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184 Renovando mi juramento de amar a Dios

1 Al sostener las palabras de Dios en las manos, es difícil hablar de mis sentimientos de remordimiento. La palabra de Dios es la verdad, odio no haberla buscado sinceramente. Una vez juré y prometí, diciendo que mi corazón amante de Dios nunca cambiaría. Ignorante y tonto, era tan ingenuo, y las cosas no eran como las imaginaba. Cuando vinieron las pruebas, me desanimé y entendí mal, me aferré a ideas de mi futuro y mi destino. Los vientos se llevaron mi entusiasmo pasado, me desanimé y perdí la esperanza, y me rendí ante la desesperación. Al ver mi propia apariencia degenerada, mis ojos abatidos, mi cara desconsolada, ¿cómo pude haber caído tanto?

2 Al compararme con las palabras de Dios y reflexionar sobre mí mismo, mi corazón finalmente despierta a la verdad. Dije que amaba a Dios, pero no le dediqué mi corazón de verdad, sino que siempre hice tratos con Él. Sin librarme de la motivación para recibir bendiciones, ¿cómo podía dedicar mi corazón a Dios? Vi lo profundamente corrompido que estaba, sin conciencia ni razón. Ahora mi juramento se ha convertido en una mentira, una marca de vergüenza. Estoy demasiado avergonzado para ver el rostro de Dios y me odio por lastimar Su corazón. Me queda la culpa eterna y el remordimiento. Recuerdos insoportables yacen escondidos, enterrados en mi corazón. Anhelo poder saldar mi deuda.

3 Dios paga un precio exhaustivo para expresar la verdad que provee al hombre. Juicio, castigo, pruebas y exposición; Dios hace todo esto sólo para purificar y salvar al hombre. Él nunca ha pedido nada a cambio, anhela ganar nuestros corazones. Al ver lo despreciable que soy, mi corazón arde de ansiedad. El amor puro e inmaculado de Dios entibia mi corazón. Si siguiera sin buscar la verdad, me sentiría avergonzado de recibir Su amor. ¿Cómo puedo pedirle a Dios que se quede esperándome? Renuevo mi juramento de amar a Dios: le dedico mi corazón y mi mente, y cumpliré mi misión y daré testimonio de Él.

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