Solo aquellos que comprenden la verdad tienen entendimiento espiritual (Parte 2)

Mirad a vuestro alrededor, ¿podéis decirme si hay muchas personas en la iglesia que tengan entendimiento espiritual y sean capaces de comprender la verdad? (Solía pensar que aquellos que carecían de entendimiento espiritual eran quienes tenían un entendimiento absurdo o estaban adormecidos o atontados, mientras que la mayoría de las personas que cumplían sus deberes tenían comprensión espiritual. Ahora, después de escuchar la enseñanza de Dios, me doy cuenta de que solo aquellos que pueden comprender la verdad son quienes realmente tienen comprensión espiritual. Pertenecen a una minoría, mientras que la mayoría de las personas carece del entendimiento espiritual). En la actualidad, aquellos que tienen comprensión espiritual y entienden la verdad son la minoría, mientras que quienes carecen de ese entendimiento espiritual o no comprenden la verdad son la mayoría. Por ejemplo, ¿de qué modo las personas deben comprender y conocer la verdad de la sumisión? La mayoría de las personas piensa que la sumisión significa hacer lo que les dicen y no resistirse ni rebelarse cuando afrontan una adversidad. Para ellas, eso es la sumisión. Las personas no comprenden ninguno de los detalles sobre por qué Dios hace que la gente se someta a Él, cuál es el significado de la sumisión, cuál es el principio de la sumisión, de qué modo una persona debe someterse y cuáles son las corrupciones que debe resolver en su interior al practicar la sumisión, simplemente siguen los preceptos. Piensan: “La sumisión significa que si te piden que cocines, no debes barrer el piso, y si te dicen que barras el piso, no debes limpiar los cristales. Si te indican que hagas algo, tan solo hazlo. Es así de simple. No te preocupes por lo que haya en tu corazón, porque Dios no observa esas cosas”. De hecho, Dios hace que las personas vayan resolviendo su rebeldía y corrupción al mismo tiempo que se someten a Él para que puedan alcanzar la verdadera sumisión. Esa es la verdad de la sumisión. ¿Cuánto llegan finalmente a entender y saber las personas? Entienden que todo lo que Dios les pide que hagan es lo que se supone que deben hacer. Ahí radica la voluntad de Dios, y las personas deben someterse a Él de manera incondicional. Si una persona puede llegar a comprender todo esto es porque entiende la verdad de la sumisión y es capaz de someterse a Dios y satisfacerlo. Sin embargo, la mayoría de las personas no sabe qué es la sumisión a Dios, simplemente conocen cómo seguir los preceptos. Como consecuencia, no pueden lograr ser sumisos a Dios, porque no comprenden las intenciones que Él tiene ni la verdad de la sumisión. Son personas que no tienen entendimiento espiritual. Las personas que carecen de este entendimiento no pueden comprender la verdad de la sumisión, por eso les cuesta tanto ponerla en práctica. No pueden hallar el camino ni los principios de la práctica. Las personas que carecen de comprensión espiritual no gozan del esclarecimiento espiritual. No importa cómo se les enseñe la verdad, ellas no logran comprenderla. No saben que practicar la verdad de la sumisión es el proceso de entrada en la vida. La entrada en la vida sucede cuando una persona analiza y llega a conocer las intenciones, nociones, preferencias y elecciones que revela durante su proceso de aceptación y práctica de la verdad, para poder entonces comprender su propio estado rebelde, darse cuenta de que es alguien que se rebela y se resiste a Dios, y entender que no hay forma de lograr la compatibilidad con Él. Cuando las personas comprenden esto, les resulta sencillo practicar la verdad. Ese es solo el comienzo de la puesta en práctica de la verdad de la sumisión. En ese proceso que se inicia cuando reflexionas y comprendes tu propio carácter corrupto hasta el punto en que logras resolver ese carácter así como tu rebeldía, tus deseos extravagantes para Dios, tus preferencias, consideraciones y ambiciones, descubrirás tu propia corrupción una y otra vez, conocerás las áreas en que no eres compatible con Dios y entenderás tu verdadera esencia-naturaleza. También te darás cuenta de que no es fácil someterse a Dios, que quizás sea sencillo entender la doctrina de la sumisión a Dios y decir que serás sumiso a Él, pero no es tan fácil llevarlo a cabo. ¿Y cuál es el propósito de Dios al exigir sumisión? ¿Es tan solo poner en evidencia a las personas? ¿Cuál es la verdad detrás de la demanda de sumisión por parte de Dios? El proceso por el que las personas se someten a Dios es aquel mediante el cual Dios las limpia. Esto quiere decir que Dios utiliza la verdad de la sumisión para limpiar, refrenar y guiar a las personas para que se presenten ante Él y se conozcan a sí mismas, comprendan su propia rebeldía, su propio carácter corrupto y su propia naturaleza de resistencia a Dios. Es esto lo que significa entender la propia esencia de cada uno. ¿Qué resultado final se obtiene? Las personas comprenden lo que hay de desagradable en las profundidades de su corrupción, saben quiénes son realmente, se dan cuenta de qué deben hacer y dónde deben posicionarse como seres creados, se someten verdaderamente a Dios y ya no hacen demandas irrazonables. Ese es el resultado previsto que se acaba obteniendo. Eso es lo que implica entrar en la realidad de la verdad. ¿Acaso esos no son los detalles de lo que implica conocerse a uno mismo? ¿Acaso esos no son los problemas detallados que surgen cuando uno se somete a Dios? ¿Las personas piensan en esos detalles cuando escuchan la verdad de la sumisión? No, no son capaces. ¿Pueden alcanzar la verdadera sumisión a Dios si no entienden por completo esos detalles? Si las personas no pueden alcanzar la sumisión a Dios, ¿son capaces de desempeñar bien sus deberes como seres creados? Eso es imposible. Reconocer esos detalles sobre uno mismo es sumamente crucial: es la lección más básica para lograr la salvación. Cuando te sometes hasta el final, no investigas lo que Dios dice, no desarrollas tus propias opiniones personales y no dices: “pienso”, “me pregunto”, “tengo pensado hacer esto o aquello” ni “debo hacer esto o aquello”. No albergas todas esas consideraciones, deseos y ambiciones que comienzan desde el “yo”. Eres capaz de aceptar lo que Dios dice al pie de la letra y practicar conforme a Sus palabras. Eso es lo que implica obedecer los mandatos de Dios y seguir Su camino. De ese modo, el proceso de limpieza de Dios sobre tu persona ha llegado a su fin. Tu corrupción se ha limpiado y tu verdadera identidad como ser creado ha quedado restaurada. Eso es lo que implica hallar tu lugar y permanecer firme allí. Sin esas consideraciones, decisiones y deseos que parten desde el “yo” para perturbarte, te resultará más simple practicar la sumisión. Algunas personas dicen: “¡Dios siempre exige sumisión, pero eso no tiene sentido! ¿No debo arreglármelas solo? ¿Mi reclamo acaso no es razonable y sensato?”. ¿Es eso sumisión? ¿Una persona así entiende la verdad de la sumisión? No la entiende, no conoce el significado de la sumisión, cuáles son sus obligaciones y responsabilidades, cuál es su deber o dónde debería situarse. A veces las palabras de Dios que dejan expuestas a las personas son bastante severas. Cuando ellas las escuchan, se sienten angustiadas e incómodas. Sienten dolor en su interior e incluso perciben que su dignidad e integridad han sido dañadas. Piensan: “Dios no tiene amor, misericordia, indulgencia, compasión, tolerancia o perdón para las personas. ¡Es demasiado severo!”. Todas las personas valoran su dignidad e integridad y les resulta extremadamente difícil aceptar que esas cualidades han sido dañadas. Como consecuencia, no pueden ser sumisas incluso si así lo desearan. En lo profundo del corazón piensan: “Dios les exige demasiado a las personas. Se está burlando de mí y me está atormentando, ¿no es así?”. Sin embargo, eso no es cierto. Dios les pide a las personas que se sometan a Él pero no pretende obligar a nadie, mucho menos forzar a nadie a someterse a Él. El pedido de Dios conlleva ciertas condiciones. Va dirigido a quienes tienen conciencia y razonamiento, y son capaces de aceptar la verdad, así como a quienes entienden la verdad. Si no entiendes la verdad, si no tienes conciencia ni razonamiento, entonces no puedes satisfacer las exigencias de Dios. De hecho, todas las verdades que Dios expresa están dirigidas a quienes aman la verdad y son capaces de aceptarla. Dios no exige nada a quienes no aman ni aceptan la verdad. ¿Has visto a alguien que no practica la verdad recibir una disciplina o un castigo inmediato? Eso no le ocurre a ninguna persona. La voluntad de Dios es esperar que todas las personas puedan aceptar, entender y alcanzar la verdad. Esa es Su voluntad. Si una persona ve las palabras de Dios y siente que Él le está exigiendo que haga algo, entonces está equivocada. Por lo tanto, cuando lees las palabras de Dios, debes comprender Su voluntad, el público al que están dirigidas y su significado. No realices comentarios descuidados sobre Sus palabras. Si siempre pones tus propias excusas y no eres sumiso, ¿qué pensará Dios de ti? Dios dirá que no estás limpio, que no eres una persona que se somete a Él y que no has vivido tu vida conforme a la realidad de la sumisión a Dios. Por lo tanto, la sumisión de la que hablas es una mera doctrina y será por siempre una teoría. Si las personas suelen tener nociones en el corazón al encontrarse con diversos seres humanos, acontecimientos, cosas y entornos que han sido dispuestos por Dios, posiblemente utilicen el razonamiento y se resistan contra Dios. Este tipo de personas no posee la realidad-verdad de la sumisión y, para ellas, la sumisión es una mera doctrina y palabras vacías. ¿En qué contextos las personas como esas pueden ser sumisas en una menor medida? Tienen que estar en un entorno adecuado que se ajuste a sus nociones. También deben estar de buen humor. Solo así pueden practicar la verdad de la sumisión. ¿Significa eso entonces que poseen la realidad de la sumisión a Dios? No, porque su sumisión es demasiado limitada. Todo debe adaptarse a sus nociones y cumplir sus condiciones para que sean sumisas. Las situaciones de este estilo son muy poco frecuentes. ¿Cómo luce entonces la verdadera sumisión? Siempre y cuando una persona reconozca que se trata de la verdad, entonces no impondrá excusas ni condiciones y podrá ser sumisa, más allá de si eso coincide con los gustos o las nociones del hombre. Se someterá sin discutir, incluso si se acabase muriendo. A eso se denomina ser sumiso hasta la muerte. Esa es la sumisión de Pedro. ¿Cuántas personas pueden demostrar semejante nivel de sumisión? Casi nadie. Los creyentes en Dios deben entender cuál es la verdad. La verdad es el camino que las personas deben seguir en todos los lugares y en todas las eras. Es el camino que todos debemos seguir. Más allá de si somos capaces o estamos dispuestos a hacerlo, la verdad es el camino que toda la humanidad debe seguir, tanto la humanidad corrupta como la que no fue corrompida por Satanás, tanto la humanidad del presente como la humanidad del futuro. ¿Y eso por qué es así? Porque la verdad es el camino correcto, la realidad de todas las cosas positivas que todos los seres creados deben llevar a cabo. ¿Qué debes hacer cuando la verdad entra en conflicto con tus pensamientos, pareceres o actitudes? Debes optar por someterte. Esa es la verdad de la sumisión. ¿Cuál es la verdad de la sumisión? ¿Y cuál es el aspecto práctico sobre esta verdad de la sumisión a Dios? No importa si deseas practicar la verdad o no, si piensas que está bien o mal, cuáles sean tus puntos de vista y cómo percibas las palabras y demandas de Dios, debes aceptarlas, someterte a ellas y ponerlas en práctica. Eso es la sumisión, así como también la verdad de la sumisión. Las personas no pueden poner en práctica la verdad porque tienen actitudes corruptas. Es incorrecto pensar que si alguien no puede practicar la verdad, entonces esa no es la verdad o se convierte en meras palabras vacías. Esa creencia es errónea y absurda. Algunos se preguntan: “Si una persona no puede practicar la verdad, es posible que se trate de la verdad, pero si nadie puede ponerla en práctica, ¿acaso sigue tratándose de la verdad?”. ¿Esa pregunta es correcta? (No). Eso es el razonamiento lógico. Lo cierto es que la esencia de la verdad nunca cambia. Incluso si no puedes ponerla en práctica, la verdad sigue siendo el camino que las personas deben seguir y la senda correcta. No puedes decir que la verdad es incorrecta si una persona es incapaz de ponerla en práctica, por mucho que se esfuerce. La verdad sigue siendo correcta aun si diez mil personas no pueden llevarla a la práctica. Incluso si nadie puede ponerla en práctica, la verdad sigue siendo correcta. La verdad nunca cambia. Solo la verdad puede permitir a la humanidad vivir con normalidad, vivir ante Dios, así como recibir Su aprobación y bendición. Esa es la verdad y es el resultado que puede lograrse al aceptar la verdad. ¿De dónde proviene la verdad? La verdad proviene de Dios, es expresada por Él. Sus palabras conforman la verdad. La verdad es la palabra de Dios y la palabra de Dios es la verdad. Si las personas reconocen la verdad y están dispuestas a aceptarla, ¿qué problemas deben resolver para poder ser sumisas? Deben resolver todas sus actitudes corruptas, así como sus elecciones personales, consideraciones, planes, etc. ¿Estas cuestiones se pueden posponer inmediatamente después de haberlas reconocido? (No). Es mediante el proceso de búsqueda y práctica de la verdad de la sumisión, al orar a Dios para que cree los entornos y eleve a las personas, los acontecimientos y las cosas, al orar por Su reprensión y disciplina, Su castigo y juicio, Sus pruebas y refinamiento como las personas gradualmente van resolviendo esas cosas y se purifican, y solo cuando uno está purificado puede lograr la sumisión absoluta. Si te muestras sumiso durante el proceso en que intentas resolver estos problemas, entonces serás capaz de resolverlos. Si no lo haces, entonces esos problemas nunca se solucionarán. Por último, únicamente cuando resuelvas todos esos problemas y logres purificarte, te convertirás en alguien que se somete a Dios. ¿Por qué digo esto? ¿Comprendéis cuál es la relación aquí? Cuando demuestras sumisión, este aspecto de la verdad se puede trabajar dentro de ti y convertirse en tu realidad. Cuando vives conforme a este aspecto de la realidad, tus problemas en esta área se resolverán. Así es como son las cosas.

¿Cuál es la forma correcta de medir si una persona tiene entendimiento espiritual? ¿Basta simplemente con observar si puede comprender el significado literal de las palabras de Dios? (No). ¿Qué significa exactamente tener comprensión espiritual? Es cuando una persona puede entender las palabras de Dios, cuando logra interpretar y comprender los sermones y enseñanzas implícitamente, cuando entiende las palabras de los sermones y enseñanzas sin más explicación, incluso si no se relataron con claridad. Aun si no se explica con lujo de detalles el significado de los sermones o las enseñanzas, esa persona igualmente puede deducirlo y saber lo que quiere decir. Las personas de ese tipo son las que tienen entendimiento espiritual. Aquellos que no entienden las palabras de Dios ni comprenden los sermones y enseñanzas, que siempre malinterpretan esas cuestiones y sienten que contienen incoherencias, ese tipo de personas no tiene comprensión espiritual. Las personas que carecen de entendimiento espiritual no serán capaces de comprender plenamente la verdad, incluso si les hablas sobre ella con claridad. Para ellas, el hecho de poder comprender las doctrinas y seguir los preceptos ya es suficiente. Por lo tanto, comprender la verdad no es tarea sencilla para una persona que carece de comprensión espiritual. Sin embargo, si alguien posee entendimiento espiritual pero no persigue ni comprende la verdad, en esencia no es diferente de quien carece de entendimiento espiritual. Por eso, resulta extremadamente importante comprender la verdad. Tenga o no comprensión espiritual, toda persona debe esforzarse por hallar la verdad. Cuanto más minuciosamente comprenda la verdad, más beneficios obtendrá. No solo podrá ver los diversos asuntos con claridad, sino que además será capaz de elegir la senda correcta. Por lo tanto, si una persona desea perseguir la verdad, en cierto sentido debe estar hambrienta de las palabras de Dios, esforzarse por entender Sus palabras y aprender a contemplarlas, orar-leerlas, hablar sobre ellas y hurgar en su interior. ¿Y qué es lo más importante? Debe practicar y experimentar las palabras de Dios. Solo cuando has practicado y experimentado esas palabras, y las palabras de Dios se convierten en tu realidad, es cuando realmente logras entender a qué se refieren y qué verdades contienen exactamente. Cuando hayas comprendido la verdad, tendrás naturalmente comprensión espiritual. Pero alcanzar el entendimiento espiritual no es la meta final. ¿Y entonces cuál es? La meta es practicar y comprender la verdad. Si una persona sigue un camino claro cuando practica las palabras de Dios, sabe cómo proceder y, tras haber puesto en práctica Sus palabras, logra comprender las verdades que contienen y conoce las relaciones y los principios de práctica de las mismas, entonces esa persona es alguien con entendimiento espiritual que ha logrado los efectos de comprender la verdad. Que uno posea entendimiento espiritual se relaciona con que sea capaz de comprender y obtener la verdad. Por eso para los creyentes en Dios, tener o no comprensión espiritual es una cuestión trascendental, que afecta directamente a la capacidad para comprender la verdad. Por ejemplo, Dios exige la sumisión del hombre, ¿pero a qué debe este someterse exactamente? ¿Cuál es el objeto de la sumisión? (La verdad y la palabra de Dios). Someterse a la verdad y la palabra de Dios. En términos más tangibles, eso significa someterse a las exigencias de Dios para las personas, someterse a los entornos, personas, acontecimientos y cosas de la vida real que Dios dispone para ellas, y someterse a las exigencias de Dios para las personas en sus diversos deberes. Profundicemos aún más: ¿Qué más contiene la realidad de la sumisión? (Someterse a los arreglos de obra de lo Alto). Esa es una parte de ello. ¿Y qué más? (Someterse en cada deber que la casa de Dios dispone para nosotros). Los deberes son un asunto muy importante para los creyentes en Dios, y que uno pueda desempeñar bien su deber o no depende de si posee o no la realidad-verdad. Esa es otra parte de ello: el estándar de conducta que Dios exige a las personas. Esto también es muy importante. ¿Qué implica la conducta de uno mismo? Implica el modo en que uno trata a sus hermanos y hermanas, el modo en que trata la riqueza y el modo en que trata sus posibilidades, el matrimonio, los afectos y el goce carnal. Buscar la verdad en todos esos distintos asuntos, actuar conforme a las exigencias de Dios, hacer las cosas de acuerdo con los principios de la verdad y acatar dichos principios en el modo en que uno practica y vive: todo eso es la sumisión. Todo eso es la realidad de la sumisión. Por ejemplo, algunas personas creen que el modo en que uno trata a sus hermanos y hermanas no se relaciona con la verdad de la sumisión. ¿Esa perspectiva es correcta? Se relaciona con el modo en que uno se comporta. ¿Es un principio de la conducta humana amedrentar siempre a un hermano o hermana que no te agrada, hablándole siempre con severidad? (No). ¿Cómo exige Dios que nos tratemos los unos a los otros? (Nos pide que tratemos a las personas de manera equitativa). ¿Qué significa la equidad? Significa tratar a las personas conforme a los principios-verdad, no según la apariencia, la identidad, el estatus o el conocimiento de dichas personas, o según nuestras propias preferencias o sentimientos hacia ellas. ¿Entonces por qué es equitativo tratar a las personas conforme a los principios-verdad? Hay muchos que no entienden esta cuestión y necesitan comprender la verdad para poder hacerlo. ¿Es la equidad, tal como la entienden los incrédulos, la verdadera equidad? En absoluto. Solo con Dios puede haber rectitud y equidad. Solo en las exigencias que el Creador tiene para Sus seres creados es donde se halla equidad y puede revelarse la rectitud de Dios. Por lo tanto, la equidad solo puede provenir de tratar a las personas conforme a los principios-verdad. ¿Qué debes exigir a las personas en la iglesia y cómo debes tratarlas? Cualquiera que sea el deber que sean capaces de desempeñar, eso es lo que debe disponerse para que realicen, y si son incapaces de llevar a cabo un deber, e incluso ocasionan perturbaciones por las que merezcan que se las eche, entonces se las deberá echar, incluso si tienen una buena relación contigo. Eso es la equidad, es lo que se incluye en los principios acerca de cómo tratar a los demás de modo equitativo. Eso tiene que ver con los principios de la conducta. Un aspecto sobre la verdad de la sumisión supone desempeñar el deber de cada uno. Otro abarca el modo en que las personas obedecen y tratan el problema cuando afrontan una catástrofe o enfermedad, y cómo se mantienen firmes en su testimonio. Más allá de todo eso, está el aspecto de la conducta de las personas. Lo más importante es que deben esforzarse por ser honestas, así como por tener conciencia y razonamiento. También deben vivir, alimentarse, vestirse, refugiarse y moverse como personas normales. En términos de calidad de vida, ¿cuál es la exigencia de Dios para las personas? (Debemos contentarnos con la comida y la ropa). Esa era la exigencia de Dios para las personas en la Era de la Gracia. ¿Cuáles son las exigencias de Dios para las personas en la era actual? Dios impone exigencias para la comida, la ropa, el refugio y el medio de transporte de las personas, para el habla y el comportamiento, y para su manera de vestirse. Él no te pide que seas ascético ni tampoco pretende que te entregues a los alivios carnales. La pereza, la sumisión a los alivios carnales y la búsqueda del placer no son exigencias de Dios. ¿Cuáles son los estándares de las exigencias de Dios? Él te exige que seas plenamente leal, escrupuloso, responsable de tus deberes, que sufras y pagues un precio, que trabajes con esmero y no seas perezoso. Dios también tiene estándares para Sus exigencias en cuanto a tus actitudes hacia la riqueza, el mundo, las tendencias malignas, así como en cuanto a la actitud con que debes tratar a los incrédulos que se relacionan contigo, y hay una verdad detrás de todas esas exigencias. Cada una de estas categorías amplias contiene verdades que las personas deben practicar y a las que deben someterse. Algunas personas se someten a las comodidades y disfrutan al comer, beber y divertirse. Les encanta dar rienda suelta a sus deseos carnales y seguir las modas. Cuando ven el modo en que la gente de una sociedad se divierte, ellas quieren unirse, y su corazón reside siempre en el mundo externo. ¿Pueden desempeñar bien su deber? (No). Cuando ven a los incrédulos con su ropa bonita, algunas personas sienten que lo que ellas llevan puesto como creyentes es demasiado sencillo y, al preocuparse siempre por ser menospreciadas, terminan irritándose. Otras ven a las parejas jóvenes viviendo en sus pequeños mundos propios y se sienten solas y aisladas en sí mismas. Esos asuntos siempre les ocasionan dolor y no buscan la verdad ni se someten ante Dios. ¿Pueden desempeñar bien su deber? (No). Aunque estas cosas sean intrascendentes y no aparenten incluir verdades evidentes, lo cierto es que se relacionan con las verdades más básicas sobre las exigencias de Dios para el hombre. Si una persona no puede superar y dominar estos problemas, y si esas cosas siempre la perturban, afectan a su creencia en Dios y al desempeño de su deber, entonces le resultará muy difícil aventurarse en la senda correcta como creyente en Dios.

Cada aspecto de la verdad, desde el más básico hasta el más profundo, es la verdad. No hay distinción entre la verdad superficial y la verdad profunda; la distinción radica en qué verdades deben practicar las personas según qué circunstancias. Algunas verdades tienen que ver con los deberes de las personas, otras tienen que ver con sus vidas cotidianas, por ejemplo con sus hábitos, reglas y preferencias diarias, y otras tienen que ver con los entornos, las personas, los acontecimientos y las cosas que Dios dispone para el hombre. No importa cuál sea el problema, si se relaciona o no con el deber o la vida cotidiana, ni lo grande o pequeño que sea el asunto que se vea afectado por dicho problema, si puedes tratarlo con seriedad, buscar la verdad, actuar conforme a los principios-verdad y practicar según esos principios, entonces estás persiguiendo la verdad. Algunas personas escuchan los sermones por unos años y, en lugar de concentrarse en practicar la verdad, tan solo se centran en escuchar los sermones que no han oído antes. Siempre quieren oír algo del lenguaje y los misterios del tercer cielo, y se la pasan predicando sermones elevados a los demás. Cuando ven que esa gente no los comprende, entonces quedan bastante satisfechos consigo mismos. Eso carece de razón. ¿Qué utilidad tiene hablar de esas cosas vacías? Si lo que predicas no guarda relación con el deber del hombre, con los estados y actitudes corruptas que se revelan en su vida cotidiana, si está desconectado de la vida de las personas, de su entrada y de su deber, si no guarda relación con los estados que se manifiestan y revelan en su vida cotidiana, entonces lo que predicas es meramente doctrina y palabras vacías, no es la verdad. Hay muchas personas que creen que comprenden la verdad después de escuchar una gran cantidad de sermones. Resumen algunos preceptos y doctrinas de esos sermones, y suelen predicar y hablarle a la gente sobre todo eso, pero no saben cómo tratar los problemas o dificultades cuando surgen. ¿Entonces por qué esa doctrina que comprenden no puede resolver ninguno de los problemas reales? Eso demuestra que siguen sin comprender la verdad. Algunas personas han estado predicando palabras y doctrinas por varios años, pero cuando se les pide que hablen sobre la verdad y resuelvan problemas, son incapaces de hacerlo. Cuando se les pide que escriban sobre sus testimonios vivenciales, también son incapaces, y cuando alguien afronta alguna situación y busca ayuda, no pueden brindársela. ¿Qué tipo de personas son estas? Son personas que no comprenden la verdad ni tienen entendimiento espiritual. ¡Qué lamentable! Dar grandes discursos y cantar a viva voz, concentrarse en el conocimiento, la doctrina y la teología, en proveerse para uno mismo lo que otros no tienen, en aprender lo que otros no han escuchado antes, o en confiarle todo a la memoria y ganarse la adoración y la admiración de los demás: ¿la comprensión espiritual puede lograrse con todas estas cosas? (No). ¿Y aquellos que no pueden obtener entendimiento espiritual son capaces de comprender la verdad? (No). Por lo tanto, el entendimiento espiritual se relaciona con la comprensión de la verdad. No importa cuántos años lleve alguien creyendo en Dios, no hay nada más revelador sobre si esa persona posee o no entendimiento espiritual que si comprende o no la verdad. Quienes poseen entendimiento espiritual son capaces de entender fácilmente la palabra de Dios y de comprender sin dificultad la verdad cuando escuchan los sermones. Quienes pueden comprender la verdad son personas con entendimiento espiritual, y mientras dichos poseedores del entendimiento espiritual persigan la verdad, lograrán ingresar fácilmente en la realidad-verdad.

5 de octubre de 2020

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