Qué significa perseguir la verdad (14) Parte 4

Hay otro aspecto del enunciado moral “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” que es necesario discernir. Si la tarea que se te confía no te consume demasiado tiempo y energía y se encuentra dentro del alcance de tus aptitudes, o el entorno y las condiciones adecuados, entonces, puedes, de acuerdo con la conciencia y la razón humanas, hacer cosas por los demás lo mejor que puedas y satisfacer sus exigencias razonables y oportunas. Ahora bien, si la tarea que se te confía te consume mucho tiempo y energía y la gran cantidad de tiempo que te quita hace que sacrifiques tu vida, tus responsabilidades y tus obligaciones en esta vida, y tus deberes como ser creado se ven reducidos a la nada y reemplazados, ¿qué harás? Deberías negarte porque no es tu responsabilidad ni tu obligación. En cuanto a las responsabilidades y obligaciones de la vida de una persona, aparte de cuidar de los padres, criar a los hijos y cumplir con las responsabilidades sociales dentro de la sociedad y la ley, lo más importante es que la energía y el tiempo de una persona, así como su vida, los dedique a cumplir con el deber de un ser creado, y no en tareas que otros le confíen y que le consuman su tiempo y energía. Esto se debe a que Dios crea a una persona, le concede la vida y la trae a este mundo, y no le corresponde hacer cosas y cumplir responsabilidades ajenas. Lo que principalmente debe aceptar la gente es lo que le confíe Dios. Solo lo que Él le confíe es auténtico, y aceptar lo que le confíe el hombre supone no atender los propios deberes. Nadie está autorizado a pedirte que dediques tu lealtad, tu energía, tu tiempo, incluso tu juventud y tu vida entera, a las tareas que te encargue. Dios es el único que puede pedirles a las personas que cumplan con su deber de seres creados. ¿Por qué? Si cualquier tarea que se te confíe requiere de ti un tiempo y una energía notables, te impedirá cumplir con tu deber de ser creado e incluso seguir la senda correcta en la vida, y alterará el rumbo y los objetivos de tu vida. Esto no es bueno, es más bien una maldición. Si te consume un tiempo y una energía significativos, e incluso te roba la juventud y te priva de oportunidades de alcanzar la verdad y la vida, entonces todo encargo de esta naturaleza proviene de Satanás y no simplemente de un individuo. Es otra forma de entender el asunto. Si alguien te confía una tarea que te consume y malgasta mucho tiempo y energía, e incluso hace que sacrifiques tu juventud y la totalidad de tu vida y te quita el tiempo que deberías dedicar a cumplir con tu deber de ser creado, esa persona no solo no es tu amiga, sino que hasta puedes considerarla tu enemiga y adversaria. En la vida, además de cumplir con tus responsabilidades y obligaciones hacia tus padres, tus hijos y la familia que Dios te ha otorgado, todo tu tiempo y energía debes dedicarlos y gastarlos en cumplir con tu deber de ser creado. Nadie está autorizado a ocupar o quitarte tu tiempo y energía con el pretexto de confiarte ninguna tarea. Si no prestas atención a este consejo y aceptas que alguien te encargue algo que te ocupe mucho tiempo y energía, el tiempo que tendrás para cumplir con tu deber de ser creado se verá relativamente reducido e incluso marginado y ocupado. ¿Qué significa que te veas privado del tiempo y la energía para cumplir con tu deber? Que se reduce tu oportunidad de perseguir la verdad. Cuando tus posibilidades de perseguir la verdad se ven reducidas, ¿no implica también que tus oportunidades de salvación son menores? (Sí). ¿Es esto una bendición o una maldición para ti? (Una maldición). Indudablemente, es una maldición. Es como una chica que tiene novio, y el novio le dice: “Puedes creer en Dios, pero debes esperarme hasta que tenga éxito, sea rico e influyente, y pueda comprarte un coche, una casa y un gran anillo de diamantes. Luego, me casaré contigo”. La chica responde: “Entonces, durante estos años, no creeré en Dios ni cumpliré con mis deberes. Primero, me esforzaré contigo y esperaré a que te hagas rico, a que llegues a ejecutivo, a que se cumplan tus deseos, y luego yo cumpliré mis deberes”. ¿Esta chica es lista o tonta? (Tonta). ¡Tontísima! Tú lo ayudaste a alcanzar el éxito, a convertirse en rico y poderoso, y a tener fama y fortuna, pero ¿quién te compensará el tiempo perdido? No has cumplido con tu deber de ser creado, así que ¿quién compensará esta pérdida y te resarcirá de ella? En los pocos años que llevas creyendo en Dios, no has alcanzado ni la verdad ni la vida que deberías haber alcanzado. ¿Quién compensará esta verdad y esta vida? Algunos creen en Dios, pero no persiguen la verdad. En cambio, dedican varios años de su tiempo a cumplir con una tarea que les confían, un deseo o una exigencia de otras personas. Al final, no solo no ganan nada, sino que pierden la oportunidad de cumplir con su deber para alcanzar la verdad. No reciben la aprobación de Dios; el perjuicio es excesivo, y el coste, ¡demasiado elevado! ¿No es de necios dejar de creer en Dios y de cumplir con el deber de un ser creado nada más que para no quebrantar la confianza de los demás, para que la gente hable bien de ellos, para que se les considere personas que poseen un carácter moral elevado, buena reputación y que son dignas de confianza, y para conseguir esmerarse en manejar con lealtad aquello que les hayan confiado? También hay quienes quieren hacer una cosa y la otra y, por un lado, satisfacen a la gente mientras destinan algo de energía para cumplir con algún deber, y complacen a la gente, pero al mismo tiempo quieren complacer a Dios. ¿Qué ocurre al final? Que puedes complacer a la gente, pero no cumples con tu deber de ser creado, no comprendes la verdad en absoluto, ¡y pierdes muchísimo! Aunque te hayas esmerado en manejar con lealtad ciertas cosas para la gente y hayas recibido elogios de su parte que afirman que mantienes tu palabra y eres una persona con una conducta moral noble, no has alcanzado la verdad de Dios ni recibido Su aprobación ni Su aceptación. Esto sucede porque esmerarte en manejar las cosas con lealtad para la gente no es lo que Dios le exige a la humanidad ni una tarea que te haya confiado Dios. Está fuera de lugar que te esmeres con lealtad en manejar las cosas para la gente, eso no es cumplir con tus deberes y no tiene valor ni sentido alguno. No supone en absoluto ningún tipo de buena obra digna de ser recordada. Has invertido gran parte de tu energía y tu tiempo en los demás, y no solo no serás recordado por Dios, sino que habrás perdido la mejor oportunidad de perseguir la verdad y tiempo valioso para cumplir con tu deber de ser creado. Cuando te voltees y quieras perseguir la verdad y cumplir correctamente con tus deberes, ya serás mayor, carecerás de energía y fuerza física y te asolarán enfermedades. ¿Merece la pena? ¿Cómo te será posible esforzarte por Dios? Aprovechar el tiempo que te quede para perseguir la verdad y cumplir con tu deber de ser creado te resultará agotador. Tu fuerza física no podrá seguir el ritmo, tu memoria se deteriorará y tu energía no será suficiente. A menudo te quedarás dormido en las reuniones, y tu cuerpo siempre manifestará dificultades y dolencias cuando intentes cumplir con tus deberes. Para entonces te arrepentirás. ¿Qué habrás ganado esmerándote en manejar con lealtad aquello que te han confiado? Como mucho, podrás sobornar a otra gente y recibir cumplidos de su parte. Sin embargo, ¿de qué sirven los elogios de la gente? ¿Representan la aprobación de Dios? En absoluto. En tal caso, esa frase elogiosa de una persona no vale nada. ¿Vale la pena soportar un dolor tan grande por recibir elogios mientras se pierde la ocasión de salvarse? Así pues, ¿qué ha de entender la gente a esta altura? Que si alguien te confía una tarea, la que sea, siempre que no implique cumplir con tu deber de ser creado ni algo que Dios te haya confiado, tienes derecho a negarte porque no es tu obligación y, ni mucho menos, tu responsabilidad. Puede que algunos afirmen: “Si me niego, dirán que tengo poca moral, o que no soy lo bastante buen amigo ni lo bastante leal”. Si esto te preocupa, hazlo y, después, mira qué consecuencias tiene. También hay personas que no han terminado de hacer algo para otras y no pueden seguir haciéndolo porque están cumpliendo con su deber. Reflexionan: “No está bien que deje esta tarea a medias. Como persona, debo tener credibilidad. Hay que hacer las cosas de principio a fin, y no empezar fuerte para acabar flojo. Si las tareas que prometo hacerles a los demás se quedan a la mitad y no hago el resto, no puedo justificárselos. ¡Eso carece de integridad!”. Si tienes esas ideas en tu mente y no puedes desprenderte del orgullo, adelante, puedes hacer tareas para otra gente y, cuando termines, comprueba qué has ganado y si realmente tiene valor mantener tu palabra y tener esta clase de integridad. ¿Esto no demora algo importante? Si puede demorarte en el cumplimiento de tus deberes y afectarte a la hora de alcanzar la verdad, equivale a arriesgar tu vida, ¿no? Si consideras que estos enunciados y exigencias de conducta moral son más significativos que cumplir con tu deber de ser creado y perseguir la verdad, no puedes liberarte del cautiverio y las ataduras de dichos enunciados. Si eres capaz de discernirlos y de tener clara su auténtica esencia, decides renunciar a ellos y no vivir de acuerdo con ellos, tienes la esperanza de liberarte del cautiverio y las ataduras de estos enunciados de conducta moral. También tienes la esperanza de cumplir con tu deber de ser creado y de alcanzar la verdad.

Después de tantas enseñanzas, ¿ya tenéis algo de discernimiento en cuanto al enunciado y criterio para juzgar la moralidad de una persona que dice “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”? (Sí). Entonces, para resumir, ¿a partir de cuántos aspectos debemos discernir si esta frase es correcta o no? En primer lugar, está claro que este enunciado no se ajusta a la verdad ni a las palabras de Dios y que no es un principio-verdad que la gente deba acatar. Entonces, ¿cómo deberías abordar este asunto? Sin importar quién te confíe una tarea, tienes derecho a negarte y contestar: “No quiero ayudarte, no te debo lealtad”. Si en su momento aceptaste el encargo, pero ahora que entiendes el asunto, no quieres ayudar y sientes que no hay necesidad ni obligación, ahí se acaba el asunto. ¿Es este un principio de práctica? (Sí). Puedes decir que no y rehusarte. En segundo lugar, ¿qué hay de malo en el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”? Si alguien te confía una tarea sencilla que se hace fácilmente, es algo normal en la relación y el trato entre personas. No se puede saber si eres leal o si posees un carácter moral elevado o no, eso no se puede aplicar como criterio para evaluar la moralidad de una persona. Ayudar a alguien con una tarea que requiere muy poco esfuerzo, ¿indica que una persona tiene moral y credibilidad? No necesariamente, ya que esa persona puede haber hecho muchas cosas malas de forma encubierta. Si ha obrado mal en muchas oportunidades, pero también ha hecho algo para ayudar a otra gente con muy poco esfuerzo, ¿se considera que posee un carácter moral elevado? (No). Por tanto, este ejemplo revoca el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”. No es correcto y no puede aplicarse como criterio para evaluar la conducta moral de una persona. Esta es la forma en la que deben abordarse una serie de situaciones habituales. ¿Y cómo debes abordar ciertos asuntos especiales? Si alguien te confía una tarea especialmente importante que excede tus capacidades, te parece agotadora y extenuante y que no sabes hacer, puedes negarte sin sentirte mal. Además, si alguien te confía algo que no es razonable, que es ilegal o que perjudica los intereses de otros, con más razón, no debes hacerlo. Así pues, cuando alguien te confíe una tarea, ¿qué es lo principal que has de discernir? Para empezar, has de discernir si la tarea que te confía es responsabilidad u obligación tuya y si deberías aceptarla. Por otro lado, tras aceptarla, que la hagas o no, y que te ocupes bien o mal de ella, ¿implica lealtad y moralidad por parte de la persona? Esta es la clave del discernimiento. Otro aspecto que hay que discernir es la naturaleza de la tarea que se te confía, si es razonable, legal, positiva o negativa. Se discierne por medio de estos tres aspectos. Ahora, pensad y resumid lo que acabamos de compartir, y debatid opiniones y puntos de vista. (En cuanto al enunciado moral “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”, en primer lugar, las personas no están obligadas a hacer cosas para otras, pueden negarse, es un derecho de todos. En segundo lugar, aunque acepten una tarea que les confíe otra gente, que la hagan o no y que la hagan bien o mal, no atañe a su moralidad ni puede aplicarse como criterio para evaluar la moral de una persona. Además, si la tarea que se le confía a alguien es ilegal y un delito, en realidad no debería llevarla a cabo. Si lo hace, es un acto malvado y será castigado. Mediante estos aspectos podemos, de hecho, revocar el punto de vista de que hay que esmerarse en manejar con lealtad aquello que a uno le hayan confiado). Lo más crucial es que este enunciado es incorrecto. ¿Por qué? En primer lugar, el principio que impone para abordar y encargarse de dichos asuntos es incorrecto. Por otra parte, también es un error aplicar este enunciado para juzgar la conducta moral de una persona. Igualmente, también es una especie de secuestro y un error aplicar este enunciado para evaluar la conducta moral de una persona, obligarla y controlarla, utilizarla para que haga cosas y hacerle dedicar tiempo, energía y un precio para cumplir responsabilidades con las que no debería cargar o que no desea cargar. Estos pocos errores son suficientes para revocar el valor y la veracidad del enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”. Resumamos brevemente. En primer lugar, el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” les dice a las personas cómo manejar las tareas que se les han delegado. Implica que cuando alguien te confíe una tarea, razonable o no, buena o mala, positiva o negativa, siempre que la tarea se te confíe a ti, debes mantener tu palabra y estás obligado a hacerla bien y del todo para satisfacerlo. Solo una persona así puede tener credibilidad. Esto hace que la gente lleve a cabo la tarea sin discernimiento, lo cual es, ante todo, un error, un error en contra de los principios. En segundo lugar, se aplica el criterio de si las personas son capaces de esmerarse en manejar con lealtad aquello que les hayan confiado como fundamento para evaluar su conducta moral. ¿No se comete otro error con este criterio de evaluación? Si todo el mundo se esmerara con lealtad en las tareas malvadas o perversas que se le confiaran, ¿no estaría esta sociedad patas arriba? Además, si siempre se aplica este enunciado como criterio para evaluar la conducta moral de la gente, es natural que genere una atmósfera social, una opinión pública y una presión social que limiten y restrinjan los pensamientos de la gente. ¿Qué consecuencias acarreará esto? A raíz de la existencia del enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” y de la presencia de dicha opinión pública en la sociedad, te hallas bajo la presión social y estás obligado a actuar de esta forma en esas situaciones. La forma en que actúas no es voluntaria, no se encuentra dentro de tus capacidades y no supone cumplir con tus obligaciones. Te ves obligado a ello y no es una exigencia proveniente de lo más profundo de tu corazón ni una exigencia de humanidad normal ni tampoco una exigencia de que conserves tus relaciones afectivas. La provoca la presión social, lo que equivale a un secuestro moral. Si no les haces a los demás las tareas que accediste a hacer, tus padres, familiares, compañeros y amigos te criticarán: “¿Qué crees que estás haciendo? Según el refrán, ‘esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado’. Si accediste, ¿por qué no cumpliste? Si accediste, ¡deberías haberlo hecho correctamente!”. Después de oír esto, crees haber hecho mal, así que, obedientemente, llevas a cabo la tarea. Mientras la haces, sigues sin querer hacerla; no tienes capacidad y no puedes con ella, pese a ello has de aguantarte y hacerla. Al final, toda tu familia te ayuda a hacerla y cuesta mucho dinero, energía y sufrimiento, pero a duras penas la acabas. La persona que te la confió está contenta, pero tú has sufrido mucho para tus adentros y estás agotado. Aunque tu corazón no sea capaz de aceptarla y te sientas reacio a hacerla, no te darás por vencido, y la próxima vez que te encuentres en este tipo de situación volverás a hacer lo mismo. ¿Por qué? Porque quieres tener dignidad, amas la vanidad y, al mismo tiempo, no soportas la presión de la opinión pública. Aunque nadie te culpe, te criticarás a ti mismo: “No hice lo que accedí a hacer por otra persona. ¿Qué voy a hacer? Hasta me desprecio a mí mismo. ¿No es inmoral?”. Incluso tú te estás secuestrando a ti mismo; ¿ya está encarcelada tu mente? (Sí). A decir verdad, esa tarea no tiene nada que ver contigo. No obtienes ningún beneficio ni edificación alguna por realizarla. No pasa nada si no la haces y solamente te criticarán unos pocos individuos. Sin embargo, ¿qué más da? Eso no alterará tu destino lo más mínimo. Te pida lo que te pida la gente, siempre que no se ajuste a las exigencias de Dios, puedes negarte. Al analizar el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” en función de estas tres cuestiones, ¿comprendes su esencia? (Sí).

Cuando te confíen una tarea, ¿qué principios deberías obedecer? ¿No debería haber unos principios para su cumplimiento? ¿En qué se basa esto desde el punto de vista de la verdad? Acabo de comentar lo más importante, que, en la vida de uno, aparte de ayudar a los padres, criar a los hijos y cumplir con las propias responsabilidades sociales dentro de la ley, no existe la obligación de aceptar encargos de nadie ni de trabajar para nadie, ni tampoco la necesidad de vivir para los asuntos o encargos de nadie. El valor y el sentido de la vida humana se hallan exclusivamente en el cumplimiento del deber de un ser creado. Aparte de eso, no tiene el menor sentido hacer cosas para nadie; todo ello supone un trabajo inútil. Por tanto, el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” es algo impuesto por las personas a las personas y no tiene ninguna vinculación con Dios. Este enunciado no es en absoluto una exigencia de Dios a los seres humanos. Es el resultado de que otros te exploten, te secuestren moralmente, te controlen y te restrinjan. No guarda la menor relación con aquello que Dios te confíe ni con el cumplimiento de tu deber de ser creado. ¿Lo entiendes? (Sí). En este mundo, en todo el universo, como ser creado, aparte de ser leal a Dios y a lo que Él te confíe y de ser leal al deber que te corresponde como ser humano, no hay nada ni nadie que merezca tu lealtad. Está claro que el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” no es un principio de conducta. Es incorrecto y vulnera los principios. Si alguien te confía una tarea, ¿qué debes hacer? Si la tarea que te confía es algo que solo requiere un esfuerzo muy pequeño, donde solo es necesario que hables o lleves a cabo una pequeña acción, y posees el calibre necesario, puedes ayudar por humanidad y compasión; esto no se considera algo malo. Se trata de un principio. Ahora bien, si la tarea que se te confía consume un tiempo y una energía notables, o incluso te hace perder una parte considerable de tu tiempo, tienes derecho a negarte. Aunque sean tus padres, tienes derecho a negarte. No tienes por qué ser leal a ellos ni aceptar lo que te encarguen, estás en tu derecho. ¿De dónde procede este derecho? Dios te lo ha otorgado. Este es el segundo principio. El tercer principio es que, si alguien te confía alguna tarea, aunque no te consuma mucho tiempo y energía, pero tal vez perturbe o afecte a tu cumplimiento del deber, o disipe tu voluntad de cumplirlo y tu lealtad a Dios, también debes rechazarla. Si alguien te confía algo que puede afectar a tu búsqueda de la verdad, trastornar y perturbar tu voluntad de buscarla y tu ritmo de búsqueda, y hacer que te rindas a medio camino, debes rechazarlo aún más. Debes rechazar todo lo que afecte a tu cumplimiento del deber o a tu búsqueda de la verdad. Tienes ese derecho; tienes derecho a decir “no”. No es preciso que inviertas tu tiempo y energía. Puedes rechazar todo lo que no aporte sentido, valor, edificación, ayuda ni beneficio a tu cumplimiento del deber, a tu búsqueda de la verdad o a tu salvación. ¿Puede considerarse esto un principio? Sí, es un principio. Así, si evaluáis de acuerdo con estos principios, ¿de dónde pueden venir las tareas que se le confíen a la gente y que esta deba aceptar en la vida? (De Dios). Exacto, únicamente pueden venir de Dios. Como las palabras “de Dios” son relativamente huecas y lejanas, ¿cuál debería ser realmente este encargo? (Que cumplamos con nuestro deber). Así es, implica cumplir con tu deber en la iglesia. Es imposible que Dios te diga personalmente “ve a difundir el evangelio”, “ve a dirigir la iglesia” o “ve a trabajar con textos”. No hay probabilidad alguna de que Dios te lo diga en persona, pero Dios te ha confiado tu deber por medio de la organización de la casa de Dios. Si toda la organización de la casa de Dios tiene su origen en Dios y viene de Dios, ¿necesitas que Él te lo diga personalmente? Ya has experimentado la totalidad de las personas, los acontecimientos y las cosas de la soberanía y la instrumentación de Dios, y tienes unas sensaciones reales. Lo que has experimentado guarda relación con la obra de Dios, la verdad y Su plan de gestión. ¿No es esto cumplir con el deber de un ser creado? Esto por el lado de aceptar lo que se te confía. Por otro lado, aparte de lo que te ha confiado Dios, no hay nada más a lo que la gente le deba lealtad. Solo Dios es digno de lealtad inquebrantable; las personas no lo son. Nadie lo es, incluidos tus antepasados, padres o superiores. ¿Por qué? La verdad más elevada es que es perfectamente natural y justificado que los seres creados han de ser leales al Creador. ¿Tienes la necesidad de analizar esta verdad? No, porque todo lo relativo a la gente viene de Dios, es perfectamente natural y justificado que los seres creados han de ser leales al Creador. ¡Es una verdad suprema que la gente debe tener siempre presente! La segunda verdad que la gente debe comprender es que, siendo fiel a Dios, lo que recibe de Él es la verdad, la vida y el camino. Su provecho es rico y abundante, especialmente copioso y desbordante. Cuando los seres humanos consiguen la verdad, la vida y el camino, su vida empieza a tener valor. Por consiguiente, cuando eres leal a Dios, tu tiempo, energía y los precios que sacrifiques serán inequívocamente recompensados y nunca te arrepentirás. Hasta ahora, algunas personas han seguido a Dios durante veinte o treinta años, y otras durante tres, cinco o diez. Creo que la mayoría no se arrepienten de nada y han obtenido beneficios en cierta medida. Los que aman la verdad, cuanto más siguen a Dios, más cosas creen que les faltan y más valiosa consideran la verdad. Su deseo de perseguir la verdad aumenta, y sienten que aceptaron a Dios demasiado tarde y que, si lo hubieran aceptado tres, cinco años o diez años antes, ¡cuánta verdad habrían comprendido! Actualmente, algunas personas lamentan haber aceptado a Dios demasiado tarde, lamentan haber creído en Dios varios años sin perseguir la verdad y haber perdido el tiempo, y lamentan haber creído en Él varios años sin cumplir correctamente con su deber. En resumen, independientemente del tiempo que una persona crea en Dios, todas ellas obtienen algo y sienten que la búsqueda de la verdad es sumamente importante. Esta es la segunda verdad: que, siendo leales a Dios, todo lo que las personas reciben de Él es la verdad, el camino y la vida, y pueden salvarse, que ya no viven bajo el poder de Satanás. La tercera verdad es que, si la gente es capaz de alcanzar la lealtad eterna a Dios, ¿cuál será su destino último? (Salvarse y perdurar para entrar en el reino de Dios). Cuando la gente sigue a Dios y finalmente se salva, el destino que recibe no es el de ser arrojada a la perdición y aniquilada, sino perdurar como un nuevo ser humano, poder continuar viviendo. Si la gente continúa viviendo, tiene la esperanza de contemplar a Dios. ¡Qué bendición! Para que la gente sea leal a Dios, ¿basta con que comprenda estas tres verdades? (Sí). ¿Qué ventajas tiene que la gente siga a otras personas y les sea leal? Si eres leal a otras personas, la gente afirma que eres de buena moral. Tienes buena reputación y solo obtienes este pequeño beneficio. ¿Has alcanzado la verdad y vida? En absoluto. ¿Qué puede darte una persona cuando le eres leal? Como mucho puedes beneficiarte de tu relación con ella durante su fulgurante éxito profesional, eso es todo. ¿Qué valor tiene eso? ¿No es algo vacío? Las cosas que no guardan relación con la verdad son inútiles por mucho que consigas. Además, si sigues a la gente y le eres leal, la consecuencia probable es que te conviertas en una víctima, en una ofrenda. Si la persona a la que eres leal no va por la senda correcta, ¿qué ocurrirá si la sigues? ¿Irás por la senda correcta? (No). Si la sigues, tú tampoco irás por la senda correcta; hasta te someterás a ella para hacer el mal e irás al infierno para ser castigado, y entonces estarás acabado. Si eres leal a una persona, aunque hagas muchas buenas acciones, no recibirás la aprobación de Dios. Si eres leal a los reyes diabólicos, a Satanás o a los anticristos, te conviertes en cómplice y secuaz de Satanás. El único resultado posible es que seas enterrado junto a Satanás, que seas una ofrenda para Satanás. Según los incrédulos, “estar cerca de un rey es igual de peligroso que yacer junto a un tigre”. Por muy leal que seas a los reyes diabólicos, al final, una vez que te hayan agotado, te devorarán y te harán su víctima. Tu vida siempre estará en peligro. Es el destino de quienes son leales a los reyes diabólicos y a Satanás. Los reyes diabólicos y Satanás nunca te señalarán el rumbo y el objetivo correctos para tu vida y no te guiarán por la senda correcta de vida. Nunca alcanzarás la verdad ni la vida a través de ellos. El final de tu lealtad a ellos es perecer con ellos y ser su ofrenda, o ser atrapado, mutilado y devorado por ellos; este es el resultado final de ir al infierno. Es innegable. Por tanto, cualquier persona, por muy famosa, eminente o potentada que sea, no es digna de tu lealtad ni de que sacrifiques tu vida entera por ella. No es digna y no tiene la facultad de disponer tu destino ni de manipularlo. ¿Basta con comprender este principio-verdad para resolver problemas como los de seguir a la gente y serle leal? (Sí). Hay tres principios que hay que obedecer al abordar las tareas que se te confíen, y hemos compartido tres principios sobre el valor y la trascendencia de la lealtad de la gente a Dios. ¿Tenéis claros todos estos principios? (Sí). En resumen, el análisis del enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” tiene por objeto ayudaros a que veáis claros su sinsentido y su falsedad para que podáis desprenderos de él. Ahora bien, no basta con desprenderse, sino que también hay que comprender y captar los principios de práctica que debe tener la gente, así como las intenciones de Dios en esas materias. En cuanto al enunciado moral “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”, su contenido principal es básicamente este. Solamente lo he analizado desde distintos aspectos y puntos de vista, y luego he enseñado de forma concreta los principios de práctica que Dios le ha revelado a la gente, cuáles son las intenciones de Dios y qué verdades debe comprender la gente. Entendidas estas cuestiones, la gente debe captar, fundamentalmente, el modo de discernir el enunciado moral “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”.

En realidad, es bastante sencillo diseccionar este tema de “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”, y la gente puede discernirlo y entenderlo fácilmente. Esta frase es también un enunciado propuesto por los moralistas para paralizar a la gente, desorientar sus ideas y trastornar el pensamiento normal, y no se fundamenta en la conciencia y razón normales del ser humano ni en las necesidades humanas normales. Dichas ideas son inventos de supuestos pensadores y moralistas, que las hacen pasar por virtuosas. No solo carecen de fundamento y sentido, sino que, además, son inmorales. ¿Por qué se lo considera inmoral? Porque no surge de las necesidades de la humanidad normal, no puede alcanzarse dentro del calibre humano y no es una obligación ni un deber que los seres humanos deban cumplir. Esos supuestos moralistas consideran esta frase, “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”, el criterio de conducta que exigen estrictamente a la gente, con lo que conforman cierta atmósfera social y cierta opinión pública. Esta opinión pública oprime a la gente y la obliga a vivir así. De esta manera, los pensamientos de la gente se ven imperceptiblemente limitados por este tipo de pensamiento satánico. Una vez que los pensamientos de una persona se ven restringidos, este enunciado y la opinión pública obviamente limitan también sus actos. ¿Qué significa que los limitan? Que las personas no pueden elegir lo que hacen, no pueden seguir libremente los deseos y exigencias de la naturaleza humana, y no pueden obedecer las exigencias de su conciencia y razón para hacer lo que quieren. Por el contrario, se ven obligadas y limitadas por un pensamiento retorcido, por una especie de teoría ideológica y opinión social que no pueden distinguir y de los que no pueden librarse. La gente vive inconscientemente en este tipo de ambiente y atmósfera social y no puede escapar. Si la gente no comprende la verdad, si no puede entender con claridad las distorsiones y los errores de estos enunciados y si no es capaz de darse cuenta del perjuicio y las consecuencias ocasionados por ellos, que limitan sus pensamientos, nunca podrá liberarse de las limitaciones, ataduras y presiones impuestas por la cultura tradicional y la opinión social. Solamente podrá vivir ateniéndose a esas cosas. La gente vive apoyándose en ellas porque no sabe cuál es la senda correcta, cuáles son el sentido y el objetivo de su conducta ni los principios de cómo ha de comportarse. De forma natural y pasiva, se deja desorientar por los diversos enunciados morales de la cultura tradicional, se deja embaucar y controlar por estas teorías erradas. Cuando la gente comprende la verdad, le resulta sencillo discernir y rechazar estas herejías y falacias. Ya no se deja limitar, secuestrar ni explotar por la opinión pública, la atmósfera y el ambiente de la sociedad creados por Satanás. Así, el sentido y el objetivo de su vida se transforman por completo, y puede vivir y existir de acuerdo con las exigencias y palabras de Dios. Ya no se deja desorientar ni limitar por las diversas teorías satánicas y las diferentes falacias de la cultura tradicional. Cuando la gente se aparta totalmente de los diversos enunciados de conducta moral de la cultura tradicional, en ese momento se libera del todo de la corrupción, la desorientación y la esclavitud de Satanás. Sobre esta base, cuando comprende la verdad y los principios de práctica que Dios exige y da a los seres humanos, su objetivo en la vida se transforma por entero y tiene una vida nueva. Cuando tiene una vida nueva, es un ser humano recién nacido y una persona nueva. Como los pensamientos almacenados en su mente ya no están revestidos de las diversas herejías y falacias que le inculcó Satanás, sino que la verdad ha reemplazado estas cosas satánicas, después, con la guía de las palabras de Dios, la verdad se hace vida dentro de sí, y orienta y rige la forma en que esta contempla a las personas y las cosas, se comporta y actúa. Va por la senda correcta de la vida humana y puede vivir en la luz. ¿No es esto igual a renacer gracias a las palabras de Dios? Muy bien, concluyamos aquí nuestra enseñanza de hoy.

2 de julio de 2022

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