Reflexiones tras perder una elección

10 Ene 2022

Por Lin Jing, China

Después de convertirme en creyente, me eligieron para ser lider Le estaba muy agradecido a Dios por haber recibido tal comisión, y estaba decidido a hacer bien la obra de la iglesia. Trabajaba, como máquina todos los días de la semana, no paraba en ningún momento y la obra de la iglesia florecía rápido gracias a la guía de Dios. Los hermanos y las hermanas me admiraban en cierto grado, veían mi habilidad para entregarme a Dios y solucionar problemas. En una reunión, oí que mi líder decía que mi enfoque hacia mi deber daba frutos, y me sentí entusiasmado, eso me incentivó demasiado. Reunidos con los colaboradores, les hablaba a los hermanos sobre mi experiencia en la obra, y me complacía conmigo al ver sus miradas de aprobación Sentía que era un talento indispensable para la iglesia.

Cuando se expandío la obra de evangelio, los hermanos recomendaron que yo fuera a la región sur para apoyar a las iglesias. Se me ocurrió que, como esas iglesias apenas se habían establecido, habría dificultades y me concentré más en la obra práctica, para no defraudar las esperanzas de Dios. Además, pensé que si hacía un buen trabajo, tal vez podría tener una mejor posición. Cuando ya estaba ahí, aunque había muchos desafíos en mi deber en aspectos como los dialectos y los estilos de vida, y pasar mucho tiempo viajando y demás, no me eché atrás. Estaba ocupado todo el día con reuniones y organizando a las iglesias para cumplir el deber, incluso me molestaba el tiempo que “perdía” en comer, tomaba lo que pudiera comer en el camino. Después de un año así, hubo mejoras notables en las áreas de trabajo de las que yo era responsable, y la hermana Zhang, que había ido a la región sur, me dijo con admiración: “Estás logrando muy buenos resultados. Mi obra no se compara con lo que tú estás haciendo”. La consolé y la incentivé: “Dios es el cuidador de Su propia obra. Siempre que nos esforcemos al máximo, veremos progreso en todo”. Eso fue lo que dije, pero me sentía encantado en mi interior. Como mis responsabilidades iban bien, la hermana Xin, mi líder, me pidió que escribiera mi experiencia para que otros aprendieran. Me volví aún más engreído, sentía que era un candidato para las funciones importantes y que era uno de los pilares de las iglesias. Y antes de que pasara mucho tiempo, La hermana Xin nos pidió elegir un líder para que trabajara a su lado. Me entusiasmó mucho oír esto, pensé que como había trabajado en la región y lo había hecho muy bien el tiempo que yo estuve ahí era seguro que yo ganaría ese puesto.

Después de medio mes me sorprendí cuando eligieron a la hermana Wang como líder Cuando oí la noticia, se me cayó el alma entera al piso, Me sentí perjudicado, no quería ceder, tenía mil quejas: “¿Cómo que la hermana Wang? Los resultados de su obra han sido promedio. ¿Por qué elegirla y no a mí? ¿Es que no pagué el costo suficiente? O ¿no he tomado la suficiente iniciativa? He trabajado hasta muy tarde en muchas ocasiones para resolver dificultades y problemas y he ido a trabajar enfermo No solo cumplí con mis responsabilidades, también ayudé a la líder. Tras sufrir todo esto, si no me pueden elegir como su líder, ¿qué tipo de futuro tengo? Ya que es así, ¿por qué molestarme en matarme para cumplir? No importa cuántas dificultades, cuál costo pague, nadie lo nota…”.

La hermana Xin notó que me veía bastante deprimido después y me preguntó qué pensaba. Compartí mi estado con ella, le conté. Con mucha paciencia, la hermana Xin me dijo: “La verdad es que todos pueden ver cuánto te abocas a tu deber, pero la mayoría mencionó que no te concentras en la entrada a la vida, y cuando surge algo, no reflexionas sobre ti mismo para aprender algo. En cambio, tiendes a enaltecerte y presumir... Ese es uno de tus mayores problemas. En la casa de Dios, dominan la verdad y la justicia, Cuando los hermanos no nos eligen, es la justicia de Dios, y debemos reflexionar sobre nosotros. Sin importar qué hacemos, debemos obedecer los arreglos de Dios; buscar la verdad en lo que Él ha preparado, y reflexionar sobre nuestro carácter corrupto, buscar cambiarlo y cumplir bien nuestro deber. Esto va con la voluntad de Dios”. La hermana Xin encaró directo mi problema pero yo carecía de conocimiento de mi mismo. Aunque no le dije nada, me sentía muy indignado. Acepté que carecía de entrada en la vida y que no me conocía. pero pensé que era mejor que los que hablaban de su comprensión, pero no hacían su deber. A estás alturas sentia que me despreciaban, sin importar cuánto trabajara ¿de qué serviría? Mantuve esa resistencia desde entonces y cuando la hermana Xin me pedía que ayudara, elegía las tareas más simples y relajadas, y rechazaba lo que fuera más difícil de lograr, en donde tuviera que esforzarme No estaba dispuesto a aceptar dificultad. Me regodeé cuando vi que la hermana Xin enfrentaba dificultades en su obra, pensaba: “Ahora puedes ver mi valor”. No estaba convencido cuando la hermana Wang, la líder elegida, venía a reunirse con nosotros. Incluso pensaba: “¿No eres un poco mayor que yo? Sin embargo, no te comparas conmigo en nada, somos demasiado diferentes, en la enseñanza y solución de problemas”. Como mi deseo de estatus estaba insatisfecho, estaba lleno de prejuicio y descontento hacia ella; cumplía con mi deber por inercia, era muy negativo.

Entonces mi corazón estaba endurecido, y aunque la líder me podaba y trataba conmigo, me ofrecía ayuda, no reflexionaba sobre mí. Seguí en estado negativo durante unos tres meses y la oscuridad crecía en mi espíritu. En cada reunión, mi enseñanza era aburrida y seca. No tenía percepción sobre los problemas ajenos y no podía ayudar a resolverlos. Era muy incómodo, quería que acabara rápido. Tampoco podía ayudar a los que evangelizanban, lo que hacía que nuestro progreso fuera más lento. Después me enfrenté a la disciplina de la enfermedad. Un día, de pronto me sentí débil y flojo, incapaz de respirar, y me desmayé. Los hermanos me enviaron al hospital para que me trataran. Pero, terco, me negué a reflexionar sobre mí mismo y a arrepentirme, y, al final, me sacaron de mi deber porque no hacía nada de obra práctica. La líder organizó que yo volviera a mi ciudad natal. Sollocé amargamente al saber sabía que había perdido la obra del Espíritu Santo y que perder mi deber era el carácter justo de Dios sobre mí, pero pensaba que todos los colaboradores que habían ido al sur conmigo estaban en posiciones importantes, y a mí me enviaban a casa. Me sentía muy humillado.

No era seguro volver a mi ciudad porque me habían arrestado y tenía un prontuario por lo que la líder me envió a casa de un hermano en las montañas. En la noche, yacía en una cama de madera y recordaba cuando había viajado al sur para cumplir mi deber, decidido a realizar bien la obra de la iglesia y así ser ascendido. En cambio, me habían sacado de mi deber por alterar la obra de la iglesia. ¿Qué dirían los hermanos de mi ciudad natal si se enteraban? ¿Dirían que sucedió por ser negligente y que no podía realizar la obra práctica? Pensar en su desprecio por perder mi posición me agitó, y, cuanto más pensaba en eso, más miserable me sentía. Incluso tuve pensamientos de muerte. Oré lo siguiente: “Dios, estoy sufriendo de verdad. Perder mi deber como líder fue como si me quitaran la vida. Sé que no debería buscar estatus, pero no puedo escapar de sus grilletes. ¡Oh, Dios! Por favor, guíame para que pueda conocerme y comprender Tu voluntad”. Luego leí unos pasajes de la palabra de Dios. Dios Todopoderoso dice: “A medida que avanzas por la senda actual, ¿cuál es la modalidad de búsqueda más adecuada? En tu búsqueda, ¿qué clase de persona deberías considerarte? Te corresponde saber cómo abordar todo aquello que te acontece hoy, sean pruebas o adversidades o un castigo y una maldición despiadados. Al enfrentarte a todas estas cosas, debes reflexionar cuidadosamente sobre ellas en todos los casos. […] No sabes cómo adaptarte al entorno, y menos aún estás dispuesto a intentarlo, pues no quieres aprender nada de este castigo reiterado y, para ti, cruel. No haces ningún intento por buscar o analizar, y simplemente te resignas al destino, vas dondequiera que te lleve. Esos que a ti te pueden parecer salvajes actos de castigo no han transformado tu corazón ni lo han conquistado; por el contrario, te lo apuñalan. Ves este ‘cruel castigo’ solo como tu enemigo en esta vida, y entonces no has ganado nada. ¡Qué santurrón! Rara vez crees que padeces esas pruebas por ser tan despreciable; antes bien, te consideras muy desventurado y dices además que siempre te estoy buscando faltas. Y ahora que las cosas han llegado a este paso, ¿cuánto sabes realmente de lo que digo y hago? No te creas un prodigio nato, sólo algo un poco por debajo del cielo pero infinitamente por encima de la tierra. Estás lejos de ser más listo que nadie y hasta podría decirse que es sencillamente adorable lo imbécil que eres comparado con cualquiera de las personas que poseen la razón en la tierra, pues te tienes en una posición demasiado elevada y jamás has tenido sensación de inferioridad; como si vieras Mis actos hasta el más ínfimo detalle. De hecho, eres una persona fundamentalmente carente de razón, ya que no tienes ni idea de lo que pretendo hacer, y menos todavía de lo que estoy haciendo ahora. Y por eso digo que ni siquiera eres como un viejo agricultor que labra la tierra, un agricultor sin la más mínima idea de la vida humana y que, sin embargo, pone toda su confianza en las bendiciones del cielo cuando cultiva la tierra. Ni por un segundo piensas en tu vida, no sabes nada notorio, y menos aún tienes autoconocimiento. ¡Qué ‘por encima de todo’ estás!” (‘Los que no aprenden y siguen siendo ignorantes, ¿acaso no son unas bestias?’ en “La Palabra manifestada en carne”). “En vuestra búsqueda tenéis demasiadas nociones, esperanzas y futuros individuales. La obra presente es para tratar con vuestro deseo de estatus y vuestros deseos extravagantes. Las esperanzas, el estatus y las nociones son, todos ellos, representaciones clásicas del carácter satánico. […] Es difícil para vosotros dejar de lado vuestras perspectivas y vuestro destino. Ahora sois seguidores, y habéis obtenido cierto entendimiento de esta etapa de la obra. Sin embargo, todavía no habéis dejado a un lado vuestro deseo de estatus. Cuando tu estatus es alto buscáis bien, pero cuando es bajo, dejáis de buscar. Las bendiciones del estatus siempre están en vuestra mente. ¿Por qué la mayoría de las personas no pueden desprenderse de la negatividad? ¿Acaso la respuesta invariable no es que se debe a las perspectivas sombrías? […] Cuanto más busques de esta forma, menos recogerás. Cuanto mayor sea el deseo de estatus en la persona, mayor será la seriedad con la que sea tratada y mayor refinamiento el que tendrá que experimentar. ¡La gente así no vale nada! Tiene que ser tratada y juzgada lo suficiente como para que renuncie a estas cosas por completo. Si buscáis de esa manera hasta el final, nada recogeréis. Aquellos que no buscan la vida no pueden ser transformados, y aquellos que no tienen sed de la verdad no pueden ganar la verdad. No te centras en buscar la transformación personal ni en la entrada, sino que en su lugar te concentras en deseos extravagantes y en las cosas que limitan tu amor por Dios y previenen que te acerques a Él. ¿Pueden transformarte esas cosas? ¿Pueden introducirte en el reino?” (‘¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?’ en “La Palabra manifestada en carne”). Sus palabras de juicio fueron directo a mi corazón y me expusieron. Después de ser elegido como líder y tener algo de éxito, pensaba que era especial y que era uno de los pilares de la iglesia. Esperaba tener oportunidad de subir de rango, de liderar más iglesias y de que más hermanos me admiraran. Cuando no obtuve la posición que quería, no reflexioné sobre mí, me sobrecogió el enojo, me perdí en la ira, sentí mis esfuerzos en vano. Fui disciplinado con la enfermedad, pero permanecí impasible e insensible, hacia Dios. Seguía pensando en eso incluso después de que me echaran Estaba mareado por mi ambición, mi deseo de estatus —había manchado mi conciencia y había perdido toda razón, toda la humanidad—. Los granjeros cultivan confíando en el Cielo saben que se someten al destino, pero yo carecía de conciencia de mí mismo no podía solo obedientemente cumplir con mi deber. Quería salir de los límites que Dios había trazado para mí y buscar mayor estatus, ser un mayor líder y cumplir mi ambición de ganar la admiración ajena. ¿No era esa la naturaleza del arcángel? Cuando el Señor Jesús vino a obrar a la tierra, permaneció humilde, y nunca reclamó el estatus que podía tener. Cenó con pecadores y se agachó para lavar los pies de los discípulos. Hoy, otra vez, Dios se ha hecho carne y ha vuelto, pero nunca se llama a sí mismo Dios y no exige adoración. En cambio, en silencio, expresa la verdad para proveer a personas. En cuanto a mí, moría porque me admiraran por lograr algo en mi obra. Incluso me atreví a creer que debía estar por encima de los demás y seguro obtendría la posición de lider. Me sentí contrariado cuando no me eligieron; me volví negativo. Muy arrogante, perdí toda razón, ¡no tenía vergüenza! Mi comportamiento no me ponía en contra de otro, sino que me enfrentaba a Dios. Lo resistía directamente y había ofendido su carácter Que me echaran fue el juicio justo que mandó Dios hacia mí, y era para tratar con mi deseo de estatus, porque, si no pasaba, mi corazón no despertaría.

Luego leíotros dos pasajes de Su palabra “Someteré a Mi castigo a todos aquellos que provocaron Mi ira; desataré toda Mi ira sobre esas bestias que una vez desearon estar junto a Mí como iguales, pero que no me adoraron ni obedecieron; la vara con la que golpeo al hombre caerá sobre aquellos animales que una vez disfrutaron de Mi cuidado y de los misterios que pronuncié, y que intentaron obtener disfrute material de Mí. No seré indulgente con ninguna persona que trate de tomar Mi lugar; no perdonaré a ninguno de los que traten de arrebatarme la comida y la ropa. Por ahora, vosotros continuáis estando libres de todo daño y seguiréis excediéndoos en las exigencias que me hacéis. Cuando llegue el día de la ira, no me haréis más exigencias; en ese momento, os dejaré ‘disfrutar’ todo lo que os plazca, clavaré vuestra cara en la tierra, ¡y nunca más seréis capaces de levantaros de nuevo!” (‘Tener un carácter inalterado es estar enemistado con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Cuando han dirigido algunas iglesias, algunas personas se vuelven arrogantes, piensan que la casa de Dios no puede funcionar sin ellos, que deberían disfrutar de un trato especial por parte de Dios. En realidad, cuanto más elevado es su estatus, más elevadas son sus exigencias a Dios; cuanto más entienden las doctrinas, más furtivas y sigilosas son sus exigencias. Su boca no lo dice, pero está escondido en su corazón, y no es fácil de descubrir. Con toda probabilidad, habrá un tiempo en que estallen sus quejas y su resistencia, y eso es aún más problemático. ¿Por qué cuantas más personas son líderes y figuras religiosas, se convierten en anticristos más peligrosos? Porque cuanto mayor es el estatus de las personas, mayor es su ambición; cuanto más entienden de las doctrinas, más arrogante se vuelve su carácter. Si, en tu creencia en Dios, no buscas la verdad, sino que en vez de ello buscas estatus, entonces estás en peligro” (‘Las personas le ponen demasiadas exigencias a Dios’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). Leer estas palabras de Dios me mostró las consecuencias de buscar estatus, y quedé temblando de miedo. Cuando logré cosas en mi deber y estuve a cargo de iglesias, olvidé cuál era mi verdadero lugar, tuve la audacia de desear aún más prestigio, dirigir a más personas y que más personas me admiraran y me siguieran. Eso, en esencia, era que intentaba arrebatarle a Dios Su pueblo, y eso ofendía Su carácter. Esto me recordó a la Era de la Ley, cuando la banda de Coré y Datán se opuso a Moisés e intentó arrebatarle su posición; Dios partió la tierra, y ellos fueron tragados. Y la Era de la Gracia, cuando los fariseos judíos, sumos sacerdotes y escribas viajaron mar y tierra para hacer un prosélito, pero cuando el Señor Jesús vino a realizar la redención, protegieron sus posiciones con esfuerzo, y condenaron al Señor Jesús. Al final, lo crucificaron y sufrieron la condena de Dios con todas las consecuencias. Pensar estas cosas me mostró que buscar estatus es tomar el camino opuesto a Dios, un camino que lleva al infierno y la aniquilación. En ese punto, me arrodillé en el suelo y sollocé amargamente mientras oraba: “¡Oh, Dios! Ya no quiero ser más tu enemigo, solo deseo reflexionar sobre mí y poder arrepentirme. Sin importar qué ambiente organices para mí, solo quiero ocupar el lugar de un ser creado y someterme a Ti”.

Después de eso, empecé a cumplir con mi deber lo mejor que pude. El hermano que me hospedaba me llevó a compartir el evangelio con su familia y ellos me hicieron muchas preguntas mientras estuve con ellos, pero yo carecía de un buen entendimiento de las verdades. Ver de cuánto carecía fue muy vergonzoso y demasiado humillante. Antes, había hecho algo de obra y tuve éxito, y empecé a despreciar a todos, pensé que me entrenarían para posiciones importantes. Luego me di cuenta de que no podía verme con claridad La cualidad más importante de un líder es entender la verdad para resolver problemas. Yo no podía enseñar claramente la verdad para compartir el evangelio. Luchaba por el liderazgo. ¡Qué absurdo! Cuando enfrentaba las dificultades y problemas de los hermanos, solía hablarles de teorías nobles y darles un poco de aliento. pero nunca los pude ayudar con la verdad para resolver desafíos prácticos en su entrada a la vida. Me di cuenta de que si alguien no posee la verdad, no podrá hacer obra práctica. Terminarán alterando la obra de la iglesia y dañando la vida de los hermanos y hermanas. Sentí que Dios me puso ahí para difundir el evangelio y guiar a los nuevos para estar mejor equipado con la verdad. Compensando mis deficiencias. Tras entender la voluntad de Dios, me alegró someterme y cumplir bien con mi deber en ese ambiente, y practicar la verdad. Tras un período de arduo trabajo, me equipé con verdades en el aspecto de visión, y, el evangelio local fue cada vez más vibrante. Cada día, comía y bebía las palabras de Dios y le cantaba con los nuevos creyentes. Me sentía muy satisfecho y agradecía a Dios por Su gracia y misericordia de corazón.

Pasaron rápidamente tres años en las montañas Un día, cayó una lluvia cuando volvía de una reunión. Diluviaba, y el viento era feroz, yo apenas podía empujar mi bicicleta. Mientras caminaba por ese camino montañoso, llovía tan fuerte que ni siquiera podía abrir los ojos, y pensé que compartir el evangelio en las montañas era muy duro. Había cumplido mi deber ahí durante casi tres años y había aprendido lecciones, ¿por qué no me habían transferido? Cuando despedían a alguien de una misión, tras reflexionar, conocer su carácter corrupto, arrepentirse y cambiar, les devolvían posiciones de liderazgo. Pero ni siquiera se me permitió liderar un grupo pequeño. Había ganado algo de comprensión sobre mí, y con mi actitud al deber, equipado con las verdades, pensé que podía liderar una iglesia. ¿por qué no me habían transferido? ¿Tendría que seguir predicando el evangelio en las montañas para siempre? Este pensamiento era un poco desmoralizante. Cuando llegué, noté que, durante todo el camino, había mostrando quejas personales, y adulaba el prestigio en mi corazón. Apelé a Dios para proteger mi corazón y poder estar tranquilo.

Después, leí estos dos pasajes de la palabra: “El mayor problema del hombre es que sólo piensa e idolatra cosas como su destino y sus perspectivas. El hombre busca a Dios por el bien de estas cosas; no le adora porque le ame. Por tanto, en la conquista del hombre, el egoísmo y la avaricia de este, así como las cosas que más obstruyen su adoración a Dios deben ser tratados y, por tanto, eliminados. Al hacerlo se conseguirán los efectos de la conquista del hombre. Como resultado, en las primeras fases de esta es necesario purgar las ambiciones salvajes y las debilidades más fatales del ser humano y, a través de esto, revelar el amor del hombre hacia Dios y cambiar su conocimiento de la vida humana, su opinión de Dios y el significado de su existencia. De esta forma, el amor del hombre por Dios se purifica, y esto significa que su corazón está conquistado” (‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Dios crea un entorno para ti y te fuerza a ser refinado en ese entorno para que puedas conocer tu propia corrupción. Finalmente, llegas a un punto en el que preferirías morir y renunciar a tus planes y deseos, y someterte a la soberanía y el arreglo de Dios. Por tanto, si las personas no pasan por varios años de refinamiento, si no soportan una cierta cantidad de sufrimiento, no serán capaces de deshacerse de la esclavitud de la corrupción de la carne en sus pensamientos y en su corazón. En aquellos aspectos en los que sigues sujeto a la esclavitud de Satanás y en los que todavía tienes tus propios deseos y tus propias exigencias, esos son los aspectos en los que debes sufrir. Solo a través del sufrimiento pueden aprenderse lecciones; es decir, puede obtenerse la verdad y comprenderse la voluntad de Dios” (‘Cómo debe uno satisfacer a Dios en medio de las pruebas’ en “Registro de las charlas de Cristo de los últimos días”). Al leer las palabras de Dios, vi que, tras ser corrompido por Satanás, todos viven según sus toxinas, como: “yo soy mi señor en el cielo y la tierra”, “El hombre lucha hacia arriba; el agua fluye hacia abajo”, “el hombre necesita rostro y el árbol corteza”, “un hombre debe vivir con valentía, con agallas y determinación”, Había estado viviendo según esos venenos, buscando nombre y estatus. Cuando ganaba la admiración de los demás, me llenaba de motivación. Pero cuando alguien me superaba, y mi estatus estaba en peligro, me volvía celoso y terco Cuando perdí mi posición, me volví negativo y dejé de cumplir mi deber. No pensé en los intereses de la casa de Dios. No tenía nada de conciencia ni razón. Era el veneno de Satanás alojado en lo profundo de mí. Dios juzga, castiga, poda, trata y refina a la gente. Así la salva. así, sus objetos equivocados de búsqueda pueden ser cambiados, transformando su carácter satánico. Entonces, ya no viven según los venenos de Satanás aman obedecen a Dios, y pueden ser ganados por Dios. Es el objetivo de la obra de Dios en la humanidad. Dios me había puesto en ese duro terreno montañoso donde no había posibilidad de un renombre para exponer y tratar con mi ambición interna. Para purificar mi carácter satánico y hacerme capaz de vivir una semejanza humana, para cumplir con el deber de un ser creado incondicionalmente y poder en verdad alabar y someterme a Dios. Darme cuenta me llenó de gratitud hacia Dios y decidí ante Él buscar la verdad correctamente y nunca más buscar nombre y ganancia, sin valor.

Cuando surgían las cosas, a veces me encontraba pensando en nombre y ganancia, pero podía buscar la verdad y cambiar mi estado. Recuerdo que, la iglesia me asignó para participar en un video de evangelio. Estaba emocionado y honrado por poder participar y ser testigo de la obra de Dios de los últimos días. Pero, al mismo tiempo, mi deseo de destacarme de la multitud empezó a surgir. Pensaba que todos me admirarían si me veían actuando en un video de evangelio. Pero cuando fui, para mi sorpresa, el líder me dijo: “Las cosas están agitadas ahora. Trabaja con el hermano en el hospedaje y la comida y encárgate de limpiar también”. Sentí mucha resistencia a esto. Creí que esos deberes los podía cumplir cualquier hermano de la iglesia, ¿por qué yo? Además, había sido líder en el norte y en el sur. Si no podía ser líder, ¿no deberían darme un deber adecuado? Sentí que, los otros pensaban muy mal de mí si me hacían hacer esos trabajos sin importancia. ¿No era desperdiciar? Era una gran desilusión para mí, pero, por mi experiencia previa, sabía que debía someterme. Entonces, me obligué a aceptar mi deber. Otros hermanos y hermanas llegaron, para la filmación, y vi que actuarían muchos de mi ciudad natal. mientras yo tenía un delantal, cocinaba y barría el piso. Era muy humillante. Un hermano más joven me vio y, con entusiasmo, me dijo: “Cuando eras líder, estuviste a cargo de la obra de nuestra iglesia. En esa época, yo no entendía nada, pero me gustaba ir. Las reuniones que organizabas para nosotros me ayudaron mucho”. Este comentario suyo al pasar me resultó muy molesto, sentí que se burlaba de mí. Mi cara empezó a arder, y solo quería encontrar donde esconderme. Hubo otro momento, en que los hermanos y hermanas terminaron, el líder dijo que al otro día filmarían temprano. Me dijo que trabajara tiempo extra para limpiar. Oír esto me hizo sentir incómodo, entonces pensé: “Todos ustedes están cansados y se van a descansar, pero yo sigo limpiando, como un sirviente”. Sentía que era injusto, los otros podían descansar del trabajo, mientras yo debía seguir ordenando hasta terminar lo que me dijo. Me sentí muy agraviado. Sentí que no tenía dignidad y prefería compartir el evangelio en las montañas, donde los nuevos creyentes disfrutaban mi enseñanza y podía satisfacer mi orgullo. Ahí no tenía nada de eso. Después de eso, como no estaba en el estado adecuado, cuando cocinaba, estaba aturdido, y todas las comidas quedaron amargas y saladas o algunas sin sabor. Pero nadie dijo nada, solo las comieron sin importar el sabor. Me sentí demasiado culpable. ¿Cómo podía cocinar tan feo? ¿Cómo podían comer eso? Entonces, un pensamiento claro vino a mí: ¿No trabajaba a medias por mi deseo de estatus insatisfecho, sin ponerle corazón? Pensé en esto y reflexioné sobre mí. Vi que así era, sentía resistencia e insatisfacción, me sentía devaluado y sin prestigio. Aún adoraba el estatus.

Entonces, leí dos pasajes de las palabras de Dios. “En el pasado, Pedro fue crucificado cabeza abajo por Dios, pero tú debes satisfacer a Dios al final y agotar toda tu energía por Él. ¿Qué puede hacer por Dios un ser creado? Por tanto, debes entregarte a Dios más temprano que tarde para que Él disponga de ti como lo desee. Mientras Él esté feliz y complacido, permítele hacer lo que quiera contigo. ¿Qué derecho tienen los hombres de quejarse?” (‘Capítulo 41’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). “Entonces, al juzgaros hoy así, ¿qué grado de comprensión tendréis al final? Diréis que aunque vuestro estatus no es alto, sin embargo habéis disfrutado la elevación de Dios. No tenéis estatus porque sois de baja cuna, pero ganáis estatus por la elevación de Dios; esto es algo que Él os concedió. […] Así es cómo oraréis: ‘¡Oh, Dios! Tenga estatus o no, ahora me entiendo a mí mismo. Si mi estatus es alto, se debe a Tu elevación; y si es bajo, se debe a Tu ordenación. Todo está en Tus manos. No tengo ninguna elección ni ninguna queja. Tú ordenaste que yo naciera en este país y entre esta gente, y lo único que debería hacer es ser absolutamente obediente bajo Tu dominio, porque todo está incluido en lo que Tú has ordenado. No pienso en el estatus; después de todo, solo soy una criatura. Si Tú me colocas en el abismo sin fondo, en el lago de fuego y azufre, no soy más que una criatura. Si Tú me usas, soy una criatura. Si Tú me perfeccionas, sigo siendo una criatura. Si Tú no me perfeccionas, te seguiré amando, pues no soy más que una criatura. No soy más que una criatura minúscula, creada por el Señor de la creación, tan solo una de entre todos los seres humanos creados. Fuiste Tú quien me creó, y ahora me has vuelto a colocar en Tus manos, para hacer conmigo Tu voluntad. Estoy dispuesto a ser Tu herramienta y Tu contraste, porque todo es lo que Tú has ordenado. Nadie puede cambiarlo. Todas las cosas y todos los acontecimientos están en Tus manos’. Cuando llegue el momento en que ya no pienses en el estatus, entonces te liberarás de él. Solo en ese momento serás capaz de buscar con confianza y valor, y sólo entonces, tu corazón podrá llegar a liberarse de cualquier restricción. Una vez que las personas hayan sido liberadas de estas cosas, entonces no tendrán más preocupaciones” (‘¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?’ en “La Palabra manifestada en carne”). Pensar en las palabras de Dios iluminó mi corazón. La búsqueda de Pedro era cumplir con el deber de un ser creado: buscó amar y satisfacer a Dios. Su obediencia hacia Dios era absoluta y seguía Sus disposiciones. Al final, incluso lo crucificaron, fue un testigo rotundo de Dios. En cuanto a mí, Dios obraba tanto en mí, que lo sentía y Su voluntad era que me quedara en mi lugar y que fuera un ser creado obediente, que buscara la verdad, y cumpliera el deber. eliminara mi carácter satánico y corrupto, y me sometiera a Dios Es lo que un ser creado debería buscar.

El líder había organizado que yo hiciera esas tareas porque era lo que se necesitaba que hiciera, y eso debía hacer. Era como hacer que los niños de una familia cocinaran o limpiaran, son tareas hogareñas, no hay estatus alto o bajo. Pero yo despreciaba ese deber, sentía que me habían degradado y que mi honor y mi prestigio habían sido dañados. Estaba resentido y lleno de quejas, carecía de obediencia. ¡Carecía de consciencia y razón! Estos pensamientos me llenaron de remordimiento y desagrado hacia mí. Oré y me confesé ante Dios, deseoso de someterme y cumplir con mi deber. Después de eso, tomaba la iniciativa de ir a cocinar, Recordando las palabras de Dios. Sentía paz y alegría en mi alma. Y cuando limpiaba, no me sentía mal, mi actitud había cambiado, me sentía más cerca de Dios. Pude ser abierto y sincero con los hermanos, y compartir lo que había aprendido de mi deber. Sentí, de corazón, que era la forma de vivir con semejanza humana.

Experimentar esto me enseñó en un nivel muy profundo que el juicio y castigo de Dios hacia mí son salvación: todo es amor. El juicio y castigo de Dios cambiaron mi visión equivocada y me permitieron purificar parte de mi carácter satánico. El que pueda cumplir incondicionalmente mi deber hoy es por completo gracias a que Dios me juzgó y me castigó. ¡Gracias a Dios Todopoderoso!

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