Beneficios obtenidos mediante la adversidad

23 Oct 2022

Por Robinsón, Venezuela

A finales de 2019, un pariente me predicó el evangelio de Dios Todopoderoso en los últimos días. Entendí que las palabras de Dios Todopoderoso tenían autoridad y que eran la verdad. Sentí que esto era la voz de Dios y por eso acepté gustoso la obra nueva de Dios. Leía la palabra de Dios todos los días y no quería perderme ni una reunión. A veces, había problemas con Internet o la electricidad donde yo estaba y no podía asistir a las reuniones en línea. Me sentía muy molesto, pero me apresuraba a leer los detalles de la reunión más tarde, y enviaba mi entendimiento de la palabra de Dios al grupo, tenía comunión con los hermanos y hermanas, y hacía mi deber lo mejor que podía.

Tras un tiempo, me eligieron como un líder de la iglesia. Al principio compartía la responsabilidad del trabajo de la iglesia con otros dos líderes, así que no me resultaba demasiado difícil o estresante. Poco después, me escogieron para supervisar el trabajo de varias iglesias. Al principio no quería hacer este deber. Porque sentía que no había practicado como líder por mucho tiempo, y que todavía tenía muchos defectos y había cosas que no entendía, por lo que me preocupaba mucho no hacer bien este deber. Más tarde, leí la palabra de Dios. “Noé apenas había escuchado unos pocos mensajes, y en aquel tiempo Dios no había expresado muchas palabras, así que no cabe duda de que Noé no entendía muchas verdades. No comprendía la ciencia ni los conocimientos modernos. Era un hombre sumamente corriente, un miembro poco notable de la raza humana. Sin embargo, en un aspecto no se parecía a nadie: sabía escuchar las palabras de Dios, sabía cómo seguir y acatar Sus palabras, sabía cuál era la posición del hombre, y era capaz de creer y obedecer verdaderamente las palabras de Dios. Nada más. Estos pocos y sencillos principios fueron suficientes para que Noé lograra todo lo que Dios le había encomendado, y perseveró en ello no solo durante unos meses, años o décadas, sino durante más de un siglo. ¿No es asombrosa esta cifra? ¿Quién podría haber hecho esto sino Noé? (Nadie). ¿Y por qué no? Algunos dicen que porque no entienden la verdad, pero eso no concuerda con los hechos. ¿Cuántas verdades entendió Noé? ¿Por qué fue Noé capaz de todo esto? Los creyentes de hoy en día han leído muchas palabras de Dios, comprenden algo de verdad, entonces, ¿cómo es que son incapaces de esto? Otros dicen que se debe al carácter corrupto de la gente, pero ¿no tenía Noé un carácter corrupto? ¿Por qué pudo hacerlo Noé pero no puede hacerlo la gente de hoy? (Porque la gente de hoy no cree en las palabras de Dios, no las tratan ni las acatan como la verdad). ¿Y por qué son incapaces de tratar las palabras de Dios como la verdad? ¿Por qué son incapaces de acatar las palabras de Dios? (No temen a Dios). Entonces, cuando las personas no tienen ninguna comprensión de la verdad y no han escuchado muchas verdades, ¿cómo se llega a temer a Dios? En la humanidad de las personas deben estar presentes dos de las cosas más preciosas de todas: la primera es la conciencia, y la segunda el sentido de la humanidad normal. La posesión de la conciencia y el sentido de la humanidad normal es el estándar mínimo para ser una persona; es lo mínimo, lo más básico para medirla. Esto está ausente en las personas de la actualidad y, por eso, por muchas verdades que escuchen y entiendan, no llegan a temer a Dios. Entonces, ¿cuál es la diferencia en la esencia de las personas de hoy en día si las comparamos con Noé? (No tienen humanidad). ¿Y cuál es la esencia de esta falta de humanidad? (Bestias y demonios). ‘Bestias y demonios’ no suena muy bien, pero concuerda con los hechos; una forma más cortés de decirlo sería que no tienen humanidad. Las personas sin humanidad ni razón no son personas, están incluso por debajo de las bestias. El hecho de que Noé fuera capaz de completar la comisión de Dios se debió a que, cuando oyó las palabras de Dios, fue capaz de memorizarlas; para Noé, la comisión de Dios era una empresa para toda la vida, su fe era inquebrantable, su voluntad inalterable durante cien años. Como tenía un corazón temeroso de Dios, era una persona real y tenía el mayor razonamiento, Dios le confió la construcción del arca. Las personas con tanta razón como Noé son muy poco comunes, sería muy difícil encontrar a alguien más así” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Digresión dos: Cómo escucharon Noé y Abraham las palabras de Dios y lo obedecieron (I)). Noé nunca había escuchado un mensaje profundo y no entendía muchas verdades, pero tenía un corazón que temía y obedecía a Dios. Cuando Dios le dijo a Noé que iba a eliminar a toda la humanidad con un diluvio y que Noé tenía que construir un arca, Noé aceptó sin vacilar. Noé era consciente de que la comisión que Dios le había asignado no era fácil, ya que construir un arca implicaba talar árboles y tomar medidas exactas, pero, aunque el proyecto era vasto y difícil, Noé no se acobardó, ya que sabía que esa era la comisión de Dios para él. Al contemplar las palabras de Dios, comprendí que no tenía la humanidad ni la razón de Noé. Cuando el líder me puso a cargo del trabajo de varias iglesias, no tuve fe en Dios y solo confié en mis propias habilidades. Sentí que mis aptitudes de trabajo eran limitadas, que no había practicado por mucho tiempo como líder de la iglesia y tenía muchos defectos. Me preocupaba no hacerlo bien, así que no estaba dispuesto a aceptar este deber. No tenía la fe de Noé en Dios, ni tenía un corazón que temiese y obedeciese a Dios, y mucho menos la humanidad o razón que Noé poseía. Al comprender esto, ya no me preocupé, y estuve dispuesto a obedecer y aceptar este deber como Noé aceptó el suyo.

Sin embargo, una vez comencé a trabajar, me encontré con un problema nuevo. Descubrí que tenía mucho trabajo que hacer. Por ejemplo, tenía que afrontar los estados de los hermanos y hermanas de la iglesia, apoyar a los que no se reunían normalmente, llegar a conocer las dificultades en el deber que tenía la gente y compartir con ella para resolverlas, y ayudarla a aprender a hacer su deber, etc. Todas estas eran responsabilidades que tenía que asumir. Cuando afronté estos problemas, no sabía por dónde empezar, no sabía cómo hacer este trabajo bien y me sentí extremadamente estresado. Estas dificultades me hicieron ponerme negativo, y solo quería decirle al líder que no me sentía adecuado para este deber porque no tenía experiencia y encaraba muchas dificultades con él. Después, el líder descubrió mi estado y me envió un pasaje de la palabra de Dios para ayudarme. Leí la palabra de Dios. “Cuando Dios envió a Moisés para que sacara a los israelitas de Egipto, ¿cuál fue la reacción de Moisés cuando Dios le encomendó tal comisión? (Dijo que no era elocuente, más bien lento de palabra y de lengua). Tenía ese pequeño recelo, que no era elocuente, sino lento de palabra y de lengua. Pero ¿se resistió a la comisión de Dios? ¿Cómo la trató? Se postró. ¿Qué significa postrarse? Significa someterse y aceptar. Se postró completamente ante Dios, ignorando sus preferencias personales, y no mencionó ninguna de las dificultades que tenía. Cualquier cosa que Dios le pidiera hacer, la hacía de inmediato. ¿Por qué fue capaz de aceptar la comisión de Dios, aunque creyera que no podía hacer nada? Porque albergaba verdadera fe en su interior. Ya había tenido alguna experiencia de la soberanía de Dios sobre todas las cosas y asuntos, y en sus cuarenta años de experiencia, alcanzó a saber que la soberanía de Dios es todopoderosa. Por lo tanto, aceptó la comisión de Dios sin demora, y se puso en marcha para hacer lo que Dios le había encomendado sin decir una palabra más. ¿Qué quiere decir que se puso en marcha? Que realmente creyó en Dios, dependió y se sometió a Él. No fue cobarde, y no hizo una elección propia ni trató de negarse; en cambio, tuvo total confianza, y se puso en marcha con la comisión de Dios para él, lleno de fe. Su creencia era: ‘Si Dios me ha encargado esto, entonces todo se hará como Dios dice. Dios me ha dicho que saque a los israelitas de Egipto, así que eso haré. Como esto es lo que Dios ha encargado, Él se pondrá a obrar y me dará fuerzas. Solo tengo que cooperar’. Esa es la perspectiva que adoptó Moisés. […] Las circunstancias de la época no eran favorables para los israelitas ni para Moisés. Sacar a los israelitas de Egipto era, a juicio del hombre, una tarea sencillamente imposible, porque Egipto estaba aislado por el Mar Rojo, y cruzarlo era otro desafío más. ¿Acaso Moisés no sabía lo difícil que sería cumplir esta comisión? En su corazón, lo sabía, pero se limitó a decir que era lento de palabra y de lengua, que nadie prestaría atención a sus palabras. No rechazó, en el fondo, el encargo de Dios. Cuando Dios le dijo a Moisés que sacara a los israelitas de Egipto, se postró y lo aceptó. ¿Por qué no mencionó las dificultades? ¿Es que, después de cuarenta años en el desierto, no conocía los peligros del mundo de los hombres, o hasta dónde habían llegado las cosas en Egipto, o la situación actual de los israelitas? ¿No podía ver tales cosas con claridad? ¿Es eso lo que pasaba? Desde luego que no. Moisés era inteligente y sabio. Conocía todas esas cosas, por haberlas visto, sufrido y experimentado en el mundo de los hombres, y nunca las olvidaría. Conocía muy bien esas cosas. Entonces, ¿sabía lo difícil que era la comisión que Dios le había asignado? (Sí). Si lo sabía, ¿cómo pudo aceptar esta comisión? Tenía fe. Con su experiencia de toda la vida, creía en la omnipotencia de Dios, así que aceptó esta comisión de Dios con un corazón lleno de fe y sin la más mínima duda. […] Dime, en sus cuarenta años en el desierto, ¿pudo Moisés experimentar que con Dios nada es difícil, que el hombre está en manos de Dios? En gran medida, esa fue su experiencia más verdadera. En sus cuarenta años en el desierto, acontecieron muchas cosas que suponían un peligro mortal, y no sabía si sobreviviría a ellas. Cada día, luchó por su vida y le oró a Dios para que lo protegiera. Ese era su único deseo. En esos cuarenta años, lo que experimentó con mayor profundidad fue la soberanía y la protección de Dios. Más tarde, cuando aceptó la comisión de Dios, su primer sentimiento debió ser: nada es difícil con Dios; si Dios dice que se puede hacer, entonces ciertamente se puede; ya que Dios me ha encargado semejante comisión, sin duda Él se encargará de que se cumpla; es Él quien lo hará, y no ningún hombre. Antes de pasar a la acción, el hombre debe planificar y hacer los preparativos por adelantado. Ha de ocuparse primero de los preliminares. ¿Debe Dios hacer estas cosas antes de actuar? No es necesario. Todo ser creado, no importa lo influyente, no importa lo capaz o poderoso, no importa lo fanático, está en manos de Dios. Moisés tenía fe, conocimiento y experiencia de esto, por lo que no había ni una pizca de duda o miedo en su corazón. Como tal, su fe en Dios era especialmente pura y verdadera. Se puede decir que se encontraba lleno de fe” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo con obediencia sincera se puede tener verdadera fe). Tras leer la palabra de Dios comprendí que era un cobarde que no confiaba en Dios y no tenía fe en Él. Dios llamó a Moisés para sacar a los israelitas de Egipto para que ya no fuesen esclavos. Moisés no tenía un ejército para luchar contra el faraón y era muy difícil completar esta comisión, pero Moisés fue capaz de obedecer la palabra de Dios, y creyó que Dios sacaría personalmente a Su pueblo de Egipto. Al pensar en mí de nuevo veía demasiado trabajo que no podía hacer, y por eso quise dejar de lado este deber, porque me sentía bajo mucha presión, sentía que este deber era una carga y no podía completarlo. No confiaba en Dios y no tenía fe en Él. Solo creía en mis propias habilidades limitadas. Pensé que poder hacer bien mi deber estaba relacionado con mi calibre y experiencia. No creía que Dios hiciera todo el trabajo y nosotros simplemente tuviéramos un papel secundario. Había sido muy arrogante. Gracias al permiso de Dios yo era capaz de llevar a cabo ese deber. Todo está regido y dispuesto por Dios. Debía tener fe para cooperar de manera práctica. De ahora en adelante, ya no podía rechazar este deber. Creía que, siempre que confiase en Dios y acudiese a Él, me guiaría y ayudaría, y permitiría encontrar la verdad en todo tipo de dificultades, captar los diversos principios. Cumplir este deber reveló que carecía de fe y compensó mis defectos, lo que me permitió pasar más situaciones y comprender la verdad.

En Venezuela hay problemas con el agua, la electricidad, Internet y la economía, y a veces tenemos que trabajar más de lo normal para mantener a nuestra familia. Mi padre y yo solíamos ir a pescar cada mañana a las 3 y no volvíamos hasta las tres o las cuatro de la tarde. Estaba tan cansado de flotar por el mar todo el día, pero al regresar a casa no quería descansar porque había muchas cosas que no podía hacer en mi deber, y tenía que pasar más tiempo estudiando, preparándome y compensando mis defectos para desempeñar mi deber correctamente. Si no cumplía bien mi deber, decepcionaría a Dios. Pensé en los santos de la Era de la Gracia. Siguieron al Señor Jesús, predicaron el evangelio, cumplieron su deber, encararon muchas dificultades y peligros, y sufrieron mucho. ¿Cómo podía compararlo con lo poco que sufría yo? Por tanto, lo primero que hacía cuando regresaba a casa cada día era tomar mi teléfono y ver qué trabajo y tareas había. También enviaba mensajes a los hermanos y hermanas preguntando si tenían dificultades. Si alguien no sabía cómo cumplir su deber, le ayudaba y explicaba lo que había aprendido al cumplir mi deber. Al cumplir mi deber, comencé a confiar en Dios y, cuando mis hermanos y hermanas encaraban dificultades, oraba a Dios para que me guiase y permitiese encontrar las palabras de Dios para ayudarles. Tras compartir la palabra de Dios y platicar con ellos sobre mi experiencia y entendimiento, su estado daba un cierto giro. Mientras ayudaba a los hermanos y hermanas, también yo obtenía algunos beneficios y mi entendimiento de la verdad se volvió más claro que antes. Al experimentar esto vi que sea cual sea la dificultad, siempre que confiemos de verdad en Dios, Él siempre nos guiará. Aunque había dificultades todos los días, no era tan débil como al principio. Pero, poco después, encaré otro gran problema.

Como el Internet era malo donde yo estaba, no tenía modo de reunirme o comunicarme habitualmente con los hermanos y hermanas, ni de cumplir mi deber. Sabía que ese asunto no estaba en mis manos, así que oré a Dios por mucho tiempo y le pedí que me guiará en esto. Tras orar, me calmé poco a poco. Después, leí la palabra de Dios: “Cuando te encuentras en tu peor momento, cuando menos puedes sentir a Dios, cuando más dolor y aislamiento sientes, cuando percibes que estás lejos de Dios, ¿qué es la cosa más imprescindible que debes hacer? Invocar a Dios. Cuando invocas a Dios te vuelves fuerte; cuando invocas a Dios puedes sentir que Él existe; cuando invocas a Dios puedes sentir Su dominio; cuando invocas a Dios, le oras y pones tu vida en Sus manos, puedes sentirlo a tu lado, sentir que Él no te ha abandonado. Cuando sientes que Él no te ha abandonado, cuando te parece que Dios está a tu lado, ¿cómo es tu fe? ¿Puede borrarse con el paso del tiempo? No” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo con obediencia sincera se puede tener verdadera fe). Cuando encaren dificultades, clamen a Dios de corazón y tendrán fe y fortaleza. Las capacidades de los humanos son limitadas. No tenemos modo de ver lo que está fuera de nuestro campo de visión, así que siempre temenos las dificultades que surgen ante nuestros ojos. Dios reina sobre todo, y siempre que confiemos en Él sinceramente, nos guiará y ayudará a cumplir nuestro deber. La palabra de Dios me dio fe y fortaleza. No debía dejar de hacer mi deber a pesar de las numerosas dificultades. Tenía que orar y confiar en Dios para superar estas dificultades y esforzarme más en el desempeño de mi deber. Así que empecé a salir a la calle a buscar una conexión a Internet más estable para poder reunime con normalidad. A veces, cuando era el anfitrión de una reunión, salía a la calle alrededor de las 8 P.M., y regresaba a casa a eso de las diez y media u once cuando terminaba la reunión. Tenía mucho miedo de regreso a casa porque vivía en una parte peligrosa de Margarita y temía que alguien me robase el teléfono, y entonces no podría seguir reuniéndome ni cumpliendo mi deber. Solía orar a Dios pidiéndole que me diese fuerza para persistir en la dificultad. En poco tiempo recibí un mensaje. Uno de los hermanos se percató de mi situación y tomó la iniciativa para enviarme un mensaje: “Hermano, sé que está pasando por un momento dificíl ahora, y que está saliendo a la calle tarde por la noche para hacer su deber. Esto es muy peligroso. Tengo una bicicleta y se la puedo prestar cuando la necesite. Así le será más fácil desplazarse”. Aprendí mucho a través de estas dificultades, incluyendo a confiar en Dios. Entendí que es Dios quien reina sobre todas las cosas, y que es Dios quien dispone ambientes para todos. Durante mi experiencia, contemplé las acciones de Dios y mi fe en Dios fue más fuerte. Cuando otros encaraban dificultades como las mías, les predicaba la palabra de Dios y compartía algunas de mis experiencias para ayudarles y darles fe en Dios.

Tras regresar a casa de pescar cada día, me quedaba en casa y leía la palabra de Dios, y cuando era hora de las reuniones, salía a la calle en la bicicleta para buscar buen Internet. Cada vez oraba a Dios para que me guiase a hacer mejor mi deber. Ya no me preocupaba mi situación difícil. Solo quería hacer bien mi deber siguiendo la voluntad y las exigencias de Dios. Aunque encarase más dificultades, estaba dispuesto a obedecer la soberanía y arreglos de Dios, a experimentar el ambiente que Dios había dispuesto para mí y buscar para satisfacer Su corazón. Tras un tiempo, los hermanos y hermanas me ayudaron a encontrar un hogar decente que tenía Internet estable en comparación. Estaba muy agradecido a Dios Todopoderoso porque acá podía hacer mi deber mejor, y bajo la guía de Dios, progresé mucho en mi deber. Hace unos días, el líder me dijo de nuevo que sería responsable de aún más trabajo, que mi carga sería aún mayor, y que tendría que atender a más trabajo y más hermanos y hermanas. Pero yo ya no tenía ninguna preocupación ni queja. Siempre que continúe confiando en Dios y dependiendo de Él, Dios me guiará y ayudará a hacer mi deber correctamente,

Dios dice: “Cuanto más consciente seas de la voluntad de Dios, mayor será la carga que lleves a cuestas, y cuanto mayor sea la carga que llevas a cuestas, más rica será tu experiencia. Cuando seas consciente de la voluntad de Dios, Él pondrá una carga sobre ti y luego te esclarecerá sobre las tareas que te ha confiado. Cuando Dios te dé esta carga, prestarás atención a todas las verdades relacionadas mientras comes y bebes de Sus palabras. Si tienes una carga relacionada con las condiciones de vida de tus hermanos y hermanas, entonces se trata de una carga que Dios te ha confiado y siempre llevarás esta carga contigo en tus oraciones diarias. Se te ha dado como carga lo que Dios hace, y estás dispuesto a llevar a cabo lo que Él quiere hacer; esto es lo que significa hacer tuya la carga de Dios” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Sé consciente de la voluntad de Dios para alcanzar la perfección). “En muchos casos, las pruebas de Dios son cargas que les da a las personas. Por muy grande que sea la carga que Dios te haya dado, ese es el peso que debes asumir, pues Dios te comprende y sabe que podrás soportarlo. La carga que Dios te ha dado no superará tu estatura ni los límites de tu resistencia, por lo que no hay duda de que podrás soportarla. Sea cual sea el tipo de carga, la clase de prueba, que Dios te dé, recuerda: tanto si comprendes la voluntad de Dios como si no, recibas o no esclarecimiento e iluminación del Espíritu Santo después de orar, tanto si esta prueba es que Dios te está disciplinando como si te está advirtiendo, da igual que no lo entiendas. Mientras no te demores en cumplir con tu deber y seas capaz de atenerte fielmente a él, Dios estará satisfecho y te mantendrás firme en el testimonio” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El único camino que hay es la lectura de las palabras de Dios y la meditación de la verdad de manera frecuente). Al leer la palabra de Dios comprendo que Dios no nos dará cargas que no podamos llevar, que Dios conoce nuestra estatura y lo que podemos hacer. Cuanto más acatamos la voluntad de Dios, más carga tenemos en nuestro deber y más ricas sean nuestras experiencias, más profundo será nuestro entendimiento de Dios. Debo orar a Dios para aceptar esta carga con sinceridad y obediencia, para ser capaz de buscar la verdad en las dificultades y Su voluntad detrás de todo porque mi corazón está entumecido, mis nociones son muchas, y sé que mi estatura es inmadura y mi fe en Dios escasa. Al atravesar estas dificultades, ahora comprendo que en tiempos de dificultades puedo conocerme a mí mismo y las acciones de Dios mejor, y puedo tener más fe en Dios. Cuando comencé a hacer este deber, apenas oraba a Dios y no buscaba Su guía. Solo intentaba confiar en mis propios talentos para hacer mi deber y no tenía fe en Dios. Tras leer la palabra de Dios y llegar a entender Su voluntad, gané fe y me esforcé en mi deber. A menudo oraba a Dios y confiaba en Él, buscaba y tenía comunión con los líderes, aprendía los principios relevantes para mi deber, así como algunas sendas y rumbos por los que hacer la obra de la iglesia. Tras atravesar estas cosas, ya no tengo un estado negativo. Cuando me suceden cosas cada día, aprendo la verdad, desempeño mi deber correctamente con diligencia, y cuando encaro dificultades, oro a Dios, y Dios me guía y ayuda a superar estos ambientes y adversidades. Tampoco siento que mis problemas o estrés sean tan grandes. Si no hubiese atravesado estas dificultades, Dios no me habría esclarecido, no tendría este entendimiento y mucho menos tendría verdadera experiencia. En tal caso, no sería capaz de cumplir mi deber correctamente. Ahora entiendo la palabra de Dios que dice: “Cuanto más consciente seas de la voluntad de Dios, mayor será la carga que lleves a cuestas, y cuanto mayor sea la carga que llevas a cuestas, más rica será tu experiencia” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Sé consciente de la voluntad de Dios para alcanzar la perfección). Anhelo soportar más cargas para retribuir el amor de Dios.

Actualmente, Venezuela tiene muchas dificultades con su economía, servicios públicos e Internet. Aunque a veces estoy estresado, he aprendido a confiar en Dios y buscarlo, y a tener fe en Él. Si no hubiese atravesado estas dificultades, no entendería la importancia de cumplir mi deber o cómo buscar a Dios en la dificultad. Gracias a Dios por permitirme recibir estos beneficios y lograr este conocimiento.

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