte a hablar de corazón. Dirán que eres una persona honesta. Eso no entorpecerá tu trabajo en la iglesia, ni tendrá el menor efecto negativo en él. Si los hermanos y hermanas notan que tienes dificultades, te ayudarán voluntariamente y trabajarán junto a ti. ¿Qué decís? ¿No es así como debería ser? (Sí). Ponerte siempre un disfraz para que los demás te admiren es una estupidez. El mejor enfoque es ser una persona corriente con un corazón normal, ser capaz de abrirte al pueblo escogido de Dios de manera pura y simple, y participar a menudo en charlas sinceras. Nunca aceptes que los demás te enaltezcan, te admiren, te elogien en demasía o te digan palabras halagadoras. Se han de rechazar esas cosas. Por ejemplo, algunas personas pueden decir: “¿No eres profesor universitario? Dado que posees tantos conocimientos, tu comprensión de la verdad debe ser grande”. Diles: “¿Qué clase de profesor universitario soy? Ningún grado de conocimiento puede ocupar el lugar de la verdad. Esos conocimientos me han causado un gran sufrimiento. Son totalmente inútiles. No me tengas en alta estima; soy solo una persona corriente”. Por supuesto, a algunas personas les cuesta desprenderse de su estatus. Quieren ser personas normales y corrientes y ocupar el lugar que le corresponde a un ser creado. No quieren sufrir así, pero no pueden evitarlo. Siempre se consideran superiores y no pueden bajarse de su alto pedestal. Eso es problemático. Les gusta que la gente revolotee a su alrededor y que los miren con ojos de admiración. Les gusta que acudan a ellos con sus problemas, confíen en ellos, los escuchen y los enaltezcan. Les gusta que los tengan por personas superiores, por expertos en todo, que crean que son omniscientes y que no hay nada que no entiendan, e incluso piensan que estaría muy bien y sería maravilloso que los consideraran vencedores. Para esto ya no hay remedio. Algunos aceptan los cumplidos y las coronas que les conceden los demás, y desempeñan el papel de superhombre y gran figura durante un tiempo. Sin embargo, no se sienten cómodos y sufren angustia. ¿Qué deberían hacer? Cualquiera que desee adularte en realidad te está echando al fuego para asarte, y deberías apartarte de él. O como alternativa, busca la ocasión para revelarles la verdad de tu corrupción, háblales de tu verdadero estado y expón tus defectos y fallos. De esa manera, no te adorarán ni admirarán. ¿Es eso fácil de hacer? En realidad, sí. El hecho de no poder hacerlo demuestra que eres demasiado arrogante y vanidoso. Es cierto que te consideras a ti mismo un superhombre, una gran figura, y en absoluto odias y detestas ese tipo de carácter en tu corazón. Siendo esto así, no puedes más que esperar el tropiezo que te deshonre a ojos de los demás. Si eres alguien que realmente posee razón, aborrecerás y te repugnará el carácter corrupto que siempre quiere hacer el papel de superhombre y gran figura. Cuanto menos, debes tener ese sentimiento. Solo entonces podrás odiarte a ti mismo y rebelarte contra la carne. ¿Cómo debes practicar para ser una persona ordinaria, normal y corriente? Primero, debes rechazar y desprenderte de esas cosas a las que te aferras y te parecen tan buenas y valiosas, además de esas palabras bonitas y superficiales con las que los demás te admiran y elogian. Si, en tu corazón, tienes claro qué tipo de persona eres, cuál es tu esencia, cuáles son tus fallos y qué corrupción revelas, deberías comunicar esto abiertamente con otras personas, para que puedan ver cuál es tu verdadero estado, cuáles son tus pensamientos y opiniones, para que sepan qué conocimiento tienes de esas cosas. Hagas lo que hagas, no finjas ni coloques una fachada, no ocultes a los demás tu propia corrupción y tus defectos para que nadie los conozca. Este tipo de falso comportamiento es un obstáculo en tu corazón, y se trata también de un carácter corrupto, y puede impedir que la gente se arrepienta y cambie. Debes orar a Dios y someter a reflexión y análisis las cosas falsas, como los elogios que te hacen los demás, la gloria con la que te colman y las coronas que te otorgan. Debes darte cuenta del daño que te hacen estas cosas. Y al hacerlo conocerás tu propia medida, alcanzarás el autoconocimiento y dejarás de verte como un superhombre o una gran figura. Una vez que tengas ese autoconocimiento, te resultará fácil aceptar en tu corazón la verdad, las palabras de Dios y lo que Dios pide al hombre, aceptar la salvación del Creador para ti, ser una persona corriente con los pies en la tierra, alguien honesto y fiable, y establecer una relación normal entre tú mismo, un ser creado, y Dios, el Creador. Esto es precisamente lo que Dios pide a las personas, y se trata de algo totalmente alcanzable para ellas. Dios solo permite que se presenten ante Él personas normales y corrientes. No acepta la adoración de celebridades fingidas y falsas, grandes figuras y superhombres. Cuando te desprendas de esas falsas aureolas, admitas que eres una persona normal y corriente, y acudas a Dios para buscar la verdad y orarle, el corazón que le ofrezcas será mucho más auténtico, y te sentirás mucho más tranquilo. En ese momento, sentirás que necesitas a Dios para que te apoye y te ayude, y podrás presentarte ante Él más a menudo para buscar y orarle. Decidme, ¿creéis que es más fácil ser una gran figura, un superhombre, o una persona corriente? (Una persona corriente). En teoría, es fácil ser una persona corriente, mientras que ser una gran figura o un superhombre es difícil, lo que siempre provoca angustia. Sin embargo, cuando las personas toman sus propias decisiones y las ponen en práctica, no pueden evitar querer ser un superhombre o una gran figura. No pueden evitarlo. Esto se debe a su esencia-naturaleza. Por eso, el hombre necesita la salvación de Dios. En el futuro, cuando alguien os pregunte: “¿Cómo puede uno dejar de intentar ser un superhombre y una gran figura?”, ¿seréis capaces de responder a esa pregunta? Lo único que tenéis que hacer es practicar el método que he expuesto. Sé una persona corriente, no te disfraces, ora a Dios y aprende a abrirte de forma sencilla y a hablar con los demás desde el corazón. Esta práctica dará sus frutos de forma natural. Poco a poco, aprenderás a ser una persona normal, dejarás de estar cansado de la vida, de angustiarte y de sufrir. Todas las personas son corrientes. No hay diferencia entre ellas, excepto que sus dones personales son diferentes y su calibre puede variar en cierto modo. Si no fuera por la salvación y protección de Dios, todos harían el mal y sufrirían el castigo. Si puedes admitir que eres una persona corriente, si puedes alejarte de las figuraciones e ilusiones vacías del hombre y tratar de ser una persona honesta y realizar acciones honestas, si puedes someterte concienzudamente a Dios, no tendrás problemas y vivirás en plenitud la semejanza humana. Es tan simple como eso. Entonces, ¿por qué no hay senda? Lo que acabo de decir es muy sencillo. De hecho, es exactamente así. Los que aman la verdad pueden aceptarlo completamente, y también dirán: “En realidad, Dios no exige demasiado del hombre. Todas Sus exigencias pueden cumplirse con la conciencia y la razón humanas. No es difícil para una persona cumplir bien su deber. Si una persona actúa de corazón y tiene la voluntad y el deseo de ponerlo en práctica, resulta fácil lograrlo”. Pero algunos no lo consiguen. A aquellos que siempre tienen ambiciones y deseos, que siempre quieren ser superhombres y grandes figuras, aunque quieran ser personas corrientes, no les resulta fácil. Siempre se sienten superiores y mejores que los demás, por lo que todo su corazón y toda su mente están consumidos por el deseo de ser un superhombre o una gran figura. No solo no están dispuestos a ser personas corrientes y mantenerse en su estatus de seres creados, sino que juran que nunca renunciarán a su empeño de ser superhombres y grandes figuras. Esto no tiene remedio.

Algunas personas no buscan la verdad ni oran a Dios a pesar de lo que se encuentren. Solo actúan en función de sus propios deseos, dones y calibre. Incluso cuando oran a Dios, se limitan a actuar por inercia y en su corazón piensan: “Que Dios me esclarezca o no es asunto Suyo. Yo me limitaré a actuar como mejor me parezca”. Se sienten completamente capaces de manejar estos asuntos por su cuenta y plenamente competentes para el trabajo que realizan. Para ellos, orar a Dios no es más que actuar por inercia. ¿Cómo son estas personas? ¿Pueden admitir que son personas normales y corrientes? ¿Pueden entrar en la realidad de la palabra de Dios? (En absoluto). ¿Se creen capaces de todo? (Sí). Creen que, aunque no actúen de acuerdo con las palabras de Dios, pueden ocuparse de cualquier cosa, y hacerlo sin problemas ni dificultades y sin buscar las palabras de Dios. ¿Por qué senda caminan estas personas? ¿Es la senda en busca de convertirse en un superhombre y una gran figura? (Sí). No importa cuánto alboroto monten o cuántas transgresiones cometan, para ellos no es nada. Mientras hayan hecho muchas cosas, acumulado algunos logros y sentido cierta superioridad, les parece que poseen recursos y capacidades. Se creen personas que han trabajado duro y conseguido mucho para la casa de Dios. No necesitan las palabras de Dios. No necesitan la obra de Dios. Ellos mismos pueden hacer cualquier cosa. Tales personas nunca se presentarán ante Dios. Se jactan de que no hay nada que no puedan hacer. Cuando se encuentran con algo, nunca oran a Dios ni buscan los principios-verdad, y ni mucho menos hablan con sus hermanos y hermanas. Tampoco consultan nunca con lo Alto, y aún menos buscan la verdad en las palabras de Dios. Piensan que hay muchas cosas que las palabras de Dios no abarcan y para las cuales no tienen una explicación concreta, por lo que les parece bien resolverlas por su cuenta. Sin saberlo, han dejado de lado a Dios. Sin saberlo, desprecian a los demás y pisotean a todo el mundo. El camino que recorren es el de convertirse en una celebridad, una gran figura y un superhombre. Al final, este tipo de personas no pueden mantenerse firmes. Si les pidieras que aprendieran a admitir que son personas normales, que son capaces de cometer errores, transgresiones y fracasos, y que tienen muchos fallos y defectos, ¿podrían hacerlo? (No). Si les dijeras que se quitaran esas aureolas y coronas, que se desprendieran de la alta estima que les han concedido sus hermanos y hermanas, y que renunciaran a su prestigio y estatus en la iglesia, ¿accederían? (No). Dirían: “¿Cómo voy a renunciar así a la fama y a las coronas que tanto me ha costado ganar? No soy tan estúpido”. Ansían que más gente les trate como superhombres y grandes figuras. No les gusta que los demás perciban sus fallos y defectos y los traten como personas normales. Les disgusta incluso más que la gente ponga al descubierto sus errores, fracasos y conducta. ¿Pueden estas personas presentarse ante Dios a menudo para orar y buscar la verdad? (No pueden). Aunque se presenten ante Dios para orar, ¿tendrán un corazón sincero? No. Todo lo que dicen y hacen es por la corona que llevan en la cabeza y por su propio prestigio. Hacen cosas para que todo el mundo las vea, pero no aceptan el escrutinio de Dios y no pueden ofrecerle un corazón sincero, el cual no tienen. De ninguna manera pueden comprender las intenciones de Dios en Su palabra ni actuar de acuerdo con lo que Él requiere. Por tanto, aunque este tipo de personas quieran buscar la verdad y deshacerse del deseo de ser una celebridad o una gran figura, no son sinceras. No pueden rebelarse contra la carne ni practicar la verdad. ¿Qué clase de persona son? Son incrédulos. Son anticristos. Una vez que los anticristos tengan estatus, influencia y un poco de prestigio entre la gente, se dedicarán de lleno a establecer un reino independiente, iniciando así una senda de la que no hay retorno. No importa cuántas veces hables con ellos sobre la verdad o los podes, no servirá de nada. En la casa de Dios, la enseñanza sobre la verdad, las charlas sobre testimonios vivenciales, el afán por amar a Dios y dar testimonio de Él, y las reuniones para hablar sobre la comprensión pura y los principios de la verdad constituyen cosas positivas que solo son efectivas para aquellos que aman la verdad y tienen una tremenda aspiración por Dios. Para los que no aman la verdad, los que solo persiguen bendiciones y los que quieren desempeñar el papel de superhombre y gran figura, esas cosas positivas no sirven de nada. Cualesquiera verdades, palabras correctas y cosas positivas son únicamente para los que aman la verdad y la palabra de Dios y tienen una tremenda aspiración por Dios. Después de escuchar la verdad, los que no poseen estas cualidades también dirán que la verdad es correcta y buena, pero reflexionarán y pensarán: “¿Para qué vivo? Vivo para el prestigio, el estatus, las coronas, las aureolas y las recompensas de Dios. Sin eso, ¿sigo teniendo dignidad? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Acaso la fe en Dios no es solo un medio para buscar recompensas y coronas? Ahora que he pagado el precio con una gran parte de mi corazón y sangre, y después de tanta espera, por fin ha llegado el momento de que Dios recompense a los buenos y castigue a los malvados. Ahora es cuando debo ser coronado y recibir mi recompensa. ¿Cómo voy a poder cedérselo a otra persona? Ser una persona normal, corriente, igual que el resto, ¿qué sentido tiene vivir así? No soy tan estúpido”. ¿Acaso una persona así tiene remedio? (No). No intentes persuadirlos. La verdad no es para ellos, y lo que quieren no es la verdad. Esta clase de personas solo buscan bendiciones y coronas. Sus deseos y ambiciones sobrepasan los límites de lo que es necesario para la gente normal. Algunos no pueden imaginar por qué este tipo de personas se aferran al estatus y al poder y no quieren desprenderse de ellos. Esa es su esencia y su naturaleza innata. No puedes entenderlo porque tu esencia es diferente a la suya, y ellos tampoco pueden comprenderte. No saben por qué eres tan estúpido. No quieres coronas, aureolas ni prestigio preconcebidos, sino ser una persona corriente. Te consideran inconcebible. Ese tipo de persona piensa: “Persigues la verdad a conciencia, practicas lo que Dios te dice, haces lo que Él te manda y te sometes a todo lo que te pide. ¿Cómo puedes ser tan estúpido?”. Piensan que ser una persona honesta y practicar la verdad es estúpido, ignorante y torpe. Creen que son inteligentes al perseguir el conocimiento y representar el papel de una persona superior. Como se piensan que lo entienden todo, llegan a la conclusión de que “la vida de una persona que carece de estatus y prestigio, que no lleva coronas en la cabeza y que no tiene valor entre los hombres ni autoridad para hablar, no vale nada. Si uno no vive para la fama, debe vivir para el beneficio. Si no se vive para el beneficio, se debe vivir para la fama”. ¿No es esa la lógica de Satanás? Dado que viven conforme a la lógica de Satanás, no tienen remedio. Nunca podrían aceptar ninguna de las palabras de Dios, las cosas positivas o los consejos correctos. Si no pueden aceptarlos, ¿qué más se puede hacer? Estas palabras que pronunciamos no son para ellos. Estas palabras están dirigidas solo a personas con una humanidad normal, solo a personas con una tremenda aspiración por Dios. Son solo para esas personas. Únicamente esas personas pueden escuchar las palabras de Dios y meditar sobre ellas de manera sincera, alcanzar una comprensión de la verdad, actuar de acuerdo con los principios-verdad, realizar sus deberes como Dios exige, practicar y experimentar Sus palabras en los entornos que Él ha dispuesto, y entrar poco a poco en la realidad-verdad. En cuanto a los que albergan en su corazón desprecio y hostilidad hacia las cosas positivas y la palabra de Dios, no pueden conformarse con vivir una vida anodina y mediocre, con ser personas corrientes, con presentarse ante Dios a conciencia y con buscar y esperar de todo corazón respecto a asuntos que no comprenden. No se contentan con ser personas así. Por tanto, es imposible que alguien así se salve. El reino de los cielos no se preparó para estas personas. ¿Lo entendéis? (Lo entendemos). Quienquiera que sea capaz de ser el ser creado normal y corriente del que Dios habla y de ocupar el lugar que le corresponde a un ser creado, quienquiera que esté dispuesto a ser esa persona necia menospreciada por los demás y pueda aceptar y someterse a las palabras de Dios, sin importar cuáles sean estas, presentándose con frecuencia ante Él, buscando a menudo y poseyendo un corazón sincero, puede llegar a ser uno de los vencedores de los que Dios habla. Quien se convierta en uno de los vencedores de los que Dios habla, recibirá finalmente lo que Él le ha prometido a la humanidad. De eso no cabe duda.

Cuando Dios sopesa si una persona es buena o mala, si persigue la verdad y si puede alcanzar Su salvación, tiene en cuenta la comprensión que dicha persona posee de Sus palabras y su actitud hacia ellas. Considera si puede practicar las verdades que entiende. Considera si puede aceptar la verdad cuando se la poda y cuando experimenta pruebas. Considera si esa persona desea y acepta a Dios con un corazón sincero. Él no juzga su nivel de educación, su calibre, cuántos dones posee, lo lejos que ha viajado o cuánto trabajo ha realizado. Dios no tiene en cuenta ni desea esas cosas. Digamos que siempre quieres presentar tus deseos y ambiciones ante Dios y cambiarlos por recompensas y coronas, pero que siempre has desestimado e ignorado Sus palabras. Aunque Dios ha dicho miles y miles de palabras, ni una sola de ellas permanece en tu corazón. Ni siquiera una sola palabra de las exhortaciones de Dios, de Sus advertencias o de Sus recordatorios, o incluso de Sus juicios, castigos o enseñanzas; no albergas ni una sola de esas palabras en tu corazón. No conservas ni una sola de las palabras pronunciadas por Dios como lema en tu corazón. Tu corazón no recuerda ni una sola palabra de Dios y, al mismo tiempo, no pagas ningún precio por practicar y entrar en las palabras de Dios. Si todo esto es cierto, entonces, desde la perspectiva de Dios, tu final y destino ya están decididos. Si, en presencia de Dios, del Creador, no te conformas con ser una persona corriente o normal; si, en presencia del Creador, te atreves a actuar con insolencia; si siempre quieres hacer el papel de la gran figura, el superhombre, el individuo extraordinario, y no te mantienes en la posición que Dios te ha dado, ¿qué pretendes obtener de Dios? ¿Acaso Él te lo dará? Si las personas quieren obtener lo que Dios ha prometido al hombre, primero deben seguir el camino de Dios. Esa es la instrucción general. Para conocer instrucciones específicas, deben escuchar y practicar las palabras de Dios. Esta senda nunca les llevará por mal camino. Escucha y practica las palabras de Dios, convierte las palabras de Dios en la realidad de tu vida, en la base, los principios, la dirección y el objetivo de lo que dices, de cómo te comportas, de cómo ves las cosas y de cómo las haces. Es decir, lo que dices y los juicios que emites deben tener como base las palabras de Dios. Siempre que elijas relacionarte con un tipo de persona y evitar o rechazar a otro, debes tener como base las palabras de Dios. Aun cuando te enfades y maldigas a los demás, tus acciones deben tener principios y contexto, y básicamente ajustarse a la verdad. De esa manera, vivirás la realidad de la palabra de Dios y recibirás Su aprobación. La búsqueda de la entrada en la realidad-verdad es un proceso que consiste en perseguir la verdad y vivir la humanidad normal para llegar a ser un ser creado apto. También es un proceso para liberarse de intentar ser un superhombre, una persona excepcional y una celebridad o gran figura. Si quieres escapar de la senda del afán por convertirte en un superhombre, una celebridad y una gran figura, o de ese tipo de método de búsqueda, primero debes rebajar tu actitud, humillarte, admitir que eres una persona, alguien insignificante y que no puedes hacer nada sin la guía de Dios, que solo eres una persona corriente. Debes admitir que no eres nada sin Dios y sin Sus palabras. Eres una persona dispuesta a aceptar la soberanía y la instrumentación del Creador. Sin el aliento que Dios te dio, sin todo lo que Él te ha dado, eres un cadáver y un inútil. Por supuesto, al tiempo que reconoces estas cosas, debes presentarte ante Dios y aceptar todas las palabras de vida que Él ha pronunciado. Y lo que es más importante, debes entrar en la realidad de esas palabras pronunciadas por Dios, transformarlas en tu vida, hacer que se conviertan en el fundamento y la base de tu vida y existencia, así como en una fuente y un apoyo de tu supervivencia a lo largo de toda tu vida. Esa es la intención de Dios y Su más alta exigencia para el hombre.

El tema principal de nuestra enseñanza de hoy ha sido cómo tratar las palabras de Dios, cómo comerlas y beberlas, cómo atesorarlas y cómo practicarlas a fin de entrar en la realidad-verdad y alcanzar la salvación. Principalmente, hemos hablado sobre la importancia de la palabra de Dios. Esas cosas son precisamente las que os faltan y las que el hombre debe poseer. Si no compartiera de este modo, no seríais capaces de ver con claridad tales cosas. Parece que tenéis cierto conocimiento subconsciente, pero que no sois capaces de explicar con claridad lo que sabéis. Es como cuando escribes un artículo, que el hilo general está definido pero sigues sin poder desarrollar el contenido. Esa es vuestra situación actual. La charla de hoy sobre estas cosas os sirve como recordatorio y advertencia. Para cada persona, las palabras de Dios son lo más importante, y no hay sustituto para la verdad. Una vez que entendáis este punto, deberíais tener una senda de práctica. Debéis esforzaros más por comer y beber las palabras de Dios y practicarlas con el fin de entrar en la realidad de tales palabras. ¿Qué debes hacer si piensas que tu estatura es demasiado pequeña, que tu capacidad de comprensión es escasa y que no puedes entender o alcanzar las profundas palabras de Dios ni aplicarlas a tu persona? Empieza por comer y beber de lo superficial. Memoriza en tu corazón las palabras sencillas y fáciles de entender que puedas practicar tú mismo, conviértelas en los principios que sigas en la práctica y actúa de acuerdo con las palabras de Dios. Si Dios dice que vayas al este, ve al este; si dice que vayas al oeste, ve al oeste; si dice que ores más, ora más. Haz lo que Dios te diga. Es mejor que los demás te consideren un necio que ser lo que Satanás consideraría una persona inteligente y astuta. Solo aquellos que eligen practicar la verdad con el único objetivo de obtener la aprobación de Dios son los auténticamente inteligentes y sabios.

25 de septiembre de 2021

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