Qué significa perseguir la verdad (14) Parte 1

Hemos dedicado algo de tiempo a compartir y diseccionar la cuestión de las afirmaciones sobre la conducta moral en la cultura tradicional. ¿Tenéis alguna experiencia real en relación con dicho asunto? (Antes solo reconocía que esos enunciados de conducta moral no eran verdad, pero no me daba cuenta del nivel de profundidad con el que han corrompido a la humanidad. Con Tu enseñanza y análisis me he dado cuenta de que los diversos enunciados de conducta moral que Satanás les inculca a las personas parecen correctos y buenos a ojos de estas, pero que han corrompido, paralizado y cautivado los pensamientos de la gente, lo que hace que esta niegue y se resista a Dios y se aleje cada vez más de Él. Así ha corrompido Satanás a la humanidad, paso a paso, hasta el día de hoy). Si Yo no hablara de manera detallada de estas cosas, ¿sabría la gente reconocerlas por sí misma? ¿Sabría diseccionar la esencia de esos enunciados de conducta moral? (La gente no sabría diseccionar ni desentrañar la esencia de esos enunciados de conducta moral). ¿Y tras una experiencia prolongada? (La gente podría reconocer los problemas de algunos enunciados de conducta moral, pero no sabría analizar claramente su esencia). A menudo, a la gente le gusta considerar iguales los dichos famosos de la cultura tradicional y la verdad y mezclarlos, especialmente cuando se trata de cosas que guardan similitudes superficiales con la verdad o que parecen ajustarse a la moral humana, a los criterios de sus conciencias y a los sentimientos humanos. Todo el mundo cree que esas cosas son positivas y acordes con la verdad, pero nadie ve que tienen su origen en Satanás y que en realidad son negativas. Entonces, ¿es positivo algo de lo que Satanás le inculca al hombre? (No). No hay absolutamente nada positivo en esas cosas. Al contrario, todas son negativas y ponzoñas satánicas. Eso está fuera de toda duda. Y vosotros, ¿habéis llegado a conocer y descubrir esas cosas negativas y esas ponzoñas satánicas? ¿Queda algo en vuestra mente que se parezca a esas cosas de la cultura tradicional que consideráis correctas? Si lo hay, es una lacra, ¡un cáncer! Deberíais meditar más sobre ello ahora, así como observarlo detenidamente y prestarle atención en la vida diaria. Mirad si hay algo que se parezca a aquello que defiende la cultura tradicional en lo que dicen los demás, en lo que oís, en las cosas que os impresionan o que recordáis, o en las que admitís para vuestros adentros y consideráis valiosas. Si lo hay, debéis discernirlo y analizarlo, para luego apartaros de ello por completo. Eso os será de utilidad en vuestra búsqueda de la verdad.

Algunos citan la frase “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” al redactar artículos de testimonios vivenciales. Debéis discernir si este enunciado es correcto o incorrecto, positivo o negativo, y si guarda relación con la verdad, con las exigencias de Dios y con los principios que las personas deben poseer al abordar ciertos asuntos. ¿Es cierto el enunciado “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”? ¿Se ajusta a la verdad? ¿Es fruto de las leyes y normas fijadas por Dios? ¿Tiene algo que ver con el hecho de que Dios es soberano sobre todas las cosas? Adelante, compartid qué es lo que sabéis y entendéis acerca de este enunciado. (Yo también he dicho esto antes, especialmente al organizar el trabajo de la iglesia. Si el personal no es asignado oportunamente según los principios, a veces esto echa a perder el trabajo. Si el personal es asignado según los principios, el trabajo se puede hacer bien. En aquel entonces consideraba muy importantes y trascendentales los cargos de las personas, por eso cité la frase “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”. Ahora me doy cuenta de que carecía de comprensión respecto de la soberanía y omnipotencia de Dios. Siempre centraba mi interés en el cargo de las personas, y en mi corazón no había lugar para Dios en absoluto). ¿Quién más quiere compartir su opinión? (El enunciado “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” no es un testimonio de Dios, sino de los seres humanos, como si el éxito dependiera del esfuerzo humano. Supone negar la soberanía de Dios y equivale a dar testimonio de Satanás. Si se siembra este enunciado en el corazón de las personas, con el tiempo, cuando afronten problemas, pensarán que solo han de encontrar a las personas adecuadas para tener éxito, y no tendrán fe en Dios ni confiarán en Él. Por tanto, es un enunciado particularmente distorsionado). En esencia, entendéis que este enunciado no es correcto ni positivo y que, desde luego, no es verdad. Entonces, ¿por qué lo usáis? Si lo usáis, ¿qué problema queda en evidencia? (Que carecemos de discernimiento sobre este enunciado). ¿Por qué carecéis de discernimiento? ¿Porque todavía creéis que dicho enunciado tiene una vertiente correcta y válida? (Sí). ¿Y qué hay de malo en este enunciado? ¿Por qué, según vosotros, no es correcto ni positivo? En primer lugar, veamos si se ajusta a las leyes objetivas de las cosas. A primera vista, parece que son las personas las que realizan una tarea determinada. Organizan el trabajo, lo realizan y hacen seguimiento de él. Desempeñan un papel crucial en cada paso y al final determinan los resultados y el progreso de dicho trabajo. Aparentemente, las causas, el proceso de desarrollo de las cosas y los resultados de todo ello los determinan las personas. Sin embargo, en realidad, ¿quién rige, instrumenta y dispone todo esto? ¿Tiene esto algo que ver con la gente? ¿Acepta la gente de forma pasiva las instrumentaciones del destino y del Soberano, o controla todo ella misma de manera activa? (Acepta de forma pasiva). Toda persona acepta de forma pasiva la soberanía, las instrumentaciones y las disposiciones de Dios. ¿Qué papel desempeñan las personas? ¿No son marionetas en manos de Dios? (Sí). Las personas son como marionetas movidas por hilos. El hilo del que se tira determina sus actos y expresiones. A dónde va la gente, lo que dice y lo que hace cada día…, ¿en qué manos está todo esto? (En las de Dios). Todo está en manos de Dios. La gente acepta pasivamente la soberanía de Dios. Durante todo este proceso, Dios decide lo que Él hará, si dejará a alguien en evidencia, qué cambios y progresos obrará en este asunto y cuándo, cuál será el resultado final y a quién desenmascarará o descartará; decide qué lecciones aprenderá la gente de este asunto, qué verdades comprenderá, qué conocimiento de Dios conseguirá tener, qué puntos de vista hará que la gente cambie y qué nociones hará que esta deje atrás. ¿Puede la gente lograr todo esto que Él hace? ¿Puede? (No). No puede. No puede lograrlo. A lo largo de toda la evolución de cualquier asunto, las personas simplemente hacen las cosas pasiva y consciente o inconscientemente, pero ninguna persona puede prever las causas, el proceso, los resultados finales y los frutos conseguidos en todo el asunto ni controlar ninguna de estas cosas. ¿Quién prevé y controla todo esto? ¡Únicamente Dios! Trátese de un acontecimiento importante que ocurre en el universo o de un pequeño suceso en cualquier rincón de cualquier planeta, no depende de las personas. Ninguna persona puede controlar las leyes que lo rigen todo ni el proceso del progreso de todas las cosas y su resultado último. Ninguna persona puede prever el futuro de todo ni predecir lo que va a suceder, y ni mucho menos controlar el resultado último de todas las cosas. Solo Dios, soberano sobre todas las cosas, lo controla y rige todo. La gente solo puede tener la función de desempeñar distintos papeles, positivos o negativos, en ambientes tanto grandes como pequeños y con diversos tipos de personas, acontecimientos y cosas que Dios rige, instrumenta y dispone. Esta es la función de las personas y el rol que desempeñan. Cuando algo no sale bien o los resultados no parecen tan buenos como se esperaba, y el desenlace no es el que quiere la gente, cuando el desenlace incluso le acarrea gran tristeza y dolor, la gente tampoco tiene soberanía sobre ello, no puede preverlo ni, indudablemente, controlarlo. Si el resultado final de algo es muy bueno, tiene una repercusión muy positiva y activa, es enormemente edificante para las personas y tiene honda influencia en ellas, viene de Dios. Si algo no alcanza el resultado deseado, si el desenlace no es muy bueno ni optimista y si parece tener repercusiones negativas sobre las personas, en vez de consecuencias positivas y activas, la totalidad del proceso de ese asunto también está instrumentado y dispuesto por Dios. No lo controla ninguna persona. No hablemos de cosas lejanas; hablemos de lo que se puede observar en la iglesia, como la presencia de anticristos. Desde que un anticristo llega y comienza a actuar, es ascendido al puesto de líder u obrero y asume un trabajo importante en la iglesia, hasta que los hermanos y hermanas revelan que es un anticristo, disciernen y lo dejan en evidencia, y finalmente se lo descarta y rechaza; durante todo este proceso, muchas personas se dejan desorientar, algunas incluso siguen al anticristo y otras experimentan perjuicios en la entrada en la vida por influencia del anticristo, etc. Aunque todo esto tiene su origen en las perturbaciones de Satanás y es obra de los siervos de Satanás, ¿acaso significa que Dios no ve que suceden y se desarrollan todas estas cosas? ¿No conoce cuáles serán las consecuencias de la presencia de un anticristo? ¿No sabe la repercusión que un anticristo tendrá sobre la iglesia y sobre los hermanos y hermanas? ¿Es todo esto, sencillamente, fruto de un fracaso provocado por la gente? Ante la irrupción de cosas negativas como estas, la gente suele pensar: “¡Oh, no! Satanás aprovechó un punto débil allí, fue Satanás quien perturbó las cosas”. Lo que insinúan es: “¿Por qué Dios no estaba vigilando? ¿No escruta Él todo? ¿Acaso no es omnipresente ni omnipotente? ¿Dónde estaban Su autoridad y Su poder?”. Surgen dudas en el corazón de la gente. ¿Cuál es el origen de estas dudas? Como el desenlace del acontecimiento es negativo, indeseable y no el que quiere la gente, y ni mucho menos se ajusta a sus nociones y figuraciones, esto asesta un golpe a su sagrada fe en Dios. La gente no es capaz de entenderlo, y piensa: “Si Dios es soberano sobre todas las cosas y lo controla todo, ¿por qué ocurriría algo como que un anticristo desoriente a la gente ante nuestros ojos? ¿Por qué sucedería algo tan indeseable en la iglesia y entre los hermanos y hermanas?”. Surgen dudas en el corazón de la gente, y su fe en que “Dios es omnipotente y omnipresente” se ve cuestionada. Una vez que se pone en duda la fe de la gente en Dios, si le preguntas: “¿Quién tiene la culpa de que tú empieces a tener nociones sobre Dios?”, responde: “La culpa es de Satanás”. Sin embargo, como el hombre no ve a Satanás, ¿sobre quién debería recaer esta responsabilidad en última instancia? Debería recaer sobre el anticristo o sobre el grupo del anticristo. La gente dirá que aquellos que se dejaron desorientar por el anticristo, y cuya vida se vio perjudicada, merecían dejarse desorientar por el anticristo. Al final, ¿a qué enunciado se reduce lo que la gente comprende acerca de todo este asunto? “El éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”. Esa es la conclusión a la que llega. ¿Dónde sitúa a Dios en todo esto? Al no entender que Dios es soberano sobre todo, atribuye, en cambio, todo lo que sucede a la teoría vacía de que “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”.

Cuando la gente ve que suceden cosas relativamente buenas y positivas a su alrededor —como cuando el Espíritu Santo realiza una obra poderosa y todo el mundo tiene mucha fe, cuando la gente se mantiene firme incluso en medio de la persecución y la adversidad sin que nadie se vuelva un judas, y cuando no se produce perjuicio alguno a las posesiones de la casa de Dios y a la vida de los hermanos y hermanas—, dice: “Esta es la protección de Dios. Este éxito no lo ha provocado la gente; sin duda, es obra de Dios”. Supongamos que las cosas que la gente ve que suceden a su alrededor son indeseables; por ejemplo, la iglesia se enfrenta a la represión y detención del gran dragón rojo y las posesiones de la iglesia son incautadas por Satanás. Supongamos que la vida de los hermanos y hermanas se ve perjudicada y el pueblo escogido de Dios está disperso por todas partes, desplazado y sin poder volver a casa. Supongamos que se disuelve la vida de iglesia y sus miembros ya no pueden llevar la misma vida de iglesia que antes. Imagina que ya no pueden llevar una vida alegre y feliz de coexistencia pacífica con sus hermanos y hermanas, reuniéndose a comer y beber las palabras de Dios y cumpliendo con el deber, y que algunas personas malvadas e incrédulos empiezan a difundir nociones para desorientar a los demás, haciéndoles perder la fe en Dios y caer en la negatividad y la debilidad. En esos momentos, la gente no puede evitar quejarse. Como no se atreve a quejarse de Dios, se queja así: “Fulano es una persona malvada, fulano es Satanás, fulano es un diablo. Si no hubiera sido descuidado en las reuniones y no lo hubieran detenido, no habríamos llegado a esta situación que no nos permite volver a casa. Si no fuera por él, seguiríamos viviendo felices la vida de iglesia, comiendo y bebiendo las palabras de Dios y cumpliendo con el deber con normalidad. Todo esto se debe a cierta persona, cierto diablo, cierto Satanás o cierto régimen satánico”. Aunque la gente no se atreve a albergar quejas contra Dios ni a atribuirle la responsabilidad de toda la situación, en ese momento han desarrollado cierta desconfianza inexplicable, ni grande ni insignificante, hacia Él. ¿Qué brotará de estos pensamientos que albergan esta desconfianza? La gente dirá: “He aprendido una lección de esta experiencia. A partir de ahora, examinaré detenidamente todo lo que se me presente y me lo pensaré dos veces antes de actuar. No seré imprudente y no confiaré fácilmente en nadie. Tendré mucho cuidado en todas las situaciones y aprenderé a protegerme”. ¿Sigue llevando a Dios en el corazón? ¿Sigue confiando en Dios y teniendo fe en Él? Algunas personas contestan: “¡Cómo no! En el fondo aún creo en Dios y tengo sincera confianza en Él”. Sin embargo, para sus adentros se dicen a sí mismas: “No confíes tan fácilmente en las palabras de Dios. Dios siempre prueba y refina a las personas. ¡No se puede confiar en Dios! Mira lo que ha pasado ante nuestros ojos. El gran dragón rojo ha detenido a miembros de nuestra iglesia. ¿Por qué no nos protegió Dios? ¿Desea ver perjudicados los intereses de Su casa? ¿Acaso siente apatía cuando los incrédulos desorientan a la gente? Si Él realmente lo ve, ¿por qué no se preocupa? ¿Por qué no lo evita ni impide? ¿Por qué no nos da esclarecimiento para discernir que la persona que nos desorienta es malvada e incrédulo, alejarnos de ella lo antes posible y eludir todas estas consecuencias? ¿Por qué no nos protege cuando un incrédulo desorienta a la gente? ¡Bastaría incluso una rápida advertencia!”. No obtienen respuesta a todos estos interrogantes ni son capaces de obtenerla. Al final, tras esta experiencia, la conclusión a la que llegan es: “Confiaré en Dios en aquellos asuntos en los que deba confiar en Él, y en mí mismo en aquellos asuntos en los que no deba confiar en Dios. No puedo ser un necio. Los hermanos y hermanas debemos aprender a unirnos para darnos calor humano y ayudarnos. En todo lo demás, dejemos que Dios haga lo que quiera. No podemos controlarlo”. Si el gran dragón rojo detiene al pueblo escogido de Dios, el trabajo y la vida de la iglesia se verán enormemente obstaculizados, y el cumplimiento del deber por parte de los hermanos y hermanas, enormemente afectado. En esos momentos surgirán incrédulos y anticristos para trastornar y desorientar, propagando herejías y falacias y afirmando que las detenciones se produjeron porque los líderes y obreros se oponían a las intenciones de Dios, y la gente se dejará desorientar por estos anticristos y personas malvadas. Cuando ocurren estos acontecimientos que no se ajustan a las nociones y figuraciones humanas ni a sus sentimientos, la gente nunca aprende ninguna lección de ellos. Jamás llega a comprender la soberanía, las instrumentaciones y el carácter de Dios a partir de estos acontecimientos. Nunca capta las intenciones de Dios ni entiende qué lecciones Él quiere que aprenda, qué edificación quiere que reciba y qué discernimiento quiere que adquiera a partir de estos acontecimientos. La gente no conoce ninguna de estas cosas y no sabe cómo experimentarlas. Por tanto, cuando se trata de todo aquello que ven que ocurre a su alrededor, la gente cree sinceramente que la frase “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” es certera, y más fiable y real que el hecho de que “Dios es soberano sobre todas las cosas, Dios es omnipresente y Dios lo escruta todo”. De hecho, en el fondo, vosotros seguís creyendo que la frase “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” es más real, que los seres humanos lo deciden todo, y parece algo difuso eso de que todo lo decide Dios. ¿Por qué piensa la gente que es difuso? ¿Por qué piensa la gente que el enunciado “todo lo decide Dios” es poco fiable? En teoría, porque no comprende la verdad y no conoce a Dios, pero, en realidad, ¿cuál es el motivo? (Que, en realidad, la gente no reconoce ni cree que Dios sea soberano sobre todo). Es correcto, la gente no cree ni reconoce que Dios es soberano sobre todo, pero hay un motivo más concreto: que la frase “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” revela la perspectiva errada de la gente a la hora de considerar las cosas buenas y malas. La gente cree que las cosas que le aportan paz, alegría, consuelo y felicidad son buenas y provienen de Dios. Hay cosas que inquietan o asustan a la gente, que la hacen llorar, sufrir o sentir tanta pena que desearía estar muerta; algunas incluso hacen imposible que la gente tenga una vida de iglesia y un entorno normales para cumplir con su deber. Este tipo de cosas son consideradas por la gente “cosas malas”. El término “cosas malas” debe entrecomillarse. ¿Pueden las “cosas malas” causar un efecto positivo sobre la gente? Las personas no ven ni sienten esos efectos positivos, así que, en su opinión, el “todo” sobre el que Dios es soberano únicamente abarca las cosas que les aportan paz, alegría, saciedad, beneficios, edificación y ganancia, así como las que fortalecen su fe en Dios. Esas son las cosas que la gente cree que forman parte de la soberanía de Dios sobre todas las cosas. En cambio, si, a primera vista, algunas cosas parecen provocar sufrimiento en la vida de la gente y perjuicios a los intereses de la iglesia, si algunas personas se desorientan y otras llegan incluso a ser descartadas, y si las hay que pasan por sucesos desafortunados y soportan cierto dolor, la gente cree que esas cosas no guardan relación con la soberanía de Dios y que son obra de Satanás. Piensan que, si fueran obra de Dios, esas cosas negativas no se presentarían ni existirían; eso es lo que ha resuelto la gente. Por consiguiente, su comprensión de la frase “Dios es soberano sobre todo” es muy unilateral y superficial. Se limita a las nociones humanas, está repleta de emociones humanas y no coincide con la realidad. Permitidme que os ponga un ejemplo. Dios creó toda clase de insectos y pájaros. Algunos dicen: “Creo que todas las cosas que Dios creó son importantes, que todos son unos insectos beneficiosos y buenos. Dios creó las abejas y todo tipo de aves buenas. Los mosquitos siempre pican a la gente y propagan enfermedades, así que no son buenos. Tal vez Dios no los creó”. ¿No es una comprensión distorsionada? Efectivamente, todas las cosas fueron creadas por Dios. Hay un único Dios, el Creador, y todo lo que vive y lo que no vive proviene de Dios. Según sus nociones, la gente solo cree que los diversos insectos beneficiosos, los pájaros y las demás criaturas beneficiosas provienen de Dios; en cuanto a moscas, mosquitos, chinches y algunos animales carnívoros que el hombre considera especialmente violentos, esas criaturas no parecen provenir de Dios y, aunque así fuera, no son buenas. ¿No es esa una noción humana? Según sus ideas y nociones, estas cosas se han ido clasificando sistemáticamente: todo lo que les gusta a los seres humanos o los beneficia se considera positivo y creado por Dios, mientras que todo lo que les desagrada o los perjudica se considera negativo y no creado por Dios y podría haber sido creado por Satanás o fruto de la naturaleza. En su opinión, la gente a menudo piensa inconscientemente que “moscas, mosquitos y chinches no son cosas buenas, no las creó Dios. Por supuesto, Dios no crearía cosas así”. O bien piensa: “Los leones y los tigres siempre se comen las ovejas y las cebras, son excesivamente crueles. No son cosas buenas. Los lobos son siniestros, astutos, feroces, violentos y crueles. Los lobos son malos, pero las vacas y las ovejas son buenas, y los perros aún mejores”. Si algo creado por Dios es bueno o no, no se evalúa en función de las necesidades emocionales o los gustos humanos, así no se evalúan estas cosas. Dios creó todo tipo de animales, como cebras, ciervos y diversas variedades de herbívoros, así como feroces carnívoros como leones, tigres, leopardos y cocodrilos, que son especialmente violentos, incluidos algunos depredadores que pueden matar a su presa de un solo mordisco. Buenos o malos estos animales a ojos de los seres humanos, todos fueron creados por Dios. Algunas personas ven que los leones comen a las cebras y piensan: “¡Ay, pobre cebra! Los leones son tan feroces que comen a las cebras”. Cuando ven que un lobo devora una oveja, reflexionan: “Los lobos son muy crueles y astutos. ¿Por qué creó Dios los lobos? Con lo lindas, buenas y mansas que son las ovejas. ¿Por qué no creó Dios nada más que animales mansos? Los lobos son enemigos naturales de las ovejas, así que ¿por qué creó Dios los lobos y las ovejas?”. No entienden el misterio que subyace a esto y siempre albergan nociones y figuraciones humanas. Cuando se produce un incidente en que un anticristo desorienta a la gente en la iglesia, hay quienes preguntan: “Si Dios se apiada de esta humanidad, ¿por qué creó a Satanás? ¿Por qué permite que Satanás corrompa a la humanidad? Ya que Dios nos ha escogido a nosotros, ¿por qué permite que surjan anticristos en la iglesia?”. No lo entendéis, ¿verdad? Esa es la soberanía de Dios. Así rige Dios sobre todas las cosas, y precisamente porque las rige de este modo es posible la normal existencia de todas ellas en el marco de las reglas y leyes que Él ha decretado. Si Dios te protegiera y evitara que surgieran anticristos en la iglesia, ¿sabrías lo que son los anticristos? ¿Sabrías cómo es el carácter de un anticristo? Si solamente se te informara de algunas palabras y doctrinas sobre cómo discernir a los anticristos, sin llegar realmente a conocer a ninguno, ¿sabrías discernirlos? (No). Para nada. Si no se permitiera la aparición de anticristos y personas malvadas, serías siempre como una flor de invernadero: en cuanto hubiera un cambio brusco de temperatura, te marchitarías bajo una repentina ola de frío, incapaz de resistirla. Por lo tanto, si la gente quiere comprender la verdad, debe aceptar y someterse a todos los ambientes, personas, acontecimientos y cosas que Dios instrumenta y sobre los que rige. “Todas las personas, acontecimientos y cosas” abarca lo positivo y lo negativo, las cosas que se ajustan a tus nociones y figuraciones y las que no. Abarca las cosas que consideras positivas y las negativas que te desagradan, las que concuerdan con tus sentimientos y las que no se ajustan a estos ni a tus gustos. Debes aceptar todas esas cosas. ¿Qué objetivo tiene aceptarlas todas? No se trata solo de ampliar tus conocimientos y tu experiencia, sino de que llegues a conocer las palabras de Dios de manera más práctica y concreta, comprendas la verdad y experimentes la veracidad y exactitud de las palabras de Dios por medio de estos hechos. A la larga, corroborarás que las palabras de Dios son la verdad y aprenderás lecciones a partir de personas, acontecimientos y cosas distintos y esto te permitirá comprender más verdades, desentrañar muchas cosas y te enriquecerás aún más. El resultado último de esto es que podrás conocer al Creador gracias a la aparición y evolución de diferentes personas, acontecimientos y cosas, llegarás a comprender Su carácter y esencia y aprenderás que Él rige e instrumenta todas las cosas.

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