De vuelta del abismo

12 Dic 2019

Por Zhao Guangming, China

A principios de los ochenta, yo rondaba los 30 años y trabajaba para una empresa de construcción. Me consideraba joven y en forma, trataba a la gente con lealtad y respeto, y hacía mi trabajo con responsabilidad. Mis habilidades en la construcción también eran de primera categoría, y estaba seguro de que iba a escalar posiciones en la empresa, que una vez mi carrera despegara realmente, viviría como un príncipe. Ese era mi objetivo, así que me quedé en la empresa y trabajé duro durante muchos años. Pero a pesar de mi impecable carácter y mis habilidades profesionales, la empresa nunca reconocía mis esfuerzos, algo que nunca entendí. El nivel salarial más alto en nuestra empresa era el 6, pero mi salario nunca llegó a superar el nivel 3. Me daba cuenta de que varios colegas, que no tenían mis habilidades ni habían trabajado en la empresa tanto tiempo como yo, recibían aumentos de sueldo, pero a mí nunca me tocaba. Estaba desconcertado y resentido por qué les habían subido el sueldo a ellos y a mí no. Finalmente, un colega con el que me llevaba muy bien me dio un consejo: “En esta empresa, lo más importante es adular al gerente y desearle al menos un feliz Año Nuevo chino, y hacer lo mismo en otros festivales”. Al enterarme de esto, al fin comprendí la verdadera razón por la que la empresa me había pasado por alto, y me enfureció la tremenda injusticia. Pero, aunque odiaba a esos aduladores de la empresa, y despreciaba aún más a aquellos que trabajaban poco pero aun así recibían aumentos salariales y ascensos mediante métodos subterráneos, necesitaba afianzar mi posición en la empresa, así que tuve que adaptarme a estas reglas no escritas. Así que, al llegar el siguiente Año Nuevo chino, le “expresé mis mejores deseos” al gerente y fui ascendido inmediatamente a jefe de equipo.

Como jefe de equipo, me volví aún más concienzudo y responsable en mi trabajo. Iba a las obras de construcción para supervisar y dirigir estrictamente el trabajo y asegurarme de que se hacía de acuerdo con las normas y de que se cumplían los objetivos del proyecto. También tenía en mente la seguridad de los trabajadores en todo momento, y mi actitud y guía profesional eran universalmente elogiadas por los trabajadores de mi equipo. Pero nada de eso importaba mucho cuando se trataba de mantener o despedir a los jefes de equipo, lo realmente importante era el valor de los regalos que cada uno le hacía al gerente. Para mantener mi trabajo en la empresa, no tuve más remedio que seguir esta ley de supervivencia, que me permitió experimentar profundamente la crueldad e impotencia que encarna el concepto de “la ley del más fuerte”.

En los años siguientes, las reformas económicas y la flexibilización de las restricciones por parte del Gobierno desencadenaron la realización de proyectos de desarrollo y construcción a gran escala en toda China. Mi empresa comenzó así a asignar proyectos individuales, lo que implicaba que los jefes de equipo tenían que competir entre sí por los contratos. Esto llevó a una mayor cantidad de cenas y regalos, y cada jefe de equipo trataba de superar a los demás. Cuando nos enterábamos de que una unidad de trabajo tenía un proyecto por licitar, los jefes de equipo nos apresurábamos a allanar el terreno entregando lo antes posible nuestros regalos a las personas relevantes de la unidad. Para no ofender los gustos de los jefes de estas unidades, nos devanábamos los sesos pensando los mejores regalos y el mejor modo de entregarlos. Alguna gente metía oro en estómagos de peces o pollos; unos daban dinero en efectivo; otros, joyas de oro o anillos de diamantes. Yo también quedé atrapado por esta cultura del soborno y pasé muchas horas pensando en qué regalos hacerle a esa gente. Finalmente, conseguí un contrato con mucha dificultad, pero en cuanto empezamos a trabajar, los funcionarios de la Oficina de Construcción, del Instituto de Diseño de la Construcción y de las Oficinas de Calidad y Supervisión Técnica -así como cuadros locales- se acercaron para “supervisar y dirigir el trabajo”. Decían que había tal o cual problema con el sitio, que tal o cual cosa no cumplía las normas, y que después de toda una mañana de inspecciones todavía no podíamos empezar a trabajar. Inmediatamente los invité a todos a almorzar en un restaurante elegante, una comida que me costó miles de yuanes. Y al final de la comida, además tuve que sobornar a cada uno de ellos, con sobornos de entre 2.000 y los 10.000 yuanes. Era la única manera de conseguir su ratificación y aprobación para iniciar el trabajo. Pero incluso después de comenzarlo, estas agencias de supervisión enviaban regularmente a gente para inspeccionar el proyecto. Las llamaban inspecciones “rutinarias”, pero en realidad eran una mera excusa para exprimirnos más dinero. Cada vez que nos honraban con su presencia en el lugar de trabajo, me apresuraba a organizar comidas y bebidas para entretenerlos, y los directores de estas agencias supervisoras incluso buscaban motivos para hacerme ir con ellos a los centros comerciales, donde compraban ropa de diseño y esperaban que yo pagara la factura. A veces eran incluso tan audaces de decirme que se encontraban en apuros y me pedían directamente dinero para sus gastos. Con el fin de mantener el proyecto en marcha, lo único que podía hacer era apretar los dientes, tragarme la ira, ser amable con ellos y simplemente recibir el golpe. Lo peor fue que durante mucho tiempo tuve que acompañar a los directores de estas agencias a los distritos de luces rojas. Debido a que bebí demasiado durante un periodo largo y tenía un patrón de sueño irregular, terminé con problemas estomacales y presión alta; me sentía completamente exhausto. Y entonces, cuando el proyecto llegó a su fin y me pagaron, me di cuenta de que apenas había ganado dinero. Tenía ganas de echarme a llorar. Enfrentado a una forma de vida tan dura, me dije: “¿Por qué me resulta tan difícil ganar dinero solo confiando en mis habilidades y trabajo duro? ¿Por qué los jefes de departamento del sistema nacional son tan corruptos?”. Me sentía extremadamente impotente, pero no me quedaba otra opción que depositar todas mis esperanzas de ganar dinero en estos funcionarios. En un principio, había estimado que entablar buenas relaciones con ellos también significaría construir las bases para el desarrollo de mi carrera, y ni se me pasó por la cabeza que lo único que estaba haciendo era hundirme más y más en un agujero infecto de pecado e ir a la deriva por una situación sin esperanza.

En 1992, después de un proceso complejo y difícil, obtuve el contrato para un proyecto de construcción en la ciudad, y estimé que ganaría algo de dinero con él. Justo cuando estaba poniendo todo de mi parte en los preparativos para empezar a trabajar, mi gerente me dijo que primero tenía que construir una villa privada para cada uno de los cuatro funcionarios de la ciudad. Aseguraba que era una gran oportunidad para el desarrollo de mi carrera, y que hacer un favor a los funcionarios me garantizaría que nunca tendría que preocuparme por el dinero en el futuro y pronto estaría viviendo una buena vida. Con el corazón rebosante de esperanza, pedí un préstamo al banco y también acudí a amigos y familiares para reunir por todos los medios posibles el dinero suficiente para construir las cuatro villas. Pero justo cuando las obras de construcción estaban a punto de concluir, aparecieron algunos altos funcionarios de la Comisión de Inspección Disciplinaria, y tuve que gastar más dinero para suavizar las cosas y proteger a los cuatro funcionarios de la ciudad. Sin embargo, al final, todos mis esfuerzos para mantener el largo brazo de la ley alejado de ellos fueron inútiles. Ante la sospecha de que los cuatro funcionarios habían aceptado sobornos y estaban involucrados en actos de corrupción, las autoridades de inspección se ocuparon de ellos. Todo mi elaborado plan se esfumó y las cuatro villas inacabadas fueron confiscadas por las autoridades. Me había endeudado por varios cientos de miles de yuanes que no tenía forma de devolver, y me oprimía la pesada carga de una amargura inexpresable.

En tal estado de impotencia, solo podía depositar mis esperanzas en otro proyecto de construcción. Para pagar mis deudas empecé a hacer algo que no había hecho antes en toda mi carrera, a lo que nunca había estado dispuesto: buscar el camino rápido y usar materiales de inferior calidad. En lugar del estándar de acero nacional, empecé a utilizar material de segunda clase, y en lugar de capas de seis barras de cemento, empecé a usar cuatro, con lo que reduje los costos del acero en un tercio. También mezclé cemento de inferior calidad para reducir aún más los costos totales. Siendo honesto, mientras hacía todo esto tenía el corazón en la boca, aterrorizado de que la calidad final de la construcción se viera seriamente afectada. Y cuando oía informaciones sobre construcciones de mala calidad en toda China que se habían derrumbado, causando muertos y heridos y dejando en la bancarrota a tantos ciudadanos comunes y corrientes, me ponía particularmente ansioso y a menudo tenía pesadillas. Esto llegó incluso al punto en que el sonido de un trueno era como el anuncio de mi inminente perdición, quizás porque me cayera un rayo o algo así. El miedo me acechaba todos los días. Esta situación me hizo caer enfermo, acosado por frecuentes mareos, dolores de cabeza e insomnio, todos causados por mi presión alta. Estaba hecho un desastre, tanto física como espiritualmente, y mi vida se había convertido en un infierno. Así es como me perdí en las tendencias mundanas y me hundí cada vez más en ese agujero infecto del pecado. Para mi sorpresa, cuando el proyecto estaba a medio hacer, la unidad para la que lo estaba construyendo se negó a pagarme como se había acordado en el contrato. El préstamo que había obtenido del banco no era suficiente para cubrir los salarios de los trabajadores, así que no tuve más remedio que pedirle otro a alto interés a un prestamista. Después de muchos más contratiempos, finalmente me enteré de que la unidad contratante llevaba mucho tiempo endeudada y no tenía forma de financiar el proyecto de construcción. Otro de mis proyectos había fracasado, y me devané los sesos para buscar la manera de sacar algo bueno de ello. Estaba totalmente exhausto y vivía en un estado de desesperación. Entonces me enteré de que un jefe de equipo de otra empresa que había obtenido un proyecto de construcción había pedido un préstamo enorme y no podía pagarlo, por lo que terminó ahorcándose. A mí también me parecía estar a las puertas del infierno y sumido en la desesperación. Después de eso, los acreedores empezaron a venir a mi casa a recuperar su dinero; algunos se echaban en mi cama y se negaban a salir, mientras que otros armaban un escándalo y me amenazaban. Fui lo más cortés y humilde que pude con ellos, y me sentí totalmente humillado. Incluso mis amigos y parientes más cercanos pensaron que no podía pagarles y empezaron a volverse en mi contra. Durante aquellos días llegué realmente a apreciar lo inconstantes que pueden ser las relaciones humanas. Recordé todos esos años de actividad frenética, que no solo me habían dejado sin un céntimo, también física y mentalmente agotado y con deudas de varios cientos de miles de yuanes. Miré al cielo, suspiré largo rato y dije: “Cielos, esto es demasiado difícil, de verdad. ¡No quiero vivir más!”.

De vuelta del abismo

Justo cuando estaba rondando las puertas del infierno, el evangelio del reino de Dios Todopoderoso llegó a mis oídos. Vi estas palabras de Dios Todopoderoso: “Hoy, como os he guiado hasta este punto, he establecido disposiciones adecuadas, y tengo Mis propios objetivos. Si tuviera que hablaros de ellos hoy, ¿seríais verdaderamente capaces de conocerlos? Estoy bien familiarizado con los pensamientos de la mente del hombre y de los deseos de su corazón: ¿quién no ha buscado nunca una salida por sí mismo? ¿Quién no ha pensado nunca en sus propias perspectivas? No obstante, aunque el hombre posee un intelecto rico y prismático, ¿quién era capaz de predecir que, después de las eras, el mundo presente acabaría siendo lo que es? ¿Es esto realmente el fruto de tus propios esfuerzos subjetivos? ¿Es este el pago por tu laboriosidad incansable? ¿Es este el hermoso retablo imaginado por tu mente? Si Yo no guiara a toda la humanidad, ¿quién sería capaz de apartarse de Mis disposiciones y encontrar otra salida? ¿Son los pensamientos y los deseos del hombre los que lo han traído hasta hoy? Muchas personas están toda su vida sin que se cumplan sus deseos. ¿Ocurre esto realmente por un error en su pensamiento? Las vidas de muchas personas están llenas de felicidad y satisfacción inesperadas. ¿Ocurre esto realmente porque esperan demasiado poco? ¿A quién en toda la humanidad no cuidan los ojos del Todopoderoso? ¿Quién no vive en medio de la predestinación del Todopoderoso? ¿El nacimiento y la muerte de quién vienen de sus propias elecciones? ¿Controla el hombre su propio destino?” (‘Capítulo 11’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). Cuando leí estas palabras, quedé totalmente convencido. Me pareció que nuestro destino no está realmente en nuestras manos. Pensé en los años anteriores, en cómo había planeado y calculado mi propio futuro, pero nada me había funcionado. Dediqué todo mi esfuerzo a ganar mucho y vivir un estilo de vida superior, pero no solo no gané apenas nada, sino que además malgasté grandes cantidades. Nunca habría imaginado que, habiendo sido alguien importante, podría acabar en un estado de pobreza tan lamentable. ¿Por qué había trabajado tan duro por mi futuro y, sin embargo, me había topado con un fracaso tras otro? Porque el destino de cada persona no está en sus propias manos sino en las de Dios. Todo está gobernado y predestinado por Él; Dios administra la buena fortuna o la desgracia. En el fondo de mi corazón podía sentir que estas eran las palabras de Dios, y me resultaba inevitable gritarle a Dios Todopoderoso: “¡Oh, Dios! Antes no te conocía. Traté de confiar en mí mismo y en el poder del hombre, pero acabé en una situación desesperada. Ahora, al fin he comprendido que el destino, la vida y la muerte de cada persona están en Tus manos. Si no hubiera sufrido esta situación, no habría acudido a Ti. ¡Oh, Dios! Te agradezco haberme salvado del borde de la muerte y haberme dado el valor de enfrentarme de nuevo a la vida. A partir de ahora, me someteré a Tus arreglos respecto al camino que debo seguir en la vida”.

Después de eso, empecé a vivir la vida de iglesia. El ambiente en la Iglesia de Dios Todopoderoso era completamente diferente al del mundo exterior: los hermanos y hermanas tenían relaciones sencillas y directas entre sí, y se trataban con honestidad, sin ningún signo de pretensión, peleas internas o intrigas. Juntos, todos leían las palabras de Dios y le cantaban himnos de alabanza; en las reuniones, los hermanos y hermanas eran honestos y abiertos unos con otros, comunicaban sobre sus propias experiencias, deficiencias y dificultades, así como sobre su comprensión y conocimiento de las palabras de Dios. Me parecía que cada reunión a la que asistía era fresca, nueva y llena de vitalidad. No había distanciamiento o sospecha entre los hermanos y hermanas; todos se entendían y se conocían bien. Sentía una sensación de alivio y libertad sin precedentes y estaba más relajado y feliz que nunca. Al mismo tiempo, Dios me guio para llegar a entender la razón de que hubiera vivido tal sufrimiento durante las últimas décadas. Leí estas palabras de Dios Todopoderoso: “Hay un enorme secreto en tu corazón. Jamás te haces consciente de él porque has estado viviendo en un mundo donde no brilla la luz. El maligno se ha llevado tu corazón y tu espíritu. Tus ojos están cubiertos de oscuridad; no puedes ver el sol en el cielo ni la estrella brillante en la noche. Tus oídos están tapados con palabras engañosas y no escuchas la estruendosa voz de Jehová ni el sonido de muchas aguas provenientes del trono. Has perdido todo lo que te debió haber pertenecido y todo lo que el Todopoderoso te confirió. Has entrado en un mar infinito de amargura, sin fuerza para ser rescatado y sin esperanza de supervivencia y te has quedado sólo para luchar y moverte afanosamente… A partir de ese momento, estás condenado a estar afligido por el maligno, muy lejos de las bendiciones del Todopoderoso, fuera del alcance de las provisiones del Todopoderoso y te embarcas en un camino sin regreso. Un millón de llamados difícilmente pueden despertar tu corazón y tu espíritu. Duermes profundamente en las manos del maligno, quien te ha tentado hacia el reino ilimitado, sin dirección, sin señales en el camino. A partir de ahora, has perdido tu pureza original, tu inocencia y has comenzado a esconderte del cuidado del Todopoderoso. El maligno dirige tu corazón en todos los asuntos y se ha convertido en tu vida. Ya no le temes, ya no lo evitas, ya no dudas de él. Más bien, lo tratas como el Dios en tu corazón. Comienzas a venerarlo, a adorarlo, a ser inseparable de él, como su sombra, y se comprometen mutuamente en la vida y en la muerte. No tienes la más mínima idea de cuál es tu origen, de por qué existes o de por qué mueres” (‘El suspiro del Todopoderoso’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Satanás corrompe a las personas mediante la educación y la influencia de los gobiernos nacionales, de los famosos y los grandes. Su sinsentido se ha convertido en la vida y la naturaleza del hombre. ‘Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda’ es un conocido dicho satánico que ha sido infundido en todos y que se ha convertido en la vida de las personas. Otras palabras de la filosofía de vida también son así. Satanás utiliza la cultura tradicional refinada de cada nación para educar a las personas, provocando que la humanidad caiga y sea envuelta en un abismo infinito de destrucción, al final, Dios destruye a las personas porque sirven a Satanás y se resisten a Dios” (‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Por lo tanto, la razón de mi agotamiento y de que mi vida se hubiera vuelto tan miserable en este mundo durante las últimas décadas fue que había estado viviendo bajo las reglas de vida de Satanás, tales como: “El destino de una persona está en sus propias manos”, “El dinero hace girar el mundo”, “Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda”, “Uno no logra nada sin adular ni halagar”, y así sucesivamente. Al vivir según estas filosofías satánicas, no tenía idea de la existencia de Dios, y no sabía que Él gobierna y arregla el destino de todo el mundo. Había ido a la deriva con las mareas de este mundo oscuro, sin seguir ninguna dirección ni principios de conducta en mi vida. Sin duda, era incapaz de ver que este mundo oscuro está gobernado por Satanás, y que la sociedad humana está llena de las tentaciones, trampas y engaños de Satanás. Para ganar dinero en este mundo oscuro y malvado, aprendí a halagar y a adular a los que mandan y hasta había usado en secreto materiales de mala calidad en mis proyectos de construcción. Mi conciencia había desaparecido poco a poco, y perdí toda integridad o dignidad. Cuanto más me hundía en el pecado, menos me sentía como un ser humano. Al final, no gané nada de dinero y me quedé con un montón de deudas, estaba tan desesperado que casi me suicido. Pensé en aquel jefe de equipo que se había quitado la vida a causa de sus enormes deudas: ¿acaso no había sido un sacrificio a Satanás? ¿Y quién sabe cuántas otras tragedias similares se producen todos los días del año? En ese momento, me di cuenta de que la razón por la que la gente llega a ese estado es el daño causado por los venenos de Satanás y las tendencias mundanas dirigidas por el gobierno de Satanás. Cuando pensé en todo esto, una oleada de gratitud hacia Dios llenó mi corazón y le estuve muy agradecido por Su misericordia y salvación. Él me había salvado del mundo oscuro y me había traído de vuelta a la casa de Dios, donde podía disfrutar de Su cuidado y protección.

Pasado un tiempo, me tuve que volver a enfrentar a mis acreedores, y en mi corazón había una gran confusión. Cuando pensé en todas las deudas que me quedaban por pagar, quise volver a encargarme de proyectos de construcción. Sin embargo, sabía que mis habilidades no estaban a la altura de mis ambiciones. Mi problema de presión alta se agudizó de nuevo, y estaba muy perdido respecto a qué debía hacer. En una de las reuniones, uno de los hermanos me leyó algunas palabras de Dios: “La fe verdadera en Dios significa que la gente experimenta Sus palabras y Su obra en base a la creencia de que Él tiene soberanía sobre todas las cosas. Por tanto, se logrará desechar el carácter corrupto, se satisfará el deseo de Dios, y se llegará a conocerlo. Sólo emprendiendo ese paso se puede decir que se cree en Dios” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Entonces el hermano comunicó, diciendo: “Puesto que creemos en Dios, debemos tener verdadera fe en Él. Desde el fondo de nuestro corazón, debemos creer en la autoridad y el poder de Dios para mantener la soberanía sobre todas las cosas, y debemos entregarle a Él todo lo que hay en nuestras vidas. Lo que es aún más importante, debemos aprender a confiar en Dios, a mirarlo, a experimentar Su obra, a buscar Su liderazgo, y no apresurarnos más pensando que podemos hacerlo todo nosotros mismos. La gente razonable y consciente salda sus deudas, así que tenemos que ser valientes y enfrentarnos a ellas. Debemos creer que todo está en manos de Dios, y que no hay ninguna montaña que no podamos subir. En cuanto a tus deudas, debes orar más a Dios y buscar Su voluntad.”

Gracias a la ayuda del hermano, ahora tenía una forma de practicar. Encontré un trabajo en una obra de construcción cercana que no interfirió con mi asistencia a las reuniones o el cumplimiento de mis deberes, y comencé a ganar algo de dinero para pagar mis deudas. Ya no solo dependía de mí mismo para salir adelante. Cuando mis acreedores venían a pedirme dinero, yo practicaba mi honestidad con ellos y les daba todo lo que tenía. También pude devolver otra parte de la deuda con lo que gané vendiendo las cosechas de mis tierras de cultivo. Hice una promesa solemne a todos mis acreedores de que pagaría todas mis deudas, y después de eso ya no me complicaron la vida. Cuando el banco envió a gente a presionarme para que pagara, oré a Dios y le confié todo. “Si tengo que ir a la cárcel porque no puedo pagar ese gran préstamo”, pensé, “obedeceré todas las orquestaciones y arreglos de Dios”. Cuando me sometí a Dios mientras experimentaba Su obra, me di cuenta de cuán milagrosa puede ser, al ver cómo abría un camino ante mí. El Gobierno anunció que todos los préstamos bancarios contraídos antes de 1993 no tendrían que pagarse, ya que no se habían introducido en los sistemas informáticos del banco y la información incompleta significaba que algunos de esos préstamos nunca llegarían a pagarse. ¡Gracias a Dios! Mis préstamos anteriores a 1993 dejaron de tener validez y mi deuda de varios cientos de miles de yuanes fue anulada. Emocionado, ofrecí mi agradecimiento y alabanza a Dios. Pensé: “Si hubiera tenido que ganar esa cifra, probablemente habría muerto de agotamiento antes de reunirlo todo”. Esto me permitió experimentar personalmente que el destino de cada persona está realmente en manos de Dios, como Él describe en estas palabras: “La suerte del hombre está controlada por las manos de Dios. Tú eres incapaz de controlarte a ti mismo: a pesar de que siempre anda con prisas y ocupándose para sí mismo, el hombre permanece incapaz de controlarse. Si pudieras conocer tu propia perspectiva, si pudieras controlar tu propio sino, ¿seguirías siendo una criatura? En resumen, independientemente de cómo obre Dios, toda Su obra es por el bien del hombre. Toma, por ejemplo, los cielos y la tierra, y todas las cosas que Dios creó para que sirvieran al hombre: la luna, el sol y las estrellas que Él hizo para el hombre; los animales y las plantas, la primavera, el verano, el otoño y el invierno, etc., todo está hecho para beneficio de la existencia del hombre. Y así, independientemente de cómo Él castigue y juzgue al hombre, todo es por el bien de la salvación de este. Aunque despoje al hombre de sus esperanzas carnales, es por el bien de su purificación y esta es para beneficio de su existencia. El destino del hombre está en las manos del Creador, por tanto, ¿cómo podría el hombre controlarse a sí mismo?” (‘Restaurar la vida adecuada del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Durante mis experiencias, me sentí aún más seguro de la obra de Dios Todopoderoso y se fortaleció mi fe. En los años siguientes, continué yendo a las reuniones y cumpliendo con mis deberes mientras trabajaba para los equipos de construcción locales con el fin de ganar dinero para pagar las deudas que me quedaban. Cada vez que conocía a alguien de buen carácter que era un candidato adecuado para escuchar el evangelio, se lo predicaba, y llevé ante Dios a algunas de las personas con las que tenía buena relación. Aunque seguía ocupado todos los días, la vida era diferente porque ya no vivía bajo las filosofías y reglas de Satanás, no seguía las malas tendencias del mundo ni buscaba enriquecerme y vivir un estilo de vida superior. En cambio, vivía en sumisión al gobierno de Dios y según Sus requerimientos, conduciéndome según la verdad, siendo honesto y humano, temiendo a Dios y evitando el mal. Esta forma de comportarse me parecía abierta y sencilla, y empecé a sentirme a gusto y lleno de luz en mi interior. Poco a poco empecé a recuperar la conciencia y la razón, y las diversas dolencias que había padecido comenzaron a desaparecer. Este año he cumplido 75 años, pero estoy sano, tengo la cabeza en su sitio y he pagado todas mis deudas. La gente que me conoce bien dice que me admira y que tengo suerte. Pero no me cabe duda de que todo esto es resultado de la salvación y bondad de Dios Todopoderoso. Fue Dios Todopoderoso quien me salvó del borde de la muerte, quien me devolvió la vida en mi momento de necesidad, y quien me mostró la dirección correcta para la vida. Durante todas estas experiencias, sentí realmente que sin el liderazgo de Dios, Satanás dañará y engullirá inevitablemente a los seres humanos. Solo Dios Todopoderoso puede salvar a la gente; solo las palabras expresadas por Dios Todopoderoso pueden alejar a la gente de la esclavitud del pecado y mostrarnos cómo vivir a semejanza humana. ¡Solo aceptando las verdades que Dios Todopoderoso ha expresado y sometiéndose y adorando a Dios Todopoderoso puede la humanidad vivir con verdadera felicidad y tener un buen futuro y destino final!

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