146 A lo largo de la adversidad, mi amor por Dios se ha fortalecido

1 Fui enviado a una prisión del demoniaco PCCh, confrontado por los rostros feroces y diabólicos de la policía. Sin saber si podría soportar sus crueles torturas, me sentía cohibido y débil. No sabía si alguna vez volvería a tener oportunidad de vivir la vida de la iglesia y llevar a cabo mi deber. No sabía si iba a poder volver a trabajar junto a los hermanos y hermanas y servir a Dios y dar testimonio de Él. Mi corazón clamaba a Dios fervientemente, pidiéndole que me salvara de las redes de Satanás. A pesar de la ferocidad salvaje de Satanás, mi destino estaba en manos de Dios. Cuando comprendí la voluntad de Dios, ya no me sentí cohibido o temeroso, y tuve fe para enfrentar el cruel tormento. Viviera o muriera, obedecería los arreglos de Dios y daría un testimonio rotundo para Dios a riesgo de perder mi propia vida.

2 El demoniaco PCCh es feroz y abominable; utiliza tácticas duras y suaves, y trató de forzarme a traicionar a Dios. Cuando los choques eléctricos pasaron por todo mi cuerpo, sentí que me iba a asfixiar. Cuando me insertaron agujas en los dedos, el dolor penetrante hizo que la muerte pareciera preferible a la vida. En mi dolor, las palabras de Dios me dieron fe y fortaleza y la fuerza para enfrentarlo todo. Pensé en cómo yo no había amado a Dios sinceramente antes y sentí mucho remordimiento. Sólo deseaba dedicar mi corazón a Dios en ese momento y, si Dios me aceptaba, entonces mi corazón se sentiría aliviado y en paz. ¡Oh, Dios! Cómo desearía que el tiempo se detuviera. Permíteme amarte un poco más. Si tuviera un mañana, seguramente haría mi máximo esfuerzo por buscar la verdad y amarte más profundamente.

3 Los demonios me lastimaron hasta que mi vida pendió de un hilo; Dios me protegió en secreto de un daño grave. La adversidad permitió que mi corazón se acercara más a Dios. Con Dios a mi lado, el dolor se transformó en dulzura. En los momentos de desesperación, estuve cara a cara con Dios y fui purificado y salvado por Él. Cuando pasé por las crueles torturas del PCCh, vi claramente su demoniaco y abominable rostro. Llegué a distinguir entre la justicia y el mal, y más seguro estaba de que sólo Dios es amor. Detesto al gran dragón rojo todavía más y preferiría morir a someterme. Sigo a Dios con una voluntad de hierro. ¡Oh, Dios! El camino al cielo es difícil y rocoso, lleno de tentaciones y peligros. Con Tus palabras como mi guía, deseo estar siempre junto a Ti y que mi amor por Ti nunca cambie.

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