Qué significa perseguir la verdad (13) Parte 3

En cuanto a la cuestión del destino de un país, ¿debe comprender la gente cómo lo contempla Dios y cómo debe contemplarlo ella correctamente? (Sí). La gente debe comprender de forma precisa qué punto de vista debe adoptar en relación con esta cuestión, para así librarse de los efectos y la influencia erosivos que ejerce sobre ella la idea de que todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país. Examinemos primero si el destino de un país puede verse influido por cualquier persona, fuerza o grupo étnico. ¿Quién decide el destino de un país? (Lo decide Dios). Exacto, hay que comprender esta causa fundamental. El destino de un país está estrechamente relacionado con la soberanía de Dios y no guarda relación con nadie más. Ninguna fuerza, idea ni persona puede cambiar el destino de un país. ¿Qué abarca el destino de un país? Su prosperidad y decadencia. Independientemente de que el país sea desarrollado o atrasado, de su situación geográfica, de la extensión de su territorio, de su tamaño, de todos sus recursos —los que haya en la tierra, en el subsuelo y en el aire—, de quién sea su gobernante, de qué tipo de personas formen la jerarquía dirigente, de cuáles sean los principios políticos guía y el método de gobierno de su dirigente, de si reconocen y se someten a Dios y de su actitud hacia Él, etc., todas estas cosas influyen en el destino del país. Estas cosas no las determina ninguna persona sola, ni mucho menos ninguna fuerza. Ninguna persona sola o poder tiene la última palabra, y tampoco la tiene Satanás. ¿Y quién tiene la última palabra? Solo Dios tiene la última palabra. Los seres humanos no entienden estas cosas, y Satanás tampoco, pero es desafiante. Constantemente quiere tomar las riendas de los seres humanos y dominarlos, por lo que constantemente utiliza ideas y opiniones incendiarias y desorientadoras para promover cosas como la conducta moral y las costumbres sociales y para que el pueblo acepte estas ideas, con lo que explota al pueblo para que sirva a los gobernantes y los mantenga en el poder. No obstante, en realidad, haga lo que haga Satanás, el destino de un país no guarda relación alguna con él ni con cuán vigorosa, profunda y ampliamente se difundan estas ideas de la cultura tradicional. Las condiciones de vida y forma de existencia de cualquier país en cualquier período —sea rico o pobre, atrasado o desarrollado, e independientemente de su clasificación entre los numerosos países del mundo— no guardan relación alguna con la fortaleza del mandato de los gobernantes, con la enjundia de las ideas de estos pensadores ni con el vigor con que las difunden. El destino de un país únicamente guarda relación con la soberanía de Dios y con la época en que Dios gestiona a todo el género humano. En toda época en que Dios tenga que obrar, gobernar e instrumentar cualquier cosa, guiar a toda la sociedad en la dirección que sea y propiciar cualquier forma de sociedad, durante ese período aparecerán ciertos protagonistas extraordinarios y sucederán cosas grandes y extraordinarias. Por ejemplo, una guerra, la anexión de territorios de unos países a otros, la aparición de extraordinarias tecnologías emergentes o incluso el movimiento de todos los océanos y placas continentales de la tierra, etc.; todas estas cosas están sujetas a la soberanía y las disposiciones de la mano de Dios. También es posible que la aparición de una persona irrelevante lleve a toda la especie humana a dar un enorme paso adelante. Es igualmente posible que un acontecimiento muy irrelevante e insignificante desencadene una migración masiva de seres humanos; que, bajo los efectos de un acontecimiento insignificante, todo el género humano sufra una gran transformación, o que en mayor o menor medida se produzcan cambios en cuanto a economía, asuntos militares, negocios, tratamientos médicos, etc. Estos cambios influyen en el destino de cualquier país de la tierra, y también en su prosperidad y decadencia. Por eso el destino, el auge y la caída de cualquier país, poderoso o débil, guardan relación con la gestión de Dios entre el género humano y con Su soberanía. ¿Por qué, entonces, quiere hacer Dios las cosas de esta manera? En el origen de todo se hallan Sus intenciones. En pocas palabras, la supervivencia, el auge y la caída de cualquier país o nación no guardan relación alguna con ninguna raza, poder, clase dirigente, modalidad o método de gobierno o individuo. Solamente guardan relación con la soberanía del Creador, y también con la época en que el Creador gestiona al género humano, así como con el siguiente paso que dará el Creador para gestionarlo y guiarlo. Por tanto, todo lo que Dios hace influye en el destino de todo país, nación, raza, grupo o individuo. Desde este punto de vista cabe afirmar que el destino de todo individuo, raza, nación y país están ciertamente vinculados y estrechamente ligados, y que hay una relación indisoluble entre ellos. Ahora bien, la relación entre estas cosas no se produce a raíz de la idea y la opinión de que todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país, sino a raíz de la soberanía del Creador. Precisamente porque el destino de estas cosas está bajo la soberanía del único Dios verdadero, el Creador, hay una relación indisoluble entre ellas. Esta es la causa fundamental y la esencia del destino de un país.

Desde la perspectiva de la mayoría de la población, ¿qué punto de vista se debería tener en cuanto al destino del propio país? En primer lugar, habría que ver cuánto hace el país por salvaguardar a la mayoría de la población y mantenerla satisfecha. Si la mayoría de la población vive bien, tiene libertad y derecho a expresarse libremente, si todas las políticas promulgadas por el gobierno estatal son muy racionales y el pueblo las considera justas y razonables, si es posible salvaguardar los derechos humanos de la gente corriente, y si no se despoja al pueblo del derecho a la vida, es natural que el pueblo acabe dependiendo del país, se sienta feliz viviendo en él y lo ame de todo corazón. Así todo el mundo será responsable del destino de dicho país, el pueblo estará sinceramente dispuesto a cumplir con su responsabilidad hacia él y querrá que exista por siempre porque favorece su vida y todos sus asuntos. Si dicho país no es capaz de salvaguardar la vida de la gente corriente, si no le concede los derechos humanos que merece y esta ni siquiera tiene libertad de expresión, si quienes dicen lo que piensan se exponen a restricciones y purgas e incluso prohíben al pueblo hablar o debatir lo que desee, si al país no le importa cuando someten al pueblo a intimidación, humillación y persecución, si no hay libertad alguna y al pueblo se le priva de sus derechos humanos básicos y del derecho a la vida, si a quienes creen y siguen a Dios se les llega a reprimir y perseguir de tal forma que no pueden volver a casa, y si los creyentes son asesinados impunemente, entonces dicho país es un país de diablos, un país de Satanás, no un país de verdad. En tal caso, ¿debería ser todo el mundo responsable de su destino aun así? Si el pueblo ya detesta y odia de corazón a dicho país, aunque en teoría admita su responsabilidad hacia él, no estará dispuesto a cumplirla. Si viene un enemigo poderoso a invadir ese país, la mayoría incluso albergará la esperanza del colapso inminente de este para poder llevar una vida feliz. Por consiguiente, que todo el mundo sea responsable del destino de un país depende de cómo trate el gobierno al pueblo. El quid de la cuestión es si cuenta con apoyo ciudadano, ya que se determina principalmente en función de este aspecto. El otro aspecto es, esencialmente, que detrás de cualquier cosa que le ocurra a cualquier país hay una serie de razones y factores que hacen que esto ocurra, y eso no es algo en lo que pueda influir una persona corriente o insignificante. Por ello, en cuanto al destino de un país, ningún individuo ni grupo étnico tiene la última palabra ni la potestad de entrometerse. ¿No es un hecho? (Sí). Supongamos, por ejemplo, que la clase dirigente de tu país quiere expandir su territorio y apoderarse de las mejores tierras, infraestructuras y recursos de un país vecino. Tras tomar la decisión, la clase dirigente comienza a preparar a las fuerzas militares, a recaudar fondos, a almacenar todo tipo de suministros y a debatir cuándo iniciar la expansión territorial. ¿Tiene derecho el pueblo llano a saber todo esto? Tú ni siquiera tienes derecho a saberlo. Lo único que sabes es que en los últimos años han aumentado los impuestos, gravámenes y tasas estatales bajo diversos pretextos, así como la deuda nacional. Tu única obligación es pagar impuestos. ¿Tiene algo que ver contigo lo que le ocurra al país y lo que hagan los gobernantes? Hasta el momento en que el país decida ir a la guerra, solo la clase dirigente sabe qué país y qué territorios invadirá y cómo; ni siquiera lo saben los soldados que serán enviados a la batalla. Ellos ni siquiera tienen derecho a saberlo. Tienen que luchar donde señale el gobernante. Por qué luchan, cuánto tiempo, si pueden ganar o no y cuándo podrán volver a casa, simplemente no lo saben, no saben nada de nada. Envían a la guerra a los hijos de algunas personas, pero los progenitores, ni siquiera llegan a saberlo. Peor aún, cuando matan a sus hijos, ni siquiera llegan a enterarse. Hasta que no les devuelven las cenizas no se enteran de que sus hijos han muerto. Así pues, dime, ¿guardan el destino de tu país, las cosas que tu país hará y las decisiones que tomará alguna relación contigo, una persona corriente? ¿Te informa el país a ti, una persona corriente, de estas cosas? ¿Tienes derecho a participar en la toma de decisiones? Ni siquiera tienes derecho a saber, ni mucho menos a participar en la toma de decisiones. Sea lo que sea tu país para ti, ¿guarda alguna relación contigo el hecho de cómo se desarrolle, qué rumbo tome y cómo se gobierne? Eso no tiene nada que ver contigo. ¿Por qué? Porque eres una persona corriente y todas estas cosas solamente tienen que ver con los gobernantes. La última palabra la tienen los gobernantes, la clase dirigente y quienes tienen intereses creados, pero no tiene nada que ver contigo como persona corriente. Por eso has de tener algo de conciencia de ti mismo. No hagas cosas irracionales; no hay necesidad de que des la vida ni de que te pongas en peligro por un gobernante. Supongamos que los gobernantes del país son unos dictadores y que el poder está en manos de unos diablos que no atienden a los deberes que les corresponden y se pasan el día entregándose a la bebida y al libertinaje, viviendo de forma extravagante y sin hacer nada por el pueblo. El país cae en deuda y en el caos y los gobernantes son corruptos e incompetentes, lo que provoca que lo invada un enemigo extranjero. Será entonces cuando los gobernantes piensen en la gente común y la invoquen diciendo: “‘Todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país’. Si sucumbe el país, os espera a todos una vida de penurias. En este momento el país está en apuros y han invadido nuestras fronteras. Para proteger el país, corred al campo de batalla; ¡ha llegado la hora en que el país os necesita!”. Tú lo meditas y piensas: “Exacto, ‘todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país’. El país por fin me necesita por una vez, así que, ya que tengo esta responsabilidad, debo dar la vida por protegerlo. Nuestro país no puede cambiar de manos. ¡Sin este gobernante en el poder, estamos acabados!”. ¿Es una necedad pensar así? Los gobernantes de estas dictaduras niegan y se oponen a Dios, comen, beben y se divierten todo el día, se comportan de forma temeraria, pisotean a la gente común y atacan y tratan cruelmente a las masas. ¡Si te apresuras valerosa e intrépidamente a proteger a unos gobernantes como estos, sirviéndoles de carne de cañón en el campo de batalla y desperdiciando tu vida por ellos, eres claramente un necio y estás prometiendo una lealtad ciega! ¿Por qué afirmo que eres claramente un necio? ¿Por quién luchan exactamente los soldados en el campo de batalla? ¿Por quién desperdician su vida? ¿A quién le sirven de carne de cañón? Y si precisamente tú, un plebeyo débil y endeble, vas a la batalla, eso es una muestra de temeridad y un desperdicio de vida. Si llega la guerra, debes orar a Dios para pedirle que te proteja para poder huir a un lugar seguro, en vez de hacer un sacrificio inútil y resistir. ¿Qué se entiende por sacrificio inútil? La temeridad. Naturalmente, en el país habrá personas dispuestas a defender el espíritu de que todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país, a proteger a los gobernantes y a jugarse la vida por ellos. Como el destino del país tiene gran repercusión en los intereses y la supervivencia de esas personas, que se ocupen ellas de los asuntos del país. Tú eres una persona corriente, no tienes la capacidad de proteger el país, y estas cosas no tienen que ver contigo. ¿Qué clase de país merece ser defendido exactamente? Si es un país con unos sistemas libres y democráticos y el gobernante realmente hace cosas por el pueblo y puede garantizarle una vida normal, entonces ese país merece ser defendido y protegido. Para la gente común, proteger un país así equivale a proteger su propio hogar, que es una responsabilidad ineludible, por lo que está dispuesta a trabajar por el país y a cumplir con su responsabilidad. Sin embargo, si gobiernan el país los diablos o Satanás y los gobernantes son tan perversos e incompetentes que el mandato de estos reyes diabólicos se agota y deben dimitir, Dios levantará a un país poderoso para invadirlo. Es una señal del cielo a los seres humanos para decirles que los gobernantes de dicho régimen deben dimitir y que no son dignos de semejante poder, de dominar ese territorio ni de que el pueblo de ese país los mantenga, pues no han hecho nada en absoluto por dotar de bienestar a la población del país ni tampoco su mandato ha beneficiado en modo alguno a la gente común ni le ha alegrado la vida en absoluto. Solamente han atormentado a la gente común, le han hecho daño y la han torturado y maltratado. Por tanto, dichos gobernantes deben dimitir y renunciar al cargo. Si este régimen es reemplazado por un sistema democrático con personas virtuosas en el poder, esto colmará las esperanzas y expectativas de la población y, además, estará en consonancia con la voluntad del cielo. Los que acaten los caminos del cielo prosperarán, mientras que los que se resistan al cielo perecerán. Como ciudadano de a pie, si te dejas desorientar constantemente por la idea de que todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país y siempre idolatras y sigues a la clase dirigente, seguramente morirás antes de tiempo y es probable que te conviertas en víctima expiatoria y objeto funerario de la clase dirigente. Si buscas la verdad, si evitas dejarte desorientar por Satanás y si eres capaz de escapar a su influencia y de conservar tu vida, tendrás la esperanza de ver surgir un país positivo, de ver a sabios maestros y gobernantes asumir el poder y de ver que se establece un buen sistema social, y tendrás la suerte de vivir una vida feliz. ¿No es esta la decisión de una persona inteligente? No pienses que quienes invaden son enemigos o diablos; no es así. Si siempre consideras a los gobernantes como seres supremos, superiores a los demás y eternos amos de esta tierra, sin importar cuántas cosas malas hagan ni cuánto se resistan a Dios y traten cruelmente a los creyentes, es un grave error. Piénsalo: una vez que fueron erradicadas las dinastías feudales del pasado y los seres humanos empezaron a vivir bajo una serie de sistemas sociales relativamente democráticos, llegaron a ser algo más libres y felices, su vida se volvió materialmente mejor que antes, y la amplitud de miras, conocimiento y puntos de vista del género humano sobre diversas cosas se volvieron más avanzados que los de antes. Si el pueblo fuera retrógrado en su forma de pensar, creyera constantemente que todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país y siguiera queriendo revivir viejas tradiciones, restaurar el dominio de los emperadores y volver a un sistema feudal, ¿podría haberse desarrollado tanto el género humano? ¿Sería su hábitat como el de ahora? Desde luego que no. Por tanto, cuando el país esté en apuros, si sus leyes estipulan que debes cumplir con tus deberes cívicos y hacer el servicio militar, deberás hacerlo conforme a la ley. Si tienes que entrar en combate durante el servicio militar, también has de cumplir con tu responsabilidad, pues es lo que debes hacer por ley. No puedes infringir la ley y debes cumplirla. Si la ley no lo exige, eres libre de elegir. Si el país en que resides reconoce a Dios, lo sigue, lo venera y cuenta con Sus bendiciones, hay que defenderlo. Si el país en que resides se resiste y persigue a Dios y detiene y oprime a los cristianos, dicho país es un país satánico gobernado por diablos. Por resistirse constantemente a Dios con furia desquiciada, ya ha ofendido el carácter de Dios y Él lo ha maldecido. Cuando un país así se enfrenta a la invasión de un enemigo extranjero y se ve acosado por problemas dentro y fuera de sus fronteras, es un momento de indignación, descontento y resentimiento generalizados entre Dios y el género humano. ¿No es el momento en que Dios quiere suscitar cierto ambiente para destruir este país? Ahora es cuando Dios empieza a obrar. Dios ha escuchado las oraciones del pueblo, y ha llegado el momento de que repare los agravios cometidos contra Su pueblo escogido. Esto es bueno y, asimismo, una buena nueva. El momento en que Dios está a punto de destruir a los diablos y a Satanás es también el momento de que el pueblo escogido de Dios se emocione inmensamente y vaya por ahí difundiendo la noticia. En ese momento no debes arriesgar la vida por la clase dirigente. Con sabiduría, debes despojarte de las restricciones impuestas por la clase dirigente, huir deprisa por tu vida y salvarte con urgencia. Algunos preguntan: “Si huyo, ¿seré un desertor? ¿No es egoísta eso?”. También podrías no ser un desertor y limitarte a vigilar tu casa y a esperar a que los invasores la bombardeen y ocupen, a ver entonces cuál es el desenlace. Lo cierto es que, cuando se produce cualquier gran acontecimiento de importancia nacional, la gente corriente no tiene derecho a elegir por sí misma. Lo único que pueden hacer todos es esperar pasivamente, observar y soportar las consecuencias inevitables de dicho acontecimiento. ¿No es un hecho? (Sí). En efecto, lo es. En cualquier caso, huir es lo más sensato. Eres responsable de proteger tu propia vida y la seguridad de tu familia. Si exigieran a todo el mundo ser responsable del destino de su país y eso provocara que todos murieran y no quedara del país sino una extensión de tierra, ¿seguiría existiendo la esencia del país? “País” no sería más que una palabra hueca, ¿no? A ojos de los dictadores, las vidas humanas son lo menos valioso en comparación con sus ambiciones y deseos, sus actos de agresión y cualquiera de sus decisiones y acciones, pero, a ojos de Dios, las vidas humanas son lo más importante. Que colaboren y se sacrifiquen por los gobernantes aquellos que están dispuestos a ser carne de cañón de dictadores y a defender el espíritu del dicho “todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país”. Los que siguen a Dios no tienen obligación de sacrificarse por un país de Satanás. También se podría decir así: que los obedientes vástagos de Satanás y aquellos que lo siguen se sacrifiquen por su gobierno y por sus ambiciones y deseos. Está bien que sean carne de cañón. Nadie los obligó a tener unas ambiciones y unos deseos tan grandes. Simplemente les gusta obedecer a los gobernantes y están empeñados en jurar lealtad a los diablos, aunque mueran por ello. Al final se convierten en víctimas expiatorias y ornamentos funerarios de Satanás, que es lo que merecen.

Cuando un país invade otro, o cuando una transacción desequilibrada con otro país conduce a una guerra, la víctima es, en última instancia, la gente común, todo aquel que vive en ese territorio. Es un hecho que algunas guerras podrían evitarse si una de las partes fuera capaz de ceder, de dejar atrás sus ambiciones, sus deseos y su poder, y de pensar en la supervivencia de la gente común. En realidad, muchas guerras se deben a que los gobernantes se aferran a su mandato, no quieren soltar ni perder el poder que tienen en sus manos, sino que se aferran obstinadamente a sus creencias, al poder y a sus intereses. Cuando estalla la guerra, la víctima es el pueblo llano, la gente corriente. En tiempos de guerra se desperdiga por todas partes y son las personas menos capaces de resistir todo esto. ¿Tienen estos gobernantes en cuenta a la gente común? Imagina que un gobernante dijera: “Si me aferro a mis creencias y teorías, puedo acabar desencadenando una guerra y las víctimas serán la gente corriente. Aunque gane, esta tierra será destruida por las armas y municiones y los hogares en los que vive el pueblo serán destruidos, por lo que las personas que residen en esta tierra no tendrán una vida feliz en un futuro. Para proteger al pueblo, dimitiré, me desarmaré, me rendiré y cederé”; e imagina que acto seguido se evitara la guerra. ¿Existe algún gobernante así? (No). De hecho, la gente común no quiere pelear ni meterse en rivalidades o contiendas entre fuerzas políticas. Todos son enviados pasivamente al campo de batalla y a la guillotina por el gobernante. Todas estas personas enviadas al campo de batalla, tanto si mueren como si sobreviven, sirven en última instancia para mantener al gobernante en el poder. Entonces, ¿es el gobernante el beneficiario último? (Sí). ¿Qué puede ganar la gente común con la guerra? La gente común solo puede ser devastada por ella y sufrir la destrucción de sus hogares y del hábitat del que depende. Algunos pierden a su familia, e incluso más se ven desplazados, sin hogar y sin perspectivas de regresar. No obstante, el gobernante afirma grandilocuente que la guerra se inició para proteger los hogares del pueblo y su supervivencia. ¿Se sostiene esta afirmación? ¿No es un disparate hipócrita? Al final es el pueblo llano, la gente, quien padece las malvadas consecuencias de esto, y el mayor beneficiado es el gobernante. Puede seguir gobernando sobre el pueblo y la tierra, mantener el poder en sus manos y continuar en su posición de mandatario dando órdenes, mientras la gente corriente vive con apuros, sin futuro ni esperanza. Hay quien piensa que la idea de que todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país es absolutamente cierta. Examinándola ahora, ¿es cierta? (No, no es cierta). Este dicho no tiene ni pizca de cierto. Si se examina desde la perspectiva de las motivaciones de Satanás para inculcarle esta idea al pueblo, o a partir de las tramas, deseos y ambiciones de los gobernantes en diversas etapas a lo largo de la historia del desarrollo humano, o a partir de cualquier hecho relacionado con el destino de un país, no hay persona normal, individuo ni grupo étnico que pueda controlar que ocurran estos acontecimientos. Al final las víctimas son las masas desprevenidas y el pueblo llano, mientras que los que más se benefician son la clase dirigente del país, los gobernantes en la cúspide. Cuando el país está en apuros, envían a la gente común al frente para utilizarla como carne de cañón. Cuando el país no está en apuros, la gente común es la mano que les da de comer. Explotan a la gente común, la desangran y viven de ella, obligando a la gente a mantenerlos y, en definitiva, llegando a inculcarle la idea de que todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país y obligándola a aceptarla. Quien no la acepta es tachado de antipatriota. El mensaje que transmiten estos gobernantes es: “El objetivo de mi gobierno es que viváis felices. Sin mi gobierno, no podríais sobrevivir, así que debéis hacer lo que yo diga, ser ciudadanos obedientes y estar siempre dispuestos a consagraros al destino de vuestro país y a sacrificaros por ello”. ¿Quién es el país? ¿Quién es sinónimo de país? Los gobernantes son sinónimo de país. Al inculcarle al pueblo esta idea de que todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país, en cierto sentido le obligan a cumplir con sus responsabilidades sin elección, vacilación ni objeción alguna. En otro sentido, le dicen al pueblo que el destino del país y la cuestión de si sus gobernantes permanecen en el poder o son destituidos son de gran importancia para la población, por lo que deben esmerarse en defender tanto el país como a sus gobernantes para garantizar su existencia normal. ¿Es realmente así? (No). Es evidente que no. Los gobernantes incapaces de someterse a Dios, de seguir Su voluntad o de trabajar por la gente común no se ganarán el apoyo popular y no serán buenos mandatarios. Si, en lugar de actuar por el bien de la gente común, los gobernantes únicamente persiguen sus propios intereses, pisotean a la gente y le exprimen el sudor y la sangre como parásitos, esos gobernantes son satanases y diablos y no merecen el apoyo del pueblo por muy poderosos que sean. Si el país no tuviera esos gobernantes, ¿existiría? ¿Existiría la vida del pueblo? Existirían igualmente, y el pueblo hasta podría vivir mejor. Si el pueblo ve con claridad la esencia de la cuestión de cuáles deben ser sus obligaciones y responsabilidades hacia su país, entonces, viva en el país en el que viva, debe tener unos puntos de vista correctos sobre los principales asuntos de ese país y sobre las cuestiones relativas a la política y al destino del mismo. Cuando tú consigas tener estos puntos de vista correctos, podrás tomar la decisión correcta en asuntos relacionados con el destino del país. En cuanto al destino de un país, ¿comprendéis básicamente la verdad que debería comprender la gente? (Sí).

He hablado mucho del dicho sobre la conducta moral “todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país”. ¿He hablado claramente sobre el concepto de país, la influencia del término “país” en las personas en sociedad, las responsabilidades que estas deben tener hacia su país y su nación en lo que atañe al destino de ese país, las decisiones que deben tomar y lo que le exige Dios al género humano en este asunto? (Sí). Entonces, aquí termina nuestra enseñanza de hoy.

11 de junio de 2022

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