Qué significa perseguir la verdad (9) Parte 3

Acabamos de afirmar que el dicho “es inútil decapitar a un hombre muerto; sé indulgente siempre que puedas” es una exigencia impuesta sobre la conducta moral del género humano. También hemos diseccionado algunos problemas de este dicho y algunos de sus efectos sobre los humanos. Ha introducido ideas y puntos de vista malsanos en el género humano y ha tenido ciertos efectos negativos en los objetivos y la supervivencia de las personas de los que la gente debería ser consciente. ¿Y cómo deben entender los creyentes los problemas relacionados con la magnanimidad y amplitud de miras en la humanidad? ¿Cómo entenderlos de parte de Dios de forma correcta y positiva? ¿No se ha de entender también esto? (Sí). En realidad, no es difícil comprender estas cosas. No es preciso adivinar ni investigar ninguna información. Con solo aprender algo de las cosas que Dios ha dicho, de la obra que ha llevado a cabo entre la gente y de Su carácter tal como se muestra en las distintas formas en que trata a todo tipo de personas, podemos saber exactamente cuál es la opinión de Dios sobre estos dichos y puntos de vista de la cultura tradicional y cuáles exactamente Sus intenciones. Observando las intenciones y opiniones de Dios, la gente debería tener una senda por la que perseguir la verdad. El dicho “es inútil decapitar a un hombre muerto”, que la gente obedece, significa que, cuando a una persona se le corta la cabeza y esta cae al suelo, ahí se acaba el asunto y no hay que hacer más. ¿Esto no es un punto de vista? ¿No es un punto de vista que suele tener la gente? Significa que, una vez que una persona llega al final de su vida física, esa vida se acaba. Todas las cosas malas que esa persona ha hecho en vida y todo el amor, el odio, la pasión y la enemistad que ha experimentado, se declaran terminados en ese momento, y se considera que esa vida ha concluido. La gente cree esto, pero, observando las palabras de Dios y las diversas señales de Sus actos, ¿es este el principio de actuación de Dios? (No). ¿Y cuál es el principio de actuación de Dios? ¿En qué se basa Dios para hacer esas cosas? Algunos dicen que Dios las hace en función de Sus decretos administrativos, lo cual es correcto, pero no es la historia completa. Por un lado, las hace en función de Sus decretos administrativos, pero, por otro, trata a todo tipo de personas en función de Su carácter y esencia; esa es la historia completa. A ojos de Dios, si matan a una persona y su cabeza cae al suelo, ¿termina su vida? (No). ¿Y de qué manera pone fin Dios a la vida de una persona? ¿Así se ocupa Dios de una persona? (No). La forma en que Dios se ocupa de cualquier persona no consiste en matarla cortándole la cabeza, y ya. Hay un principio y un final, una coherencia y una perseverancia en la forma en que Dios se ocupa del género humano. Desde el momento en que un alma se reencarna en un ser humano hasta que regresa al reino espiritual al término de la vida física de la persona, siga el derrotero que siga, ya sea en el reino espiritual o en el mundo material, el alma debe someterse a la mano de Dios. Al final, que sea premiada o castigada depende de los decretos administrativos de Dios, y hay unas reglas celestiales. Esto significa que la manera en que Dios trata a una persona depende del destino de toda la vida que Él ha decretado para cada persona. Concluido el destino de una persona, esta se somete a la mano de Dios en función de la ley ordenada por Él y de las reglas celestiales, que castigan el mal y premian el bien. Si esta persona ha cometido un mal considerable en el mundo, debe someterse a un castigo considerable; si no ha cometido mucho mal y hasta ha hecho algunas buenas acciones, ha de ser premiada. Que pueda continuar reencarnándose y que renazca como ser humano o animal depende de su desempeño en esta vida. ¿Por qué hablo sobre estas cosas? Porque al dicho “es inútil decapitar a un hombre muerto” se le une otro: “sé indulgente siempre que puedas”. Dios no habla ni actúa intentando suavizar las cosas sin principios. Los actos de Dios se revelan en la forma en que Él se ocupa de todo ser creado de principio a fin, gracias a lo cual la gente aprecia claramente que es Dios es quien tiene la soberanía del destino de los seres humanos, el cual Él instrumenta y dispone, y que luego castiga el mal y premia el bien según la conducta de una persona e impone castigos cuando es preciso. Según lo estipulado por Dios, una persona debe ser castigada durante tantos años y tantas reencarnaciones en función de cuántas maldades haya cometido, y el reino espiritual aplica esto según las reglas establecidas y sin la más mínima divergencia. Esto no se puede cambiar, y quien lo haga vulnera las reglas celestiales ordenadas por Dios y será castigado sin excepción. A ojos de Dios, estas reglas celestiales no pueden vulnerarse. ¿Qué significa esto? Que cualquier persona, sin importar qué mal haya cometido ni qué reglas y regulaciones celestiales haya vulnerado, será finalmente tratada sin concesiones. A diferencia de las leyes del mundo —en que hay libertad condicional, o alguien puede interceder, o el juez puede obedecer sus inclinaciones y hacer un acto de bondad siendo indulgente siempre que pueda para que la persona no sea condenada por el delito y no sea castigada en consecuencia—, las cosas en el reino espiritual no funcionan así. Dios trata las vidas pasadas y presentes de cada ser creado exclusivamente según las leyes fijadas por Él; es decir, según las reglas del cielo. Da igual lo graves o nimias que sean las transgresiones de una persona, lo grandes o insignificantes que sean sus buenas acciones, cuánto hayan durado sus transgresiones o sus buenas acciones o hace cuánto tiempo ocurrieran. Nada de esto cambia la forma en que el Señor de la creación trata a los seres humanos que Él ha creado. En otras palabras, las reglas celestiales creadas por Dios nunca cambian. Este es el principio subyacente a los actos de Dios y Su modo de hacer las cosas. Desde que comenzaron a existir los seres humanos y Dios empezó a obrar entre ellos, los decretos administrativos creados por Él —o sea, las reglas del cielo— no han variado. Por tanto, en última instancia, Dios tiene maneras de abordar las transgresiones y las buenas y malas acciones de todo tipo del género humano. Todos y cada uno de los seres creados deben pagar el precio correspondiente por sus actos y conductas. Ahora bien, cada ser creado es castigado por Dios por rebelarse contra Él, por las acciones malvadas que ha cometido y por las transgresiones que ha dejado tras de sí, no porque Dios haya comenzado a odiar a la gente. Dios no forma parte de la especie humana. Dios es Dios, Señor de la creación. Todos y cada uno de los seres creados son castigados no porque el Señor de la creación odie a las personas, sino porque estas han vulnerado las reglas, reglamentos, leyes y mandamientos celestiales fijados por Dios, y nadie puede cambiar esto. Desde este punto de vista, a ojos de Dios nunca existe eso de “ser indulgente siempre que puedas”. Puede que no entendáis del todo lo que digo, pero, en cualquier caso, el objetivo último es que sepáis que Dios no tiene odio, sino únicamente las reglas del cielo, los decretos administrativos, las leyes, Su carácter y Su ira y majestad, que no toleran ofensa. Por consiguiente, a ojos de Dios no existe eso de “ser indulgente siempre que puedas”. No deberías medir a Dios por la exigencia de ser indulgente siempre que se pueda, ni someter a Dios a escrutinio por ella. ¿Qué significa “someter a escrutinio a Dios”? Significa que, a veces, cuando Dios muestra misericordia y tolerancia a la gente, algunos dirán: “¡Mirad, Dios es bueno, Dios ama a la gente, es indulgente siempre que puede y verdaderamente tolerante con los seres humanos! ¡Dios es más abierto de mente que nadie, mucho más que los seres humanos, incluso que los primeros ministros!”. ¿Es correcto? (No). Si alabas a Dios de esta manera, ¿procede decir esto? (No, no procede). Esta manera de hablar es un error y no puede aplicarse a Dios. Los seres humanos se esfuerzan por ser indulgentes siempre que pueden para mostrar generosidad y tolerancia y hacer alarde de que son personas tolerantes, magnánimas y de virtudes nobles. En cuanto a Dios, en Su esencia hay misericordia y tolerancia. La misericordia y la tolerancia son la esencia de Dios. Sin embargo, la esencia de Dios no es lo mismo que la magnanimidad y tolerancia que los seres humanos muestran al ser indulgentes siempre que pueden. Son dos cosas distintas. Al ser indulgentes siempre que pueden, el objetivo de los seres humanos es que la gente diga cosas buenas de ellos, que tienen generosidad y gracia y que son buenas personas. Eso también obedece a presiones sociales, por supervivencia. La gente solo muestra algo de generosidad y de apertura de mente hacia los demás para lograr un objetivo, no para obedecer o cumplir criterios de conciencia, sino para que otros la admiren e idolatren, o como parte de alguna motivación oculta o algún ardid. No actúa con pureza. ¿Y hace Dios cosas como, por ejemplo, ser indulgente siempre que puede? Dios no hace cosas así. Algunos preguntan: “¿No muestra Dios también indulgencia hacia las personas? Y, cuando lo hace, ¿no está siendo indulgente siempre que puede?”. No, aquí hay una diferencia que la gente debe entender. ¿Qué debe entender la gente? Que, cuando las personas aplican el dicho “sé indulgente siempre que puedas”, lo hacen sin principios. Lo hacen porque sucumben a las presiones sociales y a la opinión pública y para fingir que son buenas personas. Con estos objetivos impuros, y tras una máscara de hipocresía para alardear de buenas personas, la gente lo hace a regañadientes. O tal vez se ve obligada por las circunstancias y quiere vengarse, pero no puede, y, en esta situación sin más opción, obedece este dogma a regañadientes. No es una manifestación de su esencia interior. Las personas capaces de hacer esto no son verdaderamente buenas ni personas que realmente amen las cosas positivas. ¿Y cuál es la diferencia entre la tolerancia y misericordia de Dios hacia la gente, y las personas que ponen en práctica el dicho “sé indulgente siempre que puedas”? Decidme cuáles son las diferencias. (Que Dios actúa según principios. Por ejemplo, el pueblo de Nínive recibió la tolerancia de Dios tras arrepentirse sinceramente. Por esto sabemos que Dios actúa según principios y, asimismo, que en la esencia de Dios hay misericordia y tolerancia hacia las personas). Muy bien. Aquí hay dos diferencias principales. Lo que acabáis de mencionar es crucial: Dios actúa según principios. Todo lo que hace Dios tiene un límite y un alcance claros, y estos son cosas que la gente puede comprender. El caso es que hay ciertos principios en todo lo que hace Dios. Por ejemplo, Dios mostró indulgencia al pueblo de Nínive por sus transgresiones. Cuando el pueblo de Nínive dejó atrás la maldad y se arrepintió sinceramente, Dios lo perdonó y prometió no arrasar más la ciudad. Este fue el principio subyacente a los actos de Dios. ¿Cómo se puede entender este principio aquí? Como que era el mínimo. A tenor de la comprensión y la forma de hablar de los seres humanos, se puede afirmar que esto era el mínimo para Dios. Siempre y cuando el pueblo de Nínive abandonara el mal en sus manos, dejara de vivir en pecado y de renegar de Dios como antes, y fuera capaz de arrepentirse sinceramente ante Él, este arrepentimiento sincero era, para Dios, el mínimo que les pedía. Si eran capaces de alcanzar el arrepentimiento sincero, Dios sería indulgente con ellos. Si, por el contrario, no hubieran alcanzado el arrepentimiento sincero, ¿habría recapacitado Dios? ¿Habrían variado la decisión y el plan previos de Dios de arrasar dicha ciudad? (No). Dios les dio dos opciones: la primera, continuar con sus comportamientos malvados y afrontar la aniquilación, en cuyo caso toda la ciudad sería arrasada; la segunda, dejar atrás la maldad, arrepentirse sinceramente ante Él con cilicio y ceniza y confesarle los pecados desde lo más hondo del corazón, en cuyo caso Él sería indulgente con ellos y, sin importar qué mal hubieran cometido anteriormente ni lo grave que fuera el alcance de su maldad, Él decidiría no arrasar la ciudad por su arrepentimiento. Dios les dio dos opciones y, en vez de elegir la primera, eligieron la segunda: arrepentirse sinceramente ante Dios con cilicio y ceniza. ¿Cuál fue el resultado final? Lograron que Dios cambiara de idea; es decir, que recapacitara, cambiara de planes, les mostrara indulgencia y no arrasara la ciudad. ¿No es este el principio según el cual obra Dios? (Sí). Este es el principio según el cual obra Dios. Además, hay otro punto crucial: en la esencia de Dios hay amor y misericordia, pero, naturalmente, también intolerancia hacia las ofensas del hombre e ira. En el caso de la destrucción de Nínive, se revelaron ambos aspectos de la esencia de Dios. Cuando Dios vio las acciones malvadas de ese pueblo, la esencia de Su ira se manifestó y se reveló. ¿Tiene algún principio la ira de Dios? (Sí). En pocas palabras, este principio afirma que la ira de Dios tiene un fundamento. No se trata de enojo ni de furia indiscriminada, y ni mucho menos de un tipo de sentimiento. Más bien es una actitud que surge y se revela de forma natural en un contexto determinado. La ira y majestad de Dios no toleran ofensa. En lenguaje humano, esto significa que Dios se enojó y enfureció por las acciones malvadas de los ninivitas. Para ser precisos, Dios se enojó porque tiene una faceta intolerante a las ofensas de las personas, por lo que, ante las acciones perversas de aquellas y la aparición y el surgimiento de cosas negativas, Dios, naturalmente, reveló Su ira. Entonces, si se reveló la ira de Dios, ¿arrasaría inmediatamente la ciudad? (No). Así puede apreciarse que Dios actúa según principios. No es que, una vez que Dios está enojado, diga: “Yo tengo la autoridad. ¡Te aniquilaré! ¡Sea cual sea tu problema, no te voy a dar una oportunidad!”. No es así. ¿Qué hizo Dios? Dios hizo una serie de cosas. ¿Cómo debe interpretarlas la gente? La serie de cosas que hizo Dios se fundamentan en Su carácter. No surgieron meramente de Su ira. Esto quiere decir que la ira de Dios no es impetuosidad. No es como la impetuosidad de los seres humanos, que impulsivamente dicen: “Tengo el poder, te mataré, te ajustaré las cuentas”, o, como dice el gran dragón rojo: “Si te atrapo, te mataré y te golpearé hasta la muerte sin consecuencias”. Esta es la forma en que actúan Satanás y los diablos. La impetuosidad proviene de Satanás y los diablos. No hay impetuosidad en la ira de Dios. ¿Cómo se manifiesta Su ausencia de impetuosidad? Cuando Dios vio lo corrompidos que estaban los ninivitas, se enojó y enfureció. No obstante, tras enojarse, no los arrasó sin mediar palabra a consecuencia de la esencia de Su ira. Por el contrario, envió a Jonás a que informara al pueblo de Nínive de lo que iba a hacer, le comunicara lo que iba a hacer y por qué, para que lo tuviera claro y para darle un rayo de esperanza. Este hecho les enseña a los seres humanos que la ira de Dios se revela a raíz de la aparición de cosas negativas y malas, pero es distinta de la impetuosidad del género humano y de los sentimientos del mismo. Algunos dicen: “La ira de Dios es distinta de la impetuosidad y los sentimientos humanos. ¿Es controlable?”. No, controlable no es la palabra adecuada, no procede. Para ser precisos, la ira de Dios tiene unos principios. En Su ira, Dios hizo una serie de cosas que demuestran aún más que Sus actos contienen unas verdades y unos principios y, al mismo tiempo, también informa al género humano de que, aparte de Su ira, Dios también tiene misericordia y amor. Cuando Dios dedica Su misericordia y amor al género humano, ¿qué beneficios recibe este? Es decir, si la gente confiesa sus pecados y se arrepiente como lo enseña Dios, puede recibir de Él una oportunidad de vivir y la esperanza y la posibilidad de sobrevivir. Esto significa que la gente puede seguir viviendo con el permiso de Dios, a condición de que se haya confesado y arrepentido sinceramente, y entonces podrá recibir la promesa que Dios le da. ¿No hay unos principios en toda esta serie de afirmaciones? Verás, detrás de cada cosa y cada obra que lleva a cabo Dios hay, en lenguaje humano, un razonamiento y una exigencia o, en palabras de Dios, verdades y principios. Eso difiere de la forma de actuar de los seres humanos, y ni mucho menos está viciado por la impetuosidad de estos. Algunos exclaman: “¡El carácter de Dios es tranquilo, no impulsivo!”. ¿Es así? No, no se puede decir que el carácter de Dios sea tranquilo, comedido y no impulsivo; esa es la manera de evaluarlo y describirlo que tiene el género humano. Hay unas verdades y unos principios en lo que Dios hace. Haga lo que haga, tiene un fundamento, y este fundamento es la verdad y Su carácter.

Para tratar con el pueblo de Nínive, Dios hizo una serie de cosas. Primero envió a Jonás a que advirtiera al pueblo de Nínive: “Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada” (Jonás 3:4). ¿Es mucho cuarenta días? Exactamente un mes y diez días, bastante, suficiente para que la gente piense y recapacite durante un tiempo y alcance el arrepentimiento sincero. Si hubieran sido cuatro horas o cuatro días, no habría sido suficiente para arrepentirse. Sin embargo, Dios concedió cuarenta días, mucho tiempo, más que suficiente. ¿Qué tamaño puede tener una ciudad? Jonás recorrió la ciudad de punta a punta e informó a todo el mundo en pocos días, de modo que todos los ciudadanos y hogares recibieron el mensaje. Esos cuarenta días fueron más que suficientes para preparar cilicio o ceniza y para cualquier otro preparativo necesario. ¿Qué se desprende de estas cosas? Que Dios concedió al pueblo de Nínive tiempo suficiente para que supiera que iba a arrasar su ciudad y para que se preparara, recapacitara y se examinara a sí mismo. En lenguaje humano, Dios hizo todo lo que podía y debía. Ese período de cuarenta días fue suficiente en la medida en que les dio a todos, del rey al pueblo llano, tiempo suficiente para recapacitar y prepararse. Esto evidencia, por un lado, que lo que Dios hace por la gente es mostrar tolerancia y, por otro, que Dios se preocupa de corazón por las personas y siente verdadero amor por ellas. Efectivamente, la misericordia y el amor de Dios existen y Su corazón es fiel, sin fingimiento alguno. Para dar a la gente la oportunidad de arrepentirse, le concedió cuarenta días. Esos cuarenta días condensaron la tolerancia y el amor de Dios. Esos cuarenta días fueron suficientes para dejarle comprobar y demostrarle a la gente que Dios tiene una preocupación y un amor sinceros por ella y que la misericordia y el amor de Dios realmente existen sin fingimiento alguno. Alguno dirá: “¿No dijiste antes que Dios no ama a la gente, que la odia? ¿No es contradictorio con lo que acabas de explicar?”. ¿Es contradictorio? (No, no lo es). Dios se preocupa de corazón por la gente, tiene la esencia del amor. ¿Esto difiere de la afirmación de que Dios ama a la gente? (Sí). ¿En qué difiere? ¿Ama Dios realmente a las personas o las odia? (Ama a las personas). ¿Por qué, entonces, Dios sigue maldiciendo, castigando y juzgando a las personas? Si no tenéis claro algo tan importante, debéis de haberlo malinterpretado. ¿Es esto una contradicción entre Dios y tú? Si no lo tienes claro, ¿no es probable que surja un abismo entre Dios y tú? Dime, si Dios ama a las personas, ¿también las odia? ¿Influye el amor de Dios hacia la gente en Su odio hacia ella? ¿Influye el odio de Dios hacia la gente en Su amor hacia ella? (No, no lo hace). Entonces, ¿por qué ama Dios a las personas? Dios se hizo carne para salvar a la gente; ¿no es este Su máximo amor? ¡Qué lamentable que no lo sepáis! Si ni siquiera sabéis por qué ama Dios a la gente, eso es ridículo. Decidme, ¿de dónde deriva el amor de una madre hacia su hijo? (Del instinto). Así es. El amor maternal deriva del instinto. ¿Y se basa dicho amor en si el hijo es bueno o perverso? (No, no se basa en eso). Por ejemplo, aunque el niño sea muy travieso y a veces exaspere a su madre, al final ella lo sigue queriendo. ¿Por qué? La forma en que trata a su hijo se deriva del instinto de su papel de madre. Por este amor maternal instintivo que tiene, su amor por el niño no se basa en si este es bueno o perverso. Algunas personas alegan: “Si una madre ama instintivamente a su hijo, ¿por qué, no obstante, le pega una bofetada? ¿Por qué, no obstante, lo odia? ¿Por qué a veces se enoja y lo regaña? ¿Y por qué a veces se enoja tanto que no quiere saber más de él? ¿No decías que una madre tiene amor y ama a su hijo? Entonces, ¿cómo puede ser tan despiadada?”. ¿Es una contradicción? No, no es una contradicción. La forma en que una madre trata a su hijo depende de la actitud del hijo hacia la madre y de la conducta del hijo. Sin embargo, trate como trate a su hijo, aunque le pegue una bofetada y lo odie, esto no tiene que ver con la existencia de su amor maternal. Del mismo modo, ¿de dónde deriva el amor de Dios hacia las personas? (De que Dios tiene la esencia del amor). Exacto. Por fin lo habéis dejado claro. El quid de la cuestión es que Dios tiene la esencia del amor. Dios ama a la gente y se preocupa por ella porque, por un lado, Él tiene la esencia del amor. En dicho amor hay misericordia, bondad, tolerancia y paciencia. Por supuesto, también hay manifestaciones de preocupación, y a veces inquietud, tristeza, etc. Todo esto viene determinado por la esencia de Dios. Esta es una observación desde un punto de vista subjetivo. Desde un punto de vista objetivo, los seres humanos son creados por Dios, al igual que un niño nace de su madre, y esta, naturalmente, se preocupa por él y hay unos lazos de sangre inseparables entre ellos. Aunque Dios y los seres humanos no tienen estos lazos de sangre, como los llamarían ellos, estos son, no obstante, creación de Dios, y Él se preocupa y siente afecto por ellos. Dios quiere que los seres humanos sean buenos y caminen por la senda correcta, pero ver que los corrompe Satanás, caminan por la senda del mal y sufren es algo que entristece y angustia a Dios. Normal, ¿no? Dios tiene estas reacciones, estos sentimientos y estas manifestaciones, que surgen a raíz de Su esencia y son inseparables de la relación constituida por la creación del hombre por parte de Dios. Todos estos son hechos objetivos. Algunos dicen: “Puesto que la esencia de Dios tiene amor, ¿por qué aun así Dios odia a la gente? ¿No se preocupa Dios por las personas? ¿Por qué aun así las odia?”. Aquí también hay un hecho objetivo: que el carácter, la esencia y otros aspectos de las personas son incompatibles con Dios y con la verdad, de manera que lo que las personas manifiestan y revelan ante Dios le resulta repugnante y abominable. Conforme pasa el tiempo, el carácter corrupto de las personas se agrava cada vez más, sus pecados son cada vez más graves y, asimismo, la gente es sumamente intransigente, categóricamente impenitente, y no admite la más mínima verdad. Está en total desacuerdo con Dios; de ahí que se despierte Su odio. ¿Y de dónde viene el odio de Dios? ¿Por qué surge? Surge porque el carácter de Dios es recto y santo, y Su desprecio lo provoca Su esencia. Dios aborrece el mal, detesta lo negativo y abomina las fuerzas y cosas malignas. Por tanto, Dios abomina esta especie humana corrupta. Así pues, el amor y el odio que Dios revela por los seres creados son normales y vienen determinados por Su esencia. No existe contradicción alguna. Algunos preguntan: “Entonces, en realidad, ¿Dios ama u odia a las personas?”. ¿Cómo responderías a eso? (Depende de la actitud de la gente hacia Dios o de si la gente se ha arrepentido sinceramente). Esto es básicamente cierto, mas no del todo exacto. ¿Por qué no es exacto? ¿Consideráis necesario que Dios ame a la gente? (No). Las palabras de Dios dirigidas al género humano y toda la obra que lleva a cabo en las personas son manifestaciones naturales de Su carácter y esencia. Dios tiene Sus principios; no necesariamente tiene que amar a las personas, pero tampoco tiene que odiarlas necesariamente. Lo que Dios le pide a la gente es que persiga la verdad, siga Su camino y se comporte y actúe según Sus palabras. Dios no tiene que amar a la gente necesariamente, pero tampoco tiene que odiarla. Esto es así, y la gente ha de entenderlo. Acabáis de decir que Dios ama u odia a las personas por su conducta. ¿Por qué es inexacto esto? Dios no tiene que amarte necesariamente, ni tiene que odiarte en absoluto. Dios puede incluso ignorarte. Tanto si persigues la verdad y te comportas y actúas según las palabras de Dios, como si no aceptas la verdad y hasta te rebelas contra Dios y te resistes a Él, al final Él recompensará a cada persona según lo que haya hecho. Los que hagan el bien serán premiados, mientras que los que hagan el mal serán castigados. A esto se le llama abordar los asuntos con justicia y equidad. Es decir, como ser creado, no tienes derecho a exigir a Dios que te trate de determinada forma. Cuando tratas a Dios y la verdad con anhelo y persigues la verdad, piensas que Él debe amarte, pero, si Dios te ignora y no te ama, sientes que Él no es Dios. O, cuando te rebelas contra Dios, piensas que debe odiarte y castigarte, pero, si te ignora, sientes que Él no es Dios. ¿Es correcto pensar así? (No, no es correcto). Las relaciones entre personas, como la relación entre padres e hijos, pueden evaluarse de este modo —es decir, que el amor u odio de los padres hacia sus hijos se basa a veces en la conducta de estos—, pero la relación entre los seres humanos y Dios no puede evaluarse así. La relación entre los seres humanos y Dios es la relación entre seres creados y Creador, y no hay ningún vínculo de sangre. Es una mera relación entre seres creados y Creador. Por consiguiente, los seres humanos no pueden exigir que Dios los ame ni que se posicione respecto a ellos. Son unas exigencias irracionales. Este punto de vista es erróneo e incorrecto; la gente no puede hacer semejantes exigencias. Por ello, mirándolo ahora, ¿tienen realmente los seres humanos una comprensión exacta del amor de Dios? Su comprensión anterior era inexacta, ¿no? (Sí). Hay unos principios sobre si Dios ama u odia a las personas. Si lo que persiguen los seres humanos o su conducta concuerda con la verdad y es del agrado de Dios, Él le da Su visto bueno. No obstante, la gente tiene una esencia corrupta y puede revelar un carácter corrupto e ir en pos de ideales y deseos que cree correctos o que le gustan. Eso es algo que Dios odia y a lo que no da Su visto bueno. Sin embargo, en contra de lo que la gente piensa —que Dios la colmará de premios cuando le dé Su visto bueno o que la disciplinará y castigará cuando no—, esto no es así. Dios actúa según principios. Esto habla de la esencia de Dios y así ha de entenderlo la gente.

Acabo de plantear una pregunta y de hablar sobre los principios de actuación de Dios y la esencia de Dios. ¿Qué pregunta acabo de hacer? (Dios acaba de preguntar por la diferencia entre Su tolerancia y misericordia hacia las personas y la práctica humana de ser indulgente siempre que se pueda. Luego compartiste que Dios no actúa de acuerdo con esta filosofía para los asuntos mundanos. Dios aborda las transgresiones de las personas principalmente en función de dos aspectos: por un lado, Dios actúa según principios, y, por otro, en la esencia de Dios hay tanto misericordia como ira). Esa es, en efecto, la forma correcta de entenderlo. Los principios de Dios para actuar de este modo se fundamentan en Su esencia y carácter y no tienen nada que ver con ser indulgente siempre que se pueda, lo cual es una filosofía de para los asuntos mundanos que sigue el género humano. Los actos de la gente se fundamentan en filosofías satánicas y se rigen por actitudes satánicas. Los actos de Dios son manifestación de Su carácter y esencia. En la esencia de Dios hay amor, misericordia y, por supuesto, odio. Entonces, ¿entiendes ahora cuál es la actitud de Dios hacia las acciones malvadas de los seres humanos y sus diversas formas de rebelión y traición? ¿En qué se basa la actitud de Dios? ¿Es fruto de Su esencia? (Sí). En la esencia de Dios hay misericordia, amor e ira. La esencia de Dios es rectitud, y de esta esencia surgen los principios de actuación de Dios. ¿Y cuáles son exactamente estos principios? Otorgar misericordia en abundancia y descargar Su ira intensamente. Esto no tiene absolutamente nada que ver con ser indulgente siempre que se pueda, cosa que se practica entre los seres humanos y tiene apariencia de dogma muy noble, pero que a ojos de Dios no vale nada. Como creyente, por un lado, no puedes juzgar la esencia de Dios, Sus actos y Sus principios de actuación en función de este dogma. Además, desde su propia perspectiva, la gente no debería obedecer esta filosofía para los asuntos mundanos; debería tener un principio para tomar decisiones cuando le sucedan las cosas y para lidiar con ellas. ¿Cuál es ese principio? Las personas no tienen la esencia de Dios y, por supuesto, no pueden hacerlo todo con unos principios claros como lo hace Dios, ni repartir oportunidades desde lo alto y ser indulgentes con todo el mundo. No pueden hacerlo. Entonces, ¿qué debes hacer tú ante cosas que te perturban, te hieren, insultan tu dignidad y tu personalidad, o incluso te lastiman en cuerpo y alma? Si obedeces el dicho sobre conducta moral “sé indulgente siempre que puedas”, entonces tratas de suavizar las cosas sin tener en cuenta los principios, eres complaciente y crees que no es fácil salir adelante en este mundo, que no puedes enemistarte con nadie y que debes procurar ofender menos o nada en absoluto, ser indulgente siempre que puedas, nadar entre dos aguas en toda ocasión, ser totalmente equidistante, no ponerte en peligro y aprender a protegerte. ¿Esto no es una filosofía para los asuntos mundanos? (Sí). Es una filosofía para los asuntos mundanos y no un principio que Dios enseña al género humano. Entonces, ¿cuál es el principio que Dios enseña a la gente? ¿Cuál es la definición de perseguir la verdad? Contemplar a las personas y las cosas, comportarse y actuar en todo de acuerdo con las palabras de Dios, con la verdad por criterio. Si ocurriera algo que despertara tu odio, ¿cómo lo contemplarías? ¿En qué te basarías para contemplarlo? (En las palabras de Dios). Exacto. Si no sabes cómo contemplar estas cosas según las palabras de Dios, solo puedes ser indulgente siempre que te sea posible, reprimir tu indignación, hacer concesiones y esperar tu momento mientras buscas la ocasión de tomar represalias; esa es la senda que tomarías. Si quieres perseguir la verdad, debes contemplar a las personas y las cosas según las palabras de Dios y preguntarte: “¿Por qué me trata así esta persona? ¿Cómo puede ocurrirme esto a mí? ¿Por qué es posible semejante resultado?”. Hay que contemplar esas cosas según las palabras de Dios. Lo primero que hay que hacer es saber aceptar este asunto de parte de Dios y aceptar activamente que viene de Él y que es útil y beneficioso para ti. Para aceptarlo de parte de Dios, primero debes considerarlo como algo que Él instrumenta y rige. Todo lo que sucede bajo el sol, todo lo que puedes sentir, todo lo que puedes ver, todo lo que puedes oír…, todo sucede con el permiso de Dios. Tras aceptar este asunto de parte de Dios, evalúalo según Sus palabras y averigua qué clase de persona hizo esto y cuál es la esencia de este asunto, independientemente de si lo que dijo o hizo te hirió, si tus sentimientos han recibido un duro golpe o si tu temperamento se ha visto pisoteado. Antes de nada, observa si la persona es malvada o una persona corrupta corriente discerniendo en primer lugar cómo es según las palabras de Dios, y discerniendo y tratando después este asunto de acuerdo con ellas. ¿No son estos los pasos correctos que hay que seguir? (Sí). Primero acepta este asunto de parte de Dios y contempla a las personas implicadas según Sus palabras para determinar si son hermanos y hermanas corrientes, gente malvada, anticristos, incrédulos, espíritus malignos, demonios inmundos o espías del gran dragón rojo, y si lo que hicieron fue una demostración general de corrupción o un acto malvado con la deliberada intención de perturbar y trastornar. Todo esto ha de determinarse comparándolo con las palabras de Dios. Evaluar las cosas según las palabras de Dios es el método más preciso y objetivo. Hay que diferenciar a las personas y abordar los asuntos según las palabras de Dios. Debes reflexionar: “Este incidente ha herido muchísimo mis sentimientos y me ha entristecido. No obstante, ¿en qué sentido me ha edificado este incidente para mi entrada en la vida? ¿Cuál es la intención de Dios?”. Esto te lleva al quid de la cuestión, que debes averiguar y comprender: o sea, seguir la senda correcta. Debes buscar la intención de Dios y pensar: “Este incidente me ha traumatizado en cuerpo y alma. Siento angustia y dolor, pero no puedo ser negativo ni reprochar nada. Lo principal es discernir, diferenciar y decidir si este incidente es realmente beneficioso para mí, o no, según las palabras de Dios. Si es fruto de la disciplina de Dios, y es beneficioso para mi entrada en la vida y para la comprensión de mí mismo, debo aceptarlo y someterme a ello; si es una tentación de Satanás, debo orar a Dios y abordarlo con prudencia”. ¿Supone una entrada positiva buscar y pensar así? ¿Supone contemplar a las personas y las cosas según las palabras de Dios? (Sí). A continuación, sea cual sea el asunto con el que estés lidiando o los problemas que surjan en tus relaciones con la gente, debes buscar las palabras pertinentes de Dios para resolverlos. ¿Cuál es el objetivo de toda esta serie de actuaciones? Contemplar a las personas y las cosas según las palabras de Dios para que tu perspectiva y tu punto de vista respecto a las personas y las cosas sean completamente distintos. El objetivo no es adquirir una buena reputación y quedar bien para ser muy valorado ni generar armonía en el país y en la sociedad para, con ello, satisfacer a la clase dirigente; sino vivir según las palabras de Dios y la verdad para satisfacerlo a Él y glorificar al Creador. Solo si practicas de esta manera puedes ajustarte completamente a las intenciones de Dios. Por tanto, no has de obedecer los dichos sobre conducta moral de la cultura tradicional. No has de plantearte: “Cuando me ocurra un asunto así, ¿no debería poner en práctica el dicho ‘es inútil decapitar a un hombre muerto; sé indulgente siempre que puedas’? Si no puedo hacerlo, ¿qué pensará de mí la opinión pública?”. No has de limitarte y controlarte con estos dogmas morales. En cambio, debes adoptar la perspectiva de alguien que persigue la verdad y abordar a las personas y las cosas de la forma en que Dios te indica que persigas la verdad. ¿No es un modo de existencia totalmente novedoso? ¿Acaso no son una visión y un objetivo de vida enteramente nuevos? (Sí). Cuando adoptas este modo de contemplar a las personas y las cosas, no es preciso que te digas deliberadamente: “Debo hacer esto o aquello si quiero ser magnánimo y hacerme un hueco entre la gente”, no has de ser tan duro contigo mismo, no hace falta que vivas en contra de tu voluntad, y tu humanidad no ha de desvirtuarse tanto. Por el contrario, aceptarás de forma natural y de buena gana estos ambientes, personas, asuntos y cosas que vienen de Dios. Y no solo eso: también podrás tener beneficios que no esperabas. Al lidiar con esas cosas que despiertan tu odio, habrás aprendido a discernir cómo es realmente la gente según las palabras de Dios y a discernir y abordar dichas cosas de acuerdo con las palabras de Dios. Tras un tiempo de experiencias, vivencias y luchas, habrás descubierto los principios-verdad necesarios para abordar esas cosas y aprendido qué principios-verdad aplicar al lidiar con dichas personas, cuestiones y cosas. ¿No es esto seguir la senda correcta? De este modo, tu humanidad habrá mejorado porque sigues la senda de perseguir la verdad; es decir, ya no vives simplemente de acuerdo con tu conciencia y razón humanas y, cuando suceden las cosas, no las contemplas únicamente con pensamientos y puntos de vista basados en la conciencia y la razón, sino que, como has leído muchas de las palabras de Dios y experimentado realmente Su obra, has comprendido algunas verdades y alcanzado una comprensión real de Dios, el Creador. Es, sin duda, una cosecha abundante, con la cual habrás alcanzado tanto la verdad como la vida. Sobre la base de tu conciencia y razón, habrás aprendido a aplicar las palabras de Dios y la verdad para afrontar y resolver todos los problemas que se te presenten y poco a poco llegarás a vivir según las palabras de Dios. ¿Cómo son esos seres humanos? ¿Se ajustan a las intenciones de Dios? Dichos seres humanos están cada vez más cerca de convertirse en los seres creados aptos que exige Dios y, entretanto, poco a poco son capaces de alcanzar los resultados esperados de la obra de salvación de Dios. Cuando las personas son capaces de aceptar la verdad y de vivir según las palabras de Dios, es muy fácil vivir así, sin la menor angustia. Sin embargo, en el caso de las personas que han recibido una educación cultural tradicional, todo lo que hacen es tremendamente contrario a su voluntad, muy hipócrita, y las cosas que revela su humanidad están sumamente distorsionadas y son anormales. ¿Por qué? Porque no dicen lo que piensan. De boquilla dicen: “Sé indulgente siempre que puedas”, pero en el fondo piensan: “Aún no he acabado contigo. La venganza siempre se sirve en plato frío”. ¿Esto no es contrario a su voluntad? (Sí). ¿Qué significa “distorsionadas”? Que, en apariencia, solamente hablan de benevolencia y moralidad, pero a espaldas de los demás hacen toda clase de cosas malas, como fornicar y robar. Todo este discurso aparente de benevolencia y moralidad es una simple máscara, y su interior rebosa todo tipo de maldad, ideas y puntos de vista infames; es incomparablemente inmundo, despreciable sobremanera, ruin y vergonzoso. Esto es lo que quiere decir “distorsionadas”. En el lenguaje actual, la distorsión se denomina perversión. Todos ellos están muy pervertidos, pese a lo cual fingen ser absolutamente decentes, sofisticados, caballerosos y honorables delante de los demás. A decir verdad, no tienen vergüenza, ¡qué malvados son! La senda que Dios le ha señalado a la gente no es para que tú vivas así, sino para que puedas seguir los principios correctos y la senda de práctica que Dios le ha señalado a la gente en todo lo que hagas, sea ante Dios o ante otras personas. Aunque te topes con cosas que perjudiquen tus intereses o no sean de tu agrado, o que incluso te afecten de por vida, debes abordar estos asuntos con unos principios. Por ejemplo, debes tratar a los auténticos hermanos y hermanas con amor y aprender a ser tolerante, servicial y solidario con ellos. ¿Y qué debes hacer con los enemigos de Dios, los anticristos, las personas malvadas e incrédulos, o con los agentes y espías que se infiltren en la iglesia? Rechazarlos de una vez por todas. El proceso consiste en identificar, desenmascarar, odiar y, finalmente, rechazar. La casa de Dios tiene unos decretos administrativos y reglamentos. Los anticristos, personas malvadas e incrédulos y aquellos que son de la misma calaña que los diablos, Satanás y los espíritus malignos no quieren trabajar, así que hay que separarlos para siempre de la casa de Dios. ¿Cómo debe tratarlos, entonces, el pueblo escogido de Dios? (Rechazándolos). Exacto, debes rechazarlos, rechazarlos para siempre. Algunos dicen: “‘Rechazo’ es una mera palabra. Suponiendo que, teóricamente, los rechaces, ¿cómo lo haces en la vida real?”. ¿Está bien oponerse irreconciliablemente a ellos? No hay necesidad de cansarse innecesariamente de esa manera. No hace falta que te opongas irreconciliablemente a ellos, que luches a muerte contra ellos ni que los maldigas a sus espaldas. No es preciso que hagas nada de eso. Desvincúlate de ellos desde el fondo de tu corazón y no tengas trato con ellos en circunstancias normales. En circunstancias especiales y cuando no tengas otra alternativa puedes hablar normalmente con ellos, pero luego aléjate a la primera ocasión y no te impliques en ninguno de sus asuntos. Eso significa rechazarlos de todo corazón: no tratarlos como a hermanos y hermanas ni como a miembros de la familia de Dios, y no tratarlos como a creyentes. En cuanto a aquellos que odian a Dios y la verdad, que perturban y trastornan adrede la obra de Dios o que tratan de destruirla, no solo debes orar a Dios para que los maldiga, sino también limitarlos y pararlos para siempre y rechazarlos de una vez por todas. ¿Se ajusta esto a las intenciones de Dios? Se ajusta plenamente a las intenciones de Dios. Para lidiar con estas personas, es necesario posicionarse y tener principios. ¿Qué implica posicionarse y tener principios? Tener clara su esencia, no considerarlos nunca creyentes y de ninguna manera considerarlos hermanos ni hermanas. Son diablos, son satanases. No se trata de perdonarlos o no perdonarlos, sino de desvincularte de ellos y rechazarlos de una vez por todas. Eso está totalmente justificado y se ajusta a la verdad. Algunos preguntan: “¿No es muy despiadado que actúe así la gente que cree en Dios?”. (No). Esto es lo que implica posicionarse y tener principios. Hacemos lo que Dios nos manda. Somos indulgentes con quien Dios nos dice que seamos indulgentes y despreciamos lo que Dios nos dice que despreciemos. En la Era de la Ley, los que infringían las leyes y los mandamientos eran lapidados por el pueblo escogido de Dios, pero hoy, en la Era del Reino, Dios tiene unos decretos administrativos y únicamente echa y expulsa a quienes son de la calaña de los diablos y Satanás. El pueblo escogido de Dios debe poner en práctica y obedecer las palabras de Dios y los decretos administrativos que Él dicta sin infringirlos, sin dejarse constreñir ni influir por las nociones humanas y sin temer ser juzgado y condenado por las personas religiosas. El hecho de actuar según las palabras de Dios es perfectamente natural y justificado. Solo hay que creer en todo momento que las palabras de Dios son la verdad y que las palabras del hombre no lo son, por muy bien que suenen. La gente debe tener esta fe. La gente debe tener esta fe en Dios, además de esta actitud de sumisión. Es una cuestión de actitud.

Hemos comentado más o menos lo bastante el dicho sobre conducta moral “es inútil decapitar a un hombre muerto; sé indulgente siempre que puedas” y los principios de actuación de Dios. En cuestiones como, por ejemplo, aquellas que perjudican a las personas, ¿ya comprendéis el principio necesario para abordarlas que Dios le enseña a la gente? (Sí). Se trata de que Dios no permite que las personas sean impetuosas al lidiar con los asuntos que les suceden, ni mucho menos que apliquen códigos morales humanos para abordar nada. ¿Cuál es el principio del que Dios habla a la gente? ¿Qué principio debe seguir esta? (Contemplar a las personas y las cosas, comportarse y actuar según las palabras de Dios). Exacto, contemplar a las personas y las cosas, comportarse y actuar según las palabras de Dios y la verdad. Cualquier cosa que suceda debe abordarse de acuerdo con las palabras de Dios, pues en todos los asuntos y cosas hay una causa fundamental de todo lo que sucede y de toda persona o asunto que surge; Dios dispone todo esto y tiene la soberanía sobre todo ello. Todo lo que sucede puede tener un desenlace final positivo o negativo, y la diferencia entre ellos depende de lo que persiguen las personas y de la senda que aquellas recorran. Si optas por abordar los asuntos de acuerdo con las palabras de Dios, el desenlace final será positivo; si optas por abordarlos con los métodos de la carne, de la impetuosidad y de los diversos dichos, ideas y opiniones procedentes de la gente, el resultado final será, sin duda, de impetuosidad y negatividad. Esos elementos de impetuosidad y negatividad, si implican dañar la dignidad, el cuerpo, el alma, los intereses, etc. de las personas, al final no dejarán nada más que odio y una penumbra sobre las personas de la que estas nunca podrán deshacerse. Solo si se obedecen las palabras de Dios es posible descubrir las causas de las diversas personas, cuestiones y cosas con que uno se topa, y solo si se obedecen las palabras de Dios es posible tener clara la esencia de dichas personas, cuestiones y cosas. Naturalmente, solo si se obedecen las palabras de Dios es posible abordar y resolver correctamente los problemas relacionados con las diversas personas, cuestiones y cosas con que la gente se topa en la realidad. Al final, gracias a esto, la gente podrá beneficiarse de todos los entornos creados por Dios, madurará poco a poco en la vida, se transformará su carácter corrupto y, al mismo tiempo, en ello hallará el rumbo y perspectiva de vida, modo de existencia, objetivo y senda correctos que debe seguir. Prácticamente hemos concluido nuestra charla sobre el dicho de conducta moral “es inútil decapitar a un hombre muerto; sé indulgente siempre que puedas”. Este dicho es algo superficial, pero, cuando se disecciona de acuerdo con la verdad, su esencia no es tan simple. En cuanto a lo que la gente debe hacer al respecto y a cómo lidiar con semejantes situaciones, eso es aún menos sencillo. Esto guarda relación con el hecho de si las personas son capaces de buscar y perseguir la verdad y, por supuesto, también guarda todavía mayor relación con la transformación del carácter y con la salvación de las personas. Por tanto, sean estos problemas simples o complejos, superficiales o profundos, hay que abordarlos de forma correcta y seria. Nada que esté relacionado con la transformación del carácter de las personas o que implique la salvación de aquellas es un asunto trivial, todo es decisivo e importante. Espero que, de ahora en adelante, en vuestra vida diaria, desenterréis de vuestros pensamientos y conciencias los diversos dichos y puntos de vista sobre moralidad de la cultura tradicional, que los diseccionéis y que discernáis lo que son realmente de acuerdo con las palabras de Dios, para que poco a poco los podáis entender y corregir, adoptéis un rumbo y un objetivo totalmente nuevos en la vida y cambiéis por completo de modo de existencia. Bien, dejemos aquí la charla de hoy. ¡Hasta pronto!

23 de abril de 2022

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