Qué significa perseguir la verdad (6) Parte 2

“No te quedes el dinero que te encuentres” es la más superficial de las exigencias de la cultura tradicional sobre conducta moral. Aunque todas las sociedades humanas han promovido y enseñado este tipo de idea, dado que la gente tiene un carácter corrupto y, dada la prevalencia de las tendencias malvadas de la humanidad, aunque la gente sea capaz de practicar lo de que “no te quedes el dinero que te encuentres” o de tener este tipo de buena conducta moral durante un tiempo, esto no cambia el hecho de que las actitudes corruptas de la gente dominan constantemente sus pensamientos y conductas, a la vez que dominan y controlan sus comportamientos y búsquedas. Los casos transitorios de buena conducta moral no influyen en la búsqueda de una persona y, desde luego, no pueden cambiar la adulación, la admiración y la obediencia de una persona hacia las tendencias malvadas, ¿no es así? (Sí). Por eso la canción que la gente cantaba en el pasado, “A un lado de la carretera, recogí un céntimo del suelo”, ya no es más que una canción infantil. Se ha quedado en un recuerdo. La gente ni siquiera es capaz de cumplir con la buena conducta elemental de no quedarse el dinero que se encuentra. La gente desea cambiar las búsquedas y actitudes corruptas de la humanidad promoviendo una buena conducta moral, e intenta detener la degradación de la humanidad y la degeneración diaria de la sociedad, pero en el fondo no ha logrado estos objetivos. La moralidad de “no te quedes el dinero que te encuentres” solo puede existir en el mundo ideal del hombre. La gente considera esta moralidad una especie de ideal, una aspiración a un mundo mejor. Esta moralidad está presente en el mundo espiritual del hombre. Es una especie de esperanza que el hombre deposita en el mundo del futuro, pero es incompatible con la realidad de la vida humana y con la humanidad real de las personas. Está reñida con los principios de conducta del hombre y con las sendas que recorre la gente, así como con aquello que persigue y que debe tener y conseguir. Es incompatible con las manifestaciones y efusiones de la humanidad normal y con los principios de las relaciones interpersonales y de la forma de abordar los asuntos. Por tanto, este criterio para juzgar la conducta moral de la humanidad siempre ha sido inválido, desde la Antigüedad hasta nuestros días. Esta idea y este punto de vista de “no te quedes el dinero que te encuentres” que el hombre promueve carece particularmente de sentido, y la mayoría de la gente lo ignora porque no puede cambiar la orientación de su conducta ni sus búsquedas y, ciertamente, tampoco puede cambiar su depravación, su egoísmo, su interés personal ni su creciente tendencia a precipitarse hacia el mal. Esta exigencia tan superficial de que “no te quedes el dinero que te encuentres” se ha convertido en un chiste divertido y satírico. Ya ni siquiera los niños quieren cantar “A un lado de la carretera, recogí un céntimo del suelo”; ni de lejos tiene sentido. En un mundo lleno de políticos corruptos, esta canción se ha vuelto muy irónica. La realidad, de la cual la gente es muy consciente, es que una persona puede entregar un céntimo perdido a la policía, pero, si se encuentra un millón o diez millones de yuanes, irán directamente a su bolsillo. Este fenómeno evidencia que han fracasado los intentos de la gente por promover esta exigencia de conducta moral entre la humanidad. Esto implica que la gente es incapaz de poner en práctica incluso las buenas conductas elementales. ¿Qué significa ser incapaz de poner en práctica incluso las buenas conductas elementales? Que la gente es incapaz de practicar incluso las cosas básicas que debería hacer, como no quedarse con algo que se encuentre si pertenece a otra persona. Es más, cuando la gente hace algo mal, no dice ni una palabra sincera al respecto; prefiere morir antes que admitir su fechoría. Ni siquiera es capaz de cumplir algo tan básico como no mentir, por lo que, sin duda, no es apta para hablar de moralidad. Ni siquiera desea tener conciencia y razón, así que ¿cómo puede hablar de moralidad? Los funcionarios y autoridades se devanan los sesos pensando en cómo exprimir y arrancar más beneficios a otras personas y apoderarse de cosas que no son suyas. Ni la ley puede frenarlos; ¿por qué? ¿Cómo ha llegado el hombre a este punto? Todo es fruto del carácter satánico y corrupto de la gente, y del control y dominio que su naturaleza satánica tiene sobre ella, lo que da lugar a todo tipo de conductas falsas y perjudiciales. Estos hipócritas hacen muchas cosas despreciables y desvergonzadas bajo el pretexto de “servir al pueblo”. ¿No han perdido todo sentido de la vergüenza? Hoy día hay muchísimos hipócritas. En un mundo en que los malvados campan a sus anchas y la gente buena está oprimida, una doctrina como “no te quedes el dinero que te encuentres” es sencillamente incapaz de contener el carácter corrupto de la gente, y simplemente no puede transformar su esencia-naturaleza ni la senda por la que camina.

¿Habéis comprendido lo que he contado en esta charla sobre que “no te quedes el dinero que te encuentres”? ¿Qué significa este dicho para los seres humanos corruptos? ¿Cómo habría que comprender esta moralidad? (Que “no te quedes el dinero que te encuentres” no guarda relación con la conducta de las personas ni con la senda que recorren. No puede alterar la senda que recorre el hombre). Exacto. No es adecuado que la gente evalúe la humanidad de alguien en función del dicho “no te quedes el dinero que te encuentres”. Este dicho no puede usarse para medir la humanidad de una persona, y también es un error aplicarlo para medir la moral de alguien. No es más que una conducta pasajera del hombre. Sencillamente, no puede usarse para medir la esencia de una persona. Los que propusieron el dicho sobre conducta moral “no te quedes el dinero que te encuentres” —esos supuestos pensadores y pedagogos— son idealistas. No comprenden la humanidad ni la esencia del hombre, ni hasta qué punto este se ha depravado y corrompido. Por tanto, este dicho sobre conducta moral que proponen es muy vacío, sencillamente impracticable, y no se ajusta a las circunstancias reales del hombre. Este dicho sobre conducta moral no guarda la más mínima relación con la esencia del hombre, ni con las distintas actitudes corruptas que dejan brotar las personas, ni con las nociones, opiniones y conductas que pueden suscitar las personas dominadas por las actitudes corruptas. Esto por un lado. Por otro, no quedarse el dinero que uno se encuentra es simplemente algo que debe hacer una persona normal. Por ejemplo, tus padres te dieron a luz y te criaron, pero, cuando aún eras ignorante e inmaduro, no hacías más que pedirles comida y ropa. Ahora bien, una vez que maduraste y comprendiste mejor las cosas, aprendiste de forma natural a querer profundamente a tus padres, a evitar preocuparlos o enojarlos, a intentar no darles más trabajo ni sufrimiento y a hacer todo lo que pudieras hacer por ti mismo. Llegaste a comprender estas cosas de forma natural y no te hizo falta que te enseñara nadie. Eres una persona, tienes conciencia y razón, así que puedes y debes hacer estas cosas; nada de esto es siquiera reseñable. Al elevar “no te quedes el dinero que te encuentres” al nivel de consideración moral noble, la gente está exagerando y llevando las cosas demasiado lejos; esta conducta no debería definirse de esa manera, ¿verdad que no? (No). ¿Qué se puede aprender de esto? Que hacer lo que uno debe y puede dentro del ámbito de la humanidad normal es señal de que una persona tiene una humanidad normal. Esto significa que, si una persona tiene una razón normal, puede hacer aquellas cosas que la gente con una humanidad normal pensaría y entendería que debería hacer; ¿no es este un fenómeno muy normal? Si haces algo que puede hacer cualquier persona con una humanidad normal, ¿en serio puede calificarse eso de buena conducta moral? ¿Hace falta fomentarla? (No). ¿Esto cuenta realmente como una humanidad noble? ¿Cuenta como tener humanidad? (No). Exhibir dichos comportamientos no eleva a nadie al nivel de tener humanidad. Si afirmas que una persona tiene humanidad, eso significa que la perspectiva y la postura desde las que contempla los problemas es relativamente positiva y activa, al igual que sus formas y métodos de abordarlos. ¿Qué es señal de positividad y actividad? Que esa persona tiene conciencia y sentido de la vergüenza. Otra señal de positividad y actividad es el sentido de la rectitud. Puede que esta persona tenga malos hábitos como trasnochar y levantarse tarde, ser quisquillosa con la comida o preferir alimentos de sabor fuerte, pero, aparte de estos malos hábitos, tendrá determinadas buenas cualidades. Tendrá unos principios y límites en cuanto a sus conductas y actos, tendrá sentido de la vergüenza y de la rectitud, y tendrá más rasgos positivos y menos negativos. Si pudiera aceptar y practicar la verdad, eso estaría todavía mejor y le resultaría fácil emprender la senda de búsqueda de la verdad. Por el contrario, si una persona ama el mal, busca la fama, el beneficio y el estatus, adora el dinero, le gusta vivir con lujos y disfruta perdiendo el tiempo en pos del placer, entonces la perspectiva desde la que contempla a las personas y las cosas, su visión de la vida y su sistema de valores son negativos y oscuros, y carece de sentido de la vergüenza y de la rectitud. Este tipo de persona no tendrá humanidad y, desde luego, no le resultará fácil aceptar la verdad ni alcanzar la salvación de Dios. Este es un principio sencillo para evaluar a las personas. La evaluación de la conducta moral de una persona no es un criterio con el que valorar si tiene humanidad. Para evaluar si una persona es buena o mala, debes juzgarla por su humanidad, no por su conducta moral. La conducta moral tiende a ser superficial y está influida por el clima social, el contexto y el entorno de uno. Algunos enfoques y manifestaciones cambian constantemente, por lo que es difícil determinar la calidad de la humanidad de una persona en función, exclusivamente, de su conducta moral. Por ejemplo, tal vez una persona sea muy respetuosa de la moral social y obedezca las reglas allá donde vaya. Puede que muestre contención en todo lo que haga, cumpla las leyes gubernamentales y no arme jaleo en público ni atente contra los intereses de los demás. También puede que sea respetuosa y servicial y cuide de pequeños y mayores. El hecho de que esta persona tenga tantas buenas cualidades, ¿implica que vive una humanidad normal y es buena persona? (No). Puede que una persona practique muy bien aquello de que “no te quedes el dinero que te encuentres”, que cumpla sistemáticamente con esta moral que la humanidad promueve y defiende, pero ¿cómo es su humanidad? El hecho de que no se quede el dinero que se encuentre no dice nada de su humanidad: esta conducta moral no puede aplicarse para evaluar si su humanidad es buena o mala. Ahora bien, ¿cómo debe evaluarse su humanidad? Hay que quitarle el envoltorio de esta conducta moral y sustraerle los comportamientos y conductas morales que el hombre considera buenos y que son lo mínimo que cualquier persona con una humanidad normal es capaz de alcanzar. Luego, observa sus manifestaciones más importantes, como los principios de su conducta y las líneas que no cruza en su comportamiento, así como su actitud hacia la verdad y hacia Dios. Es el único modo de descubrir su esencia-humanidad y su naturaleza interior. Contemplar a las personas de esta manera es relativamente objetivo y preciso. Eso es todo en nuestro debate sobre el dicho moral “no te quedes el dinero que te encuentres”. ¿Habéis entendido todos esta enseñanza? (Sí). A menudo me preocupa que no hayáis entendido realmente lo que he dicho, que solamente comprendáis algo de doctrina al respecto, pero que sigáis sin entender los elementos relativos a su esencia. Por ello, lo único que puedo hacer es extenderme un poco más sobre la idea. No estaré tranquilo hasta que no tenga la sensación de que lo habéis entendido. ¿Cómo saber si lo habéis entendido? Cuando vea un gesto de alegría en vuestras caras, probablemente habréis comprendido lo que digo. Si lo consigo, vale la pena seguir hablando un poco más de este tema.

Ya he concluido más o menos Mi enseñanza acerca del dicho “no te quedes el dinero que te encuentres”. Aunque no os haya contado directamente de qué manera esta moralidad está reñida con la verdad, ni por qué no puede ser elevada al nivel de la verdad, ni qué exige Dios del comportamiento y la conducta moral de la gente, ¿no he tratado todas estas cosas? (Sí). ¿Promueve la casa de Dios moralidades como “no te quedes el dinero que te encuentres”? (No). Entonces, ¿qué opina la casa de Dios sobre este dicho? Podéis compartir vuestra interpretación. (“No te quedes el dinero que te encuentres” es algo que cualquier persona con una humanidad normal debería cumplir y hacer, así que no es necesario promoverlo. Además, “no te quedes el dinero que te encuentres” es una mera manifestación de moralidad del hombre, no está relacionado con los principios de la conducta de la gente, ni con las opiniones que tiene sobre sus búsquedas, ni con las sendas que recorre, ni con la calidad de su humanidad). ¿Es la conducta moral una señal de humanidad? (No es una señal de humanidad. Algunos aspectos de la conducta moral son solo cosas que las personas con una humanidad normal deben tener). Cuando la casa de Dios habla de humanidad y de discernir a las personas, lo hace en el contexto general de la búsqueda de la verdad. En general, la casa de Dios no evaluará cómo es la conducta moral de una persona; al menos, la casa de Dios no evaluará si una persona puede obedecer el dicho “no te quedes el dinero que te encuentres”. La casa de Dios no va a examinar esto. Por el contrario, la casa de Dios examinará la calidad de la humanidad de esa persona, si ama las cosas positivas y la verdad y qué clase de actitud tiene hacia la verdad y hacia Dios. Puede que en la sociedad laica una persona no se quede el dinero que se encuentre, pero, si no protege en absoluto los intereses de la casa de Dios tras hacerse creyente —si es capaz de robar, despilfarrar o incluso vender las ofrendas cuando se le da la ocasión de administrarlas—, si es capaz de hacer todo tipo de cosas malas, ¿qué es? (Una persona malvada). Nunca toma partido para proteger los intereses de la casa de Dios cuando surgen problemas. ¿Acaso no hay gente así? (Sí). Entonces, ¿sería adecuado usar el dicho “no te quedes el dinero que te encuentres” para evaluar su humanidad? No. Algunos dicen: “Antes esa era una buena persona. Tenía un talante moral noble y todo el mundo la miraba con buenos ojos. Entonces, ¿por qué cambió al llegar a la casa de Dios?”. ¿Cambió realmente? La verdad es que no. Tenía cierta conducta moral y buen comportamiento, pero, aparte de eso, esta fue siempre su esencia-humanidad: eso no ha cambiado nada. Vaya donde vaya, siempre se comporta así. Lo que ocurre es que antes la gente la evaluaba mediante el criterio de conducta moral, en lugar de aplicar la verdad para juzgar su humanidad. La gente piensa que experimentó algún cambio, pero en realidad no fue así. Algunos dicen: “Antes no era así”. No lo era porque antes no se enfrentaba a estas situaciones ni se hallaba en esta clase de entorno. Además, la gente no comprendía la verdad y no sabía discernir a esa persona. ¿Cuál es la consecuencia última de que la gente contemple y juzgue a los demás en función de una buena conducta, y no en función de su esencia-humanidad? La gente no solo será incapaz de ver nítidamente a los demás, sino que también su buena conducta moral externa les cegará y desorientará. Cuando la gente no ve nítidamente a los demás, depositará su confianza, promoverá y asignará a las personas equivocadas, y la desorientarán y engañarán. Algunos líderes y obreros cometen con frecuencia este error al elegir y asignar a gente. Les ciegan personas que aparentan tener algunos buenos comportamientos y una buena conducta moral, y hacen que se encarguen de trabajos importantes o que guarden cosas importantes. Como resultado, algo sale mal y provoca pérdidas a la casa de Dios. ¿Por qué salió mal una cosa? Porque los líderes y obreros no descubrieron la esencia-naturaleza de estas personas. ¿Por qué no descubrieron su esencia-naturaleza? Porque estos líderes y obreros no comprenden la verdad ni saben evaluar y discernir a las personas. No son capaces de descubrir la esencia-naturaleza de las personas y no saben qué clase de actitud tienen aquellas hacia Dios, hacia la verdad y hacia los intereses de la casa de Dios. ¿Por qué? Porque estos líderes y obreros contemplan a las personas y las cosas desde una perspectiva equivocada. Solo contemplan a las personas en función de nociones y figuraciones humanas; no contemplan su esencia según las palabras de Dios y los principios-verdad, sino que contemplan a las personas según su conducta moral y sus comportamientos y manifestaciones externos. Como sus puntos de vista sobre las personas carecen de principios, depositaron su confianza y asignaron a las personas equivocadas; en consecuencia, estas personas los cegaron, engañaron y utilizaron, y, en última instancia, se resintieron los intereses de la casa de Dios. Son las consecuencias de no ser capaces de percibir ni de calar a las personas. Por tanto, cuando alguien quiere perseguir la verdad, lo primero que debe aprender es a discernir y contemplar a las personas; se tarda mucho en aprender esta lección, y es una de las más fundamentales que debe aprender la gente. Si quieres ver nítidamente a una persona y aprender a identificarla, antes debes entender con qué criterios evalúa Dios a la gente, qué pensamientos y opiniones falaces controlan y dominan la forma en que las personas contemplan y evalúan a los demás, si están reñidos con los criterios de Dios para evaluar a las personas y de qué manera lo están. Los métodos y criterios con que evalúas a las personas, ¿están fundamentados en las exigencias de Dios? ¿Están fundamentados en las palabras de Dios? ¿Están fundamentados en la verdad? Si no es así y te apoyas exclusivamente en tus experiencias y figuraciones para evaluar a los demás, o incluso llegas a basar tus evaluaciones en las moralidades sociales que se promueven en la sociedad o en lo que observas con tus propios ojos, entonces seguirás sin ver nítidamente a la persona a la que tratas de discernir. No podrás calarla. Si depositas tu confianza en ella y le asignas un deber, estarás asumiendo cierto nivel de riesgo y será inevitable la posibilidad de que esto cause perjuicios a las ofrendas a Dios, al trabajo de la iglesia y a la entrada en la vida de los escogidos de Dios. Discernir a las personas es la primera lección que debes aprender si quieres perseguir la verdad. Por supuesto, también es uno de los aspectos más elementales de la verdad que debe tener la gente. Aprender a discernir a las personas es indisociable del tema de la enseñanza de hoy. Debes saber discernir entre la buena conducta moral y cualidades del hombre y las cosas que debe tener una persona con una humanidad normal. Es muy importante saber discernir entre estas dos cosas. Entonces podrás reconocer y percibir con precisión la esencia de una persona y, en última instancia, determinar quién tiene humanidad y quién no. ¿De qué debe dotarse uno en primer lugar para discernir estas cosas? Uno ha de comprender las palabras de Dios, así como este aspecto de la verdad, y llegar al punto en que contemple a las personas según las palabras de Dios, con la verdad por criterio. ¿No es este un principio-verdad que se debe practicar y tener mientras se persigue la verdad? (Sí). Así pues, es imperioso que hablemos sobre estos temas.

Acabo de hablar sobre el primer dicho, “no te quedes el dinero que te encuentres”, que es, obviamente, un tipo de conducta moral humana. Es una moralidad y una conducta pasajera que deja una buena impresión en la gente, pero que por desgracia no sirve como criterio para evaluar si alguien tiene humanidad o no. El segundo dicho, “disfruta ayudando a otros”, es lo mismo. Por la formulación de la frase, está claro que también es algo que a la gente le agrada y que considera una buena conducta. Aquellos que exhiben esta buena conducta son muy admirados como personas de buena conducta moral y temperamento noble; en resumen, se les considera personas que disfrutan ayudando a otros y tienen una moralidad excelente. “Disfruta ayudando a otros” tiene algunas similitudes con “no te quedes el dinero que te encuentres”. También es una buena conducta que surge en las personas en determinados climas sociales. El significado literal de “disfruta ayudando a otros” es el de sentir placer por ayudar a otras personas. No significa que uno tenga el deber de ayudar a los demás —el dicho no es “tienes la responsabilidad de ayudar a otros”—, sino “disfruta ayudando a otros”. Así podemos ver qué motiva a la gente a ayudar a los demás. No lo hace por otras personas, sino por sí misma. Agobiada por la preocupación y el dolor, la gente busca a otra gente necesitada de ayuda y le da limosna y auxilio; echa una mano y hace cualquier cosa buena que pueda hacer para sentirse feliz, contenta, en paz y alegre, y para que su vida tenga sentido, con el fin de no sentirse tan vacía y angustiada; mejora su conducta moral para lograr su objetivo de purificar y elevar el ámbito de su corazón y su mente. ¿Qué tipo de conducta es esta? Si contemplas a quienes disfrutan ayudando a otros desde la perspectiva de esta explicación, no son buenas personas. Como mínimo, no están motivados por su moralidad, conciencia o humanidad para hacer lo que deben ni para cumplir con sus responsabilidades sociales y familiares, sino que ayudan a la gente para obtener placer, consuelo espiritual y bienestar emocional y para vivir felices. ¿Qué se ha de opinar de esta clase de conducta moral? Si te fijas en su naturaleza, es incluso peor que “no te quedes el dinero que te encuentres”. Al menos, “no te quedes el dinero que te encuentres” no tiene una vertiente egoísta. ¿Y “disfruta ayudando a otros”? El término “disfrutar” implica que esta conducta contiene elementos de egoísmo y unas intenciones ruines. No se trata de ayudar a la gente por su bien ni por un ofrecimiento desinteresado, sino por el propio placer. Sencillamente, esto no es digno de fomentarse. Por ejemplo, supón que ves a una persona mayor caerse en la calzada y piensas para tus adentros: “Estos días me siento mal. La caída de esta persona mayor es una gran oportunidad; ¡voy a disfrutar ayudando a otros!”. Te acercas y ayudas a la persona mayor a levantarse y, cuando se pone en pie, te elogia diciendo: “Eres muy buena persona, joven. ¡Que estés bien, seas feliz y llegues a la vejez!”. Te colma de estas agradables palabras y, tras oírlas, desaparecen todas tus preocupaciones y te sientes satisfecho. Piensas que es bueno ayudar a la gente y te propones pasear por la calle en tu tiempo libre y ayudar a levantarse a cualquiera que se caiga. La gente exhibe algunas buenas conductas influida por este tipo de pensamiento, y la sociedad humana lo ha calificado como una gran tradición de disfrutar ayudando a otros y de moralidad noble que transmite esta maravillosa tradición. El contexto que subyace al hecho de disfrutar ayudando a otros es que los que ayudan suelen considerarse el culmen de la moralidad. Se presentan como grandes filántropos y, cuanto más los alaba la gente, más quieren ayudar, hacer obras de caridad y hacer cosas por los demás. Esto satisface su deseo de ser héroes y salvadores de la humanidad, así como de obtener cierta gratificación por sentirse necesitados por los demás. ¿No quieren sentirse necesitados todos los seres humanos? Cuando la gente se siente necesitada por los demás, piensa que es especialmente útil y que su vida tiene sentido. ¿No es una forma de llamar la atención? Llamar la atención es lo único que le proporciona placer a la gente, es su modo de vida. De hecho, independientemente de la perspectiva desde la que contemplemos la cuestión de disfrutar ayudando a otros, este no es un criterio por el que evaluar la moral del hombre. A menudo, el hecho de disfrutar ayudando a otros en realidad solo requiere el mínimo esfuerzo. Si estás dispuesto a hacerlo, habrás cumplido con tu responsabilidad social; si no estás dispuesto, nadie te exigirá responsabilidades y no te convertirás en objeto de condena pública. En cuanto a las buenas conductas elogiadas por el hombre, uno puede optar por practicarlas o abstenerse de hacerlo, cualquiera de las dos opciones está bien. No es necesario constreñir a la gente con este dicho ni obligarla a aprender a disfrutar ayudando a otros, porque eso, de por sí, es una mera buena conducta pasajera. Sin importar si alguien está motivado por el deseo de cumplir con su responsabilidad social o si practica esta buena conducta por sentido del civismo, ¿cuál será el resultado en definitiva? Que únicamente satisfará su deseo de ser buena persona y de encarnar el espíritu de Lei Feng en este caso concreto; obtendrá placer y bienestar con ello y elevará el ámbito de su pensamiento a un nivel superior. Eso es todo. Esta es la esencia de lo que hace. Así pues, antes de esta enseñanza, ¿cómo entendíais el dicho “disfruta ayudando a otros”? (Antes no reconocía las intenciones egoístas y despreciables que ocultaba). Imaginemos una situación en que tienes el deber de hacer algo, una responsabilidad que no debes eludir, algo bastante difícil, y que debes soportar un poco de sufrimiento, renunciar a algunas cosas y pagar un precio para cumplirlo, pero tú eres capaz de cumplir con esta responsabilidad de todos modos. No te sentirás muy satisfecho mientras lo haces y, tras pagar un precio y cumplir con esta responsabilidad, los resultados de tu trabajo no te proporcionarán placer ni bienestar, pero, como era tu responsabilidad y tu deber, lo hiciste igualmente. Si comparamos esto con el hecho de disfrutar ayudando a otros, ¿qué demuestra más humanidad? (Los que cumplen con sus responsabilidades y deberes tienen más humanidad). Disfrutar ayudando a otros no consiste en cumplir con una responsabilidad; no es más que una exigencia de conducta moral y de responsabilidad social que tienen las personas dentro de ciertos contextos sociales; proviene de la opinión pública, la moral social o incluso las leyes de un país, y sirve para evaluar si una persona tiene moral y la calidad de su humanidad. En otras palabras, “disfruta ayudando a otros” no es más que un dicho que limita la conducta de las personas, postulado por la sociedad humana para elevar el ámbito de pensamiento del hombre. Este tipo de dicho solamente se emplea para que la gente practique ciertas buenas conductas, y los criterios para evaluar esas buenas conductas son la moral social, la opinión pública o incluso la ley. Por ejemplo, si ves a alguien que necesita ayuda en un espacio público y eres la primera persona que debería ir a ayudarlo, pero no lo haces, ¿qué opinarán los demás de ti? Te reprenderán por tu ausencia de modales; ¿no es eso lo que entendemos por opinión pública? (Sí). ¿Y qué es la moral social? Son cosas y hábitos positivos y optimistas que la sociedad promueve y fomenta. Naturalmente, entre ellos hay muchas exigencias concretas, como ayudar a las personas vulnerables, echar una mano cuando otros pasan dificultades y no quedarse de brazos cruzados. La gente debe practicar este tipo de conducta moral, eso es lo que implica tener moral social. Si ves a alguien sufrir y haces la vista gorda, ignorándolo y sin hacer nada, careces de moral social. ¿Y qué exigencias impone la ley a la conducta moral del hombre? China es un caso especial en este sentido: la legislación china no estipula expresamente nada acerca de la responsabilidad y la moral social. La gente conoce un poco estas cosas a través de la educación familiar y escolar y de lo que oye y observa en la sociedad. En cambio, en los países occidentales, estas cosas están consagradas por ley. Por ejemplo, si ves que alguien se ha caído en la calle, como mínimo debes acercarte a preguntarle: “¿Está bien? ¿Necesita ayuda?”. Si la persona responde: “Estoy bien, gracias”, no es necesario que la ayudes, no estás obligado a cumplir con esa responsabilidad. Si la persona responde: “Necesito ayuda, por favor”, tienes que ayudarla. Si no lo haces, serás jurídicamente responsable. Se trata de una exigencia especial de ciertos países en relación con la conducta moral de las personas; le imponen esta exigencia al pueblo mediante estipulaciones expresas en la legislación. Estas exigencias impuestas sobre la conducta moral de las personas por parte de la opinión pública, la moral social e incluso la ley se limitan únicamente al comportamiento de las personas, y estos criterios básicos de comportamiento son las normas por las que se evalúa la conducta moral de una persona. A primera vista, estos criterios morales parecen evaluar la conducta de las personas —o sea, si han cumplido o no con sus responsabilidades sociales—, pero en el fondo evalúan su calidad interior. Ya sea la opinión pública, la moral social o la ley, estas cosas solo evalúan o exigen las actuaciones de la gente, y dichas evaluaciones y exigencias se limitan al comportamiento de las personas. Juzgan la calidad y conducta moral de una persona por su comportamiento, ese es el alcance de su evaluación. Esa es la naturaleza del enunciado “disfruta ayudando a otros”. A la hora de disfrutar ayudando a otros, los países occidentales imponen exigencias a la gente por medio de lo estipulado en la legislación, mientras que en China se utiliza la cultura tradicional para educar y condicionar al pueblo con estas ideas. Pese a esta diferencia entre Oriente y Occidente, su naturaleza es la misma: en ambos casos se aplican dichos para limitar y regular la conducta y moralidad de las personas. Sin embargo, ya se trate de las leyes de los países occidentales o de la cultura tradicional de Oriente, todas ellas no son más que exigencias y regulaciones impuestas sobre el comportamiento y la conducta moral del hombre, y estos criterios regulan exclusivamente el comportamiento y la conducta moral de las personas; pero ¿alguno de ellos aborda la humanidad del hombre? ¿Pueden aplicarse como criterios para evaluar la humanidad de una persona regulaciones que solamente estipulan qué conductas debe practicar? (No). Si observamos el dicho “disfruta ayudando a otros”, hay personas malvadas capaces de disfrutar ayudando a otros, pero están motivadas por sus propias intenciones y objetivos. Cuando los diablos hacen alguna pequeña buena acción, es aún más probable que tengan sus propias intenciones y objetivos para ello. ¿Creéis que todos aquellos que disfrutan ayudando a otros aman la verdad y poseen un sentido de la rectitud? Por ejemplo, quienes supuestamente disfrutan ayudando a otros en China, como los personajes caballerosos, los que roban a los ricos para dárselo a los pobres, los que suelen ayudar a grupos vulnerables y discapacitados, etc., ¿tienen todos ellos humanidad? ¿Aman todos ellos las cosas positivas y tienen sentido de la rectitud? (No). A lo sumo son personas con un temperamento relativamente mejor. Como se rigen por este ánimo de disfrutar ayudando a otros, hacen muchas buenas acciones que les brindan placer y bienestar y les permiten disfrutar plenamente de una sensación de felicidad, pero la práctica de dichas conductas no implica que tengan humanidad, ya que no están claros ni su fe ni lo que buscan a nivel espiritual, son variables desconocidas. Entonces, ¿se les puede considerar personas con humanidad y conciencia por esta buena conducta moral? (No). Algunas instituciones, como fundaciones y organismos de asistencia social, que supuestamente disfrutan ayudando a otros, que auxilian a grupos vulnerables y discapacitados, cumplen, como mucho, algo de su responsabilidad social. Hacen estas cosas para mejorar su imagen ante la opinión pública, aumentar su visibilidad y responder a la mentalidad de disfrutar ayudando a otros; en modo alguno esto llega al nivel de implicar que “tengan humanidad”. Además, ¿realmente necesitan ayuda las personas a las que disfrutan ayudando? ¿Es de por sí recto disfrutar ayudando a otros? No necesariamente. Si examinas el tiempo suficiente todos los acontecimientos importantes y secundarios que ocurren en la sociedad, verás que algunos consisten simplemente en gente que disfruta ayudando a otros, mientras que, en muchos otros casos, la gente disfruta ayudando a otros a raíz de otros secretos inconfesables y aspectos oscuros de la sociedad. En cualquier caso, el hecho de disfrutar ayudando a otros oculta unas intenciones y unos objetivos, ya sea hacerse famoso y destacar, respetar la moral social, no infringir la ley o recibir una valoración más positiva de la sociedad en general. Se mire como se mire, disfrutar ayudando a otros no es más que una conducta externa del hombre y, como mucho, llega a ser una buena conducta moral. No tiene nada que ver con la humanidad normal que exige Dios. Quienes son capaces de disfrutar ayudando a otros pueden ser personas normales sin ambiciones reales o figuras importantes de la sociedad; pueden ser personas relativamente bondadosas, pero también pueden ser malignas en el fondo. Pueden ser cualquier tipo de persona, y todo el mundo es capaz de practicar esta conducta en un momento dado. Por tanto, el enunciado de conducta moral “disfruta ayudando a otros” definitivamente no constituye un criterio para evaluar la humanidad de las personas.

“Disfruta ayudando a otros”: este dicho de conducta moral en realidad no representa la esencia de la humanidad de las personas y guarda poca relación con su esencia-naturaleza. Por consiguiente, no procede aplicarlo para evaluar la calidad de la humanidad de alguien. ¿Y qué forma adecuada hay de evaluar la humanidad de alguien? Como mínimo, una persona con humanidad no debe decidir si ayudar a alguien o cumplir con sus responsabilidades basándose en si eso le hará feliz o no; por el contrario, su decisión debe basarse en su conciencia y razón y no debe pensar en lo que puede ganar, ni en las consecuencias que le acarreará ayudar a esa persona, ni en la repercusión que podría tener para uno mismo en el futuro. No debe pensar en ninguna de estas cosas y debe cumplir con sus responsabilidades, ayudar a los demás y evitarles sufrimiento. Debe ayudar a la gente de una manera pura, sin ningún objetivo egoísta; eso haría una persona que realmente tenga humanidad. Si el objetivo de una persona al ayudar a los demás es complacerse a sí misma o labrarse una buena reputación, entonces hay un rasgo egoísta y vil en ello; quienes verdaderamente tienen conciencia y razón no actuarían así. Quienes aman sinceramente a los demás no actúan únicamente para satisfacer su deseo de sentirse de determinada manera, sino para cumplir con sus responsabilidades y hacer todo lo que esté en su mano por ayudar a los demás. No ayudan a los demás para recibir una recompensa ni tienen otras intenciones o motivaciones. Aunque sea difícil actuar de esta forma, y aunque puedan ser juzgados por los demás o incluso enfrentarse a cierto peligro, reconocen que es un deber que la gente debe cumplir, una responsabilidad de la gente, y que, si no actúan así, no habrán cumplido con lo que les deben a los demás y a Dios y les quedarán remordimientos de por vida. Por eso proceden sin vacilar, hacen todo lo posible, obedecen la voluntad del cielo y cumplen con su responsabilidad. Sin importar cómo los juzguen los demás ni si les muestran gratitud y estima, mientras puedan ayudar a esa persona en lo que le haga falta y puedan hacerlo de todo corazón, se sienten satisfechos. Quienes son capaces de actuar así tienen conciencia y razón, tienen las manifestaciones de humanidad, y no un tipo de comportamiento limitado al ámbito de la moralidad y la conducta moral. Disfrutar ayudando a otros es un mero tipo de conducta, y a veces no es sino una conducta que surge en determinados contextos específicos; la persona decide adoptar esta clase de conducta transitoria en función de su estado de ánimo, de sus emociones, de su entorno social, así como del contexto inmediato y de las ventajas o inconvenientes que puedan derivarse de actuar de esa manera. Quienes tienen humanidad no tienen en cuenta estas cosas cuando ayudan a la gente: toman la decisión en función de un criterio de juicio más positivo y acorde con la conciencia y razón de la humanidad normal. En ocasiones hasta son capaces de empeñarse en ayudar a la gente cuando hacerlo contradice y está reñido con los criterios de moralidad. Los criterios, ideas y puntos de vista de la moral solo pueden frenar las conductas pasajeras de las personas. Y que dichas conductas sean buenas o malas varía en función del estado de ánimo de la persona, de sus emociones, del bien y del mal que albergue y de sus buenas o malas intenciones pasajeras; naturalmente, el clima y el ambiente sociales también repercuten en esto. Hay muchas impurezas en estas conductas; todas ellas son conductas superficiales y la gente no puede juzgar por medio de ellas si alguien tiene humanidad o no. Por el contrario, es mucho más preciso y práctico juzgar si alguien tiene humanidad o no en función de su esencia-humanidad, de lo que persigue, de su visión de la vida y su sistema de valores, de la senda que recorre y del fundamento de sus conductas y actos. Decidme, ¿qué concuerda con la verdad: los fundamentos para evaluar la humanidad o los fundamentos para evaluar la conducta moral? ¿Concuerdan con la verdad los criterios de evaluación de la conducta moral, o los criterios para evaluar si alguien tiene humanidad? ¿Cuáles de estos criterios concuerdan con la verdad? En realidad, lo que concuerda con la verdad son los criterios para evaluar si alguien tiene humanidad. Es incuestionable. Los factores que se aplican para evaluar la conducta moral de las personas no sirven como criterio porque son variables. Están repletos de numerosas impurezas, como las transacciones, los intereses, las preferencias, las búsquedas, las emociones, los malos pensamientos, las actitudes corruptas, etc., de las personas. Albergan demasiados errores e impurezas, no son claros. Por tanto, no sirven como criterio para juzgar a las personas. Están repletos de todo tipo de cosas que Satanás le inculca al hombre y de otras condiciones que surgen a raíz del corrupto carácter satánico del hombre, así que no son la verdad. En resumen, sin importar si la gente considera estos criterios de conducta moral fáciles o difíciles de cumplir ni si estima que tienen un valor alto, bajo o medio, en cualquier caso, todos ellos son meros dichos que limitan y regulan la conducta de la gente. Solamente llegan al nivel de la calidad moral del hombre; no guardan la menor relación con la exigencia de Dios de que se aplique la verdad para juzgar la humanidad de una persona. Ni siquiera incluyen las normas más elementales que deben tener y cumplir quienes tienen humanidad; están lejos de todas esas cosas. Al contemplar a los demás, la gente solamente se centra en evaluar sus demostraciones de conducta moral; contempla y evalúa a otras personas exclusivamente de acuerdo con las exigencias de la cultura tradicional. Dios no contempla a las personas únicamente en función de sus muestras de conducta moral, sino que se centra en su esencia-humanidad. ¿Qué abarca la esencia-humanidad de una persona? Sus preferencias, sus puntos de vista sobre las cosas, su visión de la vida y su sistema de valores, sus búsquedas, si tiene sentido de la rectitud, si ama la verdad y las cosas positivas, su capacidad de aceptar la verdad y someterse a ella, la senda que elige, etc. Es preciso juzgar la esencia-humanidad de una persona de acuerdo con estas cosas. Aquí, más o menos, concluye Mi enseñanza sobre lo que es disfrutar ayudando a otros. Tras esta enseñanza sobre estas dos exigencias de conducta moral, ¿ya comprendéis los principios básicos para discernir tanto cómo evaluar la conducta moral como la diferencia entre los criterios de Dios para evaluar a las personas y la conducta moral de la que habla el hombre? (Sí).

Acabo de hablar de dos de las exigencias a la conducta moral del hombre por parte de la cultura tradicional: “no te quedes el dinero que te encuentres” y “disfruta ayudando a otros”. ¿Qué habéis aprendido de Mi enseñanza acerca de estos dos dichos? (Yo aprendí que la conducta moral de las personas no está relacionada con su esencia-humanidad. A lo sumo, las personas que exhiben este tipo de conducta moral tienen algunas buenas conductas y manifestaciones en cuanto a la calidad de su moralidad. Sin embargo, esto no significa que tengan humanidad ni que vivan a semejanza humana. Entiendo esta cuestión de forma un poco más clara). Las personas que exhiben una buena conducta moral no tienen necesariamente humanidad; todo el mundo puede reconocerlo y, de hecho, así son las cosas. Todas las personas siguen las malvadas tendencias de la sociedad y han ido perdiendo la conciencia y la razón; pocas son capaces de vivir a semejanza humana. ¿Han resultado ser buenas personas todas aquellas que una vez entregaron a la policía un céntimo que se encontraron en la acera? No necesariamente. ¿Qué desenlace tuvieron los que una vez fueron elogiados como héroes? En el fondo, todo el mundo conoce la respuesta a estas preguntas. ¿Qué fue de aquellos dechados de moralidad social y grandes filántropos que a menudo disfrutaban ayudando a otros, que eran engalanados con flores rojas y aclamados por el hombre? La mayoría resultaron no ser buenas personas. Hicieron algunas buenas acciones a propósito para hacerse famosos. En realidad, la mayor parte de sus conductas, sus vidas y sus temperamentos reales no son en absoluto tan buenos. Lo único que se les da muy bien es la adulación y el servilismo. Cuando se quitan las flores rojas y ese barniz superficial de ser dechados de moralidad social, ni siquiera saben cómo comportarse ni cómo llevar su vida. ¿Cuál es el problema? ¿No han sido presa de la corona de “dechado de moral” que les otorgó la sociedad? Realmente no saben lo que son: han sido halagados tan en exceso que han empezado a creerse demasiado grandes y ya no pueden ser personas normales. Al final ni siquiera saben cómo vivir, su existencia cotidiana se vuelve un caos total y algunos incluso acaban abusando del alcohol, deprimiéndose y suicidándose. Sin duda hay gente que entra dentro de esta categoría. Siempre van en pos de un sentimiento, deseando ser héroes y ejemplares, hacerse famosos o ser el culmen de la excelencia moral. No pueden regresar jamás al mundo real; las necesidades cotidianas de la vida real son para ellos una fuente constante de vejación y sufrimiento. No saben cómo librarse de este dolor ni cómo elegir la senda correcta en la vida. En busca de emociones, algunos recurren a las drogas, mientras que otros optan por poner fin a su vida para escapar de los sentimientos de vacío. Algunos de los que no se suicidan suelen acabar muriendo de depresión. ¿No hay numerosos ejemplos de esto? (Sí). Este es el tipo de daño que la cultura tradicional le inflige a la gente. No solo no le permite que adquiera una comprensión precisa de la humanidad ni la guía por la senda correcta que debe seguir, sino que, de hecho, la lleva por el mal camino hacia una esfera de delirio y fantasía. Esto perjudica a las personas de una forma bastante profunda. Puede que alguno alegue: “¡No es cierto en todos los casos! A nosotros nos va bien, ¿no?”. Que ahora a vosotros os vaya bien ¿no es fruto de la protección de Dios? Solo porque Dios os escogió y tenéis Su protección tuvisteis la suerte de aceptar Su obra y podéis leer Sus palabras, asistir a reuniones, compartir enseñanzas y cumplir vuestro deber aquí; únicamente por Su protección podéis llevar la vida de un ser humano normal y poseer la razón normal para hacer frente a todos los aspectos de vuestra vida cotidiana. No obstante, es innegable que en las profundidades de vuestra mente aún hay ideas y puntos de vista como “no te quedes el dinero que te encuentres” y “disfruta ayudando a otros”. Al mismo tiempo, seguís siendo prisioneros de estos criterios ideológicos y morales que provienen del género humano. ¿Por qué afirmo que sois prisioneros de estas cosas? Porque la senda que elegís en la vida, los principios y la dirección de vuestros actos y conductas, y los principios, métodos y criterios por los que contempláis a las personas y las cosas, etc., todavía están influenciados, incluso limitados y controlados, por estos criterios ideológicos y morales en distinta medida; mientras que las palabras de Dios y la verdad aún no han llegado a ser el fundamento y criterio de vuestros puntos de vista sobre las personas y cosas, ni de vuestras conductas y acciones. Por ahora solamente habéis elegido el rumbo correcto en la vida, y tenéis la voluntad, la aspiración y la esperanza de emprender la senda de búsqueda de la verdad. Sin embargo, en realidad, la mayoría no os habéis abierto paso en esta senda en absoluto; es decir, no habéis llegado a la senda correcta que Dios le ha preparado al hombre. Algunos preguntarán: “Si no hemos llegado a la senda correcta, ¿por qué, pese a ello, somos capaces de cumplir nuestro deber?”. Esto es fruto de la decisión, la cooperación, la conciencia y la voluntad del hombre. En este momento estás cooperando con las exigencias de Dios y empleándote a fondo para mejorar, pero que trates de mejorar no significa que ya hayas llegado a pisar la senda de búsqueda de la verdad. Uno de los motivos es que todavía estáis influenciados por las ideas que la cultura tradicional os ha inculcado. Por ejemplo, tal vez comprendáis correctamente la esencia de los enunciados “no te quedes el dinero que te encuentres” y “disfruta ayudando a otros” tras escuchar Mi enseñanza y poner esa esencia al descubierto, pero puede que dentro de unos días cambiéis de idea. Quizá penséis: “¿Qué tiene de malo lo de que ‘no te quedes el dinero que te encuentres’? A mí me cae bien la gente que no se queda el dinero que se encuentra. Al menos no es avariciosa. ¿Qué tiene de malo lo de ‘disfrutar ayudando a otros’? Por lo menos, cuando estás necesitado, puedes contar con que alguien te eche una mano. ¡Es algo bueno y que todo el mundo necesita! Además, se mire como se mire, es bueno y positivo que la gente disfrute ayudando a otros. ¡Es nuestro correspondiente deber y no hay que criticarlo!”. Ya ves, solo unos días después de despertar, bastará con una noche de sueño para cambiarte; eso te enviará de vuelta a donde estabas antes y te devolverá una vez más a ser preso de la cultura tradicional. Dicho de otro modo, estas cosas alojadas en las profundidades de tu mente influyen en tus pensamientos y puntos de vista de vez en cuando, así como en las sendas que eliges. E, inevitablemente, a la par que te influyen, también te frenan e impiden constantemente cumplir tu deseo de llegar a pisar la senda correcta en la vida, de emprender la senda de búsqueda de la verdad y de tomar en la vida aquella senda en que las palabras de Dios son tu fundamento y la verdad tu criterio. Aunque estés muy dispuesto a recorrer dicha senda, aunque lo anheles, te sientas nervioso por ello y te pases cada día pensando y planeando, tomando decisiones y orando por ello, las cosas seguirán sin ir como tú deseas. El motivo es que estos aspectos de la cultura tradicional están excesivamente arraigados en lo más profundo de tu corazón. Puede que alguno exclame: “¡No tienes razón! Afirmas que la cultura tradicional está excesivamente arraigada en el corazón de la gente, pero no creo que sea cierto. Soy un simple veinteañero, no tengo 70 ni 80 años, así que ¿cómo es posible que estas cosas ya hayan arraigado profundamente en mi corazón?”. ¿Por qué digo que estas ideas ya están profundamente arraigadas en tu corazón? Piénsalo: desde tus primeros recuerdos, ¿no has aspirado siempre a ser una persona noble, aunque tus padres no te inculcaran esas ideas? Por ejemplo, a la mayoría de la gente le gusta ver películas y leer novelas de héroes y simpatiza profundamente con las víctimas de esas historias, mientras desprecia a los malos y a los personajes crueles que hacen daño a otras personas. Cuando creces en este tipo de ambiente, aceptas inconscientemente las cosas que la sociedad en general ha acordado de manera colectiva. ¿Y por qué admites esas cosas? Porque la gente no nace en posesión de la verdad y no tiene la capacidad innata de discernir las cosas. Tú no tienes este instinto; el instinto de los seres humanos es una tendencia intrínseca a que les gusten algunas cosas buenas, positivas y activas. Estas cosas activas y positivas te hacen aspirar a mejorar, a llegar a ser una persona buena, heroica y excelente. Estas cosas comienzan a tomar forma en tu interior poco a poco cuando entras en contacto con dichos que emanan de la opinión pública y la moral social. Una vez que los enunciados provenientes de la moral de la cultura tradicional calan en ti y entran en tu mundo interior, arraigan en tu corazón y empiezan a dominar tu vida. Cuando esto ocurre, no disciernes estas cosas, ni te resistes a ellas, ni las rechazas; sino que sientes profundamente que las necesitas. Tu primer paso consiste en seguirles el juego a estos dichos. ¿Por qué? Porque estos dichos se adaptan muy bien a los gustos y nociones de la gente, se adecúan a las necesidades de sus mundos espirituales. En consecuencia, aceptas estos enunciados automáticamente y sin ninguna cautela. Progresivamente, con la educación familiar y escolar y el condicionamiento y adoctrinamiento de la sociedad, junto con tus propias figuraciones, acabas convenciéndote completamente de que estos dichos son cosas positivas. Con el refinamiento del tiempo y a medida que te vas haciendo mayor, te esfuerzas por obedecer estos dichos en todo tipo de contextos y situaciones, y obedeces estas cosas que los seres humanos prefieren y creen buenas de forma innata. Cada vez cuajan más en tu interior y arraigan más y más en él. Al mismo tiempo, estas cosas dominan tu visión de la vida y los objetivos que persigues, y se convierten en los criterios por los que juzgas a las personas y las cosas. Una vez que estos dichos de la cultura tradicional cuajan en la gente, entran en funcionamiento todas las condiciones básicas que la llevan a resistirse a Dios y a la verdad; es como si la gente descubriera sus propios motivos y fundamentos para ello. Por eso, cuando Dios expone el carácter y la esencia corruptos de las personas y hace caer sobre ellas Su castigo y juicio, la gente se forma todo tipo de nociones sobre Él. Piensa: “Suele decirse que ‘si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos’ y ‘es inútil decapitar a un hombre muerto; sé indulgente siempre que puedas’; entonces, ¿cómo es posible que Dios hablara así? ¿Era realmente Dios? Dios no hablaría de ese modo: debería estar por encima de todo y hablar a la gente en tono suave, el tono de Buda, que libra a todos los seres humanos del sufrimiento, el tono de un bodhisattva. Así es Dios, una figura sumamente gentil y espléndida”. Esta serie de ideas, puntos de vista y nociones te siguen brotando del corazón en cantidades cada vez mayores y, finalmente, no lo soportas más y no puedes evitar rebelarte contra Dios y resistirte a Él. Así te arruinan tus nociones y figuraciones. Esto evidencia que, tengas la edad que tengas, siempre que hayas recibido la educación de la cultura tradicional y tengas la capacidad mental de un adulto, tu corazón estará repleto de estos aspectos de la moralidad de la cultura tradicional, los cuales, poco a poco, arraigarán en ti. Ya te han dominado y ya has vivido muchos años de acuerdo con ellos. Estos aspectos de la moral de la cultura tradicional llevan mucho tiempo instalados en tu vida y tu naturaleza. Por ejemplo, desde los cinco o seis años aprendiste a disfrutar ayudando a otros y a no quedarte el dinero que te encontraras. Estas cosas te influyeron y dictaban totalmente tu manera de comportarte. Ahora que eres una persona de mediana edad, ya has vivido muchos años de acuerdo con estas cosas; esto significa que estás muy alejado de las normas que Dios exige del hombre. Desde que aceptaste esos dichos de conducta moral que promueve la cultura tradicional, te has apartado cada vez más de las exigencias de Dios. La brecha entre tus propias normas de humanidad y las normas de humanidad que exige Dios se ha hecho cada vez mayor. En consecuencia, te has apartado cada vez más de Dios. ¿No es así? Tomaos un tiempo para meditar estas palabras.

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

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